La Firme con Julia Vial: “Soy la primera en hacer un mea culpa, antes la farándula era muy dura, no importaba nada”

La periodista retornó a la TV y a la farándula. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.
La periodista retornó a la TV y a la farándula. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Ella misma se convenció que iba a pasar un tiempo más en casa, pero no duró mucho. Tras dejar La Red, Julia Vial ya volvió al ruedo y donde se inició: en la farándula. Ya no es la de antes, dura, explicará aquí, pero es algo que todavía le acomoda. En este nuevo recomenzar, la periodista se confesó con el diario pop, repasó su carrera y algunas anécdotas.

El primer jueves de abril, Julia Vial se despidió de La Red. La que fue su casa televisiva por diecisiete años ininterrumpidos. Toda una vida, como subrayará ella más tarde. Llegó en enero de 2006 apenas para conducir Intrusos, programa dedicado a cubrir asuntos del espectáculo y la farándula, pero se marchó como el rostro femenino más importante de los últimos años. Entre risas, ella asegura que nunca lo sintió así sino que funcionaba más bien como una especie de soldado que mandaban a la guerra y que no sabía decir que no. Pero en la práctica lo fue. Después de todo, cumplió una década como conductora de los matinales, la seleccionaron para hacerle frente a los debates presidenciales, fue parche de Eduardo Fuentes, Checho Hirane, Alfredo Lamadrid y de quien le solicitaron, y participó prácticamente de cada espacio prime que ofreció la estación previo a una crisis financiera aparentemente sin retorno.

Esa tarde, en su Instagram la periodista anunció su salida con un video que resume lo anterior en unos pocos segundos: decenas postales en diferentes sets, programas, alfombras rojas, entrevistas, premiaciones, rubia, castaña, morena, con sus compañeros, Juan Andrés Salfate, Leo Caprile, Eduardo de la Iglesia y su querido equipo del Hola Chile.

Informó a sus seguidores que se encontraba “tranquila” y “contenta”, porque “aprendí muchísimo, compartí con tremendos profesionales y me hice grandes amigos”. Pero lo que no escribió entonces Vial, por razones obvias, es que también hubo tristeza, resignación. Ese duelo lo vivió antes, allá por noviembre o diciembre, cuando la situación del canal ya se percibía insostenible y las salidas de otros colegas se sucedían, uno detrás de otro. Ella se resistió por su equipo. Pero cuando su editor, el último que quedaba, le comunicó su adiós, se sentó en la mesa para llegar a un acuerdo.

Hubo ofertas y algún pituto, de modo que nunca detuvo su andar realmente. Pero Julia Vial, después de más de veinte años en la pantalla chica, tuvo unos cuantos meses para dedicarse por entera a sus hijos, Julita y Polo. Ella, ensaya, dejó de vivir en modo avión. Y hubiera seguido así por un tiempo, de no ser porque Mauro Caro la convocó para ofrecerle un nuevo proyecto: la renovación del Sígueme y te sigo, un nuevo espacio de farándula en TV+, que supondría estrictamente su regreso al mundo del espectáculo.

Unos días atrás fue su estreno, con el desafío de liderar a un equipo que componen Michael Roldán, Sergio Marabolí, Cecilia Gutiérrez y una dupla que se advertía imposible de reunir: Daniella Campos y María Eugenia Larraín. Aquí, en una nueva edición de La Firme, la periodista y presentadora explicará que volver sobre sus pasos, al inicio de todo, no es un retroceso porque la farándula, en sus palabras, “te prepara para cualquier escenario y para cualquier tipo de programa”. Y claro, porque le gusta, le entretiene. También hablará de su familia, el amor que tiene por sus hijos y revelará más de alguna anécdota.

La firme con Julia Vial

Había recibido otras ofertas, pero yo me manejo mucho de guata... y la guata no me decía esto es. Como que sí, como que no. Y cuando me llamó Mauro Caro, que es el director del Sígueme y que conozco desde el Canal 13, nos tomamos un café y fue como ¿sabís que sí? Quiero trabajar contigo, en este canal, me interesa volver al espectáculo, a la entretención, a la farándula. Quiero volver. Lo he pasado bien, lo paso bien, y fue como de guata. Sentí que era lo que tenía que hacer, lo que quería hacer. Me sedujo el canal, que es un canal dedicado a la entretención, a la buena onda, a lo propositivo. Y yo creo que hoy en mi vida estoy en esa parada, absolutamente. Además, era un programa que dura dos horas, entonces me permite no descuidar lo que había ganado el último tiempo, que es estar más con mis hijos. Se dio todo, se alinearon los astros para decir sí, quiero.

