Espectáculos

La Firme con Matías Vega: “Alguna vez sentí que estaba siendo exitoso, pero no: estaba siendo arrogante”

Hizo cientos de comerciales, fue figura en recordados programas infantil y radial, ha caído y renacido, reinventado y explorado tantas aristas como permite la pantalla chica. Hoy en Canal 13, dice sentirse en su “prime”, más enfocado que nunca en su sueño. “El camino me está llevando hacia lo que quiero”, dice.

29.01.2026 Matías Vega Conductor de canal 13 - Mundos Opuestos Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Matías Vega Rojas (40) llega apurado con una chaqueta gillette y un pantalón en una mano, y un café en la otra, a un par de horas de una nueva emisión del Hay que decirlo en Canal 13, donde más tarde llegará al estudio y saludará por detrás a Manu González, que ya está sentado en el mesón, dándole un beso en la cabeza.

Sin embargo, antes, sentado en una oficina en la que es su casa televisiva desde el 2017, el comunicador conversa con La Cuarta, cuando de pronto su teléfono empieza a sonar. Revisa la pantalla y, precavido, contesta:

—Ay, disculpa —se excusa mientras atiende—... ¡Hola, hola! ¿Sí? ¿Está en la plaza?... Hay un condominio, tiene que entrar…. Yo le aviso para que abra.

El actual rostro de Mundos opuestos —y próximamente de Vecinos al límite — explica que su madre está un tanto sorda, por lo que no escucha el timbre en la puerta; y el pedido del supermercado acaba de llegarle, así que pide unos segundos para marcarle a su mamá, que le contesta y le dice que ya está al tanto del arribo de los productos. Él, con voz suave, acerca el celular a la boca y, en altavoz, se despide:

—Ya, eso era. Besitos. Te amo. Chao, chao.

Fue ella quien lo acompañó toda su infancia hasta los quince años en la grabación de cientos de comerciales, a la que invitó a viajar cuando reunió su primer “pozo grande” a Disneylandia, la que hace poco logró sobreponerse a un cáncer, y sobre quien dice que su mayor temor es el enfrentarse a su muerte.

Matías repasa su historia personal y profesional con La Cuarta. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Aquella es sólo una de las aristas de su vida que con La Firme aborda Vega —que el fin de semana también hará el backstage del Festival de San Felipe —, quien repasa su vida personal y profesional, desde una infancia marcada por un salto “de chiripa” a la fama; los años colegiales marcados por la exposición; los vínculos y amistades que dejó su primera etapa en teleseries y programas infantiles; su interés por el cine y rechazo a encasillarse ya que “siempre me gustó hacer de todo”; la muerte de su padre a los 19 años, su primer gran golpe vital; y luego el segundo, la detención del 2013 por supuesto microtráfico, mediático caso que quedó en nada, pero que fue un remezón profundo; su regreso a la radio y a la tele; su presente en Hay que decirlo y próximamente en Vecinos al límite, que será grabado en Chile, así que ya no tendrá que hacer más malabares en su pololeo con Francisca Sky; entre otras aristas de su vida.

—Hoy no me siento exitoso, pero sí siento que estoy trabajando para eso— manifiesta optimista, aunque, según dice, con los pies bien en el suelo. Sonríe como si fuera una muletilla.

LA FIRME CON MATÍAS VEGA

Mis primeros recuerdos son en Maipú. La primera imagen que se me viene a la mente es bailando “Sau Sau Lero” en el jardín infantil El Olimpo, que quedaba en la calle del mismo nombre. Siempre me gustó el baile y el show. Recuerdo tener dos años. Hay videos: aparezco bailando, siendo el más extrovertido de todos mis compañeros. Desde muy chico lo fui, aunque nunca lo busqué, y mi familia tampoco.

Mis hermanos eran mucho mayores que yo: cuando nací, mi hermana tenía doce años, y mi hermano quince. Desde muy chico me juntaba con gente adulta y aprendí a desenvolverme super bien con ellos. Eso me ayudó a no tener miedo a hacer cosas y a sentirme protegido. Y mi mamá tomó una decisión que hoy la analizo y encuentro muy buena: apenas cumplí dos años me metió al jardín infantil, al toque, para que aprendiera rápido y compartiera con gente.

"Desde muy chico me juntaba con gente adulta", recuerda Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.
  1. A los tres o cuatro años hice mi primer comercial. Fue totalmente casual. Cuando chico era mucho más rubio, de ojos claros, hablaba con todo el mundo, caminaba y hacía de todo. Muchas veces, cuando mi mamá andaba conmigo en la calle, personas de agencias se acercaban y le dejaban tarjetas para que yo hiciera comerciales; pero a ella nunca le interesaba. Hasta que un día yo estaba inscrito en el Club Kellogg’s, porque me gustaba el “Tigre Tony”, y mensualmente mandaban regalos, peluches, entradas al cine y helados. Fuimos al Apumanque con mi hermano a buscar una de esas entradas y la dueña de una agencia, Claudia Palma, me miró y dijo: “Uy, qué lindo el niñito, ¿quieres hacer comerciales?”. Le dije que sí y le di el número de teléfono de mi casa. Mi hermano bajó y confirmó el número. A los tres días me empezaron a llamar a castings. En el primero no quedé, y en el segundo sí. Empecé a hacer comerciales, hice uno para Venezuela y al día siguiente uno de ColaCao. No paré más: hasta los once años me dediqué casi exclusivamente a comerciales. Hice cerca de 400, para todo el mundo.

Mi primer colegio fue el Luis Enrique Izquierdo, donde estudió (Gonzalo) Bertrán, hasta sexto. Crecí con todos, sabían que hacía comerciales y programas; estaba en el Revolviéndola (CHV), me habían visto crecer. Me cambié al Hispanoamericano para partir séptimo con mejor base para la media. Fue fuerte al entrar. Llegué justo cuando estaba al aire la teleserie A Todo Dar, del Mega, con el pelo largo: entré mal. Era el único del colegio con el pelo largo y tuve problemas: me obligaban a peinarme engominado, a esconderlo, porque los demás alumnos y apoderados alegaban: “¿Por qué nos tenemos que cortar el pelo y Matias no?”. Había un contrato, todo conversado con el colegio; pero igual lo pasé mal las primeras semanas. Me costó integrarme porque llegué siendo “el popular” y mis compañeros estaban un poco reticentes. Después me conocieron y entendieron que no era arrogante. Por primera vez habían lockers (casilleros metálicos), yo abría el mío y se caían las cartas (de fans) que llegaban de Mega (ahora es por Instagram). Entonces me molestaban harto mis compañeros, pero en buena onda.

