La Firme con Iván Valenzuela: “Me gusta mucho lo que hago, tengo mucho ‘refuerzo positivo’ de mis jefes y siento mucha confianza”
En el noticiero de la tarde de Canal 13 con Consuelo Saavedra y en una nueva temporada de Mesa Central, repasa su vida, obra y presente, además de sincerar lecciones y reflexiones varias: “Tengo más problemas de memoria que antes”, admite pronto a cumplir 60.
Iván Valenzuela Urra (59) cumple 60 años en mayo:
—Estoy empezando a lidiar con algunas cosas que me complican un poco —admite el experimentado periodista en una amplia oficina dentro de las inmediaciones de Canal 13.
Minutos antes, cuando se encontraba con el reportero de La Cuarta, al saludarlo improvisó una maniobra para estrecharle la mano porque en una traía un libro y en la otra un café, y la tacita se le dio vuelta, y la mitad se salpicó en el piso, dejando una mancha cacao. No se escandalizó pero, instantes después, se mostró preocupado por limpiar el accidente.
—Por ejemplo, el café que se me cayó, ciertas torpezas —especula él sobre aquel episodio, atribuyéndoselo al casi sexteto de décadas cumplidas—: Antes no me pasaba. Me ofrecieron una tapa para el café y no la quise. Son esas micro decisiones huevonas que uno toma muchas veces al día.
Poco antes, sentado, mientras comienza la entrevista y termina de masticar, Valenzuela ofrece:
—¿Quieres pistacho? —Trae una bolsita plástica con frutos secos, sobre la cual luego dice—: Perdona que coma, pero es mi desayuno.
Lleva puesta una camisa naranja con puntos blancos y, consultado por qué decidió ponerse el “color institucional”, él responde entre risas que sólo es “coincidencia”. Y es que es uno de los rostros insignes de Canal 13 —también de T13 En Vivo y fundador de T13 Radio—, donde llegó oficialmente el 1 de marzo de 2001, luego de que “colaboré en algunas cosas con Gonzalo Bertrán desde el 2000″, comenta en alusión al histórico y fallecido director.
Hoy, se lo ve en pantalla desde las 13:00 horas en Teletrece tarde junto a su nueva compañera, Consuelo Saavedra. El domingo 8 debutará con nueva temporada de Mesa Central desde las 11:00 AM y continúa en Hablemos a las 12, en el canal de noticias. Sin embargo, ya no sigue con Página 13:
—Por eso puedo estar contigo en este momento, porque lo están grabando ahora —evidencia.
En conversación con La Firme, Valenzuela repasa su vida, obra y presente, desde sus remotos primeros recuerdos en Linares, en el Maule; su aterrizaje en Santiago como un joven tímido que, en retrospectiva, se hizo periodista para obligarse a impulsar su carácter; su paso de reportero musical a entrevistado consumado incluso en la siempre tensa arena política; historias varias como cuando le censuraron una entrevista a Ítalo Passalacqua y Mónica González le dio un consejo que lo marcó hasta hoy; el arribo de Consuelo Saavedra; las oleadas de haters en redes sociales, y su opinión sobre ellas; una reflexión sobre el episodio del “Patito Verde”; un apronte de lo que serán sus 60; vida y presente familiar; eso y mucho más.
De aquí en adelante...
LA FIRME CON IVÁN VALENZUELA
Nací en Rancagua, viví casi nada ahí, y después me fui a Linares, donde llegué a los tres años y medio, o cuatro, y viví mi primera infancia... No sé exactamente cuál fue el lugar donde aprendí a andar en bicicleta… Se andaba en bicicleta por la calle en esa época… Igual era heavy: a un niñito en mi colegio lo atropelló un camión. Creo que murió. Tengo recuerdos súper vagos de chico. Ahora que lo pienso, tengo recuerdos de esas cosas, de accidentes, como cuando me pegaba en la cabeza. Pero también recuerdo mucha libertad: recorría en bicicleta todo.
Me vine a Santiago antes de la adolescencia, como a los diez. Desembarqué en el colegio Calasanz —no sé por qué, a mis papás se lo recomendaron—, que no anduvo bien. Un problema en esa época era que estaba mucho menos regulado el curso en que ibas por la edad (salí a los 16). Me salté primero básico y además había entrado antes; era técnicamente dos años menor que mis compañeros. Entonces era fome porque yo no entendía los códigos: venía de otro planeta; entre Linares y Santiago en esa época era como llegar a Nueva York. No cachaba nada, y además era mucho más chico. Entonces me cambié al La Salle, el colegio de mi hermana, jaja.
Antes era tímido y soy tímido en general. Todavía lo sigo siendo. Lo que pasa es que ahora tengo más personalidad, porque la gente me conoce; facilita mucho. De hecho, siempre he pensado que una de las razones por las que me dediqué a esta pega es porque si no sería insoportable, porque te ayuda a superar la timidez, te obliga a hablar con gente. La mayoría de la gente, casi toda, tiene mucho “goodwill” porque te conoce y tiene una imagen de ti. Normalmente te dicen que “eres mucho más flaco que en la tele”. Es muy divertido. Parte de un halago, jeje.
