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La Firme con Pancho Saavedra: “No me arrepiento de nada, incluso cuando comí mierda, lo volvería a vivir”

El animador de Canal 13 no esquiva ningún tema y se confiesa en una extensa entrevista donde aborda sus 48 años de existencia. Además, hace un recuento de su infancia, su vida en pareja junto a Coke y sus hijos, sus salidas de cadena, su paso por el Festival de Viña y el largo camino que lo llevó a convertirse en uno de los rostros más importantes e incluyentes de la televisión chilena.

Pancho Saavedra habló de todo en una entrevista en profundidad con La Cuarta, donde repasó sus dolores y alegrías. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Son pasadas las 15 horas y, en medio de una agenda ajetreada y llena de compromisos laborales y personales, Pancho Saavedra se deja caer con su risa inconfundible, que se escucha a la distancia, en los recovecos de Canal 13.

Punta en blanco, irrumpe con jeans azules y una camiseta manga larga negra, ideal para un día primaveral con agradables 20 grados y donde predominan las nubes. Unos lentes de sol complementan el outfit del rostro de la exseñal del angelito, quien llega después de almuerzo para concederle una íntima conversación a La Firme.

En la charla, el querido animador de televisión se dispone para hablar de lo humano, lo divino, y hacer un recorrido completito de sus 48 años de historia, tanto en términos profesionales como personales, pese a que de esto último prefiere siempre resguardarse y mantener cierta información oculta bajo siete llaves.

Antes, eso sí, sale al frontis de la estación ubicada en Inés Urrejola 0848, en la comuna de Providencia, para posar con el carisma que lo caracteriza frente al lente pop y tomarse las instantáneas que ilustran esta entrevista.

Entremedio, personas que se pasaen por el lugar no dejan de saludarlo, cual rockstar. Una de ellas, por ejemplo, el Gerente de Producción de Canal 13, Marcelo Hilsenrad, a quien tras abrazarlo con afecto, no deja pasar la oportunidad para pedirle, entre talla y talla, que le “suba” el sueldo.

Pancho Saavedra hizo un repaso de sus 48 años tanto dentro como fuera de la televisión. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Luego, algo más cómodo en una de las salas de la señal privada, con los ojos descubiertos y los lentes de sol sobre su cabeza, Pancho se sumerge en sus recuerdos y rebobina el cassette de su vida, la misma en la que estuvo en su momento al borde del precipicio, pero la que también ha sabido de triunfos, sueños alcanzados y logros que lo convierten hoy por hoy en una de las figuras más imporantes de la pantalla chica.

Con un café de vainilla que pidió por favor que le hicieran llegar, el animador saca el tejido y desmenuza parte de lo que fue su infancia, sus inicios en la TV, los dramas que tuvo con las adicciones tras arribar a Santiago desde su natal Curicó, su paso por Farandulandia, su mediática “salida del clóset”, su extenso camino al éxito y un largo etcétera que engrosan el currículum de su vida.

En tanto, tampoco dejará afuera su matrimonio con Jorge Uribe, su querido Coke, el mismo que se convirtió en su esposo en noviembre de 2018, y con quien en la actualidad disfrutan de su vida en familia junto a Laura y Emilio, sus hijos de 4 y 2 años, respectivamente, quienes se convirtieron en lo “más importante de mi vida”.

Además, tampoco dejará en el tintero lo que son sus actuales proyectos en pantalla, que actualmente lo tiene tienen recorriendo esta copia feliz del Edén junto a Jorge Zabaleta con Socios por Chile, y lo que será la temporada número 14 de Lugares que hablan, que se estrenará justamente este sábado 26 de septiembre -a las 22:20 horas-, y en la que el ex conductor del Festival de Viña llegará a los lugares más extremos del país.

La Firme con Pancho Saavedra

Un recuerdo de Curicó que me marca es el de mi tía Violeta, que murió de cáncer al pulmón, pero que murió feliz. Con ella empecé a desarrollar ese amor por lo audiovisual. De hecho, yo tenía 14 años cuando le empecé a escribir a las empresas de video y le hice una petición a mi abuelo, que tenía mucho dinero y mi tía era soltera. Le dije ‘tata, ¿por qué no le pones un negocio? ¿Por qué no le pones un videoclub?’. Y con ella hicimos un videoclub que se llamaba Videomania.

Pancho Saavedra recordó el especial vínculo que tenía con Violeta, su tía favorita. Foto: Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Ahí yo comencé a tener mis primeros negocios, porque si bien es cierto que este video era de mi tía, yo empecé a invertir. ¿Qué hacía? Me compraba una película que me acuerdo que fue Terminator 2, en VHS, y la arrendaba. Me dejaba en una cajita los 500 pesos que costaba el arriendo de las películas en ese tiempo. Me dejaba esos 500 pesos, entonces yo juntaba 500, 500 y 500, y cuando ya se pagaba el costo de la película, yo iba y compraba otra.

Tengo un recuerdo súper lindo de esta infancia al alero de este videoclub y con mi tía, que era mi tía favorita. No se quiso hacer quimioterapia y ella estaba en la cama cuando le dijo a mi madre: ‘Pili, préndeme un pucho’, ya en sus últimos minutos. Fumó, miró por la ventana y se fue. Yo la amaba, era la tía que me guardaba todos los secretos.

Yo no estaba cuando ella partió. Y me pasa una cosa súper heavy, porque ese día fue el día en que echaron a todos mis compañeros acá en Canal 13 de Alfombra Roja. Fue el día en que yo me iba yendo a grabar el segundo capítulo de Lugares que hablan que estaba haciendo, y que era toda una apuesta porque no sabíamos lo que iba a pasar con él. Fue el día que se terminó Alfombra Roja y que yo de alguna manera empecé a cambiar el foco de mi carrera y salía de esta farándula que había hecho durante 10 años, que yo no reniego para nada, al contrario, traté de ser siempre bien ético. Ahí en adelante pude reformatear mi carrera haciendo Lugares que hablan.

