La Firme con Florencia Vial: “Sé que no soy una modelo, no soy perfecta y estamos acá por el contenido”
A cargo de Meganoticias Amanece y de noticias internacionales, la periodista —confesa fanática de las alfombras rojas— debuta en el backstage de Viña 2026. La conductora repasa su vida, obra y comenta con humor sobre su público matutino: “Me saludan muchos niños, soy como la tía del jardín”.

—¡No digas que fue mi culpa! —pide Florencia Vidal Aguirre y ríe— ¡Toda la vida me han dicho que soy atrasada! Y es verdad: lo reconozco, desde chica me han retado. Pero en esta oportunidad, no.
No le quedaba de otra: a la periodista le tenían programado grabar la promoción de marzo 2026 en el patio central de Mega, risueña, montada en un carrito de golf conducido por María José Quintanilla, junto a Tonka Tomicic, “Chapu” Puelles y la propia reportera. Sin embargo, el rodaje, muy a su pesar, se atrasó, por lo que también el montaje de su reportaje sobre la migración venezolana y las medidas de José Antonio Kast desde el 11 de marzo y —en aristas de mayor vanidad— alistar los últimos detalles de sus tenidas para el Festival de Viña.
Pero antes de esos pendientes, Vial —que debuta en la labor de conducir el backstage del certamen viñamarino (“para mí era un sueño”, expresa) junto a Tita Ureta— se sienta a conversar con La Cuarta:
—¿Edad? ¿38? —se le pregunta a modo de confirmación.
—¡37!, no 38, no me sumes meses de vida —precisa ella, con gracia, impactada, como si estuvieran confundiéndola con otra persona.
—¿Estás de cumpleaños en agosto?
—Sí, soy Virgo, completamente —confirma.

Dentro de los varios tópicos sobre los que se le consulta, ella, que ha sucedido a Natasha Kennard en el noticiero del amanecer, recuerda a distintas colegas que han tomado rumbos en otros canales como Soledad Onetto, de quien dice que es “una de las personas más cálidas que puedes imaginar”; sobre Andrea Arístegui que “la admiro desde que está en TVN porque la encuentro seca, era mi ídola”; y de Cata Edwards que “también, seca”, aunque “trabajé menos porque estaba más en la radio; pero también la encuentro súper profesional”.
Sin embargo, esta entrevista con La Firme, tiene como foco la vida y creciente obra de la periodista, y proyecciones varias: repasa desde una infancia campestre en Lo Barnechea, marcada por la separación de sus padres y muchos hermanos; formación en la U. Diego Portales, animada por su tía Julia Vial; sus inicios Chilevisión y TVN, donde Amaro Gómez-Pablos fue de sus primeros referentes; su llegada a Mega para potenciarse como realizadora audiovisual y crecer en pantalla; coberturas clave como la invasión a Ucrania o el funeral de la Reina Isabel II; la exposición, con los elogios y críticas que implica; matrimonio con Kike Mujica; chances de ser madre; participación en el Mucho gusto; impensada candidatura a Reina de Viña; su futuro en —y fuera— televisión.
Eso y un tanto más, a continuación...
LA FIRME CON FLORENCIA VIAL
Un recuerdo de mi infancia es el pasaje; vivíamos en un sector de Lo Barnechea, pero cuando era campo, cuando no estaba tan construido; en el patio podía encontrar culebras. Había muy poquitas casas en ese tiempo; y una de mis mejores amigas vivía a una casa y media. Teníamos un grupete: éramos mi hermana grande, unas amigas y yo. Siempre salíamos a andar en monopatín, todos los santos días. No existían teléfonos, Nintendo, nada; obviamente la mayor entretención era salir a andar en monopatín o en patines, y hacíamos como que saltábamos; nos creíamos riders. Paseábamos a los perros y vendíamos limonada. Nevaba de repente, en algunos lados. Era bien campestre. Mi sueño era tener una casa en el árbol.
De chica siempre me retaron porque nunca estuve peinada. Mi hermana grande es como toda “perfecta”; ella siempre andaba peinadísima y yo era un desastre. Siempre andaba arriba de los árboles, me caía, me volvía a parar y era muy inquieta. Me gustaba más ensuciarme, no me importaba.

Mis papás se separaron cuando yo tenía trece años. Obvio que fue una época súper difícil, porque estaba en plena adolescencia, con todas las inseguridades del mundo. Pasó esto, que fue una cosa familiar bien compleja, porque en esos años no muchos papás de mis compañeros estaban separados. Pero creo que todas esas cosas me han servido también para forjar mi carácter, de siempre mirar para adelante y buscarle las cosas buenas a todas las situaciones que te presenta la vida.
Tengo muchos hermanos. En total somos ocho. De mi papá y mi mamá somos cuatro. Después mi papá se volvió a casar y tuvieron a mi hermana más chica. Y del primer matrimonio de ella tenía tres. Los tuyos, los míos y los nuestros, esa es mi familia.
Mis papás están los dos vivos. Mi papá vivió en Costa Rica doce años y se acaba de volver a vivir a Chile, así que estoy muy contenta. Mi mamá vive en el sur, en Riñihue, precioso. Él se fue cuando yo tenía como veinte y algo, y estaba en la universidad, saliendo, o en los primeros años de pega. Me dio pena que se fuera, pero fue por trabajo. Fue difícil, pero hicimos el esfuerzo de todos los años ir a verlo. Se crearon las “vacaciones familiares” en Costa Rica. Intentábamos ir una semana al año, mientras se pudiera. La última, que fue la despedida, éramos treinta: patota. Siempre hemos dicho que somos familia de hámsters, jajaja, porque estamos en los sillones, así, por todos lados. A mi mamá la veo menos porque me es más difícil viajar al sur.
Soy sobrina de Julia Vial. Siempre hemos sido súper cercanas, hasta hoy. De hecho vivimos como a una cuadra, por circunstancias azarosas de la vida, pero felices de vivir más cerca. Es la hermana más chica de mi papá; mi papá es de los mayores y ella es la más chica, entonces tengo menos diferencia de edad con ella que ella con mi papá. Crecí con la Juli como primas, así que siempre fuimos súper cercanas; de hecho, un tiempo la Julia vivió con mi papá cuando se separaron, entonces la veía todos los fines de semana.

