Por Marco OyarzúnPablito Recupera, trayendo el consultorio a la pobla: “me emociona más que la chucha ver a personas que están intentándolo”
Salió de la adicción y hoy quiere lo mismo para el resto. Actualmente Pablo Yévenes tiene su propia cruzada que lucha contra el prejuicio y apunta con historias que muchas veces se dejan de lado.

Han sido días frenéticos para Pablo Yévenes, quien a mediados de julio lanzó su primer libro, “Psicología callejera”, obra homónima a su cuenta de TikTok, donde muchos lo conocieron hablando de psicología, entregando consejos y compartiendo sus propias vivencias.
Armado de un lenguaje callejero, crudo y directo, trajo la consulta al pavimento, a la población. Pero esta no era solo una fachada: el tiktoker salió de un círculo del que pocos logran escapar. Adicción, soledad, privación de libertad y la sensación de no encontrar un rumbo fueron parte de sus jornadas por varios años.
“Me dio una vuelta tan brígida todo esto, hermano. Hoy día o ayer acabo de recibir un mensaje de la editorial donde me están felicitando porque estábamos terceros en el ranking de ventas. Para mí es una cuestión de otro mundo”, comenta de entrada Pablito, desde una videollamada mientras transitaba por las calles. Y claro, bastante famoso estaba, porque más de alguna vez alguien lo paró para saludarlo.
Un presente muy distinto a su pasado, cuando tras la muerte de su madre cayó en las drogas, pasando por el neoprén, la marihuana y la pasta base. Aunque, como dijo en su momento en La Junta, también cayó en su propia mentira, la manipulación y la victimización.
Toda su adolescencia estuvo marcada por la adicción, hasta que a los 18 años tomó la decisión de entrar a centros de rehabilitación. En esos lugares pimponeó y también vivió algunas formas punitivas de intentar enrielar su camino, como que le tiraran huevos o harina, además de salir a machetear en las calles para estos sitios.
Tras un violento episodio en que fue golpeado por personal de uno de estos centros, logró escapar. Ese fue uno de los puntos de quiebre que, según contó a JC Rodríguez, le movió el piso.
“Ellos eran cuatro, y me tocó saltar la muralla para el otro lado. Y cuando caigo al otro lado me pongo a llorar así y digo: conche tu madre, loco, ¿cómo puedo seguir viviendo tanta indignidad, culiao? Como encima yo mismo me vine a meter a esta hueá, yo vine en forma de voluntad, dejé que me cortaran el pelo, me raparon al cero, me tiraron huevo, me tiraron harina, me hicieron de todo”.
Buscó cambiar su rumbo. Organizó un grupo medioambiental llamado Los Charchas, con quienes cada fin de semana iban a los cerros a limpiar la basura que dejaban otras personas.
Posteriormente, después de su propia recuperación y tras el estallido social, decidió que haría algo por todos aquellos adictos que habían vivido situaciones similares a las suyas. Esto lo llevó a inscribirse en la universidad para estudiar Psicología y desarrollar su enfoque de “psicología callejera” para ayudar a personas con adicciones, incluso llevándolas a centros de rehabilitación.

-¿Por qué hacer este libro? ¿Cómo nació la idea y cómo fue el trabajo de plasmarlo?
-Fue un tanto desgarrador. Digo desgarrador porque, en las noches, a medida que iba escribiendo, llegaban momentos de catarsis, de llorar, de acordarme de cosas. A pesar de que siento que mi libro no es una biografía, porque ocupo patrones de comportamiento de otras personas también y los plasmo ahí como ejemplo. Muchas veces son mucho más simples de entender que un ejemplo mío. Escuché la historia de alguien, esa historia la miro y digo: “Ya, esto como ejemplo es mucho más fácil de entender para la gente”. Por eso no todo lo que está en el libro tiene que ver con mi historia.
-Igual la portada es muy callejera, tiene ese corte. ¿Usted la eligió?
-No. Los chiquillos me iban mandando: “Mira, ¿te gusta esta? ¿Te gusta esta otra?”. Eso lo hizo la editorial de Penguin. Esa fue la que más me gustó. La idea de esto es hacer una saga: Psicología callejera: La recaída, Psicología callejera: Psilocibina.
-¿Ya está armando algo?
-Ya tengo la idea del próximo. El que viene será Psicología callejera: Psilocibina. Son los hongos mágicos. Se están utilizando en terapia, terapia chamánica incluso. De alguna u otra forma, el segundo libro va a tratar sobre las terapias chamánicas.