A mí me hicieron la cama toda la vida, yo no aprendí a hacer la cama. Siempre he dicho que mi mamá me extendió la línea de crédito hasta los 29 años en el sentido de que me pagaba la luz. Me permitió fracasar mucho, y eso yo creo que no lo tienen todos los jóvenes. Eso hasta que me pegué el costalazo de mi vida. Yo tenía una productora que quebró al final, pero siempre tuvimos la ilusión de poder salir adelante en los medios de comunicación. Me acuerdo que con esta productora recorrimos los canales con Andrea Dell Orto, Bibiano Castelló. Con Felipe Camiroaga trabajamos en él Con mucho cariño -espacio de TVN-. Y fue una época súper linda de creer en un proyecto, en un sueño. El darse cuenta que también a lo mejor las cosas a veces no resultaban como uno quería. Y si eso te lleva al fracaso, la raja, porque de eso tú aprendes, de los costalazos, de sacarte la cresta, de estar cinco años en DICOM. Aprendes de eso.

Yo creo que no es lo que le debe pasar a todo el mundo, pero para un niño consentido como yo, era el costalazo que me tenía que pegar. Y es lo que uno le quiere transmitir a los hijos también. Que en la vida sólo se consiguen las cosas trabajando, sólo se consiguen las cosas sacándote la cresta. De repente es bueno que los hijos salgan de las burbujas en las que crecen. Cuando uno tiene la posibilidad de poder tener una vida un poco más tranquila o un poco más resuelta o de darle muchas posibilidades a los hijos, creo que ese ejercicio hay que hacerlo. Y yo en las últimas grabaciones de Lugares que hablan he llevado a mis hijos. Me han acompañado por primera vez en la vida y creo que es la raja que ellos sepan como es el Chile real.

Yo era regalón de mi abuelo. Vivía con mis abuelos. Y en la casa de ellos vivían mis papás también. Pero había una cuota de realidad que me gustaba mucho, porque si bien es cierto mi abuelo era el típico viejo de campo con el rollo de billetes, que trabajaba, era una muy buena persona, mi mamá era la cajera de la carnicería y mi papá camionero. Entonces ese era el golpe de realidad, porque en las navidades, en los años nuevos, yo veía a mis tías que llegaban todas con los autos, los abrigos de pieles. Y mi papá, trabajando de domingo a domingo y en las fiestas de Año Nuevo, llegaba a las 10 de la noche, cansado, después de trabajar; entonces tenía ese yin y yang. Veía mucha opulencia por un lado, pero veía que mis papás se tenían que deslomar. Ahí vas aprendiendo.

El animador habló sobre lo que fueron algunos pasajes de su infancia, en su natal Curicó. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Yo siempre le he dicho a mi papá: “A lo mejor tú no me vas a dejar una casa grande de herencia”, pero me entregaron mis viejos eso, el trabajo, el ser responsable en el trabajo. Yo puedo ser irresponsable en muchas cosas; pero en el trabajo, no.

Sé que hay gente que me reta y dice ‘ya, vas a hablar de nuevo de las adicciones’ Zabaleta me dice “¿para qué? si esto ya lo contaste hace 15 años". Pero, ¿sabes?, creo que siempre es bueno reforzarlo. Yo sé que hay gente que me criticó porque dije que estuve 6 meses o 7, pero era consumo, era una adicción, evidentemente, porque era cocaína. He leído algunos comentarios que dicen como “no vengai con cuestiones, nadie puede salir solo”... Yo sí salí solo.

A a mí lo que me movió fue ver llorar a mi viejo. Eso me cagó la onda para siempre. A mí me dijo una vez un psiquiatra: ‘somos todos adictos por naturaleza’. Puede ser al chocolate, al sexo, a las compras, a mil cosas. Y a lo mejor yo tengo mis momentos en que gasto la tarjeta de crédito, que no sé qué, y ahí como que vas cachando que de repente te queda algo, o que comí en exceso. Pero yo honestamente son cosas de las que no me arrepiento... Cuando yo conté esto en Vértigo, recuerdo que una señora me para en un auto aquí en Providencia y me dice, ‘te quiero dar las gracias porque lo que contaste inspiró a mi hijo y se va ahora a un centro de rehabilitación’. Yo no te voy a contar una tragedia, no te voy a contar que cometí delitos. Fue un mal momento.

Yo creo que caí en todo esto después de venirme de Curicó. Estar solo acá y mis problemas de autoestima. Autoestima y querer validarme. Y estar adentro del clóset. Yo creo que fue por todo eso. A la gente no le hace bien eso. La gente tiene que ser feliz. Si tu papá sufre es problema de tu papá, no es problema tuyo. Uno puede ser empático hasta cierto momento, pero si tu papá sufre es cosa de él, porque tu papá ya vivió su vida y está viviendo la de él, y la tuya es una nueva vida. Yo creo que eso en el fondo te tiene que hacer vivir tu vida en plenitud, porque si no es poco sano.

¿Cuántos matrimonios heterosexuales hay que el hombre en las noches va a vivir y a darle rienda suelta a esos deseos más ocultos? ¿Cuántas familias hay para las que era una vergüenza social que su hijo, su hija fueran gay y los hicieron casarse y tener familia? ¿Cómo crees tú que esas personas hacen sufrir a su hijo? Está bien vivirlo con sanidad. Y me gustan mucho las nuevas generaciones. Yo vengo de una generación más castrada. Estuve muchos años adentro del clóset y me costó mucho asumirlo. Asumirlo públicamente. Pero creo que por sanidad mental uno tiene que vivir la vida como te plazca y amando a quien tengas que amar.

Al principio quería encajar, quería demostrarle al mundo... uno a veces quiere vivir una vida que no te corresponde. O sea, no es que no te corresponda. Creo honestamente que de repente cometí errores por querer encajar. Pero son cosas que uno aprende a través del tiempo. Son cosas que uno después se va dando cuenta. Por eso de nada de lo que viví me arrepiento. Es como tenían que pasar esas cosas. Tenía que encajar, tenía que trabajar en farándula, la cuna de la frivolidad, donde las minas se operaban, otros se ponían bótox.

Yo metí un error gigante, que a los veintitantos años me puse por primera vez bótox por una estupidez. Era una estupidez y tenía cara de muñeca de plasticina a los 25 años. Uno comete errores y a veces atenta contra su cuerpo en esas cosas. Cuando no hay nada más bonito que llevar una vida natural. Por eso cuando veo entrevistas de la Claudia Di Girólamo, de la Cata Saavedra... veo a tanta gente que está envejeciendo con dignidad, que sus arrugas son historias. Está súper bien preocuparse por uno, querer verse bien, pero de ahí a cometer excesos, estás a un paso.

