La Firme con Pollo Fuentes: “Desde que existe el Pollo me perdí un poco… el Pollo se comió a José Alfredo y a los demás”
Cuando cumplió los dieciocho y reveló a su madre sus planes de firmar con un sello discográfico en lugar de estudiar periodismo, la respuesta lo frenó en seco: “¿Estái más hueón?”. Es más, si no fuera por la rápida gestión de un profesor del Colegio Marista que, fascinado con su registro vocal, negoció para convencerla, esta historia sería de seguro muy diferente. De aquel episodio se cumplieron exactamente seis décadas y ahora que arrancó la cuenta regresiva para celebrarlas, José Alfredo, el Pollo Fuentes, hace memoria con el diario pop. La euforia femenina, su vida como rockstar, el dolor de no haber tenido a su padre, las críticas por Chacarillas, su costado televisivo y sus ganas de cantar dos o tres años más: a continuación.
En ese Chile, que aún preservaba el ritmo pausado y cercano de sus barrios y que apenas comenzaba a soñar con la modernidad, el centro de Santiago lo era todo: una ciudad dentro de la ciudad donde las parejas se anidaban en los cines, los mayores hacían sus diligencias y el resto perdía el tiempo en cafeterías o salones de billar. Era, también, el destino habitual de un joven Alfredo Fuentes, cuya trayectoria en la música estaba por despegar.
Una historia como la suya se ha escrito y reescrito decenas de veces, pero podría resumirse así: que, forjado entre lo que oía de niño en la radio y, sobre todo, el atrevimiento magnético del rock and roll y los hipnóticos movimientos de cadera de Elvis, Fuentes sacudió el árbol entre sus compañeros de colegio —allí, cantando en las fiestas, construyó su primer público—, se hizo vocalista de un conjunto próximo a grabar, giró por las radios, asomó en revistas, y que la última manzana cayó en Producciones Caracol —sello discográfico dedicado a la difusión de música folclórica y popular— donde sacó su pasaporte al estrellato.
Fuentes, que de Alfredo y Rucio pasó a hacerse conocer como José Alfredo, y en definitiva Pollo, lo entendió después de un tiempo: cuando ya no podía salir solo a la calle, y mucho menos al centro. Las mismas mujeres de amarillo que llenaban sus presentaciones de vermouth y noche en el teatro Caupolicán lo seguían a punta de gritos y abrazos y besos y más al estudio. En rigor, dondequiera que él fuera. Quienes lo vivieron lo cotejan con la Beatlemanía, especialmente desde que las radios empezaron a reproducir en bucle Te perdí/ la culpa fue mía/ pues no pensé/ que yo aún te quería y en la calle la coreaban y los maestros de la construcción la sufrían y, en la revista más osada de la época, una de las caricaturas angulares también la hacía suya. Fuentes, con su sola presencia, ya llenaba aeropuertos y su mánager, amante de estas cosas, lo paseaba en un convertible por la Alameda. Cuando salía a pinchar con sus amigos, Wildo y Buddy Richard, las chiquillas lo buscaban solamente a él. Fue el primero de La Nueva Ola en cobrar un millón de pesos por presentación y, en cada una de ellas, sus mujeres lo agasajaban con un grito: ¡Oro, oro, oro, el Pollo es un tesoro! En algún punto ya era más una leyenda que un hombre, mucho menos un cantante que una superestrella.
Otra prueba: en alguna ocasión, a Fuentes y otros artistas los invitaron a jugar un partido preliminar en Quillota. El plato principal, se suponía, era San Luis, el equipo local, pero tres horas antes el estadio ya lucía un lleno total y la entrada, entre artistas y periodistas deportivos, se llevó todo el protagonismo. Claro, era porque Fuentes estaba ahí. Llegado el final, las gradas prácticamente se vaciaron. A la mayoría, chicas de amarillo, no le importaba realmente el devenir del cuadro canario sino —tan sólo— ver por un rato a su ídolo, el Pollo, disfrazado de futbolista. Pero la verdadera sorpresa llegó unos días más tarde, cuando al cantante lo contactó un dirigente de San Luis.
—Pollo, quería hablar contigo —lo buscó—, a ver si tienes un tiempo pa’ venir a conversar al club. Tenemos interés en contratarte como futbolista.
Cuando esto ocurrió, José Alfredo Fuentes debe haber puesto su mayor cara de sorpresa.
—¿Me están hueveando? —les preguntó, por si las moscas.
—No, si es de verdad, hueón.
—¡Si yo no soy capaz de jugar profesionalmente!
Pero eso al tipo lo tenía sin cuidado. Sus intereses eran otros, y Fuentes, que de niño había soñado con ser futbolista, se probó en Universidad de Chile y jugó uno que otro partido en las inferiores de Iberia, estaba a punto de caer.
—Pero entrái diez minutitos y nos llenái el estadio…
En fin, historias como estas, donde hibernan amores, muchos amores, amistades, fanclubs de aquí y el extranjero, su costado televisivo y diálogos con estrellas de todo tipo, son a las que el Pollo buscará rendir tributo en un mes exacto, el domingo 17 de mayo, cuando haga su debut en el teatro Municipal para celebrar sus sesenta años de vida artística. En tres actos que considera esenciales contará una historia, su historia, que comparte en las siguientes líneas con La Cuarta.
La Firme con el Pollo Fuentes
A mí casualmente me llegó la música, y digo casualmente porque yo pensaba estudiar periodismo y ser colega tuyo... el año 65 terminé mi sexto de humanidades, ya había hecho el bachillerato y tenía un puntaje adecuado como para poder estudiar lo que más me gustaba para entrar a la universidad. Pero aparece esta otra opción de la música, y ahí viene un momento bien complejo, porque le cuento a mi madre que me habían ofrecido grabar disco. Yo tenía que firmar un contrato con un sello discográfico, pero debía hacerlo ella, porque a los dieciocho uno no era mayor de edad, era a los veintiuno. Y mi mamá me dice: “¿Querís dedicarte a eso y no entrar a la u? ‘Tai más hueón, ja, ja, ja. Por ningún motivo”. Fue terminante. Yo tenía dos hermanos mayores, doce y trece años más que yo, y mi hermano Iván estaba de acuerdo con mi madre. La Wilma, mi hermana, no: ella les decía déjenlo cantar, si es lo que le gusta y le hace bien. Pero fue más fuerte la opinión de mi mamá y mi hermano, así que nada, soné, po.
