La Firme con Alejandra Fosalba: “Siempre sentí, y siento hasta hoy, que veo la vida casi como una guerra en que hay que sobrevivir”
Confiesa que “nunca pensé” que entraría a un reality. Y ahora, a unos días de ingresar a Vecinos al Límite, la actriz repasa su vida y obra va más allá de la actuación, y se sincera sobre luces, sombras y balances varios. “Soy súper ‘cringe’, y lo reconozco”, comenta con humor.
—Qué heavy —reacciona Alejandra Fosalba Henry (56), quien se percata de que Don Francisco está entrando por la recepción del Canal 13, la misma casa televisiva que ahora la fichó para ser parte del reality Vecinos al límite.
Sucede que el histórico animador, a sus 85 años, acompañado, medio encorvado y de paso lento, en un rato aparecerá en el matinal Tu día, ya que el mismo día entrevista al exPresidente Gabriel Boric en Las caras de La Moneda. En paralelo, la actriz hace su propio espectáculo personal posando ante la cámara para las fotos que acompañan esta entrevista en La Cuarta: se apoya en una pared, se recuesta en una banca, se queda fija ante el lente, se sacude el pelo, sonríe, mira al vacío y sacude su apasionado vestido.
Tal vez porque ha hecho varios papeles de villana, Fosalba supone que se piensa de ella que es mala onda, distante; pero asegura que es todo lo contrario, en distintas facetas de su vida: “Hasta en esta misma entrevista, (quiero) que te vayas contento, no con una sensación de “ay, la mina pesada’”, comenta.
Sin embargo, hace sólo un puñado de meses, la propia intérprete confesó dijo que en algún momento, al menos de manera visceral, pensó: “No daré más ni una entrevista”, conversando con amiga Pata Larraín en un podcast.
Ahora, consultada al respecto, Fosalba explica:
—Ha pasado que me han sacado mucho de contexto, y eso me produce mucha ansiedad, cuando sé que es algo que no dije, y no puedo hacer nada al respecto porque tampoco trataré de rectificarlo —dice—. Me genera tanta ansiedad que pienso: “A estas alturas de mi vida no quiero pasar por eso”.
“De hecho, ya esta entrevista ya me produce un poco de ansiedad, y leer después lo que va a salir me da un poco de nervios”, confiesa. “Es cierto que tampoco es que me importe tanto, pero en el fondo siento que uno tiene que alivianarse la vida, y las cosas que te complican, simplemente no hacerlas, ¿pa’ qué?”.
Es más, la actriz comenta que esa entrevista a Larraín fue por “hacerle el favor a ella”, en vista del afecto. “Todas las entrevistas que doy las hago escritas; así me aseguro”, dice. Así que está es una excepción. “Hay algo más: tampoco confío mucho en mí misma. Soy una persona que constantemente transgrede sus propios límites. A veces pienso que no voy a hacer ciertas cosas —sobre todo en la actuación— y termino haciéndolas igual. Es por cuidarme”, añade honestamente.
Quien iba a decir que esta intérprete, aún considerándose bastante provinciana (“desde que llegué a Santiago siempre sueño que me roban la cartera”, comenta), terminaría aceptando entrar al nuevo reality de Canal 13 —el cual arranca el lunes 30 de marzo tras la final de Mundos opuestos—. Acá explica en detalle las razones que la llevaron a asumir como la famosilla “líder” de uno de los cuatro equipos que conformarán este encierro.
Pero eso es sólo una parte de esta conversación con La Firme, repasa desde sus inicios en Concepción; su desarrollo entre el deporte, la danza y la actuación; su salto y trayectoria en las teleseries; su periodo de “inmadurez emocional”, el cual habría acabado más menos a sus 30; su lado personal, largamente casada con Lars Jaederlund, y sus dos hijas que han seguido sus pasos en redes sociales; los cambios físicos y mentales que ha experimentado con los años, en particular tras la menopausia; sus planes post reality; su futuro en los melodramas; y un tanto más.
—Ya estoy agotada, he hablado mucho rato, me saqué fotos y saludé a todo el mundo —se desahoga con humor tras más de una hora—. ¡Me agoto de mí misma! Quiero llegar a mi casa, no hacer nada y no estar con nadie.
LA FIRME CON ALEJANDRA FOSALBA
Un recuerdo de mi infancia es en Concepción es saltando por las escaleras de la Universidad de Concepción en mi bicicleta de cross. Vivía cerca de la universidad, me encantaba andar en bicicleta e iba al hermoso barrio universitario, gigante, con muchas esquinas y recovecos. Había muchos peldaños, entonces pensé: “No puedo bajarme de la bicicleta”, así que aprendí a saltarlos... ¡Después caché que saltaba ene! Era harto lo que aprendí a hacer, jaja.
Desde chica he sido ultra curiosa. ¡Me metía a clases de mil cosas! Quería ser tenista y me metí a clases de tenis. Quería ser patinadora y me metía a patinaje artístico. Quería ser basquetbolista y me metí a basquetbol. Quería ser atleta y fui atleta. Soy de Concepción, y quería venir a competir a Santiago, ¡vine a competir a Santiago! Quería entrenar no solo por el colegio, sino también por la Universidad de Concepción, ¡y entrené con la U. de Conce! Siempre estoy en algo.
Tengo tres hermanos hombres. No sé si desarrolló mi lado “masculino”, pero aprendí a protegerme, de alguna forma, de los hombres. Con mi hermano grande tenemos un año de diferencia y él, por ejemplo, quería jugar fútbol y yo a cambio le decía: “Ya, juguemos fútbol, pero después a las muñecas”. En esa jugada de fútbol me ponía al arco y yo, flaquita, mi hermanos me tiraban los medios pencazos. Discutíamos cosas de hermanos. Además mi hermano tenía amigos. Aprendí a lidiar un poco con los hombres y, en el fondo, me gusta la energía masculina quizás por eso: siempre hubo conversación y me cuidaron, entonces tengo mucha onda con los hombres, más que con las mujeres. De hecho me cuesta más con las mujeres.
