Por Guido Macari MarimónLa Firme con Dayana Amigo: “La ‘Titi’ está a pesar de mí; se apoderó completamente de mi persona”
Saltó a la fama en Casado con Hijos, ha seguido una senda de varias teleseries en el cuerpo, pero hoy enfocada en las tablas con el musical Secretos de oficina. La actriz repasa su historia y cuenta el presente. “He aprendido a convencerme y verme segura”, declara.

Dayana Amigo Jardua (44) se mira ante el espejo de la sala mientras algunos de sus compañeros, como Gabriel Cañas, Montserrat Ballarín, Antonia Santa María y Germán Pinilla, se retiran. Ella se queda sola, tras una ronda de ensayo desde las 10 AM y a 1 PM, como todos los días hasta el estreno.
Todo esto sucede en una sala ubicada en Ñuñoa, a pocas cuadras de la avenida Grecia, no lejos, por ejemplo, del Colegio San Agustín, donde Amigo estudió, y donde vivió cuando niña y hasta más allá de su adolescencia:
—Sí, por acá, era relativamente cerca —responde ella a La Cuarta sobre dónde vivió aquellos años formativos.
La actriz está en sus barrios juveniles con su mirada hacia el futuro: prepara el estreno del musical Secretos de oficina, el nuevo melodrama musical de Los Contadores Auditores —siendo la tercera pata de la completan Morir de amor y Vivo por ella—, y ella es parte de las intérpretes de toda esta trilogía, en que esta vez interpreta a una española llamada “Arantza”, que conforma una trama que parodia a referentes tan diversos con Japenning con ja, The office y Betty la fea; y toda la historia se une con hits de leyendas como Miguel Bosé, Mecano, Luz Casal, Marta Sánchez y Alejandro Sanz (entradas, ACÁ).

Ya más relajada, a propósito de estos primeros días de ensayo, ella reflexiona:
—En esta pega uno se trabaja constantemente en decir: “¿Sabes qué? No es tan importante no tener la razón, te van a decir que no 276 mil veces, y no es algo personal”. Es una idea de la que definitivamente tengo que despojarme.
En entrevista para La Firme, por algo más de una hora, Amigo repasa su historia y carrera, desde sus iniciáticos años ñuñoinos; cierto recelo a estudiar Teatro, pero finalmente las circunstancias la llevaron para allá, e incluso, sin quererlo, podría decirse que Anita Reeves fue la responsable; el peak, recién salida de la universidad, de Casado con Hijos, y el vínculo con su personaje más recordado, la “Titi Larraín”, con el que le costó amigarse pero finalmente se convirtió en su gran trampolín; su empeño por desmarcarse de aquel papel, y a la vez sus pulsión por alejarse de cualquier canon de belleza con, por ejemplo, su “Angelina Yolanda” de Isla Paraíso; habla de su presente sentimental; analiza la chance de la maternidad; aborda alguno que otro cahuín que la ha involucrado; entre algunas otras minucias.
Eso y un tanto más, a continuación...
LA FIRME CON DAYANA AMIGO
Los mejores recuerdos de mi infancia en Ñuñoa son en mi colegio, con mis compañeras que son mis amigas hasta ahora. Lo mejor era ir a entrenar basquetbol con las chicas en la tarde, y lo pasábamos muy bien. Vivía cerca del colegio, entonces me iba caminando a mi casa a almorzar, y después me iba toda la tarde a entrenar con las compañeritas. Nunca pensé dedicarme al basketbal, jaja. Siempre fue extraprogramático.
Antes como que las chicas no jugaban fútbol. De repente se armó armó una liga; no sé por qué partimos jugando fútbol. Eramos todas súper malas, o yo siempre fui bastante mala, y juego hasta ahora, igual de mal, pero me parece muy entretenido. Lo entretenido es estar con las amigas.

Mis padres eran estrictos en la responsabilidad que había en mi casa, desde siempre: había que ser súper responsable, de los actos como cumplir en el colegio, que te fuera bien, estudiar, levantarse a la hora y comer bien. El sentido de la responsabilidad estuvo súper presente. También había responsabilidad económica en cuanto a que era un buen colegio, que lo pagaban; había un esfuerzo detrás, y se se decía; no era que lo cobraran, pero uno sabía que el papá se estaba esforzando por pagarte una buena educación. Nunca estuvo en mi en mi cabeza farreármelo. Sentía que las cosas costaban, valían.
Me fomentaron siempre trabajar de chica, pagarme las vacaciones, y me vendía mi ropa en la feria. Hasta hoy siento que me ha ayudado, porque soy súper responsable, puntual, me gusta mucho el trabajo y entiendo el valor que tiene la plata, y la cuido en ese sentido. Y siento que hay algo de esa responsabilidad inculcada que me parece súper presente en mí hasta hoy, y que es una cualidad súper positiva.
Alguna vez me definí como de “clase media”... Es que hablar de clases me pone en un lugar como que “pero estuviste en un colegio pagado”. Mi papá siempre trabajó mucho... Siento que “clase media” porque tuve buena educación y me pagaron la universidad, pero mi papá también era muy trabajador y no se tomaba las vacaciones. Éramos “normales”, a eso voy: crecí “normal” en el sentido de que no nos faltó la comida, ropa, íbamos de vacaciones, estudié y mis papás me pagaron un colegio y la universidad. No sé si eso es ser clase media o no; o soy “afortunada”: fui afortunada porque no me faltó nada. Tampoco elegía todos los meses un par de zapatos, o sea, era súper cuidado; no había que tener “de más”.

