La Firme con Gonzalo Egas: “Colgué los botines en el amor… por culpa mía”

Gonzalo Egas, instructor de artes marciales mixtas, ganador de La Granja. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.
Gonzalo Egas, instructor de artes marciales mixtas, ganador de La Granja. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Instructor de artes marciales mixtas, ganador de La Granja y percibido por el medio como uno de los mejores chicos reality que han habido, Gonzalo Egas se sentó con el diario pop para repasar todo ese camino. Y claro, para explicar por qué no ingresó a Tierra Brava, cuando todos lo daban como un número puesto.

Gonzalo Egas volvía de una fiesta en algún local de la Plaza San Enrique cuando se detuvo en el faro del Apumanque para comer una hamburguesa.

Ya ubicado en la fila del Burger King, mientras ojeaba las ofertas disponibles, reparó en dos cosas: delante suyo estaba Manuel Alejandro Neira, exdelantero de Colo Colo y mundialista en Francia 1998, y arriba, en una de las mesas del segundo piso, su mayor ídolo deportivo, el “Matador” Marcelo Salas, conversaba con otro tipo, de seguro un amigo. De todos modos, aunque obtener una fotografía, quizás cruzar algunas palabras con él hubiera sido excepcional, al instructor de artes marciales mixtas no se le pasaba por la cabeza molestar.

Entonces, una de las tantas veces que desvió su mirada hacia esa dirección buscando a su héroe, advirtió que la persona que lo acompañaba llamaba a alguien de la fila. Está con Salas, no es pa’ mí, pensó Egas de buenas a primeras. De hecho, se convenció que trataban de dar con Manuel Neira, le tocó el hombro para avisarle, pero no: desde el segundo tipo, las señas continuaban. Miró atrás para cerciorarse, pero nadie respondía al llamado. Lentamente volvió a girar, levantó la cabeza y se atrevió: “¿Es para mí?”.

—Subo, po hueón —continúa la historia el propio Egas, y lo podemos imaginar caminando las escalas con el nerviosismo de un niño que se acerca a un mayor—.

Le estrecha la mano al “Matador” y el goleador, como en sus mejores partidos, rápidamente lo encara: “¿Cómo está la Vicky?”.

—¿Cómo me pregunta Marcelo Salas esa hueá?, jajajajá. Le dije: no sabís lo que significa esto pa’ mí, hueón.

Roto el hielo, Egas le hizo saber de su fanatismo por la Universidad de Chile y en especial por su figura. Le habló de su debut, de la épica del ‘94, de lo mucho que sufrió la eliminación en semifinales de Copa Libertadores ante River Plate dos años después. “Me hiciste feliz inmensamente”, resumió. Salas, algo sorprendido, lo invitó a tomar asiento para conversar un rato.

Y estaban en eso cuando se acercó a la mesa una chica. “¿Puedo pedir un autógrafo?”. Gonzalo hizo lo que probablemente cualquiera en esa situación: se corrió a un costado para que Marcelo atendiera la solicitud. Pero ella lo frenó: “No, no, tuyo”.

—¡¡¡¿Qué?!!! ¿Sabís quién es él? Marcelo Salas, ¡¡cómo no vas a saber!!, el goleador de la selección nacional, multicampeón con la “U”, campeón con River, con la Lazio, jugó en la Juve —no fueron sus palabras exactas, pero algo así dice que le dijo el exchico reality a la joven antes de firmar. Entonces retoma—: Para mí el mejor hueón que hemos tenido en Chile, por sobre todos los demás. Y me pide un autógrafo a mí…

Cuando la muchacha se fue, después de haber contribuido acaso a la mejor anécdota de su vida, Gonzalo Egas cayó en cuenta:

—Ahí dije no, esta hueá... soy famoso.

Aquí, el taekwondista devenido peleador de valetodo, instructor de artes marciales mixtas, ganador de La Granja y participante de 1810, ahora productor y comentarista de deportes de contacto, hablará de esa fama con el diario pop. ¿Por qué dedicarse a las peleas? ¿Es un deporte o lisa y llanamente violencia? ¿Es cierto que alguna vez le hicieron bullying? ¿Fue tan dispareja la final del reality? ¿Volvería al formato? Todo eso, a continuación.

La firme con Gonzalo Egas

Siempre he estado vinculado desde chico a los deportes de contacto. En un inicio, básicamente a las artes marciales. Después derivé a las artes marciales mixtas o valetodo en ese tiempo. Y después, ya comunicando, me abrí a las distintas disciplinas. Para mí, trabajar en TNT Sports como productor y presentador es en realidad lo que siempre quise hacer. No sé si es un sueño cumplido, pero algo muy parecido a eso. Después de haber practicado de manera aficionada, como se practican las artes marciales tradicionales en Chile, y haber competido, siempre quise dar a conocer estos deportes. Yo sentía que había un gusto por eso, pero no estaba la oferta a disposición del público en general. El hecho de estar haciéndolo en TNT Sports, el canal más grande de Chile de deportes, con todo el trabajo del equipo detrás y la confianza que nos dieron hace ya casi cuatro años, me da mucho orgullo.

Buscamos que el producto deportivo, más allá del televisivo, tenga un nivel que la gente diga ¿esto es México? ¿Esto es Estados Unidos? Creo que hemos logrado eso. He trabajado en promotoras y ahora para TNT Sports. La labor es bien compleja: hay que coordinar la parte deportiva con la producción televisiva, que es mi rol en este momento. La promotora hace su labor de manera independiente, sin embargo nosotros tenemos que pedirle ciertas cosas para que tengan un estándar televisivo, porque hay muchos eventos de deportes de contacto en nuestro país hoy en día, pero no todos tienen un estándar donde uno pueda decir vale la pena transmitirlo. Hay ganas, hay corazón, hay entrega de parte de los atletas, pero la infraestructura es mala, no está el equipamiento, las peleas no están bien cerradas, son disparejas, o de repente son muy chicos muy novicios. Mi labor es tratar de que lo que hace la promotora tenga un estándar deseable para que nosotros en la transmisión, que es de nivel internacional, se condiga con lo que nosotros mostramos en pantalla.

En diciembre hicimos una velada de boxeo amateur y comenzamos con el boxeo profesional. Antes habíamos hecho artes marciales mixtas profesionales, kickboxing profesional, muay thai profesional y boxeo amateur, hasta octubre. Es otro hito más dentro de lo que estamos haciendo en TNT Sports, porque entendemos que el boxeo profesional, en los deportes de contacto, es el olimpo por decir de alguna forma. Es el gran deporte, los grandes números a nivel mundial, los grandes peleadores de box son los que se llevan las grandes bolsas. Pudimos dar ese paso, tener dos peleas de boxeo profesional en nuestro estudio, con la producción de Empire Box Promotions.

Este año vamos a tener Fighting y va a ser súper intenso, con muchas veladas. Esperamos sorprender a todos los fanáticos y fanáticas durante el primer semestre para que vean que lo que estamos haciendo es invertir. La apuesta tiene que ver con el resultado de azar y la inversión tiene que ver con el trabajo, con un método, con entender que si hacemos las cosas como queremos y suceden como creemos que deben suceder, vamos a tener buenos resultados. Lo que más me gusta es que es de crecimiento: no nos quedamos con lo que hemos hecho hasta ahora, sino que vamos avanzando.


