Espectáculos

La Firme Con Claudia Pérez: “Estoy sanándome todavía, redescubriendo muchas cosas, mi relación con mi hijas y mi nueva pareja”

Previo a una nueva celebración de Pedro Lemebel, con la obra La Ciudad Sin Ti, la actriz repasa su propia vida y carrera, mientras sigue avanzado en una nueva etapa post separación, con nuevas puertas e interrogantes que se abren. “Me siento más dueña de mis decisiones”, declara.

Entrevista en profundidad a la actriz Claudia Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

“Me siento más libre y alegre”, había dicho Claudia Pérez Hernández (51) en alguna entrevista anteriormente. Y ahora, habiendo pasado un año de aquella declaración, se limita a decir:

—Hoy me siento más libre.

—¿Más alegre no? —consulta el reportero de La Cuarta.

—Es que creo que la alegría es una cosa que va y viene. En ese momento creo que estaba alegre —Ríe—. Es que ahora, a fin de año, nadie puede estar alegre: estamos todos cansados.

La actriz está en Campus Oriente UC, la casa donde hace un puñado de décadas estudió Teatro. En una escalera en uno de los verdes patios de la universidad que culmina en una capilla, ella propone posar ante la cámara: “Acá, con las hortensias”.

Por estos días, Pérez prepara la conmemoración de los once años de la muerte de Pedro Lemebel, la cual viene junto una nueva temporada de La ciudad sin ti en el Teatro Nescafé de las Artes (entradas, AQUÍ), el 28 de enero a las 20:00 horas. Esta es una adaptación de crónicas del agudo, crítico e hilarante escritor, quien fuera gran amigo de ella y de su hoy exmarido, Rodrigo Muñoz —quien esta vez no participará en la función—, a ya más de 20 años de que la en ese entonces floreciente pareja lo abordara por vez primera en su trabajo en Radio Tierra, en el barrio Bellavista, con la esperanza de recibir su venia para llevar unos escritos suyos al teatro.

—¿La mayoría de los crónicas adaptadas son De perlas y cicatrices (1998)? —se le consulta en alusión a La ciudad sin ti.

—Uy, no sé, ya tengo una ensalada de libros.

—¿Eras lectora de él antes de conocerlo?

—¡Sí! Igual lo leía —contesta—. Pero no lo leía en sus libros. Creo que el primero me lo compré cuando lo empezamos a hacer. Pero lo leía en el diario, en el The Clinic.

—¿Está basada en diez crónicas?

—Son como doce.

—¿Qué más han tomado de Lemebel?

—La estética de él, de lo que era su casa, su visión como artista plástico, el goce estético y la música que le gustaba. Aparte de sus letras, su historia y gustos.

Pérez vuelve a montar obra que homenajea a Lemebel. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

En conversación para La Firme, la actriz repasa desde sus primeros recuerdos, marcados por las pérdidas familiares de sus padres que, de alguna manera, repercutieron en ella y su personalidad “catastrófica”, según describe; sus años en la Scuola Italiana, donde tuvo un periodo de bullying, pero también de rebeldía; el mundo que se le abrió con la actuación, periodo en que conoció a Rodrigo Muñoz, su pareja durante 30 años, y la etapa en que se convirtió en madre; algunas de sus experiencias más recordadas como actriz, unas gratas como Los 30 (TVN), otras duras como La Negra Ester; su faceta como madre de dos, una de ellas Daniela Gala, su colega y compañera en ya varias producciones; su lado de abuela; su separación y reinvención, y actualmente en pareja; Aguas de oro (Mega) y otros proyectos actuales; sus tensiones con las redes sociales; y reflexiones en torno a la estética y el paso del tiempo:

—Como todas las mujeres... —parte diciendo sobre su propio cuerpo, pero se interrumpre un momento porque, a lo lejos, por uno de los pasillo del campus se acerca su pololo—: Ahí llegó mi galán —dice, medio en broma, sonriente.

Ya terminando la entrevista, el varón en cuestión la saluda cariñosamente, ella le pregunta “cómo te fue” y él le contesta que “súper bien, se disculpa por “interrumpir” y luego se aleja para esperarla.

Todo eso, y mucho más, a continuación…

LA FIRME CON CLAUDIA PÉREZ

Mi primer recuerdo es que provoqué un accidente. Tengo que haber tenido como 2 años; siempre mi mamá me dice “no puede ser que te que te acuerdes”, pero me acuerdo súper patente. Había una plancha parada en el suelo, y yo siempre he sido preocupada de la seguridad — “Segurita”—, y dije: “Oh, alguien se puede quemar”; la puse acostada y estaba parada para que no quemara nada, y quemó el suelo. Después salía olor a quemado y era como: “¡¿Qué pasó?!... ¡¿Por qué?!... ¿¡Quién puso la plancha ahí?!”, y yo como: “¡Es que se podía quemar alguien!”. Y quedó para siempre esa marca en el suelo.

Viví en Puente Alto hasta los dos años, en una casa que le dieron como indemnización a mi papá porque mataron a su hermano en un atentado terrorista. Fue en el 1971 o 72, el VOP, la Vanguardia Organizada del Pueblo, un grupo de extrema izquierda —y creo que fueron los mismos que mataron a Pérez Zujovic—, y mi tío era pdi, tenía 23 años, entraron a la PDI, querían matar a “Coco” Paredes; mi tío salió a defender y lo mataron. Yo todavía no nacía; mis papás estaban a quince días de casarse y mi tío era su padrino, porque mi papá era huérfano, y era su única familiar, y lo mataron. Muy terrible. Una historia muy heavy.

"Una historia muy heavy", cuenta Claudia sobre su pasado familiar. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Llegué a la casa donde viven mis papás hasta ahora, en La Reina, a los a los 2 años y medio. Nunca les he preguntado por qué se cambiaron. Creo que porque les estaba yendo mejor en la pega y querían una casa un poco más grande, y ya éramos dos hijos.

Tengo dos hermanos hombres y soy la del medio. Mis hermanos son particularmente sensibles, no son esa “masculinidad tóxica” para nada, ninguno. Sin embargo, criarse con dos hombres también te forja una personalidad distinta, siento. Y nunca tuve rollo con relacionarme con hombres; y también por estar en un colegio mixto, siempre me sentí muy de igual a igual; y mis papás además lo hicieron sentir. A pesar de que estamos en una estructura machista eterna, nunca sentí que no podía hacer algo por ser mujer.

Mi abuela paterna era italiana (no me llegó el apellido, Bretti), y también tiene una historia terrible, porque quedó huérfana chica y la “adoptó” su tía, y su marido era italiano también; entonces mi papá y mi mamá tienen una historia de ascendencia bien potente de la cultura italiana. Por eso nos pusieron en la Scuola Italiana, y porque era un colegio académicamente exigente y bueno... Io parlo italiano, jaja.

Soy catastrofista. Siempre siento que va a pasar lo peor, jajaja. Proviene de mi familia, por toda la historia de mis padres: vivieron una infancia muy dura (el hecho de que mi papá fuera huérfano, y mi mamá encontró a la suya muerta y después se murieron sus dos hermanos) y haber yo escuchado estas historias. Mis papás son temerosos, pero nunca me traspasaron este miedo tan explícitamente. Toda esta carga histórica de la muerte y la catástrofe, la tengo en mi sangre: no es explícita, pero sí tengo ese miedo a que las cosas, la felicidad, se acaben. Y cuando fui madre me puse más catastrófica. Todo me daba miedo. Con mis hijas siempre he sido muy sobreprotectora de que les pase algo o sean infelices. Le tengo miedo a los aviones y a los deportes extremos. Igual siempre estoy luchando con ese miedo, porque no me puede ganar. Lo tengo súper trabajado: he ido a terapia y trato de no pasárselo a mis hijas; aunque creo que a la mayor sí se lo pasé, porque sus compañeros de colegio me decían: “Tía, iremos a un cerro oscuro y nos asaltarán”, jaja. Siempre me molestaban. Pero así todo soy bien libre en ese sentido, y creo que mis hijas también son libres, con miedo, pero libres, jaja.

