La Firme con Karol Lucero: “No tengo miedo a partir de nuevo, en Chile tengo una deuda conmigo mismo”

Karol Lucero conversó con La Firme sobre su pasado, presente y futuro. 

FOTO: BASTIAN SEPULVEDA
Karol Lucero conversó con La Firme sobre su pasado, presente y futuro. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

La salida del rostro televisivo fue abrupta en octubre del 2019. Dejó Mucho Gusto (Mega) y estuvo tres años fuera de las pantalla. Hoy, busca recuperar el lugar que perdió con la gran funa del estallido social, haciendo el “camino largo”, ya con mea culpas, descargos y lecciones en el cuerpo.

Karol Lucero (36) luce relajado. Se atrasó en su llegada a las oficinas de Like Media; viene de un almuerzo en que el primero en recibir el celular pagaba la cuenta. Saluda, sonriente, a los compañeros del equipo que lidera. No tiene apuro, a dos horas para un nuevo capítulo de Un día más, donde la invitada es la ex-Gran Hermano Vivi Acevedo.

Mientras, tiene tiempo para sentarse en su despacho, envuelto en espejos, muebles de vidrio y distintos galardones de tiempos pasados, como los TV-Grama y los Copihue de Oro, cuando fuera parte de programas como Yingo (CHV) o Mucho gusto (Mega): “Estos los gané en el 2015 y en el 2016″, comenta durante la conversación con La Cuarta. “Los tengo en mi oficina; y otros, en mi casa”. Y agrega: “Son importantes, porque son premios que entrega la gente”.

A sus 19 años, un viernes, “Karol Dance” había decidido colarse a un exclusivo carrete en Estación Mapocho, lo que derivó en que dos días después le ocurrieran una serie de desafortunados sucesos que, a la postre, se convierta en el “mejor” lunes de su vida, permitiéndole entrar a la radio y la tele. A sus veintivarios años, su carrera iba como avión: se había puesto un objetivo desde el principio y lo estaba cumpliendo como panelista y animador en la pantalla chica.

Sin embargo, tras treces años ininterrumpidos en la TV, de un día para el otro, en octubre, junto con el estallido social, su nombre empezó a hacer bulla en redes sociales, e incluso en pancartas y rayados en las calles, refregándole algunos “errores” pasados. “Chúpalo Karol Dance”, fue la consigna que se masificó, repitió y expandió febrilmente. Cuento corto, con la funa, resultó marginado de los medios. Hoy, tras casi cuatro temporadas fuera de pantalla, busca saldar una deuda que califica como personal, volviendo a la palestra pública, con mea culpas, descargos y con la ciega certeza de un próspero mañana.

LA FIRME CON KAROL LUCERO

Inmediatamente pienso en mi abuelo, Fernando Lucero, que es el responsable de mi vocación comunicacional y personalidad. Me ayudó a entender cosas desde pequeño, como el trabajo, la responsabilidad y lo importante que es comunicarse bien. Vengo de una población en San Joaquín, donde el común denominador en mi grupo era hablar mal, y él me dijo: “Destacarte del resto es algo tan sencillo como hablar bien, eso te va a ayudar en todo ámbito”.

A la gente se le olvida que yo me llamo Karol Lucero. Pero salgo de Chile y, cuando me registran en cualquier parte, la gente inmediatamente me dice: “Disculpa, ¿te llamas Karol?”. Eso lo viví mucho cuando era niño, llamarme Karol era motivo para bullying e inseguridad. Iba al dentista y decían: “Que pase la señorita Karol”. Debo haber tenido dos opciones: ser una persona muy introvertida o alguien que tomara las riendas de su vida y fuera extrovertido. Además de llamarme Karol, era el más chico del curso siempre. Era el objetivo ideal para el bullying. Durante toda la enseñanza media, en el Liceo Andrés Bello, después de que decían mi nombre todos hacían: “¡Uuuh!”. Soy de una generación en que en un colegio de hombres si eras homosexual eras discriminado, y llamarme así era motivo para molestarme por ello. La palabra “bullying” recién se estaba tomando en consideración.

Entré a primero medio, tenía 13 años y todos se burlaron de mí. El profesor estaba pasando la lista y se detuvo en mi nombre, justo después de un Felipe Lagos, que tenía la voz más grave del curso. Y de repente el profesor dijo: “Acá parece que hay un error”, y yo cierro los ojos y pienso: “Soy yo”. Él pronunció “Karol Lucero”, me levanté con voz de ardilla y dije “presente, profesor”. Y todos se rieron. Volví a mi casa súper molesto y le dije a mi tata: “¿Por qué permitiste que me pusieran Karol?”.

KAROL LUCERO
Karol destaca el rol fundamental que cumplió su abuelo, Fernando, en quién es hoy. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Me pusieron Karol porque el año que nací, 1987, el Papa (Karol Józef Wojtyła) vino a Chile. Pero a todos los niños de ese año les pusieron “Juan Pablo”. ¡¿Por qué a mí decidieron ponerme Karol?!, jajaja. Y mi tata me dijo: “Porque tú eres distinto al resto, naciste para ser alguien especial”. Y me contó una historia de Tomás Alba Edison, el gran inventor, que fue perfecta: Cuando niño, a los ocho años, fue expulsado del colegio; tenía problemas de aprendizaje. Y le entregaron a su mamá una carta explicándole las razones de por qué no podía seguir en el colegio. Ella se puso a llorar, él le preguntó qué pasó y ella le contesta que “no puedes ir más al colegio porque eres superdotado, sabes y aprendes mucho más que el resto”. Se preocupó de educarlo en la casa y lo transformó en el genio que todos conocemos. Cuando ella muere, entre sus cosas, él ya adulto encontró la carta, que decía que había sido expulsado porque era un retrasado mental. Y mi tata me dijo: “¿Cuál es la reflexión de esto? Tú eres quien nosotros digamos que vas a ser”. Cuando me habló de lo especial que es ser distinto, me aportó mucha seguridad: “Lo más probable es que todos tus compañeros hayan llegado a su casa a contarle a su mamá que tienen un compañero que se llama Karol Lucero”. Al otro día llegué creyéndome la raja por llamarme Karol. Si bien sé que “Karol” no es un nombre bacán ni me hace especial, a los 13 años esa introducción me cambió la vida.

