La Firme con Marianne Schmidt: “Mis colegas me dijeron ‘Gringa, estás en tu prime y no te has dado cuenta’”
Tras más de dos décadas en Mega como periodista internacional, una serie de razones la tienen hoy como conductora del Mucho Gusto en reemplazo de Karen Doggenweiler, y cada vez más protagonista, incluso en el Festival de Viña. “Duermo tres horas diarias, hace muchísimos años”, confiesa “La Gringa”.
Si bien Marianne Schmidt Ortiz dice ser mala para las fechas, hay una que recuerda patente:
—Llegué a Mega un 3 de enero de 2003 —dice.
En ese tiempo, llegada hace poco desde la Región del Biobío, había trabajado en las señales locales de Canal 13 y TVN. Pero tenía el anhelo de ser una periodista que cubriera el acontecer mundial. Así, “sin experiencia en el área internacional”, relata, arribó a Megavisión con la misión de foguearse, por aquel entonces, aún soltera y sin los hijos que, en el futuro, se convertirían en su prioridad.
Unas semanas después, el 1 de febrero, ocurrió el primer hito global que cubrió: la desintegración del transbordador espacial Columbia en su reingreso a la Tierra. “Y al mes siguiente empezaron a suceder varios acontecimientos importantes que marcaron mi vida profesional”, revive con La Cuarta. “Fue un inicio intenso y me tocó vivir experiencias que me formaron muchísimo”.
“La Gringa”, que prefiere el misterio respecto a su edad, y que ha sido parte inventario del canal de Av. Vicuña Mackenna hace ya largo tiempo, durante este último tramo se ha encontrado, sin buscarlo, primero, hablando de noticias internacional en el Mucho gusto (Mega); y ahora, como reemplazante de Karen Doggenweiler ante su animación en la Quinta Vergara, como conductora junto a José Antonio Neme, incluso en los días del Festival de Viña.
La periodista “nacida y criada en Los Ángeles” cuenta que, con más de dos décadas en la casa televisiva, “ando en pantuflas por el canal, me siento como en mi casa”.
En La Firme, Schmidt repasa su historia desde una infancia inquieta en Los Ángeles; la decisión de estudiar periodismo a pesar de su timidez; su pasión y esencia del oficio: el reporteo en terreno; su llegada a Mega en 2003 y la consolidación como rostro internacional; la “culpa” que arrastra que carga desde que murió su padre en el 2017; la crianza de sus hijos en torno al rigor propio y a la religión; la maternidad de tres hijos compatibilizada con largas jornadas laborales; su postura frente al envejecimiento y las exigencias de la TV con las mujeres; su “temor” inicial a las redes sociales; su visión crítica del “desperfilamiento” informativo; su salto de visibilidad al integrarse al matinal y la conducción durante el Festival de Viña; y un presente de “madurez” y plenitud profesional.
Eso y más, a continuación…
LA FIRME CON MARIANNE SCHMIDT
Un recuerdo de mi infancia en Los Ángeles, Región del Biobío, es el verano en el campo. Las vacaciones eran demasiado entretenidas, porque salíamos del colegio y nos íbamos al campo, todos mis primos, tías y abuelo, los tres meses. Esa conexión con la tierra, bañarme en el pozo y compartir con toda la familia; un veraneo tan sencillo y cotidiano. El campo me conecta mucho: su aroma, colores, la montaña y los caballos.
Era muy inquieta. Cuando era chica siempre salía, hacía toda la vida muy de barrio, en la población José Manso De Velasco, donde eran todas las casas iguales en un callejón. Mi mamá para ir a buscarme siempre iba a la plaza, pero siempre tenía que ir mirando los árboles, porque yo siempre los trepaba. Y me pasaron ciertos accidentes: me caí del techo, de un galpón. Tuve varias experiencias de este tipo porque era muy loquita. En un un galpón se guardaba todo el trigo que se había cosechado en el día y nos tirábamos piqueros con mis primos sobre la ruma de trigo; me caí del techo y el portón de madera gigante se cayó sobre mí, y perdí el conocimiento; cuando logré despertar sólo veía puntitos y las siluetas de la gente; me trasladaron a la ciudad y tuve que estar una semana en cama… No quedé con ninguna secuela.
Soy la cuarta de cinco hermanos, tres mujeres y dos hombres. Mi papá falleció, así que está mi mamá con mis dos hermanos en Los Ángeles. Y en Concepción están mis dos hermanas casadas con penquistas. Y yo, en Santiago. Mi hermana mayor tiene cinco hijos, y tres de sus cinco hijos —algunos ahijados—, que viven en sus departamentos respectivos; salieron de la universidad y ya están trabajando, y los otros dos están estudiando. Tengo también a mi prima-hermana en Santiago.
Mi apodo, “Gringa”, nació por un profesor de gimnasia, Alfonso Riquelme. En el colegio, en el Liceo Alemán del Verbo Divino, yo era gimnasta, entrenábamos casi de lunes a sábado, competíamos mucho y viajábamos a Santiago. Mi elasticidad y mis bailes quedaron (dicen que la musculatura tiene memoria). Y mi profesor me vio con este pelo rubio y, además, mi nombre es largo y complejo, alemán, y mucha gente no lo pronuncia bien; es “Marianne”, y me dicen “Marian”, “Mariana”, “Marianela”, “Mariané… Y él empezó a decirme “Gringa”. Y yo lo encontré simpático. Fue por un tema práctico. Y yo, que estaba en cuarto básico, no tenía muy claro qué significaba el concepto, y pensé: “‘Gringa’ debe ser por lo rubia”, aunque había otras rubias.