Yo creo que mi gran escuela en la televisión ha sido la farándula. Empecé ahí y me encanta. En el SQP... ¿en el 2001? Pero duré como tres o cuatro meses. Porque ahí en el Festival de Viña echaron a la editora periodística y yo solidaricé con ella, entonces renuncié y de ahí me fui a Pantalla abierta a hacer un programa más social. Después hice espectáculos en En boca de todos, y de ahí a Intrusos...

Si tú logras guiar un panel de farándula puedes hacer un debate presidencial, puedes hacer todo lo que quieras. Porque son personalidades muy distintas; muchos de ellos son personajes. En una época estuve en Intrusos con la Pamela Jiles, ahora diputada, Ale Valle, Jose Villouta, la Malú, Tanza Varela, Michael Roldán... Entonces, lograr orquestar esto y que todos brillen, te prepara para cualquier escenario y para cualquier tipo de programa.

Conducir es lo más difícil de un programa de farándula. El hacer que todos se sientan bien, que todos brillen, que no haya peleas, que lo pasemos bien, que podamos entretener a la gente. Ése pa’ mí es el motivo principal y es en lo que yo me enfoco.

Tú sabís cómo parte un programa de farándula, pero nunca sabís cómo termina. Por eso es en lo que más he aprendido. Tú tenís una pauta, te llama el entrevistado y la pauta se fue a la punta del cerro, po. Entonces, en el fondo, el programa de farándula te prepara para todo tipo de escenario y para estar alerta constantemente mientras dure.

Julia Vial
La periodista a punto de iniciar una nueva grabación de su nuevo programa, Sígueme. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Siempre ha estado vigente la farándula, y no sólo aquí en Chile. En Argentina es mucho más, en España también, en Estados Unidos hay revistas especializadas... lo que pasa es que de repente la vida se hace un poco tediosa, y uno busca ciertos escapes, cierta entretención, y eso te brinda la farándula: el conocer otras historias de los personajes que uno ve como perfectos, felices. De repente te dai cuenta que, detrás de cada persona, hay una historia, dolores, tristezas. También te sentís identificado un poco con ellos. O a través de la historia de un personaje de farándula podís aprender, podís discutir o instalar un tema. Por ejemplo, con perspectiva de género. Entonces, creo que por eso la gente, de alguna manera, busca entretenerse y aprender, ver la vida de los demás... Y bueno, si somos todos un poquito copuchentos. En el barrio, sabemos lo que pasa en toda la cuadra, seamos honestos. Y si no lo sabemos, siempre está la vecina que viene a contar.

Cuando partimos haciendo farándula era súper dura. Partió el año 2000 así, y claro, era mucho más descarnada. La farándula, al igual que los programas de televisión, van de la mano con los cambios sociales, entonces hoy es una farándula mucho más buena onda. Existe el respeto, la dignidad es lo principal, hoy día a nadie se le ocurriría denostar a otra persona por denostarla. Antes las peleas era lo que vendía. Desde que se hacían los tongos de peleas hasta las peleas reales, donde la gente se decía unas barbaridades que hoy serían impensadas.

Todos cometimos errores, estábamos aprendiendo a hacer farándula. El que era más descarnado, mejor le iba. De repente tú no queríai ser descarnada, pero teníai un panelista que se iba de madres, entonces teníai que controlar la situación. No me acuerdo de un episodio puntual ahora, pero sí, evidentemente todos cometimos errores. Yo soy la primera en hacer un mea culpa, porque estábamos aprendiendo y lo que se usaba era una farándula muy dura, donde no importaba nada. El golpe era lo que mandaba.

Todos aprendimos a que las familias y los niños no se tocan jamás. No porque una persona esté involucrada en la farándula, quiere decir que se puede exponer el resto de su familia o mucho menos sus niños. Entonces, de a poco todos fuimos aprendiendo en ese sentido. Un hecho puntual, chuta, lo que le pasó a la Cecilia Bolocco con el Marrocchino fue fuerte. Estaba en la terraza de su casa, fue fuerte. Y así, sucesivamente hay varios hechos con lo que todos fuimos aprendiendo sobre los límites que debían existir, al respeto y a la dignidad que cada uno tiene.

Llevo más de veinte años en la tele y, generalmente, recibo muy buena onda. Recibí un par de comentarios... bueno, ahora recibí una ola de un grupo que yo creo que se concertó. ¡Comunista, octubrista!, me decían. Es divertido, porque después me decían ¡facha! Entonces, dije, ¿qué mierda soy? ¿Soy facha, soy comunista, soy octubrista? Ya no entiendo lo que soy... jajajá. Yo me puedo hacer cargo de lo que yo digo, no puedo hacerme cargo de cómo cada persona lo interpreta. Porque el mismo comentario, tú me entenderás, no da pa’ facha y comunacha. El mismo comentario, exacto. Entonces digo, bueno, cada uno de repente lo interpreta como quiere. O estarán haciendo otras cosas, como cuando están viendo tele y escuchan pero se quedan con lo que escuchan.