Mi abuelo también, respecto a las carencias económicas, siempre me hizo sentir que nunca fuimos pobres. “Nosotros no tenemos plata”, decía, “pero eso no es ser pobre”. Hablaba de la pobreza mental, del lenguaje y de las cosas que son gratuitas y las personas no aprovechan. Mi abuelo falleció cuando yo tenía 18 años. Nunca alcanzó a vivir nada de lo que vino posteriormente gracias a él.

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Su curioso nombre se debe a que nació el año en que Juan Pablo II vino a Chile. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Vivía en Departamental con Las Industrias, en San Joaquín. Mi tata tenía una zapatería. Lo primero que yo quería ser cuando era niño era zapatero. Y él siempre me dijo: “Tú no serás zapatero”, y me explicaba que “es un oficio que va a desaparecer y que los zapatos chinos son cada vez más accesibles”. Su sabiduría tenía razón; es un oficio súper noble, que es difícil de encontrar, y me causa harta nostalgia.

Mi mamá, Nancy Venegas, tenía 14 y mi papá, Fernando, 17, cuando me tuvieron. Siempre se hicieron cargo, los dos muy presentes. Es algo que siempre valoré de mis viejos, porque como la mayoría, postergaron su vida, su realización personal, por criarme a mí. Hoy uno vive en una sociedad donde somos más egoístas, de cumplir nuestras propias metas. He cumplido todos los sueños que me propuse, y sé que con un hijo hubiese sido mucho más difícil. Pero mis papás no cumplieron ninguna de sus metas por entregarme todo y a mi hermano, dentro de sus posibilidades. Es súper bonito mirar atrás y ver que su esfuerzo lo pude retribuir. Una de mis primeras satisfacciones fue pagarles sus deudas y comprarles una casa.

Mi familia era muy católica y religiosa; mi segundo nombre es Jesús. Recibí una educación Católica Apostólica Romana, hice la primera comunión, conozco muy bien la Biblia, pero no soy devoto de la Iglesia. Si bien me quiero casar por la Iglesia Católica, más por tradición que convicción, siempre estuve ligado a ellos: soy de las personas que pasa a dar gracias, tengo fe, soy creyente en Dios. Pero no soy tan religioso.

Con Arturo Vidal somos de San Joaquín, nos conocemos. Hoy día no tenemos una relación de tanta amistad como antes, que nos veíamos mucho más. Ya no tanto. Quizás por diferentes intereses. Pero básicamente somos de la misma generación, del 1987. Yo era de los que no jugaba a la pelota. Era malísimo.

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Karol recuerda que fue amigo de infancia de Arturo Vidal, quien alguna vez lo invitó a su matrimonio. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

El 2001 aparecí por primera vez en la portada de Icarito. Ese fue el primer gran paso para darme cuenta de que era algo que me encantaba; tenía trece años. La publicación apareció como dos semanas después de la conversación con mi tata sobre mi nombre; llamarme “Karol” y aparecer en el Icarito me transformó en el alumno más popular del colegio. Me decían “Icarito” y cosas así, pero nunca más me molestaron por mi nombre. Fui presidente de curso y del centro de alumnos. Me dio hartas herramientas en cuanto a lo formativo.

Lo del Icarito fue por casualidad, cuando acompañé a un casting a una tía que tenía una hija. Y el fotógrafo dijo que yo tenía los “ojos bonitos”. Me sacó unas fotos y después me llamaron. Me gustó mucho. Era súper carismático desde niño, muy bueno para hablar y muy educado, esos con los que es choro conversar. En un edificio de Copesa, en un subterráneo de Vicuña Mackenna, me maquillaron, me sacaron las fotos y quedé maravillado. Me gustaron las luces, un poco sentirme una estrella, las indicaciones, el “sonríe”. Y el fotógrafo me decía: “Naciste para esto, lo haces muy natural”. Y cada vez que lo decía me sentía más la raja. Eso despertó el gusto por las comunicaciones.

Siempre me gustó la radio y la televisión, pero mi mamá es de una formación más tradicional, y me decía que para trabajar en las comunicaciones había que tener una red de contactos que nosotros no teníamos, y que estudiara Derecho. Igual me gustaba, estuve tres años ahí y, por razones económicas, ella me pidió que congelara la carrera, buscara trabajo y juntara plata para retomar los estudios.

Tengo un día que se transformó en el mejor de mi vida, un lunes, a los 19 años. Había estado dejando currículum en lo que siempre había soñado: las radios. No me pescaron, por supuesto. En eso presentan en Chile una fiesta que se llama “Sensation white”,la primera que iban a hacer en Estación Mapocho. Veo en la página web que la entrada costaba $70 mil... Impagable. Hablé con un amigo y le dije que “está fiesta no la podemos perder, va a estar llena de minas; es la más top que se hará en Santiago”. Ideé un plan para entrar gratis: Partía el viernes a las 9 de la noche, así que nos juntamos a las 4 de la tarde en Cal y Canto, vestidos de blanco. Fuimos y estaba la gente que trabajaba, entrando cajas con vasos y cosas para el mar. Tomamos unas cajas vacías, saludamos con seguridad al guardia, entramos y nos metimos a unos baños químicos. Eran las seis de la tarde. Estuvimos tres horas esperando a que sonara la música, salimos y estábamos en la fiesta.

