La Firme #7 Princesa Alba, cantante: “Al principio me tomaban más como meme y fue difícil sacarme ese estigma”

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

El pasado 23 de julio se cumplieron cinco años exactos de que Trinidad Riveros se estrenó en el mundo de la música. Allí, en un video que grabó al interior del Estadio Monumental, recinto donde juega de local el club de sus amores, anunció: “Antes las princesas usaban coronas, ahora usan la camiseta del Colo”. Ese inicio, sin embargo, fue duro: a sus 20 años debió enfrentar toda clase de críticas, muchas de ellas despiadadas. Pero optó por no escuchar y hacerle caso únicamente a sus sueños. Desde entonces, no ha parado de sumar éxitos; de hecho, la próxima semana será su debut en el Teatro Caupolicán. Aquí, con el diario pop revela el proceso: cómo logró dar vuelta la tortilla y convertirse en una de las artistas más reputadas de la escena local.

Estoy muy contenta por el show en el Teatro Caupolicán. Siempre he ido al Teatro Caupolicán a conciertos, pa’ mí es una institución en la música chilena y, bueno, de la música internacional. Es un lugar súper íntimo pero también masivo, entonces es una contradicción súper bonita. Además, es mi primer show larga duración, mi primer show tan grande y llevo preparándolo meses, así que espero que llegue pronto.

Me acuerdo que al primer show que fui al Caupolicán fue de Kudai. Después he ido a muchísimos de música chilena: de Gepe, Manuel García, de la Mena, y al fin me toca a mí. Me pasa que mi carrera fue súper ascendente y, aunque fui viral al principio, iba a muchos shows y sigo yendo de espectadora. Hay veces que me fondeo, y voy de oyente y voy a estudiar también. Ahora último he ido a varios y decía “uf, después me va a tocar a mí”.

Me fijo metas que son súper altas, que quizás son súper fantasiosas y que probablemente una persona en su sano juicio diría “eso no va a pasar ni cagando”. Pero se cumplen. Siento que mi vida —y mi carrera sobre todo— ha sido sobrevivir a costa de esas fantasías, y se van cumpliendo. Ha sido súper bacán, porque también tengo muchas metas fijas: quiero llegar a Coachella, al Festival de Viña, y si está en mi cabeza, espero lograrlo.

Los nervios antes de un show siempre están. Busco maneras de lidiar con esos nervios, pero apenas me subo al escenario se me pasan al tiro. Ya en la primera canción estoy en otra..., pero sí, siempre hay, y me gustan también esos nervios. Son bonitos, porque significa que los shows importan. Puede que ser que esté tocando en Conce, en Arica, en el Lollapalooza y los nervios siempre van a ser los mismos.

Voy a cantar 28 canciones en el show del Teatro Caupolicán. Me pasa mucho que trabajo en un circuito de festivales, festivales municipales también, y ahí te tiran una duración que casi siempre es la misma: normalmente 45 minutos o una hora. A veces menos, 30. Y siempre me quedo con ganas de tocar más. Ahora que tengo un show sola, me propuse hacer uno de larga duración y me di cuenta que tenía caleta de canciones. Incluso no serán todas, van a quedar unas en el tintero, pero va a ser un show que no se va repetir..., también por los invitados que van a haber. Habrá canciones que no voy a volver a tocar en mi carrera yo creo, o al menos no de esa manera, porque son versiones acústicas, con banda.

Tengo una insatisfacción siempre. Cuando fue “Convéncete”, una de mis canciones que le ha ido mejor, ahí incluso no sentía que estaba como “tocando techo”. Y creo que aún me falta muchísimo, me queda caleta que aprender. Entonces, creo que todavía no logro lo que quiero lograr. No sé si algún día lo logre..., quizás también va pasando ese círculo vicioso de que voy alcanzando tantos éxitos, o voy logrando las cosas que quiero, y después quiero más, quiero más, quiero más.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

El momento de inflexión en mi carrera fue cuando profesionalicé las cosas. Siempre quise hacer música, pero grababa en mi casa: no tenía muchas herramientas. Estaba componiendo solo porque me gustaba la música, como de hobby, y ya cuando me empecé a dedicar 100%, ahí fue cuando cambió mi vida.