Rápidamente me sentí santiaguino. Soy santiaguino, llevo no sé cuántos años en Santiago. O sea, nunca tuve un conflicto por no ser santiaguino. Lo que tuve fue más bien un conflicto cultural —por ponerse ampuloso—. De hecho, me encanta esta ciudad, encuentro que es una ciudad la raja, increíble. Siempre me ha molestado que le digan “Santiasco”, porque encuentro que es una ciudad la raja. Nunca tuve rollo con sentirme santiaguino. El primer día de clases mi mamá me acompañó en la micro para dejarme en el colegio, para que aprendiera el recorrido, jajaja, y cuando volví a la casa me dijo: “Ya, ¿aprendiste el camino?”. “Sí”, le contesté. “Ya, mañana te vas solo”, me dijo en esos tiempos. Yo creo que desde ese día soy totalmente santiaguino… Probablemente desde el día en que me pegué contra un poste por ir mirando para atrás si venía la micro, que son “cosas de la calle”, que en Linares jamás me hubieran pasado, porque allá no andaba en micro.
Iba a estudiar música. Siempre me ha gustado la música. Cuando postulé, caché que no me alcanzaba el puntaje para estudiar Periodismo, y se había abierto —no sé si ese mismo año— una Licenciatura en música, que no sabía muy bien lo que era, pero no era tocar un instrumento —que yo no estaba capacitado para eso—, no era composición ni las carreras clásicas de música; entonces me inscribí… También quedé en Ingeniería comercial… Y fui a dar la prueba a la Facultad de Arte, ¡y quedé! Demostré que por lo menos tenía dedos para el piano; otra cosa es que nunca lo toqué, pero tenía dedos para el piano. Me di ese gusto.
Cuando quedé en Música, mi papá se sentó conmigo en mi pieza y me dijo que “si te metes a Licenciatura en música vas a perder la oportunidad de hacer otra cosa si quieres (como Periodismo); en cambio con Ingeniería comercial tienes más oportunidades para prepararte y dar la prueba de nuevo”. Era una especie de tragedia, porque era mi primer “fracaso académico”, porque normalmente me iba bien: no estudiaba mucho y sacaba buenas notas, pasaba con sobre 6 fácilmente; y además tenía 16 años. Mis papás no me presionaron ni me obligaron, y si hubiera insistido con la Licenciatura en música me habrían dejado —como después, cuando quise ser cura, también me dejaron—. Nunca me pusieron una traba. Fueron súper inteligentes. Creo además que, íntimamente, en el fondo de mi corazón, sabía que no tenía tantos dedos para el piano, que podía saber de música, que tengo oído, que soy afinado; pero no soy músico. Nunca he sido.
Estuve nueve meses en el proceso de ser cura, pero no me convencí. Siempre he dicho que fue por el celibato, porque me gustaban las mujeres; en el fondo, es una manera de decir que lo que yo quería era formar una familia, que eso me interesaba más. Y probablemente también creo que no estaba satisfecho con la idea de la religión que estaba en juego en mi proceso de discernimiento, que eso es mucho más difícil de explicar y más íntimo, y no lo explicaré, porque además es muy largo… Pero creo que me pasaban varias cosas al mismo tiempo.
Nunca fui galán ni seductor ni pololo. Empecé súper tarde a tener relaciones con mujeres. Empecé pololear fuera del colegio a los 17. Nunca tuve polola en el colegio. De hecho, me acuerdo que cuando me hablaban mujeres —porque mi curso no era mixto, pero el colegio sí— en el patio, me costaba mucho. Y en eso la pastoral me ayudó un montón, a socializar y todo…. y tocaba la guitarra, también. Y después tuve algunas relaciones, pero —como dice un amigo mío— no andaba “a chuletas con las minas”, para nada.
En una entrevista al DF el 2025, hablando del ego, dije que te juega malas pasadas y que me he “creído más de lo que soy”... No sé en qué contexto habré dicho esa brutalidad… Pero cuando era más chico me pasó. La Rock & Pop era un fenómeno. Fue algo muy loco para todos los que la hicimos. Los años 90, en general, fueron muy locos para los que estábamos en la juventud, porque enganchamos una generación que venía saliendo de la universidad y entrando a los medios con la necesidad de entender al público juvenil, que se hizo muy importante; primero, porque había más jóvenes —adolescentes hacia arriba— con poder de decisión de compra, y —dos— el país se empezó a enriquecer y esos jóvenes comenzaron a recibir mesada o sueldo, y se hicieron atractivos comercialmente. Fue muy virtuoso y nos permitió estar en los medios en una etapa muy creativa de la vida y cuando uno está más atento a las tendencias, muy arriba de la pelota. Y el éxito también hace que uno se crea más, obvio.
Me acuerdo de una vez, ya trabajando en Canal 13, estaba leyendo una entrevista a un humorista joven que decía algo así como que “yo creo que los ejecutivos de la televisión no saben quién es David Letterman (comediante)”. Me dio risa, porque yo ocho años antes yo había estado en una grabación de David Letterman, cosa que probablemente ese humorista no había hecho, jaja. Me refiero a que cuando uno es chico básicamente cree que todos los que están antes son unos ignorantes. Y después te das cuenta de que en realidad no. Todavía me sigo sorprendiendo de cosas que aprendo y digo: “La gente que me precedió hizo cosas que yo no sabía que habían hecho”. Es bueno enterarse, porque es un baño de humildad para las generaciones posteriores.
