La Firme con Peka Parra: “Estaba metida en un hoyo, en una depresión muy profunda”

Peka Parra frente a un espejo en su tienda de orfebrería en el Mall Vivo Panorámico, para La Firme. 



MARIO TELLEZ / LA CUARTA
Peka Parra frente a un espejo en su tienda de orfebrería en el Mall Vivo Panorámico, para La Firme. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

La actriz está enfocada en la orfebrería, con su tienda en un mall santiaguino. En entrevista con La Cuarta, repasa su carrera e historia vital, desde niña, pasando por la dura senda para embarazarse, una delicada etapa de salud mental, hasta sus planes hoy: “He pensado hacerme un OnlyFans de pies, en serio”, dice.

—¡Qué lindo se ve! —expresa contenta Ingrid Parra Díaz (40) al llegar con apuro a su nuevo local—. ¡Está muy bacán!

La actriz, que hace ya buen rato está lanzada en la orfebrería, ha andado de arriba para abajo todo el día; viene recién enchulada de la peluquería y en un rato parte a grabar un programa de TV. Acaba de cambiarse de puesto en el piso -1 del Mall Vivo Panorámico, Providencia, coronado con un gran y sobrio letrero negro en el que se lee: “ingrid parra orfebre”. Abajo, una serie de iluminados estantes exhiben brillantes collares, anillos, pulseras y variedad de joyas confeccionadas con sus propias manos.

Ingrid, de antemano, aclara que prefiere que le digan “Peka”, su apodo desde cabra chica; su nombre, en cambio, lo siente demasiado formal. Antes de tomarse las fotos que acompañan esta entrevista con La Cuarta, la orfebre pide unos segundos para echarse una manito de gato con una brochita frente al espejo de tienda. Se cambia de de aritos: “Estos me los regaló la Paty Cofré”, comenta mientra se los saca y se pone unos que ella hizo, y se prueba un elegante tocado con piedritas verdes.

En conversación para La Firme, la orfebre repasa su historia, desde su infancia en el desierto de El Salvador, pasando por el bullying que sufrió en Villa Alemana, el descubrimiento del teatro como medio de defensa, el duro arribo a Santiago, el estigma de su paso por Infieles (CHV), el angustioso proceso para convertirse en mamá, hasta la delicada etapa que enfrentó recientemente para superar una depresión: “Volví a tener una relación súper sana con la gente que me sigue”, destaca. Todo eso, sus actuales proyectos y mucho más, a continuación.

LA FIRME CON PEKA PARRA

Nací en El Salvador. Me acuerdo del invierno, en ese tiempo caía nieve, a 2.800 metros de altura. Era muy común jugar con todos tus amigos de la cuadra, haciendo monos y guerras de nieve, carreras de trineos por la calle. Antes nevaba; ahora con el cambio climático, cae una vez a las mil quinientas... Nunca he vuelto, me encantaría. Pero me acuerdo perfecto que vivía en la calle Arqueros 1104, era mi casa. La Maly Jorquiera, que no es tan mayor que yo, jajaja, también es de allá; mis papás se conocían con los suyos, porque mi mamá, Lina, era ¡la! peluquera del Salvador; pero no tengo recuerdo de haber jugado con la Maly de chica ni nada

Tengo mucho déficit atencional y fui pésima alumna, en todas las épocas; pasaba con 4,5 y un promedio rojo todos los años, excepto en tercero y cuarto medio, que saqué 1° y 2° lugar porque me puso las pilas para el puntaje en la Prueba (de Aptitud). Pero no pescaba mucho el colegio, pescaba más los actos... ¿Quién quería bailar? Ahí estaba yo... ¿Quién quería actuar? Ahí estaba yo… ¿Quién hacía manualidades? Yo. Pero para matemáticas o castellano, era porra, muy porra. Era más tema para mis papás que para mí, que me daba lo mismo, pero ellos sufrían porque todos los años con abogado tenían que pasarme de curso. Nunca repetí, pero me ayudaron ene mis papás, que iban a hablar con los profesores para que me dieran otra oportunidad.

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Ingrid pasó los primeros años de su vida en El Salvador, donde jugaba con nieve y podía pasar poco tiempos con sus papás. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Mi apodo, “Peka”, es por la “Pekita” del Jappening con ja... Ay, fue mi papá, Luis... La “Pekita” era una pendeja hinchapelotas, que obligaba a los papás a hacer cosas que no querían y terminaban haciéndolas igual. Era una pendeja desquiciada... Y yo parece que era igual, jajaja. Pero a mi papá le decíamos el “Alaraco”, otro personaje, un señor al que le dolía todo y todo era un drama; ese era mi papá. Éramos como los del Jappening con ja en mi casa.

Mis papás trabajaban mucho, me crié con nana. Me acuerdo perfecto de una a la que le decíamos “Grima”, espectacular, cocinaba increíble, nos trataba regio, su hijo iba a jugar con nosotras (su hermana, Natalia)... Mi papá trabajaba en Codelco, todo el día, en una zona minera; y mi mamá, como peluquera, también. Nos veíamos en las noches; es el recuerdo que tengo de mis papás, que nos veíamos súper poco. Cuando chica, más que reprochárselos, se los saqué en cara varias veces, pero para conseguir cosas... qué mal... Quería la barbie que había salido en el último momento y decía”: ¡Tú que me dejas sola!...”. Y mi papá, con cargo de conciencia, partía a comprar la barbie o los zapatos de charol. Siempre utilicé mucho ese recurso, jaja.