Un profesor fue el que convenció a mi mamá. Esto se lo conté a él, un hermano marista del colegio, el hermano Lucio. Él había seguido siempre mi carrera dentro del colegio de cantante, como solista en el coro, y yo además cantaba en la radio Portales en un programa de aficionados. Después me contó que él iba a escuchar pa’ callado. Entonces fue a hablar con mi mamá y la convenció. Él fue el gestor. Lamentablemente ya no está, me hubiera encantado que estuviera a estas alturas de la vida. Siempre tuve contacto con él, lo fui a ver hasta sus últimos días. Un día antes que muriera estuve incluso con él. Fue el primero que abrió la puerta para que yo pudiera entrar a ese camino, firmar contrato y grabar.
Amo la música, Dios o el destino me pusieron en este camino. Y yo digo mucho que mi papá también, que murió muy joven y de alguna manera creo que movió los hilos. Entonces, esto es de mucho respeto. De mucho amor. Mucho respeto por lo que hago, respeto por la gente que me escucha. Y se hizo tan grande en tan poco tiempo la popularidad del Pollo Fuentes, que ameritaba más respeto y más dedicación todavía. Yo creo que eso, en el tiempo, ha hecho que perdure. Y a eso súmale los programas de televisión, que han sido muy familiares, especialmente Venga conmigo y Éxito. Entonces, he estado en la casa de la gente, en sus hogares, desde que tenía dieciocho cantando y después, desde los veintitantos en la televisión. Así ha sido toda mi vida, entonces se hizo fácil el camino. Por la respuesta de la gente y por mi caminar sin darme cuenta. Por aquí voy, por aquí me gusta y esta es mi vida. ¡Y de repente me encontré con que llevo sesenta años!
Mi viejo murió muy joven, de cuarenta y ocho, y yo quedé de ocho años huérfano. Ahí comienza una vida compleja económicamente. Posteriormente, a nivel familiar, mi madre se casa con otro señor al que no le interesaba mucho lo que yo hacía y era un poco celoso del amor que mi madre me tenía. Y por ahí empiezan estas ansias de que mi padre estuviera vivo.
Yo he sentido que la persona que más me ha querido, o que me ha expresado cariño, y que me perdonen todos los demás, fue mi padre. En los ocho años que vivimos juntos, desde que yo tenía uso de razón, y uso de razón debo haber tenido como a los cinco, que era extremadamente cariñoso. Me amaba mucho. Él era dentista y tenía cáncer al páncreas, entonces se daba cuenta de que esto no tenía vuelta. Y lamentablemente creo que, cuando supo que tenía cáncer, debe haber sufrido muchísimo al pensar no voy a ver a mi hijo crecer, no lo voy a ver grande, que era su mayor ilusión. Yo era muy regalón de mi papá. Y recuerdo alguna vez que mis puños se mojaron cuando los ponía sobre sus ojos, yo arriba a caballo de él, y se tapaba los ojos para que yo no lo viera llorar. Me di cuenta con el tiempo, en ese momento no cachaba. Después se me empezó a abrir la vida, como a los diecisiete años: ahí empieza esto de encontrar el sendero de la música, y se dio muy fácilmente. Entonces, es muy curioso que hayan pasado las cosas que pasaron y de la manera que sucedieron. Que un profesor del colegio andaba buscando a un cantante para que cantara en un festival, alguien le habla del Chico Fuentes, del 4º B, que era yo, ganamos el festival y este señor se va a un sello discográfico a mostrar sus canciones para que las grabe Buddy Richard o los artistas que estaban en Caracol, pero cantadas por mí. Y el productor discográfico, Antonio Contreras, aparece en este camino también y dice: no, tráigame al que las canta aquí. Después un compañero me bautiza como Pollo, que también fue muy importante porque llamarse José Alfredo Fuentes, sí, está bien —además que no es mi nombre verdadero, yo me llamo Alfredo José y el productor lo dio vuelta—, pero primó el Pollo. Es como si una agencia de publicidad hubiera hecho todo. Todo se fue dando en el camino, hasta la televisión mágicamente. Por eso creo que mi papá, si bien murió, siguió estando a mi lado.
Mis padres me dejaron mucho amor. Y yo era mucho más chico que el resto, había doce y trece años de diferencia, entonces también era regalón de mi hermana y de mi hermano. Mi mamá era muy cariñosa y mi papá pa’ qué te cuento. Yo era un cabro pesado, fundido. A veces me tenían que sacar con el plato al auto pa’ que comiera, ja, ja, ja. Un hueón pesado, pero regalón y muy lleno de cariño. Y de la familia en general. De la familia por el lado de mi mamá, muchas hermanas y hermanos, ocho, y muchos primos, y todos los primos llenos de cariño. Mi papá me decía “Guatita” y mis primos más grandes, hasta el día de hoy, me dicen “Guatita” por él. Por el lado de mi hermana también había mucha música. Ella se dio cuenta que a este cabro, de cinco o seis años, le gustaba pararse al lado de la radio, cantar las canciones y las cantaba bien. Hubo preocupación por el lado de ella principalmente, y por eso peleó para que me dejaran cantar.
En mi casa había mucho amor y mucha humildad, mucha gente de trabajo. Mis hermanos, cuando muere mi papá, fueron obreros. Mi hermano obrero de la Corfo, mi hermana obrera del laboratorio Geka. Entonces también el hecho de tener calle, de tener necesidades, de vivir en pensiones, de arrancarse de repente en la noche porque no teníamos pa’ pagar, todo eso sirve. Hay otras personas que no lo han tenido y sí, tienen sus valores igual, pero a mí me dio eso de que me permite estar muy cerca de la gente. No decirle nunca que no a una persona, a las señoras que llaman y todo. Fue bueno haberse curtido en algunos momentos difíciles.
Después de que murió mi padre, yo no era consciente de lo que estaba pasando, por qué yo me encerraba en mi pieza a escuchar música y lloraba yo con la música. Por qué le cantaba a una vecina de al lado, que se llamaba Hilda. Debo haber tenido diez años e Hilda unos catorce, y me metía a su casa y le cantaba canciones en inglés y yo no sabía inglés, ja, ja, hacía la fonética de los temas, los chapurreaba. La música estuvo siempre ahí, pegada conmigo. Después me descubren en el colegio, que cantaba bien, era solista del coro y cantaba en las iglesias donde iba nuestro coro.