Yo le rezaba a Dios para no ser quién era. En las épocas de la represión estuve en un colegio con los hermanos Maristas de Curicó, con curas. Era todo súper castigador. Tú sentías cosas, ya te estabas dando cuenta de quién eras, y yo me iba a la capilla a rezar. Diosito, diosito, diosito. La culpa Católica es muy dura. Insisto, miedos e inseguridades y prejuicios traspasados de tus padres, de tus abuelos. Por eso no los culpo, los entiendo porque son otra generación distinta. Ahora, si no cambiaran su pensamiento, váyanse a la cresta. Pero si han podido evolucionar está perfecto. Uno iba y era como Diosito, Diosito, Diosito, por favor, por favor, por favor. Pero, la vida cambia, y en ese momento a lo mejor rezaba para eso. Hoy en día rezo para ser feliz nomás.

"Yo le rezaba a Dios para no ser quién era", reconoce el rostro de Canal 13 en referencia a su orientación sexual. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Hoy día he mejorado mis problemas de autoestima, mucho. Creo que la vida es más sana con el deporte. Empecé a correr maratón, a hacer ejercicio y me fui reconciliando conmigo, pero creo que los problemas de autoestima tienen que ver con el bullying, tienen que ver con cómo la sociedad te hace sentir también. Y tiene que ver con las propias inseguridades. Si tu empiezas a analizar en el fondo, en el fondo, en el fondo, tiene hasta que ver con esas veces en que yo iba a decirle a Diosito que yo no quería ser el que era. ¿Qué estaba buscando? Son inseguridades, es autoestima. Yo siempre fui muy sibarita, muy bueno para comer, no me gustaba lo que veía frente al espejo porque la gente era cruel. ‘El guatón Saavedra’ me decían.

Me acuerdo una vez que vine al Bienvenidos -ahora es el matinal Tu Día, en Canal 13- y estaba un poco más gordito, con barba. Y de repente salgo del estudio y era trending topic. Todo el mundo hablando de cómo me veía. ‘Que está guatón, qué le pasó, parece que está hinchado, este hueón está en la droga de nuevo’. La gente es muy cruel, pero es el hater, porque creo que esa gente no se ha mirado al espejo. O sea, el tejado de vidrio que tienen las personas o sus propios infiernos deben ser heavy, pero, ¿por qué descargarse con alguien que es público? ¿por qué descargar su odiosidad contra la vida o por las cosas que le han pasado contra alguien que es público? ¿por qué? no entiendo.

Con el paso del tiempo me he ido reconciliando con mi cuerpo, me he ido reconciliando conmigo. Hoy día me gusto, hoy día si alguien me dice ‘estai guatón, estai flaco, estai pelao, te veí viejo’, hoy día es como ‘váyanse al carajo’.

Antes me afectaban mucho los comentarios de la gente. Me acuerdo que cuando salí de ahí, me fui a una nutrióloga altiro. Yo soy de los que he pasado de nutrióloga en nutrióloga. Y hoy día encontré el equilibrio de la vida con un poco de deporte y con alimentarse bien. Y tiene que ver también con el hecho de ser papá. Ahí uno se empieza a cuidar más.

Mi primera intervención en la farándula fueron gracias a Francisca Lira y Andrea Dell Orto, que me dieron la posibilidad de hacer una sección en el programa Alfombra Roja que se llamaba Íntimo, pero ellos me pusieron el Doctor Amor. No entendía por qué no me podía llamar Pancho Saavedra, sino que era el Doctor Amor. ¿Qué es eso del Doctor Amor? Entonces la Diana -Bolocco- Con Jaime Coloma y Cristián Sánchez me presentaban como el Doctor Amor. Era muy raro.

Me acuerdo la primera entrevista que hice se la hice a la Cata Guerra. Y la Cata me habló de todo su proceso, de que era viuda, bla, bla, bla. Y empezaron a agarrar mucha onda las entrevistas. Y empezó a pasar que los famosos empezaron a confiar en mi, en que yo les hiciera estas entrevistas, que eran profundas, que eran mirando a los ojos a las personas, que no eran la cuña polémica, sino que también les daba un tiempo de reflexionar acerca de la vida, de conocer sus historias. Y así partí.

Una de las pegas importantes que agarró el comunicador en sus inicios fue en el programa farandulero Alfombra Roja. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Comencé en Alfombra Roja, tuve un paso por el matinal de la Fernanda Hansen y de Lindorfo -Viva la mañana, en el 13-. También por el matinal de Lucho Jara -Juntos, en la misma estación-. Y ahí siempre me fui desarrollando en el mundo de la farándula. Tuve de compañera a la Daniella Campos, a la Pamela Díaz. Fueron mis partners. Y siempre me trataba de salvar. Nunca me voy a olvidar cuando la Claudia Godoy me llama y me dice ‘mira Pancho, vamos a prescindir de tus servicios, tu vas a ser notero, ya no vas a estar de comentarista de espectáculo y en tu reemplazo llega la Raquel Argandoña’. Y llega la mamá de la farándula, ¿qué voy a hacer?

Cuando me quisieron sacar de Alfombra Roja me pegó en el ego, en el corazón, pero más que en el ego era en las ganas de encontrar un lugar. Toqué muchas puertas, mi carrera no ha sido fácil para nada. Mi carrera ha sido de pedir oportunidades y no me avergüenza para nada. A mi no llegaron a ofrecerme las cosas. Yo era de los que venía aquí a Canal 13 a ofrecerme para animar las fiestas de Año Nuevo cuando los grandes animadores de este canal no querían hacerlo porque era un cacho. Y así las fui buscando.

Me acuerdo que animé la final de Pareja Perfecta con la Karla Constant y esas fueron de las primeras experiencias que tuve también siendo conductor. Busqué mi oportunidad, mi oportunidad no llegó solita y fueron muuuchos años de descrestarme. Mi paso por la farándula fue bueno y recuerdo de ese primer... yo amo a Ricarte Soto. Y me acuerdo de ese primer Copihue de Oro donde le gané como mejor opinólogo. Y ese Copihue de Oro fue el que me salvó con la Claudia Godoy de que yo siguiera en el panel con todo este tema de la Raquel Argandoña.

