Por Eduardo OrtegaLa Firme con Gustavo Gatica: “Kast empezó a ser candidato hace doce años y pareciera que sigue en campaña”
Hasta hace dos años, entrar en la política era un destino con el que Gustavo Gatica se negaba a pactar. Algo incómodo con esa figura de símbolo que adquirió con el Estallido Social —después de que las fuerzas del orden apagaran su vista—, le parecía territorio ajeno. Pero su paso por la Defensoría Penal de Estación Central lo convenció de que aún había luchas que podía dar. Así arrancó un camino que terminó con su elección como diputado, con la segunda mayoría a nivel nacional. Orgulloso, aquí el psicólogo hablará de eso, su historia y sus ganas de ayudar a construir el nuevo relato de la izquierda.
¿Dónde me veo en cinco años más?, repite en voz baja Gustavo Gatica, ríe y sonríe.
Esa quizás sea la pregunta más difícil de contestar.
Las otras —las de sus días en Colina y tardes de fútbol o básquet en la plaza frente a la casa de sus padres, o de las lecciones familiares, del campo, los dolores de infancia, sus ganas de hacer música; de las sobremesas con la radio prendida al fondo, sus primeros acercamientos a la política, las tomas secundarias, las marchas y descubrir que eso que ocurre en las marchas no es algo aislado; del Estallido Social, el hartazgo suyo y del resto; las del 8 de noviembre de 2019 y lo que cambió con esa tarde, cuando el exteniente coronel de Carabineros, Claudio Crespo, se decidió a disparar a sangre fría contra sus ojos arrebatándole para siempre la visión— forman parte de una historia que, por así decirlo, lo puso en el mapa acaso como símbolo de la mayor crisis política y social desde el retorno a la democracia en 1990, un período definido por la improbable ola de manifestaciones ciudadanas que buscaban recuperar el centro del ring y acabar de una vez por todas con décadas de desigualdad, y que ha tenido que revisitar de muchas formas.
A Gustavo le cuesta imaginar su lugar en cinco años, porque sospecha que nada de lo que se anime a decir, como de costumbre, encajará en el molde de su propio guion.
En 2021, por ejemplo, las restricciones de la pandemia le tendían una mano para aliviar una rehabilitación poco menos que extrema después de que le quitaran la vista. Mientras terminaba sus estudios de Psicología en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, el confinamiento le permitió sentirse más acompañado de su familia, estirar los tiempos del proceso y dilatar su regreso a la calle, una batalla que todavía, a la fecha, precisa de todo su esfuerzo.
Si en ese momento le hubieran planteado entrar en la arena política, de seguro su respuesta hubiera sido la misma que en octubre de 2024: “No me queda ese rol como de representante, como que no me gusta”. Rechazó, de hecho, una propuesta para ser constituyente.
Si retrocedemos otros cinco años en el tiempo, Gustavo aún deambulaba entre Psicología o Ecoturismo, incluso había evaluado un par de pedagogías. Ni siquiera se había presentado a alguna marcha. Vivía ceñido a la realidad de Colina, una comuna algo apartada no sólo de Santiago sino también del ajetreo. Nada de lo pasó después entraba en sus planes, que entonces apenas vibraban con la música.
De ahí que ahora, con veintiocho años, psicólogo particular y con un paso por la Defensoría Penal Comunal de Estación Central, hace ya algo más de dos meses diputado por el distrito Nº8, noventa y dos mil votos, segunda mayoría nacional, ofrezca esa sonrisa que más que una sonrisa es una declaración: su propia manera de resistir.
—En cinco años más —dice al fin—, no sé exactamente en qué, pero me veo feliz. Espero al menos estar siéndolo. A veces a uno se lo lleva la máquina y terminái haciendo cosas por inercia. Pero en cinco años más, si algo espero es seguir siendo feliz. Da igual lo que esté haciendo.
La Firme con Gustavo Gatica:
Crecer en Colina, a pesar de que estamos súper cerca de Santiago, igual es vivir en la periferia e incluso, me atrevería a decir, un poco en el campo. A pesar de que Colina ya no es tan campo como lo fue en antaño, igual es vivir un poco allí. De hecho, para llegar al colegio yo me iba caminando y había hasta plantaciones por donde tenía que caminar. No existía lo de vivir en metro, de hecho, como te digo, me iba caminando al liceo. No existían tampoco micros. Entonces es distinto. Si pienso en un colegio de Santiago centro, de alguna manera más político, acá no pasaba nada de eso. Era súper tranquilo, una vida de barrio. Si tú me dijeras qué recuerdo, es que todo quedaba cerca. Sobre todo ahora que ya la vida cambió y tengo que viajar a Valparaíso y no sé qué, ja, ja, ja.
De niño crecí en la Villa Pacífico y frente a la casa de mis papás había una plaza que luego fue convertida en cancha y ahí pasé largas tardes de mi infancia jugando con amigos del barrio. Pareciera que esas fueron de las últimas generaciones que todavía jugaban en la calle... ahora parece que ya no es tan común. Así que feliz de haber vivido esa etapa.
Yo era malo pa’ los deportes en general, ja, ja, ja. Me gustaba mucho el fútbol y el básquetbol y jugaba un poco, pero siempre malo. Entusiasta, siempre con ganas... pero no muy hábil a la hora de hacer deporte.
Crecer con papás profesores te marca en cuanto a la conciencia social. Mis papás trabajaban en colegios donde eran muy vulnerados los niños. Entonces, de alguna forma, entendía de muy chico cuál era la realidad que vivían otras familias más allá de la mía. Eso por un lado. Y por otro, la vocación: mi mamá hasta hoy en día prepara material hasta muy tarde en la noche. Yo admiro mucho eso de mi mamá, que a ella le encanta lo que hace, ama en lo que trabaja. Y no lo hace en ningún caso por la plata. De hecho, ella gasta mes a mes en comprar resmas, en comprar materiales, en comprar cuadernos para niños a los que los papás no les mandan. Eso, para mí, es muy inspirador.
Yo crecí en una familia con papá, mamá, hermano, hermana. Yo era el conchito. En un formato de familia bien tradicional. Además, toda mi familia externa, mis tíos, mis primos, mi abuela, todos viven en Colina. Entonces era un círculo más o menos cerrado donde teníamos una relación bastante constante. Cuando yo era chico, me acuerdo que íbamos todos los domingos a la casa de mi abuela y se juntaban todos los tíos, las tías.