Este cuento sí que es viejo… Cuando me cortaron una entrevista sin previo aviso en que Ítalo Passalacqua contaba que era gay a principios de los 2000, pensé en renunciar, pero alguien me aconsejó que no lo hiciera. Ese alguien fue la Mónica González, que sufrió lo que todos sabemos que sufrió durante la dictadura y aprecia la libertad de expresión más que nadie. Yo no la conocía, me la encontré en un restaurante y ella me dijo. Me acerqué a saludar a la persona con la que estaba, la Tati Penna; y ella, en vez de saludarme, de decirme “hola”, me dijo: “SUPONGO que no estás pensando en renunciar”. Y le dije: “Sí lo estoy pensando”. Y me dijo: “Eso dura nada, nadie te lo va a agradecer, después las cosas van a pasar, tú vas a quedar sin trabajo y todo se va a arreglar”... Y me cambió la perspectiva. Para mí, la Mónica tenía y tiene toda la autoridad del mundo para decir algo así. Probablemente si me hubiera dicho lo contrario hubiera reafirmado mi posición, porque lo que yo consideraba absurdo de lo que había pasado en ese momento era que me habían cortado un reportaje sin avisarme, sin preguntarme ni sin discutirlo editorialmente, de una manera inaceptable. Y si yo me hubiera ido, no sé qué hubiera pasado; pero de todas las personas que tomaron esa decisión, aproximadamente seis meses después no estaba ninguna en su cargo… Y yo estoy acá… Creo que la Mónica tenía razón.
No sé por qué me acordé de cuando hacía el En Boca de Todos con la Carola Urrejola. Me llegó una denuncia de que en Malloa (Región de O’Higgins) habían entregado unas viviendas sociales de 10 mts² —que nadie puede vivir en 10 mts²—. Un periodista nuestro fue a hacer el reportaje, y efectivamente era así. Y les sacamos la chucha, como sólo una persona razonable y decente puede indignarse frente al Estado que entrega soluciones habitacionales de 10 m². Y me llamó la ministra (de Vivienda), o la subsecretaria de la época, y me explicó el caso, me dijo que irían al programa a respondernos, y antes de la entrevista —que me pareció muy pertinente— me explicó que era un programa social muy antiguo, de la época en que el Estado de Chile era mucho más pobre, una rémora de un programa iniciado unos 20 años antes, y que correspondía a otra realidad, y que hacía era entregar una “caseta sanitaria” para que la gente la autoconstruyera y completara, y permitía solucionar rápidamente algunas necesidades muy básicas como un mínimo techo, y adosarle baño, alcantarillado y un montón de cosas muy caras de construir. Te puedes indignar por una casa de 10 m², pero otra cosa es si tienes todos los datos: es evidente que matiza la historia.
A mi esposa, Rosario Camacho, la conocí cuando trabajaba en Rock&Pop, y ella trabajaba en la revista. En una entrevista el 2019 conté que “nuestro acuerdo de matrimonio fue que el trabajo no puede arruinarnos la vida”, hace muchos años. Lo que pasa que cuando dejé de ser ejecutivo en el 13 —que fue mi primera pega acá—, quedé como “volante”. El director ejecutivo de la época me decía: “Ya, me vas a asesorar a mí y podrás hacer los programas que hay”. Al poquito tiempo surgió una crisis en el matinal de esa época (La mañana del 13) y nos pidieron a la Karla Constant y a mí que lo hiciéramos. Implicaba levantarse muy temprano, a las 6 o 6:30 de la mañana. Había que tener otra dinámica para llevar a los niños al colegio y toda la onda. Y estaba toda esta cosa de que los animadores del matinal se acostaban a las 7 de la tarde para estar a las 8 al día siguiente, y yo decía: “No puede ser, po’; si me acuesto a las 7 de la tarde no veré a mi mujer nunca… no puedo”. Decidimos que lo haríamos con ese predicamento. Pero no tengo problemas con eso; hace muchos años que lo manejo así. Y sigo casado, jaja.
Siento mucha confianza. Siempre la he sentido. Siempre en mi carrera he sentido esa confianza, confianza editorial, como que los directores, los responsables de los medios en los que he trabajado, siempre confían en que voy a decir algo correcto. Y me ha pasado desde chico, desde que empecé a trabajar, siempre me ha pasado. O sea, era chico, e inventamos la “Zona de contacto” en El Mercurio. Más o menos en esa misma época, la Municipalidad de Viña le quitó a TVN el Festival de Viña, y yo comentaba el espectáculo en el noticiario, y el comentario editorial de TVN sobre eso lo hice yo. Era chico, 26 o 27 años, no tenía una trayectoria tan larga, y llevaba un par de años nomás en TVN. Y después en Rock&Pop, Cooperativa y acá. Muchas veces pasó, como en la época que hacíamos el Festival de Viña cuando quedaban cagadas; o salían Los Prisioneros a hablar en la Teletón y que Jorge (González) dejaba la cagada, el que hablaba en el matinal el lunes siguiente era yo. Siempre cuando había alguna dificultad editorial particularmente en esos ámbitos —no en la política—, yo ponía la cara. Eso siempre lo he sentido como una muestra de confianza.
