La Firme con Maly Jorquiera: “Yo todo el rato carretiaría, me gustaría vivir en un carrete y con mi casa llena de gente”

14 Junio 2023 Entrevista a Maria Paz Maly Jorquiera, actriz y comediante. Foto: Andres Perez

La actriz y comediante hace un repaso de su carrera y vida personal: revive sus éxitos, caídas, triunfos y dolores. Habla de su hijo, de su relación con Sergio Freire y los proyectos que la tienen a full.

Muy joven, provinciana, María Paz “Maly” Jorquiera se vino desde el Norte para estudiar actuación. Tras conocer a Pato Torres, pasó doce años en el extinto Teatro en Chilevisión. Se abrió pasó y ha estado en casi todos los programas de humor que ha dado la TV local. Su gran dolor ha sido la temprana muerte de su madre: “La llevo, conmigo, súper cerca”, dice reconciliándose con sus errores del pasado. De hecho, reconoce que pasó por una etapa de evasión y excesos: “Lo di todo y valió la pena” aclara.

Aún le gusta el carrete, pero admite que, con 42 años y un pequeño hijo, el cuerpo ya no aguanta. Le gusta conversar, tirar una talla frase por medio: “Soy extraña, hueveo caleta, hago muchos chistes durante el día”, dice. Quizá por eso calzó tan bien con su colega Sergio Freire, su pareja hace ya casi una década. ¿Ganas de casarse? Ella prefiere vivir su presente, enfocada en distintos proyectos, sobre todo en su terapéutico podcast Hazte ver, y en su retoño: “Ya no soy sola, así que no me voy a estresar por el mañana, lo disfruto”, declara la actriz y comediante en un repaso de su carrera, sus logros, falencias, alegrías y temores.

LA FIRME CON MALY JORQUIERA

Cuando chica no cachaba que El Salvador, un campamento minero en ese entonces, era fome y tranquilo. Hasta que llegué a Santiago y caché que había otro mundo, jajaja. Pero, en ese momento, vivir allá fue bacán, porque era como una burbuja: no había delincuencia ni drogas, al menos en esa época. Las casas se dejaban abiertas, los niños chicos andaban por donde querían y los quioscos fiaban. Lo encontraba bacán y, creo, formó parte de mi personalidad: soy súper provinciana todavía, aunque llevo mucho rato acá. Tengo esos hábitos de saludar gente y a veces me pregunto si creerán que soy una loca, porque si me miran mucho, digo: “Hola, buenas tardes”.

Una vez volví a El Salvador a hacer una obra de teatro al cine de la ciudad y ahí me eligieron “hija ilustre”: me dieron un cuadro y fue muy emocionante. (Sergio) Freire quiere ir con Lucas (su hijo de cinco años), van a quedar locos, no cachan lo que es El Salvador, quieren conocer mi historia. Como siempre hablo de eso, tiene muchas dudas y ganas de saber qué tanto, jajaja.

Maly Jorquiera llegó desde El Salvador para instalarse en Santiago. Foto: Andres Perez

En mi juventud estaba súper emocionada de salir del desierto y llegar a la capital, a lo “Carmela” de San Rosendo. Pero fue un poco brutal, porque Santiago es bien intenso. Ahora cuando voy a provincias a actuar, digo: “wow, en lo que vivimos”. Me gusta, pero es hardcore igual. ¿Por qué decidimos vivir acá? Jajaja, habiendo tanto país. Ahora hay harta violencia. Pero en esa época igual fue heavy: el metro y las micros, y allá todo se hacía caminando. Me costó y me volví loca también con el carrete, y sola, con mi hermana, Paulina, en un departamento. Esa libertad es heavy, pero logré calmarme, porque tenía que estudiar y sacar la carrera; igual estaba amenazada.

Mi papá, Luis, quería que estudiara una carrera tradicional, pero veía venir que no sería así, porque yo estaba en todos los actos del colegio, jajaja. No pudo detenerlo. Mi papá era súper conservador, y mi mamá era más loquilla y tenía la típica frase: “Haz lo que te haga feliz”. Ella me apoyó siempre, era mi fan número uno. Mi papá tuvo que asumirlo; de hecho, en la postulación, cuando di la Prueba de Aptitud, cuando me acompañó a postular a Copiapó, me dijo que, por favor, postulara a la Universidad Católica. Pero yo quería la U. de Chile; me parecía de mente más abierta. Ahora está feliz, porque me ha ido bien.

Entré a la comedia por necesidad económica y renegaba un poco de ella, porque mi formación universitaria tenía una tendencia a la tragedia y al drama. Era otra mi línea editorial. De hecho, en un ramo, Clown, que era casi mal visto porque todos querían ser Alfredo Castro, me fue súper bien. Pero me negaba, quería ser actriz dramática, aunque siempre está la posibilidad, pero la vida me tiró para otro lado.