Mi papá era extremadamente culto, además de ser ingeniero químico y gerente de la planta Iansa en Los Ángeles, tenía un conocimiento enorme de Historia Universal y de Chile, de geografía y de todos los temas. En la familia siempre se hablaba con un nivel muy alto de conversación, sobre todo en la mesa. Él leía el diario todos los días y yo siempre lo veía leer. Mis hermanos uno era agrónomo, un ingeniero civil y una abogada, y yo no sabía qué estudiar, pero me gustaba el área humanista. Y en primero medio mi hermana me dijo: “Te veo pintada para periodismo”. Yo era muy tevita; mi papá se molestaba porque veía mucha tele —que allá sólo llegaba TVN— y veía el mundo a través de ella, y encontraba todo mágico. Pero no es que quisiera trabajar en la tele. Y le dije a mi papá: “Estudiaré periodismo”, y me contestó: “Ah, pero no te he visto con el diario todos los días, sólo frente a la televisión”. Y cuando entré a la universidad, me encantó inmediatamente.
Yo tenía un problema: era súper tímida. En el colegio me costaba mucho dar disertaciones o hacer preguntas en la sala, muchos más que otros compañeros o compañeros: todo lo que era exponerme. ¡Era muy tímida! Por eso me decían “Mayonesa” por lo rubia y “Tomate” por lo roja; tenía que hablar en público y me ponía súper roja. Cuando entré a periodismo, tenía un desafío personal: “Me gusta tanto esta carrera, pero soy tímida. ¿Qué hago?”, y me dije: “Sigue tu sueño, porque no puedes ser una periodista tímida”. La carrera desarrolló mi personalidad de una manera que todavía no me explico del todo, entre prácticas y móviles. Fui perdiendo esa timidez y hoy, que hago muchas cosas, no pueden creer que era tan tímida.
Joaquín Lavín fue mi profesor de Periodismo económico, y me entregó un premio porque el primer año fui la mejor alumna. Cuando mis papás viajaron para ver el reconocimiento, estaban súper orgullosos, y se dieron cuenta de que me gustaba la carrera y me iba bien… A Lavín me lo volví a encontrar trabajando en Santiago, me acuerdo de habérmelo topado en alguna oportunidad, hace muchísimo años en Mega y le dije: “¿Se acuerda de mí?”. No tengo mayor alcance con Joaquín Lavín.
Estudié Periodismo en Concepción en la Universidad del Desarrollo. Cuando hice la práctica en cuarto año, seguí en Canal 13 de Concepción un año. Estudiaba y trabajaba, hasta que tuve que hacer el proyecto de título sobre los medios de comunicación regionales y cómo subsisten. Hice varias entrevistas a directores de distintos medios y, en una de ellas con el canal de la U. de Concepción, me ofrecieron trabajo. Necesitaban una conductora de noticias y me vi sorprendida. Pero puse una exigencia: “Quiero reportear, para mí es clave reportear”, porque encuentro que el periodismo se hace en la calle en conexión con la gente. Cerraron Canal 13, y fue súper duro porque me mandaron a reportear el cierre y despidos de mis excompañeros.
Me llamaron de Televisión Nacional Red Biobío, fui a la prueba de cámara y quedé. Pero mi condición fue: “Muy agradecida por la oportunidad, pero reporteando”. Ningún problema. Estuve tres años y reporteé desde las 8:30 de la mañana hasta la noche, porque después me cambiaba de ropa y me ponía el traje para conducir las noticias. Mi familia estaba feliz, porque TVN tenía una cobertura en toda la región .Nunca me habían visto en la conducción de televisión del canal; recién ahí mis papás me vieron. Estaban orgullosos a la distancia.
Era la conductora de TVN Red Biobío y hacía despachos con Santiago, estaba con los pehuenches cubriendo el conflicto mapuche y después me iba a las zonas pesqueras y las minas de Lota. Renuncié después de tres años porque dije: “Siento que toqué techo y quiero estudiar más”. Me vine a Santiago a hacer un magíster en la U. Católica en edición y dirección periodística, dos años. Por eso llegué a Santiago.
Antes de terminar el magíster, decidí irme a Estados Unidos, a la U. de Colorado, porque quería perfeccionar el inglés, y otros cursos; tenía una visión de futuro: si volvía a prensa, quería hacer algo internacional, porque desde chica admiraba a la Karin Ebensperger; quería ser como ella. Me encantaba ese programa internacional, pero desde regiones no lo puedes hacer. Hice todo para irme a Colorado y, días antes de viajar, recibí un llamado telefónico del director de mi escuela de periodismo, Miguel Ángel Romero, y me dijo: “Hola, ¿En qué estás?”. Y le conté: “Acabo de terminar el magíster y ahora pretendo irme a EE.UU.”. Y me contó: “Están buscando gente en Mega y les había mandado tu currículum”. Yo tenía el pasaje comprado.
