Por Guido Macari MarimónLa Firme con Pedro Carcuro: “No me considero cartucho, pero tampoco muy patudo; mitad de camino, y me arrepiento en muchos casos”
El dueño de una voz que todo Chile reconoce, y de alguna que otra frase que está en la memoria popular y deportiva, repasa su historia, presente y hace algunas reflexiones a sus 81 años, vigente, incluso como rostro publicitario: “Hay que pelearla para aguantar lo más posible”, manifiesta.

—¿Tienes alguna obsesión?
—A esta altura no — admite Pedro Carcuro Leone a sus 81 años durante una templada mañana de jueves sentado en su café regalón, Mestiere, en el sector de Los Trapenses, comuna de Lo Barnechea.
Pero, aunque sin obsesiones de por medio, el emblemático periodista deportivo sigue en el ruedo. De hecho, durante estos días en puertas, vagones y letreros del Metro de Santiago se puede ver su rostro publicitando a Zapping, aplicación que permite ver televisión por internet —y con “súper” resolución según prometen desde la plataforma—, bajo el siguiente lema: “Me pongo de pie por esta calidad”.
Con ocho décadas a su haber, habiendo incluso llegado a conducir uno de los programas más recordados de la tele chilena, De Pé a Pá, y hoy aún siendo parte del inventario de TVN y con su faceta de conductor en Radio Agricultura, consultado por La Cuarta sobre su ritmo de vida, contesta:
—Nunca le he bajado la aceleración a mi carrera. Creo que lamentablemente esa es otra cuestión que me genera un conflicto permanente. Que esté contigo aquí forma parte de esta…
—... ¿Vorágine?
—No debería —admite sobre la cantidad actividad a la que se somete, y comenta que estuvo medio maltrecho en estos últimos días. Y se ríe.
Así y todo Carcuro asegura que goza de una muy buena memoria, a pesar de que la que tuvo en antaño la califica como “extraordinaria”. Ahora, no está totalmente seguro de qué día reabrieron Televisión Nacional tras el golpe de Estado del martes 11 de septiembre de 1973: él cree que fue el viernes 14. Eso sí, advierte:
—De repente aparece un “langusino”, como se dice en la jerga del periodismo deportivo, con los datos más increíbles, y me dirá: “¿Qué onda, Carcuro? Usted está equivocado, esto fue el 18”.

En entrevista con La Firme, Carcuro repasa su historia como hijo de migrantes italianos, muy vinculado al deporte desde niño, aunque con escaso talento para ejecutarlos; recuerda su camino inicial para convertirse en abogado pero, luego, contra la voluntad de su padre, la elección por el periodismo; su vasta senda desde los inicios de TVN, con momentos dorados con el De Pé a Pá y otros más oscuros como el régimen de Pinochet y su obsesión por el trabajo —y el rating—, lo que le trajo logros pero también costos personales, como perderse momentos de sus hijos, Giovanni y Franco, fallecido trágicamente en el 2009; habla de su rol como relator deportivo y algunas definiciones históricos de La Roja; homenajea a su eterna pareja televisiva, Sergio “Sapito” Livingstone, de hecho, le informaron de su muerte más menos a la hora que transcurre esta entrevista; habla de su propio presente, de lo que piensa, qué hace y cómo se siente.
Cada tanto, Carcuro suelta su característica risa para adentro, como si brevemente se ahogara. En medio del intenso murmullo de los parroquianos del café, y que algunos lo observan de reojo como si tuviera un aire fantasmal, el retirado relator —admitiendo que es a causa de su “timidez”— intenta eludir los temas más íntimos, pero también se esmera en develar grandes anécdotas de su carrera. “¿Te digo una cosa?”, es la muletilla que suelta antes de narrar por qué, por ejemplo, Marcelo Bielsa le quitó para palabra, al parecer, para siempre.
Eso sí, aclara Carcuro, no se arrepiente de nada... aunque aquella postura puede, a leer esta entrevista, ser aparente.
LA FIRME CON PEDRO CARCURO
¿Un recuerdo de niño? Los domingos en el Estadio Nacional; los viernes en el Caupolicán viendo boxeo, y los martes y jueves al basquetbol. Era ADICTO al deporte. Mi papá me llevaba a todas partes.
¿Soy nostálgico? Es que depende cómo uno defina la palabra “nostalgia”. Hay cosas que me traen recuerdos muy lindos. Por ejemplo, con mi papá íbamos a los sudamericanos de atletismo cuando se hacían acá en Santiago y se llenaba el Estadio Nacional. Era muy hincha del Audax, y lo sigo siendo. Tenía cinco años y fuimos a ver la final del Campeonato Nacional de la Liga al Estadio Nacional, y jugó Everton con la Unión Española. Y estábamos en la tribuna, viendo ese partido. Tengo recuerdos de los 7 u 8 años de peleas memorables en el Caupolicán. No sé si me provoca nostalgia o evocación. Creo que es más evocación.

