La Firme con Germán Codina: “Si no me hubiera operado, probablemente estaría en silla de ruedas o postrado”

El alcalde de Puente Alto en Las Vizcachas. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Aquí, con La Cuarta, el alcalde de Puente Alto resume lo que han sido sus últimos años en la esfera política y sus proyecciones. También, claro, cuenta lo que pocos saben de él e incluso revela detalles del día que “rescató” al expresidente Piñera (y se transformó en meme).

El pueblito de Las Vizcachas probablemente sea uno de los mayores orgullos que presume Germán Codina Powers como alcalde hace más de una década de Puente Alto. Desde luego se entiende que así sea, en vista de que la primera vez que descubrió el terreno, en sus palabras, “no era más que un peladero”, y luego, cuando propuso sacarle provecho, reacondicionarlo como se mira por estos días, casi que se le rieron en la cara. Era como mucho una idea quijotesca, le hicieron saber. Así las cosas, ese —quizás demasiado— ambicioso plan inicial derivó en un forzado período de standby, que retomó ni bien sintió que se le volvían a reír en la cara: el jefe comunal negociaba con un mall de la zona un espacio que le permitiera fomentar la actividad artesanal, ofrecer los productos de sus emprendedores. Pero no hubo caso; le dijeron que no sin importar su persistencia ni, más importante, lo que hubiera significado para la comunidad. Allí preferían las marcas grandes.

Ése, exclama un miércoles a la tarde al diario pop, fue el empujón que necesitaba para echar andar como sea su proyecto. Y ahora, con un cuidado parque, talleres, zonas para celebrar cumpleaños, una inmensa laguna e inclusive una granja educativa, ferias de emprendedores y una estética rústica que lo hace único, es el sitio ideal para que los vecinos disfruten de un momento para distenderse.

En las siguientes líneas, el edil repasará parte de eso: su trabajo al frente de la comuna más poblada de todo el país. Los desafíos y las dificultades que le supone. Pero también sus orígenes, cómo despertó su interés por la política y su lucha por hacer de la derecha social una opción viable, aun cuando los grupos más extremos suelan criticarlo por “izquierdizar” al sector u otros lo definan como alguien “desconfiado” o, lisa y llanamente, “díscolo”.

La firme con Germán Codina

Cuando tuve que tomar la decisión de conservar la nacionalidad uruguaya o la chilena, preferí la chilena. El año ‘86, a mi viejo lo mandaron a instalarse a una empresa como LAN pero uruguaya en Chile, que se llamaba PLUNA, como jefe de operaciones. Y ahí nos vinimos todos. Obviamente fue un proceso al comienzo difícil, por lo que significaba dejar atrás tu infancia. Pero con los años le agradecí a mi viejo que haya tenido la valentía de haber tomado una decisión así en ese momento. Es verdad que soy chileno por opción.

De Chile, en un principio, me sorprendieron las zonas que tenía la capital. Santiago, a diferencia de Montevideo, es una ciudad bastante segmentada. Lo que me había tocado vivir de pequeño fue compartir todos la playa, compartir todos la pichanga, sin importar sector socioeconómico, color, religión, raza, ¿me entendís? Esa infancia me enseñó mucho. Nosotros somos seis hermanos y yo crecí con la paridad de género: somos tres hombres y tres mujeres.

Otra de las cosas que me sorprendió es que hubiera colegios de hombres y de mujeres. Yo había conocido sólo colegios mixtos. Estudié en colegios mixtos. Me sorprendió eso, fíjate. Pero uno se va adaptando, y la verdad es que soy un eterno agradecido de este país.

Yo me siento más chileno que los porotos. Tengo cuatro hijos, todos chilenos. Yo ya estoy arraigado aquí, y en el fondo, tengo muchas anclas en este lugar. Mi madre falleció aquí, la tenemos aquí en Chile.

Uruguay cree mucho en la libertad, en el respeto a la persona, y creo que Chile está al debe en eso. Una de las enseñanzas bonitas que me dejó Uruguay fue el respeto al diálogo, a la diversidad, pero también a la libertad. A diferencia de lo que pasa por ejemplo aquí, no es un país que tenga recursos naturales y, entonces, todo lo que tiene que ver con la construcción del presupuesto nacional para generar política social, es una construcción en la que todos colaboran. En Chile, al revés, hemos ido construyendo una sociedad bastante segregada, donde cuesta ver al otro, entenderlo.