GONZALO EGAS
Gonzalo Egas se entrena prácticamente a diario en el gimnasio EmpireBox. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Tengo una buena anécdota del crecimiento del deporte y personal: hace muchos años atrás, tuve un programa en Vive Deportes. Arrendé un espacio en ese canal y entrevistaba a peleadores. Yo estaba comenzando, de manera autónoma, a tratar de difundir esto de las artes marciales mixtas y los deportes de contacto, y entrevisté en ese minuto a Ignacio Bahamondes, actual peleador de la UFC. Lo conocí ahí, pero sabía quién era él, porque la familia Bahamondes es muy conocida en Chile en los deportes de contacto. Grababa con mi celular que era un Samsung S6, dos cámaras DSLR distintas, y después una chica me ayudaba a editar, a montar todo, con lavalier... ¡una locura! Muy artesanal, pero salía bonito. Y yo le preguntaba a Ignacio, oye, ¿y cuáles son tus sueños? 2015, creo. Me decía: quiero ir a Estados Unidos a hacer carrera, porque quiero llegar a UFC. Pasaron seis o siete años y lo entrevisté en el podcast de TNT Sports, y le dije: Ignacio, increíble cómo hemos crecido, no sólo tu como peleador. Lo llevé a esa instancia: te entrevisté hace unos atrás, me decías que tu sueño era estar y estás, y yo sin saberlo, mi sueño también era estar y estoy. ¿Dónde? Entrevistándote en el mejor lugar donde te pueden entrevistar en Chile en deportes de contacto.

Las artes marciales mixtas se han transformado en un deporte. Antes, en sus inicios, me parece que no se podían catalogar como un deporte simplemente porque no lo habían distinguido. El término se acuñó en Estados Unidos, y en realidad es mezcladas más que mixtas. Porque el concepto “mixto” nosotros lo manejamos para hombre y mujer. Ellos lo que hacían era jiu jitsu versus karate, kung fu versus box. Uno ve peleas de las primeras, y había un peleador que alguna vez salió con un guante de box y la otra mano libre. Había golpes en los testículos, tirones de pelo, patadas en el piso. Incluso algunas eran libres de tiempo. Por eso no se definía como deporte, porque no había un reglamento. Con el paso del tiempo a la gente le empezó a gustar, empezaron a entender que esto se podía transformar en algo profesional y alguien dijo son como artes marciales mixtas. Ahí se acuñó el concepto y empezó el proceso regulatorio, a través de UFC, que en Occidente es muy importante, y también las comisiones atléticas de los estados. Hoy hay divisiones de peso, los peleadores y peleadoras están sometidos a control de doping. Ya son artistas marciales mixtos, tienen que hacer de todo.

No me ha sorprendido el nivel chileno, porque conozco a los atletas y las atletas que hay en nuestro país. En realidad, no me sorprende que estén donde estén gente como Ignacio Bahamondes o como Diego Rivas. Como en su minuto Pablo Villaseca, Pablo Burgos que está en Combate Global, como Iván Galaz que es un exponente del kickboxing increíble. La gente se sorprende porque están súper invisibilizados, hasta lo que estamos haciendo ahora en TNT Sports. Porque no había cómo consumir al peleador chileno. Si no sabía que había un evento en tal lugar, no podía ir, porque no tenía conocimiento y los medios tampoco lo mostraban. Con la aparición de Diego, la de Ignacio, eso fue cambiando.

Yo creo que en Chile al peleador le falta lucha. Hay jiu jitsu, pero falta lucha olímpica. Le falta estar de pie y ser un poco más rudo a nivel de piso. No tenemos la lucha como la tiene Estados Unidos, México, como se ve en Canadá, en algunos países de Europa del este. Estos grandes nombres rusos que uno ve, uzbekos, es gente que tiene lucha. Que van al colegio de chicos y lucha, lucha, lucha, y no sólo lucha olímpica sino lucha de acuerdo a lo que hacían en su nación. Cuando tengamos un poquito más de lucha, no va estar solamente Ignacio Bahamondes, sino cinco o seis arriba. Hace poco estuvo Eduardo Torres peleando en el Dana White Contender Series. Eduardo es un striker, ¿y qué le falló? Lo llevaron al piso y lo terminaron. Hay una cosa... es como cuando tú decís: ¿el gringo es bueno pa’l fútbol? Es malo, malo. Porque no lo viven de chico. Nos falta eso.

No te puedo nombrar un solo peleador, en Chile hay muy buenos. Los hermanos Manzur. Me encanta lo que hace Alfredo Muaiad, lo que está haciendo Pablo Burgos. No te puedo destacar uno; realmente hay muchos que están en gran nivel. Eduardo Torres es un tremendo nombre y no me cabe la menor duda que probablemente vaya a llegar a la UFC por otra vía, o a una compañía grande igual, tiene tremendo talento. José Ferreira, Tiro loco, también tremendo talento. Cristopher Ewert fue a pelear a Miami, con un gringo mutante y lo desguañangó prontamente, lo terminó de una forma rudísima. Fue a pelear a Brasil kickboxing y ganó a un brasileño... o sea, tienes que haberle ganado muy bien.


GONZALO EGAS
En su carrera en el valetodo, Egas se retiró con un saldo de 4 a 0. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

De chico comencé con las artes marciales, sin saberlo, con un saco colgado en mi casa. Un saco como de marinero, de éstos donde se mete mucha ropa, y lo colgué y le empecé a pegar en la casa, patadas, de todo. De forma súper autodidacta; no había YouTube, no había nada. Yo veía alguna película... Retroceder nunca, rendirse jamás de Van Damme, pero uno no tenía cómo informarse. Y yo le pegaba al saco, me creía que era bueno. Y un día, pasando por Irarrázabal con Campo de Deportes, íbamos a comprar alimento pa’ pececitos con una novia que tenía en esa época, un poquito más abajo estaba el gimnasio de los hermanos Toutin, Raúl y Marcel. Veo y salía kung fu, karate, taekwondo. Entré al lugar y como lo de ellos es una escuela de kung fu tradicional, olor a incienso, había estas máscaras que ocupan para la danza del león, sables. Me sentía en Pekín. Una locura. Entré y justo había una clase de taekwondo, que es coreano, y vi a un chico ahí y dije no, yo quiero ser éste. El chico estaba abierto de piernas completamente. Dije: este hueón debe ser Rambo y Comando juntos. Así que ahí comencé con las artes marciales tradicionales, que fue con taekwondo estilo ITF, me gradué hasta cinturón negro segundo dan.

Fui a un Campeonato Mundial en Argentina (1999), ahí fue mi primer knockout... me noquearon. ¡Terrible, jajajá, fue una maravilla! Voy a pelear y no me dijeron mis compañeros el cuadro. No me dijeron hasta un par de horas antes de ir. Se acerca un amigo mío y me dice Gonzalo, te toca con Stephen Tapilatu... Le digo, ya, ¿y quién es? Me dice: es holandés nacido en Indonesia... y digo, ya po, vamos po hueón. Y me dice: no, pero es que le pegó al profe... Le había pegado a nuestro profe en un mundial anterior. Yo estaba en la esquina, estaba sentado, y mi profe me dice: Gonzalo, éste me pegó a mí, así que usted tiene que vengarme. Yo al principio bien, tiré un par de piernas, capaz que haga algo. Tiro un giro, una cosa que no se hace en un campeonato mundial... fue como tratar de pasarte de hoyito a Sergio Ramos, te quiebra la rodilla, ¿cachái? Bueno, hice eso y el tipo sale por un lado, me mete una mano en un pómulo y me botó. Luna Park, Buenos Aires, el lugar más emblemático del deporte de contacto para ellos. Quedé con tercianas, no podía pararme. Y el creador del taekwondo, el general Choi (Hong Hi) justo había entrado al lugar. Yo estaba peleando en la primera área, el caballero entra, se pone a ver mi combate y yo en el piso... ¡una locura!