" Siempre siento que va a pasar lo peor", admite Claudia Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Fui vecina del “Mamo” Contreras. No sabía quién era. Sólo me acuerdo que nosotros andábamos en bicicleta con mis primos, y yo vivía en Príncipe de Gales con Monseñor Edwards, en la esquina donde ahora está la Copec, que antes era una parcela. Eran puras casas grandes como de campo. Siempre pasábamos por una que era “la casa de los perros bravos”, y estaba toda tapiada y decía “No entrar, propiedad privada”, y siempre salían unos doberman que nos ladraban... Mucho después, en la adolescencia, cuando ya tomé consciencia de lo que pasaba en Chile, me di cuenta que era la casa del “Mamo”, o sea, realmente habían perros, y muy bravos...

Siempre fui súper activista. Leí —me acuerdo— a los 14 o 15 años Los zarpazos del puma, La caravana de la muerte y La isla 10 (de Sergio Bitar). Me gustaba estudiar mucho qué pasaba, entonces tenía una visión súper clara, a pesar de haber estado en la Scuola, que era un colegio más bien de derecha. Creo que yo era la más activista de mis compañeros y compañeras, jaja.

Siempre he tenido una sensibilidad un poco más intensa que el resto, y me gusta mucho. Soy muy orgullosa de la sensibilidad sobre la justicia. Creo que mi papá también me la dio mucho; el que la ultraizquierda haya matado a su hermano, y que igual sea un hombre de izquierda y capaz de reconocer cuándo se cometen atropellos a los derechos humanos, y siempre me haya inculcado eso: no tener un sesgo aunque sea biográfico. Siempre me ha me ha marcado, y desde chica era muy curiosa, quería saber, veía las noticias y le preguntaba mucho a mis papás, que nunca se metieron mucho en política porque tenían mucho miedo, también por su biografía. Y siempre me decían: “Pucha, por favor, no hables mucho, no comentes sobre política, cuídate”, sobre todo en un contexto más bien de derecha. Creo es que sensibilidad de algún ancestro que no conocí. Como mi familia estaba toda muerta, tampoco sé muy bien de dónde viene.

En el colegio pasé por etapas. Al principio era muy, muy tímida; en básica, no me atrevía mucho a dar mi opinión, y también me hacían harto bullying porque tenía sobrepeso; no era del estándar estético social. Entonces fui muy tímida de niña. Después, en la media, empecé a estudiar más y a tener una voz más fuerte. Ahí me hice más amigas y amigos y era más sociable.

"Siempre he tenido una sensibilidad un poco más intensa que el resto", analiza Claudia. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Antonella Ríos era mi compañera de curso y dijo que yo era muy matea. Era matea, con lo que me gustaba, porque también a las cosas que no me gustaban no ponía mucha atención: tuve matrícula condicional de primero a cuarto medio, porque era muy desordenada, conversaba mucho, discutía mucho de política con los profesores, era rebelde; sin embargo, con lo que me interesaba sí era muy matea, estudiaba mucho y me obsesionaba.

Siempre me gustó el arte y la filosofía. En segundo medio, a los 16 años, tomé un taller de Heidegger en la U. de Chile, del Ser y tiempo, en lo que es ahora el Campus Gómez Millas. Siempre me interesó mucho la filosofía y la ciencia. Quería estudiar Medicina hasta tercero medio, y de repente llegó la Paola Volpato a hacer un taller a la Scoula, me enamoré del teatro y dije: “Mis papás me obligaron a estudiar Teatro”... ¿Te cachai? Sería bueno, como: “Quería estudiar Medicina y no me dejaron”, jaja.

Mis papás querían que estudiara Medicina y me iba muy bien en el colegio, tenía muy buen promedio, entonces todos los profesores eran como: “La Claudita será doctora”. Pero no. Y no fue problema, siempre me apoyaron. Siempre he sentido el apoyo incondicional de mi mamá y de mi papá, y las pocas veces que he visto a mi papá llorar fue cuando entré a Teatro en Campus Oriente. Siempre se han conmovido mucho con mis logros: lo único que quieren es que sea feliz. Me ha hecho segura, porque he sido siempre muy amada por mi familia. Cuando chica no era segura, por una cosa social o de los pares, pero ahora —grande— me doy cuenta: que que tus papás te cuiden y te amen te hace muy segura de lo que haces, y va forjando tu personalidad y carácter. Siento que ahora tengo un ego muy bien puesto y se lo agradezco a mi familia.

"Siempre me gustó el arte y la filosofía", recuerda Péréz. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

A pesar de que hoy quiero mucho a mi colegio, y tengo grandes amigas y amigos, no me sentía parte de ese mundo, de la Scuola: siempre me sentí un poco distinta, de pensamiento y rebeldía. Cuando llegué a la universidad me sentí muy con mis pares: con la gente que pensaba como yo, que se conmovía con lo que yo me conmovía y con mis gustos; y conocí a Rodrigo (Muñoz), mi pareja 30 años. Me sentí muy plena y en libertad de crear; me podía equivocar. Y venía con un background cultural importante de la Scuola. Dicen que “uno llega a la universidad y tiene que estudiar más que nunca”: no, yo venía de un nivel de estudio muy exigente. Fui muy feliz. Tengo grandes amigas: la Javiera (Contador), la Mariana (Loyola), la “Aranza” (Yankovic) y el Álvaro Espinoza. Creé mi compañía de teatro (Chilean Business), que ahora estará con La ciudad sin ti, con mis compañeros de la escuela. Hice una tribu y una familia teatral muy potente e importante.

Pololeé con un estudiante de Veterinaria y después con Rodrigo. Lo primero que me dijeron fue: “Por favor, no me metas con Rodrigo ni con Pablo Macaya: son un tiro al aire”. Rodrigo no me gustaba al principio. Estaba súper enamorada de mi pololo, ¡y muy feliz!, y sin embargo insistió mucho; y después lo conocí más, y me invitó al teatro, y me enamoré de su talento y humor: me hacía mucho reír y me desordenaba. Y fue persistente, jaja.

Cuando entré a estudiar Teatro no tenía la sensación de que se mirara en menos la comedia. Me encantaba hacer comedia, pero una social, porque además venía desde el colegio buscando espacios para hacer trabajo social; en la Scuola no había y me metí en el St. George a hacer colonias de verano. Siempre buscaba hacer talleres de teatro en las poblaciones y los espacios sujetos a vulneración. Me gustaba la comedia social porque sentía que podíamos decir más que con el drama: con la comedia se tragan verdades en una carcajada. Pero empecé a sentir el prejuicio por colegas que decían como:“Ay, pero tú haces comedia”. El problema no es la comedia o el drama: el problema es hacer teatro de calidad/profesional. Ahí empecé a vivir el prejuicio, que en algún momento me dolía, porque no nos permitía entrar en ciertos espacios. Escuché a pares o directores, y nunca habían visto nuestras obras. Pero después poco me importó lo que decían.

" Hice una tribu y una familia teatral muy potente e importante", recuerda Pérez sobre la universidad. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Me fui de la casa muy chica, a los 18 o 19, de rebelde nomás; quería más libertad, y además estaba pololeando, y quería viajar, y me iba a dedo al Norte. Me fui a la casa y mis papás seguían siempre apañándome en todo, como “esta niña es rebelde, pero igual vamos a estar ahí, somos su paraguas y pilar”, y me seguían invitando a las viajes familiares. Eran vacaciones de invierno y mis papás se iban a Disneylandia con mi hermanos, ¡todos! Pero justo Rodrigo estaba en Rusia haciendo una película, se le venció la visa, se fue a Madrid, España, y un amigo le prestó un departamento y me dijo: “Vente para acá”. Y yo no tenía ni uno, y le contesté: “Mira, la única opción es que le diga a mis papás que, en vez de pagarme el viaje a Disney, me lo paguen a Europa”, jaja. Se los propuse y fue un drama, pero en realidad me vieron tan convencida de que yo quería ir a España que me pagaron el pasaje, y me fui con 50 dólares en el bolsillo. Estuvimos un mes y medio haciendo puras tonteras: dormíamos en las plazas y en la playa, y con poco nos movíamos.