Maly entró a la comedia por motivos económicos: ella quería ser actriz dramática. Foto: Andres Perez

Siempre he sido buena para tirar la talla. Mi familia es buena para el leseo; a mi mamá, mi papá y a mis hermanos les gustan los chistes. Ahora, formé una familia con un comediante. En la universidad cuando llegó el ramo de Clown era la mejor, jajaja. Yo no quería, pero saqué eso que venía de familia, empezó a fluir, destaqué caleta, pero no pesqué, porque yo iba a la tragedia, jajaja. Ahí se encendió como una lucecilla.

Cuando mi mamá, Nury, estaba con radio y quimioterapia, arrancaba de la situación, me daba pena verla así. He dejado atrás esa culpa, me he terapeado y todo; no se ha hecho sólo, ha habido una inversión en mi salud mental, espiritual y emocional, jaja. Me perdoné de todas esas cosas, porque no caché, era joven (18 años). No fui la culpable de que ella muriera. La llevo a ella, conmigo, súper cerca.

La maternidad me ha acercado mucho a mi mamá, la entiendo: me gustaría, caleta, que estuviera viva y decirle un montón de cosas como: “Oye, lo siento, siento no haberme comido tu comida y haber estado enojada”, porque ahora lidio con eso... Ay, era tan pesada. Fui compleja, existencialista como hija, tenía unos rollos súper cuáticos como “me quiero morir, me voy a matar”... La llevo conmigo y creo que nos perdonamos las dos. La extraño, siempre.

La muerte de Nury, la madre de la comediante, le significó un largo proceso de evasión. Foto: Andres Perez

Dicen que me parezco harto a mi mamá. Soy alegre y positiva, ella también. Ahora más grande, me he acercado un poco a su forma de ser. Era buena onda ella y he tratado de seguir ese camino. Cuando soy mamá, me veo como ella: cariñosa y simpática... Lástima que no la aprecié, me caía tan mal; era joven, adolescente, cuando murió, cargante. Pero ahora lo veo con otros ojos; de hecho, mi hijo me encontrará cargante seguramente.

Una vez fui a hablar con mi mamá a través de una médium, que no me cachaba y no tenía por qué decirme cosas (que realmente habían pasado)... El que quiere creer, cree, pero se mandaba unos datos, como “ese día que estabas sola ahí estaba tu mamá”, jajaja. Eso también me llenó mucho el alma y me hizo sentir que ella estaba conmigo.

A mí mamá le gustaba hacer los puzzles del diario La Cuarta. Me remontó a los últimos días de ella en cama, ya mal, y leía La Cuarta. ¡Qué heavy! No lo había asociado a eso. Ahora me emocioné, jaja. Ahora agradezco esta entrevista. ¡Mamá, mira! Era muy popular mi mamá, jaja.

Mi mamá se postergaba mucho por nosotros, pero eso no lo hago, jajaja. Me cuido caleta, como si fuera una joya, jajaja. Me trato muy bien. Uno tiene que aprender de la experiencia y lo que ve de los otros, sino de qué sirve... Hago ejercicio, como saludable, sólo tomo vino tinto, harto, pero sólo vino. Cuando joven lo di todo, piscolié y carretié. Dejé de fumar. Mi cuerpo merece cosas buenas. Además, al enfermarme yo, hace que otros se preocupen y no quiero ser cacho para nadie.

Después de la muerte pasé por un periodo de evasión y excesos. El momento en que empecé a vivir el duelo fue después de que corté una relación importante, me separé de alguien con quien llevaba muchos años. Partí con eso. Me enfermé de las cuerdas vocales, así que imagínate cómo había carreteado, jajaja, con eso lo digo todo. Escuché a mi cuerpo: me iba a morir carreteando. Le hice daño a mi cuerpo y eso no se permite. Ese es mi tope. Y ahí me calmé, pero lo pasé bien, no me arrepiento de nada. Lo di todo y valió la pena.

Tuve nódulos en las cuerdas vocales y, después de la operación, estuve seis meses sin hablar, hablando poquito. Por eso ahora hablo harto, jajaja. Tuve que hacer una introspección importante, porque si la vida de manda a callar, y de esa manera, es por algo. Faltó que me cocieran la boca, como diciéndome “¡cállate!”. Fue una introspección pura e importante, me metí a varias terapias para cachar por qué había llegado a ese lugar de silencio. Fue necesaria. Aunque no aprendí nada, jajaja.

