La primera vez de Los Tres: historia total de un debut inmortal

Los Tres en 1991. Foto: Gonzalo Donoso

Con una carrera labrada a pulso, entre bares y fiestas universitarias, Los Tres pulieron el repertorio incluido en su álbum debut en 1991. Era el primer paso de una carrera que hizo historia en la música chilena por su propuesta, diferente a la moda de la época. En charla con La Cuarta, los músicos y algunos cercanos al proceso, revelan los detalles tras la creación y grabación de un álbum destacado por sencillos como “He barrido el sol” y “Amor violento”, y discuten sobre su alcance a treinta años de su publicación.


En una pequeña habitación en los altos de la casa de Romero 2696, Los Tres, por entonces un grupo de músicos penquistas que se hacía un nombre en el circuito de bares capitalinos, invitaron al guitarrista Ángel Parra a unirse a ellos.

“Fue un momento muy bonito, un recuerdo bien cándido y cariñoso -recuerda Ángel al teléfono con La Cuarta-. Ellos me citaron en Romero, donde vivía el Álvaro. En ese momento, se pusieron de acuerdo entre ellos de que me querían incluir en el grupo, una decisión no menor porque eran un trío”.

En principio, Ángel subía al escenario solo para hacer un par de temas con ellos, pero tras la invitación, cerrada con los ineludibles brindis, la alianza derivó en una historia permanente. Aunque el entonces trío de Álvaro Henríquez, Roberto “Titae” Lindl y Pancho Molina llevaba un tiempo en la capital, en ese 1990 lograron el impulso definitivo con el aporte de un músico de carrera prometedora.

Los Tres en 1991. Foto: Gonzalo Donoso

“A él lo veníamos siguiendo desde Concepción -recuerda Molina, apenas responde el llamado del diario pop desde la capital del Bio Bío-. Venía constantemente a tocar jazz con sus otros proyectos, o con su tía, la Isabel Parra. Era un músico que venía llegando de Francia, grababa jingles, era muy ocupado”.

Parra, por su lado, no dudó. Ya conocía el potencial de los tres amigos penquistas fanáticos del rock and roll de los cincuenta, los discos de jazz desde Sinatra a Miles y la música popular de viejo cuño. “Me motivó aceptar la invitación un sentimiento de ‘pucha yo soy amigo de estos cabros, me gusta como tocan jazz el Pancho y el Titae, el Álvaro canta precioso, era obvio que tenía que hacerlo y era el comienzo de algo muy bonito”.

Al guitarrista le llamó la atención el repertorio del trío. Eran composiciones maceradas en los días escolares de la provincia, con riffs que debían tanto a Django Reinhadrt como a Chuck Berry. Además, las letras escritas por Henríquez proponían una intención acaso más ingeniosa, que las frases jingleras de las canciones pop de la época. “Nadie tan crata como yo”.

“Las canciones venían prácticamente armadas, listas -recuerda Ángel-. El Álvaro era un compositor bien ordenado y mateo. Había espacio para la improvisación, pero no había peluseo, eso me gustó siempre en Los Tres; era todo bien aterrizado, bien práctico, era bien serio. Si algunas canciones permitían espacios de improvisación, era por la manera de tocar de nosotros, que trae un poco de jazz; incluso dentro lo que hace el Álvaro, que se formó en el blues, tiene a su disposición estos recursos. Pero al momento de estructurar una canción hay algo muy ordenado”.

Ese material, trabajado en largos ensayos en la casa de Romero, primero, y después en la de los abuelos de Ángel -en Arturo Claro con Antonio Varas-, sonaba de otro tiempo. Eran días en que el pop épico y de implacable rítmica programada dominaba las listas; allí estaban “It Must Have Been Love”, “Nothing compares to you” y “Vogue”. Pero aferrados a su credo en la vieja escuela, y su inspirada competencia técnica, pronto Los Tres, ampliados a cuatro, se hicieron notar en los pubs, peñas universitarias y restoranes donde solían tocar.