Quedé embarazada en la escuela, cuando tenía 20. Para mí fue un tema porque todavía no terminaba los estudios, y quería mi carrera; estaba muy ilusionada con hacer teatro; y chuta, quedé un poco en shock. Pero mi familia y Rodrigo estaban todos felices. Un poco también la decisión de ser madre fue por las redes de apoyo, que son súper importantes. Acá en la escuela, la directora me mandó a llamar a la oficina y me dijo que la maternidad no era compatible con la carrera, que me invitaba a irme y quedé súper shockeada, le conté a mi mamá y me contestó: “Estás loca, termina tu carrera, te apoyaremos en todo”. Y obvio que siempre todo es compatible con la maternidad. Sino no hubiera podido ser actriz criando.

Vivíamos en Santiago Centro, en una pieza en Bustamante; después nos fuimos a Santa Lucía, que también era una pieza; después la mamá de una compañera de curso de la Scuola nos arrendó un departamento en Cumming con Erasmo Escala, que ese lugar era súper bonito; y después ya arrendamos en La Reina.

La Dani (hija mayor) fue un motor, de todas maneras, EL motor de creación, siempre: por ella, ¡todo! Iba a todas partes con ella, y la fuerza y frustración las pasaba pensando en la Dani, que era quien me inspiraba. Creo que haber escrito tanto, haber hecho tanto teatro, viajado tanto y tantas cosas diversas (mimo, payaso los fines de semana, obras navideñas y corpóreo, vendí carteras, Pepsi y una cantidad de cosas) fue porque tenía que mantener a la familia; como todo el mundo... Pero ella fue mi gran motor de creación.

"Fue mi gran motor de creación", dice Claudia sobre el nacimiento de su primera hija. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Mi primer encuentro con Pedro Lemebel fue en 1999. Habíamos hecho recién Chilean Business, una obra que escribió Pablo Macaya con Rodrigo, y andábamos buscando un tema para hacer. Yo iba leyendo en la micro el The Clinic y me encontré con una crónica de Lemebel, a quien conocía, pero esa crónica me pareció muy teatral, y dije: “Esto hay que hacer”. Justo teníamos ensayo ese día. Llegué con el diario y les dije: “Chiquillos, hagamos esto... Esta escena está muy buena, muy parecida a lo que hacemos, tiene comedia e idiosincrasia chilena”. Y todos respondieron: “Hagámoslo... ¿Pero cómo vamos a hablar con Lemebel?”. Rodrigo dijo: “Vamos a buscarlo”. Fuimos a la Radio Tierra, nos quedamos afuera esperándolo, en la cuneta, y de repente salió, nos presentamos, nos vio jóvenes y con ganas, y dijo: “Ya po’ trabajen las crónicas que quieran; y cuando tengan algo armado me invitan; si me gusta, les doy los derechos”. Nos pusimos a trabajar.

Lemebel era bien variopinto para sus amigos. Nosotros éramos una pareja heterosexual y recién egresada de la U. Católica, ¡y además de Teatro!, con el que tenía una relación de amor-odio, porque lo encontraba muy de élite: esa cosa cerrada de pagar una entrada y entrar a un lugar; él era más de performance. Estaba medio peleado y nos dijo de hecho: “No me gusta mucho el teatro... Ya, háganlo”. Creo que nunca pensó que le gustaría, que podríamos tener algo montado en tan poco tiempo. A los dos meses lo llamamos, en la sala del Partido Radical, un día de junio, de mucho frío, que dijimos: “Ya, tenemos la obra lista”. Y realmente la teníamos, con música en vivo. Habíamos adaptado más de diez crónicas —que dos de ellas están en La ciudad sin ti—, y dijo: “¡Oh!, me encanta, su humor, cómo adaptaron la literatura al teatro, y quiero hacerlo con ustedes”. Iba a los ensayos, nos ayudaba con la estética y la música. Fue súper parte del proceso creativo de De Perlas y cicatrices. Empezó una amistad de años.

Pedro conmigo era súper tierno. Era muy feminista, entonces siento que me cuidaba mucho. Tuvimos una amistad que no sé si llamarla “paternal”, porque es muy paternalista, pero siento que me cuidaba mucho en ese sentido, y que estaba desde otro espacio conmigo. Nunca me sentí expuesta. Sí él se mandaba frases célebres, decía cosas, y de repente no llegaba o justo a la hora cuando teníamos gira. Una vez teníamos una a Antofagasta en que que el productor quería que fuera él a toda costa, y él dijo que sí, ¡y no llegó nunca! Nos ponían en esas situaciones incómodas, como siempre dando excusas por su comportamiento, porque de repente le da lata o estaba carreteado y no quería ir, y había que salir del paso. Pero nada peligroso.

Lemebel fue nuestro maestro de ceremonia cuando me casé con Rodrigo. Nos escribió unas palabras, de las que no me acuerdo bien. De hecho tengo la grabación, pero no la he visto. Nos regaló un cantor de flamenco y nos tocó piano el Miguel Ángel Bravo. Todo muy poético. Pero yo estaba tan en otra con mi matrimonio que no me acuerdo de nada. Tengo un vacío.

"Era muy feminista, entonces siento que me cuidaba mucho", recuerda Claudia sobre Lemebel. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

En Teleduc fue mi primera pega en televisión con “Tito” Bustamante. Después hice una obra de teatro Divas, que la dirigía Bastián Bodenhöfer, y estaban Esperanza Silva, Tati Molina y Verónica González. Esa obra fue muy taquillera (cuando el teatro le importaba a alguien) y me llamaron para Venga conmigo (Canal 13), porque Esperanza y la Tatiana estaban trabajando ahí, y un productor vio la obra, me probaron y dijeron: “Ven a hacer un personaje acá”. Y me quedé pa’ siempre. Era como el “circo romano” porque era en vivo, midiendo el rating y si te iba bien tenías que seguir. Fue una escuela-terapia de shock. Eran sketchs, que primero los hice con “El Malo” (Daniel Muñoz), y después con “CNN” (Claudio Moreno). Después nos llamaron para hacer un sketch que estaba siempre, “La familia”, con Guillermo Calderón, Paula Zúñiga y la Esperanza.

Trabajé en La Red, mi primer contrato, en un programa infantil, Entretenidos, cuando tenía 24. Estaba la Mary Rogers y un titiritero seco, y yo hacia un títere, de hecho, salía mi mano, no yo, jaja. Se llamaba la “Lupe”. Era como un “31 minutos”, pero antes de 31 Minutos, porque era un títere bien deslenguado. Nos iba súper bien. Y como me empezó a ir bien con la “Lupe”, después tuve otro personaje que era un caracol, y después salía yo como actriz; algo pasaba y la “Lupe” se transformaba en ser humano. Estuve casi un año. Siempre me interesó variar las plataformas donde pudiera desarrollar mi carrera.

Mi primera teleserie como protagónico fue Ídolos (TVN, 2004), con un personaje importante. Uno, llegar ahí fue pura suerte: estar en el lugar correcto en el momento indicado. Estaba haciendo Teatro en Chilevisión y justo Óscar Rodríguez dirigía y, paralelamente, creaba el primer elenco de la primera teleserie nocturna de TVN, y me dijo: “Te quiero para un personaje”. Era un muy buen proyecto. Había hecho una serie, Heredia & Asociados, y Justicia para todos, pero nunca había hecho teleseries. Tener un contrato en la tele era un sueño.