¿De niña ya tuve mis primeros pasos como actriz? Según mi mamá, sí. Según yo, en mi interna personal, siempre fui mucho más tímida de lo que me veía. Vivíamos en en Nuñoa y antes se estilaba en los pasajes un show navideño, y yo participaba, y no sé por qué, porque siento que me costaba mucho —y me sigue costado hasta hoy—; pero participaba. Me da mucha vergüenza, y me sigue dando mucha vergüenza. O sea, vengo a ensayo y no me salto la vergüenza: me la paso por encima, no la escucho tanto o me río más. He aprendido con el tiempo también a convencerme y verme segura. Me engrupo con la seguridad.
Mi vergüenza es súper personal. Pero si conozco actores que, no sé si “vergüenza”, pero que tienen un pequeño pánico escénico; no sé si en los ensayos: a mí me pasa desde el principio. También pasa que en la obra de teatro hay compañeros que dicen: “¡¿Qué hacemos acá?!”. El otro día vi a Tito Noguera en una entrevista que decía “¿por qué no viene un terremoto antes empezar la obra?”. Y me ha pasado así: “¿Y si me hago la desmayada?”, porque me pone un lugar muy difícil, y a la vez me llena mucho de placer y libertad. Siempre he luchado con esa la doble sensación súper opuesta. Ha ganado el lado de la libertad. Pero está la vergüenza. Hay una capa atrás importante de timidez.
Más allá de sentir que hago el rídiculo (Según plantea el reportero), la vergüenza es más por la opinión del otro: que te validen. Y trato de no escucharme, porque también esta pega es tirarse a la piscina vacía, y es parte de la magia y lo bonito que tiene. Todas esas partes de “hay que hacerlo bien” trato no escucharlas. También tiene que ver con mi sentido de cumplir, cumplir, cumplir, ser metódica, disciplinada y ordenada. Y para esta pega ese discurso no te sirve; tienes que hacerlo nomás, no está bien ni mal. Todo eso lo he echo pa’ atrás y no lo escucho mucho. Ahí viene la libertad más hermosa, decir: “ya, lo suelto todo”, y es una maravilla cuando ocurre. Por eso es mi mayor lucha interna, jajaja.
Estuve en la “lista negra” de los de cuarto medio, jaja, no sé por qué. Las de cuarto medio te ponían en la “lista negra” y yo creo que estuve toda la media en la “lista negra”. Era fome, porque (las hacían) pura gente más grande que no te conoce y con puros prejuicios. Hoy no cabe por ningún lado que den licencia para eso, supongo yo. Pero te querían cortar el pelo y hacer cosas, y uno tenía que arrancar. (Pero) no es algo que me haya marcado. Una vez me encerraron en un baño, pero no fue traumático. Es parte de una anécdota.
Ignacio Franzani me dijo una vez que “todos estaban enamorados de ti en el colegio” (Le recuerda el periodista). Franzani es como dos años más grande que yo (y estaba en el mismo colegio). ¿Era cierto? Era verdad. Esta pregunta me da mucha vergüenza, y que esto salga, y yo decir “sí, era verdad”, jajaja. Me iba bien, pero yo era bien perna. Y yo creo que también por eso me tenían mala las chiquillas: porque mi curso era súper perno, éramos todas súper buenas cabras.
Tuve un pololo súper taaaarde, en cuarto medio, un pololo que vivía por ahí cerca. Y nunca me metí con NADIE del colegio. Bien pava. En ese tiempo me llegaban cartas, unos poemas, y me daba mucha plancha; y estaba en otra con mis amigas. Podría, por último, haber pinchado, haber salido, haber aprovechado de ir a tomar un helado, al cine o cualquier cosa. Pero la verdad es que no pasó. Lo pasé muy bien. Me reía.

No estudié Teatro, estudié Comunicación escénica, porque tenía cuatro ramas más que la actuación; y como no sabía si iba a ser capaz, me dijeron: “Te vamos a pagar algo”, y me acuerdo que el UNIACC en ese entonces era caro. Fui a escuelas de teatro y dije: “¿Qué voy a hacer aquí? Me va a ganar la timidez, no estoy segura”. Me gustaba mucho, pero no sabía si tenía lo que hay que tener para ser actriz, que es esta soltura de decir: “Voy”.
Justo cuando entré a Comunicación escénica, el primer año cambiaron la malla, se fue todo para teatro y llegó la Anita Reeves; y sin querer queriendo, terminé estudiando teatro, y sorprendiéndome de las capacidades, de mis ganas y de que tenía podía tirar toda la mochila y seguir, seguir y seguir. La Anita no debe ni saber, pero jugó un papel clave.
Creo que con el teatro nunca pensé “mejor me dedico a otra cosa porque no tendré plata”. Mis papás siempre me apoyaron en que yo hiciera lo que me hiciera feliz, siempre cuando le pusiera todas las ganas: “Estamos pagándote algo que no es barato, por lo tanto, no te eches ni un ramo y trata de estar segura”, (aunque) siento que es una edad compleja para estar tan seguro de algo. Pero nunca fue como “uy, me irá pésimo, no ganaré nada”. Como trabajé de chica, de cualquier cosa, no sé si tenía tanta aprensión con ganar plata; no era mi finalidad. Nunca pasé por ese lado.
Roberto Matus (director de castings) fue importante en mis inicios como actriz. Fue mi profesor de cine, en segundo o en tercero de la escuela. Y yo, como venía de ser busquilla ya en el colegio, caché que me llamaban para ciertas cosas y dije: “Haré todo lo que haya que hacer, en todo hay aprendizaje”. Y ya estaba metida en actuar, entonces iba a todas. Y Matus un día me llamó para un papel en una serie que daban en la noche, y que había actores más consagrados, y todas esas cosas fueron pequeños saltitos para decir “puedo” y agarrar vuelo. Porque cuesta mucho cuando eres chica —y somos tantos actores—, entonces hay que decir: “Ya, iré”, porque, si algo vio en mí Matus, que trabajaba con mucha gente, pensé: “Dale”. “¿Qué vio en mí? Nunca lo he hablado con él. No sé.