Soy daltónico. Veo los colores orgánicos distinto: el pasto lo veo naranjo —como una fanta—; pero el verde artificial lo distingo. Si tiras una tapa verde al pasto no la vas a diferenciar; yo si, no se me mimetiza: veré el pasto naranjo con una tapa verde. Eso, curiosamente, es un “superpoder”, porque diferencio los colores sintéticos de los naturales. En cambio, si me tiras una tapa roja al pasto, se me pierde. Y el pasto sintético lo veo verde, jaja. Uno confunde los colores, entonces si me ponen muchos lápices de colores y me dicen: “Saca el verde”, es muy probable que falle.

No me trae complicaciones el daltonismo. En el colegio, en Inglés, era complicado, sobre todo en las pruebas cuando tenía que colorear con colores específicos; al principio no llevaba lápices y le pedía a mis compañeros: “Oye, dame el verde”, y así me aseguraba de que era correcto; hasta que ellos se dieron cuenta y me pasaban colores incorrectos a propósito. Terminé marcando mis lápices con el nombre del color.

"Soy daltónico", cuenta Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Como a los 15, cuando entré a Música Libre (Canal 13), ya era más grande y empezó a acompañarme mi papá. Mi mamá empezó a aburrirse. Los castings no eran como ahora que son por video; antes tenías que ir presencial, habían mil niños en el estudio para un solo personaje. Te pegabai plantones de tres o cuatro horas y mi mamá me apañaba. Nunca me obligaron a hacer nada. Si estaba jugando a la pelota y me llamaban para un casting, a veces decía que “no” y listo: no iba y no había problema.

Creo que hasta hoy, en Chile, a los niños siempre les han pagado muy mal en televisión. Aunque sean protagonistas, son el “cacho”: van con los papás, se aburren, lloran, se quieren ir y no siguen instrucciones. Mi mamá siempre me acompañaba, presente para cuidarme; pero jamás intervenía en decisiones de dirección ni pedía parar porque yo tuviera hambre. Siempre acompañándome, pero sin meterse. A los niños les pagaban muy poco y a los adultos harto. Lo poco que ganaba lo fui guardando hasta que tuviera un buen pozo.

Mi sueño era viajar a Disneylandia, pero había escuchado a los adultos decir que uno recién se acuerda bien de los viajes a partir de los once o doce años. Decidí juntar plata hasta esa edad. Entre los cuatro y los once ahorré (también me compraba ropa, juguetes, Nintendo y Game Boy. A los doce hice mi primer gran gasto: viajé a Estados Unidos, fui a Disney y a Universal Studios, e invité a mi mamá. Mi hermana vivía en Miami, así que nos quedamos en su casa un mes, y también la invité a Disney. Fue muy bacán invitar a mi mamá, que me había acompañado toda mi vida laboral. Después, entre los doce y catorce, hice lo mismo: a Nueva York.

" Nunca me obligaron a hacer nada", cuenta Matías sobre su primera etapa de fama. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

De todas las personas con las que trabajé se generó un vínculo con Pablo Macaya, o la ministra (de Cultura, Carolina Arrendondo) también. La otra vez estábamos en una presentación de la Teletón y estaba la ministra. Es heavy porque yo tenía doce o trece años cuando la conocí, y debe tener un año menos que yo. A la Carola la veía de lejos y encuentro que está igual. Me dio mucho gusto, y también risa, porque estaba ella rodeada de sus escoltas y guardias. Terminó la ceremonia, “chao, muchas gracias”, y fui corriendo. Justo cuando está haciendo “buenas noches”, fui a la primera fila y dije: “¡Ministra!”. Me vio, me abrazó y los escoltas se viniveron con todo, y les dijo: “No se preocupen”. Nos sacamos fotos y conversamos: “¿Cómo has estado?”, “yo te he visto y te sigo” y “mucho éxito”. Tenemos lindos recuerdos, momentos que nunca se van a olvidar.

Un actor que hasta hoy, no es solo amigo mío, sino amigo de toda mi familia, y que a veces llego a mi casa y está conversando con mi mamá: Carlos Embry. Fue súper especial porque todos los niños que trabajamos en esa teleserie, con Herval Abreu en A Todo Dar, hicimos talleres. Carlos nos hizo esos talleres, después trabajamos juntos en la teleserie y desde ahí nos hicimos prácticamente familia. Es amigo de mi hermana, de mi hermano, mío, de todos. Ahora vive en México, pero vino hace poco y nos vimos. Sigue siendo como mi profe de taller de teatro. Cualquier cosa más artística, siempre la consulto con él.

Estaba Antonella Orsini —que hoy tiene libros, es profe de yoga y estuvo en Soltera Otra Vez (Canal 13)— en A todo dar. En esa teleserie mi mamá era Carolina Arregui, que fue su vuelta a las teleseries. Con Carolina nos vemos hasta hoy y me dice “hijo mío” y yo “madre”. Lo mismo con Pato Torres, que fue mi papá en los “Teatros” de Chilevisión: hasta hoy le digo “papi”. Con Mayte (Rodríguez), su hija, trabajamos juntos en Música Libre. Después de las teleseries nos seguimos viendo. A veces salía con la Carola, me llevaba e íbamos a Maitencillo.

Con Isa Fernández no seguimos siendo amigos, porque nos veíamos todos los días en Invasión (CHV) y después cada uno hizo su vida. Pero, de alguna manera, seguimos en contacto: nos seguimos en Instagram y me la encontré hace un par de meses, en la calle ponte tú: “Buena, Isa, ¿cómo estás?, ¿cómo va?”. Así nomás. Como pasa con los compañeros de colegio: no te juntas con todos ni los ves a todos. Incluso de la universidad, que es más cercana, me junto como con tres personas de una generación.

"Hoy no me considero una persona arrogante", declara Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Estudié cine. Nunca estudié actuación como tal, porque a medida que fui creciendo y cuando me tocó estudiar, mi mamá quería que yo estudiara periodismo. Pero yo me pagué la carrera y dije: “Mamá, voy a estudiar lo que quiero”. Preferí audiovisual porque encontraba que me servía para todo. Me gustaba la idea de dirigir actores, grabar, editar y ser un “artista integral”: no solamente estar delante de cámara, también entender el funcionamiento de la televisión y el cine. Además, como desde chico ya estaba actuando y conocía a actores y actrices como Carolina Arregui, que se hicieron por oficio, por ensayo y error, pensé: “Si ya estoy haciendo esto y tengo una ficha para jugármela en la universidad, prefiero saber la parte que no sé”.