Me fui a Villa Alemana, y ahí estuve en la Scuola Italiana; lo pasé pésimo, me hicieron un bullying terrible. Pero en esa época nada era considerado bullying, era “la están molestando” y no pescaban. Pero mi compañeros se pasaban papelitos entre todos, y cuando salíamos a recreo y se iba a la profesora, estaban todos a mi alrededor tirándome papeles; me tiraban por las escaleras para abajo; me escondían la ropa de educación física, porque estabas obligada a bañarte cada vez que tenías educación física, cambiarte ropa, perfumarte y todo eso, y me escondían la ropa, la toalla y todo. Era una compañera en particular, pero la seguían, porque era la líder del curso. Nunca pensé: ¿por qué a mí? Era una niña súper introvertida, nada qué ver a lo que soy ahora: era súper pa’ dentro, no conversaba ni tenía mucho contacto con nadie. Mis compañeros, para mí, eran súper extraños, todos. Tenía una amiga, la Geraldine Ducci. Eran todos medio italianos... y yo era la Ingrid Parra nomás. Perdimos contacto con Geraldine. No he vuelto a ver a nadie, no me reencontraría con ninguno.

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"Era una niña súper introvertida, nada qué ver a lo que soy ahora", declara Peka. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Lo súper introvertida cambió cuando mi papá cachó que me estaban haciendo bullying, y yendo cada día más pa’ dentro. Me metió en una escuela de modelos, Ana María Caro, en Viña del Mar; conocí el teatro y muchas cosas entretenidas que me hicieron cambiar un poco mi personalidad y me fortalecieron como mujer, porque tenía 12 o 13 años. Me hicieron tener herramientas para defenderme y decir: “¿Sabí qué? ¡No te tengo miedo!”. Aunque estaba cagada de susto. Mis papás se estaban separando, cada uno por su lado, y decidí quedarme a vivir con mi papá; y mi hermana se fue con mi mamá. Él sentía que me estaban haciendo daño en el colegio y no sabía cómo manejarlo. Me estaba quedando la cagada en la vida, y trató de hacerme pasar un buen momento, de distracción, metiéndome a la escuela; no creo que tuviera mucha consciencia de que era para mejorar mi personalidad.

Cuando me metí a la escuela de modelos, descubrí el teatro y que podía hacer personajes, inventar voces, personalidades y me picó el bichito. Cuando era más chica, siempre estuve metida en actos en los que había que disfrazarse, pero nunca tuve conciencia de que era porque me gustaba hacer personajes. Hasta que estuve en la escuela de Ana María Caro y dije: “Quiero ser actriz”. Al principio actuar era como un caparazón con que podía ser la persona que quisiera y convertirme en la persona que me hacía bullying; tiene un sentido psicológico súper heavy, porque cuando descubrí el teatro, descubrí una herramienta para defenderme: me inventaba un personaje, como que era una superheroína, para responder a esa niña: “No te tengo miedo”.

Mis papás se rejuntaron... es que ellos tienen una relación muy raaaara: terminan, vuelven, terminan, vuelven, terminan, vuelven... Pero siendo chica, que se separaran para mí era un alivio, porque ver a tus papás discutir, llevarse como el forro todo el día, y no es agradable. De hecho, cuando volvieron, decidí irme a vivir con un tía y una prima a Los Andes. “¿Ustedes van a volver?”, les dije. “Perfecto, me voy de la casa”. Mi tía Miriuca, que en paz descanse, me dijo: “Vente pa’ acá y deja que tus papás tranquilos intenten volver”. Y me fui po’, a los quince años. Nunca más volví a la casa a vivir con mis papás... Qué heavy... Nunca más.

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Ingrid recordó la separación de sus padres y luego volvieron, una dinámica que califica de "rara". MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Viviendo con mi tía tuve la desbandada adolescente, cuando estás recién tomando, no sabes tomar, te pones a fumar de mona —ahora no fumo, es como: “qué asco”—. Mi tía Miriam sufrió harto porque con mi prima Maca, su hija, tenemos la misma edad. Nos potenciábamos en las mentiras, en las salidas y nos poníamos de acuerdo en: “ya, este fin de semana tomas tú, para llegar a la casa bien, y al otro yo”.

Mis papás siempre han sido súper teatreros, jajaja, qué atroz, y después me preguntan de dónde saqué mi veta artística... Y escandalosos en su relación; ya los aprendí a querer así, lo acepté. Pero cuando se separaron la primera vez estuvimos escondidas, con mi mamá, de mi papá, debajo de un puente... ¡Puras hueás! Unas películas que se inventaba mi mamá, de que podían pasar cosas que jamás pasaron. Después de grande uno dice: “Ay, mamá, ¿por qué hiciste eso?”, y uno le reprocha un poco las decisiones. Pero ahora que soy mamá, digo: “Sí, uno se equivoca, no viene con manual, no sabe cómo finalmente evitar el daño que puedes hacer a tus hijos”; les puedes hacer daño en algún momento, sin querer.