Para Álvaro Henríquez, todo era cosa de tiempo. “Sabíamos que nuestra música era buena y que era mucho mejor que la música que sonaba en las radios en esa época -cuenta el “jefe de jefes” al diario pop, en una pausa de los ensayos para la Yein Fonda-. Entonces, sí creíamos que éramos los mejores siempre. Bueno, todavía lo sigo pensando”.

“Teníamos plena seguridad del material que estábamos grabando -rememora Titae Lindl-. Si bien es cierto que es muy diferente a lo que estaba sonando en esos tiempos…venía de los 80, venían saliendo muchas cosas tecnológicas, muchos efectos, entonces toda la gente en todos los discos trataba de meterle todos estos efectos nuevos que estaban saliendo, que fue algo revolucionario para la época. Pero nosotros estábamos convencidos del sonido que queríamos porque veníamos muy influenciados por el rock and roll antiguo y por esta manera de hacer los temas, de grabarlos”.

La formación del grupo, con Titae tocando contrabajo en vez del habitual bajo eléctrico, resultaba novedosa. “Nadie usaba el contrabajo en la música popular en ese entonces -cuenta a La Cuarta-. Pero veníamos de la influencia del jazz, en mi casa se escuchaba mucho jazz, y yo empecé a tocar jazz de puro patudo desde chico, íbamos a las tocatas, entonces tiene mucho de esa influencia de las guitarras eléctricas pero con el contrabajo”.

Pancho recuerda la impresión de los parroquianos hacia su música, en esas regadas noches de la transición amenizadas con piscolas y cerveza barata. “Cuando tocábamos en bares, como que se armaba el carrete, teníamos súper buen feedback. Había una reacción positiva, de harta energía, sobre todo en fiestas mechonas, fiestas de facultades, el Café del Cerro, de ahí se corrió la voz. Era bien distinto al movimiento santiaguino, no era new wave”.

Los Tres en 1991. Foto: Gonzalo Donoso

El primer paso

Con la confianza a tope tras pulir su material en el rigor del directo, como los Beatles en Hamburgo, el grupo dedicó sus esfuerzos a conseguir un contrato de grabación. Fue entonces que se acercaron a Carlos Necochea, el director artístico y uno de los fundadores del sello Alerce.

“Yo tengo una historia musical con la Peña de los Parra -recuerda Necochea, al otro lado de la línea-. Trabajé mucho con Ángel Parra padre, conocía a la Javiera y al Angelito le había grabado su primer disco de jazz. Cuando se juntaron Los Tres, se acercaron a mi oficina Alvarito y Ángel. Me preguntaron si había alguna posibilidad de grabar con nosotros. ‘Encantado’, dije. Nos interesaba desarrollar esa parte rock y el trabajo de ellos me parecía maravilloso”.

Ángel recuerda esas gestiones. “Tenía una amistad con la gente del sello, ya había grabado mi disco de Ángel Parra Trío (NdR: álbum homónimo con Molina y Lindl en la banda). Antes, Los Tres ya estaban moviéndose con material en cassette, pero cuando entré se consiguió el contrato”.

En principio, a Los Tres se les contrató para grabar tres discos. Y aunque en el sello confiaban en el grupo, sabían que el primer álbum era por sobre todo, un paso para ingresar al mercado. “Fueron bastante humildes en entender que lo primero que tenían que hacer, era comunicar lo que traían de Concepción -detalla Necochea-. Era tratar de entrar en un mercado que era muy difícil”.

Pese a todo, los músicos del cuarteto confiaban en sus capacidades. “​En esa época cuando empezamos con Los Tres, teníamos toda la expectativa del mundo: que mucha gente escuchara nuestra música -detalla Álvaro-. Teníamos también mucha seguridad en nosotros mismos. Como que nos iba a ir bien y la gente iba a entender nuestra música. Entonces cuando grabamos el primer disco, pensábamos que teníamos muchas chances de ser un grupo popular, que era nuestra meta”.

