La Firme con Mauricio Flores: “La gente tiene derecho a decir con qué se quiere reír… lo que no comparto es el bloqueo”
“Hay público pa’ todo”, defiende Flores. Aunque, advierte, el arte de la comedia también exige trazar los límites oportunamente. Aquí explicará cuáles son los suyos, los motivos que lo llevaron a retirar a Tony Esbelt tras el estallido social y cómo el reencuentro con Gigi Martin le devolvió emociones que daba por perdidas.
La prueba de sonido funcionó a modo de spoiler: allí, los primeros miles que se apresuraron para asegurar un lugar cerca del escenario, los llenaron de risas pero, en especial, de amor. La escena parecía sacada de 1998, sin embargo estaba ocurriendo dos décadas después, un jueves de febrero de 2018. Con las horas, y la Plaza 21 de Mayo de Iquique ya desbordada, el amor en clave de aplausos inclusive se multiplicó. Esa magnitud de cariño era algo que Mauricio Flores había dado por perdido, y por eso, cuando dejó el escenario junto a Gigi Martin, inmediatamente se acunó en los brazos de su mujer, Ximena, para cerciorarse de que no era un sueño. La gente no los había olvidado; al contrario.
Flores aún se quiebra cuando reconstruye ese momento.
—Llegué al hotel, abracé a mi señora y… ay, conch… —sus ojos de pronto se llenan de lágrimas, pide disculpas y traga aire para continuar—: yo pensé que no lo iba a vivir nunca más.
Esa, por cierto, fue la noche en que él y Gigi Martin volvieron a habitar a Melón y Melame, los personajes que definieron el humor de la segunda mitad de los noventa. A prácticamente dieciocho años de su separación.
Por si fuera poco, la emoción acumulada sobre el escenario se trasladó luego a la conferencia de prensa, donde el alcalde de Iquique, Mauricio Soria, no sólo definió el regreso del dúo como algo “histórico“ sino que, además, resaltó su complicidad: “Parece que no se hubieran separado nunca“.
Flores había sufrido mucho la separación: dedicaba su tiempo a repasar highlights de sus rutinas. El Festival de Viña o los programas o sus entrevistas. Y lloraba. Pero entendía también que, tarde o temprano, debía dar vuelta la página. Lo intentó en Mekano y otros platós, hasta que hizo de Morandé con Compañía el cuartel general en donde arrancó, por así decirlo, su segunda vida artística. Bajo el manto del Kike, creó una docena de personajes, entre ellos Enrique Cañas o el famoso —y no menos polémico— Tony Esbelt, fue a Viña el 2003 y se repitió el plato el 2011.
Pero claro, trabajar codo a codo con Gigi, su eterno compañero de ruta, era otra cosa.
En su retorno, además, los premiaron por su trayectoria con un Copihue de Oro, protagonizaron decenas de festivales y ni hablar de las fondas. Precisamente, unas semanas atrás, su actuación en la fonda de Ñuñoa confirmó que el fenómeno, en 2026, permanece intacto: durante ese bloque triplicaron a la competencia. ¿Qué queda entonces por delante? Quizás una última vez en Viña, aunque Flores reconoce que ya no les quita el sueño. No así Olmué, acaso su gran asignatura pendiente.
Feliz, agradecido y en uno de los momentos más luminosos de su vida, el comediante conversará con el diario pop sobre el largo trayecto que lo trajo hasta este presente. El mapa de su memoria atraviesa su estreno en los escenarios —a los nueve años y con pretensiones de actor—, la vitrina que le confirió Sábado Gigante, su improvisada faceta como productor, el nacimiento de sus personajes y los años dorados —casi que sin techo— en televisión. Analizará los vaivenes que enfrenta hace ya un tiempo el oficio de hacer reír —“Somos verdaderos gladiadores“, sostiene—. Y compartirá cómo su optimismo a prueba de todo y su fe ciega en la ley de la atracción se convirtieron en el combustible necesario para sostener a su familia durante las durísimas batallas que dieron primero su esposa y luego una de sus hijas.
La Firme con Mauricio Flores
Yo soy de Boyenar, una localidad que queda al interior de Melipilla. Queda 15 km al interior como en dirección, por así decirlo, hacia María Pinto, hacia Curacaví. Aclaro, porque todos lo asocian inmediatamente con el lago Rapel, pa’l otro lado. Y no, yo estoy para acá. Boyenar..., como dato histórico y cultural, el boyén es un árbol, un arbusto. Entonces, un bosque de harto boyén es un Boyenar.
Mi abuelo era absolutamente todo para mí porque yo no tuve papá, porque era fumador... entonces, cuando yo nací, él salió a comprar cigarros y no volvió, ja, ja, ja. Pero fíjate que esa cuestión a mí, gracias a Dios, nunca me traumó. Porque cuando estabai chico no te dai cuenta de ese tipo de cosas. Y además yo crecí en una familia donde había puro cariño, estaban mis abuelos y mi mamá, que absolutamente lo dio todo, todo por mí.
Mi abuelo, sin ser una persona con muchos estudios, era culto porque leía mucho. Él no terminó sus estudios, pero desde pequeño siempre fue muy buen lector, lo que hizo que tanto a mi mamá como después a mi generación, yo y algunos primos, nos instó a leer. Y eso te abre la mente, pero en forma inmediata. Entonces, cuando yo estaba chico, le preguntaba muchas cosas a él y me daba risa porque, ahora analizándolo, cada cosa que yo le preguntaba, él me daba su opinión, su enseñanza y siempre con una cita de algo.
Lamentablemente perdí a mi abuelo cuando yo tenía diez años, pero tengo grabadas todas sus frases. Una vez me acuerdo haber llegado y él me notó al tiro que venía frustrado porque no había obtenido la nota que yo quería en el colegio, entonces me queda mirando: “¿Qué te pasó?”. No, es que me fue mal... “¿Y tienes la oportunidad de subir esa nota?”. Tenía una tranquilidad para conversar. Sí, pero es que yo había estudiado para esto... “Ya, pero te van a hacer otra prueba, ahí va a estar la oportunidad”. Como decía el gran filósofo hindú Rabindranath Tagore: “No llores porque el sol se esconde, pues las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”. Ah, chucha. “¿Entiendes? Por preocuparte de una cosa te pierdes la ganancia de otra”. Entonces empecé a aprender mucho. En alguna ocasión, cuando me veía que yo ya a los nueve años andaba con que quería ser actor y andaba actuando solo... me preguntó qué quería hacer. Entonces le dije que quería ser actor. “¿Y alguna otra cosa?”. Entonces le digo: profesor. Muy bien. “Lo que sí tienes que hacer, sin mirar hacia los lados, tu competencia está cuando entras al baño y miras el espejo. Esa es tu única competencia. Si miras hacia al lado, pierdes energía pensando en superar lo que hizo el otro. Supérate a ti mismo”. Y ahí me decía: “No llegan los que más corren, sino los que saben a dónde van”. Está comprobado científicamente que en la etapa de cero a nueve o diez años el cerebro de uno es una verdadera esponja... ahí está tu memoria, la memoria. Después de ahí para adelante empiezas a poner en práctica toda la memoria que tenís, pero en un principio uno como niño es una verdadera esponja, va absorbiendo absolutamente todo lo que te enseñan. Entonces, tuve algo muy hermoso con mi abuelo.