Julia Vial
Vial pasó diecisiete años en La Red. Estuvo en Intrusos, Mañaneros, Así Somos, Hola Chile y más. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Yo no engancho con la mala onda, creo que toda la mala onda que uno tira se devuelve el doble. De verdad, prefiero no tirarle mala onda a nadie, tirar pura luz, que todos sean felices. Y está bien, de repente hay gente que necesita tirar mierda pa’ descargarse de los problemas que tiene en el día, y las redes sociales se prestan mucho pa’ eso.

Hay que tomar las cosas de quien viene. Yo ya estoy vieja, tengo 46 años, ya no me tomo el comentario de la red social que tiene un seguidor y se creó ayer, como si fuese verdad. Entiendo al tiro que eso es un bot y ya, bueno, digo, qué tiempo que tiene esta gente para crearse una cuenta falsa y poder escribirme mierda. Es como flaca o flaco, búscate una vida, porque de verdad estái desperdiciando tu día, ¿cachái? Lo entiendo por ahí.

Al periodista que trabajaba en farándula se le miraba mucho en menos. Era como, ah, ustedes no hacen periodismo. De hecho, los periodistas deportivos nos ninguneaban, porque nosotros cubríamos las noticias de futbolistas en aquella época. Entonces, se daba mucho que el periodista deportivo o un grupito muy pequeño de periodistas deportivos eran relacionadores públicos de ciertos futbolistas, y atacaban la farándula. Como que nosotros éramos lo peor. O los mismos periodistas de prensa nos miraban en menos. Yo lo único que le podía decir en ese minuto a todos esos periodistas era que nosotros nunca dejamos de ir a la fuente, de perseguirlos hasta encontrar la cuña, de que nunca hicimos relaciones públicas y que al final se hacía un periodismo de investigación casi mejor que en muchos noticiarios. Lo bueno es que eso ha cambiado. Va de la mano con entender que es un tipo del periodismo, y te puede gustar o no, pero no hay por qué ningunearlo.

Para mí llegar al Sígueme es un tremendo desafío: es volver a la tele después de varios meses, hacer algo que no hago desde el 2012. Y con un equipo en el que sólo había trabajado con Michael Roldán. Con los otros no había trabajado. Entonces, ya llevamos cuatro días y me llamó la atención mucho cómo fluyó desde el primer momento. Yo pensé que me iba a costar más, o que nos iba a costar más, porque panel nuevo, no sabemos los códigos. Pero ha fluido súper bien, así que el desafío es ir conquistando más público todas las tardes. Y de alguna manera es entretener a la gente que está en su casa, po.

El paso por La Red lo evalúo como algo súper positivo, porque se me dieron muchas oportunidades que quizás en otros canales jamás se me hubieran dado. Como poder hacer los debates presidenciales, el debate de gobernador, hacer programas de entrevistas, poder reemplazar a Eduardo (Fuentes) en alguna época. Yo lo evalúo con mucha gratitud, porque aprendí mucho y me puse en distintos formatos. Me dieron la opción de probarme en distintos formatos. Y eso no te lo dan en cualquier canal. Además, estuve diecisiete años, toda una vida.

No sé si era el rostro femenino más importante, jajajá, era la esclava del mes. Nunca creí que fuera el rostro más importante, yo era el soldado que mandaban a la guerra, nomás. Porque nunca decía que no, po jajajá. Era entera gil, nunca decía que no, así que me mandaban a la guerra todo el rato, ¿cachái? Pero así como rostro importante... ¡no! Yo iba a hacer la pega, nomás.

Julia Vial
Antes de llegar a la TV, la comunicadora también se desempeñó en medios escritos, como LUN. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

En el Hola Chile fue donde me sentí más cómoda, porque era un tremendo equipo, con un gran partner y un gran panel. Hacíamos el programa de taquito, miraba a Eduardo (de la Iglesia), Eduardo me miraba y sabíamos perfectamente lo que estábamos pensando. Era un gusto hacer un programa con amigos, entonces era como calentito, como rico, ¿cachái?

Los debates presidenciales fueron lo más difícil. Y yo como soy media matea, me leía todos los programas de todos... ¡y ni siquiera hacía las preguntas! Entera gil, jajajá, pero me leía los programas. Yo tenía que moderar, pero era la que no entendía su rol, y se leyó todos los programas, subrayó, hizo todo. Pero sí, el primer debate me costó, como que no sabía... ya en el segundo le agarré la mano.