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"Uno se equivoca, no sabe cómo finalmente evitar el daño que puedes hacer a tus hijos", admite Ingrid. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Mi papá no quería que estudiara Teatro, porque no iba a tener pega, que tenía razón, jajaja, me iba a costar mucho toda la vida; quería que fuera sicóloga, como mi hermana chica. Quedé en Sicología, pero cuando fui a hacer la prueba especial, la entrevista personal, entré a la universidad en que había quedado y la chica que hacía la entrevista me dijo: “Pero tú no tienes pinta de sicóloga”. “¿Ustedes eligen a sus alumnos por tinta?”, le contesté. “Entonces no tengo nada qué hacer aquí”. Y me fui... Cagué en la primera prueba de entrada que me hicieron, porque era claramente para ver mi nivel de estrés o qué sé yo... pero muy mala la prueba, muy mala, jaja.

Una tía le dijo a mi papá: “Estás puro hueveando, tu hija toda la vida ha querido ser actriz”. Ahí me metí a Teatro en el Duoc de Viña, un año, en que vivía allá. Igual él me ponía horarios y límites, siempre, tenía que llegar a las 10:00 de la noche máximo a la casa, y era como: “Papá, tengo 18 años, estoy estudiando Teatro, mis compañeros se quedan a dormir en la escuela para ensayar y presentar una tarea decente, porque no son escritas, son actuadas...”. Le trataba de explicar y no entendía. Y cuando entré a segundo año de actuación, le dije a mi mamá: “Me voy a Santiago, no puedo estudiar Teatro con mi papá al lado; es imposible”. Y ella me dijo: “Tienes razón, arriéndate un departamento, ve cómo lo podemos pagar”. Me puse a buscar pega y me vine sola. Trabajaba para pagarme mis estudios, porque mi papá me mandó a la punta del cerro; trabajé de garzona en dos o tres bares, jueves, viernes, sábado y domingo; entre medio estudiaba.

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"Me puse a buscar pega y me vine sola", recuerda Ingrid sobre sus estudios teatrales en Santiago. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Me da mucha fobia cantar; en teatro no, puedo hacerlo como personaje, aunque con mucho susto. Pero, por ejemplo, en el Morandé (Mega) una vez me hicieron cantar como Mon Laferte y estaba tiritaaandooo, tiritando mal. Y me decían: “¡Pero, Peka, cantas bien, hazlo, hazlo!”. Y siempre me cohíbo. Si me invitas a un karaoke, ¡jamás en la vida me verás cantando en el escenario! Nunca. En el Morandé eran parodias, pero tenías que cantar bien, porque, más encima, cantábamos con orquesta en vivo, no era que pusieron una playlist; era peludo, no era fácil... pero era entretenido, lo pasé bien.

Cuando estaba haciendo teleseries en Canal 13, de Mi nombre es me llamaron para imitar a Paulina Rubio y respondí: “¿Cómo voy a hacer a Paulina Rubio yo sola? No se ha visto nunca hacer un trío, podríamos hacer Pandora”; y estaba se las vendía porque ni cagando lo haría sola, pero quería. Invité a mis dos amigas, María José Bello y Carolina Paulsen; fuimos a una prueba, les gustó a la producción y lo hicimos. Pero porque yo no lo iba a hacer sola, ¡ni cagando!

Espero que ese miedo a cantar haya evolucionado. Me ha tocado cantar y me he atrevido, pero siempre como personaje. Me encantaría cantar. Una vez un productor musical —y esto no lo he contado a nadie— me llamó y me dijo: “Quiero que hagamos música juntos; te hago una canción, la lanzamos, vemos cómo nos va y, si nos va bien, hacemos un disco”. “Ya, pero, ¿cómo? ¿Por qué yo?”, le contesté. “Porque tienes ángel, buena llegada con la gente, podrías ser un súper buen elemento musical...”, me la vendió. Y dije: “Ya, hagámoslo”. Me metió a clases de canto y... pandemia: cagué, y después embarazo. Así que si el productor musical ve esta entrevista, que sepa que estoy disponible, jajaja, podemos retomar. Fue entretenido, estaba súper ilusionada.

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Ingrid le tiene fobia a cantar, pero igual es una faceta que la atrae; hace un tiempo estuvo cerca de sacar una canción. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Desde chica siempre hice hueaitas con mostacillas, regalando la “pulsera de la amistad”, que las hice de antes que saliera Taylor Swift regalando la “pulsera en la amistad”; o haciéndole collares a mi mamá, aritos y ropa para mis barbies. Siempre tuve esa inquietud de hacer cosas, no fue tan difícil encontrar esta veta de orfebre, para nada. Fue un día en que estaba pensando: “¿Qué puedo hacer que me apasione?”, y dije: “¿Cómo se hará un anillo?”. Me metí a YouTube, ahí caché el proceso y busqué dónde hubiera una escuela en Santiago, encontré, me metí y me encantó.

Hoy vivo principalmente de la orfebrería. Estudié actuación y, seguidito, cinco años de orfebrería. Porque entendí desde el primer momento que en este país, y en muchos otros, es muy difícil ser actriz y tener pega; los que tenemos pega somos privilegiados, porque hay mucho actor haciendo otra cosa y tiene la oportunidad de explorar en el campo actoral. Me dediqué a la orfebrería y es mi fuente laboral actualmente, de eso vivo y construyo mi vida.