Ídolos fue súper rupturista, porque era mucho desnudo. Con la Loren Prieto hacíamos un swinger con Pablo Macaya y César Caillet. Era muy atrevida. Fue una experiencia que recuerdo para bien. Era otra época, entonces las escenas de desnudo, aunque era de un canal, la podían transmitir los otros (ahora, no): habían escenas que salían todo el día en todos los canales. Me sentí súper expuesta, me dio mucho pudor y además mi hija era chica, pero no tanto, entonces era súper incómodo con el colegio y con mis papás, y la gente en la calle me decía cosas. Uno aprende y dice: “¿Hasta dónde puedo llegar? ¿Cuáles son mis límites?”. Estábamos en una escena muy compleja: los cuatro desnudos en la cama, y la Loren de repente se paró y dijo: “No puedo, me siento muy incómoda”; y negociando el porqué dijo: “Es que mi límite es mi pudor”, y es de cada uno, no hay uno establecido de antes… Le encontré tanta razón. Si ya tu pudor no puede más, uno tiene todo el derecho. Fue una máxima para la vida. Y el límite es biográfico: tiene que ver con cada uno.

"Ídolos fue súper rupturista", recuerda sobre su primer protagónico en teleseries. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Mi teleserie favorita ha sido Los 30, porque fuimos muy amigos, y además mi personaje (Bárbara Busquets) era muy entretenido: muy resuelta y con un carácter muy fuerte. Además tuve que estudiar mucho Derecho porque era abogada, entonces siempre hablaba en términos técnicos. Y siempre me gustaba eso del teatro, el encarnar otras profesiones. Y lo pasamos muy bien. Ese elenco fue muy unido. Además le fue bien y, cuando les va bien a las teleseries, todo es mejor, porque la gente está contenta y te saludan en los pasillos; y cuando a la teleserie le va bien, al canal le va bien; y cuando le va mal, al canal le va mal.

Después de TVN me llamaron de Mega, porque se había abierto en un Área dramática: hice Montecristo (2006) y después me llamaron para hacer el protagónico de una nueva, Fortunato. Pero quedé embarazada y yo estaba muy feliz. Y tenía un mes, o menos, y al tiro dije que “no” a la teleserie. Y después perdí a mi bebé, y quedé sin pega y sin guaguita, entonces estuve un año muy deprimida. Y después quedé embarazada de la Elisa, que ahora tiene 18.

Creo que con una pérdida queda un duelo que pasa por tu cuerpo. Siempre he pensado que si el bebé, el “huevito”, viene mal es mejor que se vaya, porque si no todo va a ser más problemático: la naturaleza es sabia y sabe lo que hace. Pero igual es doloroso. O sea, yo igual siento que tengo/tuve tres hijos. Fue como a los tres meses... Igual era chiquitito... Yo siempre siento que era hombre... Antonio... La Emilia es mi partner, es una exquisita; y no sé si vino a suplir el duelo de su hermanito, pero fue una ventanita que se abrió, y bacán que haya llegado.

¿Quise tener más hijos? No, quedé súper bien dos hijas... y una nieta.

Pérez repasa lo que fue la pérdida de un embarazo. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

A Rosa Ramírez la conocí en el 2007, cuando nació mi hija chica, la Elisa, y estábamos en una obra, La casa de Bernarda Alba —que la dirigía Tomás Vidiella—. Nos conocimos y tuvimos buena onda. Yo era dirigente sindical durante tres periodos en el Sidarte, entonces hablábamos mucho de derechos laborales y política. Hicimos buenas migas y un día me llamó y me dijo: “Quiero que hagas a la ‘Negrita’ porque ya no puedo más, estoy mayor y quiero que hagas la posta”, y yo dije: “¡Obviamente!”. Hacer a un patrimonio cultural, y ser el primer reemplazo. Estaba muy contenta, pero después lo empecé a pasar muy mal, porque ella no soltó nunca el personaje; de hecho, nunca me dejó hacer la obra entera.

Hice a La Negra Ester y la Rosa Ramírez es súper maltratadora. Tiene un modo que es súper brusco. No entiendo mucho el hacer teatro desde el coartar al otro o poner tanto límite. Creo que tiene que ver con su propia historia, y que era SU personaje, y ella no podía salir de su personaje; entonces, cuando tomé el rol —que ella misma me lo dio— no me dejaba hacer nada, ¡nada! Tenía que hacerlo cómo ella quería. Ensayé toda la obra y después, en la primera función, me dijo: “Haré las dos últimas escenas”. Y yo: “¿Pero por qué?”. Era muy raro, porque yo dejaba de salir y salía ella, y no tenía sentido. Después me dijo: “Haré estas primeras dos funciones porque la gente se quiere despedir de mí”... Y yo le dije: “Bueno, ya, Ok... tu despedida”. Después me dijo: “Voy a hacer estas otras”. Y pasaron seis meses y me quitaba más escenas. Aparte, el maltrato: al nivel que yo tenía que usar sus zapatos, dos números menos que yo —ella calzaba 37 y yo 39—, porque eran “los zapatos de la ‘Negrita’”; entonces yo, obviamente, los rompía y me decía: “Pucha, los rompiste”, ¡obvio! Y en la última función, en la que renuncié, en el Nescafé de las Artes, yo me estaba maquillando para el segundo acto y me dijo: “No te maquilles porque saldré yo al segundo acto”. Y ahí otra actriz, cercana a la Rosa, me dijo: “Ándate de aquí, no aceptes más maltrato”. Y ese mismo día le dije todo y que “me voy”. Y ella me contestó: “Para hacer teatro tienes que tener coraje”. Y le respondí: “Yo tengo coraje, para las críticas tengo coraje... pero para aguantarte a ti, no quiero tenerlo, no me interesa”. Ya tenía mi compañía, había escrito y producido mis obras: ¡tenía más que coraje para hacer teatro! No necesitaba una lección de ella. Si no estaba preparada para dejar el papel, ¿para qué me llamó?

Uno aceptaba tanto el maltrato porque en la escuela (de Teatro) era como: la letra con sangre entra. Era la forma en que se hacía. Y no: hay cosas más importantes, como la salud por ejemplo. En La Negra Ester me enfermé y me tuvieron que operar. Llegué un día con una con una amigdalitis, con 39° de fiebre; me había puesto dos penicilinas antes. A la Rosa le pedí no hacer el training, y me hizo hacer un training desde las 2 de la tarde, y yo con fiebre. Por eso me enfermé, se me complicó la amigdalitis y me tuvieron que operar. Entonces dije: “No hay nada más importante que la vida y la salud, y ninguna obra de teatro vale que uno pueda perder la vida”, porque de verdad estuve súper complicada. Me impusieron exponer mi cuerpo al límite.

Aprendí a decir que “no”. Más allá de que sea un muy buen proyecto, si lo empiezo a pasar mal: chao, me voy. No estoy dispuesta al maltrato, ¡nunca!, sobre todo en teatro, que es puro amor, belleza y goce. Creo que el teatro tiene que ser goce, sobre todo en un país donde no hay un espacio digno para la cultura, uno tiene que propiciar que los espacios sean de belleza y de creación. Creo que la creación florece en el amor, la amabilidad y en el goce estético; y no en el maltrato. Fui profesora muchos años, en distintas escuelas de teatro, y viví en carne propia que cuando los estudiantes se bloquean es porque una persona le está diciendo que lo está haciendo mal. En cambio cuando un guía permite el espacio para crear, salen las mejores creaciones.