Después fui el jefe de las candidaturas de las reinas de Viña por 10 años. Ahí me consolidé un poquitito, porque después me acuerdo que en este canal la Memé Duchi me llamó porque yo no podía dejar de ser el generalísimo de las reinas, porque además los canales se jugaban muchas cosas en esos años. Se jugaban el lanzamiento de las teleseries, que era en marzo. Entonces yo partí con la Catherine Fulop, pero después fue la Carola Arregui. Después la Sigrid Alegría, cuando se estrenó en este canal Mamá Mechona. De acuerdo a lo que pasara en la elección de la reina era el éxito de la teleserie. Era muy raro.

Después yo quería retirarme porque era un estrés impresionante, pero me acuerdo que me llamó y me dijo ‘no te podís salir de esto’. Y ahí fui abriéndome un espacio. Después me fui a entrevistar a Leonardo DiCaprio, a Matt Damon. Y yo no sabía inglés. Me aprendí la entrevista de memoria y Leonardo DiCaprio me hablaba, me respondía, y yo le hacía ‘jaja’ y no entendía nada de lo que me estaba diciendo. Fue genial.

Me he buscado las oportunidades, he sido un busquilla y creo que mi paso por la farándula fue un buen paso. Tuve compañeros la raja. Andrés Caniulef, que en paz descanse, Rodrigo Wainraihgt, la Domi Gallego, la Pauli Rojas, que tengo los mejores recuerdos de mi Pauli, es la raja ella. Puras cosas lindas puedo decir. El Manu González, el Chico Pérez, la Lucía López. Tengo lindos recuerdos. Creo que Alfombra Roja, y no es porque haya estado yo ahí ni mucho menos, pero era un programa de farándula increíble. Era un súper buen programa de farándula. Uno veía otros paneles que se iban al chancho a veces en los comentarios. Aquí había una línea de respeto que era súper rica.

En el último capítulo de Alfombra Roja ya no estaba tan cómodo porque había que tomar posiciones. Uno tenía que ser el bueno y el otro el malo. Y yo me acuerdo que hubo episodios como la Raquel Argandoña versus la Tonka Tomicic. Y uno tenía que defender a una y el otro tenía que defender a otra y eso me empezó a jodar de onda.

Un llamado de su mamá, que lo criticó por algunas declaraciones que emitió en AR, lo motivó a buscar nuevos horizontes. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Ahí recibí un llamado telefónico de mi mamá un día, que me vio comentar acerca de alguien y me dijo ‘tú entendís que detrás de esa persona hay una mamá, hay un hijo, hay una hermana. ¿Por qué hablaste así? O sea, ¿tú no entiendes? ¿Qué crees que te vas a ganar un premio con eso? ¿Qué crees que por hablar mal de una persona te vas a ganar algo? Francisco, piensa que hay una familia detrás de ellos, ¿te gustaría que te lo hicieran a ti? Tú no entiendes cómo yo sufriría si te lo hicieran a ti o como yo apagaría la tele de la rabia que me da con esa persona que está hablando mal de ti’. Y tenía toda la razón. Y ahí fue cuando empecé a desencantarme y a querer salir. No reniego nunca, pero sentí que ya había terminado un ciclo.

Lugares que hablan fue el programa que me permitió transformarme en conductor de televisión y pegarme también un salto bien bonito y un cambio de vida. Porque de la frivolidad de la farándula, de los eventos, de entrevistar a Leonardo DiCaprio, de repente me metí en el corazón de Chile. Y llevamos 14 años metidos en el corazón de Chile, concentrándonos en la geografía humana del país. Yo creo que es tan importante relevar a nuestra gente y ojo, hay situaciones de mucha precariedad y no quiero romantizarlas, porque es todo lo que está mal en el país, porque finalmente cuando hay carencias, eso te habla y saca la foto de las necesidades de las personas.

El programa es la radiografía de Chile con todo, pero de esa radiografía que te hace sentir orgulloso de los compatriotas que tenemos, de esa gente que no está pendiente de las redes sociales, de esa gente que está pendiente de trabajar y de tener un mejor futuro y un mejor bienestar para sus hijos. Hay algo que a mí me impacta mucho y que uno generalmente lo ve y lo siente muy profundamente. Yo que tengo una abuela que está con una demencia senil bien avanzada... de repente uno llega a las casas de las personas más humildes y son las personas que sacan el comedor de su casa, que ponen una cama ahí para cuidar a sus viejos hasta el último suspiro de vida.

No quiero enjuiciar a las personas que a lo mejor tienen a sus parientes en estas villas, en estos departamentos, en estos lugares. pero hay algo que aprender de ahí, del amor por la familia. Hay algo que aprender de ahí, de cómo se conectan y cómo no los dejan, porque son agradecidos de lo que los papás hicieron con ellos. Y por último, aunque los papás no hayan sido tan buenos papás, aunque el papá haya sido bueno para el copete y la mamá se haya sacado la cresta toda la vida, siempre están unidos, siempre. Es muy impresionante eso.

Lugares que hablan llega a salvarme. A rescatarme. La primera temporada me llamó a mi la Rossana Bontempi con Rodrigo Leiva, porque cuando murió Gustavo Sánchez, que hacía un programa que se llama El Gran Santiago, algo así, él muere y después dicen ‘vamos a hacer un programa que se llama Lugares que hablan y ahí vamos a tener a varias personas probándose’. Paulo Brunetti, Héctor Morales, Karen Doggenweiler, Pancho del Sur. Y yo sé que había mucho rollo conmigo por dos cosas. Tenían mucho prejuicio, porque venía de la farándula. Era como ‘este es farandulero’, y porque tenía un aro acá en la nariz. En esos años a mi me hicieron sacarme el aro de la nariz. Si este canal era brígido, era el angelito de la Universidad Católica... ¡Menos decir que yo era gay! se les hubiese caído la sotana. Yo era el anti animador.

"Yo era el antianimador", reflexiona Pancho Saavedra sobre la imagen que algunos tenían de él cuando saba sus primeros pasos en la TV. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Llega Lugares que hablan y fue un bálsamo a mi vida, porque uno sale de la frivolidad del bótox a conectarte con el Chile real. Siempre he dicho que los animadores no tienen que estar encerrados en los sets de televisión, tienes que meter las patas al barro para conocer realmente las historias de las personas y por eso yo tengo tanto amor por el público. Porque siento que en los momentos a lo mejor difíciles que he tenido en mi carrera, mi gran salvavidas ha sido el público.

