Por Paulo QuinterosCrítica de cine: La Invitación, una incómoda comedia sobre las grietas de la vida en pareja
Olivia Wilde presenta una película que gira en torno a una aparentemente inofensiva cena entre vecinos, explorando el desgaste de la vida en pareja, la pérdida del deseo y las heridas que deja la rutina.

Olivia Wilde sorprendió con su debut como directora en Booksmart, una de las comedias más elogiadas de los últimos años y una película que anticipaba un futuro muy prometedor detrás de cámaras.
Sin embargo, la conversación en torno a Don’t Worry Darling terminó dominada por las polémicas fuera de pantalla. Antes incluso de su estreno, el ruido mediático eclipsó buena parte de sus méritos y pareció frenar el impulso que Wilde había conseguido como directora.
Pero ahora, con La Invitación, Wilde vuelve a demostrar que es una cineasta interesante. Sin buscar reinventarse, aquí entrega una película pequeña en escala, pero muy segura en la forma en que construye sus personajes y desarrolla sus conflictos.
De partida, este es un remake de la película española Sentimental, estrenada en 2020 y dirigida por Cesc Gay. A su vez, aquella propuesta llevó al cine la obra teatral Los vecinos de arriba, escrita por el propio realizador.
Y el éxito de esa historia ha sido llamativo. Además de esta versión estadounidense, el conflicto matrimonial al centro de La Invitación también ha sido adaptado en Francia, Italia, Suiza e incluso Corea del Sur, demostrando que funciona prácticamente en cualquier cultura.
Todo ese origen teatral aquí sigue muy presente. Salvo por algunas escenas de los créditos iniciales, casi toda la historia transcurre al interior del departamento de un matrimonio que recibe a sus vecinos para cenar. De ahí que la mayor parte del relato descansa en conversaciones, silencios y enfrentamientos entre cuatro personajes.
Aun así, Wilde consigue que la película nunca se sienta estática. Su dirección imprime ritmo a una historia basada casi exclusivamente en diálogos, confirmando nuevamente el buen pulso narrativo que ya había mostrado en Booksmart.

La historia en cuestión gira en torno a una pareja cuyo matrimonio lleva años acumulando frustraciones, resentimientos y problemas de comunicación. Al comienzo, por supuesto, no sabemos nada de eso, aunque se puede intuir por la forma en que interactúan, pero todo cambia cuando aceptan compartir una cena con los vecinos a los que escuchan tener sexo de forma reiterada.
A partir de ahí, la aparente cordialidad de la invitación esconde un conflicto mucho más íntimo: los vecinos representan una forma completamente distinta de entender la vida en pareja y la sexualidad, por lo que terminan convirtiéndose en el espejo perfecto para exponer todo aquello que el matrimonio protagonista lleva años evitando enfrentar.
En ese entramado, La Invitación funciona también como una comedia sexual, donde el deseo, la frustración y la intimidad terminan siendo el verdadero motor del relato. Más que escandalizar, la película utiliza ese contraste para preguntarse qué ocurre cuando dos personas dejan de verse como pareja y pasan a convivir únicamente como compañeros de rutina.
En esa ruta, desde muy temprano resulta evidente hacia dónde se dirige la historia. La película rara vez intenta sorprender con grandes giros y, en ese sentido, su estructura resulta bastante previsible. Pero esa falta de sorpresas nunca termina siendo un problema, ya que el verdadero atractivo está en observar cómo la conversación va derribando poco a poco las defensas de cada personaje, dejando al descubierto inseguridades, resentimientos y frustraciones que llevaban demasiado tiempo acumulándose.
De ahí que las actuaciones son otro de los puntos fuertes. Los cuatro protagonistas funcionan bien como conjunto y logran que los constantes diálogos mantengan el interés. Y, sorprendentemente, quienes mejor resultado entregan son Wilde y Seth Rogen, pues ambos construyen una pareja desgastada con una química muy convincente y sostienen gran parte del peso emocional del relato.
Por su parte, Edward Norton y Penélope Cruz, quienes interpretan a los vecinos que llegan de visita, también cumplen correctamente al ser el contrapunto aparentemente seguro. Pero sus personajes funcionan más como detonantes del conflicto que como figuras especialmente memorables dentro de la historia.

La Invitación no está libre de tropiezos. En varios momentos insiste demasiado sobre las mismas ideas y, además, deliberadamente convierte a sus protagonistas en personas difíciles de soportar. Pero esa también es una de las gracias de la película, porque obliga al espectador a enfrentarse a sus contradicciones y defectos.
También esa incomodidad tiene un propósito. Más allá de los constantes roces, la película retrata una relación donde la intimidad emocional y sexual hace tiempo dejó de existir, reemplazada por la rutina, los silencios y los resentimientos cotidianos. El humor mordaz y las constantes inseguridades de los personajes, haciendo contrapuntos en el hombre y la mujer de cada pareja, mantienen viva la historia. Y en ese esquema, la conversación va desarmando poco a poco las apariencias que ambos matrimonios intentan sostener.
De ahí que la aparente superficialidad de la cena organizada para recibir a los vecinos termina siendo solo una excusa para que todas las tensiones escondidas finalmente salgan a la superficie. Y es precisamente ahí donde la película encuentra su mejor versión. Cuando desaparecen las máscaras y los personajes dejan de fingir, el relato adquiere una honestidad que eleva todo lo anterior.
A la larga, cabe destacar que La Invitación no pretende reinventar las películas sobre relaciones de pareja, pero aun así su mayor virtud está en observar con inteligencia cómo el desgaste cotidiano puede erosionar incluso los vínculos más sólidos.
El resultado es una comedia que poco a poco se transforma en un drama íntimo, donde el humor, el sexo y la incomodidad sirven para explorar las heridas de una relación que hace mucho tiempo dejó de funcionar.
Y lo que tiene más a su favor es que nunca pierde de vista aquello que realmente quiere contar y termina construyendo un retrato tan incómodo como reconocible sobre el desgaste de las relaciones, la pérdida del deseo y la dificultad de volver a encontrar a la persona con la que, alguna vez, imaginaste compartir toda una vida.
La Invitación ya está disponible con funciones en las salas de Cinepolis.
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