Terminé de estudiar y, justo ese verano, empecé a hacer los castings para Casado con hijos (Mega), en simultáneo. Yo había hecho un capítulo de La Nany, que lo dirigía el mismo de Casado (Diego Rougier), entonces me llamaron para hacer casting, e hice caleta de castings, porque había que encontrar a la familia, con distintos actores, para; y como Casado era con Roos Film, Sony y Mega, tenía que gustarle a muchas personas. Dije que sí al tiro cuando me ofrecieron hacer a la “Titi”.
La “Titi” se la habían dado a otra actriz, y algo pasó con ella, porque como los checks tenían que hacerlos tanta gente, alguno de esos check no llegó y decidieron que tenían que llamar a alguien más, porque no estaba resultando. Ya había grabado esa otra chica, entonces yo llegué, en marzo —creo—, y me dijeron: “Dayana, esta chica ya no va, queremos que seas tú, tienes que hacerlo bien, tienes que hacernos reír y grabar todo lo que ella grabó”. Fue mucha información y llegué a hacerlo nomás. Son oportunidades que no las piensas. Estuve como un mes así como: “Qué hago aquí, ¿por qué quedé?”, sin entender mucho qué había que hacer para hacerlo bien. Pero era pega.
Con la “Titi” al principio llegaba a llorar a mi casa. Después nos amigamos mucho. La “Titi” es lo más hermoso que me pasó. La gente siempre pone que la pasé mal y lloré con ella. Y sí. Pero también hay unos “peros” gigantes. Hacer ese personaje me enseñó todo para adelante, o sea, me puso en un lugar, entendí, aprendí, me hizo perder todo tipo de miedo al qué dirán, al ridículo y a la exposición: fue un aprendizaje al 100%. Siempre cuando uno aprende cosas al principio no es tan fácil. Yo lloraba porque no entendía cómo había que hacer reír, no sabía ser divertida; en la escuela nadie te enseña, son cosas que las tienes que traer y reconocer. Era muy raro: hacer la pega, que era hacer este personaje DE VERDAD, no buscar el chiste o la risa.
Diego Rougier, el director —y parte importante también en toda mi carrera como actriz— me dijo una vez: “Esto tienes que hacerlo de verdad”. Me fui pensando para la casa y dije: “Ya, tengo que ser la rubia tonta que no quiero ser”. Me había puesto unos frenos de mano, pero dije: “Chao, lo haré, voy con todo”. Dejé de juzgarla. Siento que cuando entendí eso, que estaba haciendo mi trabajo, y lo solté: me solté, me tiré y empecé a encontrarla y a pasarlo bien... Terminé descubriendo un lugar muy desconocido y sorprendente. Después la veía y decía: “Es muy raro, no puedo creerlo, ¿como en esa escena todos hicimos eso? ¿Cómo los personajes llegaron tan lejos? ¿En qué momento se transformaron en estos monos animados con vida propia?”. La “Titi” está a pesar de mí, jaja, es muy raro de explicar, pero se apoderó completamente de mi persona.
La voz chillona de la “Titi” se me ocurrió a mí. Iban pasando las temporadas le iba entregando cosas al personaje, como el “holi”, y un día fui llegando con la boca chueca, se empezó a ir pal el lado. Es muy raro, no fue que me miré al espejo y que dije “ahora la Titi va a tener...”. Fue apareciendo, el tono de voz, la boca chueca, las palabras que terminaba con “i” y el “es que te digo que”. Al personaje hay que ir dándole en la comedia. Aparte, el personaje iba creciendo en la sitcom, en TODO sentido de la palabra, entonces hay que dar y que dar.