Quise ser cura cuando chico, pero nada: fue una volada. Duró un tiempo, pero muy poco. Participaba de la Acción Católica Juvenil, de la de la parroquia San Rafael, en Avenida Matta con Arturo Prat, donde había una cancha de básquet y baby. Ahí me fui entusiasmando con todo el mundo de la religión. Pero me duró muy poco.
Para el fútbol era muy malo, pero para el basquet era medianamente mejor: salvaba. No era un crack.
Vivía en las calles San Diego con Avenida Matta. Fue mi barrio, hasta los 22 años más o menos, que me fui. Leía las revistas El Peneca y Estadio. Aprendí a leer antes de ir al colegio. Aprendí a leer con El Peneca, una revista memorable para niños en que aprendías a leer, más allá de juntar dos letras. Y desde chico pedía la revista Estadio, así que era también muy apegado a ese producto que competía un poco con El Gráfico de Argentina, que en esa época llegaba muy poco a Chile; había dos o tres quioscos en el centro que lo traían, y mi papá me lo conseguía.
Soy tímido... Me cuesta participar de una reunión, por ejemplo, donde yo no conozco mucho a la gente; me inhibo mucho. En fin, es una cuestión que nace adentro y que se presenta en distintas oportunidades. Uno no puede decir: “Anoche estuve particularmente desinhibido”. No es algo que uno pueda dimensionar. Soy menos tímido ahora que cuando chico...
¿Sabes lo que pasa? Cuando estoy actuando, cuando estoy hablando en público, desde chico, cuando estoy haciendo algo que no me representa ni a cabalidad, lo hago sin problema. Puedo estar frente a un auditorio de 200 o 1.000 personas en el auditorio, y no me da miedo ni emociones. A veces en una reunión donde nos juntamos y yo tengo ganas de decirle algo a alguien, y no me atrevo. Ahí me cuesta más, cuando tiene que ver más conmigo, con lo íntimo.
En el colegio era muy tranquilo. Lo pasé muy bien en la Scuola Italiana, colegio mixto y laico. Lo pasamos muy bien. Me hice amigo de compañeras y compañeros que he visto hasta hace poco... Ahora cuesta más, jajaja, por razones obvias.
Era colorín y, al margen de que, de repente, en el barrio, me decían “cabeza de pichí” o cualquier cosa de ese tipo, no era algo para sentir que me estaban haciendo bullying y caer en depresión en la casa.

Entré a Derecho en la Universidad de Chile porque en ese tiempo la profesión era distinta a ahora; estamos hablando de comienzos de los 60: en ese tiempo la sensación que existía es que, si uno era médico o abogado, tenía el futuro por lo menos tranquilo, asegurado. Ni se me ocurrió ver la posibilidad de estudiar Periodismo, que además estaba naciendo en la U. de Chile y la Católica. Cuando empecé a trabajar me di cuenta de que existía la posibilidad (de dedicarme al periodismo) de tomar algunos cursos especiales para titularme. Pero no lo hice porque ya estaba colegiado y no tenía inconvenientes para desarrollar la profesión. Empecé a ejercer el periodismo porque tuve algunos maestros relevantes de esa época (Como Fernando Alarcón y Eduardo Ravini, según ha contado en otras entrevistas). Me gustaba mucho.
En la universidad me activé en política y aprendí. Estudié en la Scuola, que era un colegio muy chico; (aunque) igual estaba informado de la política, porque me gustaba leer los diarios. Pero en la Escuela de Derecho fue donde participé en política. Era muy entretenida, pero muy brutal. Creo que la política es más brutal que la tele. Y dije: “No me voy a dedicar a esto”.
Estuve en el discurso de Eduardo Frei Montalva de la Marcha de la Patria Joven, y políticamente dónde me siento ubicado? (Pregunta reportero). Algún día hablamos de política, ¿ah? Me interesa. Pero yo, por respeto a la gente que me sigue, que va de Tongoy a Los Vilos: cuando uno da una opinión política la gente que no piensa como uno se siente muy agredida. Prefiero guardar mi sentimiento y mi pensamiento.
Creo que el Derecho en el periodismo me ha servido, desde el punto de vista que te da una visión muy amplia del área humanista: uno recorre desde la Historia a lo que es propiamente el Derecho positivo. Uno tiene una visión más amplia de la sociedad —creo yo— porque se abordan más profundamente los problemas sociales y económicos de la sociedad en que vivimos. Me parece que el Derecho es una excelente formación para cualquier otra carrera que tenga que ver con el humanismo.
Cuando estuve en Derecho había cuatro o cinco compañeros que eran periodistas, y trabajaban en la radio fundamentalmente. Y les pedía que me llevaran a la radio, y no resultaba. Hasta que en un momento se abrió una puerta y comencé el camino en el cual pienso que me fue bastante bien. No sé si sentía que tenía pasta de periodista, pero tenía la convicción de que me iría bien. Estaba seguro. No entré al “de por ver”, como se dice en la jerga popular, cuando uno juega al “de por ver”, o sea, sin dinero de por medio: aposté todas mis fichas, convencido de que me iría bien, que iba a ganar ese partido.
No me planteaba ninguna expectativa de “quiero hacer esto o lo otro”. Yo era fascinado por el deporte de cualquier naturaleza, en cualquier lugar del mundo, y me dedicaba a ser un un estudioso de eso... ¿Y hasta dónde iba a llegar? ¿Por dónde transitaría? No lo sabía. Se fue todo dando a medida que caminaba, dando un paso detrás de otro, una cuestión detrás de otra, e iba encontrándome con obstáculos y momentos bonitos. Pero es una pelea dura y constante, tanto en la radio como en la televisión, que fueron los dos medios donde he trabajado fundamentalmente; he hecho algunas cosas en revistas.