Siempre tuve la suerte de tener pega como actriz. Tuve que congelar dos años mi título, porque estaba con proyecto en Mega, con tres teleseries. Después cuando retomé, me llamaron de Canal 13 para hacer una teleserie; pedí, por favor, me dejaran terminar mientras hacíamos la teleserie, me faltaba un semestre. Siempre he tenido trabajo como actriz y lo agradezco; he sido bien afortunada. Pero las pegas eran esporádicas, no podía pretender un sueldo fijo porque es imposible; el teatro no te da un sueldo hijo, sino un porcentaje de las entradas, y los ensayos muchas veces no son pagados; en la tele el proyecto puede durar uno o dos años, y tienes un año sin ni una cuestión, hasta que te vuelven a llamar. Entendí que había que hacer otra cosa.

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Peka tiene su tienda de orfebrería en el Mall Vivo Panorámico, en Providencia, Zona Tendencias, piso -1. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Le he hecho anillos a gente famosilla. A la Antonella Ríos, o sea al chico que le pidió matrimonio en esa época, le hice el anillo, que era un zafiro con unos diamantes, precioso; no se casaron, jajaja. Le hice también una colleras con forma de herradura al Kike Morandé, que le gustan mucho los caballos. He hecho varias pegas a actores, anillos de actor a actriz, de actor con actor... No todos se pueden contar; sólo soy la herramienta para conseguir un producto. Vendo por Instagram y acá en mi tienda en Mall Vivo Panorámico, Providencia, Zona Tendencias, piso -1; llevo ya seis meses aquí. Pero llevo hartos años vendiendo mi trabajo... y ordenado, ¡ah!, con Servicio de Impuestos Internos (SII), contador y toda la cuestión, jajaja.

La persona que trabaja conmigo en la tienda, Dani, me ordena, me manda todos los días actualizado los trabajos que tengo que hacer, lo que falta, el material, la descripción, todo... y lo que está hecho lo borra para que no me confunda, jajaja. Mi déficit atencional es brígido. Y ahora que soy mamá, emprendedora, dueña de casa, es heavy. Me tengo que concentrar muchas veces.

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A veces a Peka le pasa la cuenta el déficit atencional, sobre todo en la pega. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Me sentí encasillada como actriz de Infieles (CHV), sobre todo por La Cuarta, jajaja. Porque cada titular que sacaban era: “Ingrid Parra, actriz de Infieles, está en Morandé con Compañía”, “Ingrid Parra, actriz de Infieles, ahora es orfebre”, “Ingrid Parra, actriz de Infieles, ahora va a ser mamá”. Todos los titulares eran así, y yo pensaba: “Pero si hago más cosas, no soy tan sólo eso”. ¿Por qué siempre ese es el titular? No creo que sea el único titular que venda... “La Firme con Ingrid Parra, actriz de Infieles...”, jajajaja. Ya lo veo.

Ese estigma me hacía sentir un poco avergonzada. Ahora tengo 40 años, no pienso igual a cómo pensaba a los 25, que fue cuando partí haciendo Infieles, que lo hacía porque era una plataforma que me daba visibilidad, y me seguían llamando porque les gustaba y pagaba mis cuentas; no lo hacía por mostrar las pechugas, el desnudo o mostrarme haciendo el amor con una persona. Para mí, era pega y lo hice varias veces, cinco o seis. Pero no es algo de lo que ahora diga: “Me sirvió”. Ahora, a mis 40 años, mamá y emprendedora, lo veo desde otro prisma y digo: “Debería haber hecho uno o dos, no tantos como los que hice”, porque se prestó para que me encasillaran en un mundo de “Ingrid Parra, actriz de Infieles”, que no me acomodaba, porque tampoco tengo esa personalidad; siempre he sido más pa’ adentro, soy súper vergonzosa. Y cuando me titulaban de esa forma, decía: “Esa no soy yo, es mi trabajo, no es mi esencia”. Debería haberlo pensado mejor.

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"Lo hice varias veces, cinco o seis, pero no es algo de lo que ahora diga: 'me sirvió'", analizó sobre sus trabajos en Infieles. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Si tuviera que decirle algo a la Peka de esa época, sería: “Piensa mejor, no vas a catapultar tu carrera haciendo Infieles y escucha a tu papá”, porque él siempre me dijo: “No hagas tanto eso, creo que ya es suficiente, piénsalo mejor, no es necesario”. Infieles se repitió en México y 800 mil millones de veces en las noches en CHV... La gente dice: “Pero tú estás ganando con eso”, y yo respondo: “Sí, pero gano tres lucas”. No es que me esté dando una fortuna. No sé si fue lo correcto. Ahora de grande, no creo que haya sido lo correcto. Uno crece con esos errores. Las últimas dos veces que me llamaron lo rechacé, siendo que al director de esa época, Jordi (Bachs), lo amo, y era un seco y extremadamente cuidadoso con todas sus actrices.