“Nosotros estábamos muy convencidos del material que teníamos y del trabajo que veníamos haciendo, tocando primero covers y después haciendo estos temas originales, y la banda venía sonando muy bien -agrega Titae-. Así que entramos con toda la confianza a grabar el disco”.

“Las expectativas que teníamos eran enormes, pero también éramos bien realistas -recuerda Parra-. Sabíamos que tocábamos bien, que teníamos muy buenas canciones, pero había un abismo en lo que pasaba a nivel comercial, en las revistas; estaba La Ley sonando, el grupo Aleste, Diva. Entonces en un momento así, se hacía difícil pensar que un grupo que tocaba música que venía de otras partes, tenía hasta folclor chileno, pudiera ser comercial. Pero como dicen los siúticos, nos queríamos comer el mundo ajaja (ríe)”.

Molina recuerda que pese a la confianza en sus recursos, había cautela. “Yo pensé que iba a ser un proceso más largo, pero sabíamos que nos iba a ir bien porque teníamos la certeza que estábamos sonando increíble, yo buscaba tocar con músicos con los que podía sonar bien”.

Directo y la antigua

A los pocos días, la banda entró a grabar en los estudios Filmocentro, un lugar que se repetía en los créditos de grabaciones del Canto Nuevo y la Nueva Trova; por allí pasaron proyectos como Schwenke & Nilo, Arak Pacha, Santiago del Nuevo Extremo, entre otros.

“Los grabó Jorge Esteban, el ingeniero que tenía más manejo con la cosa rock -recuerda Carlos Necochea-. Los grabamos bastante rápido, no fue un trabajo muy duro. Los temas ya venían armaditos”.

En el lugar los recibió el asistente Claudio Espinoza, “Claus” -tal como la canción homónima del álbum Fome-, quien un par de años después se incorporó al staff del grupo como roadie y jefe de escenario.

“Los conocí en Filmocentro donde era asistente del estudio -cuenta Claus a La Cuarta-. En común teníamos ser de Conce, de hecho nacimos en el mismo hospital con Titae y Alvaro”.

Claus, recuerda el impacto de la propuesta musical de Los Tres entre el personal del estudio. “Jorge Esteban era un tipo que tenía bastante experiencia. Venía llegando de NYC con trabajos súper importantes en el rock, sin embargo se encuentra con este grupo que se acercaba mucho más al sonido rockabilly con matices de jazz, además de la mano del Ángel. Su estilo era único para esos años; lo más estándar que había en ese disco eran temas como ‘En Jamaica’, ‘El Haz Sensor’ o ‘Flores secas’. El resto, era un estilo muy distinto a lo que se hacía por esos años en Santiago”.

El grupo registró las diez canciones del álbum, al viejo estilo. “El primer disco de Los Tres se grabó en vivo -explica Henríquez-. Vale decir, todos tocando en la sala, al mismo tiempo, con separadores de sonido, pero todo en vivo. Todo fue tocado como si estuviéramos tocando en una tocata con público”.

“Fue todo en directo en Filmocentro, con Jorge Esteban -detalla Titae-. Costó un poco porque era el primero y por estar buscando los sonidos. Pero ensayamos mucho. Me acuerdo que lo teníamos súper ensayado y estábamos todos en forma para grabar. Estábamos todos tocando mucho, con los temas muy bien aprendidos, y en ese sentido si había que darle diez vueltas antes de grabar, le dábamos diez vueltas. Por eso resultó todo muy bien por lo que recuerdo”.

“La historia de Los Tres, es todos juntos. No hay disco que no se haya grabado todos juntos”, complementa Pancho Molina.