El alcalde al interior del Pueblito Las Vizcachas. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Una de las grandes deficiencias del mundo posmoderno es la carencia de sensibilidad... que en algún minuto estaba al alero de visiones más bien religiosas en cuanto a la compasión, la piedad. Y hoy, que tenemos un mundo más material, donde las iglesias sucumbieron por los grandes errores que cometieron algunos de quienes las conforman, en el fondo nos enfrentamos a tener que revalorar el espíritu, el respeto por el prójimo.

Me preocupa cuando se politizan los Derechos Humanos. Antes de trabajar en el servicio público más territorial, trabajaba en la Universidad de Chile. Y me acuerdo que en uno de los ensayos que escribí, finales de los noventa, creía que, de los avances de la humanidad, más que la llegada del hombre a la luna, el gran avance fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El mundo sufrió mucha muerte, mucha persecución y asesinato para haber llegado a que, en un momento, sin importar la cultura, el lugar de la tierra, todos se pudieran de acuerdo por derechos básicos. Entonces, el valor que tienen los Derechos Humanos, en su origen, es que representan una multiplicidad de culturas, de creencias y de parámetros religiosos. Por eso tenemos que cuidar el respeto de los Derechos Humanos.

Nunca he escondido que nací en Uruguay. De hecho, todos mis compañeros, todos mis amigos, toda la gente sabe, conoce mi historia. No sé quién pudo haber sido tan venenoso como pa’ haber inventado una cosa así, pero es parte de lo que sé que se vive en política. Me he dado cuenta de que hay gente que no tiene ningún límite, y hoy día parece que reina más la mentira que la verdad.

¿Qué me queda de uruguayo? El amor por los asados, de todas maneras. Y te diría que tengo una adicción: las papas fritas. Y ésa la aprendí allá.

A mis hijos he tratado de inculcarles ser colocolinos, es mi equipo aquí. De chico simpatizaba con Peñarol.

Si no me hubieran hecho una microcirugía, probablemente estaría en silla de ruedas o postrado. Cuando llegué, sufrí el corte del nervio espinal, que es un nervio importantísimo para los músculos que sostienen la columna. Después me hicieron una microcirugía en el JJ Aguirre, que la agradezco desde lo más profundo del alma. Estuve seis meses inhabilitado, sin el nervio, y después entré en un proceso de rehabilitación que duró años, y me dejó secuelas. Son situaciones que también te enseñan: soy de los que creen que estas dificultades, peripecias, el sufrimiento bien encauzado, te puede dejar enseñanzas.

Codina nació en Uruguay pero llegó a Chile cuando había pasado la docena de años. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Mi interés por contribuir nace de mi madre. Era una mujer muy culta, con la que uno siempre podía sentarse a conversar y hacer análisis. Me acuerdo, de chiquitito, de ir caminando con ella y conversar. Ella, de una manera muy responsable, me inculcó la inquietud por el entorno, por el prójimo, por ser responsable en involucrarte en que las cosas pasen, y no quedarte como un mero espectador que sólo critica, que es lo que sucede. Ella fue una persona fundamental en eso. Yo siempre fui muy observador, no era muy bueno para expresarme, pero analizaba, y mi madre nos inculcó ese sentido de tratar de buscar la justicia. Estés donde estés, tienes que tratar de hacer el esfuerzo por ser justo.

En un minuto me di cuenta que lo académico no era lo mío. Trabajé en un convenio entre la Universidad de Chile y el Instituto del Banco Mundial, que se denominaba Red Global de Aprendizaje para el Desarrollo, y en algún momento sentí que no era lo mío. Sino conectarme con este dolor en el territorio, donde las papas queman. Y ahí tuve la oportunidad de venir a trabajar a Puente Alto. Comencé a trabajar, me gustó y me quedé.