Un desnudo se justifica cuando el personaje y la historia lo requieren, cuando tiene un viaje de crecimiento. Si me llaman para una actuación en que en la primera escena estoy conversando, en la otra salgo conversando de nuevo y la tercera estoy en una orgia, no. Eso lo pensaba hace mucho tiempo, cuando todavía no era mamá. Ahora las cosas cambian y no sé si estoy dispuesta a hacer desnudos. No porque tenga un tema con mi cuerpo, porque encuentro que tengo un cuerpo hermoso, jajaja, sino porque todo queda en internet, y me da mucho miedo que más adelante la Emma se meta a internet y me diga: “Pero, mamá, ¿por qué hiciste esto?”, que me juzgue. Me da mucho susto que mi hija me juzgue. En algún momento lo hará sí o sí, es parte de... pero quiero estar preparada para ese momento, con alguna respuesta inteligente, o muy poco ortodoxa, jajaja.

Creo que lo que (generaba interés con Infieles) era el empiluchamiento, si era el OnlyFans de la época. Ahora, tienes OnlyFans, Arsmate y todas esas plataformas que es lo mismo de Infieles; pero esto era en televisión abierta, y no te pagan por los suscriptores... ¡Ahí la cagué yo po’! Jajaja. El estigma de “actriz sexy” ya no me persigue, está todo superado; ahora mis seguidoras son más mamás, “Mamilfs” les digo yo, jaja. Mis seguidoras tienen mi misma edad, acaban de ser mamás y nos damos consejos de maternidad. Ya pasé esa etapa de la “chica sexy, bombón”.

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"Mis seguidoras tienen mi misma edad, acaban de ser mamás y nos damos consejos de maternidad", detalla Ingrid sobre su fanaticada en Instagram. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Me escriben para pedirme fotos de pies. He pensado hacerme un OnlyFans de pies, en serio, en serio, porque las chiquillas están ganando más plata que la cresta. Me llaman y me piden fotos de pies y digo: “¡¿Pero por qué un pie?! ¡Qué tiene de sexy un pie!”. Bueno, hay gusto para todo, y hay harta gente que tiene ese fetiches con los pies, así que lo he estado pensando seriamente

En Instagram de repente me llega uno que otro “dedo sin uña”. Todavía me llegan. Y bloqueo. Ya no me hago problema. Es violento, porque uno no pide ese tipo de fotos y me pregunto: “¿Qué pasará por la mente de la persona que te manda su aparato reproductor masculino parado, a veces eyaculando y otras veces no?”. ¿Pensarán que uno dice “qué rico, voy a jugar contigo”?. ¡No! Mi primera reacción es: “Qué asqueroso, hueón, qué asco, ¿por qué yo tengo que ver esta cuestión y, más encima, con un fondo de Colo Colo?”. ¡No! ¡¿Por qué?!... Te creo que lo mandes con la persona que estás saliendo, jugando, entretenido, si no se ven, rico, te creo; ahí todo calza. Pero, de la nada, ¿a una persona que no conoces? ¡No! Mal ahí.

La Vero Bianchi es mi mejor amiga, es la madrina de mi hija. Nos conocemos hace no mucho. Llegamos a ser amigas por un amigo en común, Cristian Cid, que siempre le habló de mí a ella, diciéndole: “Te vas a llevar la raja con la ‘Pekita’, me gustaría que se conocieran”. Y por el otro lado, Cristian me decía que “quiero que se conozcan con la ‘Vero’, son super parecidas en muchos aspectos; juntémonos para presentarlas”. Siempre la “Vero” o yo teníamos que hacer algo, hasta que un día ella le dijo a Cristian: “Voy a llamar yo a la ‘Peka’ y me juntaré para conocerla”. Me llamó para preguntarme: “¿Qué tení que hacer hoy?”. Y me pasó a buscar a mi casa y nos fuimos a tomar algo por el barrio; vivíamos a cuatro cuadras de diferencia. Y la encontré tan jugada y pensé: “Qué raro igual, que me invite a salir una niña que no conozco, a la una de la mañana; pero es amiga de Cristian Cid, ¿qué puede salir mal?”. Una cita de la amistad tuvimos. Y toda la razón: fue risa, risa, risa, risa, wuajajajaja, “qué buena junta”, “veámonos de nuevo”. Nos vimos al día siguiente, al siguiente y al siguiente... Y no nos separamos nunca más... Qué raro, ¿no? Es como romántico, pero na’ qué ver, jajaja, es pura amistad.

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Ingrid se sincera sobre su gran y abrupta amistad con la periodista deportiva Vero Bianchi. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Me costó dos años y medio quedar embarazada. La infertilidad en Chile está tan poco contada y vista. Las mujeres en esta época cuando decidimos ser madres es ya bastante mayores; mis amigas recién están teniendo guagua a los 38 o 40, porque privilegiamos la carrera laboral, los viajes y un millón de cosas antes. Y nosotras, erróneamente, pensamos que estará todo bien el día que decidas ser mamá, y no po’: uno tiene un reloj biológico, que muchas veces ignora. Te das cuenta que con el tiempo tu cuerpo va cambiando, tus hormonas y óvulos ya son menos; pero no sabes, nadie te lo dice ni explica. Llega un punto en que te vas a hacer exámenes y empiezas a cachar que, en mi caso, tenía una sola trompa de Falopio, que mis óvulos eran “viejos”, de una mujer de más de 40; y por distintas razones, producía menos óvulos. Si lo hubiera sabido desde antes, habría congelado óvulos a los 25 o 27 años, para tener un mayor campo para hacer y deshacer con mi vida. Pensé: “Es un castigo divino por todo lo que hice, por todo lo que dejé de hacer, porque no me cuidé, porque no hice esto, ¿por qué tengo sólo una trompa? ¿Por qué nací así? ¿O quizá hice algo?”. Te cuestionas todo.