Partimos como TVN a finales de 1969, y tuve el regalo de que en 1971 ya conducía un programa Guantes de Oro que después un exitazo en el horario prime. Eran cosas que para mí no resultaban como algo posible en ningún rincón de mi corazón obviamente, pero iban dándose las cosas.
Gonzalo Bertrán evidentemente tuvo un rol en mí, porque fue, creo yo, el gran impulsor del área deportiva de TVN, uno de los fundadores, y yo ya estaba allí. Me nutrí de toda esa capacidad, esfuerzo y la personalidad de Gonzalo, para transformar un proyecto en algo concreto. Cuando lo recuerdo es bien estremecedor, porque no existía el concepto de “área deportiva” en la televisión chilena. Lo creó Gonzalo. Y tuvimos desde el comienzo un éxito salvaje.
Ninguno entendía mucho: el golpe de Estado estaba desarrollándose en caliente. El golpe fue un martes y creo que volvieron a reabrir el canal un viernes, tras tres días fuera de circulación (puede que me equivoque, pero es lo que recuerdo). No todos entraban, había una discriminación en las puertas del canal para que algunos y otros no pudieran entrar. Llegué como a las 10 AM al canal y me fui a las 1. Me hizo bolsa ver a compañeros que estuvieron tres horas ahí parados, esperando la posibilidad de pasar, de entrar, para recuperar su posición de trabajo. No había posibilidad. Eso era bien duro.
Nos reunieron a todos a todos los que entramos. En esa reunión que convocó el sindicato había alguna autoridad del directorio saliente, y también había militares dentro del casino del canal. En ese momento no existía ningún ambiente de hostilidad ni mucho menos. Tanto fue así que Gonzalo Bertrán, presidente del sindicato de TVN, pidió, en un momento determinado, un minuto de silencio por la memoria de Augusto (“Perro”) Olivares Becerra (Estrecho amigo de Salvador Allende que se suicidó en La Moneda), director general del canal; un tipo extraordinario, fuera de serie y gran periodista. Fue el que me empujó para hacer Los Guantes de Oro, así que teníamos una relación bien cordial. Muy emocionante. Hubo lágrimas en ese instante. Mucha emoción. Ahí nos empezábamos a dar cuenta cómo venía la mano.
Con Carmen, mi hermana, teníamos una relación muy potente. Sobre el homenaje que le hizo Pedro Lemebel en el De Pé a Pá, ¿te digo una cosa? No veo televisión del recuerdo; por ejemplo, no tengo en la casa un video, CD ni nada de algún momento memorable. Pero de repente reviso en Instagram o TikTok, ahí veo... ¿Y te digo una cosa? En ese primer momento me golpeó Lemebel, me dejó absolutamente al borde del knockout. Pero con el tiempo, he ido admirando ese momento como un homenaje a mi hermana, que realmente es poco para lo que ella fue... Hasta ahí lo dejamos.
¿La detención de mi hermana en 1984 me trajo problemas?... Creo que no vale la pena recordarlo... Sí hubo alguna dificultad... Dejémoslo ahí nomás...
Tuve que salir de Radio Chilena y después regresé en 1990, después de que Ernesto Corona, director de la radio y presidente del directorio, me prometió que “cuando vuelva la democracia volverás a Radio Chilena”, y me dijo: “El primer día te quiero acá”. Y volví antes, porque en enero ya estaba ahí. Fue importante. Con la Radio Chilena yo tenía un vínculo muy particular. Lo tengo ahora con Radio Agricultura, donde llevo 25 años, entonces no es menor estar 25 años en un medio.