Cuando uno trabaja en teleserie somos veinte actores y tienes un día libre o entras un día a las 2 PM, pero nunca he trabajado tanto como en Casado, porque más allá de que son personajes de comedia que tienen que estar con mucha energía, yo observaba un poco a esta gente demasiado arriba de la pelota, entonces uno entraba al set y la dinámica era a full, y tenía que sumarme a esa energía. Y la “Titi” era un personaje que demandaba, entre el vestuario y la voz. Y trabajábamos de 8 AM a 8 PM de lunes a sábado, estábamos en todas las escenas, por tres años, y no tenía fines de semana.
Cuando terminé de grabar Casado con hijos me fui a teñir el pelo, fui a una plaza y lloré... Ay, qué vergüenza, jaja... Cuando salí del colegio no me quería nunca teñir el pelo, tenía esas “banderas de lucha” (y hoy digo “¡qué importa el pelo!”). Pero con la “Titi” era rucia y con la chasquilla; era mucho. Y también yo creo que era un intento de pasar piola y volver a mi persona. Ya le iba muy bien a Casado y en todas partes era: “La Titi”, “la Titi”, “la Titi”, “holi” y “holi”. Entonces dije: “Chao, quiero volver a mí”. A lo mejor fue un poco siútico, pero estaba cerca de la casa de mi hermana, vi un parque y pensé: “Me iré a sentar a no hacer nada”. Y lloré. Yo creo un poco por cansancio, agradecimiento y “¿de a dónde me acabo de bajar? Qué heavy”. No había pena. Siento que era más gratitud y emoción.
¿Miraba en menos la comedia antes? Me gustaba mucho el drama, y era lo que más me acomodaba, se me hacía más “simple”, y me gusta mucho todavía. Entonces nunca pensé que mi primer trabajo sería una sitcom o hacer ese tipo de personaje. Todavía me siendo muy sorpresivo cómo se abrió la comedia en mi mundo. También yo era una galla muy estructurada; tenía sentido el humor, pero no el que gané en ese tiempo. La “Titi” me removió todo desde ahí hacia adelante. Fue muy revelador.
Digo que “la Titi me da pega hasta hoy”, porque siento que gracias a lo que me pasó con ese personaje —en la profundidad de mí— entendí muchas cosas de la pega, de cómo era jugar a ser otro, desde dónde quería jugar. No sé si dije “desde aquí haré mi carrera”, pero me enseñó una cantidad de herramientas impactantes, o sea, toda mi escuela en lo que soy como actriz fue a Casada con hijos: soltarse, reírse y que no me importe.
Si no hubiera estado ese personaje, no sé qué habría pasado: no sé si habría podido entrar en esta pega que es tan de tirarse un piquero al agua helada. No digo que la Titi sea “lo único que he hecho” y “lo único que encuentro bueno”, jaja. No. Me transformó profundamente hacer ese personaje. Y al haberle ido bien, nunca me han dejado de llamar.

Fue difícil hacerme conocida. Era la primera pega y uno no entiende, no sabe ni nadie te explica. Con el tiempo vas entendiendo por qué la gente se comporta así con uno. Para mí fue muy raro al principio y, como inicialmente estaba un poco ajena a la “Titi”, fui muy de a poco entrando. En mis espacios personales yo quería seguir siendo la Dayana que iba al supermercado y caché que ese lugar tampoco lo podía abordar porque la gente afuera me decía: “Oye, ¿por qué hablas así?” o “Que eres pesada”, y yo trataba de explicar por qué no hablaba como la “Titi”.
La gente busca el personaje que les hace reír y los acompañaba en su casa, y les daba una lata terrible ver a esta galla que no les daba lo que quería. Me costó mucho entenderlo, entonces trataba de defender mi espacio, de hablarle a la persona entre medio de las fotos. Me costó mucho entregarme a decir: “La gente ve lo que quiere ver y yo tengo que sentir infinita gratitud porque es muy bonito que reconozcan la pega y que lo pasen bien con lo que uno hace”. Me costó soltar ese lugar “intelectual”. Fue una transformación, ir aceptando, darle la vuelta completa y decir: “Qué bonito que me agradezcan y que la gente se ría con la pega que uno hace”. No competiré conmigo mismo. Si quieres decirme “Titi”, dime cómo quieras.
Mi abuela, que falleció, me dijo: “Tú te debes a tu público”. Ella era la más orgullosa de mi carrera de actriz. La gente se me acercaba y me transmitía esa alegría del reconocimiento y el “te debes a tu público”, porque gracias a ellos tuve pega ahí para adelante hasta hoy. Y el cariño de la gente sigue, y la gente es amorosa, cercana y super linda conmigo.
No quise hacer comedia por un buen tiempo y me llamaron para una teleserie en CHV en que tenía que hacer a una peruana: Mala conducta. Venía de hacer la sitcom y nunca había hecho teleseries. Aquí en Chile, también, es muy fácil encasillarte, y es un arma de doble filo. Quizá podría haber tenido más pega y ser un actriz de comedia, y me gusta la pega, transformarme, jugar, soltar y hacer distintos personajes. Pero cuando me llamaron para esta teleserie, era otra cosa, que nunca había hecho.
Me gusta más el drama que la comedia, porque siento que la comedia es muy difícil. Sólo por eso, jaja, por floja. No sé cómo será para el resto, pero a mí me hace instalarme inmediatamente en un lugar más complejo de pararme de por sí, porque hay que reinventarse y activar. El factor creativo en la comedia tiene que estar muy lúcido. Siento que en el drama hay algo más interno, que fluya la conversación y que vaya pasándote lo que te vaya pasando. En la comedia, para mí, hay una búsqueda compleja de entender, hay que ir probando y ver si funciona, si te pasas o no, cuál es el límite. Se me hace más compleja.