Mi papá, antes de estudiar pedagogía, trabajaba en el campo. Mi abuelo era campesino, inquilino del fundo. En Colina había grandes fundos y toda la gente era inquilina, trabajadores del fundo. Mi abuelo trabajaba ahí, lo heredó mi papá, mis tíos también. Y luego a mi papá se le abrió la posibilidad de estudiar pedagogía. Es más, mientras estudiaba seguía trabajando en el campo. Y claro, cuando yo crecí en Colina existían campos todavía pero ya no tanto, entonces yo no tuve oportunidad de acompañar en esas labores.
De parte de mi mamá saqué la cercanía: ella es muy de piel, muy amable, muy cariñosa. Yo creo que heredé un poco eso. Y de mi papá, la conciencia social. Mi papá es una persona que, sin ser militante, tiene una conciencia social muy clara. De estas familias que crecieron votando por la Concertación y que después se decepcionaron un poco, pero que aún siguen siendo de izquierda, aún admiran mucho a (Michelle) Bachelet, a (Ricardo) Lagos. Y yo creo que heredé esa conciencia política de él.
En la adolescencia era desordenado, no me iba muy bien en el colegio. Pasé por una etapa no sé si de rebeldía, porque en realidad no era rebelde con mis papás, pero sí muy desordenado. Muy poco pendiente de mis estudios, no me preocupaba tanto aquello. Y empecé a conocer la música y me metí mucho en eso. Mis papás me regalaron un bajo y empecé a tocar y a sacar canciones de Blink 182, me hice amigos de cabros que tenían esos mismos gustos e hicimos una banda. Mi adolescencia se fue más por ese lado. Más artístico, yo diría.
Esa banda se llamaba Día 82, ja, ja, ja. Tocábamos covers de Blink, de Green Day, esa era la onda: punk californiano.
Cuando llegó cuarto medio, a nosotros nos hacían estos tests de vocación laboral y siempre me salían cosas distintas. Cuando estaba terminando la media, en cuarto medio, me empezó a gustar el deporte, empecé a hacer harto gimnasio. Entonces, dije: de repente por aquí hay algo, quizás algo mezclado con la naturaleza. De hecho, recuerdo muy bien que estuve observando esta carrera que se llamaba Ecoturismo, que estuvo de moda en esos tiempos... y ahora ya no la he escuchado tanto, ja, ja, ja. Por otro lado estaba Psicología, pero no estaba tan seguro. De repente decía: ¿y si soy profe como mis papás? Pero profe de Educación Física, quizás. Anduve observando todo eso, hasta que en un momento dije: ya, vamos con Psicología pa’ probar, sin mucha certeza. Y felizmente entré y me gustó, porque, como pasa en todas las carreras, muchos cabros se van el primer semestre, el segundo semestre, pero en mi caso me gustó y me terminé quedando.
También pensé en ser profe de Historia. En el liceo, si había un ramo en el que me iba bien, sin estudiar siquiera, era Historia. No necesitaba estudiar y me sacaba seis, siete, muy buenas notas. Algunas personas me decían: ¡estái listo pa’ ser profe de Historia! Pero yo no estaba tan seguro.
De Psicología me gustó el desafío de poder entender muchas cosas que son difíciles, como la mente de las personas o por qué las personas se conforman de tal forma. Eso me llamó mucho la atención. Y, de hecho, en los primeros años me gustaba Psicología Social, que es una perspectiva mucho más amplia de ver la psicología. Pero después, con los años, me fui acercando a la Psicología Clínica, que es la concepción clásica que tenemos del psicólogo. De hecho, terminé haciendo mi práctica y mi tesis sobre Psicología Clínica.
A diferencia del liceo, en la universidad sí estudiaba... pero me alcanzaba pa’ pasar los ramos, nomás, ja, ja, ja. Estudiaba más que en el liceo, en el liceo no me interesaba mucho. En la universidad me gustaba el tema y estudiaba, pero pareciera que no lo suficiente pa’ que me fuera excelente, ¿cachái? ja, ja.
Paradójicamente, me eché el ramo de Derechos Humanos. Teníamos en la universidad un ramo que todos tenían que hacerlo, independiente de la carrera que tú estudiaras. Era Derechos Humanos y me lo eché…, pero nada, me faltaron entregar unos trabajos y ya al año siguiente lo recuperé y bien, ja, ja, ja.
En mi familia siempre se habló de política, nunca se vio con desdén. Siento que en el Chile de la última década la política se ve con cierta distancia o asco incluso, y en mi casa no: siempre se habló. De muy chico entendía los conceptos de la política, qué era ser de izquierda, qué era ser de derecha. Oposición, oficialismo. Yo tenía muy claro que mis papás eran partidarios de la Concertación y, claro, en mi casa siempre estaba puesta la radio, la radio Bío Bío, siempre escuchando noticias. Y cuando mi hermano entra en la adolescencia, para el movimiento de los pingüinos, 2006, él fue dirigente estudiantil en Colina, y el 2011 también en la universidad.
El 2011 fue mi primer acercamiento a la política, de interesarme más profundamente. Era muy chiquitito, estaba entrando en la media, debo haber estado en séptimo quizás, pero recuerdo perfecto que fui a la toma. Nos hacían firmar un papel en la entrada porque éramos muy niños. Y recuerdo estar en la toma, obviamente no me quedaba pero iba en el día a mirar con algunos amigos. Después, ya paso al 2017 cuando entro a la universidad. Esa fue mi aproximación más cercana a la política, porque era una universidad muy politizada y que se movilizaba.
Mi primera marcha, en 2017, fue bien heavy. Salimos desde Condell hasta la Plaza Italia y me acuerdo que se nos acerca un grupo de carabineros, como veinte en moto. Yo estaba ahí, lo vi y puedo asegurar que no hubo ningún acto de provocación, nada, absolutamente nada, y los carabineros se bajaron de las motos con palos y empezaron a pegar a todos. Eso lo vi, entonces fue bien heavy, fuerte de vivenciar. Y luego vivimos, el 2017, 2018, las tomas de la universidad. El 2018 me acuerdo que fue como este movimiento feminista muy fuerte y de alguna forma los hombres quedamos en un segundo plano, pero siempre observando lo que estaba pasando. Y ya el 2019 viene el Estallido Social, que es el momento de inflexión, po.