Con ese periodo de introspección me metí en la muerte de mi madre y varias cosas que llevaba conmigo de chica, como ser muy complaciente; aprendí a decir que no. La adolescencia es fuerte; el adolecer es heavy. Me encanta tener 42 y no volvería a ser joven ni cagando. Lo pasé chancho, pero es heavy: uno quiere gustarles a todos, tener muchos amigos... Imagínate la adolescencia de ahora, con el internet y la visibilidad de tu vida, me muero. Respeto mucho a los jóvenes de ahora, les mando mucha fuerza, jajaja. Es cuático.

Durante su tiempo de silencio por los nódulos en las cuerdas vocales, tuvo un largo proceso de silencio. Foto: Andres Perez

El ejercicio siempre ha estado en mi vida; en el colegio hacía atletismo, competía y mi papá siempre ha sido deportista; está de mi ADN. Él también se trata como una joyita, de ahí saqué eso; se cuida mucho. Igual carretié caleta, pero el cuerpo lo permitía. Ahora tengo 42. Me encantaría volver a acostarme a las 6 de la mañana, pero, en verdad duro hasta las 12 AM; las cañas me duelen, pero antes era como “ay, qué choro, tengo caña, qué cool”. Ahora lo pasó mal y tengo que ser mamá al otro día. Igual a veces como cosas ricas; pero ahora si me mando ponte tú papas fritas, hamburguesa y chancheo, me siento mal. Evito sentirme mal, ese es mi indicador.

Tengo muchos carretes emblemáticos en mi vida, no podría elegir. Una vez carretié con Willy Iturri, que era parte de G.I.T con Charly García. Fue acá en Chile hace muchos años, en la casa de unos amigos, y yo pensé: “Uh, nos vamos a drogar y a alcoholizarnos”. Pero Willy estaba súper rehabilitado, jajaja. Y yo como: “¿Quieres que te consiga droga?”. Yo pensaba que era rockero clásico, pero me dijo: “No, che, un tecito”. Él ya no hacía esas cosas. Me fui súper desilusionada, era un señor ya tranqui... como yo ahora.

Estuve doce años en Teatro en Chilevisión. Estaba grabando REC (CHV), con Leo Caprile, y el Pato Torres me dijo: “¿qué haces además de esto? No eres sólo una cara bonita”, jajaja. Y yo le dije que era de “La Chile”, igual que él. Y le dije que estaba haciendo mi tesis sobre Albert Camus y el teatro del existencialismo, que estaba en esa onda. Pero él me propuso que me fuera para allá. “¿Pero cómo si no soy nadie?”, pensé. “Voy a apostar por ti”, me dijo. Apostó por mí y hasta hoy se lo agradezco.

Maly estuvo doce años en Teatro en Chilevisión, claves en su desarrollo como comediante. Foto: Andres Perez

Pato Torres me aportó mucho. Él traía la escuela de la comedia desde el Jappening con Já (TVN), es un referente hasta hoy para todos. Y ahí conocí y actué con mucha gente muy importante como Fernando Alarón, Ana María Gazmuri, Gloria Benavides, gente yo veía desde chica en la tele. Aprendí caleta. En todos los lugares donde he estado he tenido la suerte de tener grandes maestros.

He estado en casi todos los programas de comedia que han hecho. El otro día Luis Sliminng me entrevistó (para El sentido del humor), me lo comentó y yo no había cachado. He estado en Los improvisadores (Vía X), El club de la comedia (CHV), Teatro en Chilevisión... qué loco. Todos han sido súper importantes, pero mi mayor desafío fue Los improvisadores. Fue duro, siento mucho orgullo por eso. Nunca se termina de aprender, pero logré posicionarme en un lugar. Pero no sé si soy una gran improvisadora. Creo que Panqueque es el gran improvisador de Chile, y la Moyita.

Sigamos de largo fue una gran apuesta que hizo Canal 13 por mí, cuando animaba con la Fran García-Huidobro y Sergio Lagos. Eso fue algo bacán y lo agradezco. Apostaron por una comediante: los canales tienen miedo de que uno diga cosas como subversivas y yo no soy subversiva; no tengo ese lado hardcore.

La comediante reconoce que Sergio Lagos y Fran García-Huidobro fueron referentes importantes para aprender a entrevistar. Foto: Andres Perez

Ya llevamos nueve años con Sergio Freire. Antes de empezar, él tenía su pareja y yo andaba pinchado; y no me meto en relaciones de otras personas, no, no, no. Pero después que terminó El club de la comedia empezamos a cachar y él a hacerse notar. Enganchamos. Pero antes no, porque la gente que está en pareja se borra para mí. Pero Sergio era (es) súper interesante: su mente. Me gusta la gente inteligente y chistosa, y él es todo eso. Me hace explotar la cabeza. Y entiende mi humor. Bacán igual, porque somos personas extrañas.