¿Mi teleserie favorita? Lo pasábamos muy bien con mi grupo de Isla Paraíso, porque la Carmen Disa era mi mamá, que la amo y lo mejor del mundo; estaba Andrés Velasco, que era un curita; y mi pareja era (Fernando) Godoy. Y lo pasamos muy bien.
Darme un beso con Fernando Godoy en una teleserie es lo peor que me ha pasado en la vida, jaja. No fue la escena más difícil, pero, fue algo difícil para los dos, jaja. No dependía de nosotros, estábamos contratados por Mega, y el canal te decía qué teleserie o qué personaje, y te mandan los guiones, y yo dije: “¡Gua!”. Yo creo que también jugaron con eso, que era algo que llamaba la atención, enfrentarnos en ese lugar. También siento que con Fernando estamos muy orgullosos: el primer impacto fue heavy, pero al final la gente entró en esa pareja, que fue Pobre Gallo, y después en Isla Paraíso, también fue una pareja que pegó mucho. Entonces hablábamos de “qué bonito darle la vuelta en 180° de hermanos a que la gente nos compre haciendo de pareja, y que le vaya tan bien”... Hemos tenido que soltar bastante, jajaja... Imaginen ese primer beso: estábamos matando muchas partes nuestras.
A mi mamá no le gusta que me vea fea con mis personajes. Mi mamá tiene temas con el cómo me veo, constantemente. No es que me gusta “afearme” (con mis personajes). Siento que me acomoda mucho más eso que a ser mina; de hecho, la “Titi” original jugaba más a ser más linda y yo le fui metiendo un cambio a lo ridículo, fea y tranformarme, porque me acomoda mucho más que ser la mina rica. Siempre he luchado. Siento que tiene muy poco juego, y que es muy limitante ser “la mina rica”, para mí. La “Titi” nunca dejó de jugar con los chiquillos y le gustaban todos, esa parte nunca nunca la dejamos de lado, pero la traté de llevar a que era por una inocencia pura y real, que la hacía absolutamente tonta, pero porque era muy inocente. Y la fui llevando a ser más un monstruito que una un modeloca. Lo otro me incomoda un poco. No sé por qué.
Mi mamá critíca porque es mi mayor fan. Pero al ser mi mayor fan, también es mi mayor crítica, está ahí diciéndome: “Dayana, ¿por qué te pusiste esa camisa?”. Ella quiere verme y que salga bien, entonces le cuesta luchar con estas cosas que hago de andar buzo y no bien peinada. Y es crítica también en el trabajo, como: “Acá te creí”, “acá no tanto” o “aquí te pasaste, hija, no hay pa’ qué”.
La “Titi”, no sé por qué, era muy gustable, jajaja, el sueño de (muchos televidentes). Me escribían, ahora cuando se repitió, como “es mi sueño de infancia”, y yo decía: “¡Pero por qué si es horrorosa!”. Estaba la tenida: las pechugas y esta mina a la que le gustan todos, y eso siempre estuvo; pero yo le agregué particularmente para que no se quedara en lo mina, sino que fuera más un poco más monstruoso.
Me da mucha vergüenza ese lugar (El de “la bonita”, según interpreta el reportero de sus palabras), que me miren. Siento que en estos personajes como la “Angelina Yolanda” — no sé si en todos trato de afearme— le hago una búsqueda. Siento que uno tiene que aportarle un poco más a los personajes. A lo mejor me paso un poco para el otro lado, pero ahí está el director para que me diga: “Sácate los dientes (postizos)”, porque ahí (Isla Paraíso) me corté el pelo como pelela. Lo llevo bien lejos para que alguien me vaya acercando. Y si me dan permiso para irme más lejos, me gusta.

Después del regreso de Casado con hijos en el 2023 no he vuelto a hacer a la “Titi”, ¿y la volvería a hacer? No sé. Siempre digo que “no”. Creo que es bonito por un lado y, por otro lado, para mí es puro placer hacerla, tiene todas las licencias que uno no tiene, o que yo no me doy, que llega y dice, no le importa y no lo piensa. Para mí ya es muy simple, porque funciona sola, o sea, yo podría hacer un podcast como la “Titi”. Pero creo que hay que guardarla, ¿para ocasiones especiales? ¡No!, hay que guardarla, en algún momento tiene que guardarse. Sí.
¿Me logré desmarcar de la “Titi”? En alguna parte alguien me dijo: “Es absurdo que compitas contigo misma, porque la ‘Titi’ eres tú”. Y cuando entendí que no tenía que “competirle”, sino que tiene que ver con las decisiones que tomo de los papeles que acepto y que no: creo que está en mis manos. No la hago competir conmigo ni con otros trabajos. Me han llegado personajes distintos y que les he dado una vuelta a todo también para salir de ese lugar. No me siento para nada encasillada hoy como “la Titi”. Creo que que he logrado mostrarme más multifacética.
¿El personaje que más me ha marcado en todo aspecto? Con todo lo que hablado de la “Titi”: me cambió un poco mi personalidad en cómo enfrentar las cosas. Hacerla fue tan profundamente complejo que me tuvo que modificar todo lo que yo traía preconcebido, comerme los prejuicios y poner todo desde una claridad que no pensaba que existía. Siento que la “Titi” para mí, profundamente, es un personaje que me cambió un poco mi forma de ser, me hizo sorprenderme de mí misma. Y eso encuentro que es muy mágico. A raíz de jugar a ese nivel, hoy puedo jugar.
¿Nunca se me dio la oportunidad de ser protagonista en la teleserie? No. Creo que no porque mi lugar siempre fue el del juego en las teleseries como “a ver qué vas a hacer”. Y me gusta esa confianza de decir “ya, ¿a dónde jugaremos?”. Por eso yo creo, también, que me cuesta más la comedia porque sé que tengo que pensar: “¿Qué se me puede ocurrir ahora?”. Nadie me lo pide, pero yo sola pienso: “A ver, con qué voy a salir”. Me gusta modificarme. Siento que como actor hay cierta obligación en intentar no ser uno mismo. También de repente me dicen “no necesitas nada más que ser tú” y lo hago. Pero si me dan la licencia, me gusta irme un poco más lejos.
La última teleserie que hice fue Amores de mercado (2024, Mega), ¿por qué no he vuelto? En Mega estuve contratada hasta un año después de Amores, y ahora está todo externo por productora. Como me metí a la obra Un tranvía llamado deseo, y ahora en esta (Secretos de oficina) en que ensayo todos los días, primera vez que tengo esa libertad de no hacer teleseries, que es muy desgastante. Estoy aprovechando de hacer teatro y me encantaría que saliera una serie y cine. Estoy apostándole a ese lugar, ahora que puedo optar. Antes tenía que estar y hacer el personaje. Ahora tengo esa opción de decir: “Agarraré estos dos proyectos de teatro que me ocupen el año”.