Yo aguanté en La Red por mi equipo; mi editor me pidió que lo esperara. Entendí que después de diecisiete años y todo el tiempo que llevábamos trabajando juntos, tenía que acompañarlo. Tenía que seguir con ellos hasta que el último se fue, y cuando mi editor me dijo ya, me voy, me autodespido, ese día hablé con el canal para llegar a un acuerdo y no volver más. Yo tenía contrato hasta el 31 de diciembre.

Cuando me fui, había hecho el duelo antes. Ya con la primera crisis, que fue en noviembre o diciembre, yo empecé a vivir el duelo, a entender que ya era el fin y que no había vuelta atrás. Pero me quedé porque me interesaba que hasta el último del equipo estuviera puesto en otro lugar, trabajando en otro lugar, pero no dejarlo botado. Antes, sí, fue triste, porque nosotros con nada armábamos un medio proyecto, un medio programa y llevábamos golpes. Eso era porque estábamos trabajando con un equipo ultraprofesional, que tenía ganas y creía. Entonces, cuando se desarma algo así es súper penca, súper triste. Además de que se desarma la familia, aunque igual nos seguimos juntando, es lo del día a día. Es sentir que habíamos puesto tanto cada uno para que resultara, porque creíamos en el proyecto, y que finalmente por cosas externas termina...

Yo quería ser abogada, me inscribí en derecho, fui un día y encontré que todos eran muy distintos a mí... después caché que yo era la distinta a todos y no al revés, jajajá. Entonces me cambié al día siguiente a periodismo. Mi papá me escuchó, me cambié y salí con promedio seis y tanto de la universidad, matea. Y ahí caché que era lo mío, lo que me gustaba hacer y que en derecho no habría funcionado.

Mi papá me acompañó ese día a la casa central y tuve la suerte que la secretaria le decía ¡pero cómo, si de periodista se va a morir de hambre! Y ahí el viejo se picó. Porque a mi papá nadie le decía lo que tenía que hacer, po. Entonces se picó y dijo, ¿sabís qué más? Se cambia a periodismo. La secretaria me hizo el gran favor de la vida, porque el viejo se achoró y ya, a periodismo.

No siempre fue televisión, trabajé muchos años en medios escritos. Mi primera pega fue en segundo año de universidad porque me puse a trabajar muy chica. Estuve en la Revista Solo Autos, de ahí en la Revista Paula, Las Últimas Noticias, la Asociación Nacional de la Prensa, tenía varias pegas al mismo tiempo. Cuando llevaba como tres o cuatro años trabajando en LUN, ahí llegó la tele y traté de hacer las dos cosas, paralelamente, como dos años, hasta que ya no me dio. Y ahí evidentemente el sueldo de la tele no se equiparaba, jajajá, quería formar una familia y lamentablemente tuve que irme a la tele. Después seguí escribiendo; de hecho, tenía una página en el Publimetro, con en el 2015. Pero después lo dejé.

Julia Vial
Aunque por un lapso corto, en la pantalla chica Vial debutó en farándula. Fue parte de SQP en 2001. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Fue loquísimo parar, nunca había estado tanto tiempo fuera de la pega. Fue loquísimo porque, bueno... no paré de trabajar, dije, me voy a tomar un mes, y tenía eventos, pitutos, programas. Pero tenía más tiempo para estar con mis niños, eso fue increíble. Yo creo que todo pasa por algo, siento eso de verdad, y era el minuto justo en que mis niños me necesitaban, en que necesitaban a su mamá en las tardes, en las mañanas. Pude empezar a ver otras alternativas de pega, otras cosas que estoy trabajando todavía que no tienen nada que ver con los medios de comunicación. Y fue momento de reencontrarme y dejar de vivir en modo avión. Fue un parón... yo hubiera seguido en este circuito si La Red hubiera seguido, pero fue un parón súper necesario. Volver a dejar de vivir en modo avión, entender qué es lo que quería hacer de mi vida a los 46 años, el estar con mis niños, replantearme todo, fue positivo.

No pensé que iba a volver tan pronto a la tele, fíjate. O sea, tuve opciones de volver al tiro, pero no quise y pensé que me iba a demorar más. Es que el Mauro Caro me convenció... ¡yo soy débil de mente! jajajá.

Le dije que no al Buenos días a todos por el horario... El Tata Díaz me llamó dos veces, que en paz descanse. Cuando estaba Felipe (Camiroaga), la Tonka, estaban todos. Y me llamó pa’ trabajar ahí, po. Y yo le dije, ya, ¿pero a qué hora hay que llegar? Y me dice que a las siete. Y dije noooo, a las siete yo no llego, ¿a las nueve y media podría ser? Y el Tata me miró como “y ésta que no le ha ganado a nadie, hueón…”. ¡Cacha la pendeja alzada, po! Y me mandó a la punta del cerro. Después me volvió a llamar y le dije ¡nooo, es muy temprano! Pero después la vida me castigó, po. Terminé trabajando en el En boca de todos, llegando todos los días al canal a las cinco y media de la mañana, ¿cachái? Desde ahí aprendí que nunca hay que disparar al cielo porque te llega en la cara.