Hay dos momentos que recuerdo con mucho cariño. Hace poquito fue el Lollapalooza, y ese momento fue súper bonito. Yo creo que ahora el Caupolicán... pretendo que sea uno de esos hitos que voy a mirar con mucho cariño. Y yo creo que la primera vez que me metí al estudio, porque, como te decía, yo grababa en mi pieza, con un micrófono de 30 lucas y de repente me meto al estudio y cacho el mundo de la música: lo que significa y el peso que tiene. Fue bonito.

Me considero ambiciosa, totalmente. Y es un arma de doble filo porque estoy siempre insatisfecha. Pero también es algo bueno, porque siempre estoy compitiendo conmigo misma pa’ sacar la mejor versión de mí y pa’ lograr más metas, y lograr más cosas.

Siempre he sentido que el pop es lo que predomina en mi música. Formo parte de una generación que no tiene estigmas y que no se encasilla en nada. Entonces, me siento mucho más cómoda con este híbrido de hacer pop y hacer urbano, hacer reggaetón y hacer trap, hacer distintas cosas. Sí, no te voy a mentir, mis primeras canciones tenían reggaetón, tenían trap, pero solamente ciertas cosas. No me cierro las puertas a futuro a hacer otras cosas.

Al principio me generaba incomodidad que me encasillaran en el trap. Porque yo no hacía trap... el trap tiene una carga súper simbólica y súper social, de que los exponentes del género relatan una realidad. Por ejemplo, el Pablo Chill-E, que al principio lo criticaban muchísimo por mostrar este Chile más vulnerable, más peligroso, que hablaba de drogas, etc., pero eso era porque pasaba: ese era su ambiente y solamente estaba retratando lo que estaba viviendo en ese momento. Entonces, pa’ mí, el trap significa hacerse cargo de todas esas cosas, y yo nunca hablé de eso.

Siempre estoy siendo activista por las mujeres en la industria musical, para que haya más espacios. Nunca me ha gustado verme como un referente o esas cosas, prefiero ser más piola, y no sé si me atribuyo tanto el feminismo en la escena, pero sí soy feminista, y todo lo que haga va en ese camino. En otro momento era súper complicada la escena urbana, porque no había espacios para mujeres. Me acuerdo que me invitaban a fiestas y me decían “no, es que tu música no pega y no hay muchas exponentes mujeres, entonces hagamos una fecha solamente de mujeres”, y yo como “noo, pero quiero tocar con los cabros”. Pero creo que las cosas han cambiado: ahora ya somos muchas mujeres que estamos formando la escena pop-urbana y es bonito ver cómo hay tantas cabras.

Mi primer acercamiento a la música fue por mi familia: mi hermano siempre fue músico, tocaba piano, guitarra. Y yo nunca me interesé mucho —cosa que me arrepiento— por los instrumentos análogos. No podía tocar guitarra, nunca aprendí, piano un poco..., lo que me interesó siempre fue el computador como una herramienta musical. Desde chica que siempre me metía a programas de producción musical. Tuve ese acercamiento más digital.

Fui DJ un año y medio o dos años. Fue súper de hobby igual. De repente me pagaban, pero muy pocas veces. Así partí, mezclando, y cuando uno es DJ, obviamente mezcla, mezcla, mezcla y te dan ganas también de hacer lo tuyo. Ahí fue cuando tomé la decisión y empecé a hacer música.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

Mi inicio en la música fue súper inocente, incluso torpe diría yo. Porque lo único que tenía eran ganas de hacer música. Era tener las ganas de componer, de crear un proyecto. Y saqué mi canción sin expectativas la verdad. Jamás pensé que iba a ser viral, o algo así, porque tampoco me hice cargo de todas las cosas que significaba..., porque pa’ mí siempre fue normal. Vestirme así siempre fue normal. Siempre escuché ese tipo de música. Pa’ mí el autotune también siempre fue algo normal, porque en ese momento el trap en España y en Europa estaba pegando muchísimo. Y de ahí, cuando me di cuenta que en Chile era un “bicho raro”, fue como “oooh”.

Me considero pionera. Fui la primera que se hizo más viral. Y sí, fui objeto de burlas y objeto de todas esas cosas, pero lo hice. Metí el trap en el ojo del huracán.