Ahora veo que mis hijas (Fiona y Anya) son muy amigas, se prestan ropa y qué sé yo; y yo, ¡nada!, para mí eso no existía. No presto mi ropa A NADIE, solo a mis hijas ahora. “Tengo una relación extraña con las mujeres”, dije en una entrevista de antaño. Tengo 56 años y he dicho muchas cosas de las cuales me puedo arrepentir, o que en ese momento sentía; pero sí, siento que tengo una relación extraña con las mujeres. Es cierto que me cuesta más tener amigas que amigos: es más fácil para mí tener amigos. Es cierto que tengo amigas, pero tengo una relación especial porque no tengo como esa “expertise” de chica, que la veo en mis hijas. Quizás por eso me tocó tener dos niñas, para tener esa relación, que es maravillosa: cómo se cuidan, comparten las mismas cosas y se preguntan de lo mismo.
El ser actriz surge por mi curiosidad y por esto de hacer muchas cosas a la vez. Soy una persona terrible, ¡terrible!, no puedo estar sin hacer nada, me es IMPOSIBLE, tengo que hacer mil cosas a la vez. Me interesó mucho el deporte porque mi hermano grande hacía y me gusta la competencia, ganar. Y claramente en el colegio la única forma de ganar era compitiendo en ese tipo de cosas, porque como alumna era fatal; ahí claramente no sería winner. Pero sí en la competencia física.
Me dediqué harto al entrenamiento y competir. Paralelo a eso, empecé a hacer basketball, porque en Concepción, en el sur, se juega mucho, y en la U. de Conce también había muchos partidos. Quería ser basquetbolista. En paralelo estaba siempre el teatro. Con mis compañeros teníamos ideas de hacer una película. Todos los años hacíamos una serie de teatro, La familia, hacíamos guiones y avanzábamos cada año. Después me metí (a clases) con un profesor muy seco que nos enseñó a hacer obras a otro nivel, e hicimos una presentación que todavía me acuerdo: Concepción 1930. Ahí fui avanzando.
Siempre quise ser actriz, pero mi segunda posibilidad era ser bailarina, y mi tercera era psicóloga, que ahora lo pienso y digo: “Ay, no, ¡qué horror! Con suerte me puedo analizar a mí misma". Cuando me vine a Santiago a estudiar Teatro quise seguir con el basketball, pero no encontré un equipo donde pertenecer, porque todo tenía un costo, ¡y yo estaba sola en Santiago!, tenía que buscar mis propias cosas. Tenía que pertenecer a algún lado y no pertenecía a nada. Lo dejé de lado y dije: “Retomaré mi faceta de bailarina”. Me metí a clases de danza en Santiago y, paralelo a al teatro, estuve en clases de danza por 25 años.
En las fiestas de 15 no me sacaban a bailar. Cuando chica, chica, chica, pasé una etapa en que me iba súper bien con los hombres, ¡niña! De hecho tenía un pololo súper grande, ¡qué heavy! Después me di cuenta: me pasaba a buscar en auto y yo tenía como trece años. Y después, cuando vino la pubertad, ¡tuve un down!, en cuanto a pololos. Nadie me sacaba a bailar y era súper flaquita. No sé qué querían, ¡¿por qué no me sacaban? ¡Perros!, los odio… No, mentira jaja... No les gustaba nomás. Y después, tipo tercero o cuarto medio —empezaron a surgir algunas cosas físicas también—, y empecé a “interesar” a los hombres; y como era deportista y la que organizaba todas las cosas, estaba siempre muy arriba de la pelota.
Estudié en el Colegio Inglés y después quería ir a Inglaterra a estudiar Teatro. Mandé una carta en inglés desde Concepción a la Royal Shakespeare Company. Estaba muy loca jajajaja... bueno, todavía... Si uno no hace las cosas, nadie las va a hacer por uno. Era súper arriesgada. Me contestaron y me dijeron que me recibían. Mi papá me dejó volar, en el sentido, de decirme: haz las cosas. Pero en ese momento me dijo que cero posibilidad; salí del colegio a los 17 años, era muy chica, y de madurez no estaba adelantada. Me dijo: “Lo siento mucho, pero tendrás que irte a Santiago”. Yo encontraba que era horrible irse a Santiago versus Inglaterra; y me prometió que alguna vez, cuando quisiera perfeccionarme, me pagaría cuando quisiera perfeccionarme.
Me interesaron antes la teleserie que el teatro. Yo veía las teleseries en Conce después de llegar del colegio, y soñaba con estar en ese lugar; veía al Bastián Bodenhöfer y a todos y pensaba: “Me imagino actuando ahí”... Y me tocó actuar con Bastián, ser pareja de él (Juegos de Fuego, TVN, 1995), jaja.
Cuando entré a estudiar Teatro me enfrenté a muchas cosas de mí misma bastante fuertes, dije alguna vez... No sé por qué dije eso, pero fue hace harto tiempo que ya he superado muchas cosas. El teatro y sus ejercicios hace que saques cosas de ti, porque, en el fondo, uno tiene que encontrar dentro de sí cosas para representar a los personajes y entrar en los lados oscuros. No significa que si haces a una asesina eres una asesina; pero debes buscar, dentro de ti, algún lado oscuro que, quizá, en algún momento quiso matar a alguien, por ejemplo, jaja. Profundizar en lugares que no sabías que existían.
Llegué a la pensión de la señora “Chita”. Tenía la idea de que sería súper fuerte llegar a Santiago, a la capital, donde había mucha gente, sentía que no podía contar con nadie, que iba a estar sola y que tendría que yo misma resolver mis problemas, cosa que igual para mí era importante, porque soy súper apegada a la familia. Era una niña bien de provincia. Siempre sentí, y siento hasta hoy en realidad, que veo la vida casi como una guerra en que hay que sobrevivir. Mi mamá me protegió, en el sentido de que viniera a una pensión primero, en Providencia. Esta señora me cuidaba. Después descubrí que se quedaba dormida cuando yo llegaba tarde; aprendí a ser sigilosa como un gato y llegaba a la hora que quería. Era súper buena para carretear —no tomo ni fumo, nunca fume ni tomé hasta hoy—. Pero sí me gustaba mucho bailar y tontear, y me quedaba hasta altas horas. Hice un grupo de amigas súper bueno en Santiago, y hemos viajado y hecho muchas cosas juntas, y tenemos la idea de estar más juntas cuando ya hayamos criados a nuestras niñas. Y ya estaba en la etapa en que me iba bien con los hombres, entonces me invitaban harto a cosas, así que iba para aquí y allá.