-¿Qué le parecen estos tratamientos con hongos mágicos y derivados?
-Espectacular. Yo te diría que hubo un cambio brutal en mí cuando hice terapia con psicodelia, con psilocibina. Entendí la punta del iceberg, hasta el principio. La psilocibina es ontología pura, estudio del ser. Llegas a capas que son mucho más restrictivas. Por ponerte un ejemplo, la muerte de mi mamá nunca fue el problema. El problema fue el concepto que yo tenía sobre la muerte. Y el concepto que tú tienes sobre la muerte es netamente cultural.
Antiguamente no todas las razas veían la muerte como un duelo. Esa cuestión es más eurocentrista que de acá, de Latinoamérica. Acá se sembraba a las personas, era celebrable la muerte. No se enterraban, se sembraban, pasaban a un nivel más alto. No había un tema de pertenencia sobre el otro.
Cuando digo “se me fue”, ¿qué estoy diciendo? Que finalmente me pertenecía. Terrenalmente era un apego, era mía. Era mi señora la que se murió, mi señora. Era mi hijo el que se murió, mi hijo. Era mi mamá la que se murió, mi mamá. Dentro de mí está ese sentido de pertenencia muy fuerte que tenemos sobre las personas, que también es más eurocentrista que de acá, de Latinoamérica. Acá se reconocía a la persona como un individuo, no como alguien sobre el que se tenía pertenencia.
-Te comprendo…
-O nuestras frustraciones tienen que ver con roles que no logramos llevar a cabo a partir de lo que pedía la cultura sobre ese rol. Incluido ser papá. El papá es un rol potente. El papá que no debería llorar, el que no debería ser. Y finalmente somos seres humanos. Cuando no logro llevar ese rol adelante, primero mi cabro chico a los 10 años se da cuenta de que mi papá no era tan como yo creía. Mi papá, el superhéroe que siempre miré a través del rol que cumplía como papá, se me cae.
“No, si el viejo también miente. El viejo que me hueveó porque yo no mintiera, igual me mintió en algún momento”. Ahí se me cayó. Y me frustré como hijo porque mi papá no cumplió el rol de papá que dice la cultura que debería cumplir. Y el papá, cuando ve que se le cayó al hijo, también termina frustrado porque entiende que no puede dar con esa responsabilidad tan grande que es el rol de papá. En vez de presentarte como el ser humano que eres ante tu hijo: “Soy un ser humano, me equivoco, cometo errores”. Humanizarte.
-Al final, el ser humano es una criatura de más errores que virtudes.
-Es parte de nuestra dualidad. El bueno y el malo están adentro. Fue una conversación durante muchos años: si el hombre es bueno o es malo.
-Hay grises, digo yo.
-Finalmente te das cuenta de que el hombre no es ni bueno ni malo, es ambas cosas. Contempla una dualidad dentro de lo bueno y lo malo, una dualidad constante dentro de la felicidad y la pena. Incluso, si no tuviera felicidad y pena adentro, ¿cómo comprendería que sigue siendo feliz si mantuvo una felicidad tan continua? Necesito la pena para poder evaluar cuándo soy feliz. Ahí está constantemente esa dualidad. Esa dualidad la cultura tampoco deja aceptarla. Te va a negar todo lo negativo. Nadie habla de sus cosas pencas. Yo prefiero hablar de lo víctima que fui a lo victimario que me transformé.
“Hoy día el éxito se plasma a través de lo material”

-A nivel general, la sociedad también muestra puras cosas buenas. Las redes sociales, todo bueno. En un sistema que busca el éxito como medalla.
-Sí. Y dentro de ello, el éxito. Hoy día el éxito se plasma a través de lo material. Veía al loco con una camioneta grande y se pone “exitoso”, pero anda a verle la vida interna: tiene la cagada en la familia. Finalmente estoy mirando solo una parte de lo que es el éxito, que está dentro del plano material.
-¿Y para quién está destinado este libro?
-Me lo han preguntado varias veces. El libro no necesariamente tiene que ser para una persona que ha consumido droga, porque el libro tiene varias pasadas por lo que es el ser humano finalmente y cuántas cosas hoy día trato de llevar adelante sin poder serlo, sin poder llevarlas adelante.