"Más allá de que sea un muy buen proyecto, si lo empiezo a pasar mal: chao", declara. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Estuve haciendo ocho obras al mismo tiempo. Siempre he estado como con cuatro obras a la vez. Pero en un momento se me juntaron muchas, en enero, que siempre se juntan las obras. Ahora estoy con cuatro (La ciudad sin ti, Amiga date cuenta, Las aristócratas y Una comedia súper triste). Se me juntaron varias que tenían guardaditas y salieron todas al mismo tiempo, que fue estresante, un maratón teatral, jaja. No sé si hay gente que ha hecho más. No sé si está el ranking, no sé si alguien me ve en ese radar; pero creo que soy de las actrices que más ha hecho teatro, de mi generación y de otras, jeje.

Estuve de jurado en Yingo (CHV) en el 2010. Fue una época muy difícil de trabajo. Siempre estuve con mucho teatro, pero es difícil mantener una casa con teatro, sobre todo con dos hijas. Entonces, mientras hacía teatro siempre buscaba otros trabajos. Me dieron una pega de oficina en un programa de la Vivi Kreutzberger, Identity, y yo escribía los guiones de cada uno de los personajes que aparecían. Y me fue súper bien. Me decían como: “Estás sobrecalificada para esto”, ¡y además lo pasaba bien! Todas los trabajos los disfruto, y aprendo de eso.

Conocí un productor que me llamó para ser jurado de Yingo, y estuve como casi un año. Lo pasaba bien. ¿Hice buenas migas con Karol Dance? No, porque además él estaba en otra posición. Hice buenas migas con Daniel Guerrero, que era jurado de música, muy buena onda; y Ricardo Cantín, que era de todo, y también hicimos buenas migas. Ellos fueron mis amigos. Y los cabros estaban en otra.

Claudia recuerda un breve paso en el jurado de Yingo. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Hicimos De perlas y cicatrices en el 2000; después Tengo miedo torero en el 2005; en el 2007 Cristal tu corazón, una obra feminista de puras historias de mujeres. Después nos separamos un poco. Y cuando Pedro se enfermó, en el 2014 o 2015, nos llamó y dijo que quería hacer teatro con nosotros. Fue muy bonito, porque fue el cierre del ciclo: primero nosotros lo buscamos y después él nos buscó. Nunca nos separamos en la amistad: siempre íbamos a sus cumpleaños, lo invitábamos a los nuestros y los estrenos. Nos dijo que quería hacer una obra y elegimos algunas crónicas. Yo iba y se las leía. Estaba mudo, porque estaba con la traqueotomía y todo era a través de un cuaderno en que me escribía y dirigía actoralmente —que era muy bonito—, y dibujaba los vestuarios de los personajes. En eso, se agravó. Después ya no despertó. Murió, antes del estreno y la obra cambió de rumbo: se convirtió un poco en una biografía, homenaje o celebración de su vida. Elegimos otras crónicas, de su infancia, hicimos un recorrido de su vida, y pusimos algunas de Perlas y Cicatrices porque eran sus favoritas. Y ahora estaremos el 28 de enero en el Teatro Nescafé.

¿Qué opinaría Lemebel hoy? Pedro siempre tenía una visión que salía de la jaula, particular, de los procesos sociales. Siempre iba más allá. Ahora, creo que lo hubiera pasado muy mal con la Convención constituyente y en lo que derivó este cambio de Constitución. Habría sufrido harto, porque ha sido una decepción para un movimiento social que tenía tanto que decir y que derivó en... una decepción finalmente... Pero siempre veía como debajo del agua. Falta esa visión crítica no solamente del enemigo común —que es la injusticia o la falta de libertades—, sino también desde la vereda propia: era muy crítico también de de su propio sector, y eso es bueno; y además siempre lo decía de forma poética; también hay una forma de decir que echo de menos.

Rodrigo no estará este año en La ciudad sin ti porque nos separamos. Pero el año pasado también lo estábamos (según el comenta el periodista)... No sé, fue una decisión de él, que no quiere estar. Creo que tiene que ver con que no está totalmente resuelta nuestra separación, y son procesos también. Llevamos poco tiempo separados.

La compañía ahora la tengo sola (sin Rodrigo), con Mario Soto y los actores, escenógrafos y diseñadoras que están.

Con Rodrigo trabajamos mucho juntos. Creo que hago un buen balance. De lo que más rescato de nuestra relación creo que fue la creación artística. Siento que hicimos una pareja muy explosiva en creación.

Claudia aclara qué relación laboral tiene hoy con Rodrigo Muñoez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Nos habíamos separado cuando estábamos haciendo mucho teatro juntos, ¡y además una teleserie! Fue mucho. En Como la vida misma (Mega), que ahí nos separamos y nos separamos (definitivamente). Creo que cuando ya estás mucho rato con la pareja, uno tiende a sobrerreaccionar en ciertas situaciones. También, que él sea director y yo actriz creo que nos jugó en contra. También, cuando yo era directora creo que a él también le dolía un poco su ego de macho. Ahí era incómodo.

Como llevábamos tantos años juntos seguíamos siendo adolescentes en muchas cosas, que lo descubrí con la terapia, que me decía: “Claro, ustedes tienen una relación adolescente, porque se conocieron de la adolescencia, entonces como que no maduró la relación”. Y creo que también tiene que ver con nuestro trabajo: siempre es crearse de nuevo y partir de cero; no es un camino en que primero se construye una cosa y luego otra. Siempre en el teatro, y en el arte, tienes que partir de cero. Siempre hay una un VÉRTIGO, y ese VÉRTIGO creo que también se fue traspasando la relación: ¡urgencia!, y que que es muy adolescente también.

Los procesos son súper personales. Según las situaciones que uno vive y la mochila biográfica es cómo abordar los distintos procesos. Por ejemplo, creo que la maternidad es muy distinta a la paternidad, sobre todo en una sociedad estructuralmente machista, y también te hace ser distinto. Creo que cómo uno aborda la maternidad —en general, porque obviamente hay gente que sale de la regla— te hace madurar muy distinto, como que tu ego se esconde detrás de este otro ser; en cambio, el hombre sigue con su ego muy presente. Creo que esconder un poco tu ego te hace mirar la vida desde otro lado, a través de otra persona, y ahí creo que uno se va separando un poco.

Mi mayor temor de separarse después de 30 años era la soledad, también el remar sola, que creo que siempre es mejor de a dos. Le tengo miedo a la soledad. No estoy acostumbrada a la soledad. Siempre viví muy en familia: soy muy aclamada y fui madre chica, entonces siempre tuve a mi familia muy cerca. Y también no me sentía capaz, a pesar de que siempre he sido muy autónoma, y siempre he trabajado, me he ganado mis lucas y he sido súper independiente, igual me daba susto remar la casa sola, como a en un momento no poder hacerlo o cansarme mucho. Me di cuenta que sí podía, que habían cosas que yo pensaba que eran de la otra persona, y eran mías.

"Mi mayor temor de separarse después de 30 años era la soledad", analiza Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Siempre sentí que el humor era más del Rodrigo... Y siento que no, que también yo tenía mucho humor. La capacidad de crear también siento que era mía, de él igual, pero también yo tenía mi espacio. Lo que pasa es que en algún momento se confunde, y no sabes dónde termina uno y empieza el otro. Siento que me he descubierto, que me he redescubierto en muchos aspectos. Soy más reflexiva y siempre sentía que lo tenía mucho, pero que en algún momento, en el crear, en la máquina, no me lo permitía, y ahora estoy más tranquila y contemplativa: me permito mis espacios, equivocarme, y eso está bien también. Se lo atribuyó a la separación. Creo que al separarse uno madura, y conoces otros espacios de tu propia personalidad, de tu autoconocimiento, que yo lo veía como algo muy “cliché”; pero creo que es súper importante: conocerse cómo es uno y tus herramientas, no en relación a otros.