Tenía cierta conciencia de la brutalidad de carabineros, sobre todo por el conflicto mapuche. Entendía que había ciertos abusos, pero yo diría que uno siempre pensaba que eran aislados. Yo creo que antes del Estallido Social, uno siempre entendía que eran hechos más bien aislados que tan masivos. Sin embargo, el 2017, cuando me toca vivenciarlo a mí, ahí dije: hueón, quizás esto no es tan aislado, quizás pasa más de lo que uno cree, sólo que no se sabe. Recuerdo también compañeras que quizás eran sus primeras marchas y salían llorando después de que ocurrió esto. Fue impactante, me marcó mucho.
Cuando comenzó el Estallido Social yo me estaba sacando las muelas del juicio, ja, ja. Tenía planificada la extracción de las cuatro muelas del juicio y recuerdo que me citaron como a la una, dos de la tarde. Llegué en metro, salí por Cerro Blanco y había secundarios afuera, protestando, cortando la calle, tratando de tomarse la estación. Y obviamente yo venía siguiendo lo que estaba pasando con los secundarios, pero estaba en Colina en ese período, entonces no lo había vivido tanto. Dije: ¡qué loco lo que está pasando acá! Me acuerdo que llegué más temprano de la hora y me quedé mirando un rato. Llegaron los carabineros, pero no llegaron de Fuerzas Especiales sino sólo a decir: oye, paren, ja, ja. Después dije ya, es la hora, me tengo que ir pa’l hospital. Y allá llegué, me taparon con una cinta toda la cabeza y quedé a oscuras. Eso fue curioso, porque recuerdo no poder ver nada y escuchar a la odontóloga hablando con su asistente. Oye, está pasando esto afuera, qué opinái, y la otra le decía, no, no estoy de acuerdo. Yo escuchando todo esto y sin imaginar lo que iba a pasar. Cuando termino, me fue a buscar un amigo, íbamos en el auto de vuelta a Colina y afuera de las estaciones de metro, de todas, había gente, protestas y en la radio diciendo que iban a cerrar la línea 1. Me recomendaron comer helado pa’ la inflamación, entonces me acuerdo de llegar a la casa y ver en las noticias lo que estaba pasando mientras comía, impactadísimo. No me lo esperaba para nada.
El 19 o 20 de octubre hubo una marcha grande en Colina y eso me sorprendió. La gente se agrupó en la Plaza de Colina... y Colina es una comuna particularmente de derecha, sin embargo, la gente igual se movilizó y estuvo ahí. Eso demuestra lo transversal que era el malestar que había en Chile, que no fue algo aislado. Efectivamente había una molestia, un enojo de la gente, y que se manifestó desde una comuna que uno podría relacionar más con la izquierda hasta una de derecha como lo es Colina.
Para cualquiera que haya crecido en Colina, ver que la gente saliera y se manifestara era un impulso: sentir que estaba pasando algo que nadie podría haber apostado que iba a pasar. A mí, en general, me gusta que la gente se manifieste. Creo que nos hace bien como seres humanos que nos expresemos y digamos lo que sentimos. Si uno extrapola eso a la masa, a la sociedad, creo que una sociedad viva es una sociedad que se manifiesta, que sale a la calle, que se interesa por lo común. O que incluso es capaz de compartir en común. No sé por qué me vino a la cabeza cuando yo estaba chico y vino La Pequeña Gigante, y me acuerdo que con mis papás fuimos a verla al centro y me gustó eso: el encuentro de la gente que sale a la calle y disfruta algo en común. Eso me parece hermoso y por eso destaco tanto lo que pasó en Colina, y quienes lo vimos creo que lo recordamos con cariño.
La desigualdad era lo que a mí me motivaba a movilizarme. Sin embargo, tengo la sensación de que, y esto lo digo en retrospectiva, a la gente lo que más la motivó a salir a la calle fue el sentir que había una élite, un grupo que estaba dirigiéndonos y que de alguna forma abusaba y no sólo eso, sino que se burlaba de la gente. ¿Por qué tengo la certeza de esto? Porque el otro día me salió un video de una analista política que había hecho un cierto estudio, y cuando pregunta por el Estallido Social, qué cosas se le vienen a la cabeza a la gente, suelen decir recordarse, aún seis años después, las frases de los ministros. Las frases de los ministros diciendo que se levantaran más temprano, que las flores estaban más baratas. La gente se sigue acordando de eso. Entonces, mi sensación es que había una sociedad que ya estaba cansada de los abusos y de las clases de ética, que siguen en el inconsciente, y que además lo gatilla estas frases desafortunadas de los ministros. Es un cansancio generalizado que explota en ese momento. Ahora, tengo la sensación de que había personas que quizás eran un poco más politizadas y le dieron la vuelta y dijeron: esto es una cosa mucho más profunda que tiene que ver con desigualdad. Creo, y aquí me tiro a la piscina con una hipótesis, en el grueso de la gente, era más un cansancio. Un estar chato más que una bajada tan política del malestar.
El 6 de noviembre a mi papá le diagnostican un cáncer, que fue una noticia muy fuerte para nosotros, porque mi hermana falleció de cáncer. Es una palabra difícil de asimilar. Ese es el marco de esa semana. Y el día 8 de noviembre, yo iba a juntarme con algunos amigos, pero no estaba muy decidido, no lo teníamos muy claro. Finalmente fui. Recuerdo que cargué un rato mi cámara, salí y anduve por la Plaza (Italia) un poco, sacando fotos, grabando. No recuerdo exactamente la hora a la que llegué, pero desde temprano. Y recuerdo que era un día particularmente intenso, se sentía una energía distinta. Para mí, viéndolo para atrás es un punto de inflexión en mi vida. Es un momento en que cambia todo. Es un día que me obligó a mostrar cuál era mi capacidad de resistir.
Cuando perdí la visión, hubo un rato en que perdí la noción del tiempo. Pa’ mí fueron unos minutos de estar en un estado de shock, de no entender nada. Pero siento que, después de eso, rápidamente me di cuenta de lo que estaba pasando. De a poco empecé a autorregularme, a respirar y a entender. Incluso a pensar qué voy a hacer de ahora en adelante. Cómo voy a seguir estudiando, cómo le voy a decir a mis papás. Y, entremedio, la persona que me ayudó a salir de ahí, me decía: oye, hay que llamar a tus papás. Y yo le decía que no, no quería avisarle a mis papás, también por lo que había pasado dos días antes. Le avisan a mi hermano y ahí ya se entera toda mi familia.