Ser alcalde de Puente Alto es un desafío hermoso porque es un pequeño Chile. Tienes todos los sectores socioeconómicos, lo que no sucede en todas las comunas del país. Para mí la labor de alcalde, en el ámbito público, es una de las más hermosas que hay. Tienes contacto con las personas, puedes influir para mejorar la calidad de vida, puedes influir para generar programas para personas con discapacidad, enfermos, para emprendedoras. Si no hay una decisión de la autoridad, finalmente no pasan estas cosas. Siento que, además, es una comuna de gente honesta y trabajadora que ha sido muy estigmatizada.

Parte de los problemas de Chile, y que se manifiestan particularmente en Santiago, tienen que ver con la segregación y estigmatización. Por eso he intentado ser un alcalde que levanta muy fuerte la voz para defender a la comuna. Porque cuando tú conoces de cerca la realidad de tus vecinos, te camiseteas. Eso ha sido parte del sello de mi gestión. Por ejemplo, defendiendo contra la decisión del Presidente de no construir la extensión de la línea 4 del Metro. Así como también enfrenté a Piñera por sus decisiones, o a la Presidenta Bachelet. Los alcaldes tenemos que ser escuchados, tener un espacio, para que las políticas públicas no se terminen diseñando de manera centralizada.

No construir la extensión de la línea 4 del Metro me parece arbitrario y escandaloso. Y venir a dar la noticia como si fuera una buena noticia para la comuna... diciéndole a la gente que, algo que se iba a construir de acá a cuatro años más, ahora se va a demorar diez... Y más encima, ¡va a salir 500 millones de dólares más de lo que iba a salir antes! Aquí hay un problema en la toma de decisiones, por eso me interesa que haya mayor participación ciudadana.

El alcalde en primera instancia votó por el Apruebo para la Nueva Constitución, pero el texto lo decepcionó. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Lamentablemente algunos secuestraron el primer proceso constitucional de la Convención. Más que el esqueleto de cómo ir solucionando los problemas, quisieron implantar una ideología que se iba a transformar en institucionalidad. Eso generó el rechazo mayoritario de la ciudadanía, y espero que este segundo proceso sí permita que la Constitución se transforme en un punto de encuentro para que podamos mirar el futuro del país. Si no, tendremos nuevamente que rechazarla.

Me dio mucha rabia que las personas que fueron elegidas para la Convención Constitucional se farrearan tremenda oportunidad para sanar heridas. Para poder culminar correctamente el proceso de transición política desde el retorno a la democracia. Yo creo que el hito constitucional pudo haber sido finalmente la llave que cerrara un proceso terrible que se había vivido, que tuvo el Estallido Social, situaciones muy complejas. Para mí fue muy doloroso, no fueron capaces de tener la perspectiva, la visión de entender el momento histórico que estaban viviendo, y el poder que la ciudadanía les había dado.

Me preocupa que la violencia en los actos delictivos ha aumentado mucho. Eso genera un gran temor en la ciudadanía y una desafección enorme con la institucionalidad, que es la que debe garantizarte tu integridad física, psicológica y la de tus bienes. Entonces, superar la crisis de inseguridad que vive Chile tiene que ser una prioridad de primer nivel. Para el gobierno y todas las instituciones del Estado. Seguimos con un sistema garantista, que lo que ha hecho es dotar de gran cantidad de derechos a los delincuentes y olvidarse de las verdaderas víctimas, que son las personas honestas y trabajadoras.

Tenemos que ser más drásticos en las penas, sobre todo contra quienes son homicidas, se involucran en el narcotráfico o crimen organizado. Estamos en un punto de inflexión. Hace veinte años atrás, nadie creía que había corrupción en el país, y hoy saltan escándalos todos los días. Ahora nadie cree en el riesgo que hay para la democracia con los carteles de la droga, con los sicarios, etc. Pero esto va a comenzar a carcomer completamente la institucionalidad. Ya vimos a dieciocho fiscales que tuvieron que cambiarse de casa por amenazas, varios alcaldes con escolta. Estamos viendo la instalación de un modus operandi criminal que necesita que el Estado sea implacable y más rápido.