La polémica del reality fue por salvar al Nacho Pop. Lo que pasa es que había un periodista al que odiaba el director ejecutivo del canal de nosotros de aquella época, que había trabajado en Perú. Entonces, el tipo se vengó y me sacó de contexto, y puso que yo había dicho que los boras eran “piojosos”. Y yo lo único que dije, que fue porque Nacho Pop estaba ahí, y estábamos con la Anita Alvarado, era que estaban todos desesperados porque en el reality estaban con piojos. Estaban desesperados porque no les habían dado ningún producto... ¡y eso fue lo que dije! En esa época, el exdiputado Tarud tuvo que salir a dar explicaciones... ¡nooo, una polémica binacional! Y yo como, ¿me estás molestando? Y ahí tú te dai cuenta que la gente se queda con lo que escribe cualquier pelotudo y no va a ver el video, porque si hubieran visto el video, se hubieran dado cuenta que yo nunca traté de piojento a nadie.

Tuve hasta un satélite con Magaly TV... y yo ¡Magaly, te juro!, mostrándole el video, y ella me miraba y me decía: pero igual nos dijiste piojentos. Le dije que no. Pero igual hablaste de los piojos. ¡Pero no dije de quién eran los piojos, po hueón! Se transformó en una polémica, pero bueno. Aprendí. Es que además... ¡yo he tenido piojos, tú hay tenido piojos, mis hijos han tenido piojos! ¡¡Qué tiene tener piojos, hueón!! Tuvo una connotación en alguna época como social a sucio, pero hoy día... es una epidemia que está en todos los colegios: desde el más cuico hasta a cualquiera, ¿cachái?

Abrí mi vida por el tema de la Juli, porque es una especie de causa. Y si bien no la expongo en fotos ni nada, en el fondo es pa’ demostrar que las personas con síndrome de Down pueden lograr absolutamente todo. La primera vez que lo conté fue en una entrevista, la Juli tenía como seis o siete meses. Había dado la entrevista y me junté con mi papá, y me pregunta ¿contaste que la Juli tiene síndrome de Down? Le dije que no y me pregunta de qué hablé en la entrevista. De mi carrera, boludeces. Y me dice: tú no cachái el poder que tienes tú hoy en tus manos para poder sensibilizar a la sociedad y hacer que entiendan que el síndrome de Down es un cromosoma más, y que tu hija va a lograr todo lo que se proponga. Y fue como... tenís toda la razón. Llamé a la periodista, y le dije gorda, ¿te acordái la entrevista? ¡Bórrala, porque tengo otra! Mi papá me mandó a la punta del cerro y tenía toda la razón. Ahí empezó de alguna manera esta bandera de lucha.

Julia Vial
Al igual que ella y su marido, Leopoldo Muñoz, sus hijos son Julita y Polo. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Tenía tres años, andaba en el supermercado con una carterita y me eché un calzón de goma... fue en el Jumbo. Llegué a mi casa, le mostré a mi mamá el calzón de goma y mi mamá me vio... ¡nooo, me llevó de vuelta al guardia! Y el guardia le decía, ya señora, está bien. Pero ella le gritaba que no, que llamaran a Carabineros y que me llevaran detenida por ladrona. ¿Sabís qué? Fue brutal para ser tan chica, pero nunca más me robé ni un lápiz. De verdad, ni un chicle, ni una galleta. Aprendí la lección rápidamente. Nada, nada. No se me ocurriría, ¿cachái? Vuelvo a esa imagen.

De mi mamá rescato la fuerza, la resiliencia, una fuerza brutal, clásica de mujer chilena. Le desahuciaron al marido a los 27 años y ella dijo no, no me quedo viuda. Vendió lo poco y nada que tenía, se lo llevó a Estados Unidos y lo operó, lo salvó, y mi papá tuvo una sobrevida de 50 años sólo por mi mamá. Si mi papá se hubiera casado con otra señora, se hubiera muerto a los 27. Nooo, vieja cabrona, solidaria. Tenía un club de tercera edad en Pirque, y les iba a hacer tecito todos los miércoles a sus viejos. Vivía por sus viejos. Mi mamá es de esa gente que si tiene dos chalecos y ve a alguien en la calle, se sacaba el chaleco. Una cuestión que tú de repente decíai, pero mamá, piensa en ti un poco, ¿cachái? No, ella siempre muy heavy.

