“Nunca deseé cubrir una guerra”, otro libro con su marido y el “adrenalínico” noticiero: el año sin parar de Andrea Arístegui

Andrea Arístegui. FOTO: Instagram de @aaristeguia

En marzo del 2022, la periodista partió a la frontera polaca para informar sobre la invasión a Ucrania, lo que le implicó muchas veces “respirar profundo y secarme las lágrimas y seguir trabajando”, cuenta. Aquellas vivencias dieron pie a Miradas Perdidas, que escribió con Gonzalo Montaner. El proceso implicó duro trabajo, pero “fue lo mejor que me pudo haber pasado”, expresa. Mientras, la conductora de Meganoticias admite que cada vez resulta más agitada su labor: “Es muy intenso, siempre hay mucha noticia de último minuto”.

—Los días eran muy intensos, bien agotadores y cada día era un tremendo desafío —recuerda Andrea Arístegui, quien a inicios de marzo del 2022 estuvo en la frontera de Polonia con Ucrania, pocos días después de que se desatara la invasión de Rusia el 24 febrero de ese año.

En total, el equipo de Meganoticias estuvo tres semanas en suelo europeo, “pero se sintió obviamente mucho más largo”, admite ella en conversación con La Cuarta. “Hubo varias historias que estuvimos reporteando y que a mí en lo particular me tocaron mucho en lo emocional”. Millones de ucranianos abandonaron su país, “principalmente mujeres, padres con niños chicos, mujeres mayores con sus nietos, y varias de esas historias que me tocó reportear”, recuerda.

Ahí surgió el libro Miradas perdidas: Historias de los reporteros chilenos en la guerra de Ucrania (La Máquina Editores, 2022), el segundo que publica junto a su colega y marido, Gonzalo Montaner, tras 11-S: La amenaza de Al-Qaeda continúa (2021).

Él hace rato quería escribir un libro testimonial sobre cómo viven los reporteros una “cobertura extrema en una zona de conflicto o catástrofe”, explica Andrea, porque “hay muchas historias que pasan, que no son necesariamente noticia, porque son las cosas que nos pasan a nosotros, pero él sentía que era muy interesante de mostrar el detrás de cámara”.

Andrea Arístegui

Ya de regreso, Andrea se reunió con el camarógrafo Camilo Soto y el productor Camilo Cuadra, con quienes estuvo en Polonia, y al revivir esa experiencia Gonzalo dijo:

—Ya, este es el momento, hay que contar estas historias, vamos a hacer el libro que habíamos pensado.

Así, el manuscrito dio sus primeros pasos y empezó a tomar forma, con los autores que entrevistaron a quienes estuvieron en el conflicto, como los periodistas Jorge Said, Mariana Díaz y Rafael Cavada, o la camarógrafa Claudia Rojas, quienes en parte se convirtieron en los protagonistas de distintos capítulos.

De hecho, la propia Andrea fue entrevistada por su colega-marido para el libro, donde ella cuenta una de las vivencias que la marcó:

—Era una joven de India que estaba estudiando en Ucrania, y que le tocó comenzar la guerra allá, como estudiante, sin su familia. Tuve una conversación con ella que no fue para hacer una nota, no había cámara ni nada. Me tocó mucho porque en un momento ella se sintió muy sola. Sentí que era como mi hija, porque tenía su edad. Sentí la necesidad de contenerla. Son de esas historias que no tienen final, no sé qué pasó con ella después. Siempre me quedó ahí la pregunta.

A cuatro manos

—”No tenemos mucha experiencia cubriendo conflictos”, dijiste en Radio ADN...

—No tenemos experiencia porque, por suerte, no tenemos guerras, y esa es básicamente la razón. Pese a estar lejos y ser un país chichito para la comunidad internacional, igual se hizo el esfuerzo y creo que es súper valioso. Me acuerdo que compartíamos con gente de todo el mundo, y medios latinoamericanos habíamos muy pocos; chilenos éramos los más junto con los argentinos. La razón del libro también es reivindicar la necesidad de tener coberturas en terreno, de que seamos nosotros, periodistas, camarógrafos y productores chilenos quienes estemos ahí para contar esas historias.

—¿Qué se aprende al cubrir una guerra?

—Chuta, yo creo que el aprendizaje que más rescato de esta cobertura tiene que ver con el tratamiento de las víctimas, no perder nunca de vista que la persona que está frente tuyo es una persona que está en una situación de vulnerabilidad extrema. Eso se puede aplicar para otro tipo de situaciones. Uno lo que tiene que tener consideración más que nunca, es no ser un obstáculo, sino que un facilitador. No somos una ONG, no estamos ahí para esa función, pero de alguna manera también tenemos que colaborar, visibilizar, pero no estorbar.

Andrea Arístegui

—”Nosotros nunca más volveremos a ser los mismos”, es la sensación que palpó Gonzalo de los testimonios… ¿Qué cambió en ti después de ese reporteo?