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En muy pocas horas, siendo un completo desconocido, Karol logró entrar fortuitamente a la radio y la tele. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

En esa época ya animaba fiestas pokemonas, ya me llamaba “Karol Dance”, y andaba con un gorro que decía “Karol Dance”. Pasé por el stand de Radio Carolina y uno de los animadores me grita: “¡Karol Dance!”, me entrevistaron y les conté que buscaba trabajo. Y me dijeron que “te esperamos en nuestro programa el lunes a las 6 AM”. La fiesta fue un fracaso para mí, pero logramos entrar gratis y pensé: “Tenía que venir a esta fiesta porque ahora debo ir a la radio”. El Metro lo abren a las 6 de la mañana, así que me levanté a las 3:30, tomé tres micros y llegué a Providencia como a las 5:45. No había nadie. Minutos después, me dijeron: “¿Qué estás haciendo acá”, y que “era una broma, no pensamos que vendrías”. 6:10 y ellos cagados de la risa. Y me dicen: “Lo único que podemos hacer es presentarte al jefe para decirle que trabajas en las fiestas pokemonas”. Esperé hasta las 9:45, hasta que llegó, Jorge Méndez. Me mostró una torre de currículums “de gente que quiere trabajar acá”, y me citó para el día siguiente.

Cerca de las 11:00, ya me había desocupado, súper cabizbajo. Me fui caminando por el bandejón de Andrés Bello y pasé por fuera de los canales de televisión: TVN, Chilevisión y Canal 13. Iba por Inés Matte Urrejola, un pelado se acercó a mí y me dijo: “Oye, ¿quieres entrar a un programa de televisión como público? Era el SQP, con Ítalo Passalacqua y “Chico” Pérez. Habíamos dos personas. Se fueron a comerciales, la niña del lado mío fue al baño y quedé solo en la galería. De repente, llegó un productor a retar al que me había hecho pasar: “¡Oye, pelao, ¿hasta cuándo? Necesito que traigas público, necesito vida!”. Se me prendió la ampolleta y le dije al pelado: “¿Necesitas traer gente? Trabajo en las fiestas pokemonas y tengo hartos contactos”. “¿Puedes traer treinta personas?”, me preguntó. Me fui a un cibercafé y puse en el Messenger: “¿Quién quiere ir a un programa de televisión?”. Era verano, los cabros no tenían nada qué hacer. 35 personas cité y ninguna falló. Eran todos pokemones de la época, yo era el más normal; pero ellos tenían los ojos tapados, no se lavaban el pelo, se ponían jabón, se tapaban la cara y usaban piercings. Los llevé y estas personas en la fila del canal eran como si tuviera a un elfo, un hobbit, Bob Esponja, un teletubi y al Viejito Pascuero. Lo sentaron en el estudio y en el panel estaba Felipe Avello, y hablaban entre ellos. Y empezaron a entrevistar a los más raros. Me pidieron que los volviera a traer el viernes y que podían hacerme un contrato de 200 lucas. Me contrataron y permitió que después me invitaran a Yingo.

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Karol llevaba "pokemones" como público de SQP, lo que su boleto de entrada a Chilevisión. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

El martes, después de la primera vez que fui a SQP, me fui con mi currículum, que era una hoja en blanco, a la radio. Jorge Méndez me recibió personalmente, le pasé el papel, me preguntó por las fiestas pokemonas y le dije que podríamos hacer una sección en algún programa donde habláramos de eso. “Veamos qué has hecho”, me dijo. Tomó el sobre y me dijo: “Esto es una broma”. Se me prendió la ampolleta y le contesté que “tengo 19 años y usted me está pidiendo experiencia; le traje una hoja en blanco porque todo lo que aprenda acá me gustaría alguna vez ponerlo ahí”. Se río, me quedó mirando y me dijo: “Es la respuesta más genial que he escuchado; eso es creatividad. Partes el viernes”. Pero me advirtió que no había recursos; trabajé gratis dos años, súper contento. Todo eso por haberme pasado a una fiesta el viernes pasado. Toda esa serie de sucesos, que suenan poco fortuitos, hicieron que se transformara en el mejor lunes. Me cambió la vida ver una oportunidad donde sólo había problemas.

Cuando yo llevaba pokemones a CHV, ya había partido Yingo, pero era sólo con modelos. A Yingo le fue tan mal que decidieron darle un giro y, en vez de tener sólo modelos, incorporaron a pokemones para que se enfrentaran a los “modelais” y “populais”. Y cuando nos metieron a nosotros, se salva el programa y se transforma en el programa que todos conocemos.

Cuando llegué, Alex Hernández (director) preguntó frente a todos los que estamos ahí en una mesa grande: “¿Cuáles son sus objetivos acá?”. Estaba Hardcorito, Gallina, Arenito y otros. Y la respuesta de la mayoría fue “quiero ser famoso”, “quiero que me pidan fotos” o “quiero dar autógrafos”. Mi respuesta fue la única que generó burlas, pero mirando para atrás fue la más sensata y honesta: “Quiero ser el animador de este programa”. Como era un pendejo que recién entraba habiendo otro animador, generó risas. Pero yo lo tenía súper claro. Me enfoqué en eso y fui el animador de Yingo.

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El comunicador entró a Yingo con la certeza de que quería convertirse en animador del programa. Lo logró. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Alguna vez me dijeron que si no tuviera los ojos verdes “no tendría ningún brillo”. Me generó inseguridad. Ese tipo de cosas me las decían más las mujeres. Siempre fui bajito y me veía menor. Cuando estaba en la universidad, con 17 años, parecía de 15. Con suerte, me pescaba una niña de 18 a la que le gustan los hueones que se ven más grandes.