Era demasiado sociable. Mi mamá me decía “la Roberto Carlos”. Iba al supermercado y me hacía amiga de la cajera, del guardia y le hablaba al señor de los plátanos. Era de esas niñitas a las que hay que decirles “ya, silencio un rato”; y yo: bla, bla, bla, bla. En el colegio, el Villa María, era de hacerme amiga de todos: de las más grandes, más chicas, de la profesora y de la tía del aseo. Eso siempre se mantuvo. En la adolescencia, obvio que uno tiene todas las inseguridades de la edad del pavo y todo eso —que tenía frenillos, que no quería abrir la boca y todo el tema—. Pero siempre fui sociable.
Ahora no ando conversándole a todo el mundo, porque la vida pasa, uno crece y anda con menos tiempo y más preocupada nomás de ciertas cosas. Pero por lo general siempre he sido súper sociable. Soy de las que puede llegar a un carrete sola y me da lo mismo. O a un evento por la pega: me pasa que a veces llego a eventos o cosas sola, y voy a encontrar a alguien con quien conversar. No soy enrollada en general.
Soy católica, creo en Dios; pero no voy a misa. Pero pucha que soy buena para hacer mandas, atroz. Y la sufro, porque ahora estoy con una manda de no comer chocolate y me estoy muriendo. Es por un tema personal. Y a mí lo que más me gusta en la vida es el chocolate y la Nutella, entonces es lo que más me cuesta, para que sea un sacrificio de verdad; no puede ser como “ay, no voy a tomar bebida”, porque me da lo mismo.
Soy muy culposa, ¡total! (educada en colegio católico). Lo he superado, he aprendido a decir —perdón la expresión—: “Me importa un pepino”, he aprendido a soltar con los años, jaja.
No fui actriz porque no me dejaron, jajaja, ¡mi papá! En su momento fui drama queen, me fui a llorar a mi pieza y “nadie me entiende”. Quería ser de Hollywood, yo juraba que me iba a casar con Johnny Depp y que iba a ganar el Oscar. Súper aterrizada la cabra, jeje. Pero ahora digo: “Gracias, papá”, porque me encanta ser periodista, comunicar.

Julia Vial influyó en mí para que eligiera Periodismo, de todas maneras. Empezó a trabajar en periodismo y tuve la oportunidad de ir con ella a ver a Miranda, el grupo argentino, cuando no eran tan conocidos, y vinieron a un teatro enano y la “Juli” trabajaba en En boca de todos y le pedí por favor que me llevara. Me llevó y yo me juraba lo máximo con una credencial del canal, viendo a Miranda y los conocimos. Fui creciendo con su ejemplo. Es súper matea, estuvo en el mismo colegio y en la misma universidad que yo. De hecho, me fui a la Portales y no a otra porque ella me dijo: “El periodista tiene que salir del Centro”. Seguí su ejemplo y fue la mejor decisión.
En la U. Diego Portales era matea y carretera. De hecho en nuestro examen de grado, que fue audiovisual, nos sacamos un siete con mi grupo; nos ganamos un premio de excelencia también. Después ganamos un premio por CNN, porque nuestro proyecto de título lo dieron en las noticias. Era muy estudiosa. Me gustaba carretear, de hecho; trabajé tres años en el Bar Esquina de mozo para ganar plata y pagarme las cosas, e igual carreteaba y me iba bien.
A los veinte no tenía cansancio. Trabajaba hasta las 3 de la mañana, me iba las 7 a la universidad, ¡y como tuna!, daba exámenes, entre medio carreteaba, vida social y aun así me iba bien.
Soy de esas personas enfocadas: si iba a carretear dos días seguidos, los dos días anteriores dejaba todo repasado, hacía resúmenes y usaba destacadores. Soy de las que tienen muchos estuches; destacadores rosado, naranja, verde, amarillo… todos. Soy perseverante. Si algo me gusta, voy pero como caballo de carrera, y le doy, y le doy, y le doy, y le doy. Creo que a veces hay gente que no lo entiende: el ser tan determinada. Pero creo que cuando quieres algo y has luchado por eso, hay que darle hasta que lo consigas. Creo que es nomás trabajar duro por algo que te apasiona, que te gusta e interesa. Creo que he sido toda mi vida así.
Hice la práctica en Chilevisión e hice de todo. Hice policial, deporte, internacional, crónica, trasnoche. Te iban rotando una semana por todas las áreas. En la práctica fueron todos muy buena onda, pero yo era muy chica y además tenía que volver a la universidad y todo; era otro momento.

