El terrible suicidio que estremeció a Gabriela Mistral

Autor: La Cuarta

La muerte de Juan Miguel Godoy -Yin Yin- por su propia mano, marcó los últimos años de vida de la poeta chilena. El muchacho era una figura importante en su vida; unos proponen que era su hijo biológico, mientras otros defienden la tesis de que era su sobrino. Lo concreto es que tanto su origen, como su vida y los motivos que lo empujaron a la muerte, continúan en inmersos en la bruma del tiempo.


Lo único que sabía es que no lo soportaba más. Al joven Juan Miguel Godoy no le gustaban ni el idioma, ni las costumbres de Petrópolis, la ciudad brasileña a la que llegó desde su Europa natal en 1941, junto a su tutora y tía, la poeta e intelectual chilena Gabriela Mistral.

“Yin-Yin no embonó nunca con el país ni con lo americano en general …”, le contó la autora de Lagar, a la abogada y escritora Marta Samatán en una carta. El joven languideció al abandonar el viejo continente a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Al estallar el conflicto, Gabriela temió por su seguridad y decidió sin más volver a cruzar el Atlántico, donde ejerció como cónsul.

La historia del joven, a quien la poeta llamaba Yin Yin -la palabra signifca “fiel” en Hindi-, se teje entre el mito y la tragedia de su suicidio en agosto de 1943.

Su partida de nacimiento firmada en Barcelona -tres años después de ocurrido-, detalla que el chico nació el 1 de abril de 1925, y que sus padres eran la española Marta Muñoz Mendoza y el chileno Carlos Miguel Godoy. Era este un medio hermano de la poeta, por el lado de su padre, quien apareció en su vida ya de adulto y que le habría entregado al niño, tras la muerte de su madre, consumida por la tuberculosis en un sanatorio.

Por entonces, Mistral residía en la región francesa de Provenza. Hasta allí llegaron un día a entregarle al niño. La historia relata que la poeta lo aceptó a condición de que su hermanastro nunca lo reclamara. Pero su deseo de ser madre, junto a su vocación de profesora primaria y su particular interés por la educación -acaso uno de los aspectos más referidos sobre su obra- le impulsaron a aceptar el reto.

Desde entonces, el pequeño acompañó a Gabriela en cada uno de sus viajes impuesto por los vaivenes de su trabajo en la diplomacia. Por ejemplo, en el pasaporte concedido por la Legación Chilena en Francia, en 1939, se detalla que la poeta está acompañada por su “sobrino y alumno”, Juan Miguel Godoy.

Años después lo recordó el ensayista mexicano Andrés Iduarte, quien conoció el entorno de la poeta cuando esta lo alojó un tiempo en su casa en Francia. “La gente es agradable, integrada por la dueña Gabriela Mistral; por su sobrina, una chilenita que lleva el nombre de Pradera; por un chiquillo de cuatro años, hijo de una amiga de Gabriela, que lo ha encargado a ella, porque está enferma del pecho y curándose en Suiza. El ‘Llinllin’ (sic), como se apoda el chiquillo, es el centro de la casa; vive Jugando con todo el mundo y está muy consentido”.

Yin Yin en su niñez

¿Sobrino o hijo?

El misterio alrededor de Yin Yin fue tal, que hubo quienes levantaron la idea de que el niño era el hijo biológico de la Premio Nobel. Así por ejemplo, lo sostenía Doris Dana, la albacea de Mistral, y lo respaldó Gilda Péndola, exsecretaria de la escritora entre 1950 y 1955 -es decir, entró a trabajar con ella siete años después de la muerte de Juan Miguel-.

“Concuerdo plenamente con lo que señaló tiempo atrás Doris Dana, que Yin Yin era en verdad su hijo y de todas maneras no podía ser otra cosa”, le dijo al diario La Región de Coquimbo, el viernes 9 de diciembre de 2005. Agregó que en más de una oportunidad habló con la poeta sobre el tema, “pero nunca tocó el tema de que él fuera su hijo, aunque sí se lo confesó a Doris Dana antes de su muerte”.

¿Entonces cómo llegó Yin Yin a la vida de Gabriela? “Según lo que me dijo Doris Dana, ella eligió al padre que era un joven de la costa del sur de Francia porque ella era muy amante de la belleza masculina -recordó Gilda Péndola-. Escogió ese joven para tener un hijo y no fue fruto de un romance porque ella necesitaba ser madre y lo tuvo en Francia”.

Un visión diferente es la que sostiene Isolina Barraza, una farmaceútica que conoció a Mistral en 1925. En su texto Gabriela Mistral y su sobrino, defiende la tesis más clásica basada en el testimonio de Pradera Florida Urquieta Alday, una mujer serenense que trabajaba como ama de llaves de la poeta y a quien ella llamaba con cariño “mi sobrnita”.