Vivía sola en un departamento en Santiago, era una mujer soltera viviendo sola y con nuevas experiencias y ubicándome como cualquier persona que viene de regiones. Y me llamaron de Mega, el editor general, y le conté a mi mamá, que me dijo: “Obvio que tienes que ir a la entrevista (...) A los periodistas les cuesta tanto conseguir trabajo; tienes que ir, aunque sea para que te conozcan”. Sabias palabras de mi mamá: le hice caso. Fui y al editor, que no lo conocía personalmente, le conté mi sueño, y me dijo: “Estamos armando un equipo internacional y encuentro que tienes todo el perfil para conducir y armar un equipo”. Abrí mi cartera y pensé: “Le diré la verdad”, que en tres días me iba al Colorado y que tenía pagada la universidad. Me quedó mirando fijamente y me dijo: “Te esperaré”. Volví en la Navidad del 2002. Empecé a trabajar en Mega el 3 de enero de 2003 y sigo hasta hoy.
Cuando llegué a Concepción y luego a Santiago, cachaba que a mucha gente le complicaba mi nombre y no lo decían bien; y me molestaba, porque realmente no es mi nombre “Mariana” o “Mariané”, entonces les dije: “Dime ‘Gringa’ nomás”. Todo el mundo me conoció con ese apodo, pero nunca se reflejó en pantalla, porque cuando hacías noticias internacionales es un formato más formal; jamás me lo dijeron frente a cámara, pero detrás todo el mundo en Santiago me dice “Gringa”, y hace muchísimos años. Por un tema práctico.
No tengo nada que ver con Estados Unidos, mi look es súper alemán: soy Marianne Schmidt, o sea, más alemana que nunca. Mi papá es de una familia de Puerto Varas, a orillas del lago Llanquihue, y llegó a Los Ángeles por un tema laboral, donde conoció a mi mamá, que es angelina. Pero soy una fotocopia de mi padre y mi abuela paterna; lo único que no heredé son los ojos calipso.
Dentro de mis cinco hermanos, creo que soy la menos alemana en personalidad; tengo una hermana mayor que no entiende los chistes, jaja. En la forma de vida, creo que soy la más loquilla, lo que le generaba unas canas extras a mi papá, que era súper estructurado y rígido. De alemana, aparte de que me gustan los kuchenes, no tengo mucho, porque no los cocino. Les digo: “Tengo cara de kuchen, pero yo me los como nomás”. Pero me dicen que si me pongo seria, me ven más seria de lo normal y dicen: “Uh, ella debe tener un carácter…”. No. Si me enojo, me enojo en su justa medida.
Me gustaba saber, aprender y entender el lenguaje audiovisual. Ahora también escribo columnas para la revista Atrévete Woman, y ha sido algo nuevo para mí. Y ahora que me dieron un espacio en la Radio Infinita también fue un desafío, que lo tengo en pausa, porque en ese mismo horario estoy en el Mucho gusto como conductora. Siempre decía: “No tengo la habilidad del periodismo escrito”. Lo encontraba más desafiante; me manejaba más en lo audiovisual. Y muchas de las notas y reportajes que hice en mis primeros años, los editaba y musicalizaba yo misma. Me encantaba, y todavía me gusta. Afortunadamente se me hizo sencillo.
Me vine a Santiago y no tenía muchas amistades acá. Tenía a mi gran amiga, Sandra, que conocí en Concepción, pero se vino antes a Santiago con su familia, y la verdad es que casi que me adoptaron porque tuve unos accidentes bastante graves y sus papás se portaron súper bien conmigo. A través de ella empecé a conocer más gente de Santiago, y ella tenía un amigo y a través de él conocí a mi marido (José Manuel Infante). Pololeamos cuatro años y nos casamos. Después de tres años de matrimonio tuvimos a nuestra primera hija, la Trini, que ya te dije que tenía 17. Luego nació Rai que tiene 15 años y después José Manuel, de 11 años.
Me costó quedar embarazada, fue terrible. Nos casamos con “Jose” y queríamos ser papás al tiro. Tanto es así que, justo cuando llevaba poco tiempo casada, me llamaron de TVN acá en Santiago para ser periodista internacional allá. Me acababa de casar, tuve una entrevista con Gazi Jalil (editor en TVN) y me explicó la oferta. Le agradecí mucho la oportunidad, pero le conté que recién me había casado y que mi prioridad en ese momento era tener hijos. Quería ser justa y recta con Mega, y no quería comprometerme con un trabajo internacional si interfería con mis planes familiares. Era súper tentadora la propuesta. En esos años Jose (Neme) y Andrea Arístegui eran los periodistas internacionales de TVN, y me habría sumado a ese equipo. Pero en Mega también nos estaba yendo increíble.
Siempre fue un anhelo para mí ser madre y tener una familia numerosa. Vengo de familia numerosa y quise lo mismo para mí. Cuando empecé a tener hijos, me di cuenta de que no era tan fácil, y me sacaba el sombrero por mi hermana mayor que tiene cinco. Es complicado, pero hermoso. Yo quería estar presente y dar todo de mí a mis hijos, especialmente en la lactancia un año de cada uno, asumiendo el afecto y todos los efectos de la maternidad. Le pregunté a mi hermana: “¿Cómo lo hiciste?”, y me dijo: “Sí se puede”. Decidí tener tres hijos, y con el tercero pensé: “Ya, suficiente.” Tres era un número que podía manejar sin perder calidad de tiempo con ellos. Soy muy apasionada por mi pega, pero eso no significa que no puedas tener hijos.