Por su lado, Claus rememora el set de instrumentos con que se grabó el disco. “La batería de Pancho, era una Slingerland muy sencilla tipo Beatles, platos Paiste y un sonido más jazz que rock. Titae creo que no tenía bajo eléctrico, le prestaron uno para grabar ‘Somos tontos’, pero grabó todo con contrabajo acústico sin ampli ni pre como ahora. Álvaro creo que usó una guitarra Gretsch Country Man que era de Gilles Marie (NdR: amigo y mentor del grupo desde Concepción). No recuerdo el amplificador, creo que era Fender. Ángel era quien estaba más equipado con un set stereo de Mesa Boogie y guitarras Ibanez de la época y otra estilo jazz”.

Pancho Molina recuerda cómo obtuvo la batería Slingerland, con la que además grabó en el álbum Fome (1997). “Fue a través de Moncho Pérez, baterista avezado que tocaba en los festivales de colegio, y fue mi primer profe de batería. Él me pasó la data de que había una batería en un restorán, La Querencia. El batero estaba vendiéndola, y ahí llegué. Estaba impecable. Todavía la tengo”.

Los Tres en 1991. Foto: Gonzalo Donoso

Entre Stray Cats y Los Prisioneros

Buena parte del repertorio del disco fue trabajado desde los días de adolescencia de Henríquez, Molina y Titae en Concepción, antes de decidir el viaje a la capital para tentar a la fortuna, a fines de los ochentas. De allí que sea el registro más emparentado con su escena local. “Está el cruce con toda la historia musical de Conce -recuerda Pancho Molina-. Se escuchaba música de todo tipo, era bien transversal; a diferencia de Santiago no había un movimiento cargado a la new wave. Te topabas con los vinilos de Congreso, de Los Jaivas, Pink Floyd, Alice Cooper, ahí me crié”.

¿Las primeras canciones trabajadas por el grupo desde su formación como trío? “Yo creo que ‘El Haz Sensor’, ‘Jamaica’, ‘Pájaros de fuego’ y ‘Flores secas’, de esas recuerdo los primeros bosquejos acá en Conce, y las tocamos por mucho tiempo -detalla el baterista-. Y alguna idea de ‘Amor violento’ andaba dando vueltas”.

A la manera de históricas duplas de compositores (de Leiber/Stoller, a Morrissey/Marr, pasando por el cedazo ineludible de Lennon/McCartney) Titae recuerda esas tardes de composición junto a Henríquez. “Era juntarnos a jugar con el Álvaro, que siempre tuvo la calidad de componer temas. Entonces algunos temas los hizo él, algunos temas los hicimos a medias, y nos juntábamos a tirar ideas. Yo creo que no andaba ni con bajo eléctrico. Empezábamos a sacar ideas”.

“‘Flores secas’ es más tendencia jazz -agrega el contrabajista-. Pero también hicimos, por ejemplo, ‘Pájaros de fuego’, que tiene una mezcla que se me ocurrió en un teclado Yamaha que tengo. Entonces mezclamos dos ritmos, y al mezclar dos ritmos salió ese chk-chk-chk-chk (tararea), ese ritmo característico. Ahí nos inspiramos para hacer eso. Cosas así. Fue juntarnos a tomar once y ‘veamos qué se nos ocurre’”.

Molina recuerda que conoció el rockabilly por intermedio de Henríquez. “Él me instruyó completamente en eso; gracias a él conocí ‘Rock this town’, de Stray Cats, venía con esos discos y esa onda. Yo venía escuchando Chuck Berry, pero no conocía el rockabilly, el área blanca del rock and roll. Los Stray Cats me volaron la cabeza, quería tocar como ellos”.

De esa influencia salieron composiciones como “Sudapara”. Molina recuerda que en esa canción, los golpes al aro del tambor eran una forma de imitar el sonido de golpe de cuerda, que ejecutan los contrabajistas de ese estilo. “Con el Álvaro nos llevó un tiempo dilucidar si ese sonido lo hacía el baterista o el bajista; yo siempre pensaba que era el baterista, pero en esa época conseguir videos de los Stray Cats era imposible. El Álvaro cachó que era el contrabajo, pero en esos días el Titae no estaba, porque estaba estudiando en Salzburgo. Entonces en esa carencia, me dijo que tocara el aro. ‘Ya pos’, dije yo”.