Llega, además, a sexto básico Wildo, Wilfredo Labarca, y nos hicimos íntimos amigos. A los dos nos gustaba el fútbol, la “U” y la música. Con Wildo teníamos Los Springs, que éramos los famosos del colegio. Estábamos en quinto de humanidades, tercero medio, y en todas las fiestas del colegio nosotros cantábamos. Y cantábamos canciones hechas por nosotros. Algún cover por ahí, pero los chiquillos del colegio, un colegio muy grande, alrededor de mil alumnos, todos se sabían nuestras canciones. Teníamos un público, ja, ja, y te las pedían. Estaba entonces todo dado para que me impregnara de la música.
Era fanático del rock and roll, me paraba frente al espejo y hacía lo mismo que hacían Presley o Bill Haley. Fui a ver todas sus películas musicales. Había un cantante alemán tipo Elvis Presley, también iba a ver esas películas. Y las canciones de Los Platters me gustaban mucho. En el recital voy a hablar de eso y voy a cantar una en especial, con un estilo muy bonito, algo que hizo Dolly Parton. Voy a contarle a la gente que ellos me empujaron. Y, bueno, el primero fue Lucho Gatica, porque mi hermana era fanática. También iba al teatro por mi hermana, que me llevaba a ver comedias musicales o simplemente teatro con los actores de ese tiempo, Américo Vargas, los hermanos Duvauchelle, y los esperábamos para verlos a la salida. Entonces, el arte estuvo muy presente.
Me pude hacer amigo, con el tiempo, de Lucho Gatica y no podía creerlo. Fuimos muy amigos. Venía Lucho a Chile y se juntaba conmigo y dos personas más.
A mi colegio llegaron unos chiquillos que se llamaban Los del Sendero y me invitaron a cantar con ellos. Estaban listos para grabar “El cura de mi pueblo” de Nicanor Molinare. Uno de ellos era Roberto Espinoza, estaba también Moncho Silva, folclorista y locutor de radio en Valparaíso, y otros amigos. En fin, llegan a mi colegio, alguien les dijo que había un Chico Fuentes en los Maristas que cantaba bien, que por qué no lo iban a escuchar. Me escuchó Roberto con Ramón y al tiro me dijeron: ¿querís ser parte del grupo? Vamos a meternos de aquí al estudio, ensayamos contigo y entramos a la EMI a grabar un disco. Ahí grabamos y fue un éxito. Empezamos a cantar en radios, en la Cooperativa, Portales, todas las que tenían auditorio. Pude conocer a Violeta Parra, a Los Cuatro Cuartos y a todos los grupos que estaban naciendo en el folclore. Wildo me acompañaba en todas estas cosas y una vez me dijo: oye, hueón, estabai cantando, llegaron Las Cuatro Brujas y una dijo vengan, vengan, este es el cabro que les dije, ¡y se ponían en la orilla a ponerte a cantar!
El Moncho Silva me puso Pollo y la revista Ritmo lo instaló muy fuerte. Me había cortado el pelo el día anterior, muy cortito. Como siempre los peluqueros se pasan, uno les dice regular-corto y te dejan pelado, ja, ja, ja. Me bajé de la micro en la calle Catedral, ahí tenía que ir hasta Maturana con Santo Domingo, eran cinco o seis cuadras, y llovía torrencialmente. Así que llegué pelado, mojado, con mucho frío. Toqué la puerta de la clase donde estaban esperándome los cabros pa’l ensayo y salió el Moncho: ¡hueón, parecís un Pollo! Vino la revista Ritmo, porque el grupo ya estaba sonando, nos hizo una entrevista ese mismo día, preguntó los apodos de cada uno y dijeron, por mí, Pollo. ¡Y era la primera vez que me estaban diciendo Pollo!
“Te perdí” fue el punto de quiebre de mi carrera. Gustavo Arriagada, como te decía, fue mi primer descubridor, llegó al curso, me sacó y se dio cuenta que había un potencial. Grabo dos canciones de él, “Enamorado de ti” y “Te olvidaste de mí”. Empiezan a tocar “Enamorado de ti”, y la gente empieza a pedir, a pedir y ya no podían tocarla más, así que dan vuelta el disco, cosa que no pasaba, y empiezan a tocar el lado B. Saco un segundo single, “Bésame, bésame”, “Eres mi sueño”, pasa lo mismo. Ya venía con furia la cosa: estaba lleno de cartas y llamados telefónicos. Entonces estábamos buscando el tercer single. Cada dos meses había que sacar un single, o menos, porque había mucha presión. Yo ya estaba en mi departamento en Avenida Santa María, me había ido de la casa de mi mamá y había arrendado un departamento pa’ mí y mi hermano y otro pa’ mi hermana con su marido, un poco devolviéndoles la mano a mis hermanos por haber trabajado pa’ pagar un colegio como los Maristas. Yo vivía con Iván en mi departamento y mi hermana en uno más grande con su marido y después con su primer hijo. Y estábamos en el departamento, guitarreando, de repente se acaba el repertorio pa’ cantar y canto “Te perdí”. Y Antonio me dice: ¡¿Y esa canción?! Y le digo que era una lesera que se me ocurrió hace algún tiempo, por una polola que tuve, que me di cuenta que la estaba echando de menos. ¡Hay que grabarla mañana!, me dijo, llame al tiro, porque hay que hacer un arreglo. Y yo le decía que no, que era muy mala. ¡Le insistía que no me gustaba, hueón! Pero el hombre tenía un ojo increíble y la grabamos. Debe haber sido en agosto… y era el “Despacito” de la época. Yo pasaba por edificios en construcción y escuchaba a los maestros que cantaban “Te perdí”, la silbaban. Había una revista que se llamaba El Pingüino donde salían chiquillas en bikini, ahí habían personajes y había uno que se llamaba Farzán, en vez de Tarzán, y en una de las historietas, Farzán va en su elefante... ¡y va cantando “Te perdí”! La hueá era mucho, ja, ja, ja.
Me empecé a dar cuenta que ya no podía salir a la calle solo. Tenía que andar acompañado, porque siempre se provocaban tumultos. En ese tiempo se circulaba mucho en el centro de Santiago, todo estaba ahí: los cines, las diligencias, los bancos. Lo que teníai que hacer, teníai que ir al centro. A Huérfanos, Agustinas, Compañía, Catedral, Plaza de Armas. Por ahí me doy cuenta de que había pasado un fenómeno increíble, pero al que no le tomé tanto peso tampoco, ah. Nunca dije: oh, es increíble lo que está pasando, no, no. Pasó esta hueá que está pasando, nomás. Me toca a mí y así es la música, así es la vida del artista decía en una anécdota del Eduard Thompson, ja, ja, ja. Y claro, iba al teatro Caupolicán, hacía dos funciones, vermouth y noche, una a las seis y otra a las nueve, y llenas de cinco mil mujeres vestidas de amarillo.