Traté de no enjuiciar al gobierno cuando recién venía partiendo, pero después de más de un año, soy un profundo crítico de cómo el Presidente generó expectativas que no podía cumplir. Por ejemplo, cosas como la deuda histórica de los profesores, la condonación del CAE. Yo soy de los que cree que uno en campaña no puede comprometer o prometer cosas que no va a cumplir. Me indigna lo que está sucediendo porque debilita la institucionalidad. Y para tapar todos esos errores cometidos, se está tratando de levantar un debate más ideologizado aprovechando los 50 años del Golpe Militar.

Codina lleva más de diez años como alcalde de Puente Alto, comuna a la que define como un pequeño Chile. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Me alarma cómo todavía no somos capaces de consensuar un diagnóstico después de 50 años. Yo condeno la violación de los Derechos Humanos de principio a fin, tanto aquí como en Nicaragua, Venezuela, Cuba y en otros países más. No me interesa el color político del gobierno de turno. Creo que le costó mucho a la civilización redactar la Declaración Universal de los DDHH, entonces debiera ser un esfuerzo prioritario de todos los Estados y gobiernos hacerla respetar. Si no logramos, en definitiva, establecer un diagnóstico común de lo sucedido, va a costar mucho sanar las heridas y que todos puedan verse como hermanos. Me preocupan las futuras generaciones, que no se siga sembrando odio y rencor de un lado y de otro. Que no sigamos discutiendo temas que sucedieron en el pasado, cuando hay información suficiente para establecer un diagnóstico —un Informe Rettig, la Comisión Valech—, que te debiera dar las luces suficientes como para tener una salida. Siento que hoy, para hacer una cortina de humo de todas las cosas que está incumpliendo, el gobierno se aferra a reflotar heridas que son bien ideológicas y que no permiten avanzar.

Me encantaría que el debate hoy fuera cómo vamos a hacer para tener un nuevo Nobel en Literatura, pero también en Medicina, Física, en Ciencias. Y eso no se discute en ninguna parte. Al revés, hay mucha gente que después de capacitarse, emigra y se va de nuestro país. En vez de querer quedarse, porque las condiciones no le dan certezas. Necesitamos que se establezca un sendero común y que todos lo respetemos en el largo plazo, y no que a la vuelta de la esquina comencemos a cuestionar lo acordado.

Junto con ser alcalde, también estoy tratando de involucrarme en la directiva de Renovación Nacional. Espero que nos den el apoyo internamente, porque creo que hay que cambiar la forma de hacer política tradicional. La política tradicional está muy conectada con una suerte de bipolaridad que tiene que ver con el congreso versus el gobierno de turno, gobierno versus oposición. Y yo creo que, desde los partidos, tenemos que construir una conexión más territorial, con la gente, y volcar las inquietudes ciudadanas de una manera más adecuada para la solución a través de leyes, de proyectos del mismo gobierno, etc. Por eso creo que es importante involucrar alcaldes en las directivas de los partidos y no que sigan siendo los mismos de siempre. Yo ahora voy en una lista y la lista que es contendora en esta segunda vuelta, sería la continuidad de lo que hay hoy día. Y yo creo que eso ha sido un fracaso. Se ha debilitado fundamentalmente lo social.

Al interior, los grupos más extremos nos han acusado de “izquierdizarnos”, pero creo que es porque falta comprensión. Hay que comprender que el mundo evolucionó, que nosotros tenemos que defender con fuerza la justicia social. También las libertades. Y eso significa que, por ejemplo, tenemos que luchar y estar unidos para evitar un estado totalitario, que finalmente es un riesgo porque puede construir dinastías. Así como los Ortega en Nicaragua, como los Castro, los Maduro, los Chávez. Tenemos que ser capaces de refortalecer el estado de derecho y la democracia como expresiones de la diversidad política y la diversidad en los proyectos individuales de desarrollo.

Me sorprendió que, durante mucho tiempo, un sector muy específico de la derecha tratara de taponear temas relativos a la diversidad de género. Porque la libertad significa que cada uno pueda desarrollar sus proyectos, sin obviamente herir o dañar al prójimo. Pero hay que entender que hay distintos caminos hacia la felicidad, y que obviamente, en la medida que respetes los derechos del resto, no tiene nadie que obligarte a ti a mantenerte dentro de cierto esquema.