¿Por qué rechacé ser candidata a Reina de Viña?, JAJAJA. Porque me daba mucha vergüenza. Una fue como yo y la otra como la “Titi”. Ambas me dieron mucha vergüenza y no quise.
El supuesto romance con Alexis Sánchez no me afectó en nada, jaja. Me fueron a buscar de esas cosas la farandulilla y dije “¿sabes qué? No”.
Salió un rumor de que yo no saludaba a la gente en Mega, ¡sí!, no sé por qué. Nunca lo entendí. Ahí salí, como nunca, a decir:“¿Sabes qué...?“. Me golpeó, porque no es verdad en ningún sentido de la palabra. Lo que más me gusta es trabajar en equipo, y sé lo importante que es, y que somos todos iguales. Es algo fundamental para mí. Sé que se dice cualquier tipo de cosa, y uno no tiene que escuchar, pero dije: “¿Por qué eso? No es verdad”. No es verdad y es algo que me importa. Hago el trabajo en ir y decir: “Hola, ¿cómo estai?”. Me importa. No sé si “me duele” es la palabra, pero para mí es importante.
¿Las pifias a Javiera Contador en Viña 2024 fueron muy traumáticas? No fue traumático, pero fue difícil. Súper difícil.

Ahora estoy ensayando Secretos de oficina y estoy con funciones de una gira, con Morir de amor, y con Un tranvía llamado deseo, con Cultura Capital y Caja Los Andes. Y Secretos lo estrenamos en agosto. Y después tengo otra obrita, que es argentina, y la dirige un argentino, entonces tenemos que ir un tiempo a Argentina, después viajamos para acá y (se estrena) en enero, se supone. Somos dos actrices chilenas.
En Secretos de oficina, como en Morir de amor, estamos Montserrat Ballarín, Emilia Noguera, Antonia Santa María, Gabriel Urzúa, Gabriel Cañas —más Carmen Disa y Germán Pinilla—, porque está pensado, en cierta forma, que sea una trilogía de los Contadores Auditores (con Cultura Capital), que partimos con Morir de amor, que fue una “teleserie musical”, porque tiene música, baile y la banda en vivo, y era volver a las teleseries épicas. Después hicimos Vivo por ella, que éramos casi los mismos, pero que también tenía una forma distinta de hablar; los primeros éramos medio mexicanos; los segundos, italianos. Y ahora, en Secretos, hay algo de español. Y somos los mismos porque la idea es, no sé por qué, jaja, hacer una trilogía en hablemos de distintas formas, y porque tiene que ver con lo mismo: traemos música, teatro, chiquillos que cantamos, bailamos, actuamos y nos la jugamos.
Los personajes siempre son “grandes” en Secretos de oficina, hay mucha energía, son enérgicos, y todo tiene que ser un poco hacia afuera. Entonces, la pega más importante es bajar o subir los decibeles y que se entienda. Lo que sí, hay cosas que tratamos de no repetirlas —porque ya estuvieron en otro— y darles una vuelta, o sacarlo. Porque ya hemos trabajado harto juntos, entonces hay que sacar una juguera nueva mezclando cositas.
En esta sátira los referentes son, primero, nuestro gran y único Japenning y La oficina, yéndonos para The office y Betty la fea, y unas referencias muy absurdas como una película de terror que se llama M3gan, que es algo que nunca he visto en mi vida. Los Contadores tienen un mundo muy sin igual, con muchos colores, y traen unas referencias que uno nunca imaginó. Y tiene que ver un poco con la vida de la oficina, con personajes con unos estereotipos sabidos por la gente; pero que siempre hay ciertas sorpresas y aparece la canción cuando tiene que ocurrir en la escena, y entre medio todos bailan, y está la misma bandita en vivo, que son los mismos chiquillos que nos han acompañado siempre.
Mi personaje es una española, “Arantza”. Hay solamente dos españolas reales en la obra, y yo soy una de las españolas que llega. Esto es comedia, ¿qué me pasa con eso? Lo mismo: sobre todo con los Contadores —porque ellos ven y tú tienes que tirarte, ir apostando y que te vayan diciendo “sí”, “no” o “busca más”— estamos en esa búsqueda. Ya tengo todo el guion rayado, invento cosas, no sirven, inventamos otra, sirven o no sirven. Estamos en ese juego que es la maravilla de hacer teatro, y de poder jugar, porque no son directores que te dicen “párate ahí”, o sea, es una búsqueda súper colectiva, y ellos van como siendo súper puntuales como “bájale pero sigue buscando”. Es una búsqueda larga; todos tenemos la cabeza frita, intentando e inventando cositas, pero es súper entretenido y desafiante trabajar con ellos.
¿La estoy pasando bien?... Tengo días... Hay días que propongo algo y me dicen: “Mmm... no”. Y eso es como un puñal de inseguridad (Se pone a jadear como si se angustiara). Salgo rápido (de ese estado) y vengo a proponer otras cosas, JEJEJE. En esta pega uno se trabaja constantemente en decir: “¿Sabes qué? No es tan importante no tener la razón, de va a decir que no 276 mil veces, y no es algo personal”. Uno trae una idea de la que definitivamente soy yo la que tengo que despojarme. Pero sigo en ese trabajo personal.
No me gusta cómo canto. En Morir de amor cantaba y lo pasaba muy mal; me venían todos mis pánicos escénicos y todas esas cosas, porque no lo hago bien, y mis compañeros lo hacen muy, muy bien. Entonces, para cuidar a las personas y por respeto al público, jaja, en esta canto bastante poco.