Yo soy extraña, hueveo caleta, hago muchos chistes durante el día. De hecho, mi hijo a veces se enoja, me sale hacerlo reír y me dice: “Para de hacerme reír, quiero enojarme”. Y me da lata, pero inconscientemente trato de hacer reír a la gente.

Cuando soy seria, soy muy seria. Y doy miedo, de verdad, mucho miedo, porque como es un aspecto poco visto en mí, si me llego enojar es porque sobrepasaron sin límites y soy un monstruo; o en realidad alguien muy hiriente y que va al fondo del corazón de la otra persona, y lo hace pebre. Prefiero no ir a ese lugar; Entonces antes de eso, doy aviso... Mi hijo, de hecho, se asusta al tiro, yo creo que por eso se porta bien. Y como soy actriz, mi cara es súper expresiva

Me molesta mucho la mentira, el engaño, que me mientan, que es un derivado, la estafa. También la gente pesada, no de personalidad, sino la que trata mal a los otros, de puching ball, porque tiene un problema; eso me exaspera profundamente. Antes me permitía hacer puching ball. Pero ahora no.

Si hay algo que no tolera la actriz, es la mentira y el engaño. Foto: Andres Perez

Cuando le dije a Sergio que entre nosotros iba a pasar de todo, que nos íbamos a casar y a tener un hijo, fue una excepción, no soy así en la vida. Igual la vida te va enseñando a tener esas certezas. No soy tan de certezas, por eso las digo cuando las tengo, porque es loco tenerlas; uno está lleno de inseguridades y todas esas cosas. Así que cuando las tengo, las aprovecho.

Mi podcast de salud mental, Hazte ver, fue una cosa que yo tenía en mi cabeza. Y cuando me junté con Gabriel Labraña (editor) y Roni Silva (director) tenía miedo de hacerlo, pero lo propuse. Y nos ha ido bien. Así que aprovecho esas iluminaciones. Ahora se me ocurrió recorrer Chile con el podcast en vivo, con un sicólogo; se metió eso en la cabeza, que la gente necesita que vayamos... Tengo demasiadas ideas, pero hay que concretar.

Estoy preparando una rutina de comedia para recorrer Chile y estar en el Festival de Viña. Pero ando media dispersa, porque han pasado cosas en mi vida que no tenía planificadas; la vida está un poco sorpresiva con cosas malas, y buenas también. Hemos tenido un 2023 muy duro, por aconteceres familiares, como que ya, basta. Tengo material, pero no me sentado a trabajarlo, porque entre medio me metí a estudiar coaching y al podcast. Y estoy en unos proyectos con Freire, que ahora lanzará unos cortometrajes de humor. Y estoy con un hijo. Tengo muchas vidas. Pero quiero volver a los escenarios.

Más que el dinero, lo que yo hago es por amor de verdad, y gracias a eso llega, también, una fuente laboral, pero primero nace desde un amor profundo, con la comedia... jajaja, la que no quería comedia se enamoró de la comedia.

La comediante no se cierra a la chance de pararse en el escenario de la Quinta Vergara. Foto: Andres Perez

Me gustaría llegar al Festival de Viña, pero no tengo con qué... Tal vez animar Viña, como que voy más para allá, pero no sé si este país está preparado, los ejecutivos de los canales para apostar por eso, porque como que le tienen miedo a los comediantes en la tele.

Después del estallido social y la pandemia, Chile cambió. Se mostraron un montón de cosas que estaban bajo la alfombra: los abusos, el bullying, el feminismo tomó relevancia... Tantas cosas que uno hacía antes y ya no se pueden hacer. En mi hijo veo el nuevo Chile, que está en proceso, todos estamos en proceso. Pero es bonito: el respeto y los piropos en la calle que ya no van. Me crie en un mundo súper machista. Los colores también, nimiedades, pero mi hijo se pone rosado y yo todavía, con mi cerebro antiguo, pienso: “Oh”. Los colores son de todos y estamos cambiando.

Con el humor uno se acomoda, porque somos seres moldeables. De hecho, encontré en la salud mental un lugar desde el cual agarrarme y me interesa hablar. Es una bandera que he tomado desde el humor con el podcast.

Maly analiza cómo cambio Chile tras el estallido social y la pandemia. Foto: Andres Perez

El 2022 pasado tuve que irme de mi casa para arreglarla y no podíamos ver tele. Me llegó el libro de una sicóloga, Pamela Núñez, Tu cabeza te engaña... ¡Engáñala tú! Y dije: “Qué patética andar leyendo libros de autoayuda”. Y nada po’, empecé a leerlo, a meterme en la mente humana y quedé loca en tantos puntos comunes que tenemos los seres humanos: estamos tan solos y, a la vez, tenemos los mismos atados, con más o menos importancia en cada uno. Pero estamos todos con nuestras cabezas, somos adultos dañados, en más y menos grados. Por ahí me he ido metiendo, no sé para dónde va a ir, pero al menos el podcast ya es algo.