Cuando pasas dos años y medio que no quedas embarazada, se produce un quiebre tanto íntimo, personal, como de pareja; todos sufren con una infertilidad que no entiendes por qué. Y los médicos te dicen: “Pero estás intentándolo recién, eres muy joven todavía”. Y ni siquiera me preguntaban cuántos años tenía. Me hicieron el conteo de óvulos, y no tenía tantos óvulos; hicieron conteo de espermatozoides, y tampoco; y ovulaba más seguido por el ovario que no tenía trompa. Y todo eso se hace con estudios, tratamiento y muchas cosas para las que no estamos preparadas. Es un desgaste de todo, de pareja, insisto.

Quedé embarazada y fue una muy bonita sorpresa, en un momento que con Cristián (Sales), el papá de Emma, estábamos en la etapa de: “Relajémonos, vamos a hacer el in vitro, ya tenemos todos los exámenes listos, están tus huevitos y mis espermatozoides, vámonos de vacaciones y pasémoslo bien; y a la vuelta hacemos todo y a ver qué pasa”... Muchas personas que están pasando por el mismo proceso que pasé, cuando les dicen “tienes que relajarte” es como un ají en el hoyo, porque piensas: “¿Cómo mierda me relajo con algo que busco desde el fondo de mi corazón?”. ¡Imposible relajarse! Pero sí, tienes que desbloquear y soltar. Esa es la palabra, soltar y que pase lo que tenga que pasar. En “soltar” está la pega.

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“¿Cómo mierda me relajo con algo que busco desde el fondo de mi corazón?”, recuerda Ingrid sobre la ansiedad por quedar embarazada. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Fui madre a los 37 años, pero antes uno tiene la necesidad de cuidar a otro ser, que fueron mis perritos, “Luz Clarita” (10) y “Pupú Ramón” (7); nombres compuestos. Son bulldogs franceses, madre e hijo, y él nació por inseminación artificial y cesárea; tienen muuuchas complicaciones. Pero ahí nomás llegué, no más perros. No por la maternidad. Si la Emma quisiera tener un perrito más adelante, creo que adoptaría, aunque veo que a ella le gustan más los gatos. Siempre tuve ese instinto maternal; creo que uno nace con ese instinto y lo va desarrollando con el tiempo, o no, también hay mujeres que no están ni ahí y chao; o lo cubren con un perro o un gato, que era mi caso, que cubría esa necesidad de cuidar a otro ser a través de mis perritos, hasta que me llegó la necesidad biológica interna. Y digo que es una necesidad porque te aflora como necesidad ser mamá; para mí se transformó en una necesidad el querer tener mi bebé. Todo el mundo me decía: “Pero adopta”, y yo decía “sí, es una posibilidad también, pero quiero probar qué pasa conmigo primero”. Ahora, adoptaría feliz a un niño, hay muchos niños que necesitan ser adoptados.

En un momento, fue una opción adoptar, pero en Chile es muy difícil, súper engorroso y peluo. Y lo conversé muchas veces, con Mey Santamaría, que me aconsejaba del tema, de decir: “Gordita, tranquila, existen más opciones en la vida, no te cierres a una”. Pero quería probar con mí misma, y me resultó.

En la obra de teatro Perfectos desconocidos con Hernán Contreras hacemos una pareja que recién está intentado convertirse en papás, recién casados y armando su vida. Y pasan cosas en la obra, en que queda la cagada, y que todo este sueño se destruye. No es lo mismo que yo viví. Hay un texto súper bonito de la obra, en que yo digo: “No sé si pueda ser una buena madre”, y ese es el que más me resuena, y digo: “Es heavy ser una buena mamá, es súper difícil, peludísimo”. ¿Me siento una buena madre? Creo que soy una mamá muy estricta, demasiado, jajaja, a veces. Pero soy una buena mamá, estoy en todas, y la Emma va a todos lados conmigo.

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"Soy una buena mamá, estoy en todas", declara Ingrid, aunque a veces se siente "demasiado estricta". MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Hace poco estaba muy estresada, con pastillas, psiquiatra y bruxismo. Ya no, superada esa etapa. Estoy en un momento de la vida en que ya me di cuenta de las cosas que quiero y las que no; me costó darme cuenta. Es super difícil madurar, es parte de madurar como persona y decir: “Sí, esto quiero y esto no en mi vida”, y tomar lo que te hace feliz y desechar lo que no. Es súper peluo, porque uno a veces se queda con lo que te hace daño, con el gustito amargo de decir: “Es un momento de la vida, la vida no es siempre felicidad”. ¡Y sí po’! La vida tiene que ser siempre felicidad, ¿vas a pasar momento amargos? Sí, pero la felicidad está en cómo pasas ese trago amargo, tomada de la mano de la felicidad; para mí es así en este momento. Ahí uno hace el trabajo de soltar, que es peludísimo, pero se puede.