Un hito importante fue la primera elección de Donald Trump en el 2016. Me tocó ir a reportear a Nueva York y cubrir cómo los inmigrantes chilenos en Estados Unidos veían la llegada de este presidente. Otro hito fue cuando el canal me envió a reportear a Medio Oriente, a Israel. Estuve en la frontera de la Franja de Gaza y crucé a Palestina en dos oportunidades. Conocer ese conflicto y estudiarlo en la zona de conflicto, me marcó mucho. Y aunque muchos tienen esperanza, siento que es un conflicto sin fin, histórico, en un lugar icónico. Ahí están representadas las tres religiones monoteístas en Jerusalén, y que siempre van a estar en conflicto.
Mi papá murió en el 2017. Le dio un cáncer fulminante. Fue fuerte… Me toca la fibra emocional (Se emociona)... El último tiempo estuvo en tratamiento en Santiago, así que tengo que agradecer que pude pasar ese tiempo con él… Y finalmente quizá no me quiso decir cuánto le quedaba de vida (tenía muy claro que no le quedaba mucho tiempo); y estaba toda la familia volcada en esto, hasta que nos informaron que él regresaría a Los Ángeles y pensé: “Ay, qué bueno, hubo una pequeña mejoría”.
El día mi papá se iba a Los Ángeles, después de haber estado un buen tiempo en Santiago, cuando me despedí de él para que le fuera bien, no tenía turno ese fin de semana; pero pasó algo: un atentado terrorista muy grave con muchos muertos… Ay (Suspira), me arrepiento tanto de haber trabajado... Trabajé lo más rápido que pude para despedirme de él: corrí a donde él estaba, me despedí brevemente, y me quedé con una sensación rara —que hasta hoy tengo—; y finalmente se fue con mi mamá y mi hermano a Los Ángeles. Tres días después, yo estaba en prensa trabajando, y me llamó mi hermano y me contó: había fallecido mi papá. Se me desmoronó el mundo. Nos fuimos todos al sur.
Mi “sensación rara” creo que fue porque era la última vez que lo vería físicamente. Me despedí a la carrera y por eso digo: “¡Por qué vine a trabajar…!”. Porque fue algo extraordinario que me lo solicitaron. Y en ese minuto. Siempre digo que mi prioridad —y tengo mis valores súper claros y los pies en la tierra hasta hoy— es mi familia. En esos valores están la salud, unión, educación, etcétera; y después viene el trabajo, hasta hoy.
¿Al despedirme de mi padre prioricé el trabajo? Creo que sí, y fui a esa cobertura… Uno se castiga, o es culposa… Pero tampoco sabía que tres días después fallecería. No era que fuese algo fulminante que me lo hubiesen advertido; conversé con mi mamá y mi papá, pero nunca me revelaron que fuera algo inmediato. Como pienso que mi familia es LEJOS lo más importante, mucho más que el trabajo, dije: “Pucha, y ese día vine a trabajar...”. Me castigué, y me castigo hasta hoy: ¡cómo no dediqué ese día completo a mi papá! Si hubiese sabido algo más, habría dicho: “No, que vaya otro (a la cobertura)”... Me quedó dando vuelta esa despedida tan fugaz en vez de haber hecho un momento más valioso, decirle “papá, te quiero”. Él era muy sensible, pero esa sensibilidad no se veía reflejada, de hecho, nosotros los hijos siempre le hablábamos de “usted”; era impensable tutear al papá, siempre de “usted”.
Toda la gente que nos veía de afuera dice que con mi papá éramos de un parecido físico exacto, salvo en el color de ojos; pero su forma de ser, aunque él era bien estricto, enojón y extremadamente ordenado. Fue una pérdida muy fuerte y dolorosa. Gracias a Dios somos una familia no solo unida, sino de mucha fe, católicos practicantes todos. Vi que en el último tiempo mi papá no lo estaba pasando bien, pero todo el mundo me dijo que tuvo la mejor muerte: en su casa, rodeado de la familia, mientras dormía. Eso te da una paz y tranquilidad increíbles, sobre todo conociendo su historia de vida: justo, feliz con su tazón de leche y un pan tostado con mantequilla y austeridad absoluta, y con una profunda fe. Sabemos que está en el “Cielo” y le rezo todos los días. Fue buena persona, buen jefe, quizá estricto, como papá, como tiene que ser.
Tenía mucho temor al casarme, y mi hija mayor nació tres años después, y empecé a visualizar que (la diferencia en) la niñez de mis hijos en Santiago respecto a la experiencia que yo tuve: tan sana, tan rica y sobre todo tan cerca de la familia. Por eso he hecho ciertos sacrificios. Cuando tuve a mi primera hija, cambié el horario de levantarme a las 4:30 de la mañana, estoy en el canal a las 5:30, porque quería ser una mamá presente en la tarde, en la lactancia. La crianza es demandante, pero mis hijos nunca notan mi ausencia. Me voy cuando ellos están dormidos. Mi marido ha sido un excelente papá, desde chicos vistiéndolos, haciéndoles el desayuno y llevándolos al colegio; y yo soy la encargada de ir a buscarlos, que los hombres están en el San Ignacio —donde estudió mi marido—, y mi hija en las Monjas Inglesas.
Fue un parto encontrar un colegio en esta ciudad. Postulé a cinco colegios, ¡muchos!, y es tan distinto a la realidad de regiones: que eliges un colegio, pagas y listo. En cambio acá era una verdadera competencia, y seleccionan al niño, al papá, si es exalumno o no. No quedé en varios colegios, y sí en las Monja Inglesas porque durante la entrevista se dieron cuenta de que mi hija era nieta de una exalumna, porque mi suegra estudió ahí; y hacían tantas preguntas y, como yo venía de región, el único nexo con Santiago era mi marido. En un día, mientras me decían que no quedaba en los colegios, yo lloraba y lloraba.