Una de las pasiones del "Rucio", como lo apodan, es la natación. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Me gustaría seguir en lo público, pero tampoco desecho la posibilidad de trabajar en algo más social, fuera de cargos de elección popular. Quiero seguir colaborando para enfrentar el dolor. Un proyecto bonito que he apoyado desde la alcaldía, es el de una fundación que trabaja con niños terminales en los hospitales. A mí me sorprendió hace muchos años atrás, cuando asistí para unas actividades de la comuna y me encontré que había niños abandonados. Las chicas que trabajan ahí les hacían la Navidad y los niños pasaban solo el 24 en la noche. Hay muchas cosas que están sucediendo, que tenemos que ser capaces de tener un poquito más de compasión y de amor por el prójimo.

Me honraría que mi sector considerara que yo puedo unir las fuerzas como para que podamos volver al gobierno. Pero eso va a depender de los cambios legales que se produzcan (NdeR: como Germán Codina nació en Uruguay, no puede optar a la presidencia). A pesar de que el proyecto de la Convención Constitucional me convenía porque solucionaba ese problema, yo preferí rechazarlo. Antes de los intereses personales, está Chile.

El dolor que uno lleva siempre en el corazón es la falta de tiempo para tu gente querida. Yo trato siempre, a pesar de que esté molido, que si me llama alguno de mis hijos, si me dice oye papá, vamos a comernos una hamburguesa, voy, apaño. Si me dicen papá, ¿subamos el cerro? También voy. Es tanto así, que mi hija en un minuto me dijo que quería aprender a tocar violín. Le dije ¿te molesta si yo, para que compartamos un rato más, voy a las clases contigo? Y los dos nos metimos a clases de violín. Después de unos meses me dijo que el violín no era lo suyo, que quería guitarra. Y como está un poquito más grande, cuando le pregunté si podía acompañarla, me dijo no, no, no, jajaja. Así que me quedé con lo básico de violín, jajaja. Siempre trato de buscar esos espacios de encuentro. A veces pichangueamos básquetbol.

Muchos parlamentarios se han ganado la desconfianza de la gente. Entonces es obvio que uno también, a veces, puede poner en duda cuál es la verdadera disposición a solucionar algunos problemas. Por ejemplo, se demoraron diez años en sacar un proyecto de ley para que la gente pudiera cerrar sus pasajes. Íbamos a comisiones, una tras otra, y no sacaban la ley. Y cuando la sacaron, fue una tipo Frankenstein, que al final no soluciona el problema, porque terminaron haciendo puro recauchaje y sigue siendo un problema para la gente. El Estado tiene la obligación de brindarte seguridad, y si no está siendo capaz, tiene que dejar que tú puedas tomar algunas medidas de precaución, como cerrar pasajes, tener cámara de seguridad en tu casa... y lamentablemente el congreso se demoraron como diez años. Eso genera desconfianza en la gente. No es que uno sea desconfiado per se.

En el momento que no exista pensamiento crítico vamos a ser como animalitos que van detrás del flautista de Hamelin. Es importante entender que en este mundo público no pueden existir sectas. Que tú seas parte de un partido político, o que seas de un equipo de fútbol, no puede significar que esperen que tú no tengas pensamiento crítico y que, en virtud de tus convicciones, también puedas emitir opiniones. Creo que lo tienes que hacer en un marco de respeto institucional, en un marco de dignidad hacia tu adversario eventualmente, pero debe existir ese espacio.

Los placeres culpables del edil se vinculan a la comida. Chocolates y papas fritas, principalmente. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Hace años tenía algo de vínculo con Daniel Jadue, pero me alejé. Eso fue cuando comencé enterarme de varios escándalos que terminaron afectando el proyecto de la Asociación Chilena de Farmacias Populares. Sobre todo cuando él no quiso contratar una auditoría externa a la asociación, que yo le requerí a él y a los integrantes del directorio, para efectos de transparentar qué estaba pasando con las platas de la asociación.