Mi salvavidas nunca han sido los gerentes, nunca han sido los directores de programación, no, mi salvavidas ha sido la gente. La gente que te quiere, que te respeta, que le importa un comino la polémica que hiciste por Twitter, les importa una raja todo eso. Lo que valoran es lo que lograste hacer a través de un programa, de darles voz. Y te quieren de manera genuina.

Cuando alguien escribe de repente en Instagram y dice ‘este hueón es más pesado cuando se apaga la cámara, es un pesote’, es mentira, es mentira. Yo siempre he abrazado y he agradecido el cariño de las personas. No hay nadie al que le haya negado una foto, nunca, nunca. Puedo estar cansado, puedo estar raja, pero yo siempre he dicho, ‘el público te paga el sueldo’. Y gracias al público tú eres quien eres. Y el que no entienda eso, está cagado.

La entrevista que le di a Martín Cárcamo en el De Tú a Tú fue heavy. Porque antes de eso me invitaron me acuerdo a un programa que había en TVN, que había un panel de gente y te ponían al centro y te entrevistaban. Y yo siempre tenía que decir ‘no me preguntes por mis relaciones amorosas ni por mi situación amorosa’, porque yo siempre hablaba en general. ‘No, en el amor me ha ido bien’, pero nunca podía decir hombre, mujer, no podía, porque no había salido del closet. Pero no había salido del closet principalmente por mi familia.

Mi papá me acuerdo que me dijo... no antes de mi papá, era mi familia la que me hacía sentir miedos, pero yo no los culpo, porque evidentemente ellos vienen con una mochila distinta a la de nosotros, incluso he llegado a empatizar, no con la homofobia, pero he llegado a empatizar con lo que le cuesta a algunas personas aceptar, no porque sean malas personas, sino que simplemente porque ellos vienen de otras generaciones. Las generaciones de tus abuelos. Evidentemente que uno no les tiene que exigir cambiar de un día para otro. Les puedes exigir cambiar, les puedes exigir porque yo no soy un marciano, soy el mismo de siempre. Les puedes exigir a las personas que cambien, pero no de manera radical. Que vivan su transición también.

Yo creo que esa entrevista que di con Martín fue heavy porque aquí me encerraron en una oficina en el cuarto piso José Miranda, Martín Cárcamo y Max Luksic, y empezaron a decirme que tenía que dar esa entrevista. Igual sentí un poco que fue una encerrona, pero que después agradezco. Ahí les dije ya, ‘okey, voy a dar la entrevista’. Di la entrevista y yo recuerdo que una hora antes de que se exhibiera, llamé a José Miranda y le dije: ‘¡Te voy a cagar la carrera, saca esa h..., no emitas ese capítulo!’ Y me dio como una neurosis.

Después de esa entrevista yo dije ‘aquí, cagué’. Porque mi papá me había dicho: ‘Cagaste, las marcas te van a dejar, te vas a ir a la cresta, vas a a perder el trabajo’. Los prejuicios. Y yo le dije al final: ‘¿Sabes qué más? Si tengo que perder, me importa una raja, yo quiero ser feliz, se acabó’ Y después de ese episodio, sentí que me saqué una mochila de 7 mil kilos de encima.

Tenía miedo con la gente del campo. Los prejuicios que te transmiten, poh. Yo decía, ‘está gente del campo a lo mejor ya no me van a recibir con el mismo cariño’. Todo lo contrario. Prejuicios. ¿Crees que alguna vez me han hecho sentir distinto? ¿Que alguna vez me han hecho sentir diferente? Al contrario, más cariño, más amor.

Pancho Saavedra reveló cuáles eran sus grandes temores después de hablar abiertamente sobre su homosexualidad. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Yo nunca me voy a olvidar de un huaso que se acercó en un caballo, con una bandera chilena en una fiesta tradicional y me dijo, ’oiga Panchito, ¿usted por qué no trajo a su familia, a su pareja?’. No te dicen marido. Les cuesta, poh, está bien, está bien que les cueste. ‘¿Por qué no trajo a sus hijos?’, las señoras que me tejen gorritos de lana... A mi me emociona hablar de eso, porque ese cariño es genuino, es real. Y cuando llegas a un lugar que te tejen una cosa para tu hija, eso me hace explotar el corazón. Y ahí es donde digo: la carrera de uno puede durar muchos años, muchos años, siempre y cuando seas leal con el público.

Creo que el país es distinto, el país es diferente, yo siempre he recibido amor en la calle y nunca nadie me ha gritado alguna tontera, alguna estupidez. No, no, nunca, nunca, nunca, nunca nada. Para mí siempre los amigos han sido el público.

Yo ahora no tengo problemas con el qué dirán y salgo con mi familia completa, sin problemas. Yo me siento muy querido, cuidado, respetado. Sí, existe el hater de redes sociales, pero para mí el hater no existe.

Me pasó en un momento que me metí en un rollo en Twitter que le dije al presidente Kast ‘estúpido’. Le escribí y él increpó al dueño de este canal, Andrónico Luksic. Le pidió que me despidieran y quedó una cagada de perros grandes. No era presidente todavía. Era diputado. Quedó una embarrada de proporciones y se activaron los bots, quedó la escoba. Poco menos que publicaron mi certificado de nacimiento. Sentí miedo.

Ahí hablé con una gran amiga que es la ex ministra Cecilia Pérez, y le dije ‘sabes que, yo quiero hablar porque yo la cagué también, yo no debí haber dicho ‘estúpido’. La diferencia de ideas la puedes llevar desde el respeto y además es lo que yo pregono. ‘Yo me fui al chancho, quiero pedirle disculpas’, le dije. Corte directo, yo vivía en las Torres de Tajamar, arriba del Passapoga. Tocan el timbre, José Antonio Kast, en mi casa, tomándose un café conmigo, el acual Presidente de Chile en mi casa. Y le pedí disculpas. Él tuvo la generosidad de ir hasta mi casa y de decirme que también me tenía mucha buena. Y me dijo ‘yo también me fui al chancho con lo que hice en ese twitter’.

Pancho Saavedra rebobinó el cassette y recordó el día cuando tuvo un feroz encontrón virtual con José Antonio Kast, antes de ser presidente. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Yo creo que el mundo sería muy distinto si todos fueran capaces de pedir disculpas, si fuéramos mucho más para allá, si no estuviéramos tan polarizados, si no estuviera esta cosa políticamente tan quebrada. Si hubiesen más acuerdos, pero si, yo me he metido en cosas heavys.