Cuando tenía 19 años falleció mi papá. Ahí asumí, de alguna manera, un rol más cercano al “hombre de la casa”, porque mi hermano se había casado hace poco, recién había tenido un hijo, y me quedé viviendo donde mi mamá; y también estaba viviendo mi hermana con mis sobrinos gemelos de dos años. No es que yo me haya convertido literalmente en el “hombre de la casa”, pero como vivía con mi mamá, mi hermana y mis sobrinos, asumí un rol muy parecido al de un papá para mis sobrinos y sosteniendo la casa. Además, el cáncer es una enfermedad muy cara a la larga, y cuando falleció, con mi hermano quedamos con toda esa deuda. Menos mal yo estaba trabajando en Chilevisión y también en la radio, así que podía hacerme cargo.

Muy al estilo de Pablo Canaliza, mi papá se me apareció al tercer día después de que murió, como en un sueño, pero se me apareció: sentí como si me hubiese “desdoblado”. Él me hablaba, me mandaba mensajes y me decía cosas de mi mamá que después se confirmaron, y me decía algo así como: “Mati, estoy bien, no te preocupes, pero vas a tener que hacerte cargo de la casa”. Asumí esa apuesta. Para mí fue real. Después me fue a dejar a mis pieza y desde ahí para adelante dije: “Me voy a hacer cargo”. Pasaron muchos meses hasta que por fin pudimos salir de toda esa deuda de clínica y todo lo que conlleva.

"Cuando tenía 19 años falleció mi papá", relata Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Estaba en Invasión, en Radio Carolina y también en la UNIACC. Creo que hay dos cosas que fueron súper clave para llevarlo. No es que uno se olvide de la pena ni que la supere, porque es para siempre, un dolor con el que uno aprende a vivir; pero cuando mi papá falleció, yo estaba con él y toda mi familia. Los doctores nos avisaron que ese sería el momento. Yo estaba en la universidad, llamé desde un teléfono público a mi hermano y me dijo: “Vente ahora”. No sé cómo lo hice, pero en muy poco tiempo llegué desde Salvador con los Jesuitas hasta Santa Isabel con Parque Bustamante. Tomé un taxi y me fui al Hospital de la U. de Chile. Estaba mi papá, ya lo habían desconectado, solo tenía los calmantes y remedios paliativos. Respiraba. Le tomé la mano, junto con mi mamá, mi hermana y hermano. De repente, suspiró, quedó como sonriendo y fue su último suspiro. Lo vi. Quizás si no hubiese llegado habría sido distinto, pero vi el proceso entre que estaba y después no estaba, pero seguía estando. Me hizo entender la muerte mucho más rápido. Fue como la religión misma: al tercer día resucitó, me fue a ver, me dijo un par de cosas y se fue.

Después, cono estaba haciendo Invasión en vivo, me llamaron de Chilevisión y me dijeron: “Matías, tómate la semana o los días que quieras”. Les dije que no podía estar en la casa, que quería ir a trabajar; prefería estar haciendo algo a quedarme solo. La pena la tenía igual, en la casa o trabajando, pero prefería estar haciendo lo que me apasiona, en nombre de mi papá. Prefería llorar acompañado, haciendo lo que me gusta. Uno se da sus tiempos para llorar, pero esas experiencias fueron muy canónicas me hicieron entender la muerte, que la tuve cerca muchas veces, no por mí, por familiares, vecinos, amigos, compañeros de colegio que han muerto.

Me considero una persona alegre, pero igual me achaco, tengo mis momentos más bajoneados. Con el tiempo me di cuenta que tiene mucho que ver con los genes. Mi papá era uno de once hermanos y hermanas, y si uno suma desde mis abuelos hasta mis sobrinos, somos alrededor de 250. Cuando murió mi papá, y después fallecieron algunos tíos, nos comenzamos a juntar mucho más los primos, que como 40, sin contar sobrinos ni nada. Y lo que me llamó mucho la atención fue vernos a todos juntos, que tenemos oficios y profesiones completamente distintas; pero cuando estábamos juntos era como verme reflejado en todos. Muy loco: estábamos sentados en una mesa y uno de mis primos se paraba a animar, otro se ponía a cantar, otro era bueno para los chistes y terminábamos en karaoke, todos histriónicos, y yo pensaba: “Son como yo”. Quizás es que ellos no tuvieron la posibilidad, o quizás entre todos hicieron que yo pudiera llegar a donde estoy hoy. Fue como reconocerme parte de una tribu: “Somos los Vega, y somos así”.

He actuado en algunas cosas chicas, pero la última grande fue una película con Miguel Littín (2010), gracias a estudiar cine. Fue muy loco, porque mi profesor de dirección de cine era Miguel Littín cuando teníamos ramos de título. El curso se dividía en dos: unos éramos equipo de producción y los otros actuaban, porque finalmente se trataba de dirigir. A mis compañeros les tocó dirigir y me dijeron: “Mati, ¿podís actuar?”. Dije que “sí, ningún problema”. Actué en cámara, terminó la clase y Miguel me dijo: “Mati, tengo un personaje para ti en una película”. Me dijo que “en serio” y me pidió el número. Fue en abril, y pasó abril, mayo, junio y yo ya me había olvidado; pensé que era mentira. Y de repente, en julio, me llamó y me citó en su casa. Tenía un personaje (“Osvaldo”) para la película basada en un libro de Sergio Bitar, Isla 11, sobre ayudantes de (Salvador) Allende que fueron llevados a un campo de concentración. Trabajé con Benjamín Vicuña, Cristián de la Fuente y otros actores, encerrados en una isla un mes: una experiencia heavy, porque era una isla militar, no podían entrar civiles, así que hubo que pedir permisos, elevar solicitudes, y vivimos ahí con los marinos durante ese tiempo.

"Me considero una persona alegre, pero igual me achaco", analiza Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Cuando ocurrió la detención, yo estaba pololeando todavía. No estaba soltero. Y respecto a todo lo que pasó alrededor, como el período de Mundos Opuestos (Canal 13, 2012) y la exposición mediática, mucha gente piensa que eso pudo haber sido un impulso en términos de farándula, pero para mí fue todo lo contrario: puro costo. Nunca he sido una persona que se meta en cosas de farándula. Mi carrera profesional siempre se ha construido desde el esfuerzo, el sudor, las lágrimas y el trabajo. Entonces, aparecer en pantalla por cosas anexas a mí, nunca me gustó. Tampoco hablé de eso en su momento, y hasta hoy, si me preguntan, respondo de manera muy escueta, porque no es algo que me interese hoy. Ese período sacó lo peor de mí. No es algo que me guste recordar ni revivir. Con las herramientas que tenía en ese momento traté de actuar lo más tranquilo posible, pero hasta hoy prefiero no hablar del tema porque, de verdad, no me interesa.