No era famosa, y me acuerdo que me llamaban muchos hombres por teléfono —porque en ese tiempo no había celular— para salir, ¡mucho, mucho, mucho! Me creía la muerte. Después empecé a ser conocida, y los llamados telefónicos cada vez fueron menos. Es raro eso: mientras más conocida fue al revés. No sé por qué habrá sido... a lo mejor les producía intimidación que fuera conocida. La gente tiene la sensación que una es famosa siempre y que tiene mucha gente alrededor y que siempre está en lugares no reales; y una es una persona real: lava la loza, hace todo lo que hay que hacer en la casa, prepara el almuerzo y hace el aseo: las mismas cosas que todo el mundo. Ahora, con las redes sociales, ya se sabe dónde uno va, qué hace y uno puede mostrarse cómo es. Pero antes no existía esa instancia, entonces era una persona en una nube, y pensaban: “Pucha, debe tener mucha gente que la llama”. Y no era así. Son súper ciertas historias de la gente MUY famosa en que “mientras más famoso estás más solo”. De alguna forma, viví ese momento. Tampoco es que estuviera ultra sola, pero sucede eso.
Me costó encontrar la madurez emocional. Lo veía súper lejano. Porque sentía que me iba PÉSIMO con los hombres, de verdad. Pololeaba y duraba uno, dos o tres meses... y no era capaz de entablar una relación. No quiero echarle la culpa a los otros, porque uno también tiene algo de culpa; pero no lograba esa conexión... no sé si lo estaba haciendo muy mal. Ahora que lo pienso, siento que la madurez me ha llegado más tarde de lo normal, quizás por eso también soy un poco infantil. Siento que tengo todavía ese lado no desarrollado —o que a veces no quiero desarrollar tampoco, porque me gusta—. Pero pensé que no encontraría la estabilidad emocional, así que me siento muy orgullosa.
Tenía esa cosa infantil de querer conquistar siempre, dije hace muchos años en una entrevista. Me gusta llegar a la gente; no que me acepten, no es que me importe eso. Pero sí me gusta llegar al corazón de las personas: ser un aporte, en el sentido de entregar buena energía. Me gusta llegar y aportar a la vida —no sé cómo explicarlo—, que pasemos un momento lindo. Y en las teleseries, en la actuación, en el teatro, pasa algo parecido: uno también quiere conquistar, con tu personaje, y llegar a la gente.
Nunca dudé de ser actriz. De hecho, cuando ya llegué a Santiago, lo único que quería era ser actriz. El primer papel de empleada doméstica que rechacé en TVN no tiene que ver con el papel específico o de lo que sea, sino que era un extra de continuidad (un extra que está en todos lados), entonces pensé que aceptando un rol de extra me iba a quedar siempre ahí, como que cuando necesitaran a un rol de extra de cualquier cosa, me llamarían. Tuve miedo que me encasillaran; un rollo que sentí en ese momento, y que le achunté. Pero pensándolo ahora, debí haberlo hecho, porque uno tiene que hacer todo tipo de cosas y no por eso quedar encasillada; quizás era la oportunidad de demostrar que podía ser más que una extra. Me acuerdo que me criticaron harto en el canal por no aceptarlo, pero en ese momento me sentía súper segura... ¡Patuda!, a los 19 años, que mandé currículum y no me gustó lo que me dieron. No pensé que me darían un protagónico, pero pensé que me darían un personaje, y pregunté: “¿Tendrá algún desarrollo este personaje?”, me dijeron que no y pensé: “Merezco mucho más”. Era súper segura.
Una vez dije que las actrices somos medias lunáticas… No sé si todas, pero yo sí soy súper lunática. Un día amanezco así “¡wua!”, un día me cuesta más la vida, otro día no. Uno días tengo que luchar más; otros, menos.
Me llamaron del Canal 13, ¡al tiro! Y me ofrecieron un personaje que, curiosamente, era un extra continuidad, ¡pero que tenía un desarrollo! Eso fue con Óscar Rodríguez, ¿Te conté? (1990), que yo trabajaba en la boutique de la Carolina Arregui (protagonista), y tenía una historia de amor y pasaban más cosas, ¡era una avance!
La Caro Arregui fue importante en mis inicios. Alguna vez, muchos años después, se lo dije, PERO fue muy amorosa conmigo, siempre. Y ella, en un momento en que estaban buscando personajes para otra teleserie, entró a la oficina de (Cristián) Mason y le habló de mí; yo obviamente no estaba ahí, pero había una amiga mía que escuchó y me lo contó; y la Caro nunca me lo quiso contar; después me dijo que ella quería que yo no pensara que había entrado por pituto... ¡Qué tierna! No tenía por qué hacerlo. Por eso siento algo muy especial por ella, porque lo hizo de corazón. Si no hubiese estado mi amiga, yo nunca hubiese sabido. No somos amigas, pero somos buenas colegas.
Habían dos elencos súper marcados. Yo estaba en el de la Quena (Rencoret), pero Vicente (Sabatini) me pidió para Estúpido y Cupido (1995) primero, después para Iorana, y volví con la Quena, hasta hoy. A veces te pedían si te podías ir al otro elenco y tenías que hacer dos teleseries seguidas, que en un momento se entrelazan. Era casi imposible hacerlo, pero lo hice dos veces. ¿Cuál me gustaba más? Me encantan mis compañeros, pero con la Quena tengo algo especial, y siempre lo he tenido, y me gusta mucho que tenga esa visión de directora mujer, que es de las pocas que hay. Me gusta porque también es parecida a mí, en que es curiosa y que quiere hacer cosas nuevas.
Tengo una dualidad: por un lado, la actuación, la publicidad y hacer cosas; pero, por otro, la necesidad de familia, porque me gusta esa instancia, y siempre he sido muy apegada a mi familia, a mis hermanos, mi mamá y papá. Antes, a los 35 eras un viejo de mierda, jajaja, y pensaba que a los 30 estaría casada y con hijos, y no sucedió. Quería una relación estable. No me quería casar con un actor porque quería una vida estable, jajaja. No en el sentido económico, sino que me gusta que uno tenga distintas historias que contar. Quería alguien que no tuviera que ver con el medio, que de alguna forma me dejara volar, y que también me contuviera, porque con esto de “transgredir los propios límites” uno puede de repente volar, y siento que necesitaba a alguien que me aterrizara.