Ahí entendí que para ser artista marcial no necesitaba manejar 855 mil técnicas, sino que tenías manejar dos o tres pero a la perfección. Había un alemán que ganó la mayor división de peso en el taekwondo, no me acuerdo, debió haber sido hasta 90 kilos. Y el tipo lo único que hacía era una patada. La típica patada al medio con el empeine. No hacía más nada, pero era impresionante, el tipo tenía un timing... era horrible cómo peleaba, tú decíai, no, no puede ganar. Pero lo tenía tan mecanizado que tú movías una ceja y él pateaba. Ahí entendí eso: está bueno hacer todas las maromas, pero que si quieres resultados tienes que buscar tu estilo de pelea.

Abrí mi academia en 2003, se llamaba Ring Side. Quedaba en La Oración con Las Condes. Convocamos a gente del kung fu, full contact, box, yo hacía taekwondo. Y llamé a Cristian Martínez y le pregunté si quería hacer clases en nuestra academia. Yo lo había conocido en la escuela de mi profe, después se fue. Y dijo que sí. Estuvo un tiempo y después se fue a Estados Unidos a seguir capacitándose y dejó a un profesor, a Juan Eduardo Varela. Yo empecé a entrenar con ellos, me quise meter porque me gustaba. Sentía que en el taekwondo era bueno, pero quería algo más. Y a los pocos meses de haber comenzado con eso, en 2004 les dije que quería probar en una peleíta. Porque en realidad entrenar esto para no hacerlo... ¿cachái? Y estaba bien entrenado, tenía buen cardio. Las piernas las ocupaba más o menos bien. Las manos yo creía que bien. Tenía algo de lucha. Y me dijo que sí, así que armaron una pelea en Recoleta.

Me subí a pelear en valetodo y gané... pero me comí una pateadura terrible. Mi récord es 4 a 0. Peleé en Arica también. Con el profe Gorila Martínez nos fuimos para allá varios; yo quería boxearme al tipo y justo antes de pelear me dice: Marco Pastene es un peleador muy bueno, Gonza no lo boxees porque lo acabo de ver hacer sombra y el hueón se mueve, se nota que viene del box. Y después me enteré que el tipo era campeón regional de box. Boxeando el hueón me iba a matar, así que amago un par de puños arriba, un par de patadas, el cabro me mira con cara de éste no existe, y cuando viene encima mío me metí debajo con un tackle, y ahí lo tiré y lo terminé con una guillotina. Mi primera pelea fue en Recoleta, como te decía, un lugar chiquitito, como una cancha de baby, un ambiente muy under. Ahí gané por knockout técnico en el tercer asalto porque le corté la ceja al muchacho con un rodillazo. Tuve un knockout técnico, un knockout, una sumisión y otra por decisión. Las cuatro modalidades.

Los golpes arriba del ring o de lo que sea, salvo alguna excepción, no duelen. Por cierto, si hay una fractura de nariz, una fractura de tibia peroné, alguna fractura de otro nivel. Ahora, yo vi pelear a Julio Álamos acá, campeón latino, hace tres o cuatro años y estaba solo con la mano derecha. Y yo dije: este hueón se fracturó. Efectivamente, peleó doce rounds y en el sexto se había roto un metacarpiano o algo, un huesito de la muñeca y el hueón no podía ocupar la mano. Eso les duele pero no los inhabilita. Hay gente que se ha fracturado un par de dientes y no pasa nada. Pero cuando es tibia peroné o alguien que se rompe directamente la mandíbula, ahí el dolor aparece...

Mi llegada a la lucha libre profesional fue a través de las artes marciales mixtas. Iba a pelear en UFC uno de los primeros peleadores que volvió hace poco a la WWE, CM Punk. Entonces yo quería la opinión de Ariel Levy, quería preguntarle qué opinaba de que CM Punk se subiera al octágono. Fui a entrevistarlo al Teatro Teletón, pero no estaba, no lo pude ver, no sé qué pasó. Yo estaba con los chicos, estaba con mi camarita, les cuento lo que quería, pero bueno, no se pudo. Y me preguntan si les puedo mandar un saludo. Les mando un saludo, y me dicen: ¿algún saludito para Ariel? Y yo cachando un poco la industria de la lucha libre, hice una promo para apoyar... fue como: Ariel, que te vaya súper bien, quédate en esta disciplina que en realidad es inferior. Tú sabís que si venís pa’l lado de nosotros, te desguañangamos en tres tiempos, saludos y sigue jugueteando. Una pesadez, pero yo entendía que era parte del negocio. Yo no quería participar de la hueá, lo hice solamente para prestarme al show. Y me llaman al otro día los productores y me dicen que estuvo súper bueno lo que hice, y me invitan para hacer algo.

Se supone que después iba a luchar con Ariel. Fui de nuevo al Teletón, salí, choqué la mano con los hueones, me paré en las cuerdas, y sale Ariel en una pantalla gigante. Me dice: pichón, Egas, estoy en Cancún tomándome unos tequilas y vos ahí pendejeando. No existes para mí. Ya, la raja. Fuimos armando la historia. Y después nos topamos en el Caupolicán, cuando él luchaba con un inglés. Ahí subimos a camarines, hablamos lo que íbamos a hacer. Y cuando él estaba luchando con el muchacho, él me empuja y nos pegamos.

Para mi hijo fue un poco chocante, porque yo fui con él pero no le dije que iba a hacer esto. Le dije hijo, voy a hacer una cosa y vuelvo. Mi hijo tenía cinco años, estaba en un palco del Caupolicán, con unos papás amigos nuestros y sus hijos también. Y de repente ve... de hecho, hay un video en YouTube que se escucha que grita: ¡¡¡mi papá, qué le pasa, qué le hacen!!! Porque Ariel me empuja, caigo para atrás encima de la gente, todo pauteado jajajá, ¡pero me sacan los guardias! No, y no sé qué y la hueá, jajajá. Mi hijo pa’ la cagá, jajajá, y después llego al rato y me dice: pensé que te estaban sacando. Gritaba ¡¡¡dejen a mi papi!!! Ah, y uno de los chicos de la promotora que estaba detrás mío, le quebré el brazo, hueón... cuando me tiran pa’ atrás, le caigo encima. No sé qué le pasó, si se le quebró el cubito o el radio, pero terminó como tres meses enyesado, jajajá. Salió súper choro... Ariel encantador y la producción preciosa. Y convocó a mucha gente: estaba llenísimo.


GONZALO EGAS
Gonzalo vivió de los 8 a los 11 años en México. Como se le pegó el acento mexicano, a su regreso sufrió de bullying. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

También fui a luchar a Antofagasta, Team Chile versus Team Argentina... y estaba lesionado. Era HellSpawn, Gonzalo Egas, con ese nombre jajajá, y un muchacho que era el productor, Darko creo que se llamaba, que peleaba con una máscara como de 300. Y peleábamos contra un chileno que fue a Mendoza durante doce horas y volvió con acento argentino y era como el presidente de la compañía, Luky Buzzio y un hueón que iba pasando por afuera, jajajá. Fue divertido, porque jugando a la pelota me había fisurado las costillas heavy, casi no voy. No podía ni respirar. Y le digo: Luky, ¡no me toquís por el lado derecho!, porque inhalar profundo me dolía. Pero bueno, igual quería vivir la experiencia y estaba Carlito (NdeR: Carlito Caribbean Cool, luchador de WWE). Estábamos arriba, luchando y Luky me agarra. Me dice: che, te voy a tirar. Y le digo, no, no me tires. Sí, te voy a tirar porque esto como que no prende. Culiao me pesca y me tira pa’ abajo del ring, y me empieza a pegar como ese zapateo falso que hacen... igual te toca, po, y me dejó pa’ la cagá, jajajajá. Después, arriba agarro a otro a machetazos y me dice: más fuerte. Y yo: estoy con toda mi fuerza. Pero no, quería más, así que di vuelta la mano. Fue pa’ cagarse de la risa. El show lo tienen muy claro.