Duermo tres horas diarias, hace muchísimos años (más de diez). Me pasa la cuenta, porque se me están olvidando las cosas. Por eso mucha gente me escribe y comenta: “Oye, en el matinal te veo mucho con el celular”, porque estudio todas las noches para estar al día: no solo leo, sino que preparo la pauta, y hago resúmenes con colores. Me acuesto tarde porque necesito estar informada de lo último. Duermo y al otro día tengo que hacer el informe. Al principio hacía 20 minutitos en Mucho Gusto, luego media hora, después una hora, y hubo momentos que duraba dos horas porque la contingencia internacional empezó a lograr un interés... ¡y donde estoy ahora! Nunca lo pensé.
No tengo problema de dormir; si tengo una almohada duermo feliz. Amo dormir y no tengo tiempo para dormir. La secuela más clara ha sido que se que se me olvidan rápidamente las cosas, y por eso me anoto todo, ¡todo! Cuando fui al neurólogo me dijo: “Es consecuencia de la falta de sueño”, y uno también puede andar más irascible o menos tolerante. No es sano. Por eso ahora, a diferencia de los últimos años, me pegó una siestecita después de almuerzo, máximo de una hora.
He sido una mamá presente: mientras mis hijos están en clases yo trabajo, y cuando salen del colegio soy yo la que los va a buscar. El desgaste de ser profesional, periodista y mamá es el doble. Trato de no estar cansada, pero ellos llegan con toda la energía después de clases, y estudiamos las distintas materias; y almuerzo a las 5 de la tarde; les doy la comida en la noche —que mi marido me ayuda mucho— y les preparo las colaciones; y me duermo a las 1 AM más o menos.
Mi acercamiento al matinal fue como en el 2020, cuando fue la fusión los equipos de prensa y el Mucho Gusto. Y de repente, no sé si fue algo puntual, o de la realeza, que me dijeron: “Necesitamos que vayan Mucho Gusto, y así partió todo; y poco a poco al segmento internacional le empezó a ir súper bien En ese horario, con un público super distinto, mayoritariamente femenino, que quizás estaban preocupados de otras cosas, cobró mucha fuerza, y terminó siendo de dos horas.
Cuando hice una pequeña performance de Rafaela Carrá en el noticiero de la mañana, fue un antes y un después de mí: me sacó de la normalidad. Trabajé 20 años con, el “Repe” y la Priscilla (Vargas), con un equipo en la mañana que nos llevábamos super bien, que saben cómo soy detrás de cámara, bien divertida, me gustan las fiestas y prendo con agua; festejo en buena onda y sano. Celebro la vida: si estoy en una fiesta obvio que bailaré, porque soy gozadora de la vida. Pero no tenían idea de que me gustaba Raffaella Carrá.
Se murió la Raffaella Carrá y yo a lo más había dicho que me gustaba Carrá. Dos días después fui al estudio a hablar de noticias serias, y terminamos el bloque con lo de Carrá. Y la Priscilla me dijo: “Hoy tenemos un desafío… hacer un paso de Carrá… Hazte un paso”. Sabían que yo era buena para bailar, me insistieron, hice un paso y se volvieron locos. Y me dijeron “antes de despedirte hazte otro paso”. No sabían de mis aptitudes de gimnasta, levanté la pierna y se volvieron (más) locos. Terminó el programa, me dijeron que subió el rating y me fueron todos a abrazar. Y yo tiritaba y decían: “Me van a echar”, y había una jefatura nueva, y la Lorena de las Heras, se me acercó y me dijo: “Usted parece que tendrá que ir a bailar con la Karen Connolly (...) Estuvo simpático”. Esto que me dio pudor y vergüenza terminó siendo positivo.
Siempre tuve visibilidad internacional, pero me di cuenta, sin querer, que una vez que pasé al área de matinal, la gente ya me reconocía más en la calle: fue un salto. Antes me decían, mayoritariamente mujeres, maduras, jaja: “Me encanta tu informe internacional”, o que me encontraban “culta”, “elegante” o “me encanta cómo te vistes”. Ahora, al pasar a Mucho Gusto, de la nada, sentí un efecto en la calle, más transversal; da lo mismo de la condición socioeconómica, pero de todos lados ahora me dicen “la Gringuita”, me abrazan, felicitan y dicen que les ha gustado mi trabajo. Fue un cambio radical en lo profesional, porque antes no me pasaba tanto, cuando iba al supermercado o en el Metro.
Siempre fui bajo perfil. En mis redes sociales no expongo a mi familia, ¡a nadie!, ni a mis hijos ni marido. Soy súper respetuosa con mi vida familiar y nunca la traspasé a mi trabajo visible en televisión; mis hijos nunca vieron a la mamá periodista porque estaban en clases. Entonces, después de varios años, fue súper raro para ellos, que yo iba al supermercado y me decían: “Oye, mamá, ¿por qué te saludan?” o “¿Por qué te dicen ‘Gringa’?”. A ese nivel. Con suerte sabían que trabajaba en Mega.
Ahora que estoy en el Mucho gusto, le digo a mis hijos: “Tengan un poquito de paciencia”, porque cuando llegaba a la tercera o cuarta foto me empezaban a poner caras como de “qué lata, vámonos”... Ahora, en vacaciones, en la playa, bañándome, se me acercaba la gente, entonces era todo un tema. Cambió mucho mi paso por el matinal, no sólo la exposición, sino el efecto en la calle. Ha sido tanto el nivel, incluso cuando he ido a reportear a otras regiones, que ha sido una inyección de energía positiva, y digo: “Es el mejor remedio”.