Cuando ya me gradué y entré a TVN, admiré mucho a Amaro Gómez-Pablos, trabajé harto con él, a Mónica Pérez y a Consuelo Saavedra y a Santiago Pavlovic. Partí haciendo un reemplazo de productora periodística, porque una productora estaba con postnatal, y pude trabajar con estos cuatro periodistas que admiraba mucho y los miraba demasiado para arriba. De cada uno pude aprender cosas distintas: cómo salir a reportear, cómo armar un reportaje, cuál es el foco y cómo hablar con un entrevistado cuando es un tema sensible.
Amaro (Gómez-Pablos) es un gallo que yo encuentro brillante. Es un gallo que sale a reportear con el reportaje listo en su cabeza. Entonces sabe perfectamente qué salir a buscar, qué preguntar y cómo dar la conversación. Y tiene una “pluma” que traté de imitar durante años, porque es brillante. De los otros también aprendí mucho. Santiago es muy seguro, la Mónica es muy empática con la gente y la Consuelo es muy rigurosa. Siento que tuve una tremenda escuela con esos cuatro; fue casi como una cátedra de periodismo televisivo. A Juan Manuel Astorga —que lo encuentro muy seco, excelente entrevistador y muy riguroso— lo conocí después, porque justo partimos un noticiero en la noche, Medianoche, donde yo hacía internacional y él lo conducía. Pero alcanzamos a estar como un mes al aire, porque yo justo me fui al 13, me llamaron y me cambié. Con Juan Manuel somos más amigos.
Partí en TVN, ganaba una miseria (real), y sólo tenía un par de tacos que me heredó mi mamá. Un huevón en Twitter (hoy X) me escribió: “Oye, ¿alguien le puede decir a la periodista internacional de TVN que se cambie los zapatos? ¿Por qué sale todos los días con los zapatos negros?”. Y yo le respondí: “Bueno, cuando me compres otros zapatos, feliz; pero no tengo más.” O sea, si le das valor a esos comentarios malintencionados, te puede afectar. Yo tenía 22 años, chica. Uno va trabajando para que te importe menos. Me sentí mal, fue como “pucha, oh, qué pena, no tengo más”; pero no lo digo en modo víctima ni nada; simplemente recién estaba empezando a trabajar y no tenía nada más. Ahora, ya no respondo a esos comentarios; uso Twitter solo para buscar información y nunca posteo nada. Me enfrenté a eso, aunque fuera una tontera, y fue parte de aprender a no darle tanta importancia a lo que digan los demás.
Hoy depende mucho si respondo o no, depende quién lo diga y qué diga. No soy confrontacional, ¡para nada!, no soy conflictiva (creo); no me gusta el conflicto. Me han escrito cosas mala onda, pero no pesco. ¿Y en la vida en general? Depende: si alguien toca a los míos, cagaste, fuiste. Si me atacan a mí, siento que no respondo tanto; pero si es a mi familia o amigos: peligro.
Siempre me ha gustado el periodismo internacional. Cuando salí de la universidad e ingresé a TVN, me gustaba reportajes o periodismo internacional, me metí a reportaje. Y se dio la oportunidad en TVN: se abrió un cupo para hacer noticias internacionales en la mañana. Lo tomé, le agarré más el gustito y no he parado de hacer noticias internacionales. Siempre fue la tele lo que me interesó. Lo que más me gusta es lo audiovisual.

Me fui al 13 porque yo quería aprender a hacer notas. En TVN me dieron la posibilidad de estar en estudio —que le agradezco profundamente—, pero yo quería aprender a armar, salir a reportear, crear un reportaje y editar la nota. Justo me llamó mi ex jefa que se había ido al 13, la Cami (Guarda), y me dijo: “Quiero que vengas al 13 conmigo porque te quiero”, y le pregunté: “¿Me puedes enseñar a armar?” y me dijo: “Sí, te quiero enseñar a armar”. Ella es brillante, una de las mejores editoras que he tenido en mi vida, seca, muy rigurosa y sabe contar una historia; para armar un reportaje de 20 minutos necesitas un hilo conductor, una narrativa que mantenga la atención todo ese tiempo, que en tele es súper difícil.
Una vez llegué a un canal (no diré cuál) del after —no directo, obvio: pasé a mi casa, me duché, lavé los dientes y partí— y entraba como a las 9. Me quise matar durante todo el día. No era frecuente, pero una que otra vez lo hice.
El backstage lo iba a hacer cuando estaba en Canal 13 (2019), y justo me llamaron de Mega. En el 13 estaba sólo haciendo notas en internacional, y acá me ofrecían muchas más cosas para hacer, entonces pregunté y dije: “¿Me pueden esperar al 1 de marzo?”. Y me dijeron que no porque se lanzaba un un canal de cable, Mega Plus, el primero enero, y me contestaron: “Tienen que estar todos los periodistas del Mega Plus acá”. Entonces pensé: “Pasará el backstage, ¿y volveré a hacer las mismas notas internacionales todo el año?”.