De ahí, además, mucha gente me conoció por esto que había pasado, tan grave, y de ahí inicia un camino que yo no hubiera pensado. Probablemente, el 2019 ni siquiera me hubiera imaginado todo lo que ha ocurrido hasta ahora. En ningún caso hubiera adivinado todo.
Hay una cosa que era compleja de sentir... que no aparecía el sol. Nunca amanecía. Y por ende, tenía sueño: despertaba a la siete, ocho de la mañana porque me iban a dar medicamentos, gotas, luego seguía durmiendo, me llevaban el desayuno y no podía despertar. Recuerdo a mi mamá diciéndome ya, siéntate en la cama, porque ya eran la una, pero yo no lograba despertar. Tenía sueño, mucho sueño. Costó un par de semanas que mi organismo se acostumbrara a esa nueva forma de vida.
La frase “Regalé mis ojos para que la gente despierte” surgió en una conversación que estaba teniendo con mi mamá. Tuve dos, tres cirugías durante mi estadía en la clínica, y recuerdo que estábamos conversando con mi mamá antes de entrar justamente a una. Ella estaba muy angustiada, así que nos pusimos a conversar de esto que había pasado y yo le decía que, de alguna forma, sentía o esperaba, o no sé cómo lo habré dicho, pero que tenía la sensación de que esto que me había pasado de perder mis ojos iba a servir para que la gente despertara. En ese tiempo estaba muy instalada la idea de que Chile despertó. Entonces, la construcción de ese relato tenía que ver con la esperanza de darle un sentido a lo trágico que me había pasado, darle cierta profundidad. Y así es que sale esa frase, la comento con mi mamá y ella lo transmite.
Me parece que la frase del Estallido Delictual no concuerda con la profundidad del Estallido Social. La profundidad política y social que tiene el Estallido Social. Hay un autor chileno que dice que hay una cierta fetichización del Estallido Social. Un fetiche es cuando uno descarga toda su energía en un aspecto pequeño de cierto objeto. Entonces, el autor dice, y yo concuerdo con él, que tanto por derecha como por izquierda se ha fetichizado el Estallido Social: por derecha sólo viendo la parte de la delincuencia, del robo, del saqueo, del fuego; y por izquierda, algo curioso que pasa es que también sólo nos quedamos con la épica de la gente que sale a manifestarse. Que es hermoso, algo muy bonito, pero se romantiza de alguna forma. Y parece que nadie, ni por derecha ni por izquierda, se ha detenido a pensar lo profundo que es que este Chile, apolítico a veces, que en las elecciones presidenciales ni siquiera llegaba al 50% de votantes, un día decidió, por estar chato, salir a la calle y manifestarse. Aún, pasando seis años, no llegamos a esa profundidad del análisis. Y espero que podamos construir eso, por lado y lado. Es una labor que tenemos que hacer todos. Ahora, también entiendo la lógica de la derecha de calificarlo como delincuencia, porque les sirve. A la derecha le sirve que la gente no esté movilizada, que la gente no salga a expresarse. Pero ahí tenemos un desafío todos, la sociedad entera, de analizar esto con la profundidad que merece. Yo espero que podamos construir el relato de qué es lo que pasó en términos políticos pero también qué pasó en términos de violaciones a los Derechos Humanos. Es una deuda que, como sociedad, tenemos pendiente.
Hay mucha gente que me expresa que soy un ejemplo, lo cual agradezco, me enorgullece saber que la gente percibe eso de mí. Pero, por otro lado, yo he hecho lo que puedo, con las herramientas que tengo, entonces no creo que sea algo buscado. Ni tampoco con la idea de ser un referente de algo. Tan sólo he estado construyendo cierto bienestar o cierta capacidad de estar bien. Y si con eso la gente se puede sentir, de alguna forma, inspirada, bacán.
En algún momento sentí que esa figura de ser símbolo del Estallido Social podía ser un peso, una mochila que yo no quería cargar. Porque ser un referente también implica responder a ciertas expectativas que pueda tener la gente, y yo no quería estar atado de las expectativas que la gente pudiera tener de mí, sino que quería vivir de acuerdo a las cosas que yo sentía, a las que quería, a mis propios deseos y no a los de otras personas. Ese es el problema de ser un referente de algo.
Después de lo que me ocurrió, tomé la decisión de querer vivir la vida más acompañado. Antes de esto, del 2019, yo tenía un estilo de vida un poco más solitario. Y de alguna forma, luego del Estallido Social, traté de construir un entorno más acompañado. Que las demás personas pudieran sostenerme y yo también sostenerlos cuando ellos lo necesitaran. Ese fue un lema de vida que tomé la decisión de tener.
Cuando estaba en la clínica, recibí mucho cariño, muchas visitas. Desde el mundo del fútbol fue Marcelo Barticciotto a verme. Y un día Barticciotto llega y me dice: Gustavo, no vai a creer a quién tengo al lado. ¿A quién?, le pregunté, sin saber quién era. Y él me dice: Hola, Gustavo. Y caché al tiro que era Esteban Paredes. ¡Me quedé loco! Porque además yo creo que ese fue el mejor año de Esteban Paredes, el 2019, cuando llega al gol 216, contra la “U”, en el Monumental. Me fue a ver Morón también. Y del mundo de la comedia, fueron Freire, Avello, Edo Caroe, Lucas, Socías. Pura gente que yo admiraba. Incluso de bandas también: fue a verme Illapu, Planetario, que era otra banda que a mí me gustaba. Y todo eso sólo en la clínica: cuando ya me dieron de alta, a mi casa fue muchísima gente más. Una vez fue la Banda Conmoción, ¡y entró por el pasaje tocando! Ese período, hasta que llegó la pandemia, yo lo encuentro increíble. La cantidad de cariño que recibí...
El día que me dieron de alta, recuerdo que entré a la casa y entrar a mi pieza fue bien triste. Me puse a llorar, estaba triste. Pero pasaron unas horas y llegó una multitud afuera de la casa, gente que se juntó en la Plaza de Colina y marchó hasta donde yo estaba. Todas esas cosas las recuerdo con mucho cariño y fueron parte fundamental para la recuperación psíquica que tuve durante los años siguientes.