Partí haciendo La Chispa del Deporte, el fútbol, y era el jefe de deportes. Y en el 1993 empecé con Rapidísimo. Y el salto, el hermano menor, de De Pé a Pá parte en 1996 hasta el 2005: diez años al aire. Partió porque Jaime de Aguirre me propuso la idea, que yo también ya la tenía en la cabeza.
¿Tengo alguna edad o época favorita?... Qué buena pregunta... ¿Te digo una cosa? La he pasado siempre bien. Y he hecho las cosas que me han gustado, he querido, y me he jugado por eso, le he puesto empeño y pasión. Pude hacer muchas cosas en la radio, que me han provocado enorme satisfacción. Pude hacer en tele también; por ejemplo, un momento que me apasionó mucho profesionalmente fue el salto a la conducción de un programa magazine, misceláneo, que se ganó un una posición dentro del prime. Es el programa que más años ha estado en el prime en TVN, con resultados espectaculares en el rating. Encabezamos el rating durante muchas temporadas: diez años hicimos el De Pé a Pá, entonces es un momento que lo recuerdo como el prime de Pedro Carcuro.
Lo profesional es una parte, pero lo personal siempre tiene historias buenas y malas, y para qué vamos a aburrir a la gente con esas latas, jajaja.
Cada tiempo tiene su historia y uno la va construyendo día a día. Y es mejor cuando uno lo hace bien. Y cada día es peor cuando uno se equivoca y lo hace mal. Y eso nos pasa a todos: no podemos evitar los pasos en falsos. Por ejemplo, la tecnología no es que me provocará un problema existencial; echo puteadas porque me doy cuenta que no tengo la capacidad de mi nieto para manejar todo lo que hay, pero de alguna manera nos arreglamos.
¿Mi entrevista favorita del De Pé a Pá? Ahí soy bien obvio: soy devoto de Diego Armando Maradona, así que el haber conversado en dos oportunidades para el De Pé a Pá, y otro montón de veces en otras circunstancias, me genera particular alegría, satisfacción y recuerdo emocionado. Un escritor argentino, que no sé si fue (Eduardo) Sacheri o (Roberto) Fontanarrosa, dijo: “¡Qué me importa lo que Maradona hizo con su vida! Me importa lo que hizo con la mía”. Ahí está la respuesta más perfecta. Nos regaló a todos el placer de ver a un jugador excepcional, un genio dentro y fuera de la cancha también, contrastando con todas sus cuestiones negativas.
Hice muchas entrevistas para el De Pé a Pá, pero algunas no se concretaron como a O.G. Simpson y (Lucien) Bouchardeau (Polémico árbitro de Italia-Chile en Francia 1998). A Bouchardeau le prohibieron viajar, lo detuvo la policía de su país cuando iba al aeropuerto a tomar el avión para venir a Chile. Y con O.G. Simpson fue lo mismo: estaba con la maleta lista para salir de su casa rumbo al aeropuerto; venía, y al día siguiente virtualmente daba la entrevista. Y hubo censura de parte de algún ejecutivo de TV, porque (O.G.) fue declarado “no culpable” en el juicio penal; y en el civil, por los daños y perjuicios que se le provocó a la pareja que falleció en ese asesinato, salió culpable de algunos que conllevan daños civiles, no penales; “no guilty” como dicen los norteamericanos. Y eso se consideró como que no podíamos entrevistar a gente que había sido sancionada en los tribunales de Justicia.

Hay historias que son increíbles: Había dos muchachos argentinos que fueron extras en la filmación de la película Titanic (1997): los descubrimos y los trajimos. Y peleamos el rating contra un cantante argentino que no me acuerdo, contra Viva el lunes (Canal 13)... ¡Y nos sacó la cresta! Y no lo imaginamos nunca. Entonces reflexionábamos y tratábamos de entender “por qué nos sacó la cresta”. Y así con muchos otros personajes.
Uno ralla la papa con el rating. Es imposible obviarlo. Antes era mucho mayor que hoy. Ahora ha ido cambiando la medición del rating, se ha ido valorando de otra manera los contenidos, y se valora el rating comercial desde otro punto de vista. Dejó de tener presencia este todopoderoso de la televisión en Chile, el rating. No te puede haber ido mal diez años al aire. Yo trabajaba muy codo a codo con Guillermo Muñoz, periodista y productor ejecutivo del programa. Y con él discutíamos, analizábamos por qué nos había ido mal acá.
En De Pé a Pá teníamos la gracia de aventurarnos, de traer a un cura y a un trans, temas que en ese tiempo eran vetados para la televisión. La televisión era la expresión de un Chile muy conservador y muy cartucho. Y nosotros rompimos ese esquema dando algunos pasos que hasta ese momento nadie se había atrevido. Y eso nos dio un rédito y rating muy grande, jaja.
¿Fui cartucho?... Depende, po’: al lado de algunos, no; al lado de otros, sí... Me cuesta discernir al respecto: no me considero cartucho, pero tampoco muy patudo; mitad de camino. Y me arrepiento en muchos casos, jejeje.
¿Fui picaflor o galán en alguna época?... Te digo: me arrepiento de haber sido tan tímido. Ahí se manifestaba, jeje.
¿Era enojón?... ¿Te digo una cosa?... Cuando entré a la televisión, en el comienzo, era un mundo muy explosivo. Había mucho garabato en la recriminación. Hoy los jefes no pueden hacer eso, pero me acuerdo que había periodistas mujeres que llegaban al canal el primer día y que se iban a las 7 de la tarde diciendo: “No vuelvo más.” Era un mundo completamente distinto; uno no puede decir “fui más enojón”, porque todo depende de lo que pasaba y cómo se manejaban los tiempos, las circunstancias, cómo eran las relaciones entre las personas y con el jefe.
Una vez me mandaron hacer una nota al paracaidismo, ¡que me daba profundamente en las pelotas ir a hacerla! Y el jefe de prensa me rompió cinco veces el libreto antes de que yo pudiera grabar el audio, jaja.