No quiero que suene autorreferente ni nada, pero creo que tengo buen ojo para sacar fotos. Me importa mucho la parte visual. Me gusta mucho editar, me gusta editar mis videos. Ahora, un reportaje de la migración, que lo grabamos en Colombia, en Cúcuta, en la frontera, lo grabé con mi teléfono. Fui sola. Normalmente vamos con “cámara”, pero circunstancialmente estuve sola. Me iba de vacaciones, estaba en Panamá, y atraparon a (Nicolás) Maduro y me tuve que ir a Colombia. Estaba sola y lo grabé todo con mi teléfono. Cuando estudié y entré a trabajar, lo más importante para mi siempre fueron las coberturas. La cobertura en terreno y todo, las coberturas internacionales o nacionales, lo que sea. (Conducir en el) estudio se fue dando de a poco, no era tanto de mi interés; se me dio la oportunidad y me gustó, y uno siempre quiere perfeccionarse. Estoy agradecida de todas las oportunidades, pero al principio no lo busqué: fue dándose súper natural.
Con Esteban (Sánchez) trabajé mucho en TVN. Esteban siempre trabajaba con Amaro y con Pavlovic, y me tocó salir mucho con él. Esteban fue uno de mis grandes profesores a nivel audiovisual. Me enseñó a pararme en cámara, cómo colocarme en un despacho: una pierna adelante, una pierna atrás, con posición segura. Esteban es tan amable, profesional y cálido que es un lujo trabajar con él. Por eso, cuando le pasó lo que le pasó (baleado en atentado en Tirúa con Iván Núñez), casi me morí. Fue terrible, porque su ojo es su herramienta de trabajo. Y es un gallo profesional, seco y buena persona. Uno dice: “Qué rabia que le pasen estas cosas a la gente buena”. Pero él ha salido adelante y está súper bien. No estoy segura de dónde está ahora, si sigue en TVN o no.

La salida de Mega más me afectó fue que se fuera una amiga: la Claudia Salas. Me afectó más que se fuera ella porque éramos la “Piti” y la “Poti”. Estábamos todo el día acá, entonces no verla todo el día acá me afectó. Seguimos siendo amigas.
En la pega me han pasado hartas cosas, muchas no sé si por suerte, pero por el destino, por estar en el momento y lugar exacto, como periodista, una de las cosas que más me importa es el periodismo internacional, las coberturas, etcétera; y por ejemplo, cubrir la guerra en Ucrania fue algo que obviamente fue un desafío periodístico importante, y lo pude cumplir en Mega. Estuve en Polonia y en Ucrania, donde entramos Leópolis y a otra ciudad más abajo, dieciséis días. Ha sido la cobertura más difícil en la que he estado; pasas frío, hambre y miedo. Nunca me había pasado. Llevo trece o catorce años trabajando en la tele y nunca me había pasado que yo llegara al hotel, los primeros seis días, llegaba todos los días a llorar al hotel, me metiera a la ducha y llorara por la impotencia de que no puedes hacer nada por esa gente asustada. Heavy. Ha sido de mis coberturas más difíciles a nivel profesional y personal. A nivel profesional, porque sonaban sirenas todo el rato, las alarmas anti bombas y todo. Pero a nivel personal es heavy porque mucha gente me abrazaba de la nada. Fue justo para Semana Santa, entonces fui al supermercado y compré huevitos de chocolate para llevarles a los niños, y yo pensaba: “Es insignificante mi gesto, pero no sé qué más hacer”. Porque además decían que no les regalaran más ropa ni juguetes porque se tenían que seguir moviendo a pie. Es duro y no sabes cómo ayudar. No sé si es un logro, pero sí algo muy importante en mi carrera.
Una señora que hablaba en ucraniano, ni siquiera en inglés, me pasó una guagua y me decía: “Llévatela, por favor, llévatela, por favor”. Y yo pensaba: “¿Qué hago con esta guagua?”... y ella llorando, “llévatela, por favor”. Súper fuerte. No la pude recibir. Era una señora que estaba en una fila y me la pasó. Llegaron voluntarios, porque había muchas y distintas ONGs, y había una enfocada en menores, así que los puse en contacto. Pero no sé qué pasó finalmente con la guagüita. Son historias que se van perdiendo, porque uno está ahí cubriendo, ayudando en lo que puede en el momento; pero después no tienes cómo hacer seguimiento. Además, no los pueden separar tampoco, es un tema súper difícil, súper complejo. La idea era ayudar a toda la familia, jamás separarlos. Yo solo los puse en contacto al inicio, y de ahí siguieron ellos con los voluntarios.
Fue heavy lo que pasó con Claudio Iturra, porque antes de morirse habíamos conversado harto con su equipo: Massai Travel. Queríamos hacer un trabajo en conjunto con Mega, algún reportaje, porque encontré que era muy divertido, muy dinámico y distinto viajar en grupo. Lo conocí específicamente para este viaje. Hay mucha gente que quiere viajar a lugares exóticos y no tiene con quién; por ejemplo, amigas de mi mamá que están solas o separadas, que sus hijos tienen otras cosas que hacer; encontré que estos viajes grupales eran demasiado innovadores. Con esa idea contacté a Massai y hablé con la Pame (Stipcic), que trabajaba en ese equipo, y armamos un viaje que íbamos a hacer a Egipto con Mega. La noche antes de que Claudio muriera hablamos por teléfono. Quedamos en juntarnos al día siguiente para definir los detalles del viaje, que se iba a hacer en un mes o dos. Al día siguiente me escribe mi editor y me dice: “Oye, ¿es verdad lo de Claudio?” y yo dije: “¿Qué cosa? (...) Hablé con él ayer, está todo andando, nos íbamos a juntar el viernes para definir lo último”. Y me dijo: “No, Flo, se murió”... Prendí la tele y claro..

