La senda de Dj Flak: “Si el cuerpo está fuerte y sano, el éxito es asegurado”

Flak.

Con 17 años sacó su primera canción que pegó, " Never let you go”, que ya acumulada 4 millones de reproducciones. Al principio, no sabía cómo tocar su música en vivo y tuvo que comprarse una mezcladora para hacerse DJ. “Soy súper trabajólico”, asegura quien acaba de sacar un nuevo tema. “Cada canción que empiezo la termino, eso te enseña”.

Dj Flak tiene recuerdos vagos, pero, al fin y al cabo, recuerdos. Recuerda escuchar su canción favorita, “Iris”, de la banda gringa Goo Goo Dolls, los domingos en la Play FM en 2007. Ya alcanzó los 22 años, pero en aquel entonces era un niño al que le gustaba “todo tipo de música”, dice a La Cuarta. Sin embargo, por algún motivo, ese temita le despertaba una sensación “entre nostálgica y de poder”.

Pero los años pasaron, la canción quedó en el pasado. Transcurrió un largo tiempo sin escucharla. Hasta que volvió a su vida en 2018. “Para mi gusto, es la mejor canción de todos los tiempos, cada pasaje, cada melodía en instrumento, todo lo que está en esa canción es perfecto”, declaró.

Ya con esa certeza, pensó: “Qué bonito hacer algo con mi canción favorita de todos los tiempos, y volverlo algo más electrónico y tirado para mi onda”. Ahí nació “What you”, sencillo que resultó ser un cover de “Iris”, para el cual él mismo grabó las voces durante diciembre, en Navidad. Esta suerte de homenaje lo lanzó en febrero.

El trayecto

A los 17 años, Flak se metió de lleno en la música. En 2017 sacó su tema más escuchado, “Never let you go”, que acumula 4 millones de reproducciones entre Spotify y YouTube. Pero era música electrónica y, si bien la había creado él, no sabía cómo tocarla sobre un escenario: no era Dj.

—¿Qué instrumentos tocabas?

—El primero fue a los siete años, un violín. Después guitarra, bajo y batería. En ese momento tocaba todos los instrumentos típicos, por decirlo así. Me acuerdo que estaba pegado con la guitarra, viciado, recién había aprendido.

—Tuviste que aprender a ser Dj porque no te quedó otra…

—Estaba haciendo mi música, le empezó a ir bien, por alguna razón, nadie sabe por qué. Para esa canción (“Never let you go”) no hice promo ni fotos; tenía 300 seguidores en Instagram. A mis amigos del colegio les conté que saqué la canción y les dije que la escucharan. Y le fue increíble. Después me empezaron a llamar de festivales de colegios y de la voz, quermeses y cosas así. Querían que fuese a tocar, pero yo no sabía cómo presentar esta música en vivo. Ahí uno ve los casos de Martin Garrix o Avicii, que son todos genios musicales, pero su manera de presentar la música en vivo es como Djs. Me compré una mezcladora chiquitita y aprendí.

—¿Hacia dónde habría ido tu carrera si no hubieras sacado esa canción?

—Habría buscado que una canción pegara sí o sí; la música me encantaba. Pero el 2018 toqué en Creamfields y, después de eso, dos semanas después, venía la PSU, estaba saliendo del colegio. Estuve todo el año preparando Creamfields, y después dije: me quedan dos semanas para la PSU, la voy a preparar y darla. Postulé a kinesiología, siempre me ha encantado el deporte y me quería ir por esa rama. Nadie sabe cómo me fue bien en la PSU. Me llamaron de un par de universidades para becarme y decirme: “Oye, te queremos dar el 80% del arancel pagado”. Ahí pensé: no, me quiero dedicar a la música parece. Pero si no hubiese sido la música me habría ido por ahí, por alguna rama de la salud deportiva.

—¿Música no estudiaste?

—No, a puro tutorial de YouTube. Siempre busco mentores. Siempre he estado muy bien acompañado de gente que veo como mentor.

—¿Cuándo decides dedicarte a la música?