De los que más me sorprendieron, me quiero quedar con Felipe Avello. Avello es un personaje: el tipo, si uno conversa con él en persona, es igual a como es en la tele. Pero me gustó mucho su cercanía. Después tuve la oportunidad de ir a su casa, a almorzar. Y su cercanía también con mi familia. Es un tipo muy humilde, que podía conversar con mi abuela, echar la talla con ella. Eso reconozco de él, lo humano.
El proceso de rehabilitación fue rápido, tuve que hacerlo rápido... en un par de meses aprender a ocupar el celular, el iPad, el computador y ahí también me empezaron a enseñar a andar en la calle. La primera vez que yo salí con un bastón en la calle fue con la fundación. Fue intenso, porque fue todo muy rápido. De hecho, me sacaron a andar en micro, luego en metro. En febrero, previo a la pandemia, me estaban enseñando la ruta para ir en transporte público desde Colina hasta la universidad. Pero llegó la pandemia y de alguna forma me ayudó a que todos estos procesos fueran más paulatinos. Hacer una rehabilitación de tres meses es extremo, así que la pandemia ayudó a que fuera más suave.
Lo que más me ha costado, hasta el día de hoy, es transitar solo por la calle. Porque las labores del hogar o, no sé, desenvolverme con la tecnología nunca se me ha hecho tan complejo. Pero el hecho de andar en la calle es súper difícil. De hecho, admiro mucho a las personas ciegas que son capaces de andar por la calle tranquilas. Es muy complejo.
El primer proceso constituyente lo viví con mucha esperanza aunque sin estar metido, porque no lo estuve. De hecho, una de las autocríticas que tengo que hacerme yo, y creo que tenemos que hacernos todos quienes nos esperanzamos con ese proceso, es que hubo una inacción total. Creo que al final nos sumamos, al final la gente se puso a desmentir todas estas fake news, pero esas noticias falsas partieron desde el primer día. Desde que los constituyentes fueron electos que se empezó a construir cierto relato sobre la convención y que nosotros no combatimos. Me resultó bien triste el final de ese primer proceso. Y el segundo lo viví con total distancia. Desde la génesis de ese proceso lo viví con mucha distancia. Igual con cierto alivio de que se haya rechazado, pero desde fuera.
Empecé a trabajar como psicólogo particular y enfrentarme ya a atender a personas fue un enorme desafío, pero muy bonito. Considero que la psicología es mi vocación, algo que me encanta hacer. Y luego entré a trabajar en Estación Central y ahí fue un contexto muy distinto. Creo que el perfil de las personas que tienen acceso a pagar, aunque sea una tarifa muy baja, es muy distinto al de los que llegan a espacios gratuitos. La realidad que yo vi en Estación Central era muy dura de ver. De familias con violencia extrema, historias impactantes, familias víctimas de algún asesinato, violencia intrafamiliar, mamás con hijos drogadictos, en la pasta base. Y creo que esa fue una de las razones que me motivó a ser diputado. Tengo la sensación, probablemente por herencia de mis padres, de que, del lugar en que uno esté trabajando, que esté aportando a la sociedad, tiene que ser con la idea de buscar cambiar la realidad de otro, buscar cambiar el sistema. Y a pesar de que yo sentía que en la terapia las personas se sentían un poco mejor semana a semana, llegué a la convicción de algo que intuía: que era algo más estructural. Y ahí dije, bueno, aquí hay que hacer un cambio del sistema y yo quiero aportar un poco en aquello.
Siempre me sentí muy lejano a la idea de ser político, me habían ofrecido ser constituyente y tampoco quise. Me sentía muy conforme con la idea de ser psicólogo. Pero no sé, algo me removió en ese período estando en Estación Central y quise aportar... Con la expectativa de aportar, porque yo no sabía cómo iba a resultar la elección. Al principio tuve dudas, lo conversé con mi pareja, con amigos, con mi familia, hasta que en un momento dije ya, vamos. Y ahí nunca eché el pie atrás.
No esperaba tanto apoyo de la gente en la votación. Sin yo quererlo, como lo conversamos, soy representante de cierto período y siento que hubo gente que votó por eso. Otra gente votó porque me conoció en campaña, porque nos pasaba mucho en la calle que les decía que era psicólogo y mi historia y se llevaban un flyer. Entonces asumo que mucha gente también votó por nuestra campaña, pero claro, no hay que negar que soy representante de un cierto período. Y justamente el año pasado no estábamos con los vientos muy a favor de la idea del octubrismo y todo eso, ja, ja. Entonces de verdad no me esperaba ese resultado. Nosotros teníamos proyectado sacar la mitad de lo que terminamos sacando.
¿Cómo me hizo sentir la votación? Orgulloso, feliz. Creo que, dentro de esa profundidad con la que tenemos que analizar el Estallido Social, esta votación implica muchas cosas. Implica que no sólo era delincuencia, que no sólo era todas esas cosas que quieren instalar, sino que hay una profundidad. Esta votación abre la ventana, yo creo, para hacer esa discusión, ese debate, la construcción de ese relato. Desde hace algún tiempo atrás, tengo casi una obsesión personal de hacer esa construcción de ese relato. Me he puesto a leer libros respecto a eso. El estado de la izquierda hoy en Chile y en Latinoamérica. Es casi como un desafío personal.
En estos dos meses de política, que estoy dentro, me doy cuenta de que los diputados, los senadores, la gente que está en estos cargos, está muy en lo cotidiano. Está muy en pensar qué nos toca votar mañana, qué tenemos hoy día. Ni siquiera estamos pensando en una semana más sino en el día a día. Y creo que tenemos que darnos el espacio para pensar un poquito más allá. En el Chile de un año más, en el Chile de tres años más o de diez años más. No existe ese espacio para construir. Y de alguna forma estoy en pos de eso.
Me ha sorprendido que existen espacios para tender puentes con sectores que piensan distinto a ti. Eso está bueno, yo pensé que había mucha más distancia. Al final es inevitable y es parte del ser humano que si te estái rodeando todo el día con otros, finalmente vai a conversar o dialogar. Eso está bueno.