Mi viejo (Patricio) es un sobreviviente, entonces siempre te llamaba a terreno de vivir el día a día. ¿Qué hiciste hoy día?, te preguntaba. Fui a la pega... ya, pero ¿qué hiciste hoy día? Chucha, caballero fui a la pega. ¿Pero qué hiciste hoy día? ¡Papá, tres veces te dije que fui a la pega! No, ¿pero qué hiciste hoy por hacer feliz a alguien, cambiarle el día a alguien, ser feliz tú? No, nada... Perdiste un día, te decía. Y era como ¡woooo! Tenía razón. Era sibarita, conversador, da lo mismo que tuviera diez mil cosas que hacer, pero si él sentía que la otra persona necesitaba conversar, se quedaba ahí pegado. Todo era como la lección de vive la vida, vive el minuto, si alguien te necesita anda, no digái ay, tengo que ir al supermercado. Es más importante esa persona, todo el resto se puede solucionar después.

Mis hijos son un sindicato, hueón jajajá. Al principio, cuando iba a llegar Polito, la Juli quería regalarlo. Mamá, ¿y si lo tiramos al techo y se lo lleva el lobo?, me decía. Y yo, ¡si todavía ni nace la guagua! jajajá. Pero ahora ella es súper maternal, súper protectora de su hermano chico. El otro abusa, es abusador porque se aprovecha de la bondad de la otra. Forman el sindicato y ahí ya sé que no tengo cómo ganar. De verdad, es dos contra uno, pero dos potentes. Y la Juli te argumenta.

La Juli es súper dócil y el Polito es igual a mí. La Juli, mientras no la jodái, no va a haber problema. Pero cuando se le mete algo en la cabeza... Ella estuvo internada cuatro meses, operada a corazón abierto; excelencia académica, hace cualquier cantidad de deportes. Ella no tiene límites. Ninguno. Hace todo lo que quiere. Se propone algo y lo hace. Por eso, para mí es sin duda la mujer más fuerte. Siendo operada del corazón y todo... si yo con la Juli, estuvimos tres meses duros en la clínica. Duros.

No sabía si iba a estar preparada para ser mamá de la Juli, porque no conocía, y en el fondo, la ignorancia, el desconocimiento te genera miedo. Y el miedo te hace dudar de tus capacidades. Pero de repente te lanzái a la piscina, po. No te queda de otra: es tu hijo, jajajajá. Tenís que hacerla, ¿cachái? Empezái a investigar, a reportear... En cada edad, en cada período, uno tiene otras dudas, otras inquietudes. El temor a lo desconocido es lo que más te afecta al principio.

Julia Vial
Vial siempre se definió como "cabrona", pero dice que ahora no es tan así. Que ahora está más tranquila. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Yo perdí una guagüita de un poquito más de tres meses. Fue lo más difícil, porque en el fondo, me tuve que hacer un legrado, la guagua iba a morir en cualquier momento. Entonces, tenía que ir una vez a la semana a hacerme una eco, saber si la guagua seguía viva o no, porque venía con otra trisomía. Esa guagua era tratamiento, había sido un in vitro que me había hecho, y claro, lo más difícil fue el momento de ir toda la semana hasta que te digan que el corazón dejó de latir. Porque uno todavía se aferra a la idea de que los doctores se pueden equivocar. En ese momento, lo único que sabíamos es que la guagua estaba chiquitita y que no crecía como debía crecer. No sabíamos que venía con una trisomía que era incompatible con la vida. Lo supimos después.

Lo pasé mal, pero yo quería volver a ser mamá. Entonces, tenía fe en que iba a pasar. Volví a insistir al tiro en otro tratamiento para poder quedar embarazada, y de hecho, me resultó sólo uno, que era Polito. El doctor me dijo vamos de nuevo, más hormonas, pero ya estaba agotada física y mentalmente con la cantidad de hormonas que tenía en el cuerpo por el tratamiento. No podía más. De verdad llegó algún minuto en que yo digo corto circuito, no puedo más, va a resultar, va a resultar, va a resultar. ¡Y resultó, po!

Polito nació el 24 de diciembre en la noche, mi regalito... ¡mi doctor estaba súper contento! jajajá. Todavía me manda saludos. Me llamó ese día, me acuerdo. Me dijo, hueona, por favor no hagái nada hoy día. Y yo no, si no va a pasar nada. Lo llamé a las ocho y media: doctor, se me rompió la bolsa. Y el doctor me respondió: mis hijas te mandan saludos. Así como “me cagaste la navidad”.