Ni cagando me metería a estudiar sicología, si estoy vieja ya. El coaching es lo más lejos que voy a llegar, porque, aparte, implica ene de tiempo. Para eso están los expertos en el podcast; yo le pongo la animación y al chacoteo.

Estoy en terapia por la cosas inesperadas que me van pasando en la vida, y una trata de ser una mejor versión de uno. Estoy siempre en proceso... Ya no me estreso por cosas cotidianas ni le doy demasiada importancia a cosas que ya, filo, si no se solucionan no importa, nadie va a morir. No estoy operando en cerebro. También he bajado las expectativas, disfruto más de las cosas y converso más mis problemas. Antes me callaba mucho y me guardaba para no ser problema para otros; pero ahora me permito contar lo que siento.

Vivimos en un mundo en que conversamos muy poco. Por eso me gusta harto vino, porque es un punto en que no importa nada más que conversar, que la gente se siente a conversar; esa cotidianeidad se pierde y eso es la vida, conversar más que trabajar.

La actriz considera que actualmente la gente conversa muy poco. Foto: Andres Perez

Siempre pensaba en ser mamá. Pero si no encontraba a la persona adecuada, no lo iba a ser. Pensaba adoptar. En un momento se me estaba pasando el tren —porque tuve a Lucas a los 37— y pensaba adoptar y ser mamá soltera. Pensaba ser mamá, no sé si biológica, pero sí tener un niño o niña.

Lo más difícil de la maternidad es lo que vendrá, la adolescencia, por ejemplo. Son seres pensantes que ponen en aprietos con sus preguntas, te observan y son un espectador que no pagó entrada, jajaja. Lucas me mira todo el tiempo, veo cómo me ve, cuestiona mis cosas y eso está bueno. Pero es loco igual. “¿Por qué haces tantos chistes?”, me dice. “Pero, hijo, ¿está bien o está mal?”, me pregunto. Es un desafío constante. Además, cada día de él no es igual al otro... Es una locura y eso también me ha hecho vivir el día a día. Ya no soy sola, así que no me voy a estresar por el mañana, lo disfruto: lo que venga, no puedo planear.

Lucas ya tiene cinco años y es bueno para tirar chistes. Es cuático, porque como en mi casa hablamos de chistes y con Freire nos comentamos como “no está tan bueno”, está como profesionalizándose en la cuestión. De repente sus amigos le dicen, “Lucas, tírate ese chiste, el de la caja”, y él contesta: “No, ya lo he contado demasiado”. Y le gusta hacer reír a Freire, y lo busca: “Papá, mira, mira, tengo un chiste”. Como que dice que el papá es el comediante y yo no, porque creo que desde que es consciente no me ha visto actuando en escenarios; para él, yo soy actriz o animadora, jajaja. Pero busca chistes, los analiza, y es muy terrible porque no sabía que el ADN era tan potente.

Sergio Freire y Maly Jorquiera conversaron con Martín Cárcamo para De tú a tú. Foto de archivo.

No es que andemos por la casa tirando chistes. Sergio es más tranqui, es como más un profesional de la comedia; está en su oficina llena de cosas de Los Simpson. Es muy raro el ambiente del Lucas, pobrecito; pero bueno, es lo que le tocó... Freire es muy tranqui, es súper normal. Cuando la gente lo conoce cree que hará chistes, y no. Cuando estamos cocinando llega con su hoja, profesional, y me dice: “Mira, tengo un chiste con respecto a esto, me podrías ayudar, ¿qué te parece?”. Creo ahí el Lucas ve una cosa más profesional; yo, en cambio, ando puro hueviando, jajaja.

No nos hemos casado, estamos de novios con Sergio. No está en los planes casarse, me da paja. Es demasiado caro. Ahora uno tiene que elegir sus batallas económicas, porque está muy caro todo. Tal vez un día se dará de forma más espontánea. Pero me gusta el noviazgo, me parece erótico, jajaja.

A Claudia Conserva (amiga y excompañera de MILF) durante todo el tiempo de su enfermedad (cáncer) le mandaba mensajes de apoyo, pero tenía entendido que ella quería estar solita. Aparte de eso, le mandaba videos de Lucas, como ella fue parte de una etapa súper importante. Ahora no he hablado con ella.

Ya está grabada la tercera temporada de Humor en primera fila (REC TV 13), y se estrena en agosto. Entre los invitados estarán Diego Urrutia; el “Flaite Chileno”, Alex Ortíz, que estuvo en el Festival de Olmué; y hay varios comediantes de los “nuevos standaperos”. Es chistoso, porque hay gente joven del stand-up que no tienen ideas de los videos que vemos (en el programa), sólo por cultura general. Cuando revisamos los archivos es gracioso, porque ver la comedia de ahora y la de antes es una locura. Está bien entretenido.