Me gusta mucho la pega, todos los escenarios; pero siento que el teatro sí tiene algo que no te lo dan otras plataformas, audiovisuales: tiene una magia, algo que es en el momento, entonces no hay cómo decir “corte” y “acción”, porque está vivo, es algo único e inimaginable: la sensación.
¿Cuáles son mis “no” en la actuación? ¿Qué no haría? Creo que no tengo “no”. Creo que estoy más dispuesta a los “sí”. Sería muy raro decir un “no”... Claro, si hay un desnudo que es como: “¡¿Por qué?!”... Pero soy súper de decir que sí, como: “Vamos, probemos”.
Nunca he participado en una campaña política. No sé si me han llamado alguna vez. Y publicitaria, sí. En Ripley, cuando estábamos en la época de Casados, con la Javi anduvimos en no sé dónde. Si sale algo bueno, sí, voy.
He dicho que soy ruda conmigo misma. Soy ruda conmigo. Pero también está en mi parte de trabajarme a mí misma. Hay un parte ruda de la que digo “está bien”, y cuando me paso digo “no, ya basta, qué importa”. Creo que uno tiene el deber de trabajarse y sacar su mejor versión para uno mismo y el resto.
Soy muy racional, muy de cabeza. Me cuesta entregarme a las cosas. Y por eso tengo que trabajar mucho conmigo en el soltar, soltar, soltar, porque soy muy cabezona.

Me encuentro chica todavía, jaja. Me faltan vivencias.
Creo en el amor y en el compromiso, pero no en el matrimonio... O sea, no que crea o no crea... Obvio que amo el amor, amo los compromisos y que la gente se ame y se quiera mucho. Pero me pasa personalmente que no entiendo mucho, que a mí no me hace mucho sentido casarse; siento que es un poco lo mismo estar comprometido con algo. Entiendo que después, con los niños, se vuelve complicado si no tienes un papel firmado. Pero me parece fome. A lo mejor, si es necesario por algo firmar un compromiso importante, o “celebremos el amor”... Pero hay algo con la palabra también, el “casamiento” o “para siempre: con todas esas cosas tan estructuradas digo “ay, qué pesado, ¿por qué tan lejos’”. Me da nervio. Y nunca he convivido con una pareja. Es cierto.
En el Sin editar a Pamela Díaz le dije que estaba soltera (junio, 2025), ¿cuál es mi situación actual amorosa? (Pregunta reportero). Feliz. ¿No estás en nada? (Insiste reportero). Feliz.
Congelé óvulos aunque no tengo mayores pretensiones de ser madre. Fue porque fui a ver al doctor y me dijo: “Si ya está acá es porque hay duda”. Yo le peleé y le dije: “No, creo que no hay duda, creo que me quiero asegurar”. “Eso es que hay duda”, me insistió. Y le contesté: “¿Sabes qué? Sí, puede ser que no me quiero arrepentir de nada, así que démosle".
¿Adoptar lo veo como una posibilidad? Lo encuentro muy bonito, ¡uy! A la gente que adopta digo: “Qué heavy estas personas”. Lo encuentro muy bonito. No sé si alguna vez lo haga, pero lo encuentro muy bonito.
No es un podcast lo que tenemos con la Magdalena Müller, Las Dayalenas. No sé qué tenemos, pero es para Instagram. No hemos querido hacer podcast, porque lo movemos, nos gusta que sea más suelto. Pero teníamos un mini programa, y la gente lo pasa bien, le gusta. La idea no es que crezca, jajaja, es una manera de entretención. No sé por qué apareció. Un día contamos una historia en vivo con la (Paola) Volpato en Buenos Aires, y encontramos que la gente estaba muy divertida, que les gustó, y dijimos: “¿Por qué nos juntamos y hablamos cualquier cosa?“. Y la gente lo ve.
¿La cantidad de seguidores en redes sociales es un tema en la industria? (Pregunta reportero). Pucha, yo he tenido que luchar con eso, porque no entiendo por qué es un tema hoy; pero, por otro lado, entiendo que las cosas avanzan, que van cambiando y que hay distintas plataformas. Pero creo que es muy raro medir si uno es capaz o no, si uno está para ese personaje. Son cosas que no se miden en la cantidad de seguidores. Hay gente que piensa que sí, porque si te siguen es porque “eres creíble”. Pero hay tantas otras razones... No sé... Yo trato de pelear, a veces me amigo, subo (contenido) y digo: “¿A quién le importa si subo algo”. Después digo: “Chuta, subo algo, y no pasa tan colado”. Tengo días amorosos y digo: “Chuta, a lo mejor hay que acercarse un poco a la gente”. Días y días.
No me he hecho intervenciones estéticas. No sé si me haría. Pero nunca digas nunca. Puede ser que después me vean transformada y digan: “¿Pero cómo? Esta galla dijo que ‘nunca’”. Jamás diré nunca. Pero hoy en día, no.
Soy mañosa. No como mariscos; pescados, sí. Y no fumo ni tomo.