Los cruces con diferentes ritmos también se escuchan en la canción “En Jamaica”, con seguridad la composición diferente del álbum. Su sonido, más deudor del reggae, se aleja de la sonoridad del rock clásico y el jazz. “Nos gustaba Police, viene de ahí -recuerda Pancho-. Era tratar de tocar como Police, pero al mismo tiempo no parecerse a ellos. Fue uno de los temas más fáciles, porque el Álvaro llegó con el riff y le puse la batería al tiro. Pero si le pones atención, es el mismo beat de La Voz de los 80’, pero camuflado, tu-tu-ta-ta, tu-tu-ta-ta (tararea), de ahí saqué la idea”.

“Era un tema que no teníamos la claridad si lo íbamos a usar porque al Álvaro no le gustaba mucho la letra -agrega-. Pero cuando llegamos a Santiago, nos dimos cuenta que pegaba; en las fiestas mechonas, los liceos, gustaba mucho”.

Por su lado, Ángel Parra recuerda su aporte en el repertorio una vez que ingresó al grupo. “Todos mis solos en Los Tres están al servicio de la letra; la gente dice, ‘el solo esto y lo otro’, sí, pero los solos fueron hechos para el texto, no es cualquier solo. Todo tenía una razón de ser, cada nota tenía una importancia”.

“Mis capacidades como músico estaban basadas en la manera que aprendí, mirando a mi papá, a la gente que admiraba -explica-. Entonces uno se sabe poner al servicio de las canciones, eso calzó muy bien en la música de Los Tres; por eso yo servía, no solo era un guitarrista ‘virtuoso’, sabía lo que era una canción. Con la herencia de mi abuela había un conocimiento medio inconsciente de cómo funciona la música y cómo los músicos deben estar al servicio de las canciones”.

“El Ángel nos inspiró a todos -recuerda Pancho-. Cuando llegó, las canciones tomaron otra forma, no en cuanto a contenido, pero apoyó con armonías más voladas, más expandidas, sus solos de guitarra increíbles, podía rockear, podía tocar folk, tocar cueca, era un músico completo. Entonces él extendió mucho nuestras posibilidades”.

Titae se anima a mencionar algunas de sus canciones favoritas del disco. “Todas me gustan partiendo por ‘Somos tontos no pesados’, ‘La primera vez‘, ‘Flores secas’…es que pasa por muchos estados el disco, tiene de todo. ‘He barrido el sol’, también, que hoy son himnos del grupo. En general el disco es redondo y por algo marcó tanto a la gente”.

Para Carlos Necochea, el material del álbum era de alta calidad. “Yo siempre le comento a todo el mundo que para mi gusto ese es uno de los mejores discos de Los Tres. Normalmente, entre los artistas los primeros discos son los mejores; si lo miras a nivel mundial, en esos primeros registros se trasvasija un trabajo que viene de muchos años. En ese disco hay temazos”.

Portada del álbum Los Tres

Un lanzamiento movido y el salto definitivo

El lanzamiento del álbum fue una animada fiesta en el restorán Le Trianon, un local ubicado en el centro de Santiago, cuya propietaria era la célebre Candy Dubois, una transformista que llamó la atención del cineasta Germán Bobe, quien dirigió los primeros clips del grupo y diseñó la portada del disco. A partir del interés en la estética camp, desarrolló una imagen que caracterizó los primeros trabajos de la banda.