Hay gente que en mis conciertos se paraba y se iba por el ruido de las mujeres. Los mayores se iban molestos porque querían escuchar, pero las chiquillas lloraban, gritaban. Estaba ese grito de “¡Oro, oro, oro, el Pollo es un tesoro!” y había un himno, que se lo robaron a Magallanes: “¡Pollo Fuentes, Pollo Fuentes, nuestro ídolo sin par!”... “Magallanes, Magallanes…”, ja, ja, ja. ¡Se robaron la música de Magallanes y la cantaban! Y la verdad que me sentía medio mal, ja, ja. ¡No era pa’ tanto la hueá!
Era como la Beatlemanía, como ver eso. En los aeropuertos, cuando yo llegaba, llenos de gente. Una vez gané en un festival en Venezuela, competí con dos canciones y salí primero y segundo, entonces me esperaron con un auto convertible y me fui por la Alameda, era como un candidato, una hueá rara, ja, ja, ja.
Yo me dejaba llevar, nunca me sentí galán. Porque yo era un compadre bien normal: narigón, tenía mis espinillas. Entonces nunca me sentí como galán, pero efectivamente era así, porque salía con mis mejores amigos, Wildo y Buddy Richard, y si nos juntábamos con unas chiquillas, ellos decían: ya, que elija luego este hueón, porque las tres quieren con él, ja, ja, ja. Buddy, que es muy divertido, decía después: a mí déjenme la más gordita, la menos notoria. Pa’ asegurar al tiro, ja, ja, ja.
Dije alguna vez que fui puto... y es verdad, me gustan mucho las mujeres y salí con hartas chicas. En Argentina no podría decirlo, ja, ja, ja. No, pero en las giras que hice, año 66, 67, 68, tenía casi un amor en cada puerto. Bien enamorado.
La Nueva Ola significó muchísimo para nuestro país, yo fui uno de sus enamorados. Yo parto el 66 y La Nueva Ola comienza con Peter Rock en el año 59. Con Cecilia, Buddy Richard, Los Ramblers, Luz Eliana, Marisa, cantidad de cantantes. Lleno de cantantes nacionales, escuchados todos en la radio constantemente. La radio, en ese tiempo, tocaba de todo, no estaban como ahora, segmentadas: podíai escuchar una cueca y un rock. Por eso había cabida para tantos cantantes de ese tiempo. Y yo me vengo a agarrar del final de La Nueva Ola. Los entendidos dicen que incluso yo llego después que termina. Para algunos termina en el 64-65 con Cecilia, la máxima estrella.
Pasa un tiempito, mayo del 66, y aparezco yo, provoco esta cosa increíble y La Nueva Ola retoma toda su fuerza. Eso les decía Buddy Richard a muchos cantantes que estaban molestos cuando yo recién aparecí. “¿Y este hueón, por qué lo tocan a él tanto?”, “Y nosotros qué”, “Si canta igual que cualquiera”, decían, alegando. Y Buddy Richard, con su sabiduría, les contestaba: hueón, den las gracias que existe este hueón, este es el primer gallo que cobró un millón de pesos, hueón, ¡nosotros cobrábamos trescientas lucas y ahora podemos cobrar seiscientas!, ¡denle gracias al Pollo!
Los compositores de La Nueva Ola, llenos de talento, con músicos muy creativos, no tenían ni idea de lo que estaban haciendo, de lo que iba a pasar con esa música, cómo se iba a proyectar con el tiempo. No sabíamos, y no sabían más que nada, porque yo vine después, que estábamos provocando algo realmente increíble. Y no sólo sucedió en Chile: sucedió en Europa, en Inglaterra, en Estados Unidos, en México, en Argentina. Teníamos nombres diferentes en cada lado, pero todo eso sucedió en los sesenta. ¿Por qué pasó esto? No lo sé, ¿serán los astros de ese tiempo? Nosotros componíamos porque nos gustaba componer, no para conseguir un éxito. Después ha habido fenómenos como el Chico Ubiergo, como Los Prisioneros, que han funcionado muy bien, o Myriam Hernández, pero no una ola. Con tantos artistas, no.
A mí me pusieron anti-izquierda, me marcaron pa’l otro lado y yo no estaba ni ahí con la política, me daba lo mismo. En principio no entendía por qué algunos periódicos empezaban a inventar cosas: el Pollo fue a cantar a tal parte y lo pifiaron, y afuera hubo una pelea por culpa de él… ¡Y, chucha, no había pasado nada! Entonces no entendía qué le pasaba a estos compadres. Eran diarios, en ese momento, de izquierda. Estamos hablando del año 68, que no existían los pinochetistas ni los allendistas peleando ni nada de eso. Pero me cuentan después unos periodistas que un grupo muy extremo, termocéfalo, decía que yo era alienante para la juventud. Que el mensaje que se quería entregar a los jóvenes era interrumpido por artistas como yo. Que las chiquillas lloraban, se emocionaban, se desmayaban, entonces no dejaban que llegara el mensaje. Salvo que este compadre cantara el mensaje que ellos quisieran, ja, ja, ja. Pero de esto me vine a dar cuenta después. Entonces, al principio, sí, andaba apenado, decía ¿por qué, si yo no les he hecho nada? Fundamentalmente El Clarín era. Y esto se lo pasaron primero a La Última Hora, un diario que se terminó y no lo tomó, y sí lo tomaron del Clarín.
Lo de Chacarillas siempre me lo sacaron y yo no fui a dar ningún mensaje, no fui por ninguna razón política. Me insistieron mucho, porque yo igual tenía mis resquemores de ir, porque era parte de la dictadura recién establecida, pero al final me dijeron: queremos premiarte porque eres el cantante más popular de Chile. Y fui. Eso es todo. Sin dar ningún mensaje ni nada, pero de ahí hasta el día de hoy hay gente que todavía habla de Chacarillas.
Para mí ya pasó, no me duele, pero entiendo que andan perdidos o que algunos son muy fanáticos y quieren seguir con el tema. Porque está bien si yo hubiese seguido haciendo cosas, me hubiera transformado en un activista político o hubiera ido a manifestaciones de algunos presidentes. Pero nunca me incliné por nada. Entonces, lo encuentro injusto pero lo entiendo, porque es gente que está muy metida todavía en la política. Por ahí todavía me llegan sus mensajes. De cada cien mensajes, noventa y ocho son maravillosos y hay dos o tres que te tiran eso.