Mi mamá lo que tenía era que era una persona muy perseverante, o sea, no se quedaba nunca tranquila con lo que ella aprendía, con lo que ella hacía. Me enseñó también eso, la constancia de hacer las cosas con una metodología que fuera una tras otra. A mí, por ejemplo, y también viene de mi abuelo esto, me dijo esa típica frase que dice: el éxito es la única parte que está antes que trabajo y sacrificio en el diccionario. Entonces empecé a verlo y mi mamá me la complementó diciendo: en la vida uno tiene que aprender que muchas veces es necesario leer el diccionario de atrás para adelante. Porque ahí te vai a dar cuenta de que para llegar al éxito tienes que pasar por trabajo, sacrificio y ahí se llega al éxito. Pero cuando llegas al éxito, ojo que el diccionario todavía no se ha terminado, y si seguís pa’ arriba, tenís que agregarle disciplina y constancia. Entonces la verdad que fueron dos personas fundamentales en los pilares de quién soy yo como persona, de la perseverancia y no quedarte con una sola cosa, siempre barajar posibilidades. O sea, yo siento que en mi vida no estoy para crear problemas, sino para solucionarlos. Siempre me presento ante la vida con soluciones antes que con problemas. Porque además si un problema no tiene solución, no es problema.
En el Helen Keller yo hice toda la etapa de la básica y en su hermano mayor, que era el Liceo Hermanos Carrera, cuando tenía 15 años y estaba en segundo medio, entré en la típica etapa de la adolescencia donde te pones rebelde, hueón. Y ya están las compañeras, y te gustaban las minitas de los otros cursos... Entonces empecé a bajar las notas estrepitosamente. Y un profesor que me conocía de chico, que me había tenido como alumno desde la enseñanza básica, me dice: “Caíste en el montón”. ¿Por qué dice eso, profe? “Mira las notas que tenís, vai derecho a repetir. Yo pensé que erai diferente, pero me decepcionaste”. ¡Y hueón, fue un dedo en la llaga! Oh, conch... me tenía quemado que me dijera eso. Y de verdad, me salvé con un 4,6 en segundo medio, pero me quedé tan herido. “No sé si te veré el próximo año”, me dijo el profe. Lo quería harto a ese profe... el profe Carlos Catalán, ahora se encuentra viviendo en Estocolmo, en Suecia. Todavía hablamos. Y al año siguiente fui el mejor promedio del liceo en tercero medio con 6,9. Igual quedé picado, yo quería el 7,0, pero no, llegué a 6,9. En ese entonces tenía educación cívica, filosofía y psicología, agregado a biología y química. Eran como diez ramos. Pero yo dije: no, aquí esta hueá no me la va a ganar. Entonces siento que ha sido así y me ha pasado también en la vida con cosas como cuando nos separamos con Gigi (Martin).
Cuando nos separamos con Gigi, viví el duelo, lloré masoquistamente, veía videos de las entrevistas, de todo lo que habíamos conseguido. Lloraba y decía: esta hueá no la voy a volver a vivir nunca más, pero me tengo que parar, po, hueón. Y gracias a Dios mi perseverancia hizo que no le tenga miedo a empezar de nuevo. ¿Por qué? Porque resulta que aprendí que los comienzos desde cero cuando ya tuviste un traspié no son malos, porque no estái empezando de cero, estái empezando desde la experiencia. Y ahí puedes superar todos los caminos.
Yo derivé al humor por casualidad... partí de otra manera. Este profesor que te decía, Carlos Catalán Polanco, el que me tocó la fibra, cuando chico me vio actuando en el colegio, haciendo un montón de cosas y le comentó a su hermano mayor, que era el director del colegio, a don José Miguel Catalán, que tenía un niño que era muy histriónico y que llegaba con chistes y con cosas. Va el director, al que yo no conocía porque yo en ese entonces estaba en un curso en la tarde, y el director siempre hacía clases en la mañana. Llega, me ve, conversamos y pasa un mes y me dice: “Yo, aparte de ser profesor de filosofía, soy actor y estoy en el Teatro Moneda donde está la academia de teatro y compañía de Pury Durante y Américo Vargas. Y están audicionando porque necesitan un niño para un papel de la obra La eterna trampa de Enrique Bunster. ¿Te animas a ir?”. Y yo de primera le digo que sí. “Mira, yo te puedo preparar”, me dice después, y me trajo textos, me enseñó ciertas técnicas, algo súper rápido. Partí con él, él habló con mi mamá, le pidió permiso y me llevó él mismo, porque mi mamá trabajaba de secretaria y no tenía tiempo para llevarme. Me llevó el mismo profesor y quedé. Y mira, yo haber entrado, bajando por las escaleras, pasando por las butacas... Ya había entrado a un cine, que era una estructura similar, pero cuando voy detrás del profe y subo las escaleras y llego al escenario, empiezo a pasar detrás de bambalinas, después bajar las escaleras y encontrarme con los camarines..., yo sentí como que me estaba devolviendo a un vientre artístico, por así decir, a mi líquido amniótico. Yo dije: esto es lo que yo quiero hacer. O sea, era el hueón más feliz recorriendo todos los laberintos del teatro, y ahí me di cuenta de que lo único que yo quería hacer era ser actor.
Si hubiese logrado estudiar teatro, ahora no andaría contando chistes..., andaría haciendo comerciales para una cadena de supermercados, ja, ja, ja. ¡¿Un asadito?!, ja, ja, ja.