Supongo que lo que pienso respecto de la libertad de expresión y del papel de los medios de comunicación coincide de manera significativa con lo que piensan los dueños, los ejecutivos de los medios en que trabajo. Por eso ellos confían en lo que yo vaya a decir. Nadie me escribe los discursos. Siempre he tenido una cierta libertad editorial que me acomoda bien, porque además tampoco es que la ande usando todos los días. Por ejemplo, para los debates presidenciales trabajamos 45 preguntas con un equipo de política; y no las puedes a hacer todas evidentemente, pero nadie nunca me ha dicho “no puedes hacer esa pregunta”; puedes afinar un tono, la formulación de la pregunta, cómo la vas a hacer, pero es distinto a que no confíen a la hora de los qué hubo, cuando estés solo, sin muela ni nada. Confiaron en ti nomás y, si decides dejar la caga, dejai la caga.
“¡Usted no debería ser Presidente!”... Igual seria bueno un debate en que alguien se saliera de madres, jaja… Una vez un periodista bastante conocido ahora hace muchos años en TVN estaba peleando con el entrevistado, un dirigente político, por un tema de libertad de expresión, y cuando terminó la entrevista el conductor del programa dijo: “Gracias… ¡Quiero decir una cosa más! ¡No estoy de acuerdo con él!”. Eso debería pasar a un debate: “No estoy de acuerdo con usted! ¡Usted no debería ser el Presidente!”.
Nunca me gustaron los noticieros… son todos pésimos los noticiarios, jaja (Bromea). Lo que no me gustaba —una cosa que el director de prensa de ahora comparte—, es que los noticiarios en esa época, hace veinte años, estaban súper estructurados como lo que nosotros llamamos “lead-nota”, o sea, lo que dice el locutor y la nota. Y yo pensaba que había una manera —que lo que habíamos hecho el En Boca de todos—, de cambiar esa estructura. Pero para cambiar esa estructura el equipo tiene que estar muy cohesionado, y un departamento de prensa es muy grande como para acometer un cambio que era un poco ambicioso en ese momento. Entonces no resultó, rebotamos.
Cuando hicimos el noticiero central con la Sole (Onetto), andábamos buscando para ese proyecto nuevo algún tipo de interacción. Yo estaba obsesionado con la idea de que teníamos que profundizar el visionado en vivo del noticiario, porque ya en esa época existía TiVo en Estados Unidos, que podías grabar el noticiario y saltarte los comerciales; pero nosotros queríamos que la gente lo viera en vivo…. Una idea delirante… En esa búsqueda de herramientas, de repente, un amigo me dijo: “Mira lo que pasó en Twitter”, y había ocurrido el accidente del avión, un Boeing 737, que cayó sobre el río Hudson (2009), que había partido en LaGuardia (Nueva York), chocó con unos pájaros y terminó aterrizando en el río, y un tipo subió una foto y la publicó en Twitter. Fue increíble porque la foto llegó antes que en el New York Times, que la televisión y que cualquier otro medio. Empezamos a averiguar y cachamos que Twitter podía servir como interacción y me metí.
La promesa de Twitter era que iba a “democratizar las posiciones”... Yo nunca creí en eso. Siempre pensé que era una manera de comunicarse, pero nunca me compré el cuento de que iba a democratizar la información. Porque creo que el comentario de una persona que sabe sobre un tema versus el de una persona que no sabe no pueden valer lo mismo, y en las redes sociales a veces valen lo mismo. Para algunas cosas tiene sentido mirar eso, las tendencias, como para decir “este discurso salió mal porque la mayoría de la gente se lo tomó mal”; otra cosa es que tengan razón o no, pero lo se tomaron mal, y eso es un dato relevante. Pero, a la hora de los argumentos, no estoy de acuerdo en que valgan lo mismo. No vale lo mismo la opinión de José Maza sobre astronomía que mi opinión sobre astronomía, jaja. Yo no tengo idea; como en la mayoría de los temas, no tengo idea de nada. Por eso nunca creí en esa democratización de la información.
Antes tuiteaba harto. Ahora no. Es que no tiene mucho sentido. Lo hago de repente porque dijo: “Hay que estar en redes sociales”, pero no le encuentro mucho sentido. Y también me pasa un poco con Instagram, que a veces me gusta poner cosas sobre mi mujer y mis hijos; pero no me veo obligado a mostrar mis vacaciones, por ejemplo. Hubo un momento, como hasta el 2021 (Le comenta el reportero), en que publicaba más cosas familiares, después dejé de hacerlo y volví. Son como olas: a veces van y a veces vienen. Pero lo hago independiente del público: lo hago porque es entretenido y también es una forma de mostrar cariño, en esa onda. Pero sé que realmente no tengo vocación para las redes sociales: tengo un problema. Todo el mundo me dice que tengo que tener presencia en redes sociales…. Pero nada: es un tema no resuelto.
Hace veinte años opinaba mucho más libremente como periodista. Hace veinte años el escenario de los medios era distinto. Siento que en estos veinte años surgieron muchas voces, algunas que respeto un montón —por ejemplo, Daniel Matamala y Tomás Mosciatti—, que tienen toda la autoridad, el conocimiento y la mirada para opinar; pero surgieron otras que no, y surgieron demasiadas voces opinantes. Yo ya había empezado en este camino, entonces en un momento dije: “¿Sabes qué? Me cansé de mi voz, me cansé de mi opinión y me cansé de la opinión de los otros”. Creo que hay que ir contra la corriente. Por eso, cuando inauguramos el proyecto de Tele13 Radio, lo inauguramos precisamente desde la perspectiva de ser un conductor “prescindente”, que le dé garantías a todos.