No me arrepiento porque siguió mi vida, nacieron mis hijos y me casé con una mujer espectacular, pero si separamos esa cosa familiar maravillosa y el cariño que me entregó Chile, me da lata no haberme quedado en México. Yo estaba a un paso de convertirme en una figura internacional. Allá la llevaba, pegó muy fuerte una canción que se llama “Qué bien me olvidas”, escrita por Juan Carlos, un chileno, y Juan Carlos Gil, el ex disc jockey. Y se convierte en un gran éxito, la tocaban a cada rato en las radios. Tenía que ir a firmar discos a las disqueras, me empiezan a llevar de la RCA a diferentes ciudades a cantar. Después ya tengo que cantar en un parque muy grande, que es una devolución de impuestos a la ciudadanía, que tú tienes que aceptar hacer dos o tres presentaciones gratis masivas. Y en estas presentaciones masivas empieza a pasar lo mismo que pasaba acá en Chile: oye, ponle policías a este cabro pa’ la salida. Nace un fanclub, además. Se retiran varias chiquillas del fanclub de mi querido amigo José José, no sé por qué motivo, las cosas típicas de las cabras chicas, y arman un fanclub del Pollo Fuentes. Pero a la hora de quedarme en México, no quise. Nunca entendió el productor, señor Magallanes, productor de Juan Gabriel y un tipo respetadísimo, un amor. ¡¿De verdad que no, Pollito?! ¡Pos, entonces ándate por la sombrita! Era como un: ándate a la chucha, hueón, ja, ja, ja.
Con Wildo nos fuimos a probar a la “U”, pero no quedamos porque eran demasiado buenos todos los cabros que se estaban probando... así que fuimos después a Iberia, que era de acá de Santiago, todavía no se iba a Los Ángeles. Debe haber sido año 65, por ahí. Y quedamos los dos. Yo me acuerdo que hice un gol de cabeza, un centro que choqué con la hueá, ja, ja, ja. Porque yo era bueno, pero no pa’ profesional. Bueno, fuimos como a cinco o seis entrenamientos, pero quedaba muy lejos y después ya no fuimos más.
Yo quería ser cantante o futbolista, porque era fanático del fútbol. Jugué por mi colegio y ya tiempo después en una liga. Jugaba de puntero derecho o centrodelantero. Hice hartos goles, porque además eran muy buena gente mis compañeros conmigo. Jugaba con Leonel Herrera, con el Chino Caszely, con Elías Figueroa, con Mario Soto, puros exjugadores, entonces jugaban pa’ mí también. Llegaban a línea de fondo y me decían dónde pararme y ¡pum!, gol, ja, ja.
Cuando ya tenía mi carrera me llamaron para jugar en San Luis. Fui a jugar un preliminar a Quillota, San Luis jugaba con otro equipo y nosotros jugamos contra los periodistas deportivos. Era el equipo de los artistas, teníamos un equipo bien bueno, eran todos buenos pa’l fútbol. El partido oficial era a las seis y nosotros jugamos a las cuatro. A las tres estaba lleno el estadio y con muchas chicas de amarillo. Bueno, terminó el partido nuestro y se fue mucha gente, ja, ja, ja. Y unos días después me llamó un directivo de San Luis y me dice: Pollo, quería hablar contigo, a ver si tienes un tiempo pa’ venir a conversar al club, porque tenemos interés en contratarte como futbolista, ja, ja, ja. Y yo digo ¿me están hueveando?, ja, ja. No, si es verdad. Y les digo que yo no soy capaz de jugar profesionalmente. Y me dice: pero entrái diez minutitos y nos llenái el estadio.
Apadriné a un equipo de universitarios de Concepción que me dedicaron el nombre (El nombre del 3º disco del Pollo Fuentes). No podía creer que chiquillos universitarios se hubieran fijado en mí para ponerle a su club el nombre de uno de mis discos. Estuve en varias ocasiones con ellos, cada vez que iba a cantar a Concepción los invitaba a que me fueran a ver a los shows.
Aquí vive el Pollo se le ocurrió al Canal 13 por el gran éxito que tenía. Y se llamaba así porque era en mi departamento y ahí llegaban artistas a visitarme, había una señora que era la que cuidaba la casa, tenía un compadre que vivía conmigo y pasaban diferentes anécdotas cada semana. Lo hicieron para aprovechar, pero era una cosa que no tenía mayor futuro. Igual agradezco haber estado ahí con grandes actores, además que fue mi debut en la televisión. Y sin saber nada, era un cabro que no tenía idea. Sabía cantar, nomás. Ahí seguía los libretos que me decían, y había que hacerlos con mucho cuidado, porque si tú te equivocabas, tenías que volver a hacer otra vez todo. Al que se equivocaba le llegaba camotera, ja, ja
También estuve en la radio: cuando estábamos con Éxito, a Alfredo Lamadrid se le ocurrió hacer el programa Al grano con el Pollo en la radio Portales. Tuvo harta sintonía los días domingos. Después hice otros programas en la radio Corazón.
Con Éxito me convertí en un trabajador, un oficinista, un burócrata. Es el programa de mayor duración que tuve, cuando estaba empezando mi carrera. Entonces pa’ mí fue un momento muy importante en mi trayectoria, porque significaba dedicar mucho tiempo a la televisión, de lunes a viernes, en horario de las nueve de la mañana hasta las cuatro o cinco de la tarde, porque preparábamos el programa que venía y dejábamos armado el siguiente. Fue conversar con auspiciadores, con productores, con asistentes. Entonces, para un cantante es complejo porque yo estaba acostumbrado a estar con mi guitarra todo el día. Me dio un poco de susto, porque era competir contra el Festival de la Una, de Enrique Maluenda, y le hice saber eso a Alfredo Lamadrid. Pero Alfredo me convenció de que él me iba a cuidar. Salió una frase alguna vez, entre mía y de él, que al rockero no le iban a cortar las alas, de que iba a poder seguir haciendo su vida de artista un poco soñador.
La verdad es que el Pollo conductor se robó un poco al compositor, porque empecé a dejar de escribir canciones. Ese Pollo nace en el 79, cuando apareció Gonzalo Bertrán con la idea de que yo condujera programas. Y en ese período no me motivaba a agarrar la guitarra, porque estaba preocupado, como te decía, de que había que hablar con un auspiciador o de que un director o un gerente del canal se había enojado porque dijimos tal cosa. Tuve que entrar en otra dinámica. Entonces sí, me quitó un poquito la cosa ideal, el idealismo del cantante. El vivir pa’ la música. Pero, por otro lado, me entregó vida, me dio oxígeno pa’ que esto perdurara hasta el día de hoy.