El soltar lo aprendí gracias a mi siquiatra y mi sicóloga, muchas conversaciones con ellos dos, por separado, por Zoom, porque son de Concepción y de Valdivia. Fue después de la pandemia. Uno tiene que buscar a las personas con las que se siente cómoda. Fui a terapias, muchas, y no encontraba la honestidad del terapeuta que me estaba atendiendo; para que me haga sentido algo tengo que sentir esa honestidad en la persona. Estas dos personas me ayudaron un poco a salir del hoyo en que estaba metida, en una depresión muy profunda, en que mi vida se transformó en una monotonía: despertar, dar comida, despertar, hace leche, despertar, mudar, despertar, ir a mi taller a trabajar, despertar, vender, despertar, comer... Se transformó en una monotonía a la que yo, como sagitariana, no estaba acostumbrada; pero se me hizo costumbre y cómodo. Ahí está el error, en la comodidad, y empecé a hundirme, hundirme en una depresión que me la cachó mi siquiatra y, por millones de temas que no entraré a profundizar en una entrevista porque no... Aprendí a decir que no, ¿viste? Es importante, pero yo antes lo decía todo... Pasé por momentos de mi depresión bastante tristes y, gracias a mis pastillas, logré ver y superar. Hay personas que me dicen que “uno no necesita pastillas para darse cuenta”; creo que depende de la personalidad de cada uno. Hay personas a las que le hace mucho más sentido la pastilla que te da un siquiatra, que es mi caso, y otras a las que les hace más sentido ir a reiki, que está bien.

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"Aprendí a decir que no; es importante, pero yo antes lo decía todo", declara la actriz sobre su terapia. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Depende de cada persona, pero para mí era terrible entrar en esa monotonía. Se transformó en un círculo vicioso, donde ni tu pareja te hace vibrar, ni tu hija te hace vibrar, todo; llegas al punto en que eres un ente, que solamente tienes que encender y apagar. Eso es lo que te caga. Hay personas que eso les es cómodo; pero hay otras, como yo, que les hace mucho daño. Ya no tomo pastillas, antidepresivos... En mi Instagram me metí a los comentarios y mucha gente dice: “Estamos volviendo a ver a la Peka de antes”, “estamos volviendo a verte brillar”, “no sabes lo feliz que siento al volver a verte de nuevo”. Y digo: “¿Tanto se notaba?”. Sí, se notaba.

Creo que (la gente) nota que volví a hacer deporte, muestro mis rutinas, volví a ser lo que era antes, la que era súper abierta con la gente que me sigue. Volví a tener una relación súper sana con la gente que me sigue, y creo que si te siguen es porque les entregas algo, y muchas mamás y gente que me escribe y dice: “¿cómo lo hiciste con tu tiroides?”, porque sufrí hipertiroidismo también, que es una enfermedad autoinmune; y le contesto a esa persona... No le contesto a la persona que me dice: “mándame un saludo para a la alianza”, porque francamente me da lata... Pero contesto a quien me dice: “¿Cómo lo hiciste con la Emma para que durmiera todas las noches?”. No cuesta nada contestar eso. La gente se da cuenta, porque antes no contestaba nada, no subía nada a Instagram; y la gente está acostumbrada a ver un perfil de Peka Parra súper de luz, de brillar, buena onda y súper abierta. Y eso lo perdí, en algún momento, y la gente se dio cuenta, por esa depresión.

INGRID PARRA
Ingrid nota que sus seguidores se dieron cuenta que ha recuperado su vitalidad. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Hice stand-up en Minas al poder (CHV) ¿Me interesa retomarlo? Es que lo paso taaaan mal, jajaja. El stand-up me divierte mucho verlo, pero hacerlo es otra cosa; encuentro súper valiente a la Chiqui (Aguayo), a la Alison (Mandel), a la Maly, a la Pame (Leiva), que son standapueras de otro nivel. Creo que lo podría hacer súper bien, a ese nivel de bien, pero me pongo tan nerviosa... y no se me nota; si ves mis stand-ups no se me nota que estoy nerviosa pal pico, pero mi colon me decía: “Para, hermana, para”, jajaja. Me encantaría retomarlo, y enfrentarlo, porque es parte de mis miedos tanto como cantar, y creo que los miedos hay que enfrentarlos más que esconderse. No me tiraría en bungee, porque ni cagando, pero cantar o hacer stand-up sí es algo que podría hacer de nuevo.

Una vez escribí un libro, pero me robaron el computador en que lo tenía. Era un libro de poemas. Me gusta escribir. No soy tan buena escribiendo stand-up, pero sí escribiendo poemas, sonetos y hasta décimas... Me robaron ese computador —qué conchudos—, se me había olvidado, pasó hace mucho tiempo. Estaba a punto de terminarlo, aunque no tenía cómo publicarlo; en ese tiempo no sabía cómo ni dónde. Pero volví a escribir, en mi computador que no saco de mi casa. Estoy escribiendo dos cosas: poemas, como siempre, y una obra de teatro, un musical, de comedia, está entretenido, lo que me gusta. ¿Cuándo va a salir? No tengo idea, pero está en mis planes dirigirlo, no actuarlo porque uno no puede hacer tantas cosas a la vez.