La estabilidad emocional llegó claramente con mi marido (Lars Jaederlund), ya a los 30 años... igual heavy, ¿o no? Igual es harto. ¿La estabilidad emocional dependía de estar en pareja? (Pregunta reportero) Es que me pasó una cosa muy loca: antes de encontrar a mi marido, estuve un año haciendo un análisis de mi vida —no en psicoterapia—, estuve súper metida conmigo misma, en meditaciones y un montón de cosas para encontrar quién era yo. Hubo un momento, casi al final de ese año, en que decidí que podía estar sola, y que estaba bien estar sola. Y bastó que superara esa etapa para que a la semana siguiente encontrara a mi marido. Fue muy loco. No son señales, pero para estar con alguien tienes que estar seguro de que puede estar consigo misma, que NO necesitas a esa persona. Quizá antes era esa necesidad de estar con alguien, de que alguien me quisiera, o no estar sola; porque estaba sola en Santiago, sin mi familia. Pero cuando decidí que “puedo estar sola, ¡pum!, apareció mi marido. Había avanzado.
A mi marido lo había conocido ocho años antes, en Viña del Mar, en una discoteca a la que había ido con el Guido Vecchiola, Cristian de la Fuente y su polola. Fue muy loca esa historia. Y un día me levanté en la mañana y me acordé de él. Entonces llamé al Guido y le dije: “¿Te acuerdas de Lars (aunque suena raro, es más chileno que los porotos)?”. Y contestó: “¡Sí!, qué simpático y amoroso era”. Al día siguiente, fui a un ensayo de danza, en mi época de bailarina, al Drugstore, ¡y me encontré con él! ¡Estaba comiendo un helado! Debe haber pensado que estaba loca porque casi grité: “¡No puede ser esta cuestión! ¡Acá hay algo raro!”. No lo estaba buscando, pero me había acordado de él en la mañana.: “¿Qué será de este gallo?”. “¡Qué estás haciendo acá!”, le dije cuando lo vi, y él no estaba entendiendo mucho. Él, en su tiempo, se la jugó: pero yo, como estaba en época de inmadurez, no lo pesqué mucho; no me gustó porque quizá estaba muy enganchado conmigo, y parece que eso es de una mina inmadura: que la persona que se engancha contigo con la quieres, sino que quieres al que te hace sufrir... ¡Una tontera!... Y cuando me encontré con él, yo estaba en otra, así que decidí jugármela, le pedí su teléfono y me la jugué heavy. Me pescó ahí nomás. Ahora me cuenta que pensó: “Ahora se las tiene que jugar ella”. Lo llamé y lo obligué a salir.
Me fui a estudiar a España porque mi papá me había prometido que me podía ir a estudiar afuera, así que estuve en unos cursos de danza y teatro; y mi marido hizo un máster. Aprovechamos la instancia de estar un año fuera de Chile, en que no teníamos que trabajar, sino que preocuparnos de nosotros y de viajar. Fue un año maravilloso, increíble. Me acuerdo que vendí todo: el colchón, la cama y el auto, y junté la plata y me fui. Estaba en TVN, les dije que me iba y no pusieron problema porque no estaba contratada, y me dijeron “chao, que te vaya bien”; pero me dieron la seguridad de que cuando volviera podía volver a las teleseries; aunque ahora en este medio nadie sabe qué va a pasar, pero me arriesgué, porque tenía una buena carrera, había hecho Iorana (TVN, 1998) y había estado en una época protagónica. Pero quería vivir la experiencia y fue súper bueno porque me di cuenta de que aquí no pasó absolutamente nada. Uno de repente tiene miedo a hacer ciertas cosas porque piensa que otros se van a adelantar, o que van a pasar cosas, ¡y no pasó nada! Volví a exactamente lo mismo.
En mi primera teleserie nocturna, Los 30, había sido mamá hace poco. ¡Fue súper heavy esa teleserie. Me encanta estar en los nuevos formatos (no sé si se nota, jaja), ¡he estado en todos! ¡Todo lo nuevo me encanta! Me llamó la Quena Rencoret, que me dijo: “Viene esta teleserie nocturna, que estamos todos indagando en estas teleseries, que tienen escenas ‘más subidas de tono’, ¿te gustaría estar?”, le respondí que “¡obvio!, pero estoy recién parida”, y me dijo que “no importa, nos arreglamos”. Me metí, quería estar en esta nueva forma de hacer teleseries, ver cómo funcionaba. Pero fue difícil. Sentí que transgredí límites, pero siento que, mirando para atrás, es mejor haberlo hecho, porque también te das cuenta que en la vida uno no es el protagonista de nada y nadie está tan pendiente de uno. Viví la experiencia y, si a alguien no le gustó, problema de ellos. Es cierto que transgredí mis propios límites, hice escenas súper subidas de tono —que si las veo me muero de la vergüenza—, pero no importa; en ese momento sentí que tenía que hacerlo, y lo hice.
Lo de transgredir los límites lo he dicho a propósito de las teleseries nocturnas y desnudos. Pero es en general. Soy una persona súper jugada. Me gusta ir a los extremos, porque me entretiene. Soy súper curiosa y muchas veces digo que no voy a hacer o decir ciertas cosas, pero después, en el momento, pienso que es necesario. Soy “intensa”. Por ejemplo, en una escena sentía que mi personaje NECESITABA demostrar ciertas cosas y —escena siguiente—, me veía a mí misma en el estacionamiento con el señor que estaciona los autos que me decía: “La vi anosheee” (En tono pícaro), y yo: “¡No, es ESA (destapada) escena… ¡No se entendió señor”, ¿cómo explicarle?... “Señor, lo que pasa es que lo que el personaje quería decir...”. Uno no es dueño de lo que la gente interpreta.