Cuando pasó, justo estaba grabando un capítulo de Lugares que hablan en Chillán y nadie dijo nada, nadie estaba enterado. Entonces uno se pasa rollos, fantasmas con las redes sociales. Al final es como un reality, está lleno de bots, la gente no pone fotos. Yo dije ‘ya, redes sociales está bien, es una muestra’, pero es un 3% lo que ellos te dicen a lo que yo siento en la calle.

Después de la pelea con José Antonio Kast me frené, eliminé Twitter, porque fui un falto respeto. Creo que está súper bien conversar con las personas y cerrar los episodios.

No tuve miedo de que me despidieran, lo que tuve fue la sensación de haberme equivocado. Y creo que cuando uno tiene esa sensación lo que tiene que hacer es intentar ponerle paños fríos a las cosas y pedir las disculpas cuando hay que pedirlas. De repente veo situaciones en que hay personas que se pelean y no se piden disculpas. A mi me gusta siempre ponerle paños fríos a las cosas. Ya suficiente pelea hay en la política como para seguir uno peleando. ¿Para que te la vas a pasar mal, para que vas a estar enemistado?.

Yo tengo un par de juicios y no pretendo perdonar ahí. Cuando son injusticias, cuando tú crees y cuando tú sabes que tienes la razón y que has actuado desde la honestidad y que eres una buena persona, ahí tienes que dar las peleas hasta el final.

Jorge (mi esposo) nunca me ha exigido nada. Él ha sido muy respetuoso toda la vida de mi carrera y de las decisiones que tomo. Él es abogado, hace sus cosas, yo hago mis cosas también y el ya conoce mi carrera. Solo una vez me dijo, cuando pasó esa polémica con el Presidente Kast, me dijo ‘¿por qué tu opinai de todo, si nadie te pidió la opinión? Ese afán de publicar por Twitter todo, ¿qué te importa a ti todas las cosas? ¿por qué tienes que opinar de todo?’. Y tenía razón, ¿por qué uno tiene que opinar de todo?

Creo que hay cosas en las que sí me voy a inmolar siempre, los temas de la comunidad, cosas en que voy a encontrar que hay una injusticia. Cuando hay injusticias sociales, soy el primero en reclamar y en agarrarse con los alcaldes, con el ministro y con el que sea, pero también creo que Lugares que hablan me ha permitido tener un rol muy lindo, que es ser un conector. Y el presidente Piñera. La presidenta Bachelet, el presidente Boric me dieron y fueron tan generosos, la presidenta Bachelet me invitó por Lugares que hablan a La Moneda, a mí con el Catador.

"Hay cosas en las que sí me voy a inmolar siempre. Cuando hay injusticias sociales, soy el primero en reclamar", reflexiona el animador de Lugares que hablan. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Me acuerdo que yo tenía el contacto directo del ministro Paris -secretario de Estado en la segunda administración de Sebastián Piñera- Y había una señora que llevaba tres años esperando una operación. Y le mandé un WhatsApp. ‘Oiga ministro, aquí hay una señora, tres años, no sé qué’. Semana después, operada. Y eso es muy lindo, ser un conector de realidades es muy bonito. Y es muy especial, se siente una responsabilidad muy linda y son puras cosas bonitas para el corazón.

Me acuerdo cuando animé el Festival de Viña el 2024 hubo dos o tres medios que fueron bien despiadados conmigo. Y un día a mi se me fue la voz, el día jueves yo desperté y no tenía voz de la angustia que me provocó. Yo estaba con el John -Pérez, el encargado de dejarle tiqui-taca su peinado-. El Festival de Viña te encierra en una burbuja y tú eres la máxima estrella y que poco menos te tienen como intocable. Vuelvo al público. Le dije al John ‘yo no puedo estar encerrado en esto. ¿Qué es esto de estar encerrado casi con guardia? Salgamos a la calle, acompáñame a la calle, yo quiero caminar. Quiero comerme una hamburguesa, estoy chato de esto. No quiero comer más ensaladas con pollo. Quiero comer hamburguesa con grasa, con papas fritas’.

Nos fuimos a la calle y fue tanto cariño que la gente me decía ‘Oiga, no le haga caso a los hueones’, así. ‘Oiga, lo está haciendo la raja”, “oiga, dele no más. No se ponga tan nervioso’. Yo creo que fue el Festival más difícil que le puede tocar a una persona porque habían 153 muertos en el incendio de Viña.

Para mí que estaba partiendo, no sabía cuál era el tono, no sabía si tenía que ser un caballero como Enrique Maluenda o tenía que ser el chistoso de Lugares que hablan. Fue difícil encontrar el tono. Le hice mucho caso al principio a los editores, a todo el mundo, pero yo creo que también tenía que escuchar más a mi corazón. Después había pasado lo de Andrea Bocelli, se había comido el Monstruo a la Javiera Contador, decían unos que yo tenía la culpa, que no supe cómo menejarlo, pero después otros decían que sí...

El jueves que eran Los bunkers, era la noche nacional, ahí yo siento que fue mi gran noche, a mi me encantó, lo pasé a la raja. Y con el abrazo del público recuperé la voz. No tuve ni que inyectarme un corticoide. Fue el puro cariño de la gente. Llegué al hotel de regreso a leer la pauta y tenía voz. El público, siempre levantándote o rescatándote.

En este minuto no volvería a animar el Festival de Viña. Creo que ya es una etapa pasada. O sea, a ver, si en algún momento de la vida se da, quizás. Pero no, no es una cosa que yo tenga en mente hoy día. Hoy día tengo en mi cabeza el canal, nuestra productora que tenemos con Jorge Zabaleta también y con nuestra socia, Macarena Cerda. Y donde llegó además dos monstruos de la televisión a trabajar con nosotros que es la Andrea Dell Orto y la Vero Sequel, que hacía las teleseries de la tarde en Mega. Entonces estamos ahí en los proyectos, en la película Papi Ricky, en un documental que estamos trabajando de África, ahí está mi energía concentrada. Siento que hoy día, no. Ya pasó y me siento súper orgulloso de haberlo hecho, es una estrellita, un check en la vida...

