“Te sellaré en las nalgas mi membrete”: Mozart y las desconocidas cartas de amor a su prima

Tom Hulce como Mozart en Amadeus
Tom Hulce como Mozart en Amadeus

El notable compositor escribió una serie de cartas a Marianne, una relación desaprobada por su familia, donde intenta la seducción con humor escatológico.

Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart fue uno de los más grandes músicos del Clasicismo. Su obra abarca la totalidad de los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas composiciones, varias de ellas reconocidas como obras maestras de la música sinfónica y de cámara, entre otros estilos.

Dominaba el piano y el violín, y con apenas cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. Pese a fallecer a los 35 años de edad, su influencia puede notarse en músicos de la impronta de Beethoven y otros grandes nombres de la historia de la música.

Todo eso se sabe de Mozart. No obstante, el genio que se comió Europa con sus composiciones tenía una vida privada de lo más extraña.

Tom Hulce como Mozart en Amadeus
Amadeus

“Te abrazaré de más…”

Iniciados sus veinte años, Mozart entabló una estrecha amistad con Marianne, su prima y probable amante. Pero la relación fue desaprobada por su padre.

Para el joven músico, no era un simple lazo familiar, sino que un amor que se evidenció en la sugerente y extraña correspondencia entre ambos.

Aunque su relación con Marianne irritó a la familia Mozart, no hubo forma de detener al prodigio musical por perseguir sus más íntimos deseos. A través de sus cartas privadas, desenfundó un particular método para avivar la llama sexual. ¿Cuál era? Las bromas cochinas.

“Acogeré tu noble persona como bien merece, te sellaré en las nalgas mi membrete, te besaré las manos, dispararé la escopeta del ano, te abrazaré de más, te pondré lavativas por delante y por detrás, te pagaré cuanto te debo sin descuidar ni un pelo y soltaré —y que resuene— un señor pedo (y quizá también algo sólido)”, escribió el músico.

En otra de las misivas anota: “Hace ahora casi 22 años que me siento sobre el mismo ojo de siempre y, sin embargo, ¡no se ha rasgado ni una pizca! Aunque lo he usado muy a menudo para cagar y luego he limpiado a mordisquitos el estiércol”.

Según el escritor Simon Sebag Montefiore, el humor fecal de Mozart aunaba las obscenidades hacia su prima con su gusto por la defecación, “con su anárquico torrente de bromas, aliteraciones, canciones, ecos y repeticiones”.

En el libro Escrito en la historia (Crítica), entre cartas de amor de Enrique VIII hacia Ana Bolena, de Catalina la Grande al príncipe Potiomkin o de Anais Nin a Henry Miller; Montefiore cataloga la correspondencia de Mozart como de un “humor escandaloso” que contrasta a su vez con los escritos que el propio músico le dedicaba a su mujer Constance Weber, con quien tuvo seis hijos.

En sus cartas no se aprecia el tono con el que se expresaba con Marianne y, según el historiador británico, adopta un estilo más juvenil: “Me excito como un adolescente cuando pienso en estar contigo otra vez, si la gente pudiera ver mi corazón por dentro, casi debería sentirme avergonzado”.

Finalmente, el 5 de diciembre de 1791, Mozart murió tras intensos vómitos y dolores sin saber que, siglos más tarde, se haría pública la faceta más sexual y escatológica de su correspondencia privada.

“Como si hubiera querido, con la boca, imitar los timbales de su Réquiem”, suspiró antes de desvanecerse para siempre. Así, el genio de la música enamorado de su prima, murió prematuramente debido a un reumatismo.

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