Creo en la amistad en la política. Hay que ser capaz de construir puentes. El vínculo desde lo humano es algo trascendental. En su momento, por ejemplo, hubo algo que me generó una muy buena apreciación de Felipe Harboe. Yo había ido a plantearle al Presidente de la República, los primeros días de noviembre, antes de que se produjeran los hechos más violentos, que nosotros como asociación queríamos sacar adelante una consulta ciudadana y queríamos que él se sumara, que generáramos un proceso, pero lamentablemente no fui escuchado. Y cuando vienen los acontecimientos del 12 de noviembre, muchos me terminan dando la razón. El 14, en la noche, se produce el acuerdo para la paz y la Nueva Constitución. El único de los que estaba en el ex Congreso que me llamó para reconocer lo que había hecho la Asociación Chilena de Municipalidades en todo este proceso, fue Felipe Harboe. Entonces, sí, creo que se pueden construir puentes desde la honestidad y la franqueza.

Cuando veo el derrotero equivocado que tuvo Renovación Nacional los últimos años, claro que uno entra en dudas. Pero hoy tengo la convicción de que podemos llegar a la directiva y, desde ahí, abrir un nuevo camino para que el partido vuelva a ser influyente en la esfera nacional. Y que, defendiendo la libertad, sea capaz también de defender la justicia social y la equidad.

Cuando atajé al expresidente Piñera, él me demostró que una de sus cualidades es que es porfiado... porque yo le dije antes que era muy peligrosa la ruta porque habían cortado las enfierraduras y estaban como verdaderas lanzas. Si él caía sobre eso, se podría haber ensartado. Y miro para atrás y veo que el guardaespaldas se había quedado atrás, él sí entendió que era peligroso. Entonces, cuando lo vi arrancarse solo pa’ allá, dije uy, aquí puede pasar algo. Me acerco, en eso se resbala y alcanzo a agarrarlo. El acierto del fotógrafo es brutal, extraordinario. Me saco el sombrero.

Hoy Bajos de Mena tiene comisaría gracias al tropiezo de Piñera. Porque, cuando todavía estaba mareado, le dije Presidente, me debe una, necesito que me acompañe al lugar donde Bajos de Mena necesita tener una comisaría. Y me dijo bien alcalde, le concedo que le debo una. Fuimos al terreno... ellos querían hacerla en otra parte de la comuna, que se iba a transformar en una frontera entre Bajos de Mena y el resto de la ciudad, y eso es lo que yo no quería. Y lo logré ese mismo día, porque de ahí salió una reunión con el ministro Chadwick. Piñera le dio la instrucción de recibirme en La Moneda junto al Director General de Carabineros González Jure. Estuvimos dos horas discutiendo, porque el director me decía que era inseguro colocar ahí la comisaría, y yo le decía que ése era el principal motivo: imagínese si para Carabineros puede ser inseguro, la inseguridad que viven las personas de a pie.

La recordada caída del expresidente, que no pasó a mayores gracias a Codina.

Nos encontramos pocas veces con personas de la estatura ética y moral que tiene el Papa. Yo quería conocerlo, tenerlo cerca, y obviamente creo que hubo una linda oportunidad, porque él venía caminando con la Presidenta Bachelet... la gran oportunidad mía, fíjate, fue que todos los alcaldes, si miras una foto, estaban atentos a su celular porque lo estaban grabando. Ellos miraban la pantalla. Y para mí eso es un diagnóstico del deterioro social que tenemos... ¡tenemos al Papa delante, al mismísimo Papa!, y en vez de mirarlo a los ojos, pones la pantalla y cortas la comunicación. Yo fui el único que no tenía celular en ese momento. Reconozco que es muy raro que no lo tuviera, pero en ese momento me di cuenta de la situación especial que se estaba viviendo. Entonces creía que era una falta de respeto hacia el Papa ponerle un celular delante de su rostro. Se produce que el Papa, creo yo, ve puros celulares y en un momento ve a un alcalde que lo mira a la cara. Y hace conexión conmigo. Yo le levanto los hombros y él se sonríe, y me mira por la espalda de la Presidenta, como preguntándome ¡¿qué?! Creo que se escucha... y le digo ¿lo puedo saludar? Y me dice, ¿por qué no? Entonces, con mucho respeto, me acerco y saludo a ambos. Lo que pasó ahí es un síntoma de lo que nos pasa socialmente.