La arrogante vino cuando estuve en Radio Carolina. Ese período, ese arco, terminó muy mal, terminé preso, jaja, así que mi gran consejo es: que no se te suban nunca los humos. Mis papás siempre me inculcaron buenas cosas, pero en ese momento todo se dio mal, me había ido por primera a vivir solo y estaba en una relación tóxica (con una persona de público conocimiento). El clima se dio para que todo terminara como terminó.

Cuando tuve los humos un poco más arriba coincide con todo este episodio en el que terminé detenido. Me marcó profundamente, pero no tanto como para “bajarme los humos”, sino porque me hizo darme cuenta de que estaba viviendo una vida sin sentido: estaba alejado de mi familia, de mi mamá y de mí mismo. Sentía que lo tenía todo: en la radio era número 1 desde hacía varios años, me sentía bien físicamente, era súper popular y hacía muchos eventos. Era “tenerlo todo”, pero no saber qué quería hacer con mi vida. Ahí me perdí.

"Cuando tuve los humos un poco más arriba coincide con todo este episodio en el que terminé detenido", recuerda Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Me empecé a desconectar de las personas y de todo. El mundo era sólo el trabajo. Vivía en una dinámica frenética: entraba a la radio de 6 a 9 de la mañana en vivo, después salía a eventos, grababa locuciones, hacía canciones, comerciales de radio y doblaje de películas. Estaba todo el día trabajando y sentía que estaba siendo exitoso, que lo tenía todo y era lo máximo. Quizás no lo pensaba así en ese momento, pero mirándolo hacia atrás me doy cuenta de que algo había cambiado. Siempre fui una persona a la que le inculcaron valores muy claros: llegar a un lugar, saludar a todos, despedirme, decir “por favor” y “gracias”. Y en algún punto dejé de hacerlo. Cuando ocurrió todo y me preguntaba “¿por qué estoy acá, si yo no soy lo que me acusan?”, casi el líder de una banda. Y me pregunté: “Papi, Dios, ¿Qué he hecho para merecer esto?”. Y lo primero que me llegó, fue una palabra: “Has sido arrogante”. Y ahí volví. Pasó el tiempo, salí, mis papeles quedaron limpios, no encontraron nada que me vinculara a eso. Fue un remezon de la vida.

Ese fiscal (Patricio Rosas) sigue haciendo casos que son para la prensa. El tiempo ha hablado respecto de lo que significaron esas detenciones para la sociedad chilena: no solo la mía, también la de otros, como el hermano de Sergio (Lagos, llamado Manuel), (Ariel) Mateluna, (Camilo) Huerta, y varios más que en ese momento “bailaron con la fea”. De alguna manera nos crucificaron, pero supimos ser resilientes y salir adelante. Que eso no determinara quiénes éramos como personas, porque tampoco éramos lo que nos estaban culpando.

Han pasado casi trece años desde ese momento en que lo perdí todo. Y hoy siento que la vida me vuelve a poner en un punto parecido al de hace trece años atrás. No estoy en la radio ahora, porque los realities de Canal 13 empezaron a ser tan exitosos que di un paso al costado de la radio, pero siento que hoy estoy nuevamente en una posición similar. La diferencia es que hoy me cuido mucho más.

"Han pasado casi trece años desde ese momento en que lo perdí todo", recuerda Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Tuvo consecuencias laborales. Durante esos años trabajé de todo: asistente de cámara, técnico, productor, cocinero, bartender, administrador de bar. Hice de todo. Nunca dejé de hacer fiestas; tenía al DJ Emilio que me apañó, y pasó algo raro: los jóvenes me apoyaron mucho y se armó un boom de fiestas universitarias. Lo aprovechamos y recorrimos Chile y él fue quien me apañó en la radio. Con el tiempo, la gente empezó a ver que yo era profesional y comenzaron a llamarme para más eventos. También empecé a ir como invitado a paneles en varios programas como Zona Latina y La Red.

Hoy no me considero una persona arrogante. Tengo los valores familiares súper claros. Estoy disfrutando mi momento, pero siendo muy precavido con los pasos que doy. Desde chico me enseñaron algo que tengo muy presente: “Haz el cimiento piedrita sobre piedrita ”. Porque si algún día te caes, esas piedritas no te las puede demoler nadie. Hasta hoy sigo creyendo en eso. A veces existen atajos, cosas que te pueden llevar rápido a la fama, y es muy tentador, por el dinero o lo que uno puede decir en la cámara; pero muchas veces eso es pan para hoy y hambre mañana. Prefiero ir paso a paso, tranquilo.

Una de las personas que me apoyó fue Andrés Caniulef. Se dio la oportunidad de agradecerle en Palabra de Honor, en una cena que solo ocurrió porque se dieron muchas cosas: que él llegara a la final, que yo estuviera ahí y se armara ese espacio. Cuando ya estábamos cerrando la comida, me dieron la palabra para despedir el momento, y me salí del libreto para agradecerle. Cuando uno está abajo, es muy fácil que la gente te patee en el suelo. Cuando pasó esto hubo pocas personas que creyeron a ciegas en mí y me apañaron. Y Andrés fue una de ellas. Ni siquiera lo conocía personalmente. Sólo lo había visto en la televisión, nunca habíamos conversado; pero aun así él me defendió frente a otras personas, habló bien de mí y me apoyó. Y diez o doce años después, tener la posibilidad de encontrarte con alguien así y agradecerle en persona. Nunca pensé que saldría al aire. Terminó siendo parte del capítulo. Me dio gusto.

Creo profundamente que a las personas hay que agradecerles en vida. En Chile estamos muy acostumbrados a hacer ceremonias y honores cuando ya están todos muertos. A poner nombres de estudios, y acordarnos cuando ya no están las personas. Acá no pasa, en Canal 13 tenemos un estudio de “Mario Kreutzberger”... y ojalá algún día de “Matías Vega”. Agradecer cuando se puede. Darle un abrazo a mi mamá y decirle que la amo. Agradecer a los compañeros, gracias a “Gallina” (Rodrigo Avilés), porque está ahí con los incendios (en las regiones del Maule y Biobío). Hay que hacer las cosas, porque mañana no sabemos. Lo tengo muy presente.