Tengo dos coberturas que me marcaron mucho, pero son súper distintas. La de Ucrania sería mentira decir que no me afectó a nivel personal. Cuando llegamos de Ucrania me pasó que mucha gente quería saber: “Oye, ¿cómo es estar en una guerra? ¿Cómo fue entrar a Ucrania?”. Y yo no quería hablar mucho. No quería hablar más del tema, como que estaba sobrepasada. Fue una experiencia heavy, los dolores también de una guerra y lo que genera.
Soy una fanática de la realeza… La reina Kate (Middleton), William y Harry y Diana (de Gales) son, para mí, mi familia, jaja… Es broma… Pero me encantaría que mi apellido fuera Windsor. Los amo de toda la vida, de chica, y más que nada por herencia de mi mamá, que era fanática de la princesa Diana: una pasión heredada. Heredé todo ese conocimiento de Diana por mi mamá, que de hecho la confundieron con Diana, porque tenía el mismo corte de pelo. Y yo, fanática de la realeza toda la vida; me leí todos los libros y me sé la historia de todos.
Estaba por morir la Isabel II y realmente me dijeron: “Ya, partiste”. En mi maleta creo que eché dos pantalones y unas zapatillas, y la hice pésimo; no sabía qué tenía que echar; estaba entre nerviosa y ansiosa, y partí. Y el momento en que dije “wow, casi me pongo a llorar”, cuando iba pasando el féretro —y los británicos son full tradicionales, conservadores y muy respetuosos—, y no pasaba nada, o sea, no había ni un ruido ni música. Nada. Yo estaba transmitiendo y tuve que bajar el volumen, obviamente: venía la Reina, el féretro, y la marcha fúnebre, y se escuchaban las ruedas de las carretillas de los caballos, el claqueteo de los caballos en los adoquines. Casi me pongo a llorar, porque creo que el ambiente también era heavy: todo el mundo llorando, muy contenidos. Mi camarógrafo estaba arriba de un árbol y yo de una reja, y me tenían afirmada de los pies unos militares, y les decía: “Por favor, afírmame, afírmame, afirmame”. Sentí algo. Un momento histórico: la Reina llevaba 70 años en el trono y hace 70 años que el mundo no veía el funeral de un monarca británico. La gente estaba muy, muy afectada, conmovida. Le daban gracias por sus años de servicio y eso igual se transmite… Los humanos —ni los periodistas— no somos robots.
Neme también es fanático de la realeza. Hablamos de eso. Voy al Mucho gusto y le metemos algo de la realeza… que amamos a Diana, que Sarah Ferguson… que Kate… que no sé cuántos. Con Neme estuvimos con la reina (en el funeral). Nos sentábamos y bla bla bla bla, y podríamos estar un programa entero hablando de cosas de la realeza.
¿Haría con Neme un podcast/programa de la realeza británica? No se me había ocurrido. Hay un público, la gente ama la realeza; no sé si lo reconocen tanto, pero sí. Es una buena idea. Se lo voy a proponer.

Hace cuatro meses entrevisté a Dua Lipa. Se dio porque estaba “haciendo prensa” para la gira que venía a Chile, y de repente me la ofrecieron porque hablo inglés. Al principio iba a ser otra persona, pero después dijeron que podía hacerlo yo y yo feliz, porque la amo desde que era hiper desconocida y subía sus videos a YouTube. Fue bacán y emocionante. Me preparé harto y mantuve la compostura hasta que ella dijo: “Bye, bye” y se desconectó; ahí me pegué un grito, y en el estudio todos estaban muertos de la risa. Es un encanto, amorosa, simpática y súper cercana.
Me gusta Dua Lipa pero por quien realmente moriría si llegara a entrevistar: Beyonce. La sigo desde que tenía 12 años y es mi cantante favorita, de todos los tiempos y de toda la vida. Y en Chile, ¿de quién me puedo considerar fanática? Me gustan mucho Los Bunkers, y últimamente estoy demasiado fanática de Kid Voodoo. Me encanta. Para que en prensa (trabajando en el canal) me esté sacando fotos, es porque me gusta mucho. Es un cabro super completo. Además, igual hace el vínculo porque canta canciones de Los Bunkers.
En pega, estoy siempre súper abierta a todo. Ni fregando me quedo encasillada en que quiero la tele para toda la vida. Soy súper activa en las redes sociales, entonces si me dicen un podcast o un canal y ver algo, no tengo ningún problema. Pero alguien me tiene que ofrecer el proyecto, porque armarlo yo, no: estoy tapizada en pega. Si alguien me llega con una propuesta armada, así como: “Hola, ¿quieres hacer un podcast de realeza con José Antonio Neme? Está todo listo.” ¡Voy! Creo que nunca hay que cerrarse a ninguna posibilidad, a nada.
Siento que los matinales hoy están siendo un programa muy interesante: hablan cinco horas de la contingencia nacional, internacional, de política, entrevistan candidatos y a fiscales. Creo que el matinal, que antes conocíamos, ya no existe. Y el formato que al menos está dando en el Mucho Gusto, yo lo encuentro que es muy buen contenido porque se tocan todos los temas: los “toldos azules”, el tema presencial, migratorio, corrupción… Para esos programas uno necesita estar super informada. He visto cómo están en estos paneles políticos la Karen (Doggenweiler) y Jose (Neme), y son secos. Necesitas informarte mucho para estar en un programa cinco horas, donde hay gente que, de repente, te puede contrapreguntar o refutar algún punto, y tienes que estar súper documentada.
¿El espectáculo y la farándula? Siempre me ha gustado prensa, y creo que siempre me gustará prensa, porque es donde me siento más segura también, y es el contenido que más me interesa. Eso no quiere decir que no me guste el espectáculo. Entonces, si me dices: “Eres de prensa, pero ahora vas a estar en el backstage y la gala (de Viña)”, yo feliz. Desde los 15 años que mi sueño era estar en una alfombra roja, en los Oscar. Toda mi vida he visto todas las red carpets y todas las premiaciones: !Entertainment era mi canal durante muchos años. En me gusta consumir mucho, me interesa; pero hay que ir viendo nomás. Insisto: no hay que cerrar la puerta a nada, nunca.
El típico temor del periodista de prensa es desperfilarse si hace otra cosa que no sea súper empaquetado. Llevo hartos años y creo que finalmente la carrera habla por ti. Si un día vas al Mucho Gusto y bailas, no te tienes por qué desperfilar. O si tiras una talla o muestras una personalidad más lúdica, no necesariamente significa que te vayas a desperfilar. Siento que el trabajo de todos los años previos te da cierto fundamento, o cierto respaldo de que si eres una persona y periodista seria; también te puedes reír, también puedes chacotear un rato. Creo que tu trabajo habla por ti.