Las comunicaciones han sido mi gran pasión y en algún momento la televisión trastorna (CNN Íntimo, 2026). Provoca un estertor, con efectos muy parecidos a aquellos que te da la droga: esa efímera euforia que dura mientras dura el éxito, y eso te trastorna, evidentemente (para) todos los que hemos jugado con el rating al frente. Y seguirá sucediendo. Perder es menos doloroso que antes, y también eso a uno lo hace reaccionar con más calma. Uno tiene que postular a que no te afecte emocionalmente. Puedes estar un poco golpeado y acá arriba (en la cabeza) te circulan mil ideas, algunas buenas y malas, y tienes que pretender que no te confundes, que no se te meta un pajarito en la cabeza. Igual que cuando ganas. Este juego del éxito y del fracaso es válido para todas las actividades del ser humano.
Me han contado que en la universidad hay algunas facultades donde hay compañeros que le roban los cuadernos a otros para que el otro no pueda estudiar. En la universidad eso es peor que (hacer) un gol con la mano. Evidentemente que la vida te regula mucho... No me quiero enredar: uno con el tiempo se va regulando y entendiendo que “estas son cosas que pueden pasar”, no que “tienen que pasar”.
Mi hijo Giovanni egresó de la Scuola Italiana y recibió el premio al alumno más distinguido, y yo no estaba, porque me mandaron a cubrir en Japón a Colo Colo con Estrella Roja por la Intercontinental (1991)... Fue una irresponsabilidad de parte mía... Creo que es más importante haber estado con mi hijo. No lo hice: una pelotudez. Y me arrepiento hasta ahora. Y creo que la gente que te quiere te pasa la cuenta igual. El tiempo no se recupera. Ya se perdió ya. Pero hay que luchar por tener otro mejor... Pero ya perdiste ya. Y me perdí un momento excepcional. En ese momento, cuando uno tiene que tomar resoluciones, con la cabeza y también con el corazón: me equivoqué. Uno todos los días va aprendiendo algo en la vida, hasta el último minuto.
Una vez Don Francisco me entrevistó con uno de mis hijos, que dijo que mi “único” defecto es que yo tenía “mucho ego”, y si lo dijo él debe ser así… Creo que todos los que trabajamos en la tele tenemos un ego medio desarrollado. Uno, aunque lo niegue, es así. Tengo mucha distancia con los placeres que provoca el éxito y también con el dolor que provoca el fracaso, porque me doy cuenta de que es una cuestión que depende de mil circunstancias, y que no va directamente en relación con si eres más o menos feliz. Es una cuestión de la pega, y hay que tomarla como es. Pero el ruido es por el orgullo de uno, cuando ganas decir “le gané al número uno”; y cuando pierdes, “soy una mierda”. Esa reflexión en torno a estos dos polos evidentemente provocan una calidad ególatra (no todos los ególatras son iguales).

He dicho que me faltó “autoestima” o “creerme más el cuento”... ¿Te digo una cosa? A propósito del ego y el sentirse un poco más de lo que uno es te permite a veces conseguir cosas (o sea, entrar a la cancha dispuesto a ganarle a Brasil o Argentina): en ese aspecto quizás fui más modesto de lo debido.
La crítica, si uno la pasa por el cedazo, al final siempre algo te da. Uno no puede decir “este hueón me tiene mala”. Es como los profesores: si te sancionan con una nota poca deseada, algo mal hiciste en la prueba. Hay que tener también esa capacidad para analizar, poner sobre la balanza y decir: “Estoy en esta pega, me van a pegar mucho y hay que avanzar con esta mochila”. A mí lo único que me molestaba en ese sentido es alguna crítica que te das cuenta de que es con mala leche. Es lo único que no acepto. Cualquier crítica mala creo que es posible.
¿Cómo evoluciona el ego con los años? Trato de disfrutar el día a día. El año pasado, por ejemplo, disfruté a concho con el programa Car curo (Entrevistas a los distintos candidatos presidenciales, salvo a José Antonio Kast, que no logró concretarlo), y no nos preocupaba el rating. Nos fue bien, hicimos algo que tenía un buen contenido y lo disfruté. Otras veces, antes de los Juegos Panamericanos, hicimos como Pedro por su casa, que nos fue mal. A uno le cuentan hasta diez y se va a los camarines a mojarse la cara, jajaja.
Uno somete a juicio lo que ha hecho, y de pronto se da cuenta de que de lo que pasó está estrujando información que la puede manejar a favor o en contra... ¿Soy muy autocrítico? Sí, en general soy autocrítico.
Todos los días me acuerdo de mi hijo Franco. Converso con él todos los días... No voy a hablar más de eso... No.