—En mi caso, más que ser otra persona, uno va sacando ciertas lecciones que ojalá sirvan para uno ser mejor en lo que hace, pero también como persona. Cuando uno está tan cerca de una situación de horror como la guerra, uno vuelve como a mirar las cosas en perspectiva: volver a la casa, tener una familia, un hogar seguro, una vida normal, como cosas muy pequeñas, que pueden ser bien clichés, pero al final es eso: relevar lo que realmente es importante.

—Ya con dos publicados, ¿siempre quisiste escribir un libro?

La periodista se ríe largamente antes de responder:

—No, porque lo veía como algo muy grande, sentía que era un proyecto demasiado desafiante. Lo veía como un deseo bien lejano, me costaba aterrizarlo.

Según cuenta, fue Gonzalo quien la entusiasmó, al proponerle en varias ocasiones: “Tenemos que hacer un libro, Andrea”. Ella, que de antemano sabía toda pega que implicaba, le decía que no, porque “no veía en qué momento iba a poder hacerlo, estaba con muchas cosas”. Pero “me convenció finalmente y fue lo mejor que me pudo haber pasado”, asegura, “porque fue una experiencia muy bonita en los dos casos, pese a que son libros muy distintos”.

En resumen, dice, “ha sido harto trabajo, pero quedamos muy contentos con el resultado”.

Andrea Arístegui

—¿En qué momento escribes?

—En la noche.

Tras terminar su pega en Radio Infinita, a las 20:00, se desconectaba y se ponía a escribir. “Había que encontrar una rutina de trabajo, porque este libro queríamos sí o sí tenerlo este año”, explica, considerando que “después no sabíamos qué pasaría con la guerra”. Así, ya con el cielo a oscuras, partían las labores de escritura y edición.

—¿Cómo se vive la experiencia de escribir con tu marido? Se mezclan los planos personal y profesional…

—Ha sido un aprendizaje. Cuando partimos con el primer libro, dije: “Si logramos superar esto, ya podemos superar cualquier cosa”. Llevamos veinte años juntos, somos un matrimonio de mucho tiempo. Evidentemente hemos tenido hartas situaciones en el camino, pero siempre bromeamos con que cuando logramos superar el escollo del libro, ya es muy difícil que haya otra cosa que nos vaya a generar un quiebre.

En cualquier caso, reconoce que es un desafío “no mezclar todo el cariño y amor que uno tiene por la persona con lo profesional”. Si bien ambos son periodistas y hay “respeto y admiración” entre sí, llega un momento en que surgen frases como “pucha, a mí no me gusta cómo quedó esto”, “cámbiale esto”, “yo opino que esto debiera ser así” y “no estoy de acuerdo con esa decisión”.

Frente a aquellas diferencias, ella plantea:

—Al final resolvemos cómo resolvemos la mayoría de las cosas: conversando, negociando y siempre llegamos a acuerdos. Y al final de todo, siempre decimos: “Está bien, era lo que había que hacer, tenías razón”. No hubo grandes problemas.

Andrea Arístegui

—¿Tienes en mente algún otro libro? Quizá incluso en solitario.

—Ahora necesito parar un rato, porque todo fue muy intenso, y este año igual. Pero conozco la dinámica que tenemos nosotros de familia y pareja. Y siempre es Gonzalo el que me dice “sí, vamos a parar”, pero, acto seguido, empieza “oye, estaba pensando que este otro tema es interesante”. Si fuera por mí, yo esperaría harto rato. Yo creo que Gonzalo lueguito va a querer, y ya tiene algunas ideas de hacer algo más. Vamos a ver cómo seguimos. Pero por lo pronto estoy mirando en el corto plazo.

—Pero qué interesante que tengan esta “sociedad” de escritura...

—Es difícil —dice y sonríe—, porque se presta para ir cruzando planos, y que lo laboral-profesional termine afectando lo personal. Pero en nuestro caso creo que lo hemos manejado súper bien. Perfectamente podríamos seguir funcionando así.

—¿Hay algún tema del que te gustaría escribir?

—Tengo una fijación con los temas internacionales, porque mi carrera partió ahí. Siempre he querido seguir vinculada a eso. Siempre le digo a mí jefe “está bien, yo hago noticieros, puedo hacer otros temas, pero para mí los temas internacionales son demasiado importantes”. Creo que necesitan más visibilidad y deberíamos tener más cobertura. No tengo en estos momentos una idea, pero creo que hay varias cosas dando vuelta que podrían eventualmente salir.

Marcas

En marzo de 2011, Andrea se desempeñaba en TVN y andaba en Washington D.C haciendo su pega. Fue ahí cuando ocurrió el fuerte terremoto y tsunami de Japón, tras lo cual la mandaron a Tokio. El maremoto también derivó en el desastre nuclear de Fukushima, al dañar algunos reactores.

—Fue mi primera cobertura realmente difícil desde el punto de vista logístico: estás en medio de la nada, no tienes dónde alimentarte ni dormir, muy cerca de la muerte, del dolor y la destrucción. Esa cobertura fue súper marcadora.