"Hoy no me considero una persona arrogante", declara Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

En Trepadores (reality que se canceló), estuve con el Cangri y con Joche (Bibbó). Éramos como tres amigos. Tengo muy lindos recuerdos del Cangri. Después del reality seguimos juntándonos un tiempo. Cuando tuvo problemas en la espalda, lo fui a ver a la clínica. Ahora me he encontrado con el Dash. Además, teníamos historia porque una ex pareja mía, la “Gringa Rachel”, había sido compañera de ellos en Dash y Cangri o Perla (Ilich). Chile es muy chico, al final uno se encuentra en eventos, fiestas, y aunque no se conozcan tanto, se saludan.

Lo demás fue Teatro en Chilevisión y cosas más chicas, como Infieles, “Directo al corazón” y esas historias que hacían en Bienvenidos (Canal 13). Siempre me ha encantado actuar. Partí en los comerciales y casi toda mi niñez hice eso. Pero después se fueron dando otras cosas, como la radio, a los 15, y también estaba haciendo Música Libre. Para estar en una teleserie tienes que estar todo el día, o meses completos concentrado en eso. Es muy poco probable. Además, muchas veces son medio mezquinos: si estás haciendo otra cosa, pareciera que no eres actor. Muchas veces me dijeron que tenía que definirme por algo. Y yo pensaba: “¿Por qué si quiero hacerlo todo?”.

Hasta que se abrió una puerta en Bienvenidos en el 2017. Un productor que me conocía de Chilevisión vio mis fiestas “La fábrica del sonido”con DJ Emilio y me invitó a hacer un show corto en el matinal, como de doce minutos. Bailamos con Tonka (Tomicic) y Martín (Cárcamo), duró más de lo previsto, y funcionó. Ese mismo día me llamó Jacqueline Cepeda y me dijo: “No sabemos aún qué hacer contigo, pero queremos trabajar contigo”. Ahí Martín, Tonka, Polo (Ramírez) y la “Jacqui” me dieron la mano. Con Nacho Pop empezamos a hacer móviles, “Los desayunadores”, visitas a casas de famosos. Luego vino el Festival (de Viña), con la Betsy Camino, y fuimos reyes. Vino la salida de Jaime Davagnino, fui su reemplazo y estuve varios años en la voz en off, hasta que llegó el estallido social y la pandemia. Ahí se acabó Bienvenidos para mí.

¿Tuvimos algo con Betsy Camino? Fuimos reyes de Viña. En todo ese camino tuvimos varias experiencias porque viajamos harto. Fue una bonita amistad. Conocí a su familia en Cuba, a su mamá y todo, pero todo con cámaras: todo está registrado.

"Hasta que se abrió una puerta en Bienvenidos en el 2017", narra Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Durante la pandemia participé en The Covers, hice a “Fito Páez” y gracias a eso hoy tengo una banda tributo. Después vino el programa de baile en el 13 (Aquí se baila). Llegué a Radio Activa, y más tarde el fue regreso de los realities en Canal 13. Después de eso estuve compartiendo harto con la Karlita. Más adelante hicimos acá mismo, en Canal 13, el programa de baile. Ahí también estaba Sergio, y yo siempre cumplía un rol medio transversal: cuando no bailaba, estaba en la barra, tirando datos, avivando a los demás bailarines.

Partió Tierra Brava, y durante la primera semana estaban Sergio y la Karlita. Se dieron cuenta de la cantidad de actividades que había que hacer; y ellos, como tienen familia, se turnaban. Cuando estábamos en Perú, una semana estaba Sergio, la otra Carla, y así se iban organizando. Yo, en cambio, estaba fijo. Entre la productora (Cooking Media) y el canal, empezaron a ver a quiénes podían sumar, todos tiraban a sus “pokemones” y uno de esos nombres fui yo. Me llamó Claudio Contreras (productor) junto con Sergio. Yo estaba en la radio en ese momento, dejé una canción, bajé a la escalera, contesté y Claudio y Sergio me dijeron: “Oye, no es seguro todavía, pero te estamos proponiendo para algo… ¿Tú harías las actividades del reality?... Lo único que necesitamos saber es si estarías dispuesto a venirte a Perú”. Les dije que obvio. Me dijeron: “Pasado mañana”. Era jueves y el viaje era el sábado. Dije que “sí” sin pensarlo. Hablé con la radio y no me pusieron problemas, incluso me dijeron: “En Perú te acompañamos”. Así que me fui con Radio Activa para allá. Iba por dos semanas de prueba. Después se extendió a un mes. Terminó el primer proyecto, funcionó bien. Partimos con el segundo. Después con otro más. Y así, sin darme cuenta, ya llevo cuatro realities.

Venía saliendo de una relación con Sandra Ortiz. Estuvimos juntos tres años y vivíamos juntos. Terminamos más o menos a fines de julio (2023). Como viviamos juntos, fue devolver el departamento y mover cosas. Me fui a la casa de mi mamá con maletas, camas y petacas.

Mirando hacia atrás, siento que la vida se ordena de una manera bien impresionante, porque a las dos o tres semanas de haber terminado la relación y de estar ya instalado de vuelta en la casa de mi mamá, recibí el llamado de Claudio. No tenía nada que me amarrara. Ya no tenía casa propia, estaba recién saliendo de una relación larga, estaba sólo con mi familia, que fueron súper claros conmigo: “Si te hace feliz, anda. Es tu oportunidad”. Me fui a Perú sin mirar atrás, septiembre, octubre, noviembre, diciembre…

"Siento que la vida se ordena de una manera bien impresionante", analiza Matías, Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Cuando estuve en mi primer reality, Tierra Brava, era todo prueba, como: “Te pondremos a prueba dos semanas”. Si faltaba Sergio o Karla, la competencia se corría de día, y hoy me hacen sentir que existe una confianza conmigo. Me tiene en llamas. Me toca lidiar de manera mucho más directa con las peleas, con las discusiones y los momentos conflictivos del reality: el trabajo sucio. Creo que es donde uno más aprende.

Nadie te enseña a hacer un reality. No es un programa de televisión tradicional donde te dicen dónde pararte, qué cámara mirar o cuándo hablar. Es improvisación constante. Tienes que entender de qué se trata el juego y las misiones, y lograr que las personas cuenten cosas que hicieron, aunque ya lo sepas porque lo viste; no puedes entrar rompiéndoles la burbuja. Las primeras semanas todos miran las cámaras, pero después se relajan y se olvidan. Si entras y se los recuerdas, no hacen nada. He ido aprendiendo.