—Un punto de inflexión grande fue para Creamfields en 2018. Me bajé del escenario y dije: “Quiero hacer esto por el resto de mi vida”. Fue heavy, porque para ese Creamfields la gente conocía una o dos canciones mías, pero nunca me había presentado en vivo. Al final, la gente que llegó eran los oyentes de Spotify. Antes habían tocado otros chicos que tenían unas 200 o 300 personas. Cuando se acercó mi hora, se llenó. “Qué rico poder generar ese impacto en la gente”, pensé. La sensación de tocar y estar ahí arriba fue “esto es lo mío”.

—También estuviste tocando en Nueva York.

—Fue muy espontáneo, fueron tres meses de una gira en que hicimos catorce shows. Me contactaron los managers de una artista llamada “Tomasina”. Me propusieron hacer algo juntos y que “podrías venir para acá y tocar”. Ellos me organizaron ese tour. Pero no fue por nada especial, pura coincidencia.

—¿Alguna experiencia que te marcara en tierras neoyorkinas?

—La primera vez que toqué allá tenía 20 años, y allá la mayoría de edad es 21. Tuve que tocar e irme, no me podía quedar en el club. Fue loco que al Dj lo tuvieran que echar. Mi set terminaba a las 3 o 4 de la mañana y a las 3:59 había un guardia atrás mío esperándome a que terminara para acompañarme a la salida.

Otro momento, aunque “más significativo”, fue cuando tocó en el club Sony Hall, ubicado en Times Square, para Año Nuevo. “Ese fue un logro importante y una experiencia bacán”, relata. “Llegamos, estaba lleno de gente y los autos no pueden pasar, tienes que caminar sí o sí”, continúa. “Había guardias con unos letreros que decían mi nombre, y nos escoltaron con tres policías hacia el club”. Es decir, asegura, “me sentí Justin Bieber ahí en medio”.

Trabajólico

—Durante la pandemia hiciste unas 200 canciones, pero solo 8 vieron la luz… ¿Las demás verán la luz algún día?

—Creo que esas canciones se van a quedar donde están: mi Google Drive de respaldo. Si bien no las saqué, sí aprendí. Soy de la idea de que cada canción que empiezo la tengo que terminar; da lo mismo si sale o no, porque eso te enseña. Pero en la pandemia fue heavy, casi una canción diaria.

—¿Siempre eres así de productivo?

—En general soy súper trabajólico, pero también me pasó que desde abril del año pasado hasta diciembre no hice nada de música. Me di un break. Hice música, pero no con un fin de sacarla, simplemente para no perderle la mano. Necesitaba reinventarme, encontrar un sonido nuevo, más maduro, algo que se pueda presentar en la industria de hoy.

Ahora está súper enfocado, trabaja largas horas, una tras otra durante el dia. Aunque, aclara, “últimamente he estado balanceando bien mi vida en general”. Y agrega: “Creo que mucha gente tiene este estigma de que los Djs son nocturnos y buenos para el carrete, el alcohol y las drogas, pero yo soy totalmente lo contrario”. Para él, su salud mental y física es clave. En las mañanas va al gimnasio todos los días. Medita y lee uno que otro libro. En las tardes le mete a la música, pero intenta no quedarse hasta tan tarde; “siempre hasta una hora límite”, dice. “Si estoy muy inspirado y va muy bien la canción, me paso”, y se puede estar hasta las 4 de la mañana.

—Pero son excepciones —remarca—. Pero el éxito viene desde el cuerpo: si está fuerte y sano, el éxito está asegurado.

—¿Cuáles son tus sueños más próximos?

—Hace rato que estoy con ganas de volver al Lola. Fue una experiencia increíble y ojalá el próximo año estar de nuevo. Sería bonito aparte, porque serían cinco años después de la primera vez. Pero en este momento quiero sacar mi música, que le vaya bien, tocar en la mayor cantidad posible de lugares para presentar este sonido nuevo. Y ojalá a mitad de año poder ir para afuera, a Europa; España, Francia, para esos lados.

—¿Algún artista chileno con el que te gustaría colaborar?

—Me gusta mucho la idea de hacer un house con alguien urbano como Young Cister, lo encuentro muy, muy bueno; o con Princesa Alba sería interesante. Pero todo a su tiempo.

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