Ahora la tele es súper versátil, porque ya no es la de antes, no son las noticias de los 90, donde el periodista ni se podía reír, no se podía mover y tenía que ser súper estructurado. Las noticias han mutado, los matinales han cambiado y la forma en que la audiencia se relaciona con los periodistas y conductores también ha mutado. Y hoy se valora mucho más la cercanía y lo natural, lo más genuino, lo orgánico.
Aprovecho para dar las gracias a la gente y lo buena onda que es. Siempre que se me acerca alguien a saludarme, a comentarme algo o pedirme una foto: la gente es demasiado cariñosa, demasiado amable. Estuve recién en la gira por la Teletón, en Arica e Iquique, y también me impresionó la cantidad de niños y niñas, chicos, que querían abrazarme, saludarme y decirme que les gustaban mis aros o mi pelo, o que querían sacarse una foto. Niños que me ven todos los días en las noticias cuando están tomando desayuno, y como que soy parte de su inicio de día. Y siento que la gente ha sido muy cariñosa conmigo: lo valoro mucho. Me di cuenta en esta gira de la Teletón que me saludan mucho niños, jaja: soy como la tía del jardín. Nunca me he hecho un estudio de audiencia, pero me saludan muchas mujeres, y me impactó la cantidad de niños, adolescentes.
Antes me confundían mucho con Julia, ahora no tanto, ahora creo que tengo identidad, jaja. Siempre me decían: “Julia”, y yo: “No soy la Julia”. Y ahora ya me empiezan a decir Florencia.
Los matinales son una tremenda vitrina. Y de la misma forma que es vitrina, es exposición también. Pero la llegada al matinal me ha afectado súper bien, porque afortunadamente —y lo digo con harta humildad— recibí mucho cariño. Hay gente que comenta tu opinión o dice: “Me gustó cómo hiciste esto.” Muchas veces me preguntan por mi ropa, que les gusta cómo me visto, y me encanta (me gusta la moda). Siempre que puedo le respondo a la gente. Y he tenido algún comentario mala onda en redes sociales, pero se llamaba como “XJK284000##.com”. Comprenderás que lo bloqueé.
Instagram lo empecé realmente en 2019. Tenía otra cuenta donde subía muchas cosas de mi familia y de mis sobrinos chicos; y cuando uno empieza a tener más exposición, uno quiere cuidar a los niños. En la cuenta privada solamente acepto a la gente que es familiar o amigos, porque subo mucho de mis sobrinos, chiquititos. Es por cuidarlos. Tengo dos cuentas. Una abierta y la otra privada, que esa no la uso nunca.

Los comentarios que me llegan en redes sociales son por lo general buena onda. No son pasados a la punta, para nada. La gente es muy amorosa, muy simpática, muy cálida. También como hago las noticias internacionales, me dicen: “Oye, explicas muy bien tal cosa,” “gracias por explicar este punto,” “gracias por explicar lo que pasó en Irán, como con peras y manzanas,” porque realmente la gente se pierde. Me llegan todos esos comentarios, y también: “Oh, me encantaron tus zapatos”. Leo todo lo que me mandan, siempre estoy ahí; pero no respondo todo.
Al estar en pantalla obviamente tienes una exposición que a veces puede ser buena o mala. Sobre todo con las redes sociales te pueden llegar comentarios pesados, o hirientes. Pero uno tiene que trabajar también la seguridad propia: sé que no soy una modelo, no soy perfecta, tengo poros abiertos, y prefiero que sea más importante el contenido que estoy diciendo. Claro, lo digo ahora porque tengo 37, porque uno dice: “Pucha, esto no lo decía cuando tenía 20”. Hay que trabajar mucho en la seguridad propia. Estar contenta de que una no es perfecta. No soy modelo —por algo no estoy en pasarelas—: estamos acá por el contenido. Uno se trata de ver bien, y finalmente al que le guste bien, y al que no… Uno se tiene que preocupar de que uno se sienta acorde y feliz con uno. En las redes sociales hay mucha gente anónima, y te pueden llegar un comentario de tu nariz, tus orejas, altura o cuerpo, de tu delgadez o no delgadez. Hay que trabajar más la seguridad y confianza de uno mismo que darle tanta importancia a lo que te puedan decir. Eso lo he mejorado.

