Por Eduardo Ortega“Con el corazón, debería ser Argentina”: Roberto Cox desmenuza su cobertura del Mundial y anticipa al campeón
Tras un mes y medio, el periodista se prepara por fin para retratar el desenlace de su segundo Mundial. Antes, le cuenta al diario pop los pormenores de una cobertura que, dice, ha sido incluso más desgastante que la del juicio a Nicolás Zepeda.

No quiero que termine resopla Roberto Cox, la voz algo agitada, mezcla de cansancio y resignación, de camino a su hotel en Nueva York. Enviado especial de Chilevisión, el periodista acaba de atestiguar la remontada que más necesitaba Argentina —contra su némesis, Inglaterra, un partido que para ellos y su gente es apenas un pretexto— después de verse otra vez en el piso, aprovechándose de las licencias que concedió el insólito haramball de Thomas Tuchel, y ahora espera por la final del domingo. Es su segunda Copa del Mundo pero la magia sigue allí, intacta, con el asombro de la primera vez: la interacción con aficiones de todos los rincones y en especial lo que ofreció el certamen dentro del césped —las últimas pinceladas de un Lionel Messi que no parece haber cumplido 39 sino 29, el amargo adiós de Cristiano Ronaldo, la eliminación de Brasil a manos de una Noruega viral por un festejo en el que todos morían por participar, el colapso de la garra charrúa y Marcelo Bielsa, el improbable estreno de Cabo Verde, la utopía imposible de Paraguay, el final de la revolución francesa, acaso la reivindicación del guardiolismo— le permitieron mitigar los efectos de tanto viaje.
—Esta ha sido la cobertura más larga que he tenido en mi historia como periodista —condensa Cox—. Es un Mundial mucho más largo que el anterior, dura casi un mes y medio, tiene más equipos y más partidos. Recuerdo otras coberturas largas, como el juicio a Nicolás Zepeda, que duró tres semanas, pero esta ha sido lejos la más desgastante.
Incluso perdió la cuenta, insiste Cox, de los vuelos que él y el resto del equipo han tomado. Para hacerse una idea: es su segunda vez en Nueva York, antes estuvieron en Los Angeles, dos veces en Kansas, otras dos en Atlanta, una en Dallas, dos en Guadalajara y una en Ciudad de México. Con excepción de esta, su última parada antes de la definición que coronará por cuarta vez a Argentina o segunda a España, no pasaron más de dos noches en cada sitio. Lo aclara, para que la gente no crea que está de vacaciones.
De todos modos, agrega, es un sueño.
—Es lo mismo que dije para el Mundial de Qatar. Un tremendo sueño y no solamente como futbolero o como hincha del fútbol, sino también como periodista. Es un enorme privilegio que Chilevisión me haya elegido a mí como uno de sus representantes acá. Tengo la suerte de estar justo en el canal que transmite el Mundial en Chile, así que eso nos abrió muchas puertas y nos permitió también estar en varios partidos. Muy, muy feliz por la experiencia.
—¿Qué es lo que más te sorprendió hasta ahora de este Mundial, tan largo, tan atípico?
—En cuanto a infraestructura, el estadio de Dallas, un estadio que parece un mall por dentro. En Dallas hacían 35 grados de calor afuera, pero cuando tú entrabas estaba fresquito, tenía un aire acondicionado espléndido. También el resto de los estadios: aquí, en Estados Unidos, ellos conciben el deporte más allá del deporte, lo perciben como una experiencia, como un espectáculo para vivirlo en familia. Entonces, claro, la gente no sólo va a ver fútbol sino que va a comer, va a tomar, a pasarla bien. A interactuar con el resto de la gente a través de las pantallas. Y por eso también me he dado cuenta que lo que gasta la gente acá, al acudir a espectáculos deportivos, permite que tengan esos estadios de primer nivel. Después, en términos de hinchada, algo muy parecido a lo que pasó en Qatar: me sorprende que sea Argentina siempre el país que más hinchas lleve. Se gastan la vida, los ahorros que no tienen para poder estar. Ha sido la hinchada más numerosa y eso me ha llamado mucho la atención. Y en contraparte, me ha llamado la atención que las hinchadas europeas, tal vez teniendo los recursos para poder viajar, no lo hagan tan en masa como lo hace el público sudamericano.
—Cuando México aseguró su paso a dieciseisavos, algunos hinchas te hicieron un malteo. ¿Te llegaste a encariñar con ellos u otra afición?
—No, no. El quiere volar que tenían los mexicanos podía ser simpático en algún punto, pero en algún otro punto era un poquito intimidante, porque te obligaban a participar de un festejo del cual tú no siempre estabas de acuerdo. En alguna oportunidad fue simpático, sí, pero recuerdo haber estado también haciendo un móvil pa’l matinal, que también me quisieron hacer volar unos hinchas que habían pasado de largo en los festejos en la Ciudad de México, y eran hinchas que estaban completamente ebrios, entonces pudo haber terminado muy mal. En esa instancia me negué completamente. Fue un momento tenso, donde incluso, más que hacerme volar, ellos querían robarme, digamos. El quiere volar es un momento tenso, y hasta tengo entendido que las autoridades mexicanas lo prohibieron en algún punto.
—Con los hinchas argentinos también has compartido bastante…
—A mí me tocó seguir a Argentina a todos sus partidos, y yo le decía al camarógrafo, Pedro Lobos, “mira, vamos a llegar, vamos a decir que somos chilenos y nos van a hacer bullying porque no estamos en el Mundial”. Y la verdad es que absolutamente ningún hincha argentino nos hizo bullying. Ha sido gente súper respetuosa, súper amable, siempre nos trataron muy bien. Nosotros también siempre llegábamos con muy buena onda. Y eso me sorprendió. Y tal vez por el afecto que tengo por Argentina, porque mi madre es argentina, siempre le tengo un cariño especial por lo que significa la hinchada y su modo de vivir el fútbol.
—Como has seguido a Argentina, te tocó ver a Lionel Messi en estado de gracia. Ahora que probablemente sea el último, ¿fue un agregado, por así decirlo, a tu sueño de cubrir este Mundial?
—Es lindo verlo como hincha del fútbol, pero no tiene ningún valor extra o agregado el hecho de ver a Messi en su último Mundial. Tal vez ni sea su último Mundial, tal vez juegue uno más.
—“Me voy a ir a encerrar a un estudio a hablar de pura delincuencia, para eso mejor me quedo acá”, dijiste el otro día en Plan perfecto. Incluso bromeaban con una presunta renuncia en vivo. ¿Qué pasó ahí?
—Es una frase que la dije en serio. Obviamente, si me das a elegir entre cubrir un Mundial o tener que hablar de encerronas, prefiero cubrir un Mundial. Es obvio. Pero bueno, la vida es así y hay un Mundial cada cuatro años, nomás, ja, ja, ja.
—Argentina, España, quedan ya dos días. Argentina remontó a Inglaterra, España eliminó al mayor cuco. ¿Quién debería ser el campeón?
—Con el corazón, te voy a decir que el próximo campeón debería ser Argentina, porque ha tenido la capacidad de dar vuelta resultados increíbles y ha demostrado muchas ganas de querer ganar este Mundial. Y creo que a Argentina le va a acomodar mucho más jugar la final con España que haberla jugado con Francia. Han dado muestra de empuje, coraje y de mucha resistencia para poder dar vuelta resultados adversos, así que creo que Argentina va a ganar.
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