Estuve a punto de pelear en un show con Rey Mysterio. No sé qué pasó, estaba en la cartelera para luchar, en Concepción, estaba en el afiche. Quería ir, mirarlo a él, que es un emblema de la lucha libre mundial. Se bajó la hueá, no sé qué les pasó, no sé si no tenían lucas para pagar... creo que vino el hombre después a hacer una fecha pero yo no estaba contemplado. Pero estuve a punto de compartir cartelera con Rey Mysterio. Me hubiera encantado.

Si me preguntái si la lucha libre es real... ¡es real! jajajá. ¡Nadie lo puede negar!

Es legítimo que haya gente que considere que estas disciplinas no sean deporte. La definición de deporte en la Real Academia, a grandes rasgos, es: actividad realizada generalmente al aire libre sujeta a ciertas reglas y estructuras. Desde mi punto de vista, cuando dos personas adultas o incluso menores, pero bajo un reglamento, dan su consentimiento para competir entre ellos, cuando entienden que hay una supervisión de personas que pueden estar a cargo y tomar medidas de resguardo de ellos en un lugar reglado, con réferi, con jueces, con gente calificada, me parece que es súper legítimo que se considere deporte. Si alguien no lo hace, que no lo haga. Si alguien me dice para mí no es deporte, te felicito, dedito pa’ arriba, cambia de tele o anda a otro estadio. Pero ya esa lucha de defender a ultranza algo, no la doy.

Hay gente que dice que es muy violento: sí. Hay gente, como yo, que nos dedicamos a estos deportes, que nos gusta competir. Que entendemos que lo que pasa arriba del ring, de una jaula, de un tatami, es una expresión de lucha muy primitiva pero muy nuestra, dentro de nuestro ser. Durante mucho tiempo, incluso yo, tratábamos de justificar esto y decíamos que no, pero es violento. Claro que es violento. Yo dejé de negarlo... como también son violentas otras cosas en nuestra sociedad, como las policías pueden ser violentas en su minuto, como los militares por obligación tienen que ser violentos en algún minuto. Hay muchas cosas que son violentas y son parte de nuestra sociedad. Yo creo que un problema que tenemos nosotros es que tratamos de esconder ciertas cosas debajo de la alfombra, cuando en realidad es parte de. Hay gente a la que le gusta dedicarse a estos golpes.


GONZALO EGAS
Actualmente, el exchico reality se dedica a la promoción y comentario de peleas en TNT Sports. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Yo en la jaula era, como en el fútbol, Luis Musrri. Guardando las proporciones, porque él llegó a un nivel de clase internacional, fue seleccionado. No, no, otra cosa. Yo era un peleador aguerrido, no me consideraba virtuoso. No era alguien que manejara las piernas de maravilla o las manos increíble. Era como Musrri, un jugador que entendía que tenía que agarrarla y pasársela al compañero, justo y preciso, que corría, metía. Corazón, todo lo que uno quiere en un atleta. A Musrri no le podíai pedir que te metiera un pase a tres dedos, pero el equipo partía por Musrri. Yo tenía eso: tenía buen cardio, iba pa’l frente, me tenían que tumbar duro. Pero yo no era un tipo que dijeran oye, la mano de éste es buena o mira las piernas.

A cualquiera de nosotros, de los artistas marciales tradicionales o mixtos, nos hubiera gustado llegar a una compañía importante como UFC. En nuestra época era impensado, porque había un abismo de diferencia entre lo que hacíamos. Lo que yo hacía era profesional... pero en esa época.

Si yo, con las condiciones que tenía entonces, hubiera peleado con uno de los chicos de hoy día, me sacan la cabeza. El Jaula Bahamondes me mata. Cualquiera de los profesionales de hoy. Yo fui de la segunda generación. Estaba Cristian Martínez, Víctor Vásquez, estaban los pioneros de esto. Después vino una primera camada de alumnos de Cristian: Rodrigo González, Marcos Pastene, Cristian Silva. Y después venía la segunda camada, que éramos nosotros, pero era súper rústico en lo técnico. En mis peleas, de hecho, no me pesaba. Era un aproximado y dedito pa’ arriba. La primera pelea, en Talcahuano, la hice con un compañero de gimnasio. Y no nos pagaban más encima. Ahora te pagan, quizás no mucho en Chile, pero te llevái algo.

Tuve la oportunidad de conocer al “Cowboy” Cerrone. Tipazo, simpatiquísimo. Estaba trabajando para Harley Davidson en Las Vegas, fui al UFC 200 y el hueón estaba afuera, en un banco de prueba con la moto. Yo no me subí pero estaba ahí, el tipo súper amable. Pa’ que cachís el nivel de estrella. “Cowboy” Cerrone, creo que el hueón con más peleas en la compañía, una locura, un monstruo. Y el hueón estaba en un banco de prueba con las motos, entonces a los que íbamos entrando nos decía si queríamos probarla. Te subíai a la Harley y te enseñaban a levantar rueda y él estaba ahí haciendo eso. Muy buena onda.

Tengo dos ídolos: Fedor Emelianenko y Demetrious Johnson. Fedor me hizo enamorarme de esto, decir hueón, qué nivel de profesional de las peleas. Y de la era moderna, por decir de alguna manera, me quedo con Demetrious Johnson, porque para mí es el mejor peleador de la historia de las artes marciales mixtas. Desde mi punto de vista, es mucho mejor que los que suelen nombrar.

Conor McGregor es muy buen peleador y ayudó mucho a las artes marciales mixtas a difundirse. Tiene muy buen marketing. Evidentemente no era el mejor luchador... ahora, ¡tenía un striking superlativo! El tipo con las manos tiene un timing que no sé si alguien más lo tenía. Pero hay peleadores mucho más completos que él, y por algo también lo terminaron como lo terminaron algunos peleadores, como Nate Díaz, que no es alguien de excelencia.

La mejor pelea que vi fue Dan Henderson versus Shogun Rua. Fue una salvajada... noo, fue una cosa de locos. Me emocioné. ¿Sabes por qué? Yo agradezco siempre a gente que está dispuesta a poner en riesgo su salud para poder entretener a los demás. Lo hacen por su trabajo, su vida y por cierto que sí, po. Pero cuando tú cachái que ya están en cierto nivel, no lo necesitan y lo siguen haciendo. Porque les gusta. Les gusta medirse. Y encuentro épico que haya un ser humano que esté dispuesto a subirse a algo y dar todo de sí para poder derrotar a otro, y terminar diciendo, en estricto rigor, fui superior a ti. Es el único momento donde tú puedes demostrar eso desde lo físico, en ningún otro lugar en el mundo ni en otra instancia. Estos cabros se suben ahí... y digo: si son mujeres, tienen ovarios, si son hombres como quieran llamarlo, cojones. Tienen algo distinto. Lo encuentro admirable.


GONZALO EGAS
Egas ingresó a La Granja convencido de quedarse con el premio mayor. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Me metí a La Granja porque una vecina me avisó. Yo vivía en un edificio, en un cuarto piso y teníamos puertas casi colindantes, era mi compañera de universidad además. Yo vivía con mi madre y un día, llegando en la noche, me escuchó y me dijo Gonza, cómo estái, oye, hay un reality en Canal 13. ¿Y? Métete... yo le dije pero cómo me voy a meter, si es de actuar y la hueá. Yo me imaginaba algo como Protagonistas de la fama. Y me dice: no, es de una granja y competencias. Y me insiste, porque nosotros en la familia tenemos una parcela en Pirque. Yo no era experto, pero sabía hacer un arado, yo había hecho la casa con un maestro, una casa prefabricada, la había montado yo. Me pasái un serrucho, un par de clavos y te puedo hacer una hueá, ¿cachái? Me dice que hay 50 millones de pesos de premio y, ya, méteme a la hueá.