Se acabó Yingo y seguí en el canal haciendo un programa los fines de semana, Sin vergüenza (en vez de lo que hoy es Sabingo). Pero yo quería más, renuncié y me iba a ir a Canal 13. Me contaron que compraron un proyecto y que “eres el único que lo puede animar”. Era Ridiculous, lo hizo Eduardo Fuentes, y no le fue muy bien. En octubre me presentaron con 24 años. Empecé a grabar pilotos del programa, mientras yo seguía haciendo mis últimas semanas en CHV. Pero pasaba octubre, noviembre y yo no firmaba el contrato con el 13. Preguntaba y me decían: “Son trámites, lo tienes que ver después”. Pero ya en los primeros días de diciembre yo no quería quedar en el aire. Me consiguieron una reunión con la persona a cargo de finanzas y me mostraron el contrato, que “no es nada de lo que hablamos”, dije. Era sólo por el proyecto y por la mitad de la plata que me habían ofrecido. “Estás son las condiciones, vienes a jugar al Real Madrid, vas a animar un estelar”, argumentaron. Era los viernes, competía contra Primer plano (CHV) y Morandé con Compañía (Mega); era la gran apuesta. Salí de la reunión y sentí que me iba a quedar en pelotas, porque ya habían encontrado mi reemplazo en CHV. “Lo tomas o lo dejas”, me dijeron un 15 de diciembre, a dos semanas de que se terminara el plazo.

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Karol estuvo muy cerca de conducir para Canal 13, pero una oferta de último minuto cambió los planes. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Un 23 de diciembre, en el matrimonio de Arturo Vidal, fui al baño y me encontré con Luis Jara, que me dijo: “Hora, Karol, ¿cómo estás? Justo ayer estábamos hablando de ti, porque en el matinal (Mucho gusto) estamos formando un equipo y nos gustaría tener a alguien joven; qué mal que vas a Canal 13″. Y le respondí: “¿Te puedo decir algo? Todavía no firmo”. Y él me respondió: “¿Le puedo dar esta información a mi productor ejecutivo?”. “Ningún problema”, le contesté. Y el 24 de diciembre, el día de Nochebuena, me llamó y me dijo: “Me gustaría que escucharas una propuesta”. Y nos juntamos el 26 de diciembre en el Santa Brasa del Costanera Center, donde me presentaron una propuesta por el doble de lo que me había ofrecido el 13, y por dos años. Me hablaron del concepto de “familia” y que necesitaba un “hijo” en el Mucho gusto. “Feliz de poder hacerlo”, dije.

Salí de esa reunión y llamé inmediatamente al Canal 13 y les dije que “me acaban de llamar de Mega, tomé una reunión con ellos, me hicieron una oferta súper buena y ustedes no están respetando lo que habíamos hablado; estoy dispuesto a dejar todo hasta acá y me voy a Mega”. El programa de Ridiculous partía el 9 de enero. Hablé con la persona de finanzas, que me dijo: “Karol, disculpa que diga esto, pero esas artimañas de los rostros ya las conozco; no inventes que tienes otras ofertas”. Me sentí súper vilipendiado. “Tú y yo sabemos que no tienes otra oferta”, jajaja. Llegué a mi casa en la noche y decidí irme a Mega. Al día siguiente, el 27, me hicieron firmar todo, me invitaron a Más vale tarde y me anunciaron. Recién ahí en el 13 me dijeron que iban a respetar el acuerdo que teníamos inicialmente, cuando ya había firmado con Mega. Ya no le podía fallar a unas personas que creyeron en mí.

En el 2019 publiqué Like: el fracaso, mi mejor oportunidad. Me gustaría escribir otro libro, en un tiempo más. En Like hablo de mis primeros 30 años, desde la infancia, todo lo que viví y dejé algunas cosas inconclusas. Justo lo terminé en agosto del 2019; no tiene nada de la funa ni de esa época.

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Karol tiene en sus planes escribir otro libro, uno en que aborde la funa del estallido y lo que venga de aquí en adelante. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

En el próximo libro quiero recopilar un poco todo esto que he vivido en estos últimos cinco años. Pero además quiero agregarle el final feliz que, creo, me merezco, que es la redención de la que hablo. Todavía estoy en proceso... No conseguí mi contrato con MTV, que en la puerta del horno se quemó: las personas de México me pagaban los pasajes, la estadía, “ven acá, queremos conversar contigo”. Había interés real. De la noche a la mañana todo eso se fue a la basura. Me dijeron: “Karol, vamos a tener que pausar todo esto hasta que soluciones tus problemas”. ¿Qué problemas? ¿Judiciales? ¿Le hice algo a alguien? Perdí esa oportunidad.

¿Qué tiene el destino para mí? Soy súper creyente en Dios y confío mucho en mis capacidades. Por eso estoy esperando el momento para revivirlo, porque sabré cuándo decir: “Miren lo que pasé”. Como la seguidilla de episodios desde estar encerrado en el baño (a llegar a la radio y la tele), creo que eso mismo me va a pasar en esta instancia. No sé en qué etapa voy, todavía no consigo nada. Vivo tranquilo, soy feliz y me voy a casar, pero todavía quiero decir: “Miren apareció esto mi vida, miro hacia atrás, y todo lo que me pasó fue por algo: la funa la tenía que vivir, tenía que aprender, tenían las marcas que rechazarme y MTV que decirme que no; todo esto pasó para lograr esto. No se rindan, hasta en los momentos más difíciles de la vida aparece un rayo de sol que ilumina un nuevo camino”.

Lo de la funa lo encuentro completamente injusto. ¿Mi funa que solucionó del país? ¡Nada! ¿Mejoró la educación? ¿Las pensiones? Hubo un proceso constituyente que se rechazó dos veces. No tengo nada qué ver con eso y se vinculó mucho. Creo que contaré un final feliz.

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"¿Mi funa que solucionó del país? ¡Nada! ¿Mejoró la educación? ¿Las pensiones?", se pregunta Karol. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Hago una autocrítica por ciertos errores que cometí, pero no me arrepiento de nada de lo que hice, todo lo volvería a hacer. Reconozco que el body sushi (2017) estuvo súper mal, pero: ¿Lo hice en todos mis cumpleaños? ¿O lo hice una vez? Cuando uno se manda ese tipo de cagadas, ya con el sólo hecho de no repetirlo es que aprendiste. ¿Por qué las redes sociales me tenían que dar una lección al respecto? ¡¿Porque?!