El libro coloca en su posición al ser humano. En algún momento lo trata re mal. Por ejemplo, hay partes donde aparece un personaje que se llama el creador de creadores, que vendría siendo Dios. Interrumpe a cada rato. Yo estoy escribiendo y me interrumpe. Él baja a cortarme la arrogancia. “El libro no lo escribes tú, tú eres puente”. Después aparece y me empieza a decir: “¿Cuántas cosas crees tú que realmente son tuyas, hermano? Ni tu hijo”. Baja a colocar en su posición al ser humano. Le destroza el ego a partir de mostrarle que su contribución al mundo ni se parece a la de la mosca, que hasta la mosca es más importante que tú en este mundo.
Es un libro un tanto agresivo en algunas partes, porque hace una destrucción del ego, una destrucción del cuerpo. Pero si tú lo logras entender, te vas dando cuenta de que hoy día le pongo sobrevalor a una montonera de cosas que están fuera de lugar. Mis zonas de confort tienen que estar siempre ahí: una casa calentita, una buena televisión, mi luz, mi internet. Y cuando salgo de ahí me queda la cagada, me descontrolo. Incluso cuando estoy en esa zona de confort, me aferro a algo.
-Pero el ser humano es un animal de costumbre.
-Ya, acostúmbralo a estar en su casa calentito, viendo tele, y ahí lo tienes todo condicionado a una forma. Si es un animal de costumbre, yo también lo acostumbraría a hacer deporte temprano en la mañana, a pegarse una bañada con agua helada para que sus químicos adentro reaccionen. La calle no es así. La vida tampoco es confortable como tu casa, tu pieza y lo calentito que está ahí. Por eso después incluso los cambios climáticos me molestan. El calor me va a enojar, después el frío me va a enojar. Nunca estái contento con nada al final.
-¿Qué pone contento a Pablito entonces?
-Mira, ayer terminó uno de los encuentros que hacemos todos los meses y tuvimos 50 personas nuevas. Las hacemos vivir una experiencia bastante fuerte, dura tres días. Cuando te lo cuento, me emociona más que la chucha ver a más de 100 personas adentro que están intentándolo, que están luchando, me paga a mí. Ver a esa familia contenta con el adicto que lo entendió, que llora, que se dio cuenta de que sí fue víctima por mucho tiempo, pero ahora se transformó en un gran victimario, y pide disculpas a su familia. Ese para mí es el regalo más potente que tengo. Y lo tengo todos los meses.
-¿Y cómo se inscribe la gente? ¿Hay una página web? ¿Hablan con usted vía DM? ¿Cómo se hace?
-Es muy anónimo, incluso hasta la experiencia. Yo doy la dirección nomás. La persona llega acá, se presenta, yo la escucho hablar, veo su perfil y digo: “Ya, mano, te voy a dar una dirección. Necesito que llegues a tal hora. Anda a vivir una experiencia con nosotros”. No todos están capacitados para ir a vivir esa experiencia, porque es muy explícita, por decirlo de alguna forma. Quien no tenga una experiencia de vida de fondo o haya tenido algún tipo de vulneración puede encontrar demasiado fuerte todo lo que va a escuchar. Puede querer pararse a las dos horas.
-¿Se puede decir que el adicto es una víctima también?
-Por supuesto. Nosotros entendemos eso. Cada historia de vida contempla una historia de fondo. Sin embargo, esa historia luego se repite la mayoría de las veces igual o peor. Por ejemplo, culpo todo el tiempo a mi papá porque me dolió caleta que me dejara botado cuando yo era chico. Me dejó hasta los cinco o seis años. Me sacaba a pasear, me traía regalos, la Navidad era pulenta. De un momento a otro se fue, no lo vi más. Eso generó un resentimiento gigante: “El hueón me abandonó”. Después tú vas y le preguntas: “Sí, hermano, entiendo, eso duele caleta. ¿Y tú cómo lo has hecho?”. Y el hueón dice: “Nada”. Ahí empieza a entrar: repetiste el círculo.
-¿Cómo es el camino de salir de una adicción?
-La posibilidad de la recaída está todo el tiempo. Yo desde los 18 años que me ando internando. Debo haber tenido como ocho procesos de rehabilitación. Yo lo buscaba, lo buscaba, lo buscaba, sin embargo no lo encontraba. Parte del libro habla de eso. Porque cuando tú pides ayuda, te van a mandar al psicólogo. Si rebotaste en el psicólogo, te van a mandar al psiquiatra. Si rebotaste en el psiquiatra, te van a mandar al centro de rehabilitación. Si rebotaste en el centro de rehabilitación, vamos al psicólogo de nuevo, al psiquiatra de nuevo, al centro de rehabilitación de nuevo. Es un vía crucis. Haya tenido efecto o no haya tenido efecto, volví a los mismos lugares porque son las únicas formas que conocí de recuperación.