“El lanzamiento en el Trianon fue un gran momento en nuestras vidas porque eso lo organizó todo Germán Bobe, con el que teníamos una relación muy estrecha de trabajo y de amistad también -cuenta Álvaro-. Hizo una puesta en escena muy linda en el Trianon, donde estaba Candy Dubois que era nuestra anfitriona. Tocamos en frente de muchos amigos y algunos fanáticos que teníamos en esa época”.

Entre los invitados, apareció un inesperado, que de buenas a primeras no parecía estar ligado al universo musical de Los Tres. “Llegó nada menos que Gustavo Cerati con su novia Cecilia Amenábar, porque la Cecilia algo nos conocía -detalla Henríquez-. La cosa es que llegaron y yo tuve la primera conversación con Gustavo, que me dijo que le había gustado mucho y que hacíamos buena música. Fue un momento muy bueno en nuestra carrera. Fue un lanzamiento muy especial”.

Parte de invitación al lanzamiento en Le Trianon, diseñada por Germán Bobe

“Me acuerdo que fue el Gustavo Cerati, parece que estaban pololeando recién con la Cecilia Amenábar -recuerda Titae-. Y formábamos parte de la troupe de Germán Bobe, entonces él hizo nuestros primeros videos y organizó toda la puesta en escena del lanzamiento, y era pura adrenalina y puro disfrutar y pasarlo bien. Estábamos todos prendidos”.

“Lo presentamos en Le Trianon, un recuerdo muy bonito -detalla Ángel Parra-. Cada vez llegaba más gente a las tocatas, yo creo que algo muy notorio en la carrera de Los Tres, es que el crecimiento fue de manera orgánica, no hubo un supermercado auspiciándonos, ni nada de eso, lo hacíamos todo a pulso. Fue tal como los Nirvana; partíamos en mi camioneta Fiorino a pegar afiches, nos movíamos por bus a todo Chile, sacándonos la cresta, yendo a entrevistas en lugares donde no nos conocía nadie. Los jóvenes tienen que entender que esa es la forma en que se hace una carrera, no hay otra”.

“¿El lanzamiento? Espectacular, tremenda fiesta -recuerda Pancho Molina-. No hay fiesta que sea mala con travestis (ríe)”.

Aunque en principio el disco tuvo una lenta recepción en la prensa, poco a poco los sencillos como “He barrido el sol” y “Un amor violento”, comenzaron a tener rotación radial. Además, la extensa agenda de presentaciones le pagó al grupo; se habían hecho de una audiencia que les seguía allí donde se presentaban. Así, los jóvenes noventeros le prestaron atención al cuarteto, y el álbum comenzó a circular.

Por esos días, Sergio «Pirincho» Cárcamo escuchó el álbum a instancias de su hijo. Luego, este le preguntó por la proyección que le veía al grupo. «Creo que van a ser más grandes de lo que ellos mismos se puedan imaginar. Son individualmente excelentes músicos, me parecen geniales y creo que con ellos puede pasar de todo, pero como sea van a ser el grupo más importante salido en las últimas décadas», le respondió, según cuenta él mismo en el folleto incluido en el álbum de Grandes Éxitos de Los Tres.

Parte de invitación al lanzamiento en Le Trianon, diseñada por Germán Bobe

“En ese entonces todo el mundo escuchaba el cassette, la gente que iba a mochilear andaba con el cassette -cuenta Titae-. Se escuchó mucho en el ambiente universitario. Entonces lo lanzamos, después hicimos giras por universidades y fue un gran impacto por los temas que eran tan buenos y por el sonido, que era súper diferente al de, por ejemplo, La Ley, que era un sonido diametralmente opuesto. Muy bueno, pero nosotros veníamos marcados por la influencia de Stray Cats, Chuck Berry, Little Richard, jazz y varias otras cosas. Eso nos diferenció de la gente que estaba en ese entonces”.

Mientras, en las oficinas de Alerce sonaron los primeros telefonazos. Las gerencias de las compañías discográficas se habían fijado en el grupo. “A la gente le gustó el disco y se vendió muy bien -recuerda Carlos Necochea-. Empezaron las transnacionales a preocuparse de este grupo que estaba revolviendo el gallinero. Eso hizo que se acercara Jorge Melibosky, de la Sony, a hablar conmigo”.