Respeto un montón el periodismo de opinión, las columnas de opinión y todo eso; pero, si yo quiero dedicarme a entrevistar gente, si quiero dedicarme a administrar la conversación sobre política, creo que es razonable que el público tenga una expectativa de cierta imparcialidad del conductor, y me lo demuestra cada vez que la gente me atribuye un pensamiento político, porque más o menos por partes iguales piensan que soy comunista, piensan que soy facho… y soy como Parisi, “ni facho ni comunista”, jaja (Bromea)... No, me atribuyen un pensamiento político que está en el observador, no en mí. A veces la misma pregunta la miran con ópticas totalmente distintas. Por eso me salí de esa dinámica.
Hay cosas en las que voy a manifestar mi opinión siempre: cuando esté en riesgo la democracia, cuando la libertad de expresión tenga un problema, o el Estado de derecho; esas cosas son fundamentales. Por ejemplo, sobre Pinochet siempre he dicho lo que pienso, porque además toda la gente que estuvo en la universidad conmigo sabe lo que yo pensaba. No tengo ningún problema con eso, porque son cuestiones fundamentales las que están en juego.
El “fenómeno (José Antonio) Neme” (de una opinión visceral, según define el reportero) representa a mucha gente. De hecho, el otro día una tía de mi mujer me decía que ella se sentía representada por Neme, que me parece súper justo y legítimo. Pero me parece dos cosas: una, que la indignación es una emoción y es buena para representar la emocionalidad; pero no es tan buena para plantear soluciones a problemas complejos, porque tiende a simplificarlos. Y lo segundo —que no digo que sea el caso de Neme, porque no lo veo, así que no sé realmente lo que dice; no estoy hablando de él—, cuando es la pura emoción la que domina la opinión, y no los datos, la simplificación te puede hacer atarantarte, equivocarte y además hacer juzgar mal. Hay cosas que a veces en una primera apariencia, en primera vuelta, suenan muy descabelladas; pero si profundizas, te das cuenta que las cosas son distintas.
De estos últimos años no recuerdo con un nombre y apellido un entrevistado del que diga “este fue el más difícil”. Pero los entrevistados difíciles son, primero, los que sabes que te están mintiendo, que a veces pasa. Otros, cuando hay cosas que son súper razonables y pertinentes preguntarlas, y que los entrevistados se dan una vuelta, otra y otra más… Eso es muy hinchapelotas… Y los que contestan demasiado corto, sin decirte nada. Y los que contestan muy largo también, jaja. Una lata.
Me gustaría pensar que mi mayor cualidad como periodista es que soy capaz de escuchar lo que me están diciendo.
¿Mi mayor defecto como periodista? (Pregunta reportero), jaja. Que empatizo demasiado con los entrevistados: me pongo en su lugar y digo: “Pucha, este en realidad no puede contestar lo que yo le estoy preguntando”. Y lo entiendo. Lucho contra ese pensamiento y digo: “Lo siento”. Tengo muy claro que hay preguntas que hay que hacer. Otra cosa es que uno se ponga insistente.
Trato —y creo que lo he conseguido— de no picarme. Por eso me sorprende mucho cuando los entrevistados se pican, que no me pasa tanto, pero es una sensación muy rara.
Mucha gente habla de mi temple como entrevistador. Mucha gente me dice que cómo “aguanto” a alguna gente... Pero eso también está en el observador, en el que mira la entrevista. Yo, en general, trato de seguir la lógica de lo que me plantean. Otra cosa es juzgarlas, hay cosas que pueden ser absurdas; pero trato de meterme en la lógica del entrevistado, de su planteamiento, entender qué quiere decir y por qué lo está diciendo de esa manera. Otra cosa es que se equivoque en el camino y haya una contrapregunta o lo que la entrevista demande. Pero trato de escuchar.
Cuando fue el caso de “Patito Verde” (El tuitero bot que resultó ser Patricio Góngora, hoy exintegrante del directorio de Canal 13), gente me puteaba en redes sociales, porque pensaban que yo estaba defendiendo a “Patito Verde”… Lo que pasa es que ese es el tipo de simplificación que hablo, porque lo que yo estaba defendiendo era lo que hacemos nosotros. En la radio y en la televisión, lo que hacemos los periodistas está totalmente separado de lo que hace el directorio o cualquier miembro del directorio: no hay instrucciones ni directrices, salvo las directrices obvias del estándar y la política editorial, que son cosas que más o menos compartimos, sino no trabajaríamos acá. Y eso lo que defendí en ese momento. Pero, ¿cómo voy a defender huevadas? Es un poco irritante que te huevean y te insultan acusándote de algo que realmente no has hecho. No me parecería renunciar por estas mismas críticas o dedicarme a otra cosa.
Nunca he pensado en retirarme por las críticas o insultos (Ante pregunta de reportero). Me parecería una renuncia entregarle la cancha a esa misma gente que simplifica las cosas en las redes sociales, ¿por qué? Yo creo que los que están equivocados son ellos.
¿Influí en la llegada de Consuelo Saavedra a Canal 13? Para nada. O sea, influí en el sentido de que ella me llamó cuando “se puso en el mercado”, digamos de manera un poco más amable —que no encuentro otra manera de decirlo—. Y eso llevó a que ella conversara con el director ejecutivo de la radio (Gabriel Polgati) y que la contrataran en Radio 13C, y una cosa llevó a la otra. Pero yo no tuve nada que ver en su contratación, sólo hice el contacto.