En mayo del 2025 dije que estaba “todavía sanando” mi separación. Hace más de un año y medio que nos separamos y creo que todavía es un proceso, ¡porque son muchos años! ¡Toda una vida!... Estoy sanándome todavía, redescubriendo muchas cosas, mi relación con mi hijas y con mi nueva pareja también: descubriendo otras formas de relación, más sanas, grandes y maduras. Cuando conoces a alguien joven te relacionas de una forma “adolescente” y después, cuando conoces a alguien más desde otro espacio, uno se relaciona de forma mucho más adulta, y ha sido súper bonito, y súper tranqui también, sin ninguna proyección u objetivo más allá de vivir el día, acompañarse, quererse, cuidarse y ver qué pasa. Cada uno tuvo su proyecto, que es bien importante, ¡y puede haber otro! Pero pueden completarse. No hay tanta urgencia.

¿Cómo me cae Rodrigo ahora? Jajaja... En dos palabras, me cae más o menos, jaja.

Llevo como un año pololeando. Carlos es ingeniero, ¡lo que es súper bueno: ser de distintas áreas!, porque uno se sorprende; me encanta lo que hace y me enseña muchas cosas, ¡y yo le enseño muchas cosas!, y conozco su mundo, que es muy distinto; y él además es músico, entonces lo admiro mucho en sus talentos, y él me admira mucho también: no hay una competencia, porque, aunque uno no lo quiera, si estás con una pareja que hace lo mismo igual hay una competencia —sobre todo desde el hombre, siento yo— constante, de compararse constantemente: y eso también eh daña la relación. En cambio, admirarse mutuamente, desde espacios muy distintos, de espectadores, es muy bonito.

"Llevo como un año pololeando", cuenta Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Mi hija (Dani) me lo presentó, jajaja. Carlos era papá de un compañero de curso de la Escuela de Teatro, pero no tiene nada qué ver con la actuación. Ella siempre decía: “El papá de... el papá de..”. Yo no quería nada, lo único que quería era estar sola y vivir mi proceso. Me fui de viaje con mis amigas y, justo antes, ella lo invitó a mi cumpleaños, así como: “Oye, voy a invitar al papá de él”. Y nos conocimos, pero muy piola. Él estaba separado hace cincos años, de una relación muy larga, con hijos grandes, soltero, y me cayó bien. Me fui de viaje, y él fue muy respetuoso de mis espacios, sabía, entonces no me invitó a nada antes. Y cuando volví, me escribió: “Oye, caché que volviste, juntémonos a tomarnos algo; y lo invité al teatro”, y fuimos a ver una obra de Carla Zuñiga, que se llamaba “El amor”. Yo no sabía cómo se llamaba, me preguntó “¿cómo se llama la obra?”, vi, era “El amor”, y pensé: “Qué vergüenza”. Y fuimos.

El día que salí con Carlos, justo fue la entrevista de la Radio Futuro donde conté que estaba separada, porque además no quería tener problemas. Era primera vez que saldría con una persona y dije: “Ya voy a decirlo nomás, porque ya llevamos diez meses separados”. No quería que nadie me juzgara e igual me urjo con esas cosas; soy súper cuadrada en muchos sentidos, aunque parezca muy libre. Salí por primera vez en octubre (2024) y nos habíamos separado en enero. Y yo le había dicho al Rodrigo, como “digámoslo, porque de verdad que no quiero pasar por situaciones incómodas”. No no lo pensé: en un momento la Andrea Moletto me dijo algo y le contesté “no estoy casada, estoy separada”, y todos quedaron como: “¡¿Qué?!”. Vino el corte comercial y me dijeron: “¿Estai hueveando que te separaste del Rodrigo?”, y yo como: “Estoy separada y ya estamos viviendo separados… pero ya no hablemos más del tema”. Ahí salí con Carlos la primera vez y fuimos al teatro, una cosa muy amistosa, y “chao, chao”.

Al otro día me lo encontré, de casualidad —como en las teleseries—, en el colegio de mi hija, porque justo su sobrino estaba en el mismo colegio de mi hija, y su sobrino salía de cuarto medio; él estaba yendo a su evento y mi hija bailaba ahí. ¡O sea!, de repente estaba en la fila y justo apareció. Y justo ese día salió la portada de Las Últimas Noticias de que yo estaba separada. Entonces me lo encontré, todo muy incómodo, porque además estaban Rodrigo y mis hijas, y era como: “¡Por qué me está pasando esto!”. Y al otro día salimos, habíamos quedado de ir al teatro de nuevo y le dije: “¿Realmente quieres salir?, porque va a estar la portada en todos los quioscos y no sé si quieres pasar por esto”. “Me da lo mismo”, me respondió, “quiero salir contigo y lo estoy pasando muy bien” . Después de eso nunca más nos separamos. Fue un bonito encuentro.

Hoy me siento más libre. Y creo que la alegría va y viene. Creo que hay otros tipos de alegría, de intensidades. También en mi relación pasada fui súper feliz. Y ahora también estoy siendo muy feliz; lo que sí, me siento un poco más plena. Es una palabra súper cliché también, pero: más dueña de mí, más libre en el sentido que me siento más dueña de mis decisiones.

"Me siento un poco más plena", asegura Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Cuando la Dani quedó esperando a su primera hija, lo viví siempre con preocupación; pero siempre la apoyé, y me encanta, y ser abuela, y abuela joven. Estoy súper enamorada de mi nieta, la Violeta —tataranieta de la Delfina Guzmán—: estoy a punto de robármela, jaja. Siempre estoy al borde de robármela. Pero al principio fue como: “¡Wow! Qué chica”... pero tampoco tan chica (era más grande que yo): tenía 24 y yo la tuve a los 21, ¿entonces con qué cara le puedo decir algo?

Ella no siempre quiso ser actriz: quería música. Tocaba piano desde los 8 años (es muy virtuosa del piano), la metimos a clase y siempre quería música. Y en tercero medio hizo una obra de teatro y la profesora dijo: “Uy, tienes talento”. Y ahí dijo: “Bueno, ya: Teatro”.

Trabajamos harto juntas con la Dani, en Las aristócratas y Una comedia súper triste (por ejemplo). Creo que ella tiene sus dos espacios: en la escuela no le gustaba mucho que la gente supiera que era que era nuestra hija, porque quería hacer su propio camino. E hizo su propio camino, le fue súper bien y supieron como en tercer año algunos profesores que era hija nuestra; los profesores que fueron compañeros míos sí supieron al tiro, pero ella pedía que no lo dijeran... Y después se fue dando, porque, por ejemplo, para Las aristócratas, primero la llamaron a ella, porque el director y dramaturgo es cercano a ella; y yo por ella llegué. Y en La comedia súper triste también conocí a la Carla Zuñiga por ella. Un poco ha sido al revés: no es que yo la llame a ella, sino que ella me lleva a espacios que conoce. Me interesa mucho lo que está haciendo la gente joven. Ha sido mutuo. Y nos llevamos súper bien trabajamos juntas: nos respetamos mucho los espacios, y ella tiene sus propios talentos que son mis falencias: siento que tengo falencias como musicales y estéticas, y la Dani es muy estética y melómana. Yo soy más de actuación, entonces dirijo. Es mi complemento.

"Es mi complemento", dice Claudia sobre actuar con su hija Daniela. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

No sé si ha cambiado nuestra relación trabajando juntas. La valoro mucho y la admiro muchísimo como profesional (a Dani). Creo que hay otro espacio de amor. Soy inmensamente feliz cuando actúo con la Dani: ni en los mejores sueños me lo imaginé. Además la experiencia actoral, cuando estás con público, haciendo una obra hermosa y te das cuenta que hay un feedback del público, es muy rocambolesca y emocionante; entonces, además vivirla con tu hija, es una explosión de amor. Tener el regalo de vivirlo es muy emocionante.