Animé el concurso Miss Reef... ¿Fui el único animador de Miss Reef? Se hizo durante dieciséis años, y lo animé durante los últimos cinco; pero yo no lo inventé, y en su última edición lo rechacé luego de que en el canal me dijeron que no era “prudente que animes este tipo de certámenes”. Esa noticia a nadie le importó. “Karol, le fuiste infiel a tus parejas en Yingo”. ¿Fui el único hombre infiel en la historia de la humanidad? Es totalmente desproporcionado. Y la pregunta también es: ¿Y por qué no podía equivocarme? ¿Por qué mi vida tenía que ser perfecta? “Karol, te ofrecemos hacer body sushi”, y que yo respondiera: “No es que eso es inmoral”. Y es más, ¿las personas que hicieron body sushi reclamaron? No po’. A ellos se les pagó, lo hicieron de manera voluntaria, lo aceptaron, se les remuneró súper bien y se fueron. ¿Qué tiene que reclamar otra persona por ellos? Lo hizo Kanye West el 2023 por su cumpleaños, ¿y el mundo se detuvo? ¿Por qué yo no lo podía hacer? De mal gusto y desatinado, pueden opinar lo que quieran, pero es una decisión personal po’. ¿Qué tan grave realmente es?

La broma de la Radio Carolina (el supuesto sexo oral bajo la mesa). Debo haber hecho 5.000 programas durante doce años, ¿y me van a juzgar por uno? Desubicado y no a lugar la talla. Ofrecí disculpas públicas, recibí una sanción mediática, también laboral y económica. ¿Qué más me debía pasar si no es ningún delito? ¿Qué esperaban? ¿La hoguera? ¿Cadena perpetua? ¿Me debieron haber echado de la radio? No podían, porque tenía intachable conducta anterior; requería una amonestación. Me suspendieron una semana del aire, sin goce de sueldo y ofrecí disculpas por la misma vía y por la televisión. ¡¿Qué más?! ¿Por qué soy un referente? Yo no escojo ser un referente.

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Uno de los "errores" que me ruido hizo fue la broma en Radio Carolina, según recuerda. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Siento que conmigo fueron muy desproporcionados. Creo que esa misma desproporción es lo que me va a ayudar; quizás en dos o tres años más voy a entender que toda esta vuelta larga era para llegar dónde estoy. Mucha gente, sobre todo los más chicos, no debe desconocer que yo soy un tipo al que funaron. Ese mismo impacto y magnitud va a tener mi redención: “A este lo hicieron bolsa y, a pesar de eso, nunca se rindió y siguió”. Me gustaría ser algún día un representante de la resiliencia. Como estaba convencido de que no he hecho nada malo, seguí adelante, callé, me alejé durante tres años de los medios, me fui a viajar por el mundo y estuve encerrado con la pandemia. Guardé silencio. La prudencia. La reflexión. El aprendizaje. He hecho el camino largo. Nadie puede decir que en cinco años no hay un aprendizaje.

Si buscan en internet “razones por las que Karol es funado”, ves puras cosas de la tele. ¿Reventarle un globo a la Kathy Salosny? Tengo la confianza con ella para eso. Si ella no reclama y los dos estamos de acuerdo, ¿por qué es un acto degenerado? ¿Según quién? Eso lo decidimos nosotros. Si ella se molesta y dice: “Karol fue un desubicado” o “me punteó”, ahí es otra cosa. Me pasó con la Manelyk (González) en un reality (Resistiré), donde pareciera que paso a llevar sus partes íntimas, pero eso es un juego. Y ella dijo: “Déjenlo en paz”. No importa, porque lo que importa es lo que dicen las redes sociales. Ninguna ex pareja ha hablado de mí sobre abusos o acoso, o alguna compañera de Yingo o del matinal.

En la época de las funas, ¿qué pasaba cuando a alguien lo funaban? Inmediatamente aparecen los testimonios de todas las personas: “A mí también me pasó esto en el año no sé cuánto”. Dime una funa, con nombre y apellido, contra mí. Ni siquiera una. ¿Pero quiénes te funan? ¡Todos! Dame un nombre y un apellido. Cuando me preguntan si tomaría acciones legales, mi pregunta es: ¿Contra quién?...

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"Cuando me preguntan si tomaría acciones legales, mi pregunta es: ¿Contra quién?...", plantea. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Me han dicho estafador por promocionar bitcoins. Para que uno sea un estafador, tiene que haber un estafado.... ¿A qué persona le he robado plata? ¿Qué persona me depositó en una cuenta y no se lo devolví? Un día me dijeron que “estuviste en estafas piramidales”. Para que sea una pirámide tendrían que haber muchas personas involucradas en un fraude. Tuve que luchar durante mucho tiempo con cosas así.

Tengo todo esto acumulado de hace cuatro años, que es súper brígido para mí. Los medios hicieron lo suyo también, porque todas las funas que me hacían salían en el diario... (Busca en su teléfono una noticia de julio del 2020) En la época de la pandemia, participé en el desafío Gillette, que era afeitarse la barba horrible que me dejé (Subió varias fotos a Instagram, cada vez con menos zonas de la cara con vello), y Radio Cooperativa publicó esto: “Karol Lucero se deja el bigote de Hitler y desata polémica”. Todavía está en la web. ¿Cómo es posible que un medio se preste para eso en medio de la funa, cuando todo el mundo me estaba haciendo bolsa? Alimentaba el bullying a mi persona. No lo podía creer. ¿Por qué ese bigote no puede ser de (Charles) Chaplin o del Huaso Filomeno? ¿Cómo un editor de un medio, que parecer ser serio, decide poner ese titular? Es una decisión publicar eso, hay una línea editorial. Viví cosas como esa, que eran súper angustiantes. Sentía que todo era contra mí. Me hicieron harto daño.

Lo del “bigote de Hitler” fue uno de los momentos que toqué fondo. Estaba encerrado (en pandemia), no entendía qué pasaba. ¿Pero por qué?, pensaba. Esa publicación (del desafío de Gillette), la hago después de harto tiempo con mi Instagram casi en desuso. No lo podía creer, sentía que todo el mundo estaba en contra mía. Nunca le he podido pasar la factura a Cooperativa; sé que en algún momento me van a invitar y voy a decirles que todavía está la noticia en esta radio, a la que yo estimo y considero súper seria. No soy de esas personas que llora, pero ese día sentí mucha impotencia. Era el funado, no tenía nada qué decir, comérmela nomás.