Lo que hallo malo es la pérdida de tiempo. Un día había un proyecto a favor de los bomberos, un paquete de medidas y estábamos todos de acuerdo. Pero todos, de izquierda y derecha. Y sin embargo en sala, a cada diputado se le da un tiempo para que pueda dar opinión sobre su voto, y todos los diputados pidieron la palabra y dieron un discurso... yo no quiero remitirme a hablar del discurso, cada uno tendrá sus razones y está en su derecho, ¡pero gastamos toda la mañana, se habló sólo de eso! Entonces ese día me detuve a pensar: si estamos todos de acuerdo, ¿por qué no lo votamos y avanzamos al siguiente tema? Hay tantos puntos importantes que abordar, y no le quiero restar valor al proyecto de los bomberos, yo también estaba de acuerdo, pero decía: ¿es necesario que cada uno diga su opinión porque quiere grabar su reel para Instagram? Es un gasto de tiempo cuando no tenemos mucho tiempo para legislar.
Yo también grabo cosas, porque necesitamos mostrarlo en redes: así es la política del siglo XXI y no lo podemos negar. Pero creo que hay que encontrar un equilibrio: no podemos pasar toda una mañana hablando sobre un tema en donde todos estamos de acuerdo. Ese espacio se supone que es para debatir, para deliberar, parlamentar.
En política nada me lo tomo personal. Creo que tiene que ver con mi profesión, a nosotros en la universidad nos enseñan a cómo mantenernos sensibles, sin que la información que esté a nuestro alrededor permee en nuestra salud mental. Entonces, los políticos tienen que ser sensibles a lo que la gente les tiene que contar, les tiene que decir, sus expectativas o su malestar, sin permitir que eso te afecte en tu salud mental. O estaríamos todos estresadísimos. Y eso mismo me pasa. Si tú piensas distinto a mí, y de hecho en prensa dices una crítica política en contra mía, no me lo tomo personal, porque no es personal, es político. Distinto es si la crítica es personal y malintencionada. Eso es otro tema.
Hay algunos parlamentarios que no saludan. Pero ni siquiera merecen que los nombre en este momento.
Con la diputada Javiera Rodríguez ambos estábamos de acuerdo en que teníamos que conversar. Ella se acerca primero a nosotros, al equipo, pidiendo una conversación y yo estaba de acuerdo. Y nada, ella me explicó lo que había pasado: me explica que en ningún caso era personal contra mí, que ella me ve como un diputado más, que en ningún caso ella quisiera faltarle el respeto a otro diputado. De alguna forma me plantea eso, y yo le dije que, bueno, yo no me lo tomaba personal. Pero igual le intenté explicar que el tema de las pensiones es delicado, le conté el caso de personas que efectivamente merecen tener esa pensión porque su vida cambió. Ella me plantea que sí, que hay casos como los que le mencioné que merecen una pensión, pero otros que no. Y yo le dije: si tú crees que hay algunos que sí y otros que no, tienes que tener más cuidado a la hora de hacer estas performances... lo que le quería transmitir es que en su chaqueta no aparecía que algunos sí y algunos no. Y no sé si llegamos a un acuerdo, no creo, pero al menos pudimos ambos decirnos lo que pensábamos con respecto al tema. Y eso está bueno.
Hay ciertos diputados que uno los escucha y dice, bueno, piensan distinto a mí, pero se puede conversar. En esa postura política no son malintencionados, sino que genuinamente creen que su postura hace mejor a Chile. Y eso es válido, lo encuentro súper válido. A la rápida se me viene a la cabeza la diputada Ossandón. Yo creo que podría pegarme una buena conversa con ella sin problema.
Mi referente en la política es Pepe Mujica. A él lo admiro mucho como persona. Escucho entrevistas de él y me transmite una calma que es increíble.
Cuando me enteré que absolvieron a Claudio Crespo me pasaron dos cosas. Por un lado, cierta tranquilidad de que se haya acreditado judicialmente que él fue la persona que disparó. Ahí hay una valoración y reconozco un trabajo de la Fiscalía, que logró encontrar las pruebas para que esa verdad jurídica fuera acatada y el tribunal así lo dictaminó. Ahora, al leer la sentencia uno se da cuenta de que la ley Naín Retamal tuvo mucho peso, y esta ley tiene que ver con una construcción política de la cual yo no estoy de acuerdo y que tiene que ser arreglada. Eso no puede seguir así.
Yo, por ahora, sigo teniendo esperanzas en la justicia. Sigo en un proceso judicial, esto no ha terminado. Nosotros estamos evaluando los pasos a seguir. Tenemos un par de días más para apelar y ya estamos en conversaciones, pero creo que esto no se ha terminado. Creo que esto va a terminar en un buen puerto.
Siendo súper sincero, me mantengo muy distante de lo que haga o diga Claudio Crespo. En general no me entero de lo que él dice. Sí me han comentado que él tiene posturas de extrema derecha y eso, obviamente, me hace sentir una distancia tremenda política. Ahora, en el plano más humano, igual hubo un cambio respecto a la percepción que yo tenía de él, y yo creo que a muchos chilenos que estén leyendo esto les pasó o les va a pasar, cuando aparecen estos videos que revela Ciper, de la brutalidad que él tenía en las protestas. Es realmente impactante. Era brutal la violencia extrema que él tenía en las marchas y a mí eso me resulta incluso preocupante. Porque nosotros a la policía le damos el legítimo derecho de tener la fuerza, las armas, un chaleco antibalas, de tener una placa, y que existan personas así en la institución es preocupante. ¿Con qué me quiero quedar? Con que, en el futuro, espero que eso no vuelva a ocurrir. Que no haya personas así dentro de esa institución.
La evaluación del gobierno de José Antonio Kast es negativa. Ya las encuestas lo muestran así. Yo, a pesar de esto, de que lo han hecho pésimo, debo decir que tenía una disposición al principio. De hecho, tuve ocasión en una ceremonia de encontrarme con Kast y nos saludamos, y bien, y de hecho, muy al principio de este gobierno, yo decía que había que abandonar la política de trinchera, de establecer puentes de diálogos. Sin embargo, me ha pasado durante estos dos meses, casi tres, que el gobierno no ha establecido diálogo con la oposición. Es más, el ministro García Ruminot se reunió conmigo después de la insistencia de la bancada para que nos aceptara una reunión... ¡y recibió críticas desde Republicanos y la UDI! Del tipo por qué se están juntando con el Partido Comunista. Entonces, creo que a pesar de que uno tuviera la disposición de construir puentes, de dialogar, pareciera que del lado de ellos no existe ese ánimo. Y para la construcción de este proyecto misceláneo, esta reforma tributaria encubierta, no hubo espacio de hacer un trabajo prelegislativo: no tuvimos acceso al proyecto hasta ese día en la mañana, el día que ingresó al Congreso. Yo, insisto, siempre voy querer dialogar, eso no va a cambiar, pero creo que desde la perspectiva de ellos no hay ese mismo ánimo.