Tuve que convencer al psicólogo para entrar a La Granja. Pasé la primera entrevista con la productora y luego hubo otra entrevista más, psicólogo, todo el tema. El tipo me decía, ya, pero por qué. Y yo le decía: escúchame, alguien va a ganar esto, imagínate que cuando gane yo tú digas “yo le di el visto bueno” a este hueón. El tipo me creyó.

Me creía el cuento de ganar... me había agarrado a combos dentro de una jaula, ¿cómo no iba a poder intentar ganar esto? Yo estaba súper preparado, había peleado hace poco, entrenaba a diario, hacía clases, físicamente estaba en mi mejor momento.

Antes de entrar le regalé un ramo de flores a una productora. Ya cuando estaba grabando los perfiles, había una chica muy linda y la Quena, mi amiga que me inscribió, tiene una florería. Entonces, fui a grabar a San Carlos de Apoquindo, la vi, la había encontrado preciosa, le pregunté a un productor cómo se llamaba la chica que estaba allá. Llego al canal y le digo Quena, mándate un ramo de flores, 24 flores, a la oficina a nombre de Juanita no sé cuánto. Manda la hueá, por favor. Yo estaba pato... le dije que me vendiera la hueá barato, jajajá. Mandé la hueá, po. Y me llamaron a los tres o cuatro días a la otra cita, me dicen quedó la cagá porque hiciste eso. A la chica la retaron, porque pensaron que había tenido contacto conmigo, ¡y yo la vi de pasada, nomás! Yo pensé que era un gesto amable, nomás po jajajá. Al final, yo creo que eso también aportó a quedar en el reality.

¿Si era picaflor? Como cualquiera yo creo... lo que hice fue algo respetuoso. Yo la vi, pregunté por su nombre, le mandó unas flores a la oficina. Tengo que haber preguntado en su minuto si la chica estaba comprometida. Uno saca información pa’ no ser desubicado, no ser hueón, po. Habré preguntado un par de cosas, alguien inocentemente me habrá respondido. Puta, ¿hay visto el meme del hueón que se pone a pensar? Ya, la cabeza, pensando la ecuación, rosas, mi amiga, ¡pum! Me la jugué, nomás. No me pescó. Salió como el pi... jajajajá.


GONZALO EGAS
Para Gonzalo, lo mejor de su vida ha sido ser padre. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

La final con Álex Gerhard no fue tan dispareja como la gente piensa. Fueron diecinueve minutos de competencia. En un tipo de competencia como ésa, donde había que sacar tres banderitas de un lado, es mucho rato, fue súper competitivo. Álex estaba raja, yo estaba raja, dimos todo, nos jugamos la vida.

Álex nunca me pidió ganar, como alguna gente especuló. Nunca. Lo que me pidió Álex fue sacar una bandera. Había sacado una, pero me pidió sacar otra... creo yo, porque sus hijos eran súper pequeños, eran más pequeños que mis sobrinos, siete u ocho años, entonces era como para que vieran que esto era más competitivo. Y era competitivo..., pero a ojos de un niño no.

Álex nunca lo supo, pero yo estaba hecho mierda. En un momento dije me voy a morir, te lo prometo. Hay una pelea de Ali que fue en Centroamérica, quince asaltos, en la que casi al final se sienta y dice en la esquina: no me puedo parar, perdí la hueá. Le dicen párate, vos sólo párate. Te parái, nomás. Suena la campana, el tipo se para. Cuando se paró, el hueón de allá no se paró. Aquí era lo mismo. Nunca había sentido tanto cansancio. Estaba de espaldas, sosteniendo la hueá y con el corazón a todo dar. Pensaba si este hueón supiera... me hace concha ahora. Me tuvo ahí, era cosa de segundos.

De la experiencia reality saco sólo cosas positivas. En su minuto la pasé mal, estuve tres meses encerrado, eché de menos a la familia. Había problemas de farándula que te expone. Pero en realidad, con la perspectiva del tiempo fueron cosas positivas. Conocí gente increíble, todavía me encuentro con gente que compartí. Con el mismo Arturo Longton... no somos entrañables amigos, pero cuando estoy con el hueón siento que detrás hay un vínculo de “te conozco hace veinte años”. A Sergio Nakasone, que lo conocí en 1810, también tenemos buena relación. Son gente que la veo y me dan ganas de abrazarla. Son momentos muy intensos, así que te acompañan. He conversado con un par de integrantes también. Hace poco, de hecho, me encontré con una productora que estuvo en La Granja y también, han pasado dieciocho o veinte años, pero nos sentamos a conversar en un evento grande y estuvimos comiendo con otros productores todo el rato, ¿cachái? Todo súper positivo.

50 palos y una camioneta me gané. Cuando fui a La Granja, si no ganaba, me iba pato. Era cero. No nos pagaban semanalmente. En el camino nos dijeron que al segundo le daban un premio y al tercero... Arturo se fue con una gift card de Jumbo. Originalmente eran 50 palos pa’l ganador, nomás, y en el transcurso del programa, cuando le empezó a ir bien aparecieron estos premios extra. Cuando nos dicen, estábamos todos en una mesa, llega Sergio y nos comenta que un auspiciador se iba a poner con 10 millones y una moto para el segundo lugar. Y pregunté al tiro si para el primer lugar había un premio extra. Deben haber pensado qué chucha este hueón barsúo. Había un poco de personaje en mí, pero también había interés respecto a eso. Y Sergio ahí dice que para el primer lugar también iba a haber una camioneta. Yo lo miro desde afuera y pienso que debo haber sido insoportable, pero estaba tan convencido de que me lo llevaba...

Creo que en el reality, era muy real lo que demostraba, era muy inocente televisivamente. Un par de cuñas nomás me tiré en La Granja, cuando estaba nominado y me pedían Gonza, dile algo a la gente. Yo decía: ¿usted quiere que yo pierda? Nomíneme. ¿Usted quiere que yo gane? Nomíneme. Prefiero ganar compitiendo. ¿Usted es infeliz? ¿Quiere que yo pierda, le molesta como soy? Vótame para que vaya a duelo, porque te vas a frustrar. Esa hueá era un poco personaje. Pero eran estas entrevistas, nomás. En el día a día era el que era.

Como personaje y competidora, Angélica Sepúlveda es la mejor mujer que yo he visto dentro de los realities. Tengo dos áreas de diferenciación; por un lado está la parte competitiva y después el contenido. En las mujeres me parece que lo que ha hecho ella cumple con las dos. En su minuto entregaba mucho contenido y era muy competitiva.

Si es por competencia, en los hombres uno pensaría en Pangal y en el Gonzalo del 2005. Yo estaba súper enfocado en competir, lo demás me importaba un huevo. Lo importante era la competencia. Pero en contenido hay varios: está el Arturo (Longton), Junior Playboy, estuvo en su minuto el chico que ganó La Granja VIP, Javier Estrada, un español. Ése era un personajazo. Unas botas así... tú lo mirabai y decíai no, este hueón es como Antonio Banderas... después que lo sacaron de la lavadora, pero andaba bien. Se sacaba la polera, ¿te acordái? Y las chicas enamoradísimas del hueón. Él dio mucho. Junior y Arturo me parece que son dos personajes que los tirái y te dan contenido, para bien o para mal, no digo que esté bueno ni malo.


GONZALO EGAS
Una de las pasiones del expeleador es la música cebolla. De Manzanita a Ricardo Arjona. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

De Gran Hermano no vi nada, supe que anduvo bien porque todos mis compañeros de trabajo alucinados, se sabían el nombre de los hueones, todo. Y yo... pero cómo te sabís el nombre de todos si llevan tres capítulos. Yo me vi Lost entera, me acuerdo de Jack y de Kate... y del hueón que era un bandido, que no me acuerdo del nombre ahora. Éstos, a los tres días se sabían los nombres de diecisiete hueones.