La historia es conocida. Necochea citó a Melibosky a almorzar, y en una conversación franca, liberó graciosamente al grupo, sin costo alguno. “Querían comprar el contrato de Los Tres -recuerda-. La Sony apareció con una oferta tremenda, pero Alerce no vendía ni compraba contratos. Entonces el Angelito y el Álvaro me dijeron que ahí tenían una oportunidad súper buena de internacionalizarse, y yo sabía que con Alerce no tenían ninguna posibilidad. Entonces cedí el contrato”.

“Fue un disco a mucho pulso, hicimos los videoclips con mucho esfuerzo, pero Alerce no tenía la infraestructura internacional para promocionar el trabajo, como ellos merecían -agrega-. Me di cuenta, y le comenté a Ricardo García, que aquí teníamos un tremendo caudal musical pero estos muchachos van por otro lado”.

Un disco histórico

A tres décadas de publicado, los protagonistas todavía mastican el impacto que generó el álbum en su tiempo. Fue un indudable primer paso para una carrera que ganó todavía más reconocimiento con los años. Cuando se les pregunta por sus impresiones, no dudan en recordar con orgullo esos días.

“Hace treinta años que se grabó ese disco y para mí es un orgullo -señala Álvaro Henríquez-. Es un disco que quiero mucho y que me hace sentir muy bien. Tiene muy buena música, tiene muy buenas canciones. Creo que además ya han pasado treinta años y siento que el disco ha envejecido muy bien, a la gente joven también le gusta. La gente que nos siguió desde siempre también tiene mucha estima por el primer disco. Y el primer disco debe haber sido un regalo muy especial por eso, porque es el primero, es la primera relación que uno tiene con las grabaciones”.

“Estábamos recién empezando y era nuestro primer disco -afirma Titae Lindl-. Estábamos súper enfocados en hacer algo muy bien ensayado, muy bien ejecutado, y que tuviera coherencia y que tuviera musicalidad. Nos aplicamos mucho en ese disco y por eso salió así, y por eso tiene esa colección de canciones. Fue súper importante para la música chilena y para nuestro público que atesora siempre ese disco. Es uno de los grandes de la música chilena”.

“He grabado muchos discos en mi vida, y una buena cantidad son los discos que grabé con Los Tres, más los de Ángel Parra Trío, y muchas colaboraciones -señala por su lado Ángel Parra-. Tengo la certeza que nos ganamos un reconocimiento en base a nuestro trabajo, y logramos una comunión en base al arte y a nuestro sentido del humor que dio frutos por la inteligencia de las letras del Álvaro, y nuestra astucia como músicos, siempre desconfiando de los alardes virtuosos y sobrepoblar la música de cosas artificiales que no aportan a una canción. Muy contento de haber sido parte de Los Tres, somos parte de la música latinoamericana con un sitial bien logrado”.

Mientras alista su regreso a los escenarios junto a un grupo de jóvenes músicos de Concepción, Pancho Molina repasa el reconocimiento de la gente en las redes sociales, donde es un usuario activo. Hace pocos días, organizó un live en el que respondió preguntas sobre el álbum. “Me emociona, son cosas que uno no esperaba. Y es una de las razones por las que hablo de Los Tres. Yo volví a Chile hace cinco años, y fue un shock, pensé que todo había pasado, pero nada”.

“Nos hemos ganado una buena cantidad de público, mucha gente que aprecia nuestra música -cierra Henríquez-. Así es que ha sido un sueño en realidad, la verdad de las cosas, porque cuando yo estaba en Concepción pensaba en grabar discos, en salir de gira, en tocar para mucha gente, en hacer entrevistas también para ustedes, para La Cuarta, la única (se ríe)”.

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