Quedé en Pedagogía en Inglés en Conce, pero no me convencía... y eso fue fuerte pa’ mi mamá. Lo que pasa es que mi mamá siempre me apoyó en todas mis aptitudes artísticas, pero cuando llega el momento de que yo tenía que tomar decisiones por estudios, porque ella siempre me inculcó que tenía que estudiar, quedé en la universidad… pero después le digo que no me voy a ir. Y fue un golpe fuerte. “Si no puedes estudiar teatro y no quieres ir a estudiar, siendo que quedaste en la Universidad de Concepción, ¿qué vas a hacer?”. No sé, mamá, ya veré. “Pero ¿por qué no?”. Y yo lo único que pensaba era que mi mamá me iba a pagar los estudios: caro; me iba a pagar la pensión: caro; y que le iba a hacer gastar todo eso y después, hueón, no iba a ejercer, po. Fue una decisión correcta, pero en un principio... ahora, la vida es tan justa y fue tan justa en ese sentido con mi mamá, que después tuvo a mi hermano, Rodolfo, que es doce años menor que yo, y Rodolfo quedó en la universidad y ahí mi mamá sacó pecho inflado: “Por fin tengo un hijo universitario; a este otro hueón le va bien, pero no es universitario”, ja, ja, ja.
Siempre fui bueno para la comedia, siempre andaba contando chistes, pero había que tener respeto por la gente que se dedicaba profesionalmente. Yo llegué a una peña (en el Pedagógico) ayudando a unos amigos, que eran amigos del barrio, y que tenían todo este asunto. Entonces llego ayudando, por decirte, en producción, subiendo cuestiones al escenario, hasta vendiendo completos. Y faltó un humorista que se había comprometido, pero que después por alguna razón no llegó. Y no vamos a dar nombres, para proteger al Chino Navarrete, ja, ja, ja, que en paz descanse. Entonces, por alguna razón que nunca supe, no pudo llegar, no alcanzó. Y quienes cerraban, como era una peña folclórica, era Schwenke & Nilo pero tampoco habían llegado, entonces había que rellenar, si no la gente se iba a empezar a ir. Entonces me dicen mis amigos que por qué no me subía a contar chistes. No, hueón, estái loco. “Pero si tú sabís chistes”. Sí, pero una cosa es saberse chistes y otra pararse delante de la gente sin haberlo hecho nunca, de esa forma, como actuación. Y me insistieron... hasta que, ya, hueón. Me subo y empecé a contar chistes sueltos, sin hilo conductor, sin tener una referencia uno con otro. O sea, contaba un chiste de una vaca y después otro de un hueón que jugaba a la pelota, otro de suegras, otro de curaos... Una huevada sin pies ni cabeza, pero cada chiste funcionó, tuvo una buena reacción del público y me empecé a sentir bien. Ahí decidí que esa era también una posibilidad, un camino. Siempre tratando de hacer actuación cómica, pero se me hizo más rápido el poder ser un humorista, un contador de chistes de forma individual.
Tenía pánico escénico cuando me dijeron que me pusiera a contar chistes y tenía miedo, pero fue tanta la presión y la confianza que tenían mis amigos en mí, más la desesperación por rellenar, que accedí. Y felizmente de verdad que ahí hubo un cambio: de ahí empecé y un día en mi pieza, con un cuaderno, empecé a anotar chistes y a hacer rutinas.
Empecé a actuar en los festivales que se hacían en todas las localidades rurales de Melipilla. Porque Melipilla es una comuna que tiene muchos sectores. Boyenar, Culiprán... Culipran, la tierra de Omar Gárate. San Manuel, San José... En Mallarauco está lleno de puras santas: Santa Adela, Santa Marta, Santa Victoria. Todos los festivales de verano los hice. Y en uno de esos festivales me ve Carlos Helo y me invita a audicionar a Sábado Gigante.
Gente nueva del humor en Sábado Gigante fue como un reality: estaban Bombo Fica, Gigi, Óscar Gangas, Jajá Calderón. Yo salí segundo en mi edición. El Gigi ganó en la de él, y en la otra salió segundo Lucho Arenas Junior, que es hijo de uno de Los Caporales, gran dúo de humoristas chilenos.
Imagínate que Sábado Gigante tenía todos los sábados 70 u 80 puntos de rating... yo estuve los primeros cuatro sábados, o sea, al mes yo ya salía a la calle y la gente me reconocía. Sábado Gigante era una máquina, el que salía en Sábado Gigante en un concurso ya lo reconocían en la calle. Fue importantísimo. Sábado Gigante era un programa maratónico que empezaba a las 1:30 de la tarde y terminaba a las 8:30, antes de las noticias. Teníamos tres salidas: la primera como a las 2:30 donde salía y contaba un chiste; después, a mitad de tarde, salíamos haciendo un gag, un chiste actuado, y antes de que terminara el programa, salíamos haciendo una rutina de tres minutos. ¡Tres veces en el programa más visto de la televisión chilena!
En los gags, entre mis extras, estaba Luis Gnecco. ¡Cacha, po, hueón! ja, ja, ja, ja. O sea, yo torrante recién contando chistes y los que salían de extras... ja, ja, ja. Yo era el protagonista y los demás agüita con harina, ja, ja, ja. Luis Gnecco, Francisco Pérez-Bannen. ¡Otra cosa!
Coco Legrand ha sido mi referente desde siempre. Coco Legrand para mí es el maestro, el primero en hacer monólogos y lo que los jóvenes ahora llaman standup comedy, que viene de Estados Unidos. Es lo mismo que hacía el Coco desde los años 80, unipersonales o monólogos.
Como contador de chistes no debo haber sido de los mejores, así que me metí a la producción. En ese entonces ya estaba Álvaro Salas que se había separado de Pujillay, Ricardo Meruane, Chino Navarrete, Palta Meléndez, Hermógenes Conache. Yo era uno más… y era peleado. Y como me enseñaron desde chico a ser un buscavidas, me di cuenta de que tenía llegada. Por ejemplo, me citaban a una reunión o iba yo a una municipalidad a ofrecer shows. Empecé a buscar los festivales de verano: me di cuenta que son 387 festivales que se hacen a lo largo de todo Chile. Y mandaba fax con propuestas, después con un amigo tomábamos una camioneta el día después de Halloween y nos íbamos al sur toda la noche viajando hasta donde llegáramos. Nos daba el cuero hasta Nueva Imperial, Gorbea, pasado Temuco. Y de ahí nos veníamos una semana recorriendo todas las municipalidades, y por decirte, de sesenta municipalidades que recorríamos en una semana, diez nos compraban shows. Felices, po. Diez que te compraran show haciendo el festival completo, llevando a todos los artistas, y otros más donde metíai números sueltos. Y me empecé a hacer conocido como productor: después del 18 empezaba a recibir llamados telefónicos de los artistas diciéndome: “Oye, estoy disponible, po, hueón”. Así nos hicimos bien amigos con Juan Antonio Labra, Lucho Jara, Tommy Rey, y después me pegué otro salto: fui uno de los primeros en traer a Antonio Ríos... al Adrián de los Dados Negros que venía llegando recién con su “Tarjetita de invitación”. Después traje hartos argentinos, El Símbolo, Los Pericos... todos los pilares noventeros. ¡Con King África di vuelta Chile dos veces!