El programa Éxito partió el 84 y terminó el 92, y yo por ahí por el 90 venía avisando que no quería seguir haciéndolo. Quería pasar a hacer otro tipo de programa, que no fuera hecho pa’l mediodía, para adultos mayores o estudiantes que están yendo o volviendo del colegio o la universidad. Especialmente me di cuenta una vez que me encontré con un amigo, compañero de colegio. Yo llevaba tres años haciendo el Éxito y me dice: oye, hueón, te vi animando, puta que lo hacís bien, no sabía, tenís que dedicarte a estas cosas. Recién me había visto, ja, ja, ja, y ahí me doy cuenta que no tenía un público con mayor opinión que me pudiera ver en esto de la televisión. Empiezo a avisar, pero no me creían en Canal 13. Y el último aviso lo doy a comienzos del año 92: éste es el último. Terminó y chao, y me fui, po.
El Venga conmigo primero se lo ofrecieron a Andrea Tessa. En el 93, ella me llama y me cuenta: oye, vengo del Canal 13 y hablando con el Flaco, Eduardo Domínguez, me ofrece un programa, pero le dije, estái loco, este programa no es pa’ mí, es pa’l Pollo Fuentes. Entonces me dice que vaya a hablar con el Flaco Domínguez. Yo antes había mandado un proyecto pa’l Canal 13, entonces se junta el del Flaco con el mío, que eran similares, tenían cosas muy parecidas y el canal lo acepta. Pero me dicen que no pa’l día domingo, que busque otro día. Pero nosotros insistimos en el día domingo, que había un nicho, y más encima, Don Francisco estaba a punto de radicarse en Estados Unidos, así que al final nos dejaron el domingo y sacamos una muy buena sintonía. Todavía me acuerdo: eran 10 u 11 puntos en la tarde del domingo, pero nosotros subimos a 18 en el primer capítulo, a 28 en el segundo y de ahí nos disparamos.
Con el Venga conmigo le achuntamos. Con los oficios, por ejemplo. Yo me subía al piso 22 a limpiar vidrios con un compadre que limpiaba vidrios, cosa que no podría hacer hoy día. O a cambiar las llantas de un neumático, desabolladuría también. Basurero, trabajador de correos. Las hice todas. Me levantaba a las seis, siete de la mañana, y eso creo que le agradó mucho a la gente: que yo me la jugara. Y descubrí cosas muy bonitas también porque conversaba mucho con la gente y de repente te golpeaban en el corazón. Me acuerdo de un señor que trabaja en el asunto de la basura, del aseo, y me decía: no crea, Pollito, nosotros nos damos nuestras satisfacciones también: yo, con mi viejo, de repente nos compramos una casatta y nos subimos en el techo, en una terraza, y nos comemos la casattita. Chucha... esta cuestión no es fácil y hay que estar agradecido de la vida, de lo que me ha dado a mí. ¡Y tanta gente que anda reclamando todo el día, y este caballero tenía una satisfacción! Y así conocí muchos casos de ese tipo.
Teníamos un equipo espectacular en el programa, hay personajes que tienen vida hasta ahora. La Elvira sigue, el CNN aparece con frecuencia. A nosotros, de rebote, nos llegó la Vicky y la Gaby, porque venían de antes. Pero de nuestro programa salió Carmelo, El Malo, el CNN, La Elvira, Corazones Service, Cochiguaz. Un montón.
Con Claudio Moreno jugábamos de memoria. Él partió en Éxito conmigo y le dimos la posibilidad de animar una sección del programa, que era parecida a la Generación 2000, un ránking musical. Cuando yo me vine al Venga conmigo, le dije: vente… y se vino conmigo, ja, ja. Y cuando me presentó el CNN, le dije: lo encuentro brutal, probemos. Lo sentamos primero en la platea y ahí nos dimos cuenta de la reacción de la gente y fue espectacular. Con Claudio se podía trabajar libremente, porque no es actor como Daniel Muñoz, que son más cuadraditos, en el buen sentido de la palabra, de que tenís que darles el pie exacto pa’ que entren, etc. Y él no me decía lo que venía pa’ que yo me riera de verdad, y me provocaba risa, o a ver si yo me equivocaba... ¡y a veces me cagaba, ja, ja, ja! Nos reíamos mucho de eso. Un día tuvimos que parar y mandar a comerciales, porque nos dio un ataque de risa y no podíamos parar. El Malo se chasconeó también. Daniel Muñoz, después de un tiempo, dejaba que improvisáramos también. Eran personajes ricos con los que pude establecer una muy buena onda. Estuvo El Cartero también, con Jorge Franco. Espectaculares pa’ improvisar. Yo soy un muy buen bandejero, lo descubrí ahí porque todos decían: con el Pollo ahí es fácil hacerla.
En Venga conmigo tuve entrevistas con presidentes, con Ricardo Lagos, Eduardo Frei, y fue un honor estar con ellos, pero una de las que más me gustó fue con Pelé. Me senté con él y con Elías Figueroa a conversar, dos capos del fútbol. Y estuve al lado de mi ídola, Rocío Durcal, presentándola, cantando con ella. Verónica Castro actuando conmigo y cantando conmigo. Manzanero me tocaba el piano y yo cantaba... ¡y hay tantas otras más! Todavía me sorprendo. De repente veo el Venga conmigo, que lo siguen repitiendo, y chuta, no me acordaba... y con figuras grandes, eh. Algunos que quizás no eran tan populares en ese tiempo y que hoy día llenan estadios y son espectaculares. El Venga conmigo me dio muchas posibilidades, una fuerza mayor. Los latinos todos: Leo Dan, Favio, Sandro, Yaco Monti, Dyango, canté con todos.
Yo extraño a Venga conmigo como público, porque escucho a la gente que me lo dice. Nosotros hicimos una promoción para esto de los sesenta años, con los Corazones Service, con CNN y El Malo. Ahí, yo voy al Canal 13 a buscar unos archivos y en la puerta está CNN, que es el nuevo portero, y no me deja entrar. “Disculpeee, José Alfreeeedo, yo le tengo mucho aprecio pero no puede pasar, porque no tengo ninguna orden, así que identifíquese”. Entonces llamo a los Corazones Service, vienen y lo sacan cagando, ja, ja, ja. Y después entonces paso y voy a buscar una ropa que necesitaba, y aparece en los vestuarios El Malo, que está al lado de un ataúd. Esto lo vimos por redes y toda la gente creía que volvía. “¡Qué bueno, vuelve el Venga conmigo!”, “¡Qué grandes!”, “Por fin”. Estaban todos felices.