Me acuerdo de una pelea en Tierra Brava, durante un partido de fútbol, con la Pame (Díaz) y la Chama (Méndez). Fue una pelea fuerte, se mostró en todos lados. Yo estaba ahí y pensaba: “¿Qué hago?”. Me acordaba de ver en otros realities a Claudio Contreras entrando a separar gente. Yo pensaba que mientras no se tiraran encima no me iba a meter, porque tampoco podía cortar la pelea. Hay que tener un criterio muy fino: se pueden decir de todo, pero no se pueden tocar. Cuando vi un movimiento de ímpetu, de agresión, me metí. Fue mi primera en que pensé: “Oh, sobreviví, lo pasé”. Desde ahí en adelante, incluso en mi vida personal, soy más punzante para preguntar. Antes me daba vergüenza hacer preguntas directas, ahora pregunto nomás: “Oye, ¿te gusta él? (...) Ayer me decías que te gustaba esta otra persona”. Ya no tengo problema. He ido corriendo, quizás, el cerco de ser tímido.

"Nadie te enseña a hacer un reality", analiza Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Con la Panchita Sky nos habíamos conocido mucho antes, por eventos, de “hola” y “chao”; compartimos en la Teletón y teníamos algunas marcas en común. Cuando nos veíamos, tanto ella como yo estábamos en pareja; nunca existió ni la idea, ni el pensamiento, ni nada de que en algún momento íbamos a estar juntos. Todo cambió cuando volví de Tierra Brava un 18 de enero (2024). Me invitan a uno de estos eventos de influencers y marcas. Llegué atrasado, ya estaban terminando los discursos, estaban la Pamela y el Nacho (Gutiérrez), y la Pamela dijo: “Ven, Mati, para acá”. Me acerqué y estaban Dani Cachilupi y la Pancha, y le dije: “Panchita, ¿cómo estás? Tanto tiempo”. Todo muy normal. También estaba Jordi (Castell). Nos dijeron que nos sacáramos una foto grupal, había una luz gigante con el nombre de la marca, me puse al lado de la Pamela y la Pancha se quedó parada, entonces la invité a que se acerque para la foto. Nos sacamos la foto. Conversamos un poco más y nos quedamos toda la noche conversando. Hubo un click.

Me fui de nuevo a Perú (para Ganar o Servir), y al principio me fui solo. Fue también una forma de probar la relación (con Pancha), porque la distancia es súper difícil. Para que funcione, ambos tienen que querer estar, querer intentar y agotar todas las posibilidades. Después volví, estuvimos juntos de nuevo. Luego vino otro reality y me fui otra vez. Y ella me dijo: “Este es el último que te aguanto”. Volví, nos fuimos de viaje, estábamos felices, enamorados y todo bien, y de nuevo me llamaron del canal: “Nos fue bien. Ahora sí que sí, vamos a hacer Mundos Opuestos”. Ya sabía que ella me había dicho que me aguantaba dos, y este era el tercero, entonces le dije: “Vámonos juntos a Perú”. Y me apañó. La idea original era que el reality durara tres meses, pero se extendió. Ella no podía estar cinco meses allá por su trabajo; estuvo tres meses conmigo en Perú, después se volvió y terminé el proyecto. Ahora los reality se hacen en Chile, así que ya no estoy amenazado por la convivencia.

Me gustaría casarme alguna vez. Está dentro de mis proyecciones.

¿Hijos? No lo sé. De momento no están en mis planes. Y no porque no me gusten los niños ni nada, sino porque por la carrera que tengo hoy, por el momento profesional que estoy viviendo, lo veo difícil. Lo veo mucho en mis compañeros y colegas: es muy complejo ser padre de familia y al mismo tiempo ser famoso. Sobre todo cuando estás en Perú. Es muy difícil dividirse. Lo veo también desde la experiencia con mis sobrinos: me voy un mes de la casa y cuando vuelvo ya están más grandes. Entonces entiendo mucho la angustia de los papás que están afuera y que quieren estar. Por eso, hoy, por las oportunidades que tengo y por el foco que tengo puesto en mi carrera, no sé si los hijos entrarían en el plan.

"Está dentro de mis proyecciones", dice Matías sobre el matrimonio. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

A la Pancha (Sky) le encanta el pelo largo. Yo siempre le decía: “Amor, me dejo el pelo largo por ti”. Me lo corté porque lo tuve mucho tiempo largo. Todo partió cuando a mi mamá le detectaron cáncer. Cuando le dieron el diagnóstico, mi mamá llegó un día y se peló. Se dejó unos mechones acá, y yo le dije: “Ya, mami, yo te ayudo a cortarte el pelo”. Yo también tenía el pelo largo, así que llegué, me pelé con ella. Lloramos, nos abrazamos. Y ahí dije: “No me voy a cortar el pelo hasta que mi mami salga de esto”. Ese mismo año no me lo corté desde marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto… y me fui al reality. Mi mamá seguía con cáncer en ese tiempo. Ya no lo tiene, pero estaba en Palabra de Honor y venía Mundos Opuestos, y yo seguía con el pelo largo. Empecé a sacar cuentas: “Tengo 40 años, todos mis amigos de mi edad se están inyectando pelo”. Y yo, que tengo el pelo largo, ¿me lo voy a cortar así nomás? Pensé mejor dejarlo largo hasta que llegara un proyecto nuevo, para que el cambio se notara de verdad, no cortarlo a la mitad de uno y otro.

Escuchar la palabra “cáncer” una y otra vez en tu familia es a veces desalentador, muy triste, porque es inevitable no pensar en lo peor. Como ya lo viví de cerca con mi padre, cuando supe que mi madre tenía cáncer, ¡oh!, fue súper duro. Fue triste, pero yo sabía que se podía salir si se lo detectaban en el momento preciso: y así fue. Como familia todos la acompañamos, y yo creo que es un proceso que todavía dura; pero más menos desde que tuvo el cáncer hasta que ya le dijeron que no lo tenía, pasaron dos años, y medio y ya llevamos unos tres años donde mi madre todavía tiene que seguir en terapias. La quimio, la radioterapia y todas esas cosas son formas de sanar, pero a la vez también debilitan mucho el cuerpo. Solamente de imaginarme que podía pasar lo que pasó con mi papá fue súper triste, pero de alguna manera la unión familiar hace que todos nos abracemos y queramos salir adelante.

Mi mamá ya está bien. Igual tiene que seguir en controles por cinco años, pero ya no tiene cáncer. Fue un cáncer a la mama. Después tienes que seguir tomando pastillas de la quimio. Pero hoy ya no tiene cáncer

Cuando mi mamá supo que tenía cáncer, llegó y —antes de la primera quimio— se rapó, me pelé también con ella y después dije: “Me dejaré el pelo largo hasta que mi mamá se mejore”.... Pasaron dos años entre medio reality, me creció el pelo y lo tuve así de largo, y mi mamá ya se sanó. Estuve en Mundos opuestos y decidí hacer un cambio. Con mi mamá al estar sanita, me lo seguí dejando largo, porque justo también muchos amigos míos de mi edad que se estaban injertando pelo y dije: “Ya tengo la chasca así de larga, quizás de aquí a cuántos más no tenga el pelo así”. De ahí tomé también la decisión ahora de cortármelo como por esta nueva vida, estampa o percepción para la gente de que ya no soy el niño Matías Vega: soy un adulto.