Tuve un momento en que era como Hannah Montana: tenía mi vida de estudiante y de popstar en la noche. Saqué mi primera canción el 2017 y me salí de la U a finales del 2018. Partí de manera súper independiente. En ese momento, por ejemplo, no tenía mánager, y todo el período que yo estuve en la U hacía música y tocaba en la noche, después de clases. Tenía pruebas, taller, de todo. Me acuerdo de haber ido en el metro, en el camino, estudiando pa’ una prueba y me pedían fotos... también me llevé malas experiencias porque hubo veces que me gritaron hueás. Hinchas de la “U” me gritaban... y yo no pescaba. Iba estudiando pa’ la prueba, entonces tenía que estar concentrada. Después, estaba más concentrada en la música que en los estudios, entonces decidí congelar... y nunca volví.

Yo hacía mis propios videos, y sigo: hay veces que hago piezas audiovisuales, veces que me meto en los guiones. Hay veces que hago mis gráficas en Photoshop, etc... entonces haber estudiado Comunicación audiovisual y Publicidad me dio muchas herramientas, y me gustaría volver. Quiero terminar audiovisual en algún momento de mi vida, y si no, quiero volver a la U de alguna manera. No sé, estudiando Música o Ingeniería en sonido.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

Si pudiera, le diría a la Trini del 2017: “No te imaginái lo que se te viene”. Pero nada, “felicitaciones por todo ese esfuerzo y por toda esa garra que tuviste como de afrontar los problemas, porque va a valer la pena”.

Soy muy nostálgica y hay veces que me dan ganas de ser una estudiante, tener los problemas de mis amigas y no estar tan expuesta. Pero de verdad estoy en un período de mi vida que estoy tan contenta, tan agradecida también de la oportunidad que me ha dado la vida. Y sí, es complicada a veces la vida de artista, porque siempre tenís que estar con una sonrisa, pero de verdad que pa’ mí esa sonrisa, la mayor parte de las veces, es totalmente auténtica.

Me hice la fuerte cuando me llegaron caleta de críticas. Esa fue la única manera que tuve de lidiar con eso, a través de la rebeldía... “No me importa lo que digan, yo voy a seguir haciendo lo que amo”. Pero también yo soy mucho de la escuela de dejar que la gente haga lo que quiera. Creo mucho en la libertad. Si a alguien no le gusta mi música, está en todo su derecho de decir que no le gusta, siempre y cuando no se meta con mi cuerpo, por ejemplo, o con temas más profundos que pasen a llevar el espacio de la otra persona. Pero sí, creo que los comentarios tanto positivos como negativos son parte de. Uno puede comentar siempre con respeto.

Quizá al principio me tomaban más como meme y fue difícil sacarme ese estigma... pero a punta de trabajo y de esfuerzo, después de estos cinco años, ha bajado un poquito ese hate que tenía. Sigo viendo a veces comentarios malintencionados. A mí me gusta que todos tengamos criterios distintos, siempre con respeto, pero ya ha pasado un poco. Creo que la gente ha cachado que lo mío va en serio hace rato.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
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Los hinchas de la “U” me siguen molestando, siempre, pero también es como chistoso. Muchas veces me responden hueones de la “U”... ahora que fue el clásico, yo subía historias y me decían como “puta la hueá, Princesa te amo pero odio al Colo”, “tengo una contradicción gigante, pero te amo”, jajaja. Entonces sí, ahora termina siendo algo más cómico. Yo tampoco creo en las enemistades de los clubes. De hecho, es muy perkin pero siempre, cuando voy al estadio, cuando se insulta al rival, como que lo censuro. Hay veces que gritan hueás muy heavys, entonces ahí siempre me censuro a mí misma.

Todas las muletillas e insultos las censuro... voy con mi papá y mi hermano al estadio, y las canciones son así, entonces obvio que las gritan, pero yo me quedo callada. Hay una canción que dice “Ríe cuando... (el chuncho esté sangrando)”, y esa es muy heavy, así que me censuro. Y también cuestiones como referirse a la gente de la “U” como madres, que también tiene esta connotación negativa frente a las mujeres, todas esas cosas las censuro y me quedo callada, y después sigo gritando.