No sé por qué nunca pude tutear a Sergio Livingstone, ¿éramos amigos? No éramos íntimos amigos pero teníamos una relación muy cordial y muy respetuosa en el ámbito profesional; y en lo humano, gran cordialidad y afecto, sin que se transformara en andar a los besuqueos, en el buen sentido, jaja. El libro que yo hice del Mundial, Me pongo de pie (Que lo terminó de escribir tras la muerte de su hijo), lo prologó el “Sapo”, y yo dije: “Este prólogo es una carta de amor”. O sea, había un afecto que estaba debajo de la piel y que se manifestaba en algunos momentos. Creo que nos quisimos con el “Sapo”. Cuando el libro se presentó, ya no estaba el “Sapo”. Murió poco antes de que lo presentáramos.
Estaba fuera de Chile cuando murió el “Sapo”, ¡pa’ variar! (Para la muerte de su su hijo también: en Argentina cubriendo la Copa Libertadores). Como a las 11 de la mañana me avisaron que había fallecido. “Sapito” tenía su problema al corazón, pero de la mente estaba perfecto. Y de repente el corazón ya no dio más, y el “Sapo” se dio cuenta. Él vivía solo con la nana, Clara, y estaba con ella, que lo instaló en la sala como a las las 11 AM para ver un partido de inferiores de la Selección Chilena que lo transmitía el Canal del Fútbol. Me contó que lo estaba acomodando, con su chalcito típico, y él le dijo: “Clarita, ¡qué lesera!, hasta aquí nomás llegamos”... Extraordinario.
¿Una entrevista pendiente?... De los personajes del fútbol, me habría encantado conocer a (Marcelo) Bielsa.
Tenía una relación muy buena con Bielsa y se cortó en un minuto. Conversábamos, teníamos una conversación muy cordial; y él admiraba mucho al “Sapo” además, lo que me abría una puerta. Y de a poquito iba avanzando e iba bien encaminado, jaja. Cuando le hice unas imágenes en Austria andando en bicicleta por la calle, ¡se emputeció! Y nunca más me habló, ¡nunca más me saludó! Creo que LUN publicó esas fotos y causó mucho impacto la imagen que pusimos en el noticiario: Bielsa en bicicleta por el centro de una ciudad austríaca, que fue durante lo primero que hizo en Chile (septiembre, 2007)... Hago un análisis racional del trabajo del periodista: si me pasara de nuevo, haría lo mismo. No me perdería esa imagen, que es como la famosa imagen de Bielsa sin dientes (creo que El Gráfico tenía la obligación de poner esa foto en la mesa). Era atractivo y divertido; no era noticia para el premio Pulitzer, pero sí para portada de LUN, ¿sí o no?... Todas las reacciones de Bielsa son exageradas. Es parte del personaje.

¿Quedó pendiente ir a un último Mundial?... Tengo nueve mundiales en vivo, viéndolos, y quería el décimo. Quería que este fuera el décimo. La verdad es que la salud, que no ha estado al 100%, me complicó un poco.
¿El futbolista más grande de la historia de Chile?... Es difícil... En el podio hay dos seguros: Elías (Figueroa) e Iván (Zamorano), para mí. Y en el tercero hay varios: los dos de la “Generación dorada”, Alexis y Vidal, podrían ser el tercero.
¿El evento deportivo que más me ha marcado? Creo que, por muchas razones, fue el partido de Chile con España en el Mundial del 2014. Primero, porque es el mejor partido que ha jugado Chile en una competencia importante, o el mejor partido que vi de una Selección chilena en toda mi vida. En segundo lugar, eliminamos a los campeones del mundo. Tercero, tenía esa magia maravillosa de 40.000 chilenos cantando el himno nacional. Y para terminar, mi hijo Giovanni era el jefe del cuerpo médico de la selección, al borde de la cancha como protagonista de este acontecimiento, que me llenaba de orgullo. Todo se juntó para que ese haya sido el gran momento de mi vida.
¿Quién me gustaría que dirigiera la Selección? Bielsa.
Ya no relato desde hace algún tiempo. Hay varios relatos míos favoritos. Podría hacer un ranking; no lo tengo aquí, pero el gol de Marcelo Salas a los italianos está en un lugar predilecto. El gol de Pato Yáñez contra Paraguay, que nos clasificó virtualmente para el Mundial del 82, también. El gol de Tardelli en el Mundial del 82 que consolida la victoria de Italia contra Alemania lo relaté pensando en mi papá. Y así podríamos seguir hasta llegar a unos diez goles.
¿Me siento más italiano que chileno? Nooo. En la colectividad italiana me putearon una semana entera por el gol de Salas y por el penal. O sea no tengo duda de que soy chileno. Pero el segundo amor es Italia, que también lo digo en forma rotunda. Me encantaría, por ejemplo, haber vivido estos últimos años en el pueblo de mi papá (Genzano di Lucania). Me hubiera fascinado... Ya no fue, ya es muy difícil. Pero tenía ganas de hacerlo. Creo que me faltó el coraje para tomar una decisión de esa naturaleza.

Nunca me fui de TVN, a pesar de que hubo ofertas y contratos sobre la mesa, porque es mi casa. Y creo que la televisión pública es un bien que tiene un país que hay que cuidarlo. Hemos sido muy poco cuidadosos como país con la televisión pública. TVN tuvo momentos espectaculares. Ahora transita por camino de tierra y con piedra, pero creo que todo el país tiene que comprometerse para que TVN sea la televisión pública que todos queremos, que es demasiado importante.
Pensaba llegar con TVN hasta los Juegos Panamericanos del 2023, pero seguí, por una cuestión de lealtad... Creo que para irse de la casa tiene que haber razones de mucho peso, y de pesos ($), jejeje... Hoy hago las noticias dos veces a la semana y los fines de semana.
La he pasado muy bien con esta campaña de Zapping... A ver si podemos hacer otra, jajaja... El equipo es responsable de todo lo que he hecho. Me han manejado como un títere. Y me he dejado manejar porque lo he pasado bien. Me contrató el Bice Vida para hacer una campaña para los seguros, y a los pocos días me contrató Zapping. O sea, que te llamen de dos empresas distintas es una cosa curiosa. Fue lo primero que me llamó la atención. Y el segundo, me he divertido mucho.
Me encanta trabajar con la gente joven y con mujeres. Lo paso mejor trabajando con mujeres que con hombres, porque creo que son más eficientes. De verdad. No es chamuyo ni nada: trabajan mejor. En El rompecabezas, en la radio (Agricultura), la primera productora general fue Camila Fierro, la segunda fue Tamara Molina y ahora estoy con Hugo Vergara, y le falta mucho a Hugo para alcanzar a cualquiera de las dos. Tiene que hacerlo. Así que los desafío, aquí, públicamente a través de La Cuarta.
¿Soy muy exigente? Sí, me caliento mucho. Ahí me caliento. Pero ahora lo hago con respeto. Antes era más vehemente, jajaja.