“Para ser mi amiga hay que ser un poco piteada”, dije hace un tiempo. Pero no sé si lo dije en talla o en serio, habría que preguntarle a mis amigas, jajaja. Igual, creo que estamos todos un poco con la mente media tambaleando, porque han pasado tantas cosas, la pandemia, los problemas sociales, lo que estamos viviendo. Estamos medio piteados. Y mis amigas son chistosas y loquillas, pero como dirían, son “las locas lindas”. Estamos todas medias locas, pero es sabido.

Después de la pandemia, creo que cambié en qué es importante para mí. En Hazte ver, Karen Paola dijo algo que me marcó harto: tu tiempo no lo regales, no lo cedas, con tu familia, tus amigos, tus tiempos de sueño. Caché que dormir igual es súper importante para la salud. Me he calmado y estoy disfrutando.

Maly siente que algo cambió en ella después de la pandemia. Foto: Andres Perez

Todas mis entrevistas para Hazte ver han sido bien particulares. Las grabo de corrido y cada persona tiene su sello. Cada uno le da su toque, me ha llamado la atención cómo hablan. La Faloon (Larraguibel), mi amiga en las teleseries de Yingo (CHV), quiere puro volver al podcast; hemos logrado que sea una sesión en que la gente cuenta sus cosas. No quiero aprovecharme de nadie, ni que salgan en la prensa cosas que no quieren que salgan; mi programa no es de farándula, pero todos me dicen: “No, déjalo todo, porque lo dije del corazón, hay que hablar estas cosas”. Se van aliviados, no lo esperaba tan así.

Aprendí, y voy aprendiendo, a hacer entrevistas; Sigamos de largo fue una escuela. Soy bien matea, entonces aprendí mucho con la Fran y Sergio. Aprendí a escuchar. Cada capítulo de Hazte ver voy aprendiendo más, porque en la primera temporada los comentarios de la gente eran “no interrumpas tanto”. Esta temporada estoy mejor: me preocupé. Ahí uno se va puliendo. Pero todo se da desde la espontaneidad. Yo pregunto y el invitado dispone para dónde quiere ir: ese es el respeto máximo, jamás iría hacía dónde no quieran ir... “Si tuvieras que terapearte algo, ¿qué sería?”, les pregunto. Hay gente que va al programa a echar la talla y sale sorprendida.

Estoy en terapia en este momento, trabajando en decir lo que siento y escuchar, parar cuando quiero parar y cuidar mi tiempo. Esa es mi pega ahora, que me mandó mi siquiatra y sicólogo, además de los medicamentos, jaja. Ocupar a mis amigas para llamarlas y decirles cuando estoy mal, y me ha hecho súper bien decir, por ejemplo, “estoy cansada”. No quiero sobreexplotar esa frase, pero está súper bueno decirlo, y yo no lo demostraba. Ahora sólo decirlo ya me hace estar menos cansada.

A unas semanas del accidente que sufrió, Maly ha enfrentado una serie de consecuencias interiores. Foto: Andres Perez

En mayo, el accidente en auto me dejó muy mal, me volvieron las crisis de pánico. Primero, me chocaron, yo no choqué; siempre ando con mucho cuidado, porque me he dado cuenta que la gente está manejando súper mal. No salgo de noche, soy super casera, me acuesto temprano y si salgo, salgo en uber. Una día trabajé hasta harta y anduve de noche: la gente se pasaba los semáforos, adelantaba y doblaba donde no se podía. “Chuta”, pensé, “voy a andar a la defensiva”. Y me chocaron. Eso me dejó súper asustadiza, el no haber sido yo (la responsable): todo puede pasar.

Después de chocarme, el cabro chico (el otro conductor)... que cuando estoy en confianza digo “cabro de mierda”, porque me hace bien no decir “cabro de miechica”, qué tanto, lo digo… Después de chocarme, el niño quedó en el auto, asustado, llorando, y yo reaccioné para llevarme luego a mi hijo. Caché que el otro conductor no estaba herido y le dije “pásame los datos, porque tengo que llevarme a mi ‘guagua’, que le digo así —qué bueno que no sabe leer para que no lea esta entrevista, jajaja—. Los transeúntes, una señora y un caballero, me decían “¡oye, materialista!” y “¡superficial, el niño (conductor joven) está llorando!”. Y yo le respondía “pero estoy con mi hijo”. “Por gente como tú el mundo está así”, me decían. “Loco, yo fui la chocada, con mi guagua en el auto”, les contestaba.

