Víctor Paredes: El otro chileno nominado a los Oscar

Autor: La Cuarta

El Agente Topo, de Maite Alberdi, ya se encuentra entre las candidatas para quedarse con una estatuilla dorada. Pero además, entre las cintas de animación, quedó seleccionada Wolfwalkers, una producción irlandesa que, dentro de su equipo, tuvo al animador nacional, quien aprendió el oficio como todo un autodidacta.


Víctor Paredes es chileno y fue uno de los animadores que trabajó en la película Wolfwalkers, cinta sobre la que hoy se supo la noticia: es una de las nominadas en los Premios Oscar en la categoría “Mejor Película Animada”.

Así, el documental El Agente Topo, de Maite Alberdi, seleccionado para “Mejor largometraje documental”, no será el único que tendrá representantes nacidos en Chile.

Desde su residencia en Irlanda, donde trabaja para el prestigioso estudio Cartoon Saloon, Víctor dijo estar “súper contento, porque la verdad es que igual la esperábamos (la nominación). La película está bonita, e igual la perfilábamos como nominada. Y más encima, los del Oscar se equivocaron y sacaron la imagen por Twitter antes que la nominación, así que nos enteramos un poquito antes”, dijo en conversación con Radio ADN.

“Nos spoilearon la nominación“, comentó entre risas.

Ahora, pasadas unas horas desde la nominación, así Víctor se toma la noticia: «Estoy emocionado, es bacán (…) Pero tampoco es que me mueva las tripas tanto… no sé, me lo tomó con mesura, como dice (Felipe) Avello. Emocionante, pero tranquilito. Hay que esperar ahora. La competencia está difícil», comenta a La Cuarta.

Aunque, desde otra perspectiva, comenta que ha sido «una locura», porque «me han llamado y escrito un montón, me están pidiendo entrevistas de muchos lados y yo digo ‘ya, igual yo trabajé nomás, quiero ser prudente, yo era un obrerito de la película. Estoy muy orgulloso con mi rol de obrerito, pero no me puedo mandar más partes que esa».

Además, mencionó lo contento que está por la nominación de El Agente Topo, y dice estar tan emocionado por ambas producciones casi al mismo nivel.

El mundo en 2D

Cuando Víctor era niño le encantaba dibujar. Sentía que no era tan talentoso, pero nunca dejó de hacerlo. Recuerda esas las primeras y rudimentarias ilustraciones que hizo en el tablero de la videoconsola Atari, y después en el primer computador multimedia que compraron en su casa.

Cuando ya estaba en la universidad, empezó a utilizar un software especializado en 2D, Moho.

Antes quería estudiar literatura, pero finalmente eligió periodismo, carrera que cursó entre 2003 y 2008 en la Universidad de Santiago. Una vez ahí, “me las ingeniaba para terminar haciendo monitos en los trabajos”, recordó en 2020 con Culto. “Cuando teníamos ramos de tele, o de producción audiovisual, lo pasaba súper bien, porque ahí me fui descubriendo”.

Más o menos en esa época empezó usar el software Moho, plataforma en la que desarrolló distintas técnicas que luego le permitían hacer tutoriales en YouTube. De hecho, así se puso en contacto con los creadores del programa en California, a quienes se interesó en su oficio.

Por otro lado, hasta hoy, Víctor trabaja frecuentemente con su hermano Pablo, poeta y guionista. Los suelen vincularse en campañas políticas, haciendo videos: escriben guiones y hacen animaciones.

Aunque en este momento se encuentra trabajando en otros proyectos, por lo que el tiempo le es escaso y ha debido restarse de dicho ámbito por el momento.

Pero durante el periodo de propaganda para el plebiscito constitucional, ambos hermanos participaron por el Apruebo en la franja de “Que Chile decida”, y antes habían aportado en la de Beatriz Sánchez y otras actividades de Revolución Democrática y el Frente Amplio. “Me gusta que, si sé animar, poder ayudar desde ahí”, dijo Víctor. “En general, si tengo tiempo libre, más que ponerme a freelancear, me gusta ayudar en alguna campaña”.

También ha colaborado para el Observatorio Contra el Acoso Callejero, Fundación Sol o agrupaciones feministas de la Universidad de Chile.

Un animador, ¿pero no?

“No me considero un gran animador, creo que mi pega es un poco distinta, difícil de describir: es resolver cosas que son complicadas de hacer a mano, aplicando distintas técnicas”, explicó a La Tercera. “Tiene una cosa media ingenieril, pero que también implica animación, porque también hago que los personajes caminen y hagan un montón de cosas”. En general, el trabajo que le solicitan llega acompañado de la frase ‘esto no sabemos cómo hacerlo, ¿puedes hacerlo tú?’”.

Tras salir de la universidad, se desempeñó en Flúor Films, una productora chilena de publicidad, cortometrajes y videoclips. En 2015, la empresa Smith Micro, desarrolladora del software que usa hasta hoy, lo llamó para que trabajara con ellos.

Aunque se desempeñaba de forma remota, terminó como director en el área a cargo del software. Ahí conversaba constantemente con el creador de Moho, Mike Clifton, y trabajan actualizaciones para la aplicación en base a ideas propias y al feedback de distintos artistas. Lograron sacar algunas nuevas versiones de Moho.

Pero llegó el momento en que la empresa decidió cerrar el área gráfica en 2017, y fue despedido.

Tiempo después, fue contactado por Dreamworks —estudió realizador de éxitos como Shrek, Kung Fu Panda y Madagascar— para dedicarse de forma remota a la serie The Boss Baby (2018), continuación de la película que se estrenó ese año.

Poco fue en octubre del 2018, cuando tenía treinta y dos años, cuando vino un momento clave.