¿Tengo para rato en la radio? Vamos a ver... La radio es de todos los días y es un sacrificio muy intenso.
Primer matrimonio con la madre de mis hijos duró siete años, luego una larga relación, y ahora llevo 25 años emparejado con Ximena (Rojas)... ¿Un secreto o fórmula para sostener una relación? (Pregunta reportero)... Es una fomedad que hablemos de eso. Es tan obvio. Te voy contestar obviedades. Así que dejémoslo en el cariño, el amor... ¿Pa qué hablar de esas cosas? Son los elementos que te cambian tu trayectoria para un lado para otro, de acuerdo a las circunstancias de la vida... Aprenderás esas lecciones en tu vida e irás a exámenes de marzo en más de alguna oportunidad, jejeje.
¿Me considero romántico? Soy más bien sensible. Creo que es distinto ser sensible, ¿lloro? Me cuesta llorar, ¿qué me hace llorar? Algo no tan íntimo: un gol de Chile me ha hecho llorar en alguna oportunidad.
Mi señora me maneja las platas hasta el día de hoy. Soy un desastre. Ella me maneja todas las lucas, lamentablemente, jejeje.
¿Qué papel juega la sexualidad a los 81 años?... Pregúntale a un médico sexólogo, jajaja.
Después del episodio con el conductor de Uber incluso me ofrecieron investigar y sancionar. Y yo de ninguna manera quería perjudicar a una persona que está trabajando y que puede estar en un mal momento. No le di más importancia que un incidente de un minuto, que afortunadamente no llegó a ninguna consecuencia grave.
Nunca le he bajado la aceleración a mi carrera. Creo que lamentablemente esa es otra cuestión que me genera un conflicto permanente. No debería, jajaja.

¿Cómo soy como abuelo?... Un ejemplo: estos días he estado en casa reposando, no me sentía bien y me vino un conflicto. Había adquirido el compromiso de ir a dejar a mis nietos al aeropuerto, porque los papás están en Japón. Hacía frío, me sentía mal, patuleco y todo, y el avión partía a las 1:30 de la mañana —para que tengas claro— y fui, porque quería estar con mis nietos. Son momentos que valen la pena. Pensé: “A lo mejor me quedo en la casa, en la cama, rico, recuperarme, calentito”. Pero muy hubiera perdido ese momento de despedirme, de abrazarme con Ema y con Mateo cuando iban a encontrarse con los papás a Japón.
¿Hoy qué me pone feliz? Creo que todo lo que emana del amor, con la gente que está cerca de mí, SIEMPRE me ha puesto contento. No hay variaciones de ninguna naturaleza.
Tengo buena memoria y la de antes era extraordinaria. El 95% de los que estudian Derecho tienen buena memoria. Es obligatorio, si tienes que aprender casi la Constitución de memoria y el Código Civil. Hay mucha memorización, al margen de interpretar normas y textos. Pero entrenas la memoria muy bien. Yo era desde chico un memorión.
Si empiezas a perder la memoria, evidentemente empiezas a ser un lisiado mental, entre otras cosas. Uno va perdiendo la rapidez de reacción que tenía antes. Bueno, pero hay que pelearla para aguantar lo más posible en buenas condiciones; si no, a la casa.
¿El reconocimiento más importante que he recibido?... Me voy a poner autorreferente, lo diré: cuando en los Juegos Panamericanos en el Estadio Nacional pidieron un aplauso y todo el estadio me aplaudió. Porque es la gente. Mejor que cualquier crítica o premio, es la gente... Nunca he tenido problemas con la gente en la calle, pero estos últimos diez años marcan una época distinta: como que se suma el reconocimiento de la gente a una carrera muy larga.