Le di una oportunidad a Tierra brava, básicamente porque es Canal 13 y le tengo cariño a esa gente. Pero no me gustó, lo encontré fome.

Todos en el canal creían que entraba a Tierra brava. Mi jefatura me decía Gonzalo, avísanos cuando te vayas... No, no me voy, les decía. No, pero es que dinos, nos gustaría enterarnos por ti y no por la prensa. Les repetía que me quedaba y no me creían. Nadie de Canal 13 me contactó, nada. De hecho, cuando me preguntaban si iría, yo explicaba que estoy muy contento con lo que estamos haciendo en el Fighting. Si me ponen 200 millones, obvio, voy. Pero en el formato reality que conozco, te metes tres meses y medio y te ganas un premio... y ya no iría, prefiero quedarme trabajando en lo que estoy, porque me encanta. Prefiero presentar las peleas el sábado por la noche.

Si me ponen 200 palos sobre la mesa, vuelvo a un reality. Si no, cierro la puerta.

Estudié ingeniería comercial, pero no terminé. Estaba en la Mariano Egaña, una universidad que ahora absorbió la Pedro de Valdivia. De hueón no terminé, porque empecé a trabajar. Nunca me gustó la ingeniería comercial tampoco y después me dediqué de lleno a las artes marciales, entré a la tele, me puse a trabajar más que nada.


GONZALO EGAS
Todos creían que Egas entraría a Tierra Brava, pero ni siquiera lo contactaron. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Me considero un tipo tímido, no soy alguien con personalidad exuberante. Pa’ nada. Mi personalidad tiene que ver con mi crianza, con mi madre, ella era una mujer extrovertida y muy culta. Además soy el menor de cuatro hermanos, y esto lo digo con todo el cariño del mundo: el cuarto hijo es por el que menos se preocupan. Porque ya sabís que cuando mete los dedos en el enchufe el primero no se te muere, cuando se cae y se pega en la cabeza el segundo no se murió tampoco, el tercero todas las anteriores... y el cuarto es como ya, dale. Tenía a mis tres hermanos encima cuidándome o hueveándome, jajajá. Yo nací el ‘75, jugaba a pata pelada en la plaza y no a pata pelada porque fuera de escasos recursos, sino porque jugábamos así. Con una de estas pelotas plásticas con el mapamundi, ¿te acordái? Pasábamos tardes enteras. Yo me subía al camión del gas y me daba la vuelta por toda La Reina con el hueón. Era otro Chile, y yo creo que eso me hizo ser más desenvuelto en ciertas cosas.

Sufrí bullying porque se me pegó el acento mexicano. Viví allá tres años, de los ocho a los once. Cuando llegué a Chile, en el colegio me hacían bullying. Una vez me comí una putiza terrible de un hueón... en séptimo básico un tipo me pegó una palizota cuática, cuática. Y ahí yo dije, ya po, si va a ser esto así... así que después tuve que meterle yo una paliza a un hueón. Esto era otra época, año 86, 87; si te pegaban un combo en el colegio quedaba ahí. Yo no llegaba traumado a la casa, pero sí cachaba que me decían El mexicanito y me pegaban un cachamal, cachamal. Un día me ponen un cachamal, me doy vuelta, le pongo un combo, no le pasó nada. Me agarró a la salida y me partió en dos. Listo, se acabó el tema. El hueón cachó que me dominaba, al otro día no fue tema. Pero el segundo a cargo del curso, por decirlo de alguna forma, se pasó de listo. Y ahí dije no. El primero sí, pero si el segundo quiere huevear, tengo que dejar la vida. Agarré y me lo desguañangué yo afuera. Se acabó la hueá. Nunca más me huevearon. Después buena onda con él, iba yo a su casa, todo bien.

Lo que sucede hoy es nefasto, el bullying es nefasto, hay chicos que han sufrido ensañamiento. Yo por suerte no pasé por eso. Me hicieron bullying porque hablaba mexicano, después se me pasó cuando aprendí a putear en chileno y no hubo más tema. Pero sé de casos de chicos que sufren y lo encuentro terrible. Nosotros, en algún momento, a mi hijo le teníamos redes sociales y leímos un par de comentarios malos. Y no tenía que ver con gente inmediata, que lo hueveara alguien del curso o de su círculo, sino bots, entonces al final dijimos no, redes sociales no. Cuando tenga 15 años a lo mejor y bajo supervisión nuestra. En eso, bien a la antigua.

Lo que pasa en las redes sociales es nefasto. Porque la gente, y no solamente los papás sino que la sociedad, le da mucha importancia a las redes sociales. Incluidos organismos gubernamentales o empresas u ONG. Esta hueá no es que sea la sensación tuya, no, lo que aparece en redes sociales lo comenta un ministro o una ministra, un presidente, el dueño de una empresa, el dueño de un club de fútbol, los medios. No es una sensación, es una puta realidad.


GONZALO EGAS
El gran dolor de la vida de Gonzalo fue la prematura muerte de uno de sus hermanos. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

La mayor satisfacción de mi vida es ser papá. Nada me ha hecho más feliz en mi vida que ser papá. Me cambió todo, no hay nada igual. Muchos me han dicho que se pierde libertad, que se pierde esto, lo otro. Hueón, no he perdido nada. Si mi día antes era esto, un abanico, estoy ejemplificando un abanico, éste era mi campo de visión... ahora no sólo es 360 sino que además es multidimensional. Entendí de lo que se trata vivir siendo papá.

Yo admiro a mi hijo. Encuentro que es la raja. Verlo crecer, verlo despertar, verlo acostarse. Ver cómo piensa. Muchas veces le he dicho que lo admiro. Y sé que hay mucha gente, un poco más ortodoxa, que dice que uno no puede admirar al hijo porque en realidad uno tiene que ser un referente y la hueá. No, yo admiro a mi hijo. Me hubiera encantado ser como él a su edad. Tener esa personalidad.

Mi hijo tuvo una novia el año pasado y le pidió pololeo en el colegio con un ramo de flores, po. Me dijo: papá, me gusta una chica, ¿qué hacemos? Le dije que le comprara un chocolate. Y me dice que no, que quería flores. Fuimos a comer un ramote de flores. Lo llenamos con agua, armamos toda una parafernalia para que fuera. Llegó hasta la sala, salió, se paró en la mitad del colegio, los amigos atrás con pancartas. Como película la hueá, grabado todo. La pancarta decía ¿Quieres ser mi polola? Y él con esto, con un ramo en la mitad... Hay que ser valiente. Yo no me hubiera atrevido a los doce años a hacer eso. Le dije: Noah, ¿tú tienes claro que te pueden decir que no? Sí, papá. ¿Tú tienes claro que si haces esto, en el colegio te van a poder agarrar pa’l leseo? Sí, papá. ¿Y? Lo hago. Segurísimo. Debe haber ido con las piernas tiritando, no te digo que iba rompiendo el piso, no, no. Pero tomó la decisión.

Noah vive una semana conmigo y una semana con la mamá. Ahora, días más, días menos, dependiendo del trabajo de la mamá y del mío, porque nuestros trabajos no son de oficina o de 9 a 7. Wilma (González) está trabajando como personal trainer y también hace eventos. Entonces, si una semana tiene mucha pega, yo me quedo más días con él o viceversa. Pero lo corriente es una semana con ella, de martes a martes, y luego de martes a martes conmigo. Es maravilloso. Ha sido súper rico para nosotros, por cierto, porque no me imagino ver a Noah un miércoles por medio o sólo los miércoles y fin de semana por medio. Me moriría de la pena. Yo soy muy de abrazarlo, de estar con él, de compartir.