El rostro de Canal 13 se refirió al dulce y agraz que significó su paso como animador del Festival de Viña. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Yo pensaba que lo iba a hacer tres años el Festival, pero se lo llevó Mega, ahí me quedé como con 40 trajes guardados. Tú al principio decís, ‘¿qué pasó, estuvo mal, estuvo bien? Y después que pasan los meses, lo lo analizas. Y me quedé con una grata sensación. Con una súper linda sensación de haber pasado por ese escenario.

Con toda la pega que tengo actualmente, mi familia me ha ido a acompañar y yo creo que en ese sentido somos un súper buen clan. Tengo la posibilidad de tener la ayuda de mi familia, una señora que nos ayuda, porque los dos trabajábamos con el Coke. El Coke se lleva la mayor responsabilidad y de hecho siento que lo está haciendo súper bien con la educación de los niños, porque los niños lo respetan, él es el rigor y a mí se me suben un poco al chorro cuando llego, porque como que sienten que soy el papá que viaja.

De repente son más regalones conmigo, se ponen más mañosos. El Coke les dice ‘a la mesa niños’, y los dos a la mesa, súper educados. La Laurita ya aprendió a agarrar el cubierto como había que agarrarlo. Estoy muy orgulloso de la familia que hemos logrado tener y además siento que Jorge está haciendo una pega la raja y yo me sumo. Somos un buen complemento.

Yo antes de irme por semanas a grabar me deslomo con los niños. Y da lo mismo si me estreso, da lo mismo la agenda que tenga. Son las responsabilidades de ser papá. Cuando uno decide ser papa en la vida es para entregarles cariño, amor y ser responsables. No puedo creer en los papitos corazón, no puedo creer en esos hombres que se desentienden, no puedo creerlo. Cuando mis niños me dan besos, me abrazan, tu dices ‘ok, ahora todo lo que pueda venir en la vida, los premios, el exitismo, no sé qué. No’. Lo más importante hoy día son mis hijos, no hay nada que me importe más que mis hijos.

Si me veo o no muchos años más trabajando en televisión... yo vivo los momentos y vivo los regalos de la vida. Si voy a estar hasta los 70, voy a estar. Si voy a estar hasta 3 años más, voy a estar. Si voy a estar hasta 10 años más... a mi me gusta mucho mi profesión. Me gusta mucho este oficio. Me gusta mucho la televisión, me gusta el cine, me gusta mi carrera. Desde el principio la luché y la voy a seguir luchando. Y si tú le entregas cosas honestas a la gente, entretención, cosas más profundas, ¿Por qué no?.

Pancho Saavedra confesó que vive el momento, pero que por ahora no se ve lejos de la tele a color y los medios de comunicación. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

A mí me gustan los medios de comunicación, hoy día no pretendo salirme. Hoy día quiero seguir haciendo mis cosas, quiero seguir, no tengo ganas de salirme ni de dejar esto. Aparte de estar contratado por el canal, que espero que no me echen, tengo mi productora junto a Jorge Zabaleta, Macarena Cerda, que son mis socios, Llegaron hoy día personas nuevas, tenemos un tremendo equipo, hacemos Lugares que hablan, Socios por Chile, Socios por el mundo, y ahora un nuevo proyecto que estamos preparando para el canal. Llegó Verónica Saquel también, que es tremenda creadora de teleseries y de grandes éxitos como Machos, Brujas, La Baronesa, las teleseries de la tarde.

También queremos meternos en el rollo del área dramática, queremos empezar a hacer teleseries. No solamente teleseries. Series, películas, como hicimos Papi Ricky, ahora somos una de las casas productoras de Papi Ricky. Estamos preparando un documental sobre lo que nos ocurrió en África con Jorge con el asesinato de Toni Espadas.

Hoy en día estamos haciendo hartas cosas con nuestra productora MkZeta. Uno tiene que ir poniendo los huevos en distintas canastas, pero si te toca en la vida, como fueron mis viejos, vender carne, tienes que ser el mejor carnicero. O intentarlo por lo menos, aunque no seas el mejor. Porque tiene que ver contigo, con tu autoestima, con sentir que lo diste todo. Sino sale tan bien, bueno, no salió tan bien. Pero lo diste todo. No te quedas con la frustración de que alguien te frenó, que te dijeron qué hacer.

Yo por eso siempre he dicho: a mí no me gusta que me editorialicen la vida, los pensamientos. Cuando alguien está envuelto en alguna polémica en un canal de televisión, siempre te llaman y te aconsejan y te dicen por dónde ir, que no respondas o que no hagas esto. Pero acá sufren conmigo porque yo respondo, no me quedo callado. No soy de los que espera que la tormenta pase. Yo respondo en Instagram, digo lo que pienso. Ese es mi gran pecado. No me gusta que me editorialicen la vida. yo creo que uno tiene que responder finalmente con el corazón y con el instinto.

Cuando se pagan las cámaras, soy el mismo hueón. No poso para las cámaras. Y la que diga que soy un falso cuando se apagan las cámaras, eso es mentira, porque soy el mismo. Que si, que a veces estoy cansado, estresado, como cualquier ser humano que tiene sus momentos y sus momentos. Pero cuando se apaga la cámara, soy el papá de la familia, soy el papá de la Laura y el Emilio, soy el esposo del Coke. Soy el hueón que en la mañana intenta ir al gimnasio, soy el que corre una maratón, eso nomás.

Soy un ser humano común y corriente, ni más, ni menos. Si la gente en la tele no es gente especial, es una pega más, es un oficio más, es un trabajo más, con una responsabilidad que es estar en un medio de comunicación donde llegas a las casas de las personas y muchas veces puedes decir cosas que importan y otras veces puedes decir cosas que no importan. Tratar de ser una buena persona y un hueón correcto en la vida, es lo único que me importa. Tengo mis demonios, por supuesto, los tengo, como cualquiera. Tengo muchas cosas que mejorar, no soy un hueón perfecto ni pretendo serlo. Intentando ser un buen hijo y un buen papá.

"Soy un ser humano común y corriente, ni más, ni menos. Si la gente en la tele no es gente especial, es una pega más", declara Saavedra. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Cuestionario pop

Si no hubieses sido comunicador, me hubiera gustado ser actor.

El apodo de toda a vida que he tenido es “Pancho”, todos me dicen “Pancho”, cuando chico me decían" Cabezón", porque mi papá es Cabezón. El Cabezón Saavedra.