Hace un año entré en una etapa de vivir el momento y disfrutar el día. Creo que lo que gatilló ese cambio fue el verme más grande en el sentido de decir: “hay gente que lo está pasando tan mal, hay gente enferma, o que un día va otro se le acaba la vida; y uno como haciéndose atados por cosas tan chicas”. Y con las terapias y todo lo que uno intenta hacer para ser mejor, trato de tenerlo como lema. Siento que es una forma de disfrutar estar en el presente, y no estar para atrás ni para adelante. Me trato de repetir: “Aquí y ahora, estoy en el ensayo, estoy aquí”. Trato de que sea como una filosofía, que también me cuesta, porque me voy para adelante y para atrás. Y me ha sacado mucho la ansiedad, porque soy una persona súper ansiosa: quiero hacer 377 cosas al mismo tiempo; y estoy haciendo algo, y hago mucho al mismo tiempo. Trato de una cosa y un día a la vez.
En el momento personal-profesional que me siento es uno de bastante tranquilidad, cosa que es rara para mi personalidad ansiosa que siempre quiere estar en muchas cosas. Creo que este trabajo de “un día a la vez” y del disfrute, de haber salido de una obra muy dramática, y pasar a esto, y poder hacer las dos cosas cerca en el tiempo, también me da alguna una gratitud actoral y personal súper heavy. Llego a mi casa y estoy tranquila. Siento que estoy en una etapa tranquila-felicidad. Busco la felicidad, siento, y estoy súper contenta con esta “calma”.
¿He tenido mejores momentos?... Estoy en un súper buen momento, y es raro porque a veces estoy haciendo siete cosas a la vez, que es lo que me gusta, y ahora estoy en un lugar de haciendo menos, pero gozándolo más.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido actriz me habría gustado ser sicóloga.
En mi época universitaria en el UNIACC era tranquila, súper tranquila.
Un apodo que tengo es “Dayi”.
Un sueño pendiente es ir a estudiar al extranjero, ¿se concretará? Sí. Estoy mirando, pero estoy en el aquí y ahora.
Una cábala que tengo es agradecerle a mi estrella.
¿Una frase favorita? Soy muy garabatera, todo lo que tenga un garabato: “Puta la hueá”. Me provoca mucho placer.
Un trabajo mío que no se conoce es que repartía panfletos en los autos, en la época del colegio.
Mi primer sueldo lo gasté debo haber tenido que invitar a gente a comer o almorzar, a mi familia o amigas. Algo así.

¿Algo de lo que me arrepiento? No lo traigo ahora. No lo tengo fácil. Iguale es bueno que no esté tan a mano.
Una actriz chilena que admiro es la Pao Volpato, mi amiga Paola. Y admiro al Pancho Melo. Gente cercana y amorosa.
Una actriz que es mi amiga es la Carola Arregui.
Un talento o pasatiempo oculto es cantar.
Una película que me hace llorar es Cómo hacerse millonario antes que se muera mi abuela.
¿Un miedo? Tengo fobia a esas cosas con cola que no las puedo ni nombrar (a los ratones).
¿Creo en el horóscopo? Mmm, no y sí, jajaja. Nunca lo leo. La Francisca Imboden mi hizo mi carta astral, y lo hizo súper bien. Seca.
Si pudiera tener un superpoder me gustaría volar.
¿Un placer culpable? No estoy a favor de sentir culpa. Tengo puros placeres como que escucho cumbia y amo la cumbia. La culpa, no.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, invitaría a (Lionel) Messi, Michael Jordan y a Marilyn Street.
Dayana Amigo es, ufff... está en proceso de descubrirlo.
Imperdibles
Lo último
hace 8 min
hace 20 min
hace 23 min
Los creadores de la serie abordaron cómo nació la nueva serie protagonizada por Stuart Bloom, una producción que abandona el formato clásico de sitcom para combinar comedia, ciencia ficción y aventuras sin perder la esencia de sus personajes.
Stuart no logra salvar el universo: así es el spin-off más ambicioso de The Big Bang Theory
hace 38 min
La Roja presume la mejor defensa del Mundial y una campaña impecable. La Albiceleste llega con el ataque más explosivo, Lionel Messi como uno de los goleadores del torneo y una capacidad de reacción que la llevó a remontar en las rondas decisivas.
España vs. Argentina: los números de las selecciones que definirán la final de la Copa del Mundo
hace 46 min
Lo más leído
2.
3.
4.
5.


