No sucedió hasta ahora, pero si Noah se va a Estados Unidos tampoco me complica tanto. Si hubiera pasado a los 7 se me parte el alma en dos, pero Noah tiene 13 años. Sobre la distancia, ahora convengamos que irse a Miami, no es lo mismo que irse a Miami en los 80s. Tampoco es una hueá que te podís comprar un pasaje una vez a la semana, pero si tenís ganas, intención, se puede ver. Y comprendo que es parte de la vida. Mira, mi sobrino tiene 15 años, se fue a vivir a los 13 a Canadá en un intercambio de ocho o nueve meses, mi hermano lo echó de menos, la mamá también, pero entendieron que era parte de esto. Ahora se va de nuevo a estar un año y medio en Canadá, porque quiere estudiar algo para luego dedicarse a medicina allá.


GONZALO EGAS
Fanático de la Universidad de Chile desde chico, el mayor ídolo de Egas es Marcelo Salas. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Soy alguien muy sensible, la gente tiene una percepción equivocada de mí. Yo gesticulo mucho, y mucha gente piensa que eso a veces es tener personalidad. De hecho, a ratos trato de tomarme las manos para no gesticular tanto porque hay gente que puede impresionarse de alguna manera. Pero yo soy un tipo sensible y me gusta. Me gusta que las cosas me afecten. Creo que cuando las hueás no te afectan, puta, empezamos a cagar como seres humanos.

No me gustaría ver a mi hijo peleando. Noah, ahora que está haciendo box, está súper motivado y me dijo que quiere competir. Amateur, obviamente, con niños de su edad, se pegan ligero, con cascos, guantes grandes. Si lo quiere hacer algún día, no me voy a poder oponer, pero si me preguntas a mí si me gustaría... no, no me gustaría. Wilma también... dice que si Noah lo quiere hacer, en su minuto habrá que dejarlo. Pero nadie quiere que a su hijo le peguen.

Con Wilma nunca perdimos el foco respecto de Noah. Entonces, pese a las diferencias que alguna vez tuvimos, siempre nos enfocamos en él. Cuando hay un objetivo superior, en común, las demás cosas pasan a ser nimiedades al lado de eso. De hecho, esta pascua yo la pasé en la casa de los suegros de Wilma. Noah es muy de los tiempos pa’ cada uno, una semana pa’ ti, una pa’ papá. El año pasado la Navidad la pasó con la mamá y el Año Nuevo conmigo. Entonces ahora la Navidad me tocaba a mí y como se dio la posibilidad de que estuviera la mamá, no tengo problemas, así que fuimos. Estaba Wilma, Nicolás —que es la pareja de Wilma—, Noah, yo, los papás de Nicolás, toda la familia, el hermano de Wilma. Tenemos un espacio pensando en él. A veces puede ser incómodo para el uno o para el otro, yo me imagino que no debe ser lo más natural del mundo, porque es raro, es poco visto en realidad. Pero entendemos que el objetivo de esto es Noah, po. Si Noah está contento con el papá y con la mamá, yo también estoy contento. Y si la mamá está contenta porque Noah está contento, nos contentamos todos.

Colgué los botines en el amor... todo el rato. Dije que soy deficitario emocionalmente y de verdad lo creo. Es como el hueón que quiere ser futbolista de cabro. Va a la pelea, a la pelea, tiene 23 años, quiere seguir... y no llegaste. No llegaste al profesionalismo. O el tipo que quiere ser basquetbolista con un metro 70, como yo. No vai a poder. Me pasa lo mismo aquí: no me da para estar en pareja bien. Soy un hueón intenso, sufro mucho. Y lo digo muy maduramente: creo que lo mejor que puedo hacer es mantenerme así. Si conozco a alguien no me niego a estar con esa persona, pasarlo bien y disfrutar, pero yo no creo que vuelva a constituir un espacio donde viva con alguien en el día a día. Creo que no. Por culpa mía, por cierto.

Me tatué Soy lo que fui y seré porque en realidad uno es eso. Uno es un poco de donde viene y adonde va. Todos tenemos algún objetivo, mayor o menor. Creo que sí hay grandes momentos y grandes objetivos en la vida, pero no todo es épico. Nuestra historia nos condiciona, pero también hacia donde quiero ir me mueve. Y tiene que ver con eso.

La muerte de mi hermano fue lo más doloroso de mi vida. ¿Sabes por qué? Porque, bueno, murió mi mamá también, pero es natural que muera la mamá. Los hermanos también mueren y uno también, claro, pero en distintos tiempos. Entonces, la prematura muerte de mi hermano fue muy dolorosa. A diferencia de lo de mi madre, que ya era grande, y lo “natural” es que se mueran los padres y después los hijos. Y así me va a pasar a mí con mi hijo. Pero lo de mi hermano tiene que ver con eso: con lo prematuro de su muerte. Es como que te preguntái... ¿por qué? La vida puede ser muy cabrona. He tenido problemas, dolores y todo, pero lo de mi hermano sin duda que fue lo más triste. Lo que digo es de Perogrullo, pero la muerte es tan absoluta... Lo único “bueno” que tiene un momento como ése es que listo, no hay vuelta atrás.


GONZALO EGAS
Al "Matador", Egas lo conoció después de una fiesta y le expresó toda su admiración. Es una de sus mayores anécdotas. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Me hubiera gustado ser actor. Hice un curso, de hecho. Cuando me metí a La Granja estaba haciendo un curso, pero sólo por realización personal en la Escuela de locutores de Chile. Lo hice porque yo quería romper con lo que decía mi gente, que sólo deporte, cabeza de músculo, blablablá. Y yo soy mucho más que eso, así que me metí a hacer un curso y fui el más destacado. Por lo mismo, por la sensibilidad. Me decían, hueón, es que la cagó. Tenía que hacer un libreto para un monólogo y no me creían que lo hubiera hecho yo. ¿Si se abre una puerta? Tiembla Jack Nicholson, jajajajá.

De chico me decían Chimbi. No tengo idea por qué. Mi tía me decía así en la casa. En otros lados Gonzalo, nomás.

Un sueño pendiente es tener mi promotora. Es algo a lo que le he hecho el quite, ¿cachái? Me hago el hueón y digo no, que lo hagan otros. Pero eventualmente hacer mi promotora puede ser algo que tenga en mente.

Soy muy poco creyente de todo. Creo más en ti que en otras cosas. En algún minuto sí toco madera, no sé por qué, cosas que vienen heredadas. A veces digo ¡Por Dios!, y no soy creyente pero todos en mi casa lo decían.

Me hubiera comido una paliza terrible, pero me hubiera gustado pelear con Donald Cerrone. El hueón tuvo un striking increíble en su minuto, pero con él, porque encontré que era una persona tan respetuosa, bueno pa’ lo que hacía, poco parafernálico, icónico. Lo que representa él me gusta. De nuevo: me hubiera comido una paliza terrible.


GONZALO EGAS
De no dedicarse a las artes marciales, al ganador de La Granja le hubiera gustado la actuación. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Soy fanático de la “U” por mi hermano Alfredo. Sé que fue por él, y creo que fue porque el año ‘82, justo antes de irnos a México, tengo entendido que es el último año que la “U” fue a Libertadores antes de irse al descenso. Ahí me empezó a gustar, no sé por qué..., de monito. Y también me imagino, no sé si fue así, porque algún jugador de la selección del ‘82 era de la “U”. Ése es como mi primer recuerdo de la “U”.

Marcelo Salas es mi máximo ídolo. Para mí, el mejor jugador chileno de la historia. Si hubiera estado en esta época hubiera sido una locura.

La mayor alegría que me dio la “U” fue la Sudamericana. No fui al estadio, pero vi todos los partidos. Llevaba la tele de mi casa a la de mi sobrino, la instalábamos, hacíamos un asado, lo veíamos afuera y gritábamos... ¡teníamos enfermos a todos los vecinos! Mi hermana vive en un primer piso en un edificio, pero con patio. Esa “U”, nooo, una locura, salí a la calle corriendo detrás del bus. Gabriel Vargas, el Arcángel, yo iba corriendo al lado del bus y él me cachó y gritaba “¡Buena Egas!”. A mi polola la llevé, la tenía corriendo al lado, jajajajá.