La mayor satisfacción que tengo es poder hacer lo que me gusta. Es súper simple, pero poder hacer lo que amo... hay tanta gente que amaría poder tener la oportunidad de trabajar en algo que les guste, y yo tengo eso: todos los días despierto y es como “qué bacán, hoy voy al estudio”, y eso me motiva.

Mi carrera ha sido un camino con altos y bajos súper marcados. Con penas y muchas alegrías, pero lo que más rescato son mis ganas de seguir adelante. Mi patudez de decir “ya, esto es lo que quiero hacer”, y aunque a la gente no le guste, yo voy a seguir. Eso lo rescato muchísimo, porque es lo que me ha formado como la cantante que soy, como la compositora que soy, y estoy súper contenta con lo que he logrado.

Uno de mis sueños pendientes es tener un asiento en el Monumental. Y tengo muchos otros... como llegar a Coachella, al Festival de Viña, quiero tener mínimo cinco discos. Quiero comprarme una casa con el fruto de mi esfuerzo, o un depa, algo. Quiero viajar por el mundo con mi música, ojalá tocar en muchos festivales a lo largo del mundo, conocer cada lugar de Chile. Me encantaría lograr un millón de colaboraciones, y creo que las voy a lograr también... y nada, componer pa’ más gente. Son como mis metas fijas, y seguir atesorando a mi familia, que es mi cable a tierra. Eso es súper importante y a veces se me hace difícil, porque tengo harta pega y conciertos.

Tengo un diario de vida donde voy mezclando lo que me pasa con canciones, con mis pendientes, hay de todo. Este igual lo acabo de comprar (muestra una libreta), porque como escribo tanto... este es el 2022-II.

Es súper importante para mi trabajo escuchar mucha música, todo el rato estoy estudiando nuevos lanzamientos. Volver a discos que me encantan, escuchar todo tipo de géneros, de compositores, eso me va nutriendo. Siempre me pasa que estoy escuchando una canción y a pito de una letra, digo “ya, se me ocurrió hacer esto”. Antes de ayer estaba haciendo una canción, que va a ser un reggaetón, y estaba escuchando un bossa nova, me gustó un elemento que le ponían, una cuica —que es una flautita súper típica del bossa nova—, y dije “quiero esta cuica en esta parte”. Voy sacando cosas de distintas canciones que me van gustando.

El celu es un buen compañero. Tengo un chat conmigo misma, y me voy mandando audios cuando se me ocurre una melodía. Tengo también aplicaciones pa’ grabar demos. Todo lo que tenga a la mano me sirve. Hay veces muy random, que estoy duchándome y se me ocurre una idea... o estoy carreteando, o estoy en el Monumental. Literal, no sé por qué, pero cuando estoy contemplando el partido de repente es como “oh, podría ser esto”.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

Princesa Alba es solamente una parte de mí. Todos los seres humanos tenemos distintos “yo” obviamente, distintas facetas de uno mismo. Y pa’ mí, Princesa Alba es como el lugar donde yo puedo maximizar todas las cosas mías que me gustan. Tengo una libertad mucho más grande, que quizás incluso la Trinidad normal no se deja... si tú me conocís en un cumpleaños, soy súper piola. Soy súper ensimismada igual, súper sola. Y pasa mucho que siendo cantante, no puedo estar sola: tengo que estar con gente y lo disfruto muchísimo..., pero tengo que siempre encerrarme después. Encerrarme en mi pieza, tener mis momentos. Ahí hay una contraposición súper grande, pero me encanta que convivan.

Me gusta mucho la tele. Me acuerdo que en un principio decía, en volá no me va a gustar porque, no sé, era algo muy diferente a lo que venía haciendo. Pero ahora que estuve en El discípulo del chef, fue una experiencia súper bacán. Me gusta mucho el ritmo que tiene, porque es súper exigente. Me acuerdo que, en ese momento, me encontré con muchos rostros que conocía a través de la tele, y pensaba “quizás serán así, serán mala onda, flojos, cualquier cosa”, y me llevé la impresión contraria: son súper trabajadores. Nos despertábamos súper temprano, como a las seis de la mañana, grabamos hasta las nueve de la noche, sin parar, todos súper trabajólicos.