Mi hija Dani (Pérez Muñoz) se dio vuelta los apellidos, pero no sé si lo hizo legalmente. Lo hizo más que nada por mi papá, porque siente que su abuelo materno siente que fue un referente muy importante, más que su abuelo paterno, que es ausente, entonces le daba lata tener su apellido. Y también por mí, por una cosa feminista... Estoy especulando... Pero para mí no fue el tema. Está bien y mi papá estaba feliz, jaja. Creo que para mi papá fue más importante que para mí.

Seré abuela por segunda vez. Estoy feliz. Y además a ella la veo feliz, que es lo importante. Está súper bien con su pareja y han hecho un lindo nidito de amor, entonces estoy contenta.Mientras ella esté feliz, yo estaré feliz. (Respecto a los comentarios mala onda de cibernautas por su relación con Camilo Zicavo), encuentro que las redes sociales están tan odiosas. Creo que la gente se siente con la libertad de decir tanta burrada y no tiene la conciencia de quién está al otro lado,que igual hay una persona con sentimientos, emoción, inseguridades e historia. Da pena esta manipulación de las redes, ¡y a muchos también son bots! Estoy segura de que la mayoría son bots que provocan estas discusiones, o fanáticos, que tampoco escuchan, solamente tiran frases y burradas atroces... Puedes dañar mucho... Pero bueno estamos en una época que —me imagino— es pendular. Se tiene que regular eso; el daño que están provocando es muy fuerte.

"Seré abuela por segunda vez. Estoy feliz", declara Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Mi papá el pasado tuvo una cardiopatía y estuvo dos semanas en la UCI, mal; pero ya está bien, por suerte... Tengo complejo de Electra, ¡mal!, así que estuve muy mal cuando mi papá estuvo mal. Y mi mamá también tuvo un problema a la columna, que estaba con mucho dolor, y la vi también muy mal y triste. Soy muy apegada a mi mamá y a mi papá; cuando ellos están mal yo estoy mal, se me cae todo. El año pasado fue un año complicado con mi mamá y mi papito... Pero ahora están bien, los dos. Mi mamá tiene 80; y mi papá, 78.

Todavía estábamos grabando Aguas de oro. Tito Noguera fue mi profe en la Escuela. Siempre me lo he encontrado en distintas cosas, también en el trabajo sindical; él siempre ha sido... fue una persona muy activa en el trabajo de los derechos laborales y políticos. Cuando hicimos la Ley de Artes Escénicas en el sindicato —¡y la sacamos en un año!—, Tito nos apoyó mucho . Después hicimos Como la vida misma, que también actuamos juntos; y Aguas de Oro. Siempre fue muy cercano, y muy buen profe. Lo recuerdo como un profesor muy amoroso; salía un poco de ese molde de “la letra con sangre entrar”: siempre era desde la libertad, lo que uno quisiera crear, y muy desde el cariño.

No he visto teleseries verticales. Creo que “el 13” es medio “centroamericano”, un culebrón... Me gusta que estén probando otros otros formatos, y también otras formas de actuar. Interesante.

" Tengo complejo de Electra", confiesa Claudia. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Con la obra Amiga date cuenta nos presentamos en Buenos Aires, en Corrientes. Nos fue súper bien, fue una experiencia muy bonita. Fue una función, porque yo estaba grabando teleseries y la Javi (Contador) está también en otras cosas, y la “Pepa” (María José Bello) también. La idea es hacerla otra vez allá, y más funciones. El público en Buenos Aires es distinto, la gente va a “vitrinear” teatro, iba como “oye, ¿qué voy a ver?”, y fueron a ver la obra. Fue una experiencia muy emocionante llegar a Corrientes con una obra teatral. Nunca lo imaginé.

Estamos preparando una obra, que la está escribiendo el director de Las aristócratas, Felipe Zambrano, y con la Sigrid (Alegría), su hijo y mi hija. Es sobre la cesantía: son dos actrices de teatro que quedan cesantes y se van a vivir a la casa de sus hijos, y los hijos no la soportan porque son unas insoportables, ellas se creen la muerte, y ahí suceden cosas. Es una comedia, pero que tiene su profundidad porque habla justamente de la falta de oportunidades, entonces buscan qué hacer los cuatro juntos para poder mantenerse. Está escrita y la estamos ensayando y creo estrenaremos en mayo o junio.

Más que con amigos, creo que hay que trabajar con gente que confíe en ti y tener un buen ambiente laboral: es lo más importante. Puede haber una persona muy talentosa, pero que maltrate, o que sea muy difícil trabajar con esa persona. Yo prefiero MIL veces trabajar con un actor, actriz, creador o creadora que quiera trabajar Y que crea lo que yo estoy haciendo, porque: es tan difícil hacer teatro que pa’ qué pasarlo mal. La paso mal haciendo otras cosas que me puedan generar más retribución económica, pero si voy a hacer teatro —que es difícil hacerlo— hay que trabajar sí o sí con gente que confíe en el proyecto y tenga una actitud positiva en el trabajo.

"Estamos preparando una obra", adelanta Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Siempre estoy estudiando neurociencias. Es lo que más me interesaba: anatomía del cerebro. Me encantó. Y sobre todo después, cuando escribí un libro, tuve que volver a los a los cuadernos y a estudiar. He dado charlas también de arte y neurociencia... Tengo un diplomado nomás, o sea, estudié un año y medio; tampoco soy experta en neurociencia, sino en cómo funciona el cerebro, y lo crucé con el aprendizaje artístico; e hice una charla que podía servir en relación a coaching de cómo aprende el cerebro a través del arte.

Desde chica escribía mucho, y tengo los cuadernos. No sé si escribo tan bien, pero siempre he tenido la necesidad de poner en palabras mis sentimientos y pensamientos. Y cuando estudié Neurociencias, hace cinco años, el trabajo final del diplomado era hacer clases, porque estaba enfocado para la Neuropedagogía. Le pregunté a mi profesora si podía hacer un cuento —como yo era actriz y me interesaban las historias— que pudiera contarse también a los estudiantes. Lo escribí y me saqué un 7. Vino la pandemia y se me ocurrió hacerlo libro. Empecé a trabajar, muy hormiga, con una ilustradora; y cuando terminó la pandemia, mandé el libro a un concurso de Ediciones UC, me lo gané y me lo editaron: Un camino de flores para Rita. Es muy difícil, sobre todo para una persona que no viene del mundo de la literatura, pero me atreví, y después dije: “Escribiré una novela”.

Estoy escribiendo una novela, súper embalada. Es sobre la vida de la Coca Rudolphy, una actriz que fue secuestrada en 1973, torturada, estuvo dos años en la cárcel y fue exiliada; hizo mucho teatro: “Una mujer exuberante”. Es mi amiga y trabajé con ella en una obra de Lemebel, Cristal tu corazón. Ahí la conocí y me llamó la atención su humor: siempre todo lo contaba a través de la risa y una actitud muy positiva. De repente dije: “Quiero quiero contar su historia”, y empecé a juntarme con ella, a hacer entrevistas, y ya llevo más de un año. Ayer almorcé con ella, junto con Marcelo Simonetti, escritor. Mandé el borrador a Planeta, me lo devolvieron y me dijeron que les que le interesaba mucho, pero que habían cosas técnicas que me faltaban y que me aconsejaban tener un taller literario. Marcelo Simonetti hizo la biografía de Lemebel, Tu voz existe; tengo cercanía con él y le pedí si me podía hacer talleres literarios, me dijo que sí y estamos trabajando hace tres meses, corrigiendo la novela. La tengo escrita. Es una biografía ficcionada. Creo que estará lista en marzo y debo buscar una casa editorial que quiera editarme.

"Estoy escribiendo una novela, súper embalada", analiza Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Apoyé a Marco Enríquez-Ominami. Fuimos súper cercanos. Trabajé mucho con él en su productora, Rivas y Rivas. Nos conocimos y yo justo era dirigente sindical, entonces había mucho en común sobre política y cultura; participé en su programa cultural y me gustaban mucho sus propuestas al principio. Fui súper activa en su partido, viajamos harto juntos, hicimos puerta a puerta en su primera campaña, y creo que en la segunda participé más activamente. Creí harto en ese proyecto. Pero después se desinfló, y ya me salí... No fui del 1% de la última elección: voté por Jeannette Jara.