“Pradera, que afortunadamente vive, esposa y madre feliz, me contó haber estado presente cuando llegó un señor con Juan Miguel a entregárselo a Gabriela, por encargo de su madre moribunda, internada en un sanatorio de tuberculosos, en Suiza, donde pronto falleció”, detalla Barraza. Su testimonio calza con el del mexicano Andrés Iduarte.

Lo cierto, es que a su manera, Mistral amaba profundamente a Yin Yin. De allí el profundo dolor que le produjo enterarse del suicidio del muchacho. Un suceso terrible, inesperado y sorpresivo para el que se han ensayado tantas explicaciones como palabras en las cartas de la autora. Y la marcó para el resto de sus días.

“Recoger los pedazos de mí misma”

El grito de dolor atronó en la casa. La tarde del viernes 13 de agosto de 1943, el joven Juan Miguel bebió un líquido tóxico que lo mandó directo al hospital, mientras Gabriela Mistral estaba en el cine. Cuando se enteró, la poeta llegó hasta el recinto para acompañar al muchacho que agonizó toda la noche. Murió al día siguiente. Tenía 18 años.

Para ella, el golpe fue terrible. Dos años después, en una carta a su amigo y confidente, Zacarías Gómez, escribió: “Después de mi duelo (death of Yin-Yin) he debido coger los pedazos de mí misma y rehacer mi mente. Creo que nuestra vida espiritual no anda distante”.

Los días previos a la muerte rondaron algunos fantasmas. El joven Godoy -quien hablaba el castellano con marcado acento francés, según las cartas de la artista- se había enamorado de una chica alemana, y declaró su intención de casarse con ella. Una idea que a Mistral no le gustó nada. “Oírlo Gabriela, e indignarse fue su reacción; más que nada, por ser alemana, país causante de la guerra”, explica Isolina Barraza.

Una disputa que sería factible entre un adolescente y su figura de autoridad. No por nada, Yin Yin solía llamar “Buda” a la Mistral, debido a su carácter reservado, solemne y frío, que dominaba su temperamento.

Durante los años siguientes a la tragedia, la poeta ensayó muchas explicaciones; en sus cartas culpa a grupos de muchachos que hostigaban a Yin Yin por su condición de blanco y familiar de la cónsul, además de la vida errante a la que nunca se acostumbró. Por su lado, la diplomática mexicana Palma Guillén, muy cercana a Mistral, señaló que el chico tomó la vida por su propia mano “por no matar a uno de sus compañeros de escuela”.

En su libro El otro suicida de Gabriela Mistral, el autor Luis Vargas Saavedra, lanzó otra tesis. “La personalidad egocéntrica, mitómana, avasalladora y empecinada de Gabriela Mistral tenía que estrellarse contra la de Juan Miguel, cuya suma hipersensibilidad, más inteligencia, más timidez no lo ayudarían a independizarse de aquella potencia síquica. El enfrentamiento culminó en su adolescencia: cuando Yin quiso ir a pelear en Europa y cuando Yin quiso casarse con una alemana. (…) El hecho de que gm le eche la culpa a una mafia o banda suicidadora prueba que ella rehusaba aceptar su tremenda responsabilidad en el repudio mortal que le asestaba Yin Yin”.

La tragedia rondaba la historia de Gabriela. Es conocido el caso de Romelio Ureta, un ferroviario a quien ella conoció en su juventud y por quien sentía mucho afecto, que se suicidó en noviembre de 1909. El suceso inspiró el material que ella plasmó en Los sonetos de la muerte, texto con el que ganó los Juegos Florales de 1914, y marcó su debut en la poesía.

Acaso como para aceptar la muerte, la artista plasmó su dolor en algunos poemas dedicados a la memoria de Yin Yin. “En sólo una noche brotó de mi pecho, subió, creció el árbol de luto, empujó los huesos, abrió las carnes, su cogollo llegó a mi cabeza”, escribió en uno titulado, apropiadamente, «Luto».

Solo meses después, en noviembre de 1943, Gabriela sintió que tenía las fuerzas como para escribir una carta en la que se explayó, a su manera, sobre lo ocurrido. “No es consuelo lo que busco, ‘es verlo’ -escribió-. Y en el sueño suelo tenerlo, y en sensaciones de presencia en la vigilia también, y de lo que de ambas cosas recibo es de lo que voy viviendo, y de nada más que eso”.

La última fotografía de Gabriela Mistral y Juan Miguel Godoy (Yin Yin) en Petrópolis, Brasil. Fuente: Archivo del escritor

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