He hecho teleseries fuertes como Alguien te mira (2007) o El señor de la querencia (2008), que en ese momento me pegaron mucho, todas tenían que ver con la violencia hacia mí con cosas que me pasaban. En las escenas de Alguien te mira, en que me doy cuenta de que Álvaro Rudolphy era el asesino, y estaba la cabeza de Andrés Velasco en el refrigerador, estuvimos mucho rato haciéndolas, como dos horas: Álvaro probó varias cosas y yo, que me daba cuenta de que mi exmarido era el asesino, obviamente tenía que estar horrorizada, llorando, ¡y no podía salir de ese lugar!, y terminó la grabación y seguía llorando, ¡y no podía parar! Me acuerdo que la Quena fue al camarín y me dijo: “Ale, ¿estás bien?”, y yo llorando le decía: “Estoy súper bien, te juro que estoy súper, déjame un rato para volver a ser yo”. Estuve como media hora llorando y no podía parar, casi sin sentimiento: el cuerpo cayó en una máquina de llanto, algo extraño pasó. Me empecé a dar cuenta que a los actores nos pasan cosas, no sólo psicológicamente, sino que de cuerpo.
Tengo dos teleseries favoritas. En Rojo y Miel (TVN, 1994) hice un personaje que gustó mucho, “Teresita”, sexy pero inocente, y me hizo subir muchos escalones en mi carrera; le tengo mucho cariño por eso. Y después, El regreso (TVN, 2013), que yo era PROTAGÓNICA, porque toda la teleserie giraba en torno a mí; y no tiene que ver con el ego, sino con que en esa teleserie trabajé codo a codo con el director (Nicolás Alemparte), que uno no tiene mucho esas oportunidades, porque normalmente está a cargo de muchas historias, y aquí él estaba a cargo de mi historia. Fue muy entretenida esa experiencia mano a mano. Pero también fue súper dura. Me di cuenta de que el cuerpo se deprime, y no sólo la mente. Sabía que no era real todo lo que estaba pasando (la trama del melodrama), pero mi cuerpo parece que no lo supo; supongo que algo sucede en la respiración, en el corazón, en la sangre, cuando tú lloras, entonces el cuerpo pensó que estaba deprimida, ¡y me enfermé! Me acuerdo que caí en cama, no me podía levantar ni moverme, una semana.
Nunca me sentí encasillada como “chica sexy”. Soy lo que soy y siento que he tenido la oportunidad de hacer varios personajes de distintos tipos. Ser" sexy" lo veo más como ser femenina. No es algo que busque, es algo que es: soy una persona femenina, súper conectada con ese lado. Y se refleja, está bien. Pero nunca fue un tema.
Salí de TVN, con la demanda y todo, estar ahí me protegió mucho, porque estaba muy estable, contrato por años, y trabajo siempre seguro; pero también quizás no me daba la oportunidad a mí misma (es una autocrítica) de hacer y crear otros proyectos. Cuando salí de TVN me di cuenta de que “tengo que hacer otras cosas, porque no puedo esperar a que me llamen”. Me abrió todo un camino en el que descubrí que podía producir mis propios proyectos y manejar mi futuro. Fue súper bueno.
A mis hijas las metí a ballet muy chicas, a los tres años y medio, porque uno quiere hacer lo que a uno le hubiese gustado que hicieran con uno. Quería que tuviera la experiencia. Mi mamá me metió a clases de ballet y yo le dije que “me carga la profesora”, que “no me gustó”, y no seguí; y a mí me hubiese gustado que me hubiese dicho: “¡Sigue, niña por Dios, sigue ahí!”. Pensé que me podría haber servido, porque el ballet es la base para cualquier tipo de danza. Entonces dije: “Meteré a mis hijas”, porque siempre pensé que hacer una actividad extraprogramática hace bien a los niños. Y siento que lo hice bien: mis hijas son súper estudiosas las dos. Pensé que harían ballet, y también deporte, pero en realidad les interesó más el ballet. La profesora me dijo: “Todas las niñas que entran a ballet son buenas alumnas”. Y efectivamente: mi hija grande ahora está en danza moderna; y la otra está estudiando medicina, ¡así que no tiene tiempo para nada!
Desde que mis hijas eran chicas me preocupé de que conocieran mi mundo de actriz, pero de una forma lúdica. Si tenía una escena en que estaba herida o maquillada con sangre, llegaba a la casa y les actuaba: “¡Niñas, niñas! ¡Ayúdenme, por favor”, toda llena de sangre, y después cachaban era una broma y se reían. Cuando hice de pdi, un día llegué a la casa con la pistola y todo el vestuario diciendo: “¡¿Quién anda ahí?!“. Eso hizo que quisieran estar y se rieran conmigo. Siempre estoy inventando juegos y para las redes sociales se me ocurren ideas, que ellas las encuentran últimas de “cringe”, y que soy súper “cringe”, y lo reconozco, ¡pero me encanta!, y lo paso bien. Igual me apoyan y hacen cosas conmigo porque se me ocurren cosas raras. Me he preocupado de que tengamos cosas juntas. Siempre trato de alimentar esa intimidad entre las tres. Y se acostumbraron. A veces me llaman a mí, y no a una amiga, para que las acompañe aquí o allá.
Hemos pensando mucho en el “nido vacío” con mi marido. Creo que todo tiene su momento y vamos a encontrar la forma de seguir haciendo cosas. Pienso seguir en la actuación e indagando en otros proyectos. Y tengo otro proyecto que lo sacaré después del reality. Tengo vida sola, un vida personal en que me quiero desarrollar; y mi marido, que es arquitecto y constructor, también es músico y quiere hacer su música. Cada uno por su camino. Me dará mucha pena (que mis hijas no vivan bajo el mismo techo), pero siento que uno va cumpliendo etapas. Vendrán otras cosas.
Tuve menopausia precoz, como a los 45, e hizo que me dejaran importar muchas cosas... Es muy loco, muy raro, ¡de un día a otro!, me levanté en la mañana y dije: “Ya no me importa que la cartera esté en la mesa”, que antes me importaba y tenía que estar en cierto lugar. Me dejaron de importar las cosas, en un buen y mal sentido. Entendí esa línea delgada con la depresión también, que tiene que ver con la menopausia: te deja de importar todo, pero te pasas para el otro lado, y te dejas de importar tú misma. Aprendí a manejarlo. Por lo menos en mi experiencia, es que es una lucha, a partir de la menopausia, que es un hito súper heavy para las mujeres.