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El animador recuerda cuando una vez subió una foto con bigote y lo compararon con "el de Hitler". FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

En un momento dijeron que Karol grababa a sus parejas, creo que en Zona de estrellas. ¿Qué prueba hay de eso? Todas las feministas me destruyeron... ¿Y en qué se funda eso? ¿Apareció alguna imagen? ¿Alguna niña lo dijo? Llegó un rumor y lo transformaron en noticia. Te creo hubiera un testimonio o una prueba. La misma mina de la Radio Carolina, ¿quién es? Nadie sabe. Si hubiera sido contra su voluntad, me podría haber hecho bolsa. Pero nadie sabe quién es; es una decisión de dos que la asumí solo. Nadie se queda con eso, porque no la expuse, no dije quién era, me la comí solo. Pero todo eso me hizo mucho más fuerte.

Que en Mucho Gusto me dijeran que dejara de ir y de aparecer en Teletón, no me generó ningún resentimiento. Los entiendo. En Mega fue por mi seguridad y la de todo el equipo; y en la Teletón cualquier cosa negativa ya la absorbe mucho injustamente Don Francisco, para qué otro más. Al final, es el bien superior de los niños y adolescentes de la Teletón. Siempre estaré disponible para la Teletón, porque es una institución que quiero y admiro mucho. La palabra resentimiento no está. Miro hacia adelante.

Las canas me han hecho madurar mucho más, igual que viajar, conocerme, enamorarme de la persona con la que estoy y estar alejado de la pantalla. Cuando he creído estar más detenido, es cuando más he avanzado. Tuve una detención laboral, pero personalmente crecí mucho. Seguí aprendiendo cosas nuevas, habilidades, aprendizaje cognitivo, reflexioné y comprendí. Cambié hábitos; nunca hice deporte en mi vida, y hoy estoy en la mejor condición física desde que tengo 18 años. Siempre he sido disciplinado, pero postergué etapa deportiva. Ha habido un crecimiento súper importante. Aprendí y reconocí mis errores. Sería injusto decir que no hice nada; pero estoy seguro que no hice nada que mereciera el nivel de funa que recibí. He ofrecido disculpas porque a veces, sin querer, uno hace daño, a exparejas, pero como cualquiera.

Karol Lucero Teletón
Karol Lucero en la Gira Teletón 2017 por el sur de Chile, sacándose fotos con el público FOTO: YVO SALINAS/AGENCIAUNO

A las personas que somos figuras públicas siempre nos piden, o esperan, que seamos cercanos, que demostremos que somos igual que cualquier persona. Pero cuando nos equivocamos, no nos la perdonan: ¿Por qué no me permiten equivocarme como un igual.

El proyecto de Like Media, de momento, es ad honorem, sin recibir ni uno. Es como cualquier canal de YouTube, que parten así, no generan nada. Estamos con un equipo que son personas como yo, que tienen tiempo, y son más jóvenes por supuesto. Es bacán a veces rodearse de gente joven, porque también uno recibe la energía y se proyecta personas que piensan igual que uno. Cuando tenía esa edad no tenía ni un problema en hacer cosas gratuitas, porque pensaba: “Aprendo y me sirve para algo”. En esa parada estamos, porque sino no es auto-sustentable. Hicimos una marcha blanca, que fue desde agosto, septiembre y octubre, y desde noviembre ya comenzamos con nuestro canal; llevamos catorce capítulos al aire.

El balance que hago es haber generado una muy buena convocatoria para los premios Like Awards 2023. Nos subestimamos a nosotros mismos; pensamos que no tendríamos el poder de convocatoria que logramos, porque igual llevamos poco tiempo en YouTube. Que le hayan tomado un valor las personas que nominamos y haya votado más de un millón y medio de personas, habla de que a la industria le hace falta ese tipo de reconocimiento, como los Copihue de Oro, que son tremendos reconocimientos a las personas.

KAROL LUCERO
Karol hace un buen balance de lo que ha sido su naciente proyecto, Like Media. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Hoy día me cuesta menos conseguir auspicios tras la funa en el estallido social, pero en 2020 perdí un trabajo en el extranjero con MTV; perdí marcas; personas que ya no quería trabajar conmigo por funado; y los haters hasta el día hoy, cuando aparezco en un programa, alegan “¡qué hace ahí, para qué!”. Es súper difícil hacer la lectura de los haters: ¿Qué buscan? ¿Para qué hacen? Para mí un hater es una persona que pierde mucho su tiempo. Si no tienes algo bueno que decir de alguien, ¿para qué? Cuando le estás echando una puteada a alguien, podrías estar haciendo cualquier otra cosa, pero estás odiando y haciendo daño.

En Chile me falta cumplir mi redención en los medios. Si hay algo que me tranquiliza siempre es que nunca, de todas las cosas que se han dicho sobre mí, nunca se ha cuestionado mi calidad laboral. Nunca nadie ha dicho que soy malo, que no hago bien mi pega o pésimo. Siempre se valoró mi profesionalismo. Cuando le dije a Canal 13 que me iba a Mega, ellos nunca hicieron nada, porque podrían haber emitido un comunicado de que “Karol nos dejó botado el proyecto”; se la comieron nomás. Habría sido un tremendo escándalo en los tiempos de los programas de farándula como Primer plano.