Todo se dio vuelta, y no lo entiendo: y todavía me hace ruido que ser víctima se transforme en victimaria. Gente que no tenía nada qué ver se metió. Todavía me hace ruido y me tiene súper triste. La gente no alcanzó a cachar quién era yo, sólo (les molestó) que pidiera los datos para irme con mi “guagua”. Nunca ocupo mi vitrina pública, mis redes sociales, para insultar ni nada, no me parece; pero subí la foto del gallo (que me insultó) ese día para exorcizar un poco el daño emocional que me provocó. Fue muy misógino.

Maly Jorquiera fue ofendida por este hombre, cuando sufrió un accidente de tránsito

La Alison Mandel me decía: “Está lleno de misógenos” y yo no podía creerlo, que siga pasando eso: que por ser mujer me maltratan. Como soy mujer, es mi culpa y soy tonta, y porque pido los datos, y me quiero ir, y porque yo no puedo pagar esos daños, sabiendo que el pendejo estaba (físicamente) bien y todo. ¿Por qué voy a pagar yo eso? Tengo la plata, tendría que ir al seguro, el seguro me echaría la culpa a mí, me suben la póliza... Eso me tiene saltona, me dio pena.

Soy súper pro-humanos, pero no podemos hacer eso: ¿Por qué andas por la calle buscando problemas que tienen otros, y metiéndote? Yo pensaba: ¿Qué cagada tendrá este gallo en su casa para andar en la calle metiéndose? Si te vas a meter, métete a colaborar, no a putear, y no entender nada; eso también es salud mental. Porque cuando él cachó que llegó Paz Ciudadana, debería haberse retirado, porque no aportaba. Después se fue para mi lado y me seguía gritando. ¿Qué te pasa como persona para buscar atados ajenos?... (Se emociona) Ahí me puse seria, ¡¿eso querías?! ¡Lo lograste!

Todavía tengo el sueño de ser actriz dramática, yo le hago a todo. Hay que dar libertad a todas las cosas que vengan, estoy abierta a lo que venga y estoy disfrutando todos los proyectos, armando hartos; estoy bien empoderada desde el otro lado también, como tengo mi productora. Si llega algo bacán, tengo todas las herramientas... La hueona segura... vengan de a uno, que aquí los espero, jajaja.

Si no hubiera sido actriz o comediante, me habría gustado ser médico para ayudar a la gente, pero no tenía la capacidad. No tenía la materia gris para eso.

En mi época universitaria siempre logré combinar la dos cosas: el carrete con el estudio, por eso mi mamá se enojaba, porque carreteaba y me castigaba, pero no tenía cómo castigarme porque en el colegio siempre me fue bien, y en la universidad igual carreteaba como los universitarios carreteros. Pero siempre supe de mis responsabilidades. Por eso no caía en el abismo.

Además de Maly me dicen “Hermosura” o “Bebé”, jajaja... No, es broma: soy buena para ponerle apodos a la gente. Pero mis conocidos me dicen “Mari”, por María. Pero no tengo otro... ¿O hay alguno? ¿Qué andan diciendo en la calle? Jajaja.

Maly revela que se o hubiera sido actriz o comediante, habría estudiado medicina. Foto: Andres Perez

Un anhelo tengo pendiente es viajar más, me gustaría conocer Europa. Estamos esperando a que Luquitas esté un poco más consiente de sus recuerdos para que valga la pena... Estamos juntando las lucas. Me gustaría que los lugares que le pasen en el colegio, él los vea in situ. Eso sería máximo, que aprenda desde la experiencia. Ojalá todos pudieran hacerlo así.

Antes de un show o una entrevista, mi rito es que me informo mucho, mucho, y después me vacío, y vivo el momento. Eso siempre lo hago, para que todo sea orgánico y natural. ¿Cábalas? No. Pero no me subiría a un escenario con amarillo, no barrería un teatro, no digo la palabra “risa” porque da mala suerte, no paso debajo de una escalera... Los gatos negros, esos no me importan, porque pobre animal que lo estigmatizaron. Hay cosas en las que no creo, pero que, por si acaso, las hago.

Mi frase favorita es “Dale con fe”, “Vamos con fe”, todo con “fe”.

Un trabajo que no se me conoce es que con Héctor Morales animamos Halloween en Fantasilandia, cuando íbamos en la universidad en 2002. Él era Homero Addams, y yo era Morticia (de Los locos Addams). Y bailábamos los Backstreet Boys.

Con Ignacio Achurra, con quien pololeé en mi primer año de u, hicimos un monólogo para su colegio, el Notre Dame, y nos pagaron diez lucas. Nos fuimos a comer a una picada que era como “Canalla llamando a Canalla”, donde tenías que dar una seña-contraseña para entrar. Nos gastamos esas diez lucas en comer... Ahora diez lucas no nos alcanza ni para que coma una persona.