La semana pasada fue el cambio de gabinete, el más precoz desde la vuelta a la democracia, y eso habla de una falla de diseño increíble. Me gustó mucho la metáfora que hizo Carlos Gajardo, que dijo: si en un partido de fútbol el técnico tiene que cambiar dos jugadores a los diez minutos, es porque se equivocó en los jugadores que puso en la cancha, po.
Kast empezó a ser candidato hace doce años y pareciera que sigue en campaña. Él no sólo fue candidato en los períodos en que el Servel te permite ser candidato. Él fue candidato durante todo este tiempo. Él ha recorrido casi todas las comunas de Chile. Y hay un valor ahí que quiero destacar: de que anda en la calle, el tipo anda. Entonces durante estos doce años estuvo haciendo esa pega, apoyando en comunas pa’ que el Partido Republicano surgiera, pa’ que salieran concejales, alcaldes, qué sé yo: se estuvo moviendo. Pero tengo la sensación de que, llegado el 11 de marzo, el tipo sigue en campaña: sigue recorriendo Chile. De hecho, algo que me llamó la atención es que cuando despidió a las ministras, él decía: te agradezco, Trinidad, porque recorriste Chile. ¡Él sigue en esa lógica del candidato! Es más, en una nota dice que él no hace muchas bilaterales en La Moneda porque no está, está en la calle, recorriendo. Y eso es desconocer el rol que tiene un Presidente. Está bien, el Presidente tiene que recorrer, obvio, pero tiene que hacer un trabajo que es político y que implica rayar la cancha, marcar la autoridad y estar en La Moneda.
Piñera, si algo tenía, era capaz de marcar ese poder. El tipo estaba en La Moneda, encima de los ministros, le pedía reportes continuamente. Eso es una forma de demostrar poder... y acá Kast no lo está haciendo. Hubo un error de diseño donde él no trabajó en el gabinete, se lo diseñaron otros y ahora le está pesando. Y como él no muestra ese poder, tampoco va a tener la capacidad de arreglar este embrollo en el que está metido.
Nosotros presentamos el proyecto para derogar el indulto, porque tengo el convencimiento de que es una facultad que está pasada de moda. En una democracia que funciona, y que tiene tres poderes del Estado, creo que el poder Ejecutivo debería ser capaz de respetar lo que haga el poder Legislativo. A mí me parece una facultad medio monárquica que no debería continuar.
Kast, efectivamente, podría indultar a Krasnoff... él ha dicho que no se imagina todas las cosas que dicen de él. Y eso es terrible, porque es desconocer lo que han dicho cientos de sentencias sobre Krasnoff. Es como si el presidente dudara de todo ese trabajo que ha hecho el poder Judicial y eso no está bueno.
Hoy estoy muy feliz junto a Vivi, mi polola actual. Nos vinimos a vivir juntos, de hecho, hace dos meses. Y estamos viviendo en esta casa que nos hace muy felices, porque nos permite recibir gente. Hemos construido un espacio muy agradable. Eso me tiene muy, muy contento.
Felizmente, tenemos intereses parecidos. A ella le gusta mucho la política, por ende conversamos harto de eso. Y eso siempre viene bien, tener intereses similares.
El canal Gustavo Platica surge como una excusa para seguir el juicio. Nosotros queríamos invitar gente y hablar un poco de su vida, pero al final de cada capítulo actualizar sobre lo que estaba pasando en el juicio. Finalmente no se dio tan así, porque el juicio se demoró mucho en empezar, y empezó el Gustavo Platica antes, ja, ja, ja. Pero fue un espacio muy bonito. A mí me gustó mucho y hubo conversaciones súper interesantes. Particularmente recuerdo la vez que entrevisté a Mónica González. Me resultó muy inspiradora y a la vez mucha gente lo hizo saber en los comentarios. Hasta hoy en día hay gente que me recuerda esa entrevista. Entonces, para quienes estén leyendo esto y tengan un tiempito, esa entrevista les recomiendo.
El 2019 a mí me regalaron una batería y me empezó a enseñar Alex Beat Muñoz, exbaterista de la Conmoción. Y el 2020, en pandemia, me invitan a participar de un proyecto que habían generado otras personas, que se llama Hasta la Victoria. La particularidad que tiene ese proyecto es que estaba compuesto íntegramente por heridos de trauma ocular. Algunos de estos locos se dieron cuenta de que había varios músicos, empezaron a juntarse y me invitaron a participar. Fue un muy bonito proyecto, ya no estamos tocando, pero sigo siendo amigo de ellos.
Dave Grohl para mí es un seco en la batería. Taylor Hawkins también, baterista de los Foo Fighters. Y Travis Barker, de Blink 182. Ellos son mis referentes.
Nos gustaría pronto volver con el formato de Gustavo Platica. Esta vez mucho más contingente, mucho más político. Estoy entusiasmado con eso. Y proyectos musicales siempre hay... ayer, de hecho, llegué a mi casa y dije: quiero aprender bongó, y tengo un bongó, así que me puse a tocar. Siempre ando tocando instrumentos... después los dejo, pero siempre está esa inquietud.
La mayor satisfacción de mi vida, hasta ahora, fue el triunfo de la elección de diputado. Es que siento que la campaña fue muy intensa. Yo nunca había vivido una campaña obviamente, y fue muy, muy intensa. Entonces llegar al final y que nos haya ido bien, y muy bien, fue muy satisfactorio.
Lo más difícil de mi vida fue la pérdida de mi hermana. Además que siendo niño no tenía la capacidad de procesarlo tanto. Con el paso de los años, y ahora ya de adulto, he ido entendiéndolo. Porque es un proceso complejo, que además afectó a mis papás... es un proceso muy difícil, el más difícil de mi vida.
En cinco años más, no sé exactamente en qué pero me veo feliz. Espero al menos estar siéndolo. A veces a uno se lo lleva la máquina y terminái haciendo cosas por inercia. Pero en cinco años más, si algo espero es seguir siendo feliz. Da igual lo que esté haciendo.
Me hubiera gustado ser músico... o productor musical. O cualquier hueá, ja, ja. Técnico en sonido. Hacer sonido en concierto. Cualquier cosa con la música.
¿Un apodo mío que no se sepa? Gustavosky... es que así me ponía yo en los videojuegos, ja, ja, ja.