Afortunadamente en la calle siempre he recibido buena onda, salvo dos impases que tuve en mis comentarios en redes sociales en el matinal; hubo gente que generó rechazo por temas puntuales. Me dan miedo los comentarios y la mala onda.
Le tenía tanto pánico a las redes sociales que recién mi hija de 17 tiene un celular, y mis hijos menores no tienen , porque yo le tengo mucho respeto, y un poco de miedo. Veía que todo el mundo hablaba de las redes sociales. Y acá, mis colegas me motivaron: “Ya po’, ‘Gringa’”, y muchos me decían: “Tú eres ‘@Lagringasinredes’”, y yo no sabía, y me vine a enterar después.
Hasta que un día, la Florencia Vial, que trabajamos juntas y somos compañeras de equipo, me dijo: “‘Gringa’, te tengo que contar algo: tienes instagram, y se llama @gringaconredes”. Y yo: “¡Qué!”. Me hizo ella un instagram y estaba todo el Equipo internacional en llamas, ¡y me puse a tiritar! ¡Literal! Y además le dije: “Oye, qué bueno el nombre”. Y me enseñaron a usarla, porque no sabía si borrarla o no. Así partió. Y no me he salido, y ya estoy cumpliendo casi tres años.
Ahora mi paso por Mucho Gusto ha cambiado harto. De un minuto a otro me dijeron: “La Karen se va dos semanas, tenemos que reemplazarla”, no fue como: “Oye, ¿qué piensas? ¿Crees que quieres? ¿Cómo te ves en este desafío?”... Y en el matinal hay que opinar más, y tienes que entrar en otro escenario: la contingencia nacional, los problemas de la gente y en el área política. Todo lo que uno dice genera reacciones y un poco de mala onda en las redes… ¡hasta mi cara generó algo! Estaba en entrevista políticas y nos faltó que alguien dijera: “Miraste muy mal a la candidata”... Pero en estoy súper bien y contenta.
Ahora encontré el vaso medio lleno de todo de una conexión directa con tus seguidores, pero también del aspecto… Hasta en el aspecto económico estoy contenta, porque soy influencer de algunas marcas; me abrió un nicho que desconocía.
Conducir el matinal es una tremenda responsabilidad. Lo hice el año pasado, que éramos la Natasha Kennard y Neme el Sheraton. En esa ocasión fue todo un nervio, porque nunca había ido al Festival de Viña, conducido un matinal y nunca hablando del mundo del espectáculo, y además me dijeron: “Vas a la Gala”. Fue de nada a cero. Terminé mis vacaciones y me puse a estudiar el Festival. Finalmente se me hizo muy fácil.
Después de la primera noche critiqué a George Harris,¡en mi debut de análisis! Hablé con propiedad. Como no lo conocía, estudié y vi sus presentaciones en YouTube, y de repente me reía; pero notaba que sus historias eran largas y que no remataba. Dije lo que me pareció y el mismo Neme me dijo: “¡Gringa! ¡Qué está pasando!”. De ahí en adelante entendí el rol que tenía que cumplir. Independiente de que hay productores y alcaldía detrás, no nos callamos nada: dijimos todo lo que había que decir a pesar de ser el canal organizador, fuera bueno o malo.
Este es mi segundo año como conductora del matinal de Viña. Sé a lo que voy. Nos fue súper bien en la edición del año pasado, me sentí muy contenta y lo pasé bien. En todo lo que estoy haciendo lo estoy pasando súper bien y tengo mis prioridades súper claras. Tomo con mucha responsabilidad reemplazar a Karen, que es la conductora, y es súper importante. Es el mismo desafío, pero voy más tranquila. No quiero pecar de soberbia, pero creo que se ha estructurado un programa súper bueno y entretenido, que tiene mucha opinión.
Nunca he tenido problemas con opinar. Encuentro que es bueno tener posturas distintas. Puedo tener una mirada más conservadora, diferente, que creo que representa un segmento de la población; más bien femenina, conservadora, madre de tres hijos, y es mi opinión y lo que pienso sobre la contingencia. Puede no gustarle a todos, pero no me complica. Es la diversidad: no tenemos por qué pensar todos igual. Siento que a veces la gente es poco tolerante. Respeto tu opinión, pero también respeta la mía; está bien que no la compartas, pero respétala. Lo único que pido.
Me llevo súper bien con Neme fuera de pantalla. Hay un cariño genuino de ambos lados. Él ha mostrado públicamente que me hace regalitos, pero siempre han sido sorpresas; nada ha sido planificado, y eso demuestra que el cariño es auténtico. Con Neme se me ha hecho súper fácil trabajar. Para mí, no es solo un colega; él también tiene experiencia en periodismo internacional, así que estamos a la par en muchos temas. Eso hace que todo sea más integral y eleva la calidad de la comunicación en el área internacional. Con Neme hemos construido una amistad genuina, nos llevamos muy bien, nos hacemos regalitos y nos llevamos bien detrás y delante de cámaras.