La casa simulada, del Centro UC Down, que hoy se llama Francisco Bozinovic, es un proyecto que es fantástico. Es la opción que ofrece el Centro UC Down, en el campus oriente, donde se hacen terapias para los niños y jóvenes con síndrome de Down, o con discapacidades cognitivas. Van creciendo y de repente llegan a esta etapa en donde se les enseña a vivir solos, en esta casa. Es un departamento precioso, y al lado tienen los vecinos, que son los tutores, a los que si tienen algún problema le van a tocar la puerta para que los ayuden. Es un tremendo proyecto en el que mucha gente ha trabajado, especialmente la doctora Macarena Lizama, presidenta del Centro. Y hacía falta en Chile, poder darle independencia a nuestros jóvenes.

Yo quiero que la Juli viva su vida independiente... ¡pero conmigo! Yo digo que ella sea independiente, pero cuando me diga me voy, yo le voy a decir ya, nos vamos. Ese día voy a sufrir como chancho, ¿sabís por qué? Porque la echo demasiado de menos. Es mi gata, ¿cachái? Yo sé que va a llegar ese minuto, igual que con el Polo, pero ¡yo duermo con ellos! La Juli tiene 13, el polito 7 y yo duermo con ellos todas las noches. Entonces, me van a decir me voy, y yo no, hueón: me voy con ustedes, adóptenme, ahora la vida es al revés. ¿Qué voy a hacer sin ellos?

Ya lo dijo el Presidente, así que lo puedo decir: Chile está postulando para ser sede de las Olimpiadas Especiales, que son estos Special Olympics. Se acaba de hacer este año en Berlín; son siete mil atletas con discapacidades cognitivas que van a competir. Nosotros sacamos cuatro medallas de oro. Yo soy parte del directorio y queremos traerlo a Chile. Se hace cada cuatro años, igual que las olimpiadas. Imagínate: se ha hecho en Abu Dabi, en Berlín, creo que en Estados Unidos, y por primera vez en Latinoamérica, se haría en Chile.

Julia Vial
En 2012, la periodista protagonizó su única gran polémica, cuando medios peruanos la sacaron de contexto. Tuvo que incluso dar explicaciones en un satélite. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Puse mi cargo a disposición para que no echaran a Andrés Baile... ¡pero no me resultó! Y Andrés siempre lo cuenta, jajajá. Yo le digo gordo, no lo contís, porque quedamos los dos como hueones. Yo puse mi cargo a disposición... igual te echaron, hueón, jajajá. Es verdad, porque al Pelado yo lo amo, encuentro que es un tremendo hombre, tremendo profesional. Lo amo mucho. Y también a Nacho Pop: pregúntale a Nacho Pop cuántas veces fui a salvarlo. Programa por medio tenía que subir a gerencia a pedir perdón, que no lo echaran, que yo asumía la culpa, que yo era una pelotuda, jajajá.

Antes era mucho más cabrona que ahora. Ahora soy más dócil. Todos los días elijo no enojarme, no me enojo. Hace tres años que decidí no enojarme nada, y sigo en eso... ¡pero tócame a los hijos! A mí dime la hueá que querái, dime todo lo que quieras, pero a mis hijos o a mis hermanos, familia, ¡prepárate, ahí soy cabrona nuevamente!

No sé cómo empezamos, pero coleccionamos cámaras. De repente Polo (Leopoldo Muñoz) llegó con una, yo tenía otra... y ahora ya como que hay miles. Es como todo en mi casa. Son los gremlins: las mojamos y se multiplican. El Polo también colecciona figuritas de cómics, de todo. ¿Yo? Yo colecciono zapatos, jajajajá. Eran mi debilidad, ¡pero ya me controlé!

Tenía una gallina, la hicieron cazuela y dejé de comer pollo por dieciocho años. De hecho, todavía no como mucho pollo... me traumó. Imagínate: la Bonifacia fue mi primera mesada. Costó 100 pesos. Yo vivía en Pirque, fuimos a la feria de Puente Alto, la de los domingos en Ejército, y me compré con mis 100 pesos mi pollo. Mi pollo resultó ser una gallina. La gallina resultó ser Bonifacia. Yo feliz con Bonifacia, po. Bonifacia se crió con los perros. Bonifacia nunca cachó que era gallina, ella se juraba perro. Mi papá iba al cerro y Bonifacia era la primera detrás, después iban los otros perros. Pero mi mamá la odiaba porque tenía todo cagado. Hasta que un día Bonifacia desapareció. Yo le digo mamá, no encuentro a la Bonifacia. Y de repente veo en el basurero de abajo, porque tuvieron la delicadeza... y ahí estaban las plumas. ¿Y de almuerzo? Cazuela. ¡Nunca más comí pollo! Lloré... y decidí no tener más mascotas que se comieran, hasta que llegó Pompón. Pompón era un conejo. Tuve que regalarlo porque me cambiaba de casa, y tuve que conseguir una familia... ¡porque varios querían echarlo a la olla! Tuve que interpretar las reales intenciones de cada uno de los adoptantes.