Hace falta Venga conmigo, hace falta Sábado gigante. Hace falta Viva el Lunes. Hacen falta esos programas. Hoy la cosa es bastante más cargada a la farándula, más fría, no construida por nosotros mismos, porque eran muy chilenos todos estos programas. Los inventábamos nosotros y subíamos directamente a la oficina de Eliodoro Rodríguez, máximo director ejecutivo que ha tenido el canal, y él decía: Juanito, háblelo con tal productor y dele. Era fácil hacer cosas. Y eran cosas bien nuestras. Artesanales, pero que después se transformaban en unos programazos, porque era muy difíciles de hacerlos. Y programas en vivo además, que tú armái y desarmái en el momento. Esa televisión la echo de menos.
Nosotros teníamos la suerte de ser tan vistos, que los artistas que venían a Chile pasaban ahí para llenar después el Movistar o donde estuvieran. Entonces los teníamos por cero pesos, ja, ja. Teníamos a figuras como la hermana de Michael Jackson, La Toya Jackson, y varios más de ese nivel y mejor.
Se agradece cuando hay programas como Fiebre de baile, que ha sido tan exitoso y tiene una producción espectacular, pero la música desapareció: el espectáculo desapareció. Tú no ves magos en la televisión, no ves bailarines salvo esto que está pasando ahora recién, humoristas casi tampoco ves. Entonces, la gente todavía está confundida, porque te dicen: oiga, no lo hemos visto en la tele. Y yo le digo: ¿y adónde quiere verme? Si no hay ningún programa en el que yo pueda ir a cantar. Y lo mismo le pasa a un bailarín, a un mago, a un humorista. Es otra la televisión. Ya no es la televisión-espectáculo. Ahora es farándula, teleserie, es noticia. Y ya no va a volver, porque además no hay plata. Los programas tienen que ser hechos baratitos, no con tanta gente, es una excepción el Fiebre de Baile. Porque tienen que rendir y no gastar mucho.
Me vine de México y dejé a lo mejor un futuro artístico importante, porque estaba enamoradísimo de mi mujer, Isabel. Nos casamos a fines del 71, estuvimos veintiocho años juntos. Y cosas de la vida después hacen que nos separemos, no sabíamos por cuánto tiempo y nunca nos imaginamos, yo por lo menos, que iban a ser veinte años sin estar viviendo en mi hogar, en mi casa. Porque separados casi no estuvimos, nos veíamos constantemente igual. Por los hijos, por el cariño y por una hinchazón mía, porque a mí me gustaba mucho estar en mi casa, verlos. Hasta que unos amigos en común, un matrimonio, que somos amigos de la misma época en que nos conocimos con la Isabel, ellos empezaron a hacer un trabajo. Hablaban conmigo por un lado sin que supiera que estaban hablando con la Isabel por otro lado. Y nos juntamos. Dijimos: sí, estamos leseando, si yo paso aquí en la casa, ¿por qué no estamos juntos mejor? Liquidemos un departamento y nos quedamos con el otro. Así fue, y feliz de hacerlo, porque llegaron los nietos, así que es fundamental estar con los chiquillos. Yo amo a los cabros chicos en general y pa’ qué decirte mis nietos, me volvieron loco. Estoy viviendo un momento muy bonito de mi vida, que son los últimos años, de eso estoy consciente, pero los estoy viviendo plenamente. Y dos de ellos, de siete y cuatro años, van a estar en el concierto. Les dijeron: oye, pero va a ser una hora y media, casi dos horas en el teatro... ¡No, quiero estar con mi tata! Así que espero que aguanten, ja, ja, ja.
El momento más difícil de mi vida fue la muerte de mi papá... y la mayor satisfacción es la vida en general. Es mantenerse vigente, ganarse el cariño de la gente. No hay punto en que yo te dijera esto es lo mejor, no. Y menos todavía los premios, ganar festivales, los éxitos discográficos, no. Es la relación con la gente. Son poquitos los privilegiados y yo soy uno de ellos.
La gente adulta cada día tiene que ser más respetada, no ignorada, no pensar que el viejo está en un sillón por allá sentado y de repente vamos y le hablamos, incluso le hablamos como guagüitas. No, nosotros somos útiles hasta el último día. Claro, llega una enfermedad, algo, y lamentablemente van a tener que ayudarnos, pero eso le puede pasar a cualquiera, también a una persona joven. Entonces, yo todavía, y digo todavía porque creo que ha crecido bastante la gente en el respeto a los mayores, pido más todavía: que se olviden de decir tatitas en forma despectiva, o el: ya está bueno, deja de cantar, retírate, viejo. O el viejo que va pasando por la calle y el chofer que anda apurado le va a gritar: apúrate, po, viejo cu ele. Y le va a decir viejo, que a lo mejor es peor que cu ele, porque a ti no te van a decir apúrate, po, joven, ja, ja. Entonces, yo le pido mucho más a la gente todavía. Si Dios les da salud, agradézcanlo primero, y a lo mejor van a llegar a la edad que uno tiene o gente que aún es mayor.
Honestamente no me llama la atención volver al Festival de Viña. Estoy contento con mis presentaciones, que hago en diferentes lugares cada semana. Son masivas algunas, más íntimas otras, y el festival me gusta verlo, gozo viéndolo y disfrutándolo. Pero no, no me llama la atención.
¿Algún arrepentimiento? Lo que te decía de México, en menor medida de España. Lo de España no tanto, porque en España fue al revés: el productor que me llevó, tuvo un problema con su pareja, ella se fue a Suiza, él partió detrás de ella y nunca más supe y me tuve que devolver porque no tenía apoyo. Pero en México fue culpa mía.
Si no hubiera sido cantante, conductor, me habría gustado ser profesor. Yo tengo vocación de profesor, de ayudar a la gente. De entregar toda mi experiencia a las personas a través de la música, a través del comportamiento, como ser humano, con todas las fallas que uno tiene. Pero con la experiencia que uno tiene creo que puede aconsejar mucho a las personas. Así que sí, algo como profesor, sociólogo, ja, ja, ja.
En la calle Club Hípico donde vivía me decían el Rucio. Porque yo era mucho más blanco que todos mis amigos, ja, ja, entonces me pasaban a buscar a la casa y me gritaban: ¡¡Ruciooo!! y tenía que salir a jugar a la pichanga diaria.