Me siento demasiado tranquila y segura de estar junto a Neme, porque es un máster en esto: maneja muy bien los códigos de un matinal, lo informativo y polémico. “Esto es un espectáculo”, me dice. “Si hay que reírnos nos reímos, baila, sé tú”. Y lo mismo me decía Karen: “Gringa, sé tú”. Muchos periodistas creen que al mostrar esa faceta te “desperfila”. Pero tú ves a José Antonio Neme, que lo hace todo, se muestra tal como es, y la gente lo aprecia. Eso no lo ha desperfilado. La gente sabe que puede conseguir información seria y análisis fidedigno, aunque también nos haya visto bailando y divirtiéndonos el día anterior. Nunca he tenido el temor de “desperfilarme”, que a lo mejor tienen algunos colegas.
Me ha pasado muchas veces que me dicen: “Oh, tú eres la del tiempo”, Allison Göhler. No la conozco, pero la ubico, sé que trabaja en el mismo horario que yo, me han contado que es súper amorosa y que hace súper bien su trabajo. Pero cuando me dicen “la del tiempo”, respondo: “Me están confundiendo”.
Recientemente, nos ha marcado mucho en el programa sobre todo, este nuevo Donald Trump. Prácticamente todos los días nos da noticia. Recuerdo exactamente cuando se anunciaba que posiblemente el gobierno de Trump iba a imponer aranceles al cobre chileno, lo iba a ejecutar, y por eso una frase mía ha marcado mucho, que dije: “Trump lo hizo.” Esa frase se volvió como un reflejo de cómo todo lo que hace Trump tiene un costo y un impacto, y cómo ha aplicado este segundo mandato a nivel continental y mundial; sobre todo lo que hizo ahora con la captura de Nicolás Maduro.
Hoy soy periodista internacional y tengo hartos roles: estudio, edición, dirección. A pesar de mis estudios de magíster, nunca me vi en la conducción matinal, y ahora estoy aquí. He estado participando en programas culturales, y eso me ha hecho feliz. Me gusta ir a terreno, hacer varias horas de grabación sobre temáticas culturales en Chile y volver a conectarme con la gente. Me gusta la calle.
A corto plazo, por ahora estoy bien dónde estoy. No me veo en otra cosa todavía. He conducido varios años noticias, ahora estoy en la conducción del matinal y me encanta. Cuento apasionadamente día a día las noticias internacionales, me encanta explicarlas e informarlas. Me siento plena.
Si se presentan nuevos desafíos, felizmente los analizaré y decidiré si los tomo o no. Algunos los he rechazado, especialmente los que me alejan demasiado de la prensa y me llevan al espectáculo. Mi límite es no abandonar la prensa; puedo hacer otras cosas, pero manteniendo siempre uno de mis piecitos en prensa, 100%. Si surge otro desafío, no tengo problema, siempre y cuando mantenga ese vínculo con la información y la noticia.
He tenido ofertas laborales fuera de la televisión con sueldos atractivos, pero siempre he privilegiado lo que me apasiona y donde puedo desarrollar toda mi habilidad, que es la televisión.
Lo otro que me atrae hoy para más adelante es enseñar. Se me hace fácil la pedagogía, y de hecho me lo han solicitado, pero por tiempo, por la pega y la familia, no he podido hacerlo en universidades o algo así. Tengo posgrado y todo, así que podría, pero no me dan los tiempos. No descarto eso en el futuro, si abandono la televisión o se dan las opciones, hacer clases.
Soy católica. Tengo una formación católica de mi familia; fui a un colegio católico y para mí y mi marido era importante que nuestros hijos también tuvieran esa formación. Siempre he asistido a misa los domingos y sigo practicando mi fe.
Con todo lo que ha pasado con los casos de abuso, como Karadima y otros, yo separo las cosas. Es un golpe muy fuerte y triste lo que está viviendo la Iglesia, es tremendo y devastador, no sólo en Chile. Conozco casos de sacerdotes cercanos, del colegio de mis hijos, es jesuita (Renato Poblete). Me da mucha pena y dolor por las víctimas, y admiro la valentía de quienes han denunciado. Para mí, la Iglesia es una institución integrada por personas, humanas y pecadoras. Estos hechos deben ser penalizados, no sólo a nivel eclesiástico, también judicial. Si alguien merece la cárcel, debe recibirla. A pesar de todo, no ha vulnerado mi fe. Siento mucho la pena y a estas personas las condeno. Me ha hecho rezar más, ser más consciente de mi entorno.
Jamás me he hecho algún retoque estético o algo, soy una gozadora de la vida. Hago deporte y cuido mi bienestar, pero no soy una mujer curvilínea para nada. Sólo por primera vez en la Gala del año pasado, porque me lo ofrecieron, me hicieron unos masajes faciales, pero nada de inyecciones ni intervenciones. Así que puedo decir felizmente que soy 100% natural, me encanta serlo y seguir así. Encuentro que uno tiene que envejecer con dignidad... y bueno, falta mucho para eso, porque en realidad estoy en mi prime.
Mi mamá está bien de salud, sana; físicamente súper bien, pero por la edad se le olvidan un poquito las cosas, jaja, en el Sur, acompañada, con mis dos hermanos pendientes. Lo único que lamento es que mi mamá no esté cerca de sus hijas, que están en Santiago y Concepción. Cada vez que puedo, el fin de semana largo, voy a verla. Siempre en mis vacaciones de verano destino dos semanas completas a estar con mi mamá… Por primera vez tuve que estar menos tiempo por este nuevo rol que me están pidiendo en el canal (conductora matinal), porque tenía que reemplazar a la Karen, pero lo entiendo porque tiene que estar en modo Viña con todo el desafío por delante. Es lo único que lamenté estas vacaciones: estuve menos tiempo en Los Ángeles.