¿Me retiraré algún día?... Paso a paso, piano, piano: Chi va piano, va sano e va lontano (Quien va despacio, va sano y va lejos), decía mi papá.
Tengo dos hermanas. Una es Rosario, que es la mayor, que cumplió 90 años ahora. Nos llevamos muy bien. Este domingo celebraremos con un almuerzo el cumpleaños 90, así que los lazos permanecen intactos y nos vemos no muy frecuentemente como uno quisiera, pero de vez en cuando hablamos por teléfono, y nos vemos. Y está impecable de la cabeza. Mejor que yo.
Mi papá vivió hasta los 102 años y mi mamá casi hasta los 95 (le faltaba un mes)... No creo que yo vaya para las mismas. Cada uno juega un partido diferente. Es difícil, pero no es algo que me planteé como un propósito. Tengo un amigo de más de 90 años que dice: “Yo estoy seguro que llego a los 100”, y se lo plantea como un propósito de dar la pelea para llegar a los 100. Si uno va caminando, si la vida te abre puerta para vivir un poco más, está bien; y si no, está bien también. No es algo que me enrede entero o me descomponga. Para nada. Creo que entiendo que la vida tiene varios pasos que uno da inexorablemente.
¿Pienso en el futuro? En el futuro ya no. El futuro es para cuando uno tiene 30 años, po’. A la edad mía, que ya tengo 81, disfruto de lo que hago y para mí el día a día es un regalo de Dios, con toda sinceridad.

¿Dejaré un legado? Fundamentalmente el periodismo deportivo es un trabajo que pertenece más al mundo de la entretención. No le podemos dar la cuantía y el valor de que estamos haciendo Historia y que estamos escribiendo páginas memorables del periodismo. Me parece una exageración...
A mí me emociona, por ejemplo, cuando estoy con gente joven con la que he trabajado o trabajo y dicen: “Con el que más he aprendido es con Carcuro”, ¡ese es el legado! Pero es algo que está pasando ahora... Además, con la pega que tenemos nosotros, eres más o menos conocido, famoso; te mueres y a los dos meses ya no se acuerda nadie, ¡con cuea tu hijo!, jajaja.
En lo personal y profesional me siento en la tierra derecha, en los últimos metros.
La muerte me provoca reflexión, nada más.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido periodista, me habría gustado ser periodista.
En mi época universitaria no era estudioso, pero sí carretero.
¿Un apodo? Alguna vez me han dicho “Colorado” en la televisión argentina.
¿Un sueño pendiente?... Ninguno.
¿Una cábala? No tengo. No soy de esos que usan la misma camisa. No le doy mucha pelota a sus cuestiones, ni a favor ni a en contra. Lo encuentro una huevada, lo digo francamente.
¿Una frase favorita? Yo creo que es muy obvia la respuesta, pero la frase que me ha identificado, y que la gente me expresa en la calle a cada rato, es: “Me pongo de pie”. Se asocia con el gol de Tardelli en el Mundial del 82.

Una trabajo mío que no se conoce es que fui secretario de la Dirección de la Caja de Empleos Municipales de la República, cuando estudiaba Derecho. También fui productor general de Julio Iglesias en un programa.
¿En qué gasté mi primer sueldo? Con la primera plata que junté me compré un Fiat 600.
¿Algo en lo que te arrepiento?... Uno no saca nada con arrepentirse porque las cosas las hace por alguna razón en el momento que ocurren. Porque arrepentirse implica mandarse una cagada, y uno se manda una cagada porque se dan las circunstancias como para embarrarse: lo hiciste y lo mejor es limpiarse e intentar seguir.
Un periodista chileno que admiro son el “Sapito” y Julio (Martínez), dos grandes y, para mí, los más grandes.
Un periodista famosillo muy amigo es Guillermo Muñoz, con quien trabajé en TVN; Michael Müller, también. Fuimos muy amigos con Patricio Bañados, que murió. Y hay otros por los que siento un gran afecto, como Manuel Mendoza, que fue el primer jefe que tuve en TVN; me enseñó una barbaridad.
¿Un pasatiempo o talento oculto? No son muchos los pasatiempos y no me alcanza para esconder algún talento.

Un libro favorito es Tumbas etruscas (D. H. Lawrence), que tiene como excusa una tumba etrusca que está en algún lugar de Roma, si mal no recuerdo, y que trata el vínculo entre la gente del norte y del sur en Italia. Es algo que me ha golpeado e inquietado siempre, porque es difícil y doloroso aceptar esas divisiones brutales que pasan por lo político, racial, económico y cultural. Y a mí me tocó ser descendiente del lado pobre, jajaja.
Una película que me hace llorar es Un día muy particular, de Marcello Mastroianni.
¿Un miedo? Lo que me da mucho miedo es estar en el mar arriba de un bote, de un barco, solo. No sé por qué será.
Si pudiera tener un superpoder sería convencer a mi señora de que nos fuéramos a vivir a Italia, jajaja. Ya no.
¿Un placer culpable?... ¡Cómo van a ser culpables los placeres! Hay que aplaudirlos y agradecerlos, partiendo por uno tan simple como ver un espectáculo, y estar con la persona que te encanta, te gusta y más encima la quieres. Y así con todo... Fumé, pero ese no es un placer: es un mal y muy culpable, porque hace mucho mal. De repente me tomo un traguito: me gusta el vino, fundamentalmente.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado: contemporáneo, me gustaría que estuviera Maradona; Lucio Dalla, un cantante italiano, que canta “Caruso”; y el tercero es Eduardo Frei Montalva.
Pedro Carcuro es un profesional que la gente conoce más o menos bien, que saben que pueden confiar y que no les haré trampa. Para decir una sola palabra: ha tratado de ser un tipo honesto en su vida, y no mentirle a la gente.
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