Esporádicamente me llamaban igual a programas de televisión como Noche de Ronda, Viva el Lunes, pero no tenía un contrato estable. Hasta que llega el 96 donde me llaman para Chipe Libre, en Chilevisión, y meses después se incorpora también el Gigi Martin. Ahí empezamos y ahí me di cuenta de que estaba tocando la tecla equivocada.
Lo mío eran los personajes, y ahí, con Gigi, empezamos a hacer los primeros. Claudito Veneno, un cabro chico hinchapelotas que tenía clases particulares con la Señorita Virginia, que era el Gigi disfrazado de mujer... ¡imagínate, po, hueón, el Gigi de mujer... con razón se llamaba Virginia, era virgo y virgen! ¿Quién se iba a cu... a esa hueona?, ja, ja, ja, ja. Después hicimos los lectores de noticias: Rosamel Fierro y Serapio Jento. Cuando pillaron al otro hueón (Rosamel Fierro), hace como dos meses, tuve que salir a aclarar que era sólo coincidencia, alcance de nombre, ja, ja, ja. Y después inventamos a Melón y Melame. Ahí vamos a Viña, nos va bien y dejo de hacer producciones porque me dediqué 100% a mi carrera.
Melón y Melame se llamaban originalmente Dani y su muñeco Haroldo por molestar a nuestro compañero y amigo Bombo Fica, que se llama Daniel Haroldo Fica Roa. Y él se reía: “¡Miiiira los hueones, me van a tener que pagar derechos!”.
El período del 98, 99, Viña, los programas, lo recuerdo como algo maravilloso, pero nos pilló con el Gigi inmaduros y ahí vinieron los conflictos. Mucha gente pensaba que habían sido conflictos de plata; no, nunca fue por dinero, gracias a Dios, y tampoco por faldas. Algunos pensaron que nos habíamos peleado por una muñeca, una pepona ja, ja, ja. Todo fue por inmadurez, por prestarle oreja a las personas no indicadas. Al Gigi lo hueveaban mucho con que no hacía nada y que toda la plata se la ganaba fácil, y por el otro lado, a mí me decían: oye, este hueón no hace ni una hueá, tú hacís todo el trabajo y ganan lo mismo. Empezamos a escuchar y a pelear. Demasiado trabajo y demasiado tiempo juntos a cada rato también... Partíamos en la mañana grabando un programa, nos íbamos a la radio, volvíamos en la tarde a grabar otro, después al circo, de gira, comerciales... Hacíamos comerciales para el supermercado Ekono y Johnson’s. Abríamos tiendas o íbamos al primer aniversario de cada tienda a lo largo de Chile. Entonces era mucha pega, mucha plata y la inexperiencia de gastarla como si no se fuera a acabar el mundo.
Los personajes para mí son como si fueran hijos. El hijo mayor es Melame y gracias a él nacen y comienzan todos los demás. Cuando en 2002 llego a Morandé con Compañía, empiezan a nacer los demás personajes, porque en ese programa la producción y el Kike nos daban la posibilidad de hacer pilotos en vivo, probar cosas. Entonces, cuando estoy con Melame, dentro de eso, empiezo a contar chistes de borrachitos y ahí me pregunto por qué, en vez de contarlos como Melame, no creaba un personaje borrachito. Ahí creo a Enrique Cañas, que es un supuesto compañero de curso de Kike Morandé, pero no con su mismo nivel socioeconómico. El hueón llegó por un intercambio allá y siempre lo ninguneaba el Kike, ja, ja, ja. El Kike decía que no se acordaba de él, y la forma más fácil de hacer al Kike acordarse era decirle: ¿no te acordái que yo te hacía gancho con esta compañera que le decía La exorcista del coyac?, ja, ja, ja. Esa que le llegaba a dar vuelta la cabeza al lolly, ja, ja. Y así empezaron a crecer los personajes. Y fue un desafío muy grande pa’ mí, porque me costó mucho tomar la decisión de hacer el muñeco solo. Un director de televisión que en paz descanse, Eduardo Domínguez, fue el que me instó a hacerlo, pero yo quería demostrar que era más que el muñeco Melame. Porque todos pensaban: ah, a este hueón le sacái el muñeco y se va en nada.
Agradezco la oportunidad que me dio Alex Hernández de estar ahí, porque complementaba dineros, pero Merkano no era el target de mi público. Estaba lleno de cabras chicas, adolescentes, en la galería gritando “Tío, tío, llame a Fabricio”. Yo entraba en comerciales a instalarme, y cuando entraba, todos los días me gritaban pa’ que lo llamara, ja, ja, ja, y yo mirando a cámara como los caballos de feria, concentrado. Vomitaba las noticias... Viñuela se reía, pero naaaada.
Yo decreté llegar a Morandé con Compañía. Me acuerdo que llegaba en la noche a mi casa en Melipilla y mi señora veía Morandé. Yo me acostaba a ver y miraba serio el sketch de Willy Sabor, pero serio. Mi señora una noche me queda mirando y me dice: “No te reís con nada vos”. Y le dije: no, es que estoy analizando, ese es el programa donde yo tengo que estar, ese programa me acomoda a mí, lo que está haciendo el Willy. Yo voy a llegar ahí... el Muñeco va a llegar a desordenar esa hueá. Y no es soberbia: es confianza en lo que yo hago. Un día en un programa que se llamaba Todo es baile de Canal 13, animado por la Ana Sol Romero y Renato Munster, me ve Rodrigo Scaff, productor de Morandé, y me invita a ir a un programa. ¡Yo saltaba en una pata, po! Voy y me la jugué entera. Me dijeron: “¿Puedes venir mañana? Vendrán conscriptos de un regimiento”. ¿Qué regimiento?, le digo yo. “El Regimiento N°2 de Buin en Recoleta”. Yo había crecido en Recoleta y había hecho, de aburrido cuando chico, la premilitar en ese mismo regimiento. Al otro día voy, nuevamente el rating se va pa’ arriba y ahí me contratan para hacer cuatro actuaciones, una vez a la semana. A las dos semanas me dicen: ocho actuaciones, y así empezó. Me empezó a ir la raja.