Pero también la marcaron sus semanas en Polonia tras la invasión rusa. “Nunca deseé la cobertura de una guerra, no es algo que yo hubiese tenido en mi lista de deseos”, admite. “Por el contrario, miraba con harto miedo cubrir una guerra”, aunque “creo que ese miedo es súper necesario, porque te permite tener esa intuición para tomar decisiones o ese sentido de alerta permanente”.

Eso sí, como estuvo en el lado polaco, el miedo no fue el sentimiento que la regía, porque su foco eran los refugiados: “Esa afectación desde lo emocional, que me implicó muchas veces respirar profundo y secarme las lágrimas, y seguir trabajando, también fue súper fuerte”.

—¿Ya sea de Japón o Polonia hay alguna escena que te haya quedado grabada?

—De Japón te podría describir momentos heavy por la destrucción que había, como de película. Pero me impresionó mucho el nivel de resiliencia de los japoneses, que estaban en el suelo realmente sin nada, y estaban preocupados por darnos comida a nosotros. Estaban totalmente damnificados y vulnerables, pero aun así recuerdo que en un pueblito chiquitito llegaron a llevarnos unas bolsitas con dulces. “Wow”, dije, “qué diferencia de comportamiento humano en distintas partes del mundo, dependiendo de la cultura y formación que tienen las personas”.

—¿Hay algún hito o evento que te gustaría cubrir en el futuro?

Andrea se toma un momento para pensar, se toca el pelo y recién ahí se responde:

—Como siempre quise hacer las coberturas políticas de elecciones, Estados Unidos, Brasil, lo que hago ahora, me siento súper satisfecha con las oportunidades que he tenido. Quizá (me gustaría) alguna vez algo distinto como unos Juegos Olímpicos. Ahora, por ejemplo, el tema de las coberturas políticas es cada vez más complejo; vimos lo que pasó en EE.UU. y Brasil con presidentes que no reconocen resultados. Hay un elemento de tensión adicional que desde lo periodístico es interesante porque uno tiene más cuento, pero en realidad (me gustaría) algo distinto, más esperanzador.

Andrea Arístegui

La adrenalina

Sobre sus distintas pegas del presente, la periodista admite que como conductora en la edición de la tardes de Meganoticias (Mega) “me siento como pez en el agua, realmente disfruto mucho”. A pesar de que ya lleva años en noticieros, “siempre hay elementos, sobre todo ahora que pasan tantas cosas”, no como era hace diez años, cuando “a veces no había con qué llenar la pauta”.

—Ahora hay tantas noticias en Chile y el mundo —dice—, y siempre es muy intenso, siempre hay mucha noticia de último minuto, es más adrenalínico. No me gustaría dejarlo en el corto o mediano plazo.

En cuanto a la radio, “me encanta también y es algo que me gusta mucho complementar” con el noticiero, asegura. Respecto a los libros, “fue un regalo que llegó y no tenía planificado”, remarca. “Ha sido una experiencia muy entretenida y no sé cuánto más va a durar, no te podría afirmar que vendrá otro libro, pueden pasar muchas cosas”.

—¿Te sientes acomoda esa adrenalina de los noticieros?

—Es de esos sentimientos encontrados que uno tiene. Uno de repente reclama “¿hasta cuándo tanta cosa?”. Ojalá estuviera más tranquilo. Pero en el fondo, si somos periodistas, a uno le gusta que estén ocurriendo cosas, o al menos tener la posibilidad de cubrir cosas que están ocurriendo, y que sean relevantes. Uno va haciéndose parte de los cambios en la Historia. En el día a día son cosas más pequeñitas como los temas del proceso constituyente y puede ser muy fome, pero si uno lo mira en lo macro, al final uno ha sido partícipe de momentos súper importantes. Son cosas que después van a estar en los libros de Historia y uno podrá decir: “sí, yo estuve ahí, y me tocó entrevistar a tal”. Eso lo encuentro bien alucinante y siempre me ha motivado.

En octubre, Gonzalo Ramírez hizo su debut en Meganoticias Actualiza, noticiero que conduce junto a Andrea, con quien trabajó durante largo tiempo en TVN. “Hicimos muchos noticieros, coberturas y transmisiones juntos”, recuerda.

—¿Qué es lo que más te llama la atención de él?

—Creo que Gonzalo tiene muchas cosas buenas, pero de lo que a mí me gusta: es mucho más relajado, es más divertido, es muy espontáneo, tiene salidas muy buenas. Yo soy un poco más estructurada, tenemos perfiles distintos, pero siento que nos complementamos muy bien. También es muy bueno en terreno, tiene mucha capacidad para relatar y hacer transmisiones en un tono muy adecuado en situaciones como los incendios.

—Como periodista en general uno es el que hace las preguntas: ¿cómo te sientes en el lugar de entrevistada?

—Siempre me da un poco de nervio —contesta y se ríe—. Es raro, siempre me da un poco de nervio, porque uno está acostumbrado hacer las preguntas, y siempre es más fácil. Pero cuando es respecto a mi trabajo, no me complica tanto porque me apasiona mi trabajo. Es raro pero está bien.

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