"Mi mamá ya está bien", dice Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Ya quería hacer algo distinto. Cuando empecé a dejármelo crecer el pelo, hablé con un visagista, Juan Pablo y le dije: “Cuando me quiera cortar el pelo, ¿me lo cortas tú?”, porque te analiza la cara y hace el corte idóneo. Y ahora, cuando me dijeron que viene un reality nuevo, que el 31 viene el casting, dije: “Ya, este es el momento”. Llamé a Juan Pablo después de dos años y me dijo: “Tengo esta hora nomás”. Y fui al tiro. Me corté el pelo y fue como nueva vida. Un cambio para mostrar quizás una madurez. Cuatro realities con el pelo largo: ahora el quinto, más maduro, con más confianza, para mostrarse de otra manera. Marca una etapa nueva. Con el pelo largo siento que me veía más desordenado, más juguetón, quizás más cabro chico. Y para mucha gente todavía soy el del Club de los Tigritos o Invasión. Quería que se notara un cambio. No va a cambiar mi personalidad, pero quizás ahora me veo más ordenado.

No me he hecho ninguna intervención estética. Es solo genética, de mi padre, de mi madre y de toda mi familia por el lado de los Vega y por el lado de los Rojas, tenemos una “piel privilegiada”. Nos vemos más jóvenes de la edad que tenemos. Tengo cuarenta años y cuando estaba en el colegio veía a alguien de esta edad y se veía casi “terminando ya sus días”. Pero no sólo es la genética, es cosa de la sociedad del hoy. Hay mucha variedad de vestir; cuando yo estaba chico en los 90, veía a la gente de 30 y ya estaban todos vestidos de oficinistas, más avejentados. Hoy hay más diversidad de ropa y estilos y eso hace que todos nos veamos más jóvenes. El secreto es la alegría de vivir, tener ganas de vivir, proyectos y trabajar; creo que me mantiene también joven, porque hay que tener harta energía; me hago tener esa energía, pasión y ganas de hacer lo que me gusta. Me mantiene joven.

Muchas veces me pasa que cuando empiezo a trabajar con personas nuevas que son mis jefes, de alguna manera les tengo que “demostrar” una y otra vez de qué estoy hecho, de qué soy capaz o cuál es mi expertise. Y básicamente me ven y piensan que a veces soy un “adolescente alocado”, pero después de trabajar, o de que me ven acción, empiezan a confiar en mí. Me ha pasado, por ejemplo, los realities cuando entré: como iba la primera vez por un par de semanas a prueba, tuve que demostrar. Hasta que finalmente me gané un puesto. Me pasó un poco también en Mundos opuestos porque cambiaron los jefes, que además eran de Argentina. No me tenían en la retina, no me habían visto nunca trabajar. Entonces, cuando hice mis primeras actividades, fue como de nuevo estar “a prueba” para otros jefes, y que me veo quizás más joven, pero la experiencia la llevo. Partí muy chico; a veces, quizás, personas de mi edad hoy en la televisión somos las menos.

"No me he hecho ninguna intervención estética", asegura Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Hoy mis metas y todos los peldaños de mi escalera están pensados en tener mi propio programa. Me gustaría tener uno de concursos, algo como lo que hace Martín Cárcamo. De hecho, siempre le digo en broma: “Martín, cuando te vayas de vacaciones, déjame ¡Qué dice Chile!”. Él se ríe nomás; no quiere salir de vacaciones, no quiere soltar su programa. De alguna manera en Canal 13 he hecho mi carrera. Lo más bonito es que conozco a toda la gente del canal y así como yo los he visto crecer a ellos, ellos también me han visto crecer a mí. Hoy, por ejemplo, Martín trabaja con un montón de gente con la que hemos trabajado todos juntos. Hay distintas personas, pero de repente falta una, se van mezclando, y muchos trabajamos en Bienvenidos. Ha sido bonito que en este crecimiento dentro del canal, y que mis pares me lo reconozcan y lo hayan vivido conmigo.

El otro día Nacho (Gutiérrez) estaba de vacaciones y me tocó hacer el reemplazo en el Hay que decirlo para animar. Desde que entré al estudio, camarógrafos, productoras, todos: “¡Eh, Mati!”. Se sintió como como una celebración de una copa mundial, porque estaban súper felices de que me hubieran dado esa oportunidad, y que se dan así: justo Nacho estaba de vacaciones, y Karlita haciendo un reemplazo y grabando el comercial del nuevo reality. Lo mismo pasó cuando me tocó animar la competencia de los equipos en Mundos opuestos.

Me siento cómodo en Hay que decirlo. Al principio tenía mis dudas, porque pensaba que iba a ser farándula y no me atraía tanto, no tenía mucho que pelar a las personas. Pero estando dentro, me di cuenta de que en realidad es como una reunión de amigos. Es mucho más magazine, y los temas se tratan desde una conversación relajada, como de bar. No nos tomamos nada tan en serio. Más que pelar, nos molestamos entre nosotros. Nacho, con toda la experiencia que tiene en farándula dura, hoy lo vive mucho más relajado, casi como una terapia. Y la Pamela, que está desregulada —y que estamos todos más o menos desregulados en ese panel—, hace que todo sea aún más liviano. Pero eso mismo genera confianza, apoyo y cercanía. Nos contamos cosas, nos acompañamos y todos estamos creciendo. Siento que es un espacio donde todos aprendemos de todos.

"Hoy mis metas y todos los peldaños de mi escalera están pensados en tener mi propio programa", asegura Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Cuando he tenido la oportunidad, siempre he tratado de agradecer a los que han sido generosas conmigo; por ejemplo, con Sergio y con Karla, que para mí han sido padres, hermanos, tutores y senseis en los realities, me han enseñado todo lo que sé de ese formato. En la radio, Marisela Santibáñez me enseñó todo lo que sé de radio. Estuve tres años con Tonka, Martín, Polo Ramírez y Michelle Adam, y cada uno para mí era una enciclopedia. Hoy, que estoy en un programa más de magazine y farándula, Pamela Díaz y Nacho me han enseñado un montón. Siempre que puedo, agradezco esa generosidad, porque nadie tiene la obligación de enseñarte o aconsejarte, y aun así lo hacen.