Estoy en el Meganoticias Amanece. Un día promedio, de lunes a viernes: primero hago el noticiero con Gonzalo Ramírez a las 5:45 y lo termino a las 8. De ahí me tengo que quedar en el cable haciendo bloques internacionales. De ahí preparo el bloque internacional porque también hago el bloque internacional de mi noticiero. Y dejo algunos temas avanzados para el día siguiente. Me voy del canal como a las 14:00 o 14:30. Y por lo general trato de entrenar, pero en el gimnasio de mi edificio, nada muy profesional; o hago 1.500 cosas, no sabría decir exactamente qué, pero estoy siempre activa. Llego a mi casa tipo 5 o 6 PM. Y ahí estoy un rato con mi marido, descanso, a veces leo, a veces llego antes, a veces después y trato de acostarme como las gallinas a las 8; a veces me resulta, otras no tanto. Duermo como 7 u 8 horas; sino, no funciono. En la mañana tienes que estar super lúcida porque está pasando de todo, no puedes andar media lenta. Me despierto a las 3:50 y me meto la ducha rajada, porque tengo que salir de mi casa a las 4:40, y llego al canal a las 5, reviso un poco la pauta, los principales portales, me voy a maquillar y a las 5:45 estoy al aire.
Estoy acostumbrada (a levantarme muy temprano). Mi marido trabaja en la radio en el Canal 13, también súper temprano: se despierta a las 5:30. Nuestra casa se activa y se apaga temprano. Coincidimos harto con los horarios y con amistades; si tengo una comida, cumpleaños o nos vamos a juntar con amigos a tomar algo, voy y trato de dormir una siesta de una hora en la tarde, o sé que dormiré cuatro horas y tendré que tomar mucho café al otro día, jaja. Pero no es que salga todas las semanas.
Si salgo y me voy a acostar tarde, no tomo, porque igual los 37 años pesan. En la universidad pasaba de largo po’: de la Murano (disco) me iba a hacer el examen y me sacaba buenas notas igual. Siento que el cuerpo también daba más, jajaja. Y ahora la actividad social baja. Uno dice “no” a más cosas.
¿Un compañero favorito de conducción? La verdad es que para mí son todos. Todos tienen su algo. Ahora estoy con Gonzalo Ramírez, que es mi partner, y lo amo. Es un compañero demasiado bueno: súper sencillo, generoso, alegre y siempre tira para arriba, y eso me encanta.

Me fascina la Gala. Me gusta mucho la moda. Más que la farándula (no consumo mucha farándula), me gusta la moda. El espectáculo, así como el cine y la música, me encanta… Entonces con la Gala estoy en llamas. Veo todas las galas: de Cannes, de Sundance, de los Oscar, de los Emmy, las alfombras rojas, porque es lo que me gusta: veo los vestidos y los comento con una amiga. Me sé todos los vestidos de Zendaya de todos los años.
El año pasado, en la Gala, pasé con Karim Butte, y somos súper amigos, siempre hay harto chacoteo. Pero este año todavía no sé con quién voy a pasar. No puedo contar.
Lo del backstage lo vivo con pura emoción. Estoy muy emocionada, muy agradecida, y me lo tomo con harta responsabilidad. Soy de las que hacen resúmenes de los artistas: cuántas veces vino a Viña, cuál es su relación con Chile, subrayo y pongo post it por acá y por allá. Me lo tomo a conciencia, porque es una transmisión súper importante y una vitrina y plataforma también muy importante. No me lo tomo a la ligera: desde el vestido —que tiene que ser espectacular—, hasta que mi entrevista sea espectacular, que todo cumpla: que tanto el vestido cumpla como la entrevista y mis despachos.
El backstage también era un sueño. Lo iba a hacer en el 13 hace unos años, pero justo me llamaron de acá. Y lo agradezco, porque siento que ahora estoy mucho más preparada para enfrentar todo: para el contenido, el en vivo, la exposición, los comentarios. Fue el 2019, tenía 30 y pocos, 32 quizás. Hoy estoy más madura, más segura.
Soy candidata a reina de Viña, ay, sí, qué vergüenza, jaja. ¿Quién me puso? No tengo idea, nadie me preguntó, pero agradezco que me hayan considerado, muy amorosos. No es algo donde me vea frecuentemente, así que me fue una sorpresa. Cuando me lo dijeron unas amigas y yo juraba que “eran típicas cosas que ustedes ven en Instagram y que son falsas”, y efectivamente era verdad. Me lo tomo con humor, o sea, nunca he hecho una candidatura así, entonces es todo nuevo. ¿Qué pasa si gano? No creo que vaya a ganar. No sé si se sigue haciendo el piscinazo… ¿Recibiría el premio? Depende del rey, si gana Yandel, voy si o si.