Maly está full metida en la hacer ejercicio y en cuidar su cuerpo. Foto: Andres Perez

¿Un hobbie oculto? ¿Qué hago? Soy fanática de 29 Minutos (plataforma de entrenamiento) y Mariela Román (bailarina, entrenadora fitnes y esposa de Fabricio Vasconcellos), y entreno casi todos los días. Me gusta mucho el deporte... Es fooome mi pasión. Bueno, cada uno con sus fomedades: la comediante fome.

Yo me quedé en el pasado con la música. Si vez mi Spotify, escucho Lucerito... El privilegio de amar (canta)... Estoy en eso, Gloria Trevi. Soy muerta para la música. Freire me dice que no, que toda la música es válida, que no diga eso. Pero Freire es más musical y gracias a él Luquitas tiene más idea musical. Yo soy romántica, amo a Ricardo Arjona y Chayanne.

Si tomara otra cosa además de vino, sería el pisco sour. Podría tomar botellas y botellas. Me encanta porque te pone como contento, chispeante, qué rico. Freire lo prepara, como sabe que soy alcohólica, jajaja, para conquistarme. Pongo una cara de tanto placer cuando tomo pisco sour, como una niña en la fábrica de Willy Wonka. Y a él le encanta prepararme, y me lo ofrece. Él toma, pero normal, es más tranqui. Me gusta la bebida y la buena mesa. El sour le queda rico, se especializa en las cosas: tiene las medidas y lo hace bien.

A pesar de que se ha alejado del pisco sour, sigue siendo el trago predilecto de Maly. Foto: Andres Perez

Algunas películas con las lloré son La vida es bella, Postdata: te amo y Los puentes de Madison. No soy muy llorona, lloro poco. Pero ahora no puedo ver series en que le hacen daño a niños; antes me daba lo mismo. Eso tiene que ver con la maternidad, empatizo. No, cuático, veo a un niño en la calle y le paso plata. Mi corazón se ha vuelto muy delicado... Mi corazón es delicado/ Tiene que estar muy bien cuidado/ Trátalo bien (canta “La ladrona” de Diego Verdaguer).

No creo en el horóscopo, pero me gusta. Pregunto: “¿Qué signo eres?”. Cuando Lucas estaba por nacer, no quería que fuera Escorpión, porque les tengo nervio, y fue Libra como Freire... Parece que sí creo. Soy Sagitario. Me dicen que tengo lo livianita de los Sagitario, que no soy muy atadosa, soy buena para el leseo, dispersa. Freire y Lucas son Libra, y son perfecetos: inteligentes, creativos y chistosos

Si pudiera tener un superpoder, ¡uh, qué loco!... Como que estoy súper entregada a la vida, entonces no sé qué superpoder tendría. Pero si pudiera pedir un deseo, sería hablar con mi mamá, decirle algunas cosas que me han nacido ahora: una última conversación... “En esta parte Maly se emociona”. Pon eso, jajaja. “Y echa la talla para evitar su llanto”.

Mi placer culpable es el vino. Yo todo el rato carretiaría, me gustaría vivir en un carrete y con mi casa llena de gente. Me gustaría tener en mi casa gente siempre carreteando... Debería poner un bar. Ah, no, mejor no: perdería toda la plata, daría todo gratis. Me gusta la tertulia, más que el alcohol, el compartir: niños jugando, y adultos conversando y comiendo.

En vez de complicarse por el futuro, Maly prefiere vivir el presente y enfocarse en lo bueno. Foto: Andres Perez

No pienso en la muerte, le tengo más miedo a la mala muerte, al sufrimiento pre-muerte, porque lo vi en mi mamá; mi mejor amiga también tuvo cáncer, pero vivió para contarlo. El sufrimiento me da mas miedo que la muerte. No me gustaría morir todavía porque tengo un hijo; antes me daba lo mismo. Sé lo que es perder a tu mamá, así que no me gustaría ese dolor. Cuando fue el terremoto, estaba sola en un departamento y decía: “Dios, si me matas, mátame de una, te lo ruego, no quiero quedar entre los escombros, mitad viva y muerta”.

Si pudiera invitar a tres persona de la Historia a un tertulia: con Freire siempre queríamos ser amigos de Seth Rogen, un comediante gringo; ese me encantaría. Me encantaría conocer a Fergie, la cantante. Y me encantaría haber apreciado y conversado con Marilyn Monroe.

Maly Jorquiera es un ser humano, con cosas buenas y malas, que está disfrutando de esta vida, que tiene cosas malas y buenas, y aprovechando de vivir, disfrutando. Mi hijo me ha hecho disfrutar la vida; antes pensaba mucho en la pega, el mañana. Ahora soy más del momento. Me cae bien mi hijo.

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