Morandé con Compañía tiene un lugar enorme en mi corazón, de agradecimiento, porque me dejaron ser. Me dejaron proponer, inventar cosas, jugar, y llegué a inventar doce personajes.
Hay un antes y un después de Morandé con Compañía con el estallido social. La gente empezó a expresar más sus opiniones, que son obviamente valederas, con lo que se quiere reír y con qué no. Siempre cuando hay un cambio, o cuando hay un remezón, es cosa de tomar un vaso, nomás: si tomas el vaso y lo mueves, en el intertanto el agua se agita y, en ese intertanto, en donde sale, no te la podís tomar... porque tiene esto, o porque se movieron los residuos que estaban abajo y subieron. Hasta que no se vuelva a aquietar el agua, no vas a saber por dónde te tenís que ir. Ese intertanto ya está llegando, pero fueron varios años después del estallido social donde todo se remeció. Todos empezaron a expresar cosas, que son todas valederas pero que se anulaban unas con otras. Y ahí Morandé con Compañía sucumbió ante esto y no se pudo hacer nunca más ese tipo de humor. Después se inventa El Muro, que es otra cosa. A mí me dicen: oiga, usted debería volver. Pero yo nunca fui parte de El Muro. Si volvieran a hacer un Morandé con Compañía clásico, ahí estaría mi lugar.
Con el estallido social pasa esto y yo decido devolver al Tony Esbelt al closet, ja, ja, ja. Sentí que la gente también tenía derecho a decir con qué se quería reír y con qué no, y eso lo respeto. Lo que no me parece es la anulación de quien sí quiere reírse con eso. O sea, yo te respeto que a ti no te guste reírte de tal cosa, pero lo que no comparto es que quieras bloquear para los que sí se quieren reír con esto. Hay público pa’ todo, po, hueón. Para revista, humor musical, standup, humor clásico, humor negro, y ninguno es superior al otro porque todos buscan el mismo fin: hacer reír y entretener. Entonces: ¿tú te querís reír con esto? Tú te ríes con eso, pero yo no tengo por qué decir: el humor del que te reís tú es malo, ¿cachái?
Los límites del humor necesariamente van con el criterio de la persona: de saber ubicarse, saber en dónde está, y las cosas con las cuales puede ser ofensiva. El humor negro es muy bueno, pero cuando pasa a ser ofensivo... o sea, yo creo que nos podemos reír de todo menos, por ejemplo, de la pedofilia, ¿cachái? Te podís reír de desgracias, de cosas. El mismo Indio de Dinamita Show se huevea solo, al punto de que tiene la licencia de un café y, pa’ las fondas en el Estadio Nacional, se puso un café llamado “Café sin piernas”, ja, ja, ja. Si se ríe él... también el Lucho Miranda. ¿Quién mejor para reírse de eso que él? Ahí es donde está la diferencia. El punto está en que cuando tú te ríes de eso, de un defecto, con sorna, con burla, ahí es otra cosa. Por eso que lo mejor de todo, sobre todo para los standuperos, que lo han entendido muy bien, es tocar la tecla de reírte de ti mismo.
Todo formato que haga reír para mí va a ser bueno. Yo me pongo en los zapatos de que la persona que está haciendo standup no está haciendo el estilo que cultivo yo, pero sí el esfuerzo sano de hacer reír a otro. ¿Y qué mejor? Nosotros, los artistas, somos bendecidos de que Dios nos haya dado esta vocación de poder llevar entretención a otros seres humanos. Los verdaderos seres superiores, en el rango de los artistas, son los músicos. Más que un actor. No sé si será justo ponerlos en rango, pero un músico te transporta a emociones, a lugares, a sensaciones, a tiempos de tu vida con una canción. Otro que también hace volar tu imaginación, te emociona o te hace reír: un escritor. Un pintor. Los artistas, en general, tenemos el privilegio de poder darle alegría de una u otra forma a otro ser humano. Y eso es lo único que buscamos. Entonces por eso de repente encuentro que hay cosas injustas... aquí no se trata de que al artista haya que rendirle pleitesías, pero sí tenerle respeto, porque lo único que quiere es divertirte. Cuando en las redes sociales tratan de hueón fome o esas cosas..., ahora le fue mal al Flaco y puta que lo hicieron mierda al pobre, y nadie se acuerda de cuánto los hizo reír por tantos años con Dinamita Show. O sea, una cosa mala tapa todo lo bueno... no debiera ser así.
El rubro del humor es tan culiao…, porque nosotros no podemos repetir chistes. El cantante se sube y, todo lo contrario, le piden que la hueá la repita de nuevo. Llevan veinte años cantando la misma hueá, ja, ja, ja. Y cuando tú estái en fiestas, están todos bailando, se provoca una catarsis, pero cuando el humorista está arriba del escenario, basta que una persona se distraiga, comience a meter bulla o haya una pelea, alguna cosa, y toda la gente empieza con el murmullo, la pifia. De repente ha sucedido con colegas que ha empezado una pifiadera y no ha sido culpa de una mala rutina; ha sido porque no se escuchaba bien atrás, por diferentes razones. Nosotros, hueón, de verdad, tal como le pusieron originalmente al programa, Coliseo romano, somos verdaderos gladiadores de esta hueá. Nosotros es vivir o morir.
Cuando llego solo a Morandé, no podía hacer el Melón y Melame porque no estaba el ventrílocuo, entonces me afirmé de los parientes. Pero después de eso dije: algo tengo que hacer que marque una diferencia... ¿y si ponemos nervioso al Kike con un chiste pasao pa’ la punta? Hablo en la producción, y puta, me encontraron razón y le dijeron al Tito Troncoso, que era el musicalizador, e inventó una cortina. Yo estaba con los parientes y se empezaba a escuchar de atrás: “Ya viene, ya viene, ya viene...” y el público empezaba a zapatear, po, hueón. Noooo, gritaba el Kike, y se provocaba toda una atmósfera para decir: “Y este es el chiste prohibido”. El Kike se tomaba la cabeza, y la gente empezó a esperar eso, así que marcó un sello. Y claro, no nos dimos ni cuenta que cuando después pasan dos años, tres años, Mentiras Verdaderas instala los días viernes “Sin Censura”. Entonces el chiste prohibido pasa a ser como el precursor del ¡Sin censura, sin censura! Así que, bueno, eso es un alimento al ego, ja, ja, ja.