Existe un abanico bien amplio de formas de recuperarte. De ese gran abanico, yo conocía tres y me mandé años en esas tres, por no visitar las que no tenía en mi capital cultural. Me faltaba información, me faltaba investigar y darme cuenta de que existe más de una forma. Como por ejemplo el enfoque que utilizamos nosotros ahora, que es un enfoque mexicano, pero que lo estamos contextualizando chilenamente, lo estamos chilenizando. Ese enfoque anónimo, desconocido, salva personas. Una señora que tiene 60 años y ha consumido pasta toda la vida, hoy día la tenemos ahí. Hace siete años que no consume droga.
-¿Cómo llegaste a esta escuela mexicana? ¿Y cómo se chileniza?
-Mira, esta escuela parte de los gringos. De Estados Unidos llega a México y en México se dan cuenta de que era muy bueno el enfoque, sin embargo los contextos culturales chocaban. Ahí aparece el primer cambio del enfoque y se mexicanizó. Los mexicanos agarraron su enfoque y empezaron a recorrer el mundo con la entrega de esto. Cuando te digo el mundo, son 184 países que tienen el método. Sin ser un partido político de gran envergadura. Eso llegó acá a Chile, y la primera parte a la que llegó fue a Puente Alto. Ellos son los padres del enfoque, pero son súper tradicionales y súper mexicanos. Aparecieron padrinos, como mi padrino Felipe, un caballero que tiene 15 años de rehabilitación. Esto en Chile lleva 18 años, o sea, casi fundador de esta cuestión. El padrino Felipe tuvo sus conflictos por la mexicanización del asunto. Si tú querías levantar una casa, tenías que preguntarle a los mexicanos si dejaban abrir una casa o no, porque te respondían desde México.
-Había burocracia.
-Claro. Entonces el padrino Felipe, que yo todavía no lo conocía, se separa del enfoque mexicano y empieza a abrir su casa y a contextualizarlo a lo chileno. De hecho, hasta las comidas que daban esos tres días allá eran mexicanas. Ya llevaba cuatro años de Psicología. Todavía no conocía el enfoque. Yo estaba chantado, pero me había chantado en la universidad, había dejado de consumir. El alcalde Matías Toledo, de Puente Alto, un día me llama y me dice: “Oye, Pablito, me gustaría trabajar contigo”. Yo justo necesitaba una práctica. Me dice: “Tengo algo que quiero que vayas a sacar, unos datos de unos grupos que están acá en Puente Alto”. Eran 11 grupos. Cada grupo tiene como 100 hueones de servicio, internos algunos y otros que están ya en la calle, que llevan años. Entonces él quería saber qué pasaba en esas casas.
-¿Cómo llegaste ahí?
-Yo dije: “Hermano, necesito hacer mi práctica, estoy haciendo un proyecto, tengo que entregar la tesis, así que mándame para allá y hago la tesis a partir de lo que me estás mostrando”.
Me manda a hacer esta pega y llego donde el padrino Felipe. Le toco la puerta: “Oiga, don Felipe, vengo a trabajar, me mandó la municipalidad, necesito sacar unos datos de aquí”. El caballero me dice: “Mira, ¿leíste aquí o no dice anónimo? Esa cuestión no es por nada, es por algo”. Yo le dije: “¿A qué se refiere con eso?”. Y me respondió: “No te puedo pasar los datos. Todos aquí sabemos que eres Pablito Recupera, te respetamos caleta, ocupamos tus videos. Sin embargo, como no eres parte del grupo, no te puedo dar ningún dato”. Le dije: “Pero necesito trabajar, estoy haciendo mi práctica”. Me dijo: “Mira, la única forma que tienes para poder tener los datos es participando en esta experiencia, que es brutal”.
Ahí fui a vivir la experiencia. Partimos el viernes en la noche. El domingo en la mañana hacen una parte que no te puedo contar, porque es mística, de anonimato. Caigo al piso en una catarsis con unas 25 o 30 personas más que vivimos esa noche, botado en el piso, revolcándome para allá y para acá. Ahí entendí que lo único que había hecho era chantarme. Pero finalmente la enfermedad y todo el daño psicológico todavía estaban adentro. Contemplaba resentimiento, culpa, vergüenza, una montonera de cosas.
Su cruzada

Pablito, junto a su padrino Felipe, conocido como Pipe Inspira, y sus otros colegas, ya cuenta con casas en Puente Alto para atender a personas que requieran ayuda. Incluso, prontamente planean abrir una clínica. Actualmente trabajan en regularizar este formato mexicano con las leyes nacionales.