Lo contactaron desde Cartoon Saloon, estudio de animación con sede en Irlanda, el mismo que hizo la elogiada Wolfwalkers (2020) —disponible en Apple TV+— , la cual ya ha obtenido los premios de los círculos críticos de Nueva York, Los Ángeles y Chicago, y se encuentra nominada a los Oscar en su categoría, instancia en que competirá con cinta como Onward, Over The Moon, A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon y Soul.

Adaptarse a Irlanda

Actualmente vive en Kilkenny, ciudad que se encuentra a 123 kilómetros de la capital Dublín, y es conocida por sus construcciones medievales y su vida nocturna (al menos antes de la pandemia). El lugar no alcanza los treinta mil habitantes y ahí se emplazan las instalaciones del estudio que compite con grandes como Pixar y Dreamworks.

Al principio, a Víctor le costó adaptarse.

En Irlanda oscurece a las cuatro de la tarde, lo que en “ese sentido es bien deprimente”; hace frío casi todo el tiempo, y lo más complicado fue el idioma, porque “no puedes echar la talla, todo es en inglés y con acento irlandés”.

—El problema era el idioma, porque es muy difícil llegar a ser uno mismo en otro idioma. Y a mí me costó varios años —reflexionó con La Tercera—. Creo que todavía no soy yo en inglés, pero por lo menos soy una copia bastante buena.

Pero, con tiempo, logró acostumbrarse a su nueva residencia, y ahora le gusta mucho vivir en su departamento a solo unas cuadras de su lugar de trabajo en el estudio.

“Yo siempre pelo mucho a Irlanda, pero en realidad es súper bonito”, comentó a ADN. “Llueve un montón, pero tiene esta cosa de que llueve y sale el sol, entonces hay muchos arcoíris, prados y unos paisajes bien increíbles”.

La obra maestra

Fue ahí donde, a fines del 2018, empezó a trabajar en Wolfwalkers, la destacada película de Cartoon Saloon que relata la historia de Robyn y Mebh, dos niñas de orígenes opuestos y que entablan un profundo vínculo a pesar de sus supuestas diferencias. La historia se inspira en el folclor y el pasado de la propia ciudad de Kilkenny en 1650.

En la obra, la función de él era liderar “un equipo que se dedicaba a un trabajo que mezclaba, en cierta forma, efectos especiales y animación de entorno”. Una porción de los méritos de esta película animada residen en su riqueza visual. “Wolfwalkers despierta mucho esa sensación de que el bosque está vivo”, dijo. “Nosotros le dábamos vida a ese bosque”.

“En general esa área es un cacho”, comentó a Culto. “Animar una multitud durante cinco segundos es súper poco tiempo, pero son veintiséis dibujos, con cien figuras animadas en que cada una debe actuar”.

Cuando los demás departamentos no sabían cómo lograr una animación, el equipo de Víctor entraba al juego con el software Moho.

“Estoy súper orgulloso, y me siento afortunado de haber trabajado en un proyecto así, uno con el que valóricamente estoy de acuerdo”, dijo meses atrás. Si bien él ha sido relevante en algunas iniciativas políticas, este “es de los más importantes que he hecho: es difícil superarlo con alguna otra cosa”.

Respecto al rol que jugó en Wolfwalkers, planteó que “no sé si la película sería muy distinta con o sin mí, pero al menos las escenas en las que trabajé, sí serían distintas”.

En enero del 2020 terminó de trabajar en esta película nominada a los Oscar.

El sueño del pibe

Ahora, divide su tiempo en dos proyectos. Por una parte, trabaja en una nueva película para el estudio, My Father’s Dragon (basada en un cuento infantil), y es dirigida por Nora Twomey, realizadora The Breadwinner (2017), filme que obtuvo distintos premios y una nominación a los Oscar en la categoría de Mejor Animación (2018).

Pero lo que más emociona a Víctor es que, después de años, con dos amigos —uno de ellos Mike Clifton— compraron el programa de animación, Moho, a Smith Micro en una transacción que se concretó el 18 de diciembre del 2020.

“Es bien increíble, dirigir este programa es un sueño para mí”, declaró. “Creo que es lo más grande y de las cosas más bonitas que podré hacer, porque le das herramientas nuevas a artistas y ellos pueden definirlas y doblarlas de la forma que quieran, y generan cosas que nunca pensaste que surgirían”.

Y ya a tres meses desde que adquirió Moho con sus socios, trabaja prácticamente a doble jornada entre el estudio y su proyecto personal. «Me puedo quedar hasta las 10 u 11 de la noche», relata a La Cuarta. «Es bonito, pero ha sido súper, súper duro».

El equipo del software está trabajando en una actualización de que debería estar lista en «las próximas semanas». Por el momento, tienen a un grupo de usuarios probando la versión preliminar de la nueva versión, la cual será gratis para los usuarios que ya tenían la anterior.

La portada del programa, de hecho, la dibujó la propia directora de arte de Wolfwalkers. «Vamos por súper buen camino, pero ha sido duro», dice.

«Feliz»

Con el Oscar que obtuvo el cortometraje animado, Historia de un oso, en 2016, Víctor piensa que hubo un hito en la animación nacional: “Los animadores de hoy son muchísimo, muchísimo mejores de cuando yo partí en Chile”, dijo a ADN. “Son buenísimos, de verdad”.

Sobre su futuro, el animador no quiere pensar demasiado: “Dentro de mis sueños, no sé, estoy tranquilito: tengo, mi departamentito, este es un estudio relativamente pequeño, muy familiar, entonces por ahora estoy súper contento aquí”.

Y es que ese un poco su estilo de vida: “Y la verdad que nunca me planteo mucho qué pasará después. Trato de no meterme en el rollo de plantearme unas metas más altas. Feliz.”

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