Con redención me refiero a que me gustaría volver al espacio que me había ganado como animador o panelista en la TV. Tampoco quiero hacer cualquier cosa, o sea, participar en un programa de tele bailando, por ejemplo, o en un reality. No es lo que busco. Lo más cercano que me ofrecieron era para conducir en un espacio de espectáculos y, si bien siempre seré una persona ligada a la farándula nacional, nunca hablo de otras personas. Sería súper incómodo decir: “¿Quieren saber quién es el nuevo romance de...?”. Lo odio, nunca lo he hecho. Un matinal podría ser, tengo muchas ganas de volver a la televisión a hacer lo que me gusta: un programa de entretención o concursos, feliz. Pero tampoco estoy desesperado. Tengo paciencia, prudencia y ganas. Mientras, Like Media ha sido un proyecto súper bonito que estamos construyendo entre personas que lo único que tenemos es ganas y profesionalismo.

Lo más fácil hubiera sido irme a otro país. Tenía todo para irme: una pareja que me apoya, me ama y está dispuesta a irse conmigo donde quiera, la situación económica para hacerlo, pero no tengo miedo a partir de nuevo, en Chile tengo una deuda conmigo mismo.

KAROL LUCERO
"Lo más fácil hubiera sido irme a otro país", asegura Karol sobre el periodo de funas. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

A María Francisca Virgilio demoré dos años en pedirle pololeo, porque estaba terminando un proceso de mi vida —que me da risa decirlo—, la etapa del “Loquillo”. A los 30 años me rehusaba, pero sabía también que tenía que enrielar mi situación afectiva y amorosa, porque también tengo otros sueños, que es casarme y ser papá. No es compatible, pero cuando tienes 29 años, un buen trabajo, un buen auto, la posibilidad de viajar donde quieres, dices: “Tengo que aprovechar la vida”, y eso estuve haciendo. Hasta que apareció María Francisca y dio un giro 180 grados a lo que estaba viviendo. Si bien demoré dos años, es porque también es un espacio prudente para saber qué es lo que los dos queremos, hacer mérito y conquistarla. Fue un proceso largo y muy bonito.

A María Francisca la conocí en el peak de mi carrera, en el 2017... Y estuvo conmigo en mi peor momento. Podría haberse ido, si hubiera sido una persona interesada por lo que tenía o por lo que representaba: “Este funadísimo no me sirve”. Es una historia poco revelada, pero en la época de funa ella también sufría el daño colateral po’; miles de personas le decían: “¿Por qué estás con él?”, cuestionándoselo, “es un degenerado” y “amiga, date cuenta”. Fue súper valiente. Se mantuvo estoica. Qué fácil es estar con alguien como yo cuando todas las marcas te buscan, vas a todos los eventos y eres VIP en todos lados. Pero ella también estuvo ahí cuando estaban en las calles marchando; peleó hasta con amigas (Se emociona).

A María Francisca le digo “María Francisca”, porque en su familia son cuatro Marías, entonces me acostumbré, como para diferenciarla, a decirle así. La mayoría de las personas le dice “Fran”, todos sus amigos, pero lo hago ya por costumbre. De hecho, ella me dice “Jesús”. Nadie me dice así, sólo ella.

Nos casaremos en noviembre de 2024 con María Francisca. Y me casé con Joaquín Méndez en Las Vegas y nos vamos a divorciar. Es algo que él tiene que organizar con mis amigos y vamos a aprovechar que estaremos allá para la despedida de soltero.

Karol Lucero
Karol y Fran Virgilio se casarán en noviembre del 2024, luego que él le pidiera matrimonio en París.

Soy buzo, paracaidista y para ser piloto me faltan las hora de vuelo; estoy en eso. Siempre me ha gustado aprender cosas nuevas. Para la pandemia, estudié en la Universidad de Chile análisis avanzado de los mercados financieros, las criptomonedas, me gusta mucho la economía y tener nuevas habilidades. Bucear es una habilidad; soy buzo avanzado. Saltar en paracaídas no es algo sencillo. Tiene mucho que ver con la adrenalina. Son emociones que vale la pena sentir. He buceado de noche y es otra experiencia. ¡No ves nada! “Que estoy haciendo”, piensas. “¿Por qué estoy exponiéndome de esta manera”

A través del miedo he ido diversificando. La palabra “miedo” creo que siempre es mal utilizada por la mayoría. Creo que tomar riesgos me ha permitido diversificar y estar hoy día tranquilo. Al principio comencé a invertir, por ejemplo, en bienes raíces. Después compré acciones en Latam, Cencosud, Falabella, Facebook, Microsoft, Colo Colo y de otras empresas extranjeras. Tengo bitcoins. Diferentes instrumentos financieros para que, si a uno va mal, tengo este otro. Tengo depósitos a plazo, que durante la pandemia rindieron súper bien. Me mantiene tranquilo. Voy a ser piloto y soy buzo en cualquier parte del mundo.

Lo más bizarro que he comprado, y que la gente no entiende, es tener bitcoins. Lo tengo ahí por si acaso, para el futuro. Me puedo permitir darlo por perdido si llega algún día a cero. Estoy disponible a decir que “una vez invertí en bitcoins y era una falsedad”, o “invertí y fue bueno”. Pero la mejor inversión que he hecho, sin duda, es viajar. Conozco 70 países y la mitad de mi relación con María Francisca ha sido viajando y conociendo. Me ha permitido mirar hacia atrás y decir: “Todas las cosas pasan por algo”. Me siento súper orgulloso de mí. Me gustaría tener a mi abuelo para preguntarle “¿qué hago en este caso?”.

KAROL LUCERO
Karol se basa en las biografías de grandes personajes para confiar en que a él también le irá bien. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Cuando uno crece empieza a crear su propia historia. Leo muchas biografías de personas y no hay ninguno que no haya pasado por momentos de frustraciones y fracasos, que han sido de años, a veces permanentes. Conocemos a las personas exitosas y los peaks de lsus historias, pero sus fracasos, separaciones y momentos que nadie vio, no. Creo que estoy en esa etapa.