¿Volvería a vivir a Los Ángeles? Me casé con un santiaguino que le encantaría vivir en el Sur, y le aparecido súper buenas ofertas laborales —y es un tema—, y por mí ha tenido que decir que no. Incluso me dice: “Me encanta Los Ángeles, todo lo que sea Temuco, y todo lo que sea el sur”, y yo lo he frenado porque estoy tan feliz con mi trabajo que le digo: “Pucha, entiendo al santiaguino que no ha tenido la experiencia de vivir en regiones”, porque yo vengo de vuelta, jaja, y nací en un entorno espectacular, y querría eso para mis hijos en un mundo ideal.
Según mis colegas, estoy en mi prime. Me dio risa cuando me dijeron: “Gringa, ¿sabes lo más divertido de todo? Que tú estás en tu prime y no te has dado cuenta”. Porque como te digo, soy súper bajo perfil. Les dije: “¿Cómo? ¿De verdad?” Y ellos se reían; no hay celo profesional, todo es en buena onda. Me dijeron: “Lo que pasa es que tú estás en tu prime y no te das cuenta.” Ahí lo valoré y tienen mucha razón.
En la televisión hay una gran diferencia entre hombres y mujeres. Y lo digo súper abiertamente. Es televisión, yo sé que es un medio visual y no te lo dicen pero está eso: una mujer tiene que tener responsabilidad de verse mejor. No te lo dicen jamás, yo creo que es por los nuevos tiempos, hay un criterio y me gusta. Lo que sí es real es que dicen que a las mujeres tienen que estar perfectas, bonitas, bien vestidas; mientras que a los hombres, que hacen la misma pega que tú aunque sean viejos, calvos o con arrugas, no les dicen nada. La televisión es súper castigadora para las mujeres. Esa diferencia me molesta, pero estoy agradecida porque mucha gente, no sólo de la televisión, sino en la calle, valora mi trabajo.
Siento que me ha llegado el éxito en mi madurez, siendo mujer. Normalmente la gente brilla cuando es más joven, veinteañera, treintañera, y cuando pasaste los cuarenta ya no es así. Estoy en mi momento de mayor madurez profesional. Mis colegas me lo dicen, incluso los más jóvenes, y lo encuentro divertido, pero también me gusta porque muestra que la televisión de hoy puede ser sana y darle oportunidades a mujeres con trayectoria. Eso se valora mucho en Estados Unidos y Europa: la experiencia profesional. En Chile y Latinoamérica muchas veces se premia lo nuevo y se castiga a quienes llevan años, cuando deberían premiar la trayectoria y el bagaje. Por eso, me gusta citar a mis colegas: estoy en mi prime televisivo.
CUESTIONARIO POP
Si no hubiera sido periodista, me hubiera gustado ser parvularia, porque me encantan los niños.
Un apodo es “Gringa”, no tengo otro; solo “Gringa”.
Un sueño pendiente es viajar más, personalmente. Profesionalmente, mi sueño era ser corresponsal en el extranjero, en Europa, pero sabía que formar una familia era muy importante, y ser corresponsal no era compatible con eso en mi juventud. Así que esa opción quedó en un sueño no realizado. Lo pude haber hecho en mi época de soltería. Ahora sueño con viajar más en familia, aunque económicamente todavía no se puede.
Una cábala, no tengo ninguna, pero sí rezo cuando quiero que algo me salga bien.
Una frase favorita es: “Lo esencial es invisible a los ojos”, de El Principito. Y si tengo que hablar de la pega, una frase que me representa es “Sí se puede”, que fue el título de mi primera columna en la revista Atrévete Woman.
¿Un trabajo que tuve que no se conozca? No tengo.
En qué gasté mi primer sueldo, más que un sueldo, fue un premio al primer lugar en periodismo, algo ñoño. Con parte del dinero del premio me compré una máquina de escribir súper top para hacer mis trabajos; aunque ya existían computadores.
Algo de lo que me arrepiento es haber ido a trabajar el día que se iba mi papá al sur.
Una periodista chilena que admiro es Karin Ebensperger, a quien conocí de lejos en la universidad, porque viajó a Concepción. Era tan tímida que nunca le dije que la admiraba.
Una partida de Mega que me dio mucha pena fue la Maritxu Sangroniz; y la “Pri” y “Repe”. Pero han habido muchas amigas y amigos en la lista.
Talento o pasatiempo oculto es el voleibol, que lo amo, practico y compito; también me gusta bailar y todavía tengo algunos dotes gimnásticos. Juego voleibol, y en el grupo de mamás y papás con los que compito, y entreno todas las semanas.
Una película que me hace llorar es La vida es bella, por cómo muestra la inocencia y la magia en medio de momentos terribles de la historia.
Un miedo es la oscuridad.
No creo en el horóscopo, lo leo para reírme. Soy libra.
Un superpoder que me gustaría tener sería, mundialmente, la paz; a nivel personal, aparecer y desaparecer en cualquier país para conocer el mundo entero.
Un placer culpable es el chocolate y la música bien “cebolla”, en español.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a una mesa, sería como reportera: Fidel Castro, Juan Pablo II y Donald Trump, para conversar e intercambiar miradas distintas sobre tolerancia e intolerancia.
Marianne Schmidt es una madre de tres hijos, esposa, mujer, 100% profesional, apasionada por su trabajo y muy feliz y realizada con lo que hace.
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