No tengo sueños pendientes. Esperar de que la vida me trate bien estos últimos años, que no tenga ninguna complicación seria y que pueda cantar dos o tres años más si Dios me lo permite.
Ninguna cábala, nunca.
No tengo frases favoritas... te iba a decir “‘tai más hueón”, ja, ja, ja. Esa frase me gusta, que es un poco lo que me dijo mi mamá cuando le dije que quería cantar, ja, ja, ja.
Siempre trabajé en la música. Intenté hacer algunos negocios, una tienda de discos y una tienda que se llamó PK2, de ropa, pero perdí, ja, ja, ja. Yo estaba dedicado a cantar y los demás socios hacían el negocio ellos.
Gasté mi primer sueldo con mi mamá. Deben haber sido unas cincuenta lucas de ahora que nos ganamos con Los del Sendero en Valdivia, cantamos en un rodeo. Me acuerdo que llegamos los cinco juntos al hotel y tiramos toda la plata a la cama, porque no podíamos creer la hueá, cómo tanto billete junto. Yo agarré mis cincuenta lucas y se las llevé a mi vieja.
Me gustaron mucho las carreras de caballos y, más que las carreras, los caballos. Mi papá tenía caballos de carrera y él me llevaba de chiquitito al Club Hípico, íbamos a los corrales a ver a los caballos. Y, curiosamente, se muere mi viejo, y a los trece o catorce me voy a vivir a la calle Club Hípico, frente a los corrales. Ahí ya iba a las carreras, jugaba a los caballos. Andaba mal en química y le pagué a un profe con datos para carreras. Le decía: profe, yo le doy unos datos y usted me hace unas clases... ¡y ganaba, po, hueón! Como yo era cercano a los jinetes, a los preparadores, sabía cuáles eran los que tenían más opciones.
Escucho de todo, preferentemente música más antigua, como Queen. Escucho rock, porque es casi música clásica hecha fuerza. Tiene mucha calidad. Pero también me quedo con Tom Jones, con Sinatra. Me quedo con Mon Laferte, que me encanta.
Mon Laferte es mi cantante favorita. Está llena de fuerza, de talento, de capacidad para componer. Cómo se para en el escenario... es una chiquilla admirable. Y no de ahora. Yo debo haber sido uno de los primeros que descubrió a la Mon Laferte, cuando estaba en México ya sacando su primer video, me topaba mucho en los comentarios que hacía en redes con sus admiradores nacientes, crecientes, y todos estaban contentos de que a mí me gustara la Mon. No sé si ella lo sabe o no.
Soy muy llorón. Love story fue la primera película con la que lloré muchísimo, la fui a ver con mi polola que era la Isabel, y ella siguió llorando hasta la casa, no había cómo calmarla, ja, ja, ja. Ghost también me la lloré muchísimo. Había una película, cuando yo era chico, que se llamaba La que no quería morir: una señora que estaba destinada a la silla eléctrica y la estaba defendiendo un abogado que era su hijo y él no sabía. Era muy cebolla y la lloré toda. De repente hasta las películas de niño me hacen llorar.
Soy hincha de la “U”, total. De ir al estadio durante el Ballet Azul, cuando se podía ir tranquilo. Íbamos con Wildo, nos dejaban ir solos y nos esperaban afuera cuando salíamos. Terminaba el partido y nos íbamos a la salida de los camarines pa’ tocarle la espalda a Leonel Sánchez o a Carlos Campos, los grandes jugadores de ese tiempo.
Leonel Sánchez es mi gran ídolo y pude conocerlo en su casa. Me pude dar el gusto después, por el hecho de ser popular yo, de estar con gente de la “U”. Con el “Checho” Navarro, que era amigo de mi hermano también.
El fútbol está en deuda con Chile... el fútbol chileno está malito. Y más encima que tenís la posibilidad de ver la liga inglesa, a los españoles. Y te pasái pa’ acá y es cámara lenta el partido. Ves un partido de los chilenos y decís ¿por qué no corren como los otros? Ojalá que haya un cambio y volvamos a tener un grupito como el Vidal, el Pitbull y todos ellos que nos dieron tantas satisfacciones.
A veces leo el horóscopo... pero por hueviar, ja, ja, ja.
No es un superpoder, pero me habría gustado cantar con Tom Jones. Lo he visto cuatro veces. He ido a Las Vegas a verlo especialmente con mi hijo, mi mujer. Viéndolo aquí a diez metros de distancia. Lá última vez lo vi cuando cumplió ochenta y cuatro años, en Houston. Mi hijo vive en Houston y me tenía de sorpresa entradas pa’ ir a verlo. Y cada vez que lo veo se me cae alguna lágrima. Me habría encantado eso. Es una fantasía.
Yo creo que los placeres culpables no existen. Son todos placeres, nomás.
Mi comida favorita son los porotos granados con ensalada de tomate. Las humitas también. Me gusta, en general, la comida chilena y los mariscos.
Una vez fumé marihuana con Wildo y con Buddy Richard... y me fui en pálida. Ellos habían fumado hierba y yo no, y me dijeron: ya, hueón, fúmate un pitito, un par de piteadas. Estábamos en la Villa Olímpica, Wildo vivía ahí. En un auto. Y a la segunda piteada me empiezo a sentir como las pelotas. Estos hueones se asustaron: ¡se nos muere el Pollo Fuentes, qué cagá que queda! Así que me acuerdo que me paseaban de aquí pa’ allá, ja, ja, ja.
Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado, sería a Gandhi, Leonel Sánchez y Claudia Cardinale. Gandhi en un asado debe ser fome, pero me encanta la paz, la conversación, la armonía, por eso que lo admiro. Podría estar ahí pa’ que no peleemos los demás, ja, ja. Me gustaría estar de nuevo con el viejo Leonel, el jugador que más admiro. Yo me creía Leonel cuando era chico, quería ser como él. Y la mujer que más me gustó físicamente, que tuve la oportunidad de conocerla en un avión, que es la Claudia Cardinale.
José Alfredo Fuentes es el Pollo. Porque el Pollo se comió a José Alfredo Fuentes. Es más, yo alguna vez he dicho: no sé quién cresta soy. Desde que existe el Pollo Fuentes ya me perdí un poco. Era Alfredito cuando chico, el Rucio en el barrio, el Chico Fuentes en el colegio y de repente viene el Pollo y desaparecen todos los demás.
Lo último
hace 18 min
hace 29 min
hace 26 min
hace 35 min
10:38
Lo más leído
1.
2.
3.