El Kike es muy inteligente, muy rápido de mente. Tanto, que teníamos que frenarlo porque a veces cometía el error de rematarte los chistes antes. Le estabai contando algo y el hueón te tiraba el remate, ja, ja, ja. Era fácil trabajar con él, porque además es de risa fácil y, puta, hicimos buenas migas. Ahora, si me preguntái para mí quién es el mejor bandejero, te tengo que decir Leo Caprile: un hueón rapidísimo, inteligente, culto, que sabe manejar los tiempos, hacerte la pregunta exacta pa’ que tú lo rematís. Es el 10 dentro de una cancha de fútbol: te deja la pelota pa’ que tú lleguís y hagái el gol.
En el reencuentro con Gigi nos ayudaron mucho las palabras del alcalde Mauricio Soria cuando nos llevó al Carnaval de Iquique. 48.000 personas en la plaza Prat. Nosotros nos fuimos en el avión y me acuerdo que el Gigi iba sentado al lado mío, y me dice: ehhh, ¿y qué vamos a hacer? ja, ja, ja. ¡No habíamos hecho nada, hueón, ni una rutina, nada! Carerraja, po, hueón. Esa fue una irresponsabilidad de nosotros, nos estaban pagando un buen billete por el reencuentro y no habíamos hecho nada. Y en el avión llamo a la auxiliar, le pido un papel y un lápiz, y empezamos a anotar unos garabatos. Llegamos y a las cuatro de la tarde subimos al escenario a hacer prueba de sonido, y ya había mucha gente. Compartíamos escenario con Los Jaivas y con Miguel Mateos, de Argentina. Y al subir... el aplauso fue una hueá que nos paró los pelos. No lo esperábamos. Y el aplauso fue tan bonito, con gente saludándonos, sacándonos fotos, que le dije al Gigi: vamos a las barreras papales. Partimos y el público sacándose selfies con nosotros. Fue una hueá... yo dije: conch... ¿te acuerdas que te dije que había sido masoquista y había visto videos, y pensado que no iba a vivir esto nunca más? Te prometo que ese día, después, llegué al hotel, abracé a mi señora y... ay, conch... [se emociona]. Me provocó algo que yo pensé que no iba a vivir nunca más. Puta que nos quiere la gente, hueón. Y después, la actuación fue maravillosa. Y cuando bajamos a hacer la conferencia de prensa, llega el alcalde y dice: “Asistimos a un momento histórico, decidieron reencontrarse en un escenario aquí en Iquique y parece que no se hubieran separado nunca”. Una caricia más al alma, una hueá maravillosa. Y de ahí no hemos parado más, y gracias a Dios, escenario que hemos pisado, ha sido de puro cariño, de puro éxito. Nos llevaron al Copihue de Oro en el Monticello y nos entregaron el Copihue por trayectoria. Pegadito a eso, el primer festival del verano, el de Las Condes en Canal 13. Y de ahí, este año el Festival de la Patagonia en Coyhaique... ahora en las fondas de Ñuñoa. Sentir la sensación de bajar de la fonda de Ñuñoa y que te digan los productores: la reventaron, triplicaron el rating, le estamos ganando a todos... porque en ese momento estaba transmitiendo el 13 y Mega, la Pampilla y la Gran Fonda de Chile. Después Canal 13 dijo: ganamos nosotros. Claro, en el total. Pero el día que nosotros estuvimos... ¡les volamos la raja!, ja, ja, ja, ja.
En un principio, se pensó que con todo este auge y esta vuelta podíamos llegar más rápidamente al Festival de Viña. Nosotros también lo pensamos, pero creo que ahora ya no nos quita el sueño. Estamos consolidando nuestra vuelta a base de las giras que hemos hecho por los casinos, por los teatros, entonces no es algo... no te miento de que el día de mañana, si nos llamaran, sería una gran oportunidad para que quizás fuera la última actuación en el Festival de Viña de Melón y Melame, no habría otra nunca más
El Festival del Huaso de Olmué es el festival que nos falta hacer. Entonces yo preferiría ir a Olmué, porque no hemos ido nunca. Al Festival de Viña, como Melón y Melame, hemos estado dos veces; yo estuve solo el 2003 y el 2011, y el Gigi estuvo el 2014 solo. Entonces esa experiencia ya es vivida, es agradecida. Si fuéramos a Viña sería cuando Dios quiera, pero no nos quita el sueño. Sí nos gustaría tener la experiencia de Melón y Melame en el Huaso de Olmué.
El balance de mi carrera es positivo, muy agradecido del público. Este año estoy cumpliendo cuarenta años sobre los escenarios y he tenido el privilegio de actuar junto a la Paty Cofré y Gigi en el Festival Corazón de la Patagonia, estar en la fonda recientemente con gran éxito y haber sido el que más marcó en el Festival de Palmenia Pizarro en San Felipe este verano, en febrero, donde dos millones y medio de personas por minuto me estaban viendo. Entonces, soy agradecido. Y donde voy, a pesar de que han pasado cuarenta años, el público me sigue recibiendo con cariño. Gracias a eso tengo un techo donde vivir, le he podido pagar los estudios a mis hijos, tengo un buen pasar, me he podido dar gustos... aunque me huevearon harto, pero cuando cumplí cuarenta años me di el gusto de comprarme un auto deportivo, ¡y rojo!, ja, ja, ja, ¿cachái? A mí el humor me lo ha dado todo, absolutamente todo.
Yo vibro positivo, porque creo en la ley de la atracción. Y lo he comprobado, así me ha funcionado la vida siempre. ¿Por qué voy a cambiar el método? Cuando te levantas en la mañana y eres agradecido sólo del hecho de despertar, mover tus manos, respirar, ver, oler… dependiendo dónde despiertes, ja, ja. Por ejemplo, yo en el campo, el aroma de la mañana es otra cosa. Todo eso: ser agradecido y saber que depende sólo de ti, de cómo sea tu día. Tenís que vibrar positivo. Y las vibraciones son tan geniales, que depende de la vibración que tengái cómo va a estar tu día. Si vibrái positivo, vai a atraer puras cosas buenas. Si te levantái enojado, peleái, vibrái mal, te va a pasar algo de que vai a andar peleando, manejando, o llegaste y te peleaste con un compañero. Andái con esa nube negra.