-¿Cómo funciona tu trabajo?
-Aunque le pasara la terapia gratis, el hueón no va a llegar. La terapia en la calle es bonita. Porque los locos apenas te ven sentarte, ven tu actitud, ven tu forma de hablar. Son súper observadores. Hay una capacidad cognitiva tan grande afuera que en base a la mirada cachan al tiro. Si vengo con la chapita de la municipalidad, ¿cómo van a mirarme? Lo primero que van a creer es que vengo a molestarlos. Nunca van a pensar que vengo a ayudarlos. Tienes que primero ir vestido tal cual y ser quien eres tú. No vengo de psicólogo, vengo de Pablo. Mira, yo hice esto y esto. Después, cuando me escuchan, les digo: “Mira, yo soy psicólogo, yo te puedo ayudar, hermano. Yo sé lo que tú sientes, yo sé lo que tú vives”.
Ahí se da el vínculo. Y cuando generas el vínculo, les digo: “Ya, mira hermano, ¿quieres seguir viviendo aquí? Está con cualquier frío. Vámonos para una casa”. Y el loco depende. “Sí, hermano, vamos. Comes, escuchas el mensaje, pasas una noche calentita al menos con los cabros allá, te pegas una ducha, te afeitas y te devuelves para la calle si quieres”. Te los llevas para allá. Llegan, conocen la cuestión y al ratito dicen: “Padrino, me quedo”. Ya, bacán. Eso era lo que esperábamos. Y así vamos consiguiendo personas.
-Eso alimenta el espíritu.
-Más que la plata, yo estoy ni ahí con las monedas. Podría andar tranquilo, pero meto todo en esa cuestión y al final es lo que más me llena.
-Hay dos cosas que se me quedaron en el tintero. Eso del creador de creadores, ¿qué es?
-El creador de creadores básicamente es Dios. Yo le coloco Creador de Creadores porque el trabajo de este libro es súper místico. Yo hacía meditación antes de escribir, una meditación que se llama hiperventilada. Genera DMT. Entonces tú hacías esa respiración hiperventilada y caían partes de la meditación. En esa meditación había conversaciones con Dios y, en una de esas conversaciones, sentía que era Él. No sé si será, pero para mí era Él.
Yo lo plasmé en el libro. Él aparece y me dice: “Yo soy el creador de creadores, ¿qué crees tú que espero de ti?”. Entonces, si soy el creador de creadores, entendí que espera que me ponga a crear. Ese es el propósito de todo ser humano: crear. Luego el sistema empieza a comerte toda la creatividad. Desde el colegio para adelante te quita la creatividad. Hasta el editor después te dice que esa cuestión no la puedes escribir. Al final entendí que lo más lindo que hizo no fue haber muerto crucificado, sino haber dicho: “Perdona a los que no saben lo que hacen”. Eso es mucho más importante que la crucifixión.
Por eso perdiste al ser. El ser viene de la palabra sentido, que es lo que finalmente le da sentido a la vida. Por eso la palabra ser es tan importante: es la que le da sentido a la vida y es lo que se comunica directamente con el creador de creadores. Si yo, a través de la meditación, logro llegar a ese ser, boto el cuerpo y boto el ego, el ser va a quedar puro, como una hoja blanca, sin capas culturales, informativas, fantasmas ni traumas. Eso da la posibilidad de encontrarse con el creador de creadores directo.
Pablito Recupera vs Pablo Yévenes
-Y cerrando ya, ¿quién es Pablito Recupera?
-Pablito Recupera es un personaje. Finalmente yo todavía tengo la caca en mi vida. Tengo una cabrita chica que no me quiere ver, tengo una expareja por ahí. Me sigo mandando cagadas porque soy un ser humano. Yo lo entiendo así. Instagram no lo va a entender así. Por mucho que yo me avergüence y cuente mi historia, hay una montonera de personas que cuestionan el mismo hecho. Para mí, Pablito Recupera es un personaje que va en búsqueda de personas que ya sintieron la necesidad del cambio.
-¿Y quién es Pablo Yévenes?