Se hablan muchas cosas de la menopausia, como que “esta es tu oportunidad para seguir adelante”. Y creo que sí, pero no se habla de que es demasiado difícil. Es importante, cuesta manejarla, y que si necesitas ayuda tienes que buscarla, porque no todo el mundo logra esto de que “no me importa nada” y que se quede en lo bueno y no pase a lo malo. Lo logré porque soy muy positiva y estoy como en la guerra siempre; ya aprendí a que si me botan, me tengo que levantar. Estoy siempre en ese ejercicio de caer, levantarme, levantarme y seguir adelante. Gracias a eso lo logré. Pero mucha gente puede no lograrlo.
Antes de Vecinos al límite, la última vez que había venido a Canal 13 fue para Río Oscuro (2019). Me habían llamado para algunas cosas, y al final no sucedían, o no quise; y para ser honesta, cuando me llamaron acá, dije: “Esta vez iré a escuchar de qué se trata”, que aquí empecé mi época como actriz. Escuché este reality, de alguna forma más transversal y lúdico, que tiene un objetivo de este “condominio” con vecinos. Sentí que era un poco más interesante, con una temática. Ahí dije: “Mmm, me empezó a interesar”. Y a esta alma curiosa se le ocurrió: “¿Por qué no hacer un reality?”... No se en qué momento se me ocurrió, pero bueno...
Soy la líder de uno de los equipos de Vecinos al límite que son estos equipos que estarán en distintas casas. No entro como una persona más, sino con un rol, y dije: “¿Por qué no?”. No sé bien cómo será mi rol, y no sé cómo seré adentro; me imagino que seré como yo misma, dos meses, o lo que dure el reality. No sé cómo estaré adentro, pero espero estar enfocada y tomarlo de la mejor forma. Pero creo que igual será entretenido para la gente darse cuenta qué persona seré o cómo iré cambiando. Mi idea es seguir en mi esencia, pero no sé cómo seré si alguien me torea por mucho rato. No tengo idea.
Felipe Contreras es mi compañero líder. Yo lo elegí a él. Me dijeron que entrara con una amiga, y obviamente se me ocurrió la Katyna Huberman —que ya volvió de Brasil—, que habría sido ideal entrar con ella, pero tenía otros proyectos y no pudo, sino hubiera entrado conmigo. Después pensé al tiro en un hombre, que a Felipe lo conozco desde El regreso y fue mi pareja ahí. No somos amigos pero nos conocemos, tenemos súper buena onda y demás es muy deportista, y que me contenga, porque no quiero ser esa persona que anda lloriqueando —aunque obviamente igual lloriquearé— y que él esté: “¡Ya córtala, ridícula, vamos, sigue adelante!”. Quizás eso es lo que necesito. Pensé que puede ser un súper compañero; y además es actor, así que podemos conversar de cosas que en común y podemos inventar cosas.
Lo peor de todo es que nadie te dice nada de este reality, pero me imagino que estas cuatro casas obviamente son distintas y me imagino que tendremos que cumplir ciertos roles en cada casa. Eso tiene que ver con la actuación, con el juego de ser esta persona que está en esta casa y tiene que hacer esto o lo otro. Siento que este reality me queda mucho más cómodo.
Cuando le comenté a mi familia y cercanos sobre el reality, pensé que no sería muy bien recibido, cosa que tampoco me importara mucho; pero al revés: todos han pensado que es muy valorable atreverme a hacerlo, y que es trabajo, y el trabajo hay que agradecerlo y hacerlo.
¿Qué opina mi marido de que entre a Vecinos al límite? No vemos muchos realities y el que vimos fue Protagonistas de la fama (Canal 13, 2003), y en ese reality sucedían varias cosas más fuertes (como que se insultaban o tiraban la ropa a la piscina) que ya no suceden, entonces él quedó con esa imagen y le daba un poco de miedo que yo no estuviera bien. Siempre me ha dejado “volar” y hacer mis cosas; pero lo que le daba más miedo es mi estabilidad emocional, si estaré bien ahí. ¿Se le pasó esa aprensión? (Pregunta reportero). La sigue teniendo, jajaja, y me dice: “Cualquier cosa, di algo, pero no puedes estar en un lugar donde no te sientas cómoda y estés pasándolo mal”.
Con la Eugenia Lemos me junto esta semana porque me dará algunos tips, pero no de “hacerle esto a alguien”, sino cómo enfocarme en mí misma para sobrevivir, porque igual es fuerte estar encerrada con gente que no conoces y nunca has estado, ¡por tanto tiempo! No quiero perder mi foco y ella me dijo que me daría algunos tips de supervivencia. Vamos a hablar de eso y quiero ver a su guagua. Y en cuanto a proyectos, no hemos estado haciendo cosas juntas, como quedó embarazada y ha estado enfocada en su cosas. Pero tenemos muchos proyectos pensados que —me imagino— en algún momento los retomaremos. Y yo estuve tres años en Juego de ilusiones (Mega), y no pude participar tanto en la última serie. Tienen que juntarse varias cosas para que podamos volver a hacer algo juntas. Somos súper parecidas. Ella es una mujer súper trabajadora, enfocada, responsable, que inventa y concreta cosas, y si no sabe algo lo estudia. En eso somos súper parecidas, y por eso logramos hacer cinco temporadas de una serie solas (Malena y Sofía), ¡y de viajes más encima!, una locura. ¿Quien me iba a llamar para hacer una serie en New York?, jajaj, nadie, así que hicimos nosotras.
Ya estuve en Top Chef (CHV), donde era una sorpresa tras otra, y en Vecinos al límite me imagino que pasarán miles de cosas. Estoy abierta a eso y quiero reírme un rato. Además, quiero tomarlo como un retiro espiritual fitness, JAJAJA, porque estaré súper ligada al deporte y no estaré conectada con nada. No tendré teléfono ni nada y la vez que podré hablar con mis hijas será por videollamada, y no me van a poder contar mucho en cámara; las veré más que nada.
Lo económico obvio que fue un factor, uno no puede negarlo. No me iré a encerrar, meses, sin ver a mis hijas y ni a mi marido, por bolitas de dulce. Obvio que la cosa económica importa, todo tiene un costo. Este es un trabajo. A veces la gente lo ve como si fuera un juego, que lo es, pero también es un trabajo. Es muy extremo, así que lo económico es una prioridad. No haré algo que no tenga nada que ver conmigo, y esto de las pruebas físicas tiene mucho que ver conmigo. No sé cómo lo haré, pero encuentro entretenido ese juego de ver hasta dónde llego, qué logro y cómo son estas pruebas, que hay algunas muy físicas y otras de resistencia o inteligencia.