No sigo en Página 13. Salí porque tenía una jornada laboral demasiado apretada. Era muy estresante y me dejó el año pasado hecho pedazos. Tenía una cosa tras otra muy pegada y eso no me hizo bien. Entonces lo cambiamos, me tuve que salir de ese programa, quedó la Consuelo y con el Kike (Mujica), y yo asumiré un programa nuevo que inventamos que se llama Modo Avión. Irá después en Página 13 y debuta el próximo lunes. Así que tengo debut el domingo (nueva temporada de Mesa Central) y debut el lunes, que estaré solo. Es un programa grabado para para las 8 de la noche sobre música. Es un sueño. Hace rato que andaba con esa idea. Voy a poner música y voy a ir hablando, como DJ antiguo, clásico. Siempre me ha gustado.
Es difícil de explicar el desgaste que implica hacer un programa. La gente me dice: “Pero si tú haces las noticias del mediodía y después te vas a tu casa”, como que “no haces nada más en el día”. Además de que no es lo único que hago, es difícil explicar el desgaste que significa hacer un noticiero de dos horas. No estoy poniendome la capa de superhéroe, pero es un tipo de trabajo que se aprecia menos que, por ejemplo, jugar fútbol dos horas y la gente dice “debe quedar raja”.
Hago Nota de Voz hace cinco años, todas las mañanas, que es en audio, no en video. No tengo problema en hacer eso (algo como El Shot de Juan Manuel Astorga). No lo hago yo en el fondo, pero lo grabo y después el equipo de la radio lo sube. Funciona como un mini podcast. Podría tener una versión en Instagram, pero en el fondo funciona como un mini podcast.
Me sigo levantando a las 5 de la mañana. Dependiendo de lo que haya hecho el día anterior y de cuán cansado esté, me levanto al tiro o cinco o diez minutos después; tengo ese margen. Me levanto y leo, leo, leo, leo, leo todas las cosas que necesito. Después me ducho, me visto y me vengo para la radio. Escribo la introducción al programa, la adapto para que se convierta en Nota de Voz, y hago el programa. Después tengo un rato libre. Algunos días de la semana grabaré el programa nuevo, que es un ratito, y después tengo un parón para estudiar y trabajar. A las doce hago Hablemos a las 12 en vivo, y el noticiario es a las 13:00. Después me voy. Dos o tres veces a la semana (mi propósito este año es que sean tres) hago preparación física, hace como diez años. Después duermo siesta. Luego tengo un par de horas más de trabajo o estudio, y después ya me desconecto.
A veces duermo poco. Sé lo que tengo que hacer para cuidarme y estar bien al otro día, porque puedo resistir dormir poco una vez, pero no puedo correr la maratón y al día siguiente estar trabajando. Tengo que irme suave.

Cumplo 60 años en mayo… ¿Crisis de los 60? (Pregunta reportero). Ayer un entrevistado, que es mayor que yo —diez años mayor que yo— me dijo que “de los 60 a los 65 te vas por un tubo, que no podré pestañear y ya tendré 65”. Lo que sí tengo —creo, son fantasías más—: estoy empezando a lidiar con algunas cosas ciertas torpezas. que me complican un poco. Por ejemplo, antes se me cayó un café. Me ofrecieron una tapa para el café y no la quise. Minutos después después se me dio vuelta, y son esas micro decisiones huevonas que uno toma muchas veces al día. Lidiar con eso ahora se me hace más complicado. Antes no me pasaba. Y tengo más problemas de memoria que antes, cuando tenía una memoria francamente impresionante, y yo mismo decía: “¿Cómo me puedo acordar de esto?”. Ahora me cuesta, un montón, algunas cosas… porque sé más o menos cómo se llama el Presidente, jaja… Pero en ese tipo de cosas noto que todo se va desgastando. Pero no tengo una crisis todavía.
¿Soy vanidoso? No. Por ejemplo, me preocupaba la “doble pera” (la papada), porque se ve feo. No tengo el rollo de que me tengo que ver bonito. O sea, se ve raro. Me gusta que tenga algún grado de armonía la imagen que proyecto. Pero no tengo una cosa vanidosa de qué quiero ser, de hecho, tengo todo lo contrario. Con mi mujer he ido aprendiendo, ella me ha aconsejado cómo se usan determinadas cosas y cremas y eso. Es básicamente por el cuidado, de cuidarme para el futuro también. Por eso hago deporte, estudio, me cuido la cara y me cuido la voz. Hago ejercicios para la voz todos los días, porque quiero llegar bien; no quiero dar pena.
Nunca me he hecho ningún retoque estético ni nada por el estilo… DEBERÍA… No, no, jaja, no he llegado a eso. No sé si me da para tanto.
Ya no tengo problemas con el hipo, porque me trato. Tenía un problema que me afectaba mucho las cuerdas vocales, así que ya no.
Cuando mis hijos eran niños chicos, mi mujer llevaba todo el peso (de las tareas escolares), porque yo tenía una jornada mucho más extraña. Prácticamente no recuerdo haber hecho tareas. Después, un poco más grandes, me acuerdo de haber ayudado con matemáticas y esas cosas. En la época de la pandemia, me acuerdo de haber tenido que estudiar matemáticas de nuevo para enseñarle al más chico de mis hijos.