La primera gran prueba fue el cáncer de mi señora..., felizmente ese cáncer está controlado. Sigue en remisión, eso significa estar diez años con control. Ella se siente sumamente bien, y se le nota. Tiene los típicos problemas que conllevan todas las quimioterapias que tuvo, donde ahí no sabemos si ya la traía o con las quimioterapias se le activó la fibromialgia, que te parái porque te duele sentado y te vuelve a doler, te acostái pa’ descansar y te duele el cuerpo, ¡puta que es desagradable, hueón! Pero mi señora lo sabe sobrellevar muy bien. Ahora, hay algo que ella se ríe mucho, porque dice: tengo dolores, tengo todo esto, pero me vai a creer que cuando estoy en el Caribe no me duele nada, ja, ja, ja, ja. Entonces, como que me tira que la mejor terapia, hueón, es ir a vivir allá al Caribe, ja, ja, ja. Pero fíjate que es psicológico, porque nos vamos a actuar a Valdivia, vamos a Iquique, y no le duele nada: porque está afuera, porque está con la mente en otra cosa, porque el paisaje es bonito, porque comís rico. La rutina es la que de repente hace que afloren ciertas cosas, pero gracias a Dios mi señora está súper bien.
Lo que le pasó a mi hija... mi hija salió del coma y empezó un tratamiento, que fueron dos años con kinesiología y fonoaudiólogo en la clínica Los Coihues, que es específicamente para rehabilitación de personas con ACV. Tuvo que volver a aprender a escribir, a recuperar su motricidad fina, pero ya está bien. Al punto de que ya se recibió de matrona, entonces, puta, la vida te pone escollos pero también Dios te da las armas para poder salir de ellos. Tenís que saberlos ocupar, nomás, y confiar en él. Yo confío siempre en Dios y vibrando positivo estamos aquí, en la pelea.
Con lo de mi hija sentí muchísimo el cariño de la gente. De verdad, aunque suene cliché, de Arica a Punta Arenas, al lugar que llegaba alguien me decía: “¿Cómo está su hija?”, “Yo estuve orando por su hija”. ¡Chucha, qué lindo sentir todo eso! Que la gente, a las nueve de la noche, todo el período que mi hija estuvo en coma yo recibía mensajes a través de los DM o por WhatsApp: “Estamos listos para orar por su hija”. Y eso fue maravilloso.
Mi familia lo es todo. Los directos, mi señora y mis hijos, y después vienen... ¡todos los parientes! ja, ja, ja, ja. Pero los de verdad, po, hueón. No estamos hablando de Tumastuco-Timastico, de Techín y Techanto, no, no, estamos hablando de la familia Cabezas, porque yo soy Flores Cabezas. Los Cabezas, de allá del campo, significan pero todo pa’ mí. Estuve de cumpleaños en mayo, cumplí sesenta, y no quise celebrar acá en Santiago, donde podrían haber ido muchos amigos y colegas. Preferí hacerlo en el campo, porque si yo estoy cumpliendo sesenta, imagina cuánto tienen mis tías que felizmente están todas vivas. Y mis dos tíos también. Poder hacer este cumpleaños con ellos presentes... ¡y estaban todos! Fue una hueá maravillosa. De repente, cuando estoy estresado busco irme pa’ allá. Y yo tengo primos que estoy diciendo, oye, voy pa’ allá, y los hueones empiezan a prender el carbón al toque.
Cuando estaba en Morandé con Compañía hice algo parecido a lo de ahora en Vía X. Hacía una especie de coanimación junto al Kike, específicamente los días lunes. Pero cuando el Kike tomaba vacaciones, o la vez que estuvo enfermo, que tuvo que operarse del corazón, yo pensé que me iban a dejar a mí, po... ¡callampas con arroz! Dejaron a Lindorfo. Primero me sentí mal, no reclamé, no dije nada, alguna razón tenía que haber y era lógico: Kike 21 hacía Morandé y La ley de la selva, entonces cruzaron los conductores... o quizás yo no daba indicios de estar preparado para un buque tan grande. Han pasado los años y me llega esta oportunidad.
Debo reconocer que cuando llega lo del Todo va a estar bien fui cabrón, porque éramos tres: Rodrigo González, Palta Meléndez y yo, y la idea era que un día condujera uno y los otros dos pasaban a ser panelistas. Pero yo les dije: no tengo nada en contra de mis compañeros, al contrario, me encanta y me acomoda que sean ellos, pero yo quiero ser la persona, el mediador, el conductor. Si no, no me interesa serlo. Porque si no, iba a ser uno más y llevo tantos años en esta hueá que creo que me lo merecía. Aquí vamos a brillar todos, les dije, pero déjame ir yo tirándole la pelota a ellos. Probemos. Empezamos y lo bueno es que los dos, tanto Rodrigo como Palta, no tuvieron ningún problema. Entonces, yo hago las menciones, llevo el hilo conductor, pero ellos también siguen siendo protagonistas. Me encanta la experiencia, hacía mucho tiempo que no me levantaba todos los días temprano. Volví a ser asalariado, ja, ja, ja, marcando tarjeta.
Vamos a hacer una alianza con Teatro San Ginés, la que podría ver la luz ahora a fin de año o quizás prepararla con harto cuidado, cariño y ver que no se nos vaya ningún detalle para el primer semestre del próximo año. Pero todo indicaría que podría ser ahora en diciembre, que hagamos varias funciones, una temporada aquí en el San Ginés.
Un sueño pendiente en mi carrera es hacer una película. Un documental dirigido por mi hija.
En cinco años más me veo viviendo en la casa del campo, ya tranquilo, pero todavía trabajando. Yo voy a trabajar en lo mío hasta que Dios me dé fuerzas, salud. Nunca me voy a jubilar del ambiente artístico, porque si no me subo al escenario, quizás voy a volver a ser productor como lo fui en los noventa. O voy a escribir obras para que las actúen otros. O voy a estar en una radio trabajando, o voy a estar haciendo podcast. Pero abandonar esto, no, olvídate: me muero. Tal como te decía al principio, que cuando tenía nueve años subí al escenario y me fascinó, sé que aquí está el líquido amniótico y aquí pertenezco, aquí vivo. Me acuerdo que una vez estaba sumamente enfermo, resfriado, las amígdalas inflamadas hasta decir basta, me sentía muy mal y mi señora me lleva a una actuación. Y antes de subir al escenario ella me decía: “Ten cuidado... mejor no actuemos”. Y yo le respondía, idiota, córtala de decirme eso, ¡sabís que tengo un compromiso! Es que me ponís nervioso, hueón. Y yo alegando, po, estaba enojado. Llego, me subo al escenario... ¡¡¡qué tal!!! Y bailando de allá pa’ acá, y toda la hueá. Cuando bajé, mi señora me dice: “Oye, y veníai tan remal, teníai casi fiebre. Subís al escenario y ni se noto”. Le digo que estar arriba del escenario es lo mejor, que me cambió el ánimo. “Entonces vamos a tener que vivir arriba del escenario, po, hueón mañoso”, me dijo, ja, ja, ja.