Me encantaría ser jurado en el Festival de Viña. En serio, encuentro que lo pasan tan bien.

Si no hubiera sido periodista me hubiera gustado estudiar literatura. Me gusta leer y estaba en literatura en el colegio y todo. Hubiera estudiado eso.

Julia Vial
Uno de los grandes dolores en la vida de Julia Vial fue perder a una guagüita de tres meses. Después, tuvo a Polito. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

En mi casa me dicen mi segundo nombre, que me carga. ¡Porque no suena con el primero! No es que no me guste el nombre: es que la combinación de los dos nombres es horrible, hueón. Mi papá me puso así porque en esa época pedían dos nombres y no se le ocurrió otra cuestión. Julia Beatriz. Y en mi casa, pa’ huearme, me decían July Betty.

Un sueño pendiente es hacer un viaje con la Juli a París. Me pidió ir a París... a la ciudad del amors.

Soy cabalera, ando con una medalla del Padre Hurtado todo el rato. Al Padre Hurtado lo tengo de casero. Yo creo que hablo y el Padre Hurtado debe decir ¡noooooo! Como que ya no me debe querer ver.

Mi restaurante favorito es un chino, Chung-San. Queda en Vitacura, es delivery. ¡Weeeeeno! Los mejores rollitos primavera, los mejores wantanes, con o sin carne. Tienen una tortilla de camarones... carozzi, pero riiiiica.

Despeloné almendras... ¡y me cambiaron las huellas digitales! Mi papá me pagaba 40 pesos el kilo, imagínate. Con cuea hacía dos kilos al día. También fui promotora de verano, fui jefa de promotoras. Trabajé de todo... de mozo. De todo.

No me acuerdo en qué gasté mi primer sueldo... en alguna deuda tiene que haber sido, jajajá. En pagar alguna deuda o en una piscola. No, cuando despelonaba almendras, juntaba la plata para irme de vacaciones con mis amigos. Pero ahí no tomaba piscola, era muy chiquita.

Me encanta pintar, pero la casa. Pinto la casa. Pa’ La divina comida, cada vez que me invitan, como que pinto la casa, y la pinto yo. Soy una experta. Ando con las pistolas de silicona, pegando todo. Como que en mi otra vida me hubiera gustado ser maestro, ¿cachái?

Escucho de todo, desde Frank Sinatra, Elvis, mucho brit pop y ahora, por deformación de mis hijos, mucho Rosalía, Maluma, Manuel Turizo. Y lo peor de todo es que me gustan... Del brit, escuchaba mucho The Cure, Pixies, Pulp.

U2 fue el mejor concierto al que fui. Fue el primero (1998). Es que yo amaba a Bono, yo me iba a casar con Bono... Bono y Vicentico eran mis dos amores platónicos.

Julia Vial
Para Vial, la farándula fue su gran escuela en la televisión. Foto: Andrés Pérez, La Cuarta.

Una película con la que lloré fue Marley y yo. Es que amo a los perros, entonces lo pasé mal.

Corté Netflix y corté todas las series, ¿sabís por qué? Porque soy adicta. Empezaba una serie y no paraba, maratón. Ya no hacía nada más, po. Al final corté Netflix por sanidad mental. ¿Recomendar una serie? A mí me gustaba harto La reina del flow... ¡es wena! ¿Cuál otra? Hmm... Big little lies, en HBO, que es buenísima. Y son cuatro capítulos. Es la Nicole Kidman con la Reese Witherspoon.

Creo en el horóscopo... tengo el del domingo y el del martes... adivina el diario, jajajá. Soy cáncer y sí, soy súper casera, hogareña, familiera. Súper mamona también.

Si pudiera tener un superpoder sería leer la mente. Obvio, todo el rato, sabría todo. Me encantaría... imagínate: estái conversando con alguien y el hueón está pensando ¡oye la mina pesáaaa! Sería entretenido.

Mi placer culpable son los chocolates. 100% los chocolates... no puedo comprarlos, ¡porque me hablan! Me dicen cómeme, jajajá. Y no puedo.

Mi trago favorito es la piscola... y la piscola perfecta es con harto hielo, Alto del Carmen 35º o en su defecto Capel 35º y Coca Cola Light. Tres dedos de pisco y el resto, bebida.

Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado —con copete— serían Elvis Presley, mi papá y María Antonieta. Elvis, porque me encanta, además su historia es fascinante. Mi viejo, porque ése armaría la conversa. Y quiero poner a una mujer, a María Antonieta.

Julia Vial es una mujer de 46 años que elige no enojarse e intenta ser feliz todos los días de su vida. A veces lo logra, ¡mas otras no!

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