Tengo todo pensado, soy muy estratega. Siempre voy tres proyectos a futuro. Tengo que sobrevivir. Ya dije que esta vida es la guerra y es la sobrevivencia, y mi meta es que mis hijas salgan de la universidad. Hay que terminarlo eso. Es un deber.
Con la plata soy fatal. Soy una persona extremadamente que piensa que “la vida es ahora y que disfrutarla”. Eso trae problemas porque disfrutar tiene que ver con gastar. Y soy súper generosa... No sé si decirlo, porque no sé si será bueno, pero a veces me contactan por Instagram personas que están sufriendo y les deposito plata, jajaja. Después me va a llamar todo el mundo, ¡pero no lo hago siempre! No piensen eso. Soy extremadamente generosa en el sentido de que, si las personas a mi alrededor están sufriendo, y yo tengo plata, se las paso. Soy terrible. Igual siento que, así como la plata uno la da, también se devuelve.
¿Vendrá a otra teleserie? Soy bien amiga del Nico Alemparte (director), pero con él no hablamos de esas cosas. Es difícil tener amigos en este medio, porque uno no quiere aprovecharse ni saber qué está pasando. Antes las teleseries eran “el trabajo oficial” de uno, pero hace mucho tiempo que solté ese “trabajo oficial” porque ya no existe como tal: cada vez hay menos canales haciendo teleseries y los contratos ya no son los mismos. Solté eso. Si llega una teleserie —que me encantaría— yo feliz. Si coincide con mis tiempos, bien.
Me encanta la comedia, y siempre me llaman para cosas dramáticas.
Fui de las primeras actrices que se metió a trabajar en las redes sociales. Fui súper visionaria. Antes de que empezaran a meterse las marcas, dije: “Algo pasará con esto”. Empecé a crear contenidos con mis propios recursos, hasta que efectivamente empezó a ser un negocio.
Acabo de hacer una vertical con MEGA, con la Fran Walker y Jorge Arecheta, y yo soy la villana. Me gusta mucho ser villana, porque no tiene nada que ver conmigo. Soy súper pacífica. Me gusta hacer personajes que no tienen que ver conmigo; tocar ese lado es bueno.
Me encanta sapear qué hacen otras personas en redes sociales. Como me gusta la pintura, sigo a gente que pinta, a ver qué están haciendo y si se me ocurren ideas. Me gusta la moda y sigo a gente para ver los looks. Me gusta mucho lo digital. Ahí empecé a ver estas teleseries verticales, japonesas y coreanas, y me interesó el tema. Estudié un poco el tema para empezar a hacer algo así, y por suerte no lo hice yo porque las empezaron a hacer los canales, jaja. Pensé en producir algunas teleseries verticales, porque con la Euge ya habíamos encontrado algunas formas de ahorrar plata en las producciones, porque nuestras series cada persona cumple como cinco roles.
En mi casa tengo un muro que se me ocurrió hacer con puras maderas patinadas, una técnica para pintar tablas. Tomé un curso de pátina en madera, un año, para hacer ese muro. Hace mucho tiempo se me ocurrió que quería pintar, siempre me ha gustado la pintura. Me metí a miles de talleres de pintura. Pinto grandes formatos, me demoro siglos, meses, y me cuesta mucho hacerlo, ¡pero lo hago! Me sirve como una meditación. y tengo mi casa llena de cuadros. He vendido algunos, pero no porque quiera venderlos, sino porque me los han pedido... La gente los ve y me los pide, jajaja... La pintura la veo como algo muy lúdico, colorido y algo que uno quieres ver en su casa y que le produzca alegría.
Estoy escribiendo un libro... ay, que me ha costado... A veces siento que si cuento las cosas después no resultan... Me ha costado mucho esta cuestión. Es de cosas que me han ayudado a sentirme bien, física y mentalmente, como tengo un instagram que se llama “Sentirse bien por Fosalba”. He estado indagando en ese lado de sentirse bien. Dentro de todo lo que me puse a investigar fue qué cosas me han dado resultado a mí. No es lo mismo que una persona de 20 años te diga “me resultó esto” que una de 56. Empecé a juntar toda esa información para sacar este libro o manual. Son cosas súper sencillas que me han ayudado a otras personas y que creo que podrían ayudar a otras. No estoy con una editorial, pero claramente tendré que verlo con una, porque no lo estoy logrado, JAJA.
En general he aprendido a reírme de mí misma. Soy una persona súper positiva y siempre estoy riéndome de mis propias cosas, y entendiendo también, de alguna forma, que la perfección no existe: uno se equivoca, le pasan cosas, prueba cosas.
Me ha ayudado decir que la perfección no existe. Me cuesta. En ese sentido, las redes sociales me han ayudado mucho, porque para subir un contenido manejado por mí, a veces tenía que ser demasiado perfecto, y me limitaba a hacer cosas. Después entendí que la perfección no existe y que, si uno busco, no la encontraré ni haré nada. Empecé a relajarme en ese sentido.
Ahora soy mala para carretear. Siento que ya salí y además mi pega tiene mucho que ver con la gente. No soy muy buena para salir. Creo que también tiene que ver con que estoy muy enfocada en el trabajo y en cumplir ciertas etapas, la universidad de mis hijas y en fin. Después quizá volveré a salir, no sé.
Entreno siempre. Siempre he entrenado. Cuando hacía danza también iba al gimnasio. Después dejé la danza y empecé a hacer un entrenamiento multifuncional con personal trainer, y me volví como obsesiva del tema: mucho cardio, spinning, HIT y mis subidas de siempre al cerro. Pero, a partir de los 50, el cuerpo necesita músculo. Así que ahora empecé a hacer muchas pesas, porque cuando uno es viejo el cuerpo, si no tiene músculo, empieza a comerse los huesos, por eso están enfermedades clásicas. Quiero mantener ese músculo. Y ahora, que entro al reality, empecé a hacer un poco más de ejercicios de resistencia.