Hoy siento que el canal me está valorando. Cada vez que aparecen oportunidades, están confiando en mí para entregármelas. Y eso me tiene completamente enfocado en trabajar y en hacer todo, pero todo lo que me lleve a mi meta. Dentro de esa meta está llegar al Festival de Viña, pero mi proyección va más allá de eso; no es el techo, es parte del camino.

Con las redes sociales, las reacciones y comentarios, hoy todos pueden decir algo y todos tienen algo que decir, y no necesariamente cosas buenas. Con los años uno aprende que todos te van a encontrar algo malo y siempre te van a criticar por algo. Cuando te das cuenta de eso, lo llevas con más liviandad; pero no voy a decir que no afecta. A veces leo comentarios más hirientes y después voy caminando o manejando y me acuerdo del mensaje. Depende mucho del estado en que uno esté, cuánto te afecta.

Hoy cualquiera puede decir cualquier cosa en internet. No existen leyes donde te hagas cargo de lo que dices, ni siquiera tienes que poner tu nombre, puedes ser anónimo; incluso puede ser una persona con diez cuentas distintas. Me fijé en compañeros del reality. Por ejemplo, Daúd (Gazale). Si ves los comentarios en redes sociales hacia él, te imaginas lo que le dicen… Pero en la calle todos se sacan fotos con Daúd. Nadie le dice en la cara: “Oye, trataste mal a tal persona”. Todos le dicen: “Oye, saquémonos una foto”. Me pasó también con la Faloon (Larraguibel) cuando la acompañé en una candidatura de Viña: en redes la criticaban, pero en persona todos querían fotos. Ahí me liberé un poco. Uno se da cuenta de que ellos leen (Daúd y Faloon) esas cosas, saben que no los define, no lo pescan y siguen adelante, trabajando y haciendo su vida. Entendí que ese es el camino. Porque aunque lo hagas bien, siempre alguien encontrará feo o fome.

"Aunque lo hagas bien, siempre alguien encontrará feo o fome", confiesa Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Me encantaría expadirme y trabajar fuera de Chile. No solo Perú, sino ojalá por todo el mundo. En Perú me di cuenta de que es un terreno muy fértil, porque la gente allá quiere mucho a sus artistas.

En Chile a veces pasa algo muy raro: pareciera que tienes que irte a otro país para que acá te empiecen a valorar más. En Perú, en cambio, valoran mucho a sus figuras, les dan espacio y oportunidades. Y siento que la televisión chilena está varios años adelantada en términos de formatos y producción. Acá ya no hay programas juveniles, por ejemplo, pero en Perú todavía existen. Allá figuras como Pancho Rodríguez son muy populares. Lo viví de cerca, porque Panchito me llevaba harto a eventos y la reacción de la gente era impresionante.

Pero que más quiero es empezar a grabar el nuevo reality acá en Chile. En Perú recién están empezando a experimentar con realities. Acá, en Canal 13, ¿cuántos llevamos? ¿Veinticinco? Yo por lo menos he participado en la última camada, que ya van cuatro y ahora viene el quinto. Bacán ser parte.

El reality no tiene horarios. Yo puedo tener un horario para entrar, pero no depende de mí. Depende de si, por ejemplo, (Luis) Mateucci se va a pelear con Daniela (Aránguiz, como fue en Tierra Brava); porque si hay una pelea, se generan situaciones y yo tengo que esperar a que eso termine. A veces me dicen: “Mati, de 14:00 a 16:00 estás listo”. Y yo a las 2 estoy parado en la puerta para entrar, y justo se agarra Pangal (Andrade) con Mateucci. Se pelean, después cada uno va a contar su versión, y de eso pueden pasar una hora y media o dos horas. Entonces recién a las cuatro, cuando se supone que ya iba a estar listo, estoy entrando. Es como tener un turno de emergencia permanente.

Tengo el anhelo de aparecer en la foto oficial del reality (Vecinos al límite). Lo que propuse fue que salieran Sergio y Karla como corredores de propiedades, y yo abajo, como “Mike Wazowski”, con un cartel que dijera “se arrienda” o “se vende”, tapándome la cara. Le dije que con eso yo era feliz, que mi mamá igual iba a saber que era yo. Les pareció buena la idea, pero no prosperó. Ojalá para el próximo.

"El reality no tiene horarios", explica Matías sobre el formato. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Hoy no estoy en la radio, pero sí me gustaría. Siempre hay conversaciones, porque ahora, después de dos años y medio, por primera vez voy a estar en Chile de corrido. Entonces hemos tenido algunas conversaciones, pero la verdad es que hoy estoy enfocado en el reality. Para estar en la radio hay que cumplir. En la radio uno genera hábitos. No puedes ir un día sí y dos días no; tienes que estar todos los días a la hora que te comprometiste, ojalá mínimo un año. Sino, no estás haciendo radio.

Estoy en mi prime. Encuentro que alguna vez me sentí que estaba siendo exitoso, pero en realidad no lo estaba siendo: estaba siendo arrogante. Hoy no me siento exitoso, pero sí siento que estoy trabajando para eso. Siento que el camino me está llevando hacia lo que quiero. Entonces encuentro que estoy bien, pero tranquilo y calmado.

CUESTIONARIO POP

Si no hubiera sido actor y comunicador, me hubiera gustado ser bailarín

Un apodo es “Cabeza de pichi”.

Un sueño pendiente es ser director de una película.

Una cábala es que siempre ando con santitos en mi bolsillo.

Aforismo o frase favorita “bien o bien” o “qué sucede”.

"Estoy en mi prime", declara Matías. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Otros trabajos que tuve en mi vida fueron: cocinero, bartender, asistente de cámara de slow motion, cuando chico hacía ramos para el domingo de ramos.

Mi primer sueldo lo gasté en un skate.

Algo que me arrepiento es de una relación amorosa.

Un comunicador chileno que admiro es Sergio Lagos.

Un famosillo que es mi amigo es Sergio Lagos también.

Mi personaje favorito de reality es Luis Mateucci, ¿y el menos favorito?, es Luis Mateucci también, jaja.

Mi talento o pasatiempo oculto es tocar piano.

Matías deja en manifiesto su admiración por Sergio Lagos. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Una película favorita o que me haga llorar es El club de la pelea.

Un miedo es que se muera mi madre.

Creo en el horóscopo, en Pedro Engel. Y soy Cáncer, me representa.

Si pudiera tener un superpoder sería volar.

Un placer culpable es que sigo viendo los Power Rangers

Si pudiera invitar a tres personas a un asado serían a Sergio Lagos, al tío Lalo Parra y a Charly García.

Matías Vega es una persona cariñosa, talentosa y valiente.

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