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Años atrás Ingrid escribió un libro de poemas, pero le robaron el computador. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Echo muchísimo de menos el Morandé con Compañía (Mega). Feliz volvería, encuentro que es un programa de humor entretenido, que nos reíamos de cosas estúpidas, como de Kurt (Carrera) mostrando toda su humanidad, y nos reíamos de eso; y bailábamos, hacíamos show, y aparecía “La Anaconda”.... Lo pasábamos increíble, hacíamos muchas estupideces. Creo que es un programa que hace falta hoy en Chile, y que por algo la gente nos veía tanto y sacábamos siempre el primer lugar (en el rating).

El Antídoto (Mega) lo he visto re poco, no tanto. Me gusta, usan las mismas poleras del Morandé, que me recuerda una linda época que me encantaría que volviera.

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Ingrid echa mucho de menos lo viene que lo pasaba en el Morandé con Compañía y le gustaría volver a las teleseries. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Me gustaría volver a las teleseries. Lo pasé increíble, uno puede ir construyendo un personaje, haciéndolo crecer de una manera paulatina. Es muy entretenido hacer teleseries... ¡Quena! ¡!Quena Rencoret (directora ejecutiva de Área Dramática de Mega), llámame!

No me considero de las actrices que van a Plaza Italia (a protestar o marchar). No me siento cómoda porque no me gustan las multitudes. No voy a conciertos. El sentirme apretada, toqueteada... no vibro con esa energía. Tengo amigas que van a Plaza Italia y se ponen el pañuelo morado o verde. Pero no vibro con eso, no es algo que no disfrute hacer. No me siento parte de esa dinámica; no me gusta, no la comparto. No soy de las personas que disfruta en multitudes. Fui al concierto de Bruno Mars y lo pasé como el hoyo, siendo que tenía a Bruno Mars al lado; pero estaba mojada como diuca, porque llovió todo el día, y más encima la gente se pegaba. Lo único que quería era que terminara luego en concierto e irme, mientras todas mis amigas disfrutaban a concho. En ese sentido, soy un Grinch para las multitudes.

A mi papá le diagnosticaron una “condición diferente” hace poco. ¿Cómo cambió la relación con él? En que ahora lo entiendo, entiendo sus miedos, fobias... Lo entiendo a él y me entiendo a mí, como de dónde saqué mi fobia a las multitudes: mi mamá ni siquiera puede ir a un cumpleaños con diez personas... ¡Así que no me pidan que vaya a la Plaza Italia si yo tampoco puedo hacerlo!

Estoy bien sola, conectada con la maternidad, dije hace poco. Mis objetivos hoy son: trabajar, ser buena mamá y seguir trabajando. Trato de no planear lo que pueda pasar mañana. El foco en el hoy, en el presente, en lo que tengo y cómo soy.

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"El foco en el hoy, en el presente, en lo que tengo y cómo soy", declara la actriz y orfebre. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Cuestionario Pop

Si no hubiera sido actriz u orfebre habría sido veterinaria. Cuando chica tenía un perro que se llamaba “Golfo Pérsico”, qué estúpida, jajaja. En esa época estaba la guerra y yo encontraba que era un lindo nombre.

En mi época de estudiante universitaria era muy estudiosa y trabajadora, porque trabajaba y estudiaba a la vez.

Mi único apodo es Peka, siempre me dijeron Peka.

Un sueño pendiente es viajar mucho, conocer Marruecos e India.

Una cábala que tengo es para el teatro: “Angelito de mi guarda, angelito de la creatividad, acompáñenme en el escenario”, recito.

Una frase favorita es: “Gracias Dios por todo lo que cae del cielo”. No soy católica, creo en Dios, en el Universo y en la Energía.

Me gusta la comida árabe.

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Peka cuenta sus cábalas teatrales, similares a rezar, aunque no se siente católica. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Una actriz chilena que admiro es la “Chiqui” Aguayo. Ha crecido bastante: partió siendo una súper directora de teatro, que me dirigió, y ahora es una excelente comediante.

Mi primer sueldo lo gasté pagando cuentas, en el arriendo... Uh, qué triste.

Un hobby escondido es que tejo, punto cruz, hago alfombras, jajaja, ¡qué ñoña!

Un cantante favorito es Chayanne, hasta la muerte. Una canción que me gusta es la última po’, “Bailando bachata”; muy güena.

Una película que me hace llorar es The Notebook.

A veces creo en el horóscopo, cuando me conviene. Los Sagitario somos volátiles, buenos para viajar, independientes y si no les gusta algo se van.

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Algo que se mantiene constante en la vida de Ingrid es su cantante favorito: Chayanne. MARIO TELLEZ / LA CUARTA

Si pudiera tener un superpoder me gustaría hacerme invisible, que nadie cache que estás ahí, y escuchar las conversaciones de los demás. Sería terrible a veces (saber lo que dicen los demás de mí), pero sabrías la verdad de la milanesa.

Un placer culpable es el casino, soy casinera. Me gusta ir al Enjoy, para Los Andes.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, uno sería Chayanne, para que cante; Yamila Reyna, para reírme; y al Aquaman, Jason Momoa, para saperlo, puta que encuentro mino a ese actor, miiino el hueón, y lo invitaría a quedarse a dormir a la casa, jajaja.

Peka Parra es divertida, honesta y buena amiga.

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