Me casé en 2024. Con Kike Mujica nos conocimos en la prensa, en los medios, cuando yo estaba en el 13, de esa época. Yo llevo como siete años acá, y sí, después de conocernos en ese ámbito, salió la relación, posterior a eso (y el compromiso, la petición matrimonial, fue en el 2023).
Quiero ser mamá, pero no todavía. No siento urgencia, pero sé que no tengo 22. Pero la maternidad tiene que llegar cuando uno está preparada. Cuando sea el momento me pongo en campaña. Es algo que me gustaría de todas maneras. Pero no ahora.
¿Me gustaría escribir? Todo el mundo dice: “Hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”, y yo, bueno… el libro me lo puedo saltar.
No sé si soy trabajólica; pero cuando trabajo lo hago al 1000%. Cuando estoy en la pega, estoy en la pega; cuando estoy en mi casa, estoy en mi casa.

Soy una persona muy activa. Me gusta mucho la ciudad, pero creo que en algún futuro, me gustaría irme al sur. Pero veo mucho más cercano irme a vivir fuera, a otro país. Mi sueño es estudiar alguna cosa, un máster en algún otro país o vivir la experiencia de trabajar y ser corresponsal. Mi meta siempre ha sido Nueva York, pero también, si se abre la posibilidad de otra ciudad, Roma —qué sé yo—, o Tokio, no tengo idea. Me encanta viajar y me encanta conocer gente nueva. Estoy casada, entonces obviamente tiene que ser un plan que nos abarque a los dos. Se tiene que planificar harto. Pero yo creo que es algo que no tiene que ser vinculante a tu trabajo, o sea, tú puedes hacer una pausa en tu trabajo, o en tu rutina diaria, si es un sueño para ti.
Estoy en una etapa donde se me están dando muchas oportunidades, y las estoy abrazando y agradeciendo 1000%. nada te asegura que vayas a hacer lo que quieres en la pega, En lo profesional, estoy contenta: el noticiero, la Gala, el backstage Y la cobertura internacional, incluso momentos complejos como estar en Cúcuta cuando cayó Maduro. Puras cosas que me hacen feliz, unas más que otras obviamente. En lo personal, estoy muy contenta con mi vida. Me siento muy feliz, realizada y agradecida.
¿Algún periodo no feliz de mi vida? Creo que normal: nadie está arriba de un arcoíris. Uno tiene altos y bajos, en la pega de repente hay decisiones que te gustan o después otras que te arrepentís; hay temas personales, que uno está mejor o peor; y familiares, hay buenos y malos años. Es súper normal no estar 100% bien siempre. Es humano. Nada puntual.
CUESTIONARIO POP
Si no hubiera sido periodista, me hubiera gustado ser actriz.
Un apodo que tengo es “Pipi”, mis sobrinos me dicen así.
Un sueño pendiente es cubrir las elecciones en Estados Unidos.
Una cábala es persignarme cada vez que me subo al auto… van a creer que soy una monja.
La frase que más repito —que puede sonar muy pindy— es: “Meee mueeero” o “Me muero muerta”... ¿Qué es ser “pindy”? Una mina que anda de rosado, Mean girls, ¡Regina George! ?… Otras frases que más me gustan son “las cosas pasan cuando tienen que pasar” y “nada tan malo para dejar de reír”, ese era el lema de la generación de mi colegio.
He tenido muchos trabajos, en el colegio trabajé envolviendo regalos en multitiendas en diciembre, fui babysitter muchos años, ayudaba con tareas, y después en la universidad trabajé tres años en el Bar Esquina, era mesera, tres veces por semana.
Mi primer sueldo creo que lo gasté en ropa. Era tan poco que ni me acuerdo (en TVN). Yo creo que fui a H&M, que en esa época estaba recién llegando, y me compré algo, Pero no me acuerdo. Era muy buena para ahorrar y así viajar. Mi primer viaje fue a Brasil con catorce amigas, nos fuimos como un mes después de salir del colegio en cuarto medio, antes de entrar a la universidad, con todos los ahorros: vendía cupcakes y todo lo que pudiera, jaja. Me encanta hacer repostería, ¿pero en qué minuto?
¿De qué me arrepiento? Ufff, ¿quién no?… De no haberme ido, en la época universitaria o recién empezando a trabajar, tres meses mandarme a cambiar al Sudeste (asiático). Ahora las vacaciones no son más de 20 días. Además no tenía plata para irme tres meses.

Una periodista que admiro mucho es la Andrea Arístegui.
Un periodista famosillo que sea mi amigo es Karim Butte.
Mi país favorito es Italia.
Talento o pasatiempo oculto es esquiar.
Mi película favorita es Orgullo y Prejuicio. Y una que me hace llorar, mal, es El Pianista.
Un miedo es a envejecer, a dejar de ser independiente.
Creo en el horóscopo. Soy Virgo. Me representa totalmente.
Si pudiera tener un superpoder, sería teletransportarme. Quiero conocer tanto el mundo y siento que hay tan poco tiempo… E ir a Marte, Júpiter y la Luna.
Un placer culpable es la Nutella. ¿Por qué no existe la Nutella light?
Tres personas que invitaría a un asado de la Historia serían la Princesa Diana (obvio), Barack Obama y Beyonce.
Florencia Vial es muy soñadora, quiere ser feliz y aportar a la felicidad de los otros y cumplir sueños.
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