No soy cabalero, nada. Cero.
¿Frase favorita? “De atrás pica el indio”, ja, ja, ja. Es una buena frase porque habla de que a veces podís estar atrás, pero siempre está la oportunidad de tirar pa’ adelante...
Mi picada favorita... no es barata, pero es mi restorán favorito, La Finestra. Es un restorán italiano que está en Ñuñoa y es exquisito. No es picada, porque no es barato ni nada, pero me gusta mucho.
Fui barquillero en el Bravissimo... que ya no existe el Bravissimo parece, ja, ja, ja. Tenía que hacer los helados, lavar la loza, uno de esos típicos trabajos precarios en donde tenís que hacer de todo. Y también trabajé en La Polar, en el área de zapatillas. Entonces tenía que ir a buscar las zapatillas a la bodega cuando alguien me pedía alguna talla. Esas pegas destacaría.
Mi primer sueldo lo gasté en ropa deportiva. Me acuerdo que en ese tiempo estaba entrenando harto, entonces me compré un buzo y una polera.
Me gustan mucho los aromas y tengo muchos perfumes. Y además ahora me gusta comprar aromatizantes pa’ la casa. Todo eso de los aromas es un hobby. De hecho, tengo un set de esencias, que vienen como cien, y se pueden armar perfumes en base a esas esencias. Me gustaría hacer algo propio algún día. A veces me aparecen como talleres que hace gente sobre perfumería y me gustaría tomar uno algún día.
Conociendo a Andrés Croxatto me empecé a meter más en los perfumes. Antes ocupaba un perfume, lo clásico, pero cuando lo vi empecé a comprar los que recomendaba. Ahora que ya entré al mundo, me compro otros perfumes más extraños.
Tengo como cuarenta perfumes, me los he ido comprando de a poco durante varios años. Me encanta el tema, intento ocupar diferentes perfumes todos los días. Considero que, al igual que la ropa u otras cosas, depende del estado de ánimo el perfume que tú te echas. Y depende la ocasión también: si hace frío es distinto al que ocupas cuando hace calor. Si vai a salir a un carrete podís ocupar un perfume más explosivo, pero si vai a estar en una cita, tiene que ser un perfume más contenido. A veces paso por mi pieza, donde tengo los perfumes, y huelo uno y sigo... Me gusta sentir los aromas.
Hoy mi perfume favorito es el Tom Ford Ombré Leather. Y si tuviera que recomendar, sería un clásico de clásicos, que es el Acqua Di Gio, que es un perfume noventero pero que no pasa de moda para mi gusto. Entonces si alguien quiere comprar un perfume e irse a la segura, diría el Acqua Di Gio. Y uno un poquitito más moderno, más juvenil, el Yves Saint Laurent Y Eau de Parfum. Es un poquito más juguetón, diría Andrés Perfume-Man.
Soy colocolino por herencia de mis dos abuelos, tanto paterno como materno.
Mi ídolo más grande es Esteban Paredes. Obviamente admiro a Barticciotto y a Caszely, pero de mi generación es Esteban Paredes. De chico y adolescente veía sus goles. Es increíble la capacidad que tuvo de que al arquero que más le hizo goles en su carrera fue Johnny Herrera. Qué bacán, qué seco... ¡al rival!
Yo creo que vamos a ser campeones, pero no estaría tan confiado. Después del partido con Católica, en redes sociales leía a gente que decía: ya está listo, se cerró el campeonato. Y no, quedan muchos partidos, pero apostaría a que sí. Con un juego discreto... pero funcional, parece. Un juego poco atractivo pareciera, ja, ja ja.
Con sus luces y sombras, Arturo Vidal representa a Chile. Un tipo con un talento increíble en lo futbolístico. Y en lo político un poco ambiguo, que no se sabe muy bien qué piensa. Hasta apolítico, pareciera de pronto. Y eso es Chile también, po. La mayoría de los chilenos son así. Entonces, creo que representa muy bien el Chile real. Los que somos un poquito más politizados decimos, pucha, ojalá tuviera más conciencia de clase, pero bueno, así es, nomás. Y esperemos que en el futuro sea distinto.
Paso por etapas con la música, pero soy un férreo defensor de que podemos escuchar desde Bad Bunny a Inti Illimani, y de Foo Fighters a Planetario, que es una banda chilena indie. Creo que hay que dejar atrás esa pureza de que si escuchabai una cosa no podíai escuchar otra. Como los metaleros, que de repente no escuchan pop. O, por otra parte, la gente que escucha folclore y no escucha reggaetón. Eso hay que dejarlo atrás y si te gusta algo, escucharlo.
No creo tanto en el horóscopo, pero igual hueveo con eso, ja, ja, ja. Soy sagitario y dicen que somos personas ligeras, buenas pa’ la talla. Y en eso me identifico.
Si pudiera ser cualquier persona por un día... voy a decir algo súper burdo, pero me gustaría ser un jugador de Colo Colo un día de partido. Porque, como siempre fui malo pa’ la pelota, me gustaría sentir la sensación de salir a la cancha. El segundo en que vai por el túnel de los campeones y está la Garra Blanca cantando.
¿Trago favorito? Whisky con agua con gas. Un Johnnie rojo.
Mi comida favorita son los ñoquis al pesto.
Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado con copete, sería a Pepe Mujica, Kurt Cobain y Salvador Allende. A Pepe por su sabiduría. Ni siquiera conversaría con él, sólo lo escucharía. A Kurt Cobain porque lo admiro mucho por su legado musical, pero también para entenderlo: entender por qué su vida terminó así, qué pasó por su cabeza. Pareciera que era un tipo que estaba sufriendo mucho. Y Allende... el otro día estaba conversando con un amigo y me contaba que había gente de derecha, en esos años, previo al Golpe, que lo admiraba mucho por su capacidad oratoria en su rol de diputado. Como que era muy bueno siendo político, conversando, persuadiendo. Creo que eso me gustaría rescatar de él, escucharlo hablar. En su momento era un tipo innovador también, en los setenta. Hoy el mundo, cincuenta años después, por supuesto que ha cambiado, pero en su tiempo era muy innovador, muy fresco para la política. En su espíritu rebelde creo que lo elegiría a él.
Gustavo Gatica es una persona de origen popular, con conciencia de clase, que le gusta disfrutar de la vida y que espera ser muy feliz.
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