La gente me reconoce ya por mi nombre. Antes, cuando uno recién empieza, te conocen por los personajes; pero ahora, por las teleseries, por el nombre. La gente es súper amable, me quiere harto. Mucha gente también me reconoce por teatro, mucho más de lo que uno se podría imaginar; y por Lemebel también hay una cercanía.

Con las redes sociales escroleo, ¡mucho más de lo que quisiera! En general me gustan, me entero mucho por las redes sociales y veo noticias. Pero me parece que ahora último, al revivir los programas de farándula y toda esta prensa amarillista y rosa, siento que estamos muy violentos, y que tenemos que detenernos y reflexionar sobre el tema, porque puede traer consecuencias muy devastadoras para personas, sobre todo las nuevas generaciones, la juventud, por toda esto de la belleza de las niñas, como estos skincare desde muy chicas. Creo que puede traer consecuencias muy dolorosas y un problema de salud mental grave. Creo que hay que normarlo de alguna manera; no sé cómo sin quitar libertades, pero la gente no puede decir cualquier burrada sin tener consecuencias. No está bien, porque no puede ser que la gente te insulte, ¡de la nada!, gratuitamente, y que no tenga consecuencia. No puede ser que una persona haga tanto daño sin ni siquiera saber quién es. Y y que el mercado finalmente regule la salud mental de los adolescentes y jóvenes me parece súper grave.

Una frase que me dijo Pedro (Lemebel) es: “Si tú no eres dueño de tu cuerpo, ¿de qué cresta eres dueño?”. Cada uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo. De lo único que eres dueño en la vida. Sin embargo, la gente que se hace esas intervenciones tan jóvenes son víctimas de un sistema que te vende algo que no necesitas, y somos todos víctimas de eso; o sea, a lo mejor yo no hago eso, pero en otras otras cosas sí lo hago: muchas veces me creo necesidades que no tengo. Estamos metidos en la telaraña del sistema neoliberal que nos exige ser de una forma, que nos exige la belleza constante. No podría juzgar a alguien que lo haga, porque somos víctimas de este sistema, que lo construimos y alimentamos todos día a día. Es difícil ir en contra. Yo trato, y muchas veces lo logro, y muchas veces no, y me deprimo, me estreso y tengo miedo a envejecer y tengo miedo a dejar de gustarle a la gente.

"Estamos metidos en la telaraña del sistema neoliberal que nos exige ser de una forma", analiza Pérez. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Todo el día uno ve mujeres hermosas y con cuerpos perfectos, estandarizados, y muy pocas mujeres en la ciencia y en la literatura. Siempre estoy haciendo ese ejercicio, constantemente: en las películas hay muchos más personajes masculinos que femeninos, y los femeninos la mayoría de las veces tienen que ser hermosos y perfectos.

La gente es súper cruel. Me dicen cosas en las redes sociales, muy crueles. También me dicen: “Vieja, ridícula, ¿por qué estai con mini?”. Y eso lo alimenta la farándula también. Me acuerdo que la primera persona que dijo eso fue Jordi Castell hace unos 15 años, cuando yo fui con un vestido que se me veía la rodilla y dijo: “¿Cómo una actriz de 30 y tantos puede usar (...) y que se le vean las rodillas”. Y juro que yo no había tenido ninguna conciencia de cómo estaban mis rodillas, y él me generó esa inseguridad, ¡él la generó! ¡Él! Con nombre y apellido: Jordi Castell me generó una inseguridad. Y nunca más dejé de mirar mis rodillas porque él dijo un comentario. Ese trauma tiene nombre y apellido. Y la gente tiene que tomar conciencia de que si dices algo le puede generar un dolor a la otra persona: puede apagar una voluntad de querer existir incluso. Es súper evitable, dejar de hablar de los cuerpos de los otros, es tan simple, no tienes por qué.

La relación con mi cuerpo varía: a veces me siento más segura, a veces más insegura, tengo miedo a envejecer, a dejar de gustar también; me siento a veces cómoda y a veces incómoda. Pero creo no hay NINGUNA mujer en el mundo que se sienta cómoda con su cuerpo. Nos han creado esa necesidad.

"Tengo miedo a envejecer, a dejar de gustar también", admite Claudia. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Tenemos una casa en Coñaripe (Región de Los Ríos). Voy en verano. La casa es de Rodrigo y mía. Y nos la repartimos.

Me encantaría irme al Sur. Igual creo que nuestra pega está en Santiago. Me gustaría en un futuro hacer algo en alguna parte del Sur, un taller con niños y adultos mayores, o crear un centro cultural, y viajar, vivir en Santiago un tiempo y otro en el Sur. Me gustaría generar un espacio cultural en Coñaripe. Creo que es tan necesario. He hecho hartos talleres culturales teatrales. Soy parte del directorio de una ONG que trabaja con niños, niñas y adolescentes en explotación sexual, y creo que es súper importante el arte en todos los espacios: te crea muchas dimensiones, te abre muchas ventanas y puertas, ves caminos distintos a través del arte, y creo que es súper necesario. Un sueño a futuro podría ser eso.

Me siento en un momento de autonomía, creando nuevos proyectos y espacios. O sea, escribir una novela también es algo muy nuevo, entonces, (me siento) explorando nuevos caminos de creación, nuevas formas y formatos. Y me tiene muy contenta. Y personalmente, tranquila.

Cuestionario Pop

Si no hubieras sido actriz, me habría gustado ser médico.

En mi época universitaria era matea, y carretera, jajaja, también.

Un apodo es “Clape”. Todo el mundo me dice “Clape”. En el colegio me decían así, y ahora todo el mundo me dice así.

Un sueño pendiente es viajar con teatro... igual viajé este año, pero me gustaría viajar más con teatro, con una obra propia.

Una cábala es que antes de actuar toco el escenario.

Una frase favorita es “Un día sin risas es un día perdido”.

Un trabajo mío que no se conoce es que vendí Pepsi y carteras, como a los 17 años.

A Pérez también le habría gustado ser médico. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Mi primer sueldo, que fue de vendiendo carteras en el Apumanque, lo gasté en comprar regalos de Navidad.

Algo de lo que me arrepiento es de no haber ido al viaje a Cuba con mis compañeras de curso en la Escuela... es que yo era muy polola, entonces la embarré ahí. Debí darle más espacio a mis amigas.

Una actriz chilena que admiro es la Sigrid Alegría y a la Celine Reymond, y además son mis amigas, jajaja.

Un lugar favorito de Chile es Coñaripe. Voy todos los años, y la mayoría de las veces dos por año.

Un talento oculto es el basquetball. Jugué muchos años en el colegio y en el Stadio Italiano, y ahí tenemos un equipo con el que de repente jugamos. Fui mala y después me esforcé y me esforcé, y fui buena.

Una película que me hace llorar... Apuesto a que el Rodrigo dijo Cinema Paradiso (En efecto, eso respondió)... Los puente de Madison.

Claudia expresa su admiración por Sigrid Alegría y Celine Reymond. Foto - Mario Tellez / La Cuarta MARIO TELLEZ

Un miedo son los aviones. Todavía me dan miedo. Me subo, pero lo paso mal todo el rato.

¿Creo en el horóscopo? Los Virgo no creemos en el horóscopo, jajaja. Paso por etapas, por momentos.

Si pudiera tener un superpoder me gustaría viajar en el tiempo.

Un placer culpable es scrollear.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, invitaría a la Michelle Bachelet, Susan Sarandon y a Brian May.

Claudia Pérez es una enamorada de la vida y del teatro.

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