No me gusta que me hagan regalos, como en los cumpleaños. Evito ese tipo de cosas. Me hace muy feliz compartir con la gente que quiero; y si podemos ayudar a un desconocido, le da mucho más sentido. Para mi cumpleaños, el del body sushi, todos los regalos fueron una donación para un hogar de ancianos; le remodelamos la cocina y el patio. Eso no apareció en ningún lado. A nadie le importó; el body sushi era lo realmente importante. Es extraño. Tengo un grupo que se llama “Ayuda al prójimo”, desde el 2012; nunca nadie me ha hecho una nota por eso; he ido a más de mil bingos a beneficio, publicamos causas y hemos hecho campañas. Para el mismo estallido social íbamos a regalar comida y como tres veces me pasó que la entregaba, me iba y me gritaban: “Chúpalo, Karol Dance”, las mismas personas a las que les daba comida.

Le puedo pedir a cualquier persona: “Nómbrame a una persona con la que he sido degenerada, acosador o la he estafado”. No me pueden nombrar a ninguna. Pero te puedo nombrar a más de 500 personas, con nombre y apellido, que he ayudado. ¿Cuál es el valor de eso? ¿A quién le importa realmente? Si me pusiera a entrevistar a esas personas e hiciera un video, dirían: “Este qué se cree”. Cuando no publicas que ayudas, te dicen: “Deberías ayudar”. Y cuando publicas: “Oye, eso deberías hacerlo en silencio”. ¡Todo está mal! Uno no sabe qué hacer. Eso me pasaba para la época de pandemia.

Nunca me interesó el copete, nunca tomé. El vino lo comencé a tomar porque un día estaba en el Burj Al Arab, que es hotel siete estrellas de Dubái, y había cuatro tipos de vino: español, italiano, francés y chileno. “Hay vino chileno acá y yo ni siquiera tomo”, pensé. Llegué a Chile y dije: “Empezaré a tomar, porque por algo en el hotel más lujoso del mundo hay vino chileno”. Aprendí a tomar. Hoy día trabajo con una viña, Santa Catalina. Me gustaría algún día tener un vino que se llame “Resiliente”.

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Karol nunca ha sido adepto al alcohol y recién en los últimos años ha aprendido a tomar vino. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Cuestionario pop

Si no hubiera sido animador o conductor de televisión, habría sido abogado dedicado a la política, lo más probable.

En mi época universitaria era un nerd. Tenía poco éxito con las niñas, era muy tímido; a pesar de que era extrovertido, como que no tenía mucho mundo, era todo nuevo. Enfrentarme a una mina o sacarla a bailar era imposible. Con Yingo eso cambió, me entregó mucha seguridad. El cambio es radical: en la universidad decía “hola, ¿quieren bailar?” y era un “no” rotundo; y así, una maratón que hemos vivido todos los hombres. Pero cuando empecé a salir en la tele, ya no tenía que decir “¿bailemos?”; era conexión de vista nomás. “Soy la misma persona”, me preguntaba. “¿qué cambió?”. Sólo que era conocido. Es cuático eso; me hizo dudar mucho de encontrar una relación sería: “¿Están conmigo por quién soy o por lo que parezco ser?”.

Un apodo que tuve fue “Icarito”, que me decían en el colegio, en la media. “Karol” es un apodo, jaja.

Un sueño pendiente es ser padre y formar una familia. Me gustaría en el mediano plazo. Quiero casarme primero.

Una cábala que tengo es que soy muy optimista, siempre pienso que todo va a salir bien.

Una frase favorita es “carpe diem”.

KAROL LUCERO
Un sueño pendiente que tiene Karol es convertirse en padre. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Mi comida favorita es la italiana, aunque mi plato favorito es el pastel de choclo. Pero de la italiana me gustan los ravioles rellenos con queso de cabra y cebolla caramelizada. Me encanta. He tenido la suerte de viajar por muchas partes y, si tengo hambre, voy a la segura en un restorán italiano donde sabes que vas a quedar satisfecho, comerás rico y no te arriesgas a que no te guste. Los italianos tienen buen vino, helado, café... Culinariamente son los maestros.

Un trabajo que no se sabe es que fui lavacopas, a los 17 años. Fue el primero, para pagar la universidad, antes de comenzar a animar las fiestas pokemonas, en Antorchas Pub, de mi primo, que todavía está abierto en Las Vizcachas.

Mi primer sueldo lo gasté en invitar a mi familia a comer. Quería pagar la cuenta; esa ha sido una de las satisfacciones más lindas que he sentido en mi vida.

Un hobbie es que me gusta la economía, la actualidad, la política y la filosofía. Soy muy bueno para estudiar.

KAROL LUCERO
El animador dice que ha tratado de devolverle a su familia todo lo que le han dado. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Un animador chileno que admiro es Mario Kreutzberger, y Felipe Camiroaga.

Entre mi música nunca falta Luis Miguel.

Soy súper poco talentoso. No me destaco en nada. Siempre he sido muy esforzado. Soy más hijo del rigor y el mérito que del talento.

Una película que me hace llorar es Diario de una pasión y En busca de la felicidad.

A veces creo en el horóscopo. Le echo un vistazo. Soy Aries.

Si pudiera tener un súper poder sería la teletransportación, para poder ir a todos lados.

KAROL LUCERO
Algo que disfruta Karol es ver viejos capítulos de Yingo para notar su evolución en pantalla. FOTO: BASTIAN SEPULVEDA

Un placer culpable es que me gusta ver capítulos de Yingo, me traen muchos recuerdos. A veces me pongo a ver cómo era y cómo me expresaba. Me cuesta creer, sobre todo antes de que fuera animador, que era el tipo que bailaba atrás. Cómo fui llegando a adelante, me gusta ver eso. Me hace feliz.

Si pudiera invitar a tres personas de la Historia a un asado, uno sería Leonardo da Vinci. Me gustaría tener una conversación con él, ideó el paracaídas, la escafandra y el helicóptero cuando no existían los recursos; hizo los planos pero nunca pudo ejecutarlos. Nelson Mandela, que sí que fue resiliente: estuvo preso y después fue el presidente de Sudáfrica. Y mi abuelo, para contarle todo lo que he vivido, para agradecerle.

Karol Lucero es un resiliente.

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