Dialecto de exportación

¿Son los chilenismos un obstáculo para la internacionalización de la música chilena? Siempre nos han dicho que sí, pero nuestros artistas urbanos destacan en el extranjero sin recurrir al acento neutro.

La verdad es que no habría que darle ni un milímetro de espacio a Álex Gárgolas y sus ya tradicionales descargos contra Chile, porque atención es justo lo que busca el decadente productor boricua transformado en enemigo público #1 del género urbano chileno, pero en su último ataque hacia los artistas locales usó un argumento que no puede ser ignorado.

Gárgolas dijo que el dialecto callejero de nuestro país, usado profusamente por los cantantes urbanos criollos, es un obstáculo a la hora de exportar música nacional. En resumen, dijo que el coa no era algo que se pudiese internacionalizar debido a que las letras de las canciones chilenas no se entenderían fuera de nuestro territorio.

Esa idea ha anidado por años en las cabezas de los músicos locales. Generaciones anteriores de letristas jamás se valieron de ningún tipo de chilenismo con la esperanza de ser escuchados y comprendidos en el extranjero. Es más, cada vez que surgía algún proyecto local con letras en inglés, la decisión de cantar en otro idioma siempre se justificó en el anhelo de internacionalizarse.

Pablo Chill-E sobre un escenario nacional.

Para la generación urbana, en cambio, el uso de jerga callejera es una práctica que no se cuestiona. Imposible ser urbano sin una cuota, grande o chica, del lenguaje que se escucha en los barrios. De ahí que, actualmente, el coa suene más que nunca. Se trata de una reivindicación de lo popular alineada con otras como Pablo Chill-E orgullosamente autoproclamándose flaite o las cientos de poblaciones que se volvieron escenografía de videoclips tras años invisibilizadas.

El lenguaje que critica Gárgolas es patrimonio cultural chileno aunque le duela a los académicos y a los siúticos. Pero no solo forma parte de nuestra identidad, sino que también es un producto de exportación e incluso un gancho comercial para los artistas que salen de Chile al mundo. Basta recordar lo que pasó con Pablo Chill-E y Paloma Mami cuando la prensa extranjera los abordó por primera vez el año 2019.

Tanto Pablo como Paloma protagonizaron videos virales hablando de los chilenismos y explicando algunos. Porque, claro, Gárgolas tiene razón al decir que no es universalmente comprensible, pero eso en ningún caso significa que sea poco llamativa. Hasta se puede argumentar lo contrario: que el hecho de tener su propio código semisecreto incluso aumenta el atractivo del movimiento local.

Paloma Mami en un auto por Nueva York.

Por YouTube circulan videos de cantantes como el clásico boricua Endo o el megapopular trasandino Duki hablando con acento chileno, en una señal de que la sonoridad, la cadencia y las palabras que se usan acá son rasgos que nos distinguen en el mundo. Por lo mismo hay que explotar todo ese acervo en vez de ignorarlo y ocultarlo como lo hicieron camadas previas de músicos locales que, dicho sea de paso, jamás estuvieron tan cerca de pegarse mundialmente como los artistas urbanos.

Todas las señales indican que, en el fondo, hay que ser lo más chileno posible para destacar en el extranjero. Todo lo contrario a lo que siempre nos dijeron: que había que ser neutros para que nos tomaran en cuenta afuera, o sea, que era necesario mantener a raya nuestra identidad dando por sentado (equivocadamente) que en ella no existe nada atractivo ni valioso para el resto del mundo.

A través de su música, los artistas urbanos nacionales tienen la oportunidad de posicionar los chilenismos fuera de nuestro país de la misma forma en que por décadas lo han hecho los boricuas, al punto de que actualmente ya no se necesita un diccionario de modismos porque toda la juventud sabe lo que es sentirse cabrón y no ser un huelebicho, puñeta. Si ellos pudieron, ¿por qué nosotros no?

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