Mis hijo salieron del colegio y están en la universidad. Uno estudia Cine; otro, Dirección audiovisual; y la primera ya salió de la universidad y trabaja, es abogada. Lucas, el del medio, hacía stand up, pero él dice que está “retirado”, jaja. Menos mal porque sino capaz que hubiera llegado al Festival de Viña y no hubiera sido capaz de soportar ese estrés.
Ahora no veo teleseries, porque Canal 13 decidió sacar mi teleserie de las 2:30 PM, que esas las veía antes; y vi brasileñas durante mucho tiempo. Pero ahora el “hábito” es distinto. Nunca me he enganchado con una teleserie en esta época de otro canal (como Mega, según pregunta reportero). No sé, como que por los hábitos ya no entro en las teleseries. Supongo que ese espacio ahora lo ocupan las series en Netflix. Veo series. ¿Alguna en especial?… No. Veo por temporadas.

En la calle o en el supermercado la gente en general es buena onda. MUY rara vez es pesada. ¿Se me acercan? Depende de si ando con mi familia —con mi mujer o alguno de mis hijos—; en ese caso, la gente es mucho más discreta. A veces no y es incómodo. Pero en general es buena onda.
Si nueve personas me dicen algo bueno y una persona me dice algo malo queda con la crítica. Todavía. Eso no lo he aprendido. ¿Hay críticas que duelen más? No sé, depende de cómo te agarre el día. A veces un garabato también me afecta y digo: “¿Por qué tengo que aguantar que una persona me insulte, si básicamente no le he hecho nada?” Después racionalizo y entiendo que es lo mismo que yo hacía antes, cuando iba al estadio y le gritaba al árbitro antes de que empezara el partido: “¡Ladrón!” (no sé cómo será ahora). Pero no hay un tipo de insulto particularmente grave que me afecte más; todo depende del día y de cómo me agarre.
¿Un trending topic o una ola de críticas que me haya afectado más?... No, pero de repente pasa y dura una cierta cantidad de días. Pasó mucho en una campaña (presidencial), porque había algunos ejércitos de cibernautas —jaja— que estaban como haciendo campaña todo el rato, entonces con lo que preguntaras era como tal candidato “te hizo mierda”, “te dejó en el suelo”, “fuiste muy agresivo con ese candidato” y “eres un antipatriota” o “un facho”. Eso fue y es súper odioso en todas las campañas presidenciales, independientemente del formato.
¿Los fanáticos más vehementes? (Pregunta reportero) Los cibernautas de Johannes Kaiser son particularmente activos… por decirlo de una manera.
¿Sólo mi mujer sabe por quién voto? ¿Ni siquiera mis amigos? Sí, pero no es que yo haya decidido a los 18 años que nunca nadie sabría por quién yo votaba, sino que se fue dando en el tiempo, particularmente cuando mucha gente empezó a preguntar por quién yo votaba. Y empecé a cachar que a mis hijos les preguntaban, que a mi mujer le preguntaban, que a la gente con la que trabajo le preguntaban y dije: “¡¿Por qué le importa esto a la gente?!”. Y después me expliqué y entiendo por qué. Con la Rosario siempre hemos hablado de política, o sea, obvio que sabe por qué es un voto, pero lo inventamos como un juego; pero efectivamente lo cumplo porque si yo digo por quién voto, esa expectativa de imparcialidad, de alguna manera, no sé si se rompe, pero por lo menos, se astilla. No quiero que se astille. Quiero que esa garantía de imparcialidad sea lo más robusta posible.
¿Se ha vuelto menos sexy o fome la imparcialidad? (Pregunta reportero). Es fome, sí. O sea, si yo me dedicara a putear gente, obviamente que sería mucho más popular. Pero no sé si sería más efectivo mi programa, no sé si tendría los entrevistados que tengo, no sé si el aporte que creo que le hacemos como medio al país sería el mismo. Es mi opinión. Además, no está mucho en mi naturaleza andar puteando gente; a lo mejor hace 20 o 30 años, sí. O sea, me acuerdo cuando estaba en la Rock&Pop que una vez quería ver una película y el operador de cable chileno me cambió la película —porque en esa época creo que Ricardo Claro era el dueño de la compañía—, consideraban que la película era muy pasada para la punta, la cambiaron y pusieron otra. Yo consideraba que era una censura inaceptable y entonces hablaba en la radio diez minutos sobre eso… Pero igual si pasara ahora igual sería llamativo, jaja, así que probablemente hablaría, pero no desde el mismo lugar.
Nunca he escrito un libro, o sea, cuando chico, tenía como 15 años… pero, malito, como la música que hacía: malita, jaja.
Nunca he escrito un libro. No he tenido tiempo. Lo único que me interesaría de escribir un libro es que, que cuando veo los libros y veo que tienen el nombre en el lomo, envidio tanto a la gente; encuentro que es súper bonito eso. Que una cosa para la posteridad. Pero nunca me ha interesado… El otro día tuve pasajeramente una idea genial para un cuento, pero no creo que lo escriba… Tendría que tener el tiempo, porque es un oficio que requiere mucho esfuerzo. Tengo amigos escritores, entonces sé que lleva tiempo.
Siempre he pensado escribir un libro sobre anécdotas de la tele, siempre he querido hacer eso, esa historia de la tele. Lo hicieron Marcelo Contreras con Rafael Valle (Mucha Tele: historia coral de TV en dictadura, 2024). Pero hay una historia sobre la tele publicada, que está bonita, súper chora. Me encantaría hacer ese libro porque hay muchas historias buenas, y además historias de la tele que uno veía cuando chico, que es el propósito de estos chiquillos.