Me gustaría conducir un programa de entrevistas en la tele. O no sé, la ruta de la música: ir recorriendo Chile con los músicos. ¿Si tuviera que entrevistar a alguien para mi primer programa? Me gustaría mucho Inti-Illimani, por ejemplo. Preguntarles cosas, soy muy fan. Y a todos los referentes de la música chilena, folcloristas, que también es un mundo súper alejado al mío pero que yo amo muchísimo.

Carlos Caszely es mi bestie. Pa’ mí fue heavy encontrarme con él en el programa y que me dijeran que estaba en mi equipo, porque es un ídolo. Me acuerdo que en los recreos poníamos el celu y veíamos los partidos, él se fumaba unos cigarros y yo lo acompañaba. Era como su nieta-amiga, lo pasábamos súper bien. Pa’ mí fue un honor, nos seguimos comentando cosas, historias, porque está activo por redes sociales. Ahora está en proceso hacerle una estatua en el Monumental y que el sector Cordillera se llame Caszely, y yo voy a Cordillera, así que fue bacán esa experiencia.

Me hubiera gustado ser dentista o hacer las uñas... o ser abogada, jajaja. No sé por qué pero me gustan mucho los dientes. Las máquinas, los sonidos. Ser abogada me encantaría, pero estudiaría en la Chile sí o sí, ese sería mi objetivo... ir a Bellavista después de una prueba oral. Obstetra también.

En mi etapa universitaria era piola. Estuve postulándome pa’l Centro de Alumnos, fui delegada de mi generación. Estuve metida en la faceta pública y política; de hecho, formé parte de la política universitaria, y también, bueno, haciendo leseras diferentes. En los trabajos siempre intentaba hacer cosas diferentes, llevarle la contra a los profe... cuando en clases alguien le llevaba la contra a los profes, pa’ mí era muy bacán, porque se generan discusiones súper nutritivas, ¿cachái? Carretera no era mucho, porque en ese momento pololeaba con un hueón más viejo, entonces tenía mis amigas y carreteaba y todo, pero era como más “quedada”...

Siempre carreteo mínimo una vez a la semana. Yo trabajo en horarios hábiles, onda de 8 a 8, y después siempre me voy a tomar. No sé, me juntaré tres veces con mis amigos a tomarme una chela, a hacer cosas. Me voy a acostar a las 11 sí, piola.

Me decían “Lilo”. Cuando chica me decían así, porque... me parezco a Lilo, po. No me molesta el apodo, lo amaba.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

Siempre ocupo el mismo sostén pa’ ocasiones especiales. Como que me trae suerte, y está súper viejo... tengo otras, como el “mierda, mierda” antes del show, pero no soy muy cabalera, solo lo del sostén, jajaja.

Con mi familia siempre vamos los domingos al Encuentro Peruano, que es un restorán que queda en Cal y Canto. Es nuestra tradición y es muy rico. También, siempre voy a fuentes de soda con mis amigos a tomar chela, y siempre voy a uno que se llama Palo Alto, que queda en Providencia.

Trabajé mucho de promotora. Hice una campaña con Flaming hot, que es una marca de Cheetos, y decía “hueón, la Trini de 17 años hubiese sido promotora de esto en el supermercado”. Fui promotora de detergentes, hamburguesas, mantequillas y shampoo.

Gasté mi primer sueldo en irme de vacaciones con mis amigas. Nos fuimos a Algarrobo la semana del 18 (de septiembre).

Me metí a un taller de filosofía, un club de lectura. Dos veces al mes, ya tuve mi primera clase. No alcanzo a leerme todos los textos, pero ya con escuchar me sirve.

De verdad escucho de todo. Soy muy fan del bossa nova, de Caetano Veloso, de Chico Buarque. También del post-punk, me gusta caleta New Order. A ver... en la búsqueda de mi Spotify tengo Morcheeba, reggaetón antiguo 2005, tengo como un post-punk que es Vive la Fête, Julieta Venegas, Cristina y los Subterráneos, New Order, Joy Division, ¡Mecano! Soy muy fan de Mecano.