Si no fuera humorista, me hubiera gustado ser cantante... o profesor, ja, ja. No, profesor sí. Y de historia. Me gusta la historia, hueón, hablar de los griegos, de los romanos, irme a la mitología de ambos. Mucha gente de repente hace cosas cruzadas, habla de Zeus y mete a Neptuno. Y les explico que Neptuno es el dios del mar, pero para los romanos y para los griegos es Poseidón. Entonces, si me estái hablando de Zeus, el dios de dioses, es de los griegos... de los romanos es Júpiter. Hay que mantener una coherencia. Y después me paso a la mitología escandinava, con Odín. ¿cachái? Me encanta todo eso. Y tiene que ver mucho con el ser actor, porque te prometo que si yo fuera profesor, todos los días tendría una actuación pa’ mis alumnos: les enseñaría actuando todo esto.
Todos saben mis apodos... en el colegio me decían Cabezón. Comprenderás por qué: ¡tengo cabeza de ampolleta, hueón!, ja, ja. Pero yo partí con el nombre de Mauricio “Corneta” Flores. Y llego a Canal 13 con el nombre de “Corneta” Flores, y le gustaba a Carlos Helo, pero cuando voy a grabar mi primer Sábado Gigante, baja Antonio Menchaca, productor general, un hueón de 1,95. Cuando aparecía en el estudio, todos se empezaban a correr y tú inconscientemente empezabai a escuchar la canción de Darth Vader, ja, ja, ja. “¿Quién es el tal Corneta?”, preguntó. “Cómo se te ocurre actuar con ese nombre”, y me empieza a retar antes de tiempo. Me mira de abajo a arriba, yo era flaaaco, y me dice: “Te vamos a poner Rambo, Rambo Flores”. Y ahí le digo: don Antonio, con todo respeto, si no es Corneta, prefiero salir como Mauricio Flores. “Bueno ya, como querái”.
Todos mis sueños los he ido cumpliendo, y en esta etapa, mis sueños profesionales los quiero cumplir con quien ha estado conmigo todo este tiempo, que es mi señora. Entonces, viajar con Ximena es algo que quiero seguir haciendo. Antes, cuando me tocó hacer giras por Estados Unidos, en Suecia, Noruega, Australia, no iba con ella. Siempre llegaba a alguna parte, encontraba algo hermoso y pensaba: uh, puta que me gustaría que lo conociera. Llegaba después con fotos y le contaba. Y ahora estoy empezando a cumplir sueños con ella, de ir a diferentes lugares, todo con ella.
Con mi primer sueldo me compré una Coca Cola... ja, ja ja. Si hablamos del primer sueldo, yo tenía doce años y trabajaba como pasador de pelotas pa’ no decir pelotero, ja, ja, ja, en unas canchas de Av. Perú. Y resulta que cuando estaba chico, yo venía de una familia término medio, clase media. En aquel entonces vendían las bebidas de Coca Cola en envase de vidrio de 3/4, y la familia las compraba el puro día domingo. ¡Y una! Entonces te tocaba un poquito. Uh, que era rico, pero sólo el domingo. En la semana agüita o jugo en polvo. Entonces, con mi primer sueldo, fui, me compré una bebida, igual, de 3/4, ¡pero pa’ mí, nomás! Y me compré ahí mismo un vaso, una caña. ¡Sentir la sensación de algo que había sido comprado por mí, noooo, fue una hueá!
Escucho rock, soy muy rockero. Deep Purple, por ejemplo. Mi guitarrista preferido es Ritchie Blackmore. Pero también Led Zeppelin, Pink Floyd. Carlos Santana. Y después, fascinado, obnubilado por la voz de Freddie Mercury.
Lloré con Coco, ja, ja, ja. (“Hemos entrado cinco veces durante mucho tiempo y lo pillo llorando, ¿qué está viendo? Coco”, lo echa al agua su hija). ¿Es que sabís qué? Me acuerdo de mi abuela, hueón. Eso de que te digan que las personas mueren realmente cuando los olvidái... me lleva eso a tener toda la vida presente a mis abuelos. Y a mi mamá pa’ qué decir. Por eso me engancho.
Si pudiera tener un superpoder sería volar. Es una hueá muy rara... ¡estoy hablando de volar de verdad, no de marihuana!, ja, ja, ja. Es que, de verdad, me he soñado volando y viendo todo desde arriba. Muchas veces me han dicho que he hecho viajes astrales a lo mejor y no me he dado ni cuenta. Y no le tengo miedo: cuando me veo arriba, volando, lo disfruto.
No creo en el horóscopo... pero una vez le dije a un amigo: búscate de polola a una mina que crea en el horóscopo. Si cree en esa hueá, te va a creer la hueá que le digái, ja, ja, ja.
Si pudiera invitar a tres famosos de toda la historia a un asadito, a un copete, sería a William Shakespeare, Mozart y Robin Williams. Shakespeare, para mí, del teatro es lejos el escritor con más libros y obras que han sido motivo de estudio, de montaje, de lectura. Y ese asado con él, amenizado por Wolfgang Amadeus Mozart al piano. ¡Y su locura, po, hueón! Y me gustaría que estuviera Robin Williams. Ese hueón era fuera de serie como actor. Actores tengo hartos: Gary Oldman, Robert De Niro, Al Pacino, Jack Nicholson, muchos que me gustan como artistas, pero tan versátil como Robin Williams es difícil encontrar.
Mauricio Flores es un hueón alegre. He podido hacer de la alegría una forma de vivir, un método para sobrevivir y ganar plata.
Lo último
hace 1 min
“No nos olvidemos nunca de que somos todos seres humanos. Eso me duele un poco leerlo. Me da pena darme cuenta de que, lamentablemente, todavía hay mucha gente que piensa así”, expuso.
“Hay mucha gente que piensa así”: Paola Troncoso se emocionó y apuntó contra personas que festinan con lo ocurrido en Las Condes
hace 29 min
hace 34 min
07:03
07:02
Lo más leído
1.
2.
3.
4.