Tengo una denominación religiosa: soy católico y tengo formación católica. Es el club al que pertenezco, pero no “pago” mucho las cuotas; o sea, no voy a misa. En una época iba a misa, cuando quería ser cura. Y después también en algún momento sí. Ahora no soy muy practicante. Pero me interesa mucho la espiritualidad, y cada vez he ido convenciéndome más de la idea de que las religiones son manifestaciones de la espiritualidad: no son una verdad, la verdad está en un lugar donde todas las religiones llegan, por decirlo así.
Antes era culposo. Ahora no sé. Yo creo que no.
¿Qué relación tengo con la plata? Mi papá trabajó 40 años en Banco Estado. Soy súper ordenado, jeje.
¿Creo que lo paranormal? ¿A qué llamamos paranormal?... O sea, yo he hablado con gente, con mediums digamos, y sus cuentos son demasiado extraordinarios como para no ser verdad… a menos que estén fabulando completamente… Pero yo creo en esas cosas.... Ahora, no las he experimentado.
Este es mi año en el horóscopo chino, “Caballo de fuego”. En eso creo, por ejemplo. Me pasan cosas cada doce años muy importantes…. Tengo compañera nueva en el Tele13 Tarde, tengo dos programas nuevos, uno en la radio y uno digital. Todo eso nuevo en relación a otros años.
Ahora me siento en un momento de bastante plenitud. Con harto trabajo. Nunca pensé que iba a tener tanto trabajo. En el 2019, como chiste, dije en una entrevista que estaba “comenzando el declive” (Le recuerda el reportero)... Claro, por eso te digo que nunca pensé que iba a tener tanto trabajo, jajaja, tomando en consideración el declive… Estoy bien, estoy en un buen lugar. Me gusta mucho lo que hago. Tengo mucho “refuerzo positivo”, por decirlo así, de mis jefes de los dos lados de (calle) Alcalde Dávalos.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido periodista me hubiera gustado ser pianista. Tengo un hijo que toca el piano. Lo oigo y digo: “Puta, sí me gustaría tocar a mí”. Pero no, tal vez por falta de paciencia.
¿Un apodo? Chuta… Todos me dicen Iván.
Un sueño pendiente es que me hubiera encantado en alguna época vivir fuera de Chile. El trabajo lo impidió. La vez que estuve más cerca de concretarlo, surgió un proyecto que era muy difícil de rechazar: Tele13 Central.
Una cábala que tengo es que me invento puras leseras. Cuando me vengo (al canal) me cruzo con unos buses que van a las minas Los Bronces. A veces me cruzo con uno, y a veces me cruzo con cuatro y digo: “Si me cruzo con cuatro va a hacer un buen día; y si me cruzo con uno blanco de la misma marca, quiere decir que el día será la cagá”. Pero no tengo comprobación empírica que lo sustente.
Una frase favorita que tenga es: “Nunca es triste la verdad, porque no tiene remedio”, de Joan Manuel Serrat. Hoy se la dije a un entrevistado.
No me acuerdo en qué gasté mi primer sueldo, pero con mi primera indemnización, cuando renuncié a El Mercurio (pagaban indemnización en esa época), me compré un piano. Está en mi casa, lo toca mi hijo. Yo no porque no sé tocar. Quizás aprendí un poquito, pero se me olvidó.
¿Algo de lo que me arrepiento? Me arrepiento todos los días de cosas. Me arrepiento de no haber seguido mis clases de piano.
Una periodista chilena que admiro es Consuelo Saavedra.
¿Un periodista famosillo es amigo mío? Primero, no tengo amigos. Segundo, ¿periodistas amigos?, no tengo, ¡qué atroz!, se va a ofender gente… Estoy pensando en gente con la que haga vida social… ¡Ah! ¡Kike Mujica! De él soy más amigo. Cuando se casó (con Florencia Vial) fui su maestro de ceremonia… pero fui yo porque no resultó la primera opción, jaja
Un talento o pasatiempo oculto es jugar bridge.
Soy hincha de la Unión Española. Uno no elige el equipo (en vista de que descendió a Primera B).
Una película que me haga llorar es Los Puentes de Madison.
¿Un miedo?... Hoy apareció una araña detrás de un entrevistado, detrás de Carlos Montes, que afortunadamente no se dio cuenta, en el estudio. Igual me dan miedo las arañas. Me inquietó. Después se me olvidó que estaba y no sé qué habrá sido de ella.
¿Creo en el horóscopo? Una vez con un amigo, con Alberto Fuguet, hicimos el horóscopo en un diario en el que trabajamos, y desde ahí que no creo, JAJA… No sé por qué tuvimos que hacerlo… Creo en muchas formas de conocimiento, y que hay mucho conocimiento acumulado; pero no creo que se exprese de la manera en que se expresan los horóscopos de la prensa. Otra cosa es la astrología, y otra cosa son otro tipo de conocimiento. Soy Tauro, de mayo.
Si pudiera tener un superpoder me encantaría leerle la mente a la gente.
Un placer culpable es una lista de canciones de Maná. Y encuentro que son más o menos malas todas. Pero son malas-buenas.
Si pudieras invitar a tres personas de la Historia a un asado sería Paul McCartney, Fito Páez y Charly García.
Iván Valenzuela es todo lo que se pueda interpretar de esta entrevista.
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