Soy súper ordenada en todo, y también en la alimentación. Me importa mucho, sobre todo porque hago deporte, soy delgada y, si hago mucho deporte y no me alimento, me puedo caer a pedazos. Y no es la idea. Más que nada para mantenerme bien internamente, para no enfermarme. Eso me preocupa mucho. Quiero estar bien físicamente porque me gusta hacer muchas cosas y no quiero flaquear y no poder por falta de estado físico. Y me gusta sentirme bien.
Creo que las cirugías y todos los retoques están ahí para nosotros y que uno haga buen uso de ellos si quiere, pero, para mí, es algo súper personal. Admiro a las personas que hablan abiertamente de lo que se hizo y no. ¿Yo me haría cirugías? Sí, por supuesto. ¿Pero comentaría de eso?... No soy ese tipo de persona. Admiro a las que sí lo hacen. Siento que demasiado personal y que no merece la pena comentarse.
¿En qué momento personal-profesional me siento?... Es difícil responder, porque este medio es tan sorpresivo. Nunca pensé que iba a hacer un reality, y sucedió. Nunca pensé que iba a haría una serie en Nueva York y en Miami con la “Euge”. Es una constante sorpresa. Por eso no quiero decretar que estoy en un momento, porque pueden pasar muchas cosas. Ahora mi cabeza está completamente puesta en el reality. Estoy súper nerviosa. Me produce cierta ansiedad. Pero lo tomo como un desafío entretenido. He estado leyendo algunos libros sobre liderazgo, porque quiero ser una buena líder. Quiero ganar. En lo personal, en cambio, estoy súper tranquila. Mis hijas están funcionando bien en la universidad y mi marido está trabajando; estamos bien, y con planes familiares de hacer cosas.
Toda mi familia sigue viviendo en Concepción. Voy harto, mínimo unas dos veces al año, que es el cumpleaños de mi papá y de mi mamá; pero trato de ir más. No me gustaría volver a vivir allá. Mi marido también es del sur —vivió en Puerto Montt— y a veces “me dice que le gustaría volver”, y yo le digo que tendría que ser con otra, jaja, porque me encanta la naturaleza, pero es cierto, pero también me gusta el chaqueteo, estar acá, y seguir actuando.
Es súper fuerte envejecer en pantalla, pero también es súper útil porque vas (y van) viendo la realidad, porque es lo que hay y no hay nada que hacer al respecto. Te vas aceptando, de a poco. Empiezo una teleserie, grabo, y no me veo hasta tres semanas después, que me empiezo a mirar de lejos y a acercarme. Es un “ejercicio” envejecer en pantalla. Me pasa que amigas de repente se sacan una foto y me dicen “no me había visto hace rato”. En cambio yo me estoy viendo todos los días y voy viendo qué va pasando. Sé claramente lo que hay (Hace como si se largara a llorar).
Quiero hacer el papel de la abuelita, no me importa. Quiero seguir indagando en cosas. Además, yo pienso, ¡y estoy segura!, que de aquí a unos años más las mujeres mayores se pondrán de moda, que es lo que está pasando en Europa. De aquí al 2030 habrán más personas adultas que jóvenes. Y en algún momento, acá se darán cuenta de eso y habrá mucho más trabajo para personas mayores, en todo sentido, en la publicidad y en la actuación, porque habrá mucha gente mayor que quiere identificarse y que esté en la misma, que pueda contar de la menopausia y un montón de cosas, ¡y eso pasará! ¡Y yo estaré en ese momento! Es cierto que tengo 56 años, pero todavía no soy TAN vieja... ¡He dicho!
CUESTIONARIO POP
Si no hubiera sido actriz hubiera sido bailarina.
En mi época universitaria era matea y carretera.
Un apodo es “Petu”.
Un sueño pendiente que tengo es el libro, lanzar mi manual.
Una cábala es decir “no estoy sola”.
Mi frase favorita es “todo va a estar bien”.
Otros trabajos que he tenido en mi vida... uff, hice mil cosas... Trabajo desde muy chica; siempre me ha interesado la independencia económica y en todo sentido. Mi papá tenía una zapatería en Concepción y yo trabajaba con él, vendiendo, en la caja y empaquetando. Cuando llegué a Santiago hice comerciales y fui a cien mil pruebas de cámaras, y quedé en varias. Hice de extra y también de protagonista.
Mi primer sueldo me lo gasté en una máquina de coser. Me interesa la moda desde chica, y en Concepción no había nada de lo que yo quería, y me lo tenía que hacer o arreglar. Hasta hoy tengo mi máquina, la misma, bien buena. Hago cojines, cortinas y le arreglo la ropa a mis hijas. Soy buena para coser.
¿Algo de lo que me arrepiento?... Nada. Soy quien soy gracias a todo lo que he hecho.
Una actriz chilena que admiro es la Amparo Noguera.
Actriz famosilla amiga es Katyna Huberman.
Mi lugar favorito de Chile es la Región del Biobío, obviamente.
Talento o pasatiempo oculto es la pintura.
Película que me haga llorar es Vivir y morir en Los Ángeles, qué película más heavy: cómo una persona puede entregarse a su adicción y que ya nada te importe. Una favorita no tengo. Me gusta sorprenderme, no soy de las que vean las películas dos veces.
Un miedo es que me acabe la energía y deje de hacer cosas.
Creo que sobre horóscopo. Soy Cáncer. Creo que influye, pero que uno puede ir haciendo su propio futuro.
Un superpoder que me gustaría tener es teletransportarme.
Un placer culpable es comer papas fritas y chocolates.
Si pudiera invitar a tres personas a un asado sería a Prince, a Michael Jackson y a (Vincent) Van Gogh.
Alejandra Fosalba es una mujer que lucha por lo que quiere.
Imperdibles
Lo último
hace 2 min
Distintas generaciones llenaron el Movistar Arena y se entregaron a la reencarnación virtual de Cerati como si realmente estuviera allí. La tanda de cinco conciertos en el reducto del Parque O’Higgins continúa hoy.
Busco calor en esa imagen de video: con Gustavo Cerati modo virtual Soda Stereo emociona en su regreso a Chile
hace 18 min
hace 20 min
hace 21 min
hace 50 min
Lo más leído
1.
2.
4.
5.

