-Pablo es una persona que estoy conociendo hace poco. Recién creo que estoy en el aprendizaje de conocer a esa persona. Creo que el libro me enseñó a mí mismo a ir conociendo a esa persona, porque también la sobrevaloré mucho tiempo. Antes de conocer este enfoque, andaba en otra. Me pedían fotos, me estaba creyendo el cuento, los aplausos. Cuando llegué a este enfoque me hicieron bajar de una. Me conectaron con Dios y me dijeron: “Mira, anda, habla con este y te vas a dar cuenta de que estás súper lejos de lo que creías”. Ahí empecé a entender a Pablito fuera de sus capas culturales, fuera de conceptos que estaban errados. Cuando vi mi concepto de amor, eran puras pertenencias nomás. No había nada de amor ahí. Te das cuenta de que tu forma de amar tiene que ver más con la cultura y con tu sentido de pertenencia que con lo que realmente es el amor.
-¿Y qué es el amor, Pablo?
-Te lo doy con un ejemplo. Voy pasando por un bosque, hay unas flores hermosas. Diosito va a bajar y te va a decir: “Hermano, ¿te gustan? Están bonitas, ¿cierto?”. Sí. “Ya, no se te vaya a ocurrir cortarlas, porque las matas”. Si te gustaron, si las encontraste bonitas, vuelve mañana y las vuelves a ver. Pero no te las lleves para la casa. Eso es el amor: lograr contemplar la belleza sin tener que ser parte de ella. Sin querer que esa belleza sea parte tuya tampoco. Entender que somos dos capas distintas. Me encanta, es muy hermoso, hay mucho amor detrás de eso. Sin embargo, tengo que aceptar que, a pesar de eso, no me perteneces.
Nada es nuestro. Diosito me lo dijo muchas veces: “¿Quién te dijo a ti que las cosas tenían dueño?”. Ahí aparece el concepto de propiedad privada. Hace años al ser humano le dijeron que por una escritura algo era suyo. Llega la naturaleza, te lo hace cagar y te muestra qué tan tuyo era. No le importó tu nombre, no le importó nada.
-Me acuerdo que estudié tu entrevista en Fichita TV, con tu profe de Psicología, y también en La Junta. Tú decías que eras anarquista. ¿Eso fue chiste o en verdad te gusta el anarquismo como corriente filosófica y política?
-Sí, soy anarquista. Me considero anarquista. Bill Wilson, el fundador de Alcohólicos Anónimos, el que hace todo el enfoque gringo, también se declaraba anarquista. Después empecé a cachar a muchos autores brígidos. La gran mayoría de los autores brígidos básicamente son anarquistas. Heidegger, por ejemplo. Ellos entendían que existía la política, el político y los partidos políticos. Los políticos y los partidos políticos son humanos, terrenales y muy lejos de lo real. La política es lo bonito. El partido político y el político, esos son los asquerosos. No tengo partido político, mantengo la nariz afuera.
De hecho, el creador de creadores es alguien que está fuera de la religión. No es evangélico, no tiene que ver con los pentecostales, no tiene que ver con la Iglesia Católica, no tiene que ver con nada. Es un ser superior. También aparece ahí Baruch Spinoza, que está dentro y está afuera al mismo tiempo. Baruch Spinoza no pertenecía a ninguna religión y habló de Dios más que la chucha. Albert Einstein también alguna vez lo dijo: “Un poquito de ciencia te hace ateo, harta ciencia te hace un creyente brígido”. Porque mucha ciencia te hace decir: “Bueno, hasta la gravedad en su perfección... un poquito más nos reventamos, un poquito menos nos vamos para arriba. Esa coincidencia no puede ser tanta coincidencia”.
Seguir con la vocación
En su horizonte hay varios objetivos: continuar con su carrera como creador de contenido, seguir ayudando a personas en las calles y en la organización donde participa, y también sacar su segundo libro, dedicado al tratamiento de adicciones con hongos alucinógenos.
Para este último proyecto hará algo fuera de la norma: presentará esta publicación con una obra de teatro.
“Será una obra de teatro donde vamos a traer lo que hacemos en esa hacienda: el pasillo. El pasilleo es un grito psicodramático. Llega un loco y empieza: ‘Yo era chiquitito, vieja conchetumadre, tenías que cuidarme. Se metía a la pieza, me colocaba la teta en la cara, vieja hueona, no me dejaba respirar. Yo no sentía nada, lo único que creaste en mí fue ansiedad’. Te van contando su historia. Son historias de vida reales. Nosotros los mandamos a la oficina, como le llamamos nosotros, que básicamente es una cruz. Los mandamos a pedirle a Dios que antes de salir a pasillar les devuelva el historial con toda la emoción”, adelantó.
En esa obra de teatro, asegura, serán puras historias reales que ha escuchado en esta lucha social que hace día a día.
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