Hay que revalorizar la sensibilidad, no es una debilidad ser sensible. Y te han enseñado que si lloras, eres débil. Eso es malo. Es la sensibilidad la que nos puede llevar a entendernos, y si nos entendemos, vamos a poder caminar juntos.

Cuando estudiaba en la Universidad de Chile, trabajé de bombero en la Copec para pagarme los estudios. Porque en esa época, como tenía la nacionalidad uruguaya, no me daban el crédito fiscal. Tenía una familia de seis hermanos... entonces mi viejo me dijo oye, te fue en la prueba, qué rico... no te puedo pagar la universidad. Y salí a trabajar. Hoy me llena de orgullo mirar para atrás y sentir que uno, con mucho sacrificio, fue sacando adelante esas obligaciones. Porque te hizo entender lo que le pasa a todo el mundo.

Tengo un sueño frustrado: si no fuera alcalde, me hubiera gustado ser arquitecto o profesor. Porque creo que tienen el inmenso beneficio de que, con sus acciones, pueden contribuir de manera importante a cambiar el mundo. El buen arquitecto, que construye buenas ciudades, integradas, el que construye casas dignas. Y el profesor, que le entrega herramientas a los niños y niñas para salir adelante, los cimientos de lo que va a ser su crecimiento. Son dos cosas que me hubiera gustado ser.

¿Un apodo? Aquí me dicen El Rucio, Ger... mi niño. De cariño, jajaja. En general, Ger me dicen, diminutivo de Germán.

El alcalde se ha planteado en más de una ocasión dejar RN. Ahora, sin embargo, busca ser parte de la directiva. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Un sueño pendiente sería tener una fábrica de tiempo para poder compartir más con mis hijos. Es el gran costo que pagamos los que estamos en un cargo con estas características. También me gustaría hacer un libro de fotografía. Me encanta, dentro de los hobbies que tengo, tomar fotos de la naturaleza. El atardecer, la lluvia, los ríos, los pájaros, las hojas. Y tengo harto material que me gustaría alguna vez publicar.

Participé en el Triatlón de Pucón (NdeR: hoy Ironman). Participé el 14 de enero del 90 y salí sexto. Natación era mi fuerte. Ese año vino el campeón mundial y yo salí dentro de los diez o quince del agua. Creo que de los diez. Me gusta mucho. Como de chico iba harto a la playa...

Mi frase favorita es “Dios escribe recto en renglones torcidos”. Ésa se la digo siempre al equipo. Las cosas siempre pasan por algo...

Mi picada favorita aquí, llegando a septiembre, es el Mote con Yapa. Es una picada rica de Puente Alto. Pero picada favorita para mí es cualquiera que tenga papas fritas. Incluso estoy viendo si me compro una airfryer para tener en la oficina, jajajaj.

¿Mis otros trabajos? Antes de ser alcalde fui concejal. Y cuando fui concejal, participé en los grupos Tantauco del expresidente Piñera cuando estaban haciendo los programas para el primer gobierno. Yo trabajé en el de vivienda, no obstante después no fui considerado. Y me acuerdo que el 19 de marzo de ese año que asumieron, les tomaron el Ministerio de Vivienda los grupos que se llamaban ANDA Chile, que eran deudores habitacionales. Me llamó la ministra de la época para que hablara, porque ellos le dijeron que estaban dispuestos a conversar conmigo. Los conocía de la comuna. Fui, y después me pidieron que me quedara trabajando. Así que trabajé en el Ministerio de Vivienda ayudando a los deudores habitacionales siendo concejal. Antes de eso fui director de desarrollo comunitario en la comuna. También estuve trabajando en diferentes departamentos, de discapacidad, deportes, vivienda. Antes de eso, en la Universidad de Chile en el ámbito académico. Bueno, fui bombero de la Copec... y después, lo que me ayudó en el largo plazo fue que me conseguí unas picadas para comprar chalecos y esas cosas, y vendía en la universidad. Siempre me las rebuscaba para vender ropa mientras era estudiante, o alfajores, cosas de ese tipo. Mi primera boleta fue a los 12 años.