Lo que pasa con la “U” actualmente es un reflejo del fútbol. Falta un poco de la épica que en su minuto había. El hecho de querer ir prontamente afuera a los chicos no los desafía a tratar de lograr cosas acá, en el ámbito local. Antes lo que querían los muchachos, desde mi punto de vista, era ser campeón de Chile, levantar la copa. Tenía una épica distinta, querían ir a la Copa Libertadores. Hoy día no hay mucha hambre. Hemos perdido en general en el deporte el hambre de hacer cosas importantes. Nosotros somos de una generación, y tengo suerte de haberlo vivido, que vimos al Chino Ríos, vi Francia ‘98, en los 90s tuvimos dos finales de Copa Libertadores. Había otra cosa en el fútbol, y creo que se ha perdido un poco producto del negocio. Creo que las Sociedades Anónimas le han pegado un poco.

Fui a ver la final de la Libertadores de la Católica contra Sao Paulo acá en Santiago. Yo estaba en la casa con gripe, pa’ la cagada y dije: cómo no voy a ir a ver la final de la Libertadores, aunque no sea la “U”. Me levanté, compré el ticket en la entrada, estaba lloviendo. Fue en el Nacional. A quién veíai en la cancha: estaba Vásquez, Almada, Cardozo, Lunari, Wirth, Raí en el Sao Paulo. Otros tiempos. Después acá veíai a Gorosito, Acosta, Leo Rodríguez, el Matador. Increíble.

Hoy la “U” tiene el lugar que los dirigentes merecen. Creo que la “U” es mucho más, pero por su gente, ¿cachái? Entonces, me gustaría que la “U” tuviera el lugar que merece la gente. Creo que el equipo ahora está en el lugar que le corresponde, porque no parecemos equipo grande. La realidad es que no es un equipo grande, porque un equipo grande tiene otras cosas que no las está teniendo la “U” como institución. Cuando se logre hacer eso, tener esa épica, esas ganas, y saber quiénes son... porque no se sabe quiénes son los dueños... falta eso, transparencia, identidad. El otro día escuché a Tagle, de la Católica, y el hueón tiene la sangre de la Católica por las venas. Yo siento que acá a los dirigentes no les pasa eso. No hay pasión por la “U”. La gente la tiene, pero ellos no.

Encuentro maravilloso que haya vuelto Carepato Díaz. Primero, lo que hicieron en la Navidad, con las gráficas, increíble. La polera me encantó, de hecho. Me gusta lo de Carepato porque es un clase mundial, po hueón. No está en su prime, por cierto que no, pero es un clase mundial que le va a hacer muy bien a la “U”.


GONZALO EGAS
Egas trabajó en un Blockbuster y su primera compra fue una chaqueta de pluma, como la de Volver al futuro. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Mi picada favorita es Rico Sushi. Un bolichito que queda bajando por Echeñique, al llegar a Chile España. Es un peruano muy chiquitito que vende colaciones para los maestros y es muy rico. Lo paso muy bien ahí, al tipo lo conozco hace años porque paso siempre cuando vuelvo del campo con mi hijo Noah. Vamos llegando y me dice papá, qué hacemos... ¿Y si comemos algo? Y vamos a Rico Sushi. Venden unos handrolls y cuando Noah se come eso, es como si se estuviera comiendo un manjar. Entonces imposible no darle ese atributo, jajajá.

La preparación que más me gusta es el ceviche peruano. Hecho por peruanos. Y discute con la carne, soy un fanático de la carne. Como carne todos los días, literalmente, no hay día que no. Un buen lomo o un entrecot bien hecho o un costillar de cerdo ahumado... otro nivel.

Trabajé como vendedor en Blockbuster. Después fui jefe de vendedores y subjefe de tienda. También alguna vez quisimos hacer plata con un amigo y vendimos frutas en la calle. Un día, nos fue pésimo. Un hueón me dice: ¿a cuánto lo tenís? A mil quinientos. Tss, pero son ocho. ¿Y qué querís, hueón? Te los vai a llevar o no, jajajajá. Fui pésimo. Después tuve mi academia como profesor y entré a la tele.

Con mi primer sueldo me compré una parka de pluma en Polo. Fui al Parque Arauco a comprármela. ¿Viste Volver al futuro? La parka roja sin mangas... ya, la misma pero con mangas. El mismo modelo, inflada, horrible. Valía, en esa época, no sé, 80 lucas. Junté plata, fue mi primera compra con mi sueldo. Entré al lugar y de hecho el vendedor fue como... te perdiste. Yo iba con ropa de Blockbuster, jajajá. Me probé la chaqueta, la pagué, y todavía la tengo. Está impecable. La quiero mandar a modificar.

Me gusta la música cebolla. Estoy escuchando ahora a Manzanita, un cantante español y que tiene un registro muy parecido al de Zalo Reyes. Mi hermano me presentó también a Christian Nodal, en su minuto escuché harto a Ricardo Arjona. Me las sabía todas. Lo mismo con Juan Gabriel. Ahora, también me gusta AC/DC, Metallica, Genesis, de todo... y lo cebolla, jajajá.

He ido a pocos conciertos, pero el mejor fue el de Amnistía en el año 90. Sinéad O’Connor, Sting, Peter Gabriel. Una locura, estadio lleno, de los primeros conciertos en Chile. Una salvajada.


GONZALO EGAS
El sueño pendiente del exchico reality es tener su propia promotora de peleas. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Lloro con todas las películas. Cualquier película donde haya un momento de tristeza quedo pa’ la cagada. Pero siempre con la de Will Smith, En busca de la felicidad.

Lost es mi serie favorita. La digo y todos dicen ¡ah, la hueá mala! La última temporada, antes de la final, la dejó de dar Canal 13 y me la fui a comprar al Blockbuster, cuando todavía estaba en Manuel Montt. Y fue así, literal: agarro la hueá y el tipo que está al lado me dice oooh, me cagaste. Venía a comprárselo igual. Eran dieciséis discos, algo así. Me compré todo el mamotreto.

No creo en el horóscopo. Lo he leído y cuando me conviene lo creo, jajajá. Cuando leo lo de Cáncer, soy Cáncer. Somos emocionales, sensibles, pa’ la cagada, jajajá. Por definición soy Cáncer y lo acepto... ahora, no creo en eso, es casualidad nomás.

Si pudiera tener un superpoder sería volar. Sería la raja, me gustaría. No me gusta volar, no me tiraría en parapente o en paracaídas, ninguna de esas hueás, me muero jajajá. Pero si tenís el poder no te vai a caer, así que me tiro, po.

Si pudiera invitar a tres personas —de toda la historia— a un asado sería a Neil Armstrong, Julio César y Diego Maradona. Armstrong para conversar sobre la luna, ¡qué chucha!, ¿qué sentiste, hueón? Porque no es que cruzaste el Atlántico, no, vos te fuiste del planeta. Y lo quiero curao, más encima. Para entender un poco, alguien del Imperio Romano, Julio César, para saber la verdadera historia. Y Maradona para hablar con él en lo íntimo, preguntarle cómo fue, qué pasó en el Mundial del ‘94.

Gonzalo Egas es un tipo normal.

Lee más de La Firme:

—Mauricio Israel: “Fui más buscado que Osama bin Laden… ¡pero acá! Porque viajaba por el mundo y no me pasaba nada”

—Kenita Larraín: “El 2024 en Chile invitará para un gran cambio respecto al trabajo y dinero; además existirá una gran liberación de rabia e ira”

COMPARTIR NOTA