Un sueño pendiente que tengo... ¡Qué difícil! O sea, viajo más que la cresta, conozco países. Lo que espero es que mis hijos siempre tengan salud, yo creo que eso es vital, pero un sueño... sabís con lo que uno sueña de repente, es con terminar de pagar el crédito a la casa. Ja, ja, ja, ja.

Mis cábalas son las pulseras. Y acá en mi espalda, Ganesh, lo tengo tatuado -una de las deidades más conocidas y veneradas del panteón hinduista- Cuando me estaba yendo muy mal en la vida me acuerdo que me pegué un viaje y me encontré con un Ganesh dorado en una tienda. Pesado. Como 20 kilos. Y sentí una atracción tan fuerte que lo compré y me lo traje en la mochila. Y me acuerdo que mi amiga Begoña Basauri me había dicho ‘hueón, hay que ponerle dulcecitos, velitas, cositas’. Y empecé. Yo soy muy creyente de Dios, tengo mis santos, mi Virgen de la Tirana, pero también empecé ahí a pedir a Ganesh y de a poco fueron resultando las cosas. Así que me lo tatué en la espalda.

Un trabajo poco conocido que tuve fuera TV fue el de la carnicería con mis papás. Arrendé películas. Trabajaba en un videoclub. En la carnicería freía chicharrones en la mañana, molía carne, para hacer la carne molida y entregaba. Era empaquetador también, así que iba a repartir en las casas, por propina.

Pese a ciertos pasos en falsos que ha dado en la vida, como todos, el animador asegura que no se arrepiente de nada. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Cosas de las que me arrepiento... a veces uno se expone a cosas innecesariamente. Creo que hay decisiones erradas que se toman en la vida, donde la pasas muy mal, pero al final es puro aprendizaje. Aunque suene cliché, es puro aprendizaje. No, no me arrepiento de nada.

Mi primer sueldo me lo pagó Fido -Eduardo Cabezas, reconocido productor ejecutivo de diversos canales de TV- en Chilevisión. Me tuvo trabajando siete meses gratis. ja, ja. Fue cuando partí en el Extra Jóvenes, comentando cine. Fueron $133.333 por la boleta. Me lo debo haber gastado... siempre a mi me gusta mucho comprar cosas en el supermercado para tener comida en la casa. Creo que mi primer sueldo me lo gasté en eso, y una vez que gané mucha plata haciendo una fiesta en Curicó, en pleno invierno, en La Fiesta de la Espuma, gané 2 millones de pesos. Ahí llegué con el efectivo a Santiago y me compré un televisor, un equipo de música y una cama.

Cuando estoy solo escucho a Cecilia, la incomparable. Bette Midler, que es una actriz norteamericana que me gusta mucho. La fui a ver de hecho al Hello Dolly en Estados Unidos. Me gusta la cumbia, me gusta Santaferia, me gusta la música de la Radio Pudahuel, eso me gusta mucho. Esa música del corazón. Toda la música 80, 90, la música en español más que todo. Música ochentera, musicales de Broadway y la música de los años 60 me raya, tengo vinilos en mi casa, Cecilia, la incomparable, Los hermanos Zabaleta, Mariza. Pato Renán. Soy un viejo chico en ese sentido.

Creo que mis películas favoritas son El silencio de los inocentes. Y algo con lo que lloré fue una película que hizo Macaulay Culkinque con Anna Paquín, se llama Mi primer beso, donde al niño lo pican las abejas y se muere. Casi me morí. Me acuerdo que la vi cuando era chico, fui al cine acá en Santiago. Qué manera de llorar.

Pancho Saavedra cuenta que cree en el horóscopo, pero sólo cuando le conviene. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Sí, creo en el horóscopo. A veces, ya no tanto. O sea, me gusta leerlo, pero cuando dice algo malo, no lo pesco, ja, ja. Me gusta la limpieza, me gusta poner velas, palos, inciensos, cosas. Me gusta eso.

Mi placer culpable son las cremas y los perfumes, soy satánico, por eso tengo mi piel así, ja, ja. Cremas, perfumes y nada más, porque antes era muy bueno para comer, pero hoy día ya no tanto. Ah y los tallarines con salsa. Soy capaz de hacerme una olla de tallarines con salsa y carne. Yo puedo ir a un restaurant pituquísimo y si me ofrecen el pato a las brasas, no, tallarines con salsa. Fetuccini, tallarines con sal, corbatita. Oh, los espirales. Las pastas.

El lugar más increíble que he conocido es La Antártica. Y Juan Fernández. Recuerdo que fui después del accidente a Juan Fernández -en 2011, donde murió Camiroaga y otros 21 tripulantes-. Tenía mucho miedo de ir, pero encontré que era un lugar de ensueño. Me encantó, de hecho dormí en la misma casa que dormía Felipe, en la misma residencial, porque allá no hay hoteles. En casas de familias y me gustó mucho Juan Fernández. La Antártica, la encontré alucinante. Además me gusta mucho España, Marruecos y Japón.

El animador tiene solo cinco grandes amigos en televisión, con los cuales tiene la confianza para pedirle favores y contarle todos sus secretos. Foto: Andrés Pérez/ La Firme / La Cuarta Andres Perez

Mis grandes amigos en televisión, a los que les cuento todo, y les pido favores, son Jorge Zabaleta, Begoña Basauri, Pedro Ruminot, María Luisa Godoy y Marisela Santibález. Son las personas a las que yo quiero, confío, que me han demostrado su amistad a través de los años, su hermandad. Personas que te retan cuando te tienen que retar, pero que no hacen juicio, y que no te van a dejar de hablar porque te mandaste una embarrada, sino que te van a aconsejar. Creo que cuando uno es amigo de las personas no tienes por qué crucificarlos. Ellos son para mí las personas más importantes.

Lo que más me carga de la televisión son los cuchillazos en la espalda.

El consejo que le daría al Pancho Saavedra que iniciaba su camino en TV era que cambie la ansiedad, pero no. Yo dejaría todo igual. No le daría ningún consejo. Porque yo no tuve grandes consejeros: tuve gente que me orientó. Dejo todo igual, estoy feliz con la vida que he vivido, con lo malo y lo bueno, con los sufrimientos y las cosas alegres, con todo. Eso me formó el mapa de la vida nomás, así que dejaría todo igual, no me daría consejos, incluso hasta cuando comí mierda, lo volvería a vivir.

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