Mi primer sueldo me lo debo haber gastado en dulces. Una de mis debilidades son los chocolates. Todos saben que soy el terror de los chocolates, así que me los esconden. En la oficina tengo escondidos en distintas partes chocolates. Porque, como sé que me los sacan, los escondo en distintos lugares, para que el día que esté un poquito antojado, me coma uno tranquilo. Si lo dejo en una caja, me sacan la caja.

Germán Codina estudió Administración Pública en la Universidad de Chile. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

Quiero que Chile le gane a Uruguay. Decididamente voy por Chile, de corazón. Sólo apoyo a Uruguay, por ejemplo en los Mundiales, si es que no está Chile.

Mis hobbies son la fotografía de la naturaleza, el senderismo, el ciclismo... y armar puzzles. Eso me ha ayudado harto a desarrollar la paciencia. Son momentos que incluso me han ayudado para compartir con mis hijos. Los voy armando y cuando queda lo menos por hacer, porque no tienen la paciencia que tengo yo jajaja, los invito a que terminemos de armar juntos para que sea un trabajo de todos. Trato de buscar puzzles que tengan algún lugar bonito, que pueda transformarse en el sueño de un lugar a visitar con ellos. Hay uno muy lindo que armé con mi hija, de una zona de Italia, y que después la llevamos a conocerla.

La música ochentera es mi favorita. En español y en inglés. Con mi hija he aprendido a desarrollar un poquito más el oído por el rock. A ella le gusta Black Sabbath y otros más. Es como un popurrí, la verdad. Porque me gusta la ochentera, el rock en español, Soda Stereo, Miguel Mateos... el rock argentino, que marcó una tendencia. También baladistas, más romanticones como Perales, y de la música andina. Me gustan algunas canciones de Congreso, algunas de Illapu. Hay gente que no puede creer que me guste la música de Illapu. No sé por qué se sorprenden, si la música andina es tan bonita. Y obviamente uno tiene que tener un gusto amplio. ¡Elvis Presley también! Toda esa música que marcó tendencia.

Lloré con El diario de una pasión. Es muy humana, muy bonita.

Una serie que me enganchó mucho y vi de un paraguazo fue Grey’s Anatomy. Pero también me gustan las series o películas de acción. La última que vi fue Hit & Run. Me gusta que pasen cosas, que no te quedís dormido.

El alcalde no bebe alcohol ni tampoco fuma. Foto: Juan Farías, La Cuarta.

No creo en el horóscopo pero sí que las energías son importantes. Creo mucho en la espiritualidad. No estoy preocupado del horóscopo pero me han dicho que soy un fiel representante de Aries. Mis hermanas, que eran fanáticas y leían el horóscopo chino, me dicen que soy tigre con ascendente tigre. Y soy Aries con ascendente Aries.

Si pudiera tener un superpoder me encantaría controlar el tiempo. Lo que es distinto a la inmortalidad. La inmortalidad no me gusta, porque te va a generar una profunda soledad. Pero creo que si controlas el tiempo, tienes la posibilidad de hacer muchísimas cosas.

Cuando voy a visitar algunos clubes de adulto mayor, me tienen sopaipillas con pebre. Saben que me encantan. Me puedo comer veinte... La comida es mi placer culpable.

¿Trago favorito? Ya soy desordenado sin copete... entonces el único copete que tengo es el mote con yapa.

Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado serían Albert Einstein, Madre Teresa de Calcuta y Elvis Presley. Einstein porque puede ver cosas que nosotros no, y ayudarnos a entender, a buscar caminos. La Madre Teresa porque es una mujer de una altura espiritual superior. Me gustaría combinar su bondad con la inteligencia de Einstein, a ver qué podemos lograr para el mundo hoy día. Y Elvis pa’ que nos ponga buena música, que nos cante.

Germán Codina es un chileno de corazón que se esfuerza honestamente y sin descanso por contribuir a tener un Chile más humano y justo. Un hombre tenaz que valora y disfruta la sencillez y las cosas simples de la vida. Un eterno enamorado de sus hijos y su hija.

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