Colo Colo pa’ mí significa mi familia. Hay veces que no veía a mi papá por mucho tiempo —yo no vivía con mi papá—, entonces él nos pasaba a buscar para ir al estadio. Y todos los domingos, sábados o días de la semana, cuando fuera, íbamos con mi familia, nos encontrábamos. Estaban todos en la suya, estudiando o trabajando, y ahí conversábamos. De hecho, íbamos con mi abuela en algún momento. Entonces, pa’ mí es familia.

Existen muchos estigmas con el fútbol, con lo que significa, hay mucha gente que no lo encuentra tan refinado. Pero a mí me pasa que, aunque no soy religiosa, no creo en religión, Colo Colo pa’ mí es un rito. De ir como a la iglesia, de encontrarme con mi familia, de encontrarme con este equipo que significa muchas cosas, como rebeldía. Fue súper bonito pa’l Estallido Social cuando veía que estaba el piño de Colo Colo, súper activista siempre culturalmente y socialmente. Es bacán pertenecer a un equipo que significa tantas cosas: la razón mapuche y combatiente también. Pa’ mí es como una experiencia extrasensorial.

Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.
Foto: Luis Sevilla, La Cuarta.

Yo me había puesto Princesa Alba en Instagram hace mucho tiempo. Entonces, mi familia ya sabía que me hacía llamar así. Y me pasa mucho que, como voy desde chica al estadio, lo quiera o no, siempre me gritaban cosas... porque iba con el pelo largo, con shorts, y yo jamás me cuestiono esas cosas, porque me visto así, ¿cachái? Era incómodo pa’ mis papás, mi hermano, pero siempre cacharon que quizás llamaba la atención y entendieron que yo me sentía cómoda en el Monumental, a pesar de los gritos.

Con la “U” siempre va a ser Superclásico. A pesar de que haya una diferencia histórica, de que siempre ganamos, las copas y todo, creo que es Superclásico por lo que significa: nadie puede negar que somos los dos equipos más grandes de Chile. Es el partido que me gusta ganar, y también es bonito, por lo que siempre se comenta: en un Superclásico, da lo mismo el rendimiento que ha tenido en la temporada el equipo... ya no aplica tanto, pero me acuerdo cuando Colo Colo iba súper mal y estuvo cerca del descenso, esos partidos igual eran diferentes. Los jugadores lo viven de manera diferente y el hincha también.

Para el partido por el descenso me acuerdo que lloraba... El 16 de febrero, cuando nos jugábamos la permanencia, fui pa’ mi cumpleaños al Arengazo, y cruzando los dedos, muy nerviosa. Incluso me ponía en el peor de los casos: “No va a pasar, no va a pasar nunca..., pero seguiría yendo al estadio”. Sería como lo que pasó en Argentina (con River Plate), pero no: no va a pasar nunca. Y si llegara a pasar, vamos a estar en las malas.

Cinema Paradiso es la película con la que lloro. No soy muy de ver películas, eso sí. Yo estudié Audiovisual, pero me acuerdo que peleaba con mis profes, porque les decía: “Yo no quiero ver películas, porque quiero mantener mi visión lo más cristalina e inocente y torpe posible pa’ poder hacer contenido y material”. Que no tuviese tantas influencias como por montajes o por las escuelas que me querían enseñar. Mi escuela es la tele y las cosas que veo en Internet, les decía. No veo muchas películas también por el tiempo, prefiero más leer.

Creo harto en el horóscopo, sigo a Yolanda Sultana, jajaja. Soy acuario, ascendente piscis. No soy muy creyente en cosas, como te decía, pero el horóscopo me ha cautivado heavy.

Si pudiera tener un superpoder sería nadar debajo del agua. ¿Por qué? Porque me intriga demasiado qué hay debajo del mar, en las profundidades. Podría viajar también, jajaja, conocer.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado sería a Sandro, Charly García y Violeta Parra. A Sandro porque lo amo, lo encuentro mino, seco, me encanta. A Charly García, porque es un genio, me encanta música y me cago de la risa con todo lo que hace. Y para sopesar esta energía masculina, Violeta Parra, porque me encantan sus letras, su vida me intriga muchísimo.

Princesa Alba es una mujer de 25 años, que disfruta hacer música, ama lo que hace y que no le importa el qué dirán, siempre que le guste lo que hace.

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