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Cómo el invierno congela el negocio de los matrimonios en Chile

Entre abril y octubre, la industria nupcial reduce drásticamente su actividad y sobrevive con reservas futuras, costos fijos y equipos mínimos.

La industria de los matrimonios entra en pausa cada invierno en Chile. Foto editada con IA.

La industria de matrimonios en Chile entra en pausa entre abril y octubre, cuando el frío, la lluvia y los días más cortos reducen casi por completo la realización de bodas.

Según actores del rubro, cerca del 90% de la actividad se concentra entre octubre y marzo, dejando a empresas de banquetería, arriendos y centros de eventos en espera.

“Tenemos que hibernar por obligación”, resume Cristián Rebolledo, fundador de su propia banquetería, sobre una baja que el sector ya tiene asumida.

El clima aparece como el principal factor. Muchas ceremonias y cócteles se hacen al aire libre, por lo que el invierno cambia por completo la experiencia.

La gente siempre va a preferir buen tiempo para su matrimonio”, señala Rebolledo. También influye que en verano oscurece más tarde.

El impacto se expande a toda la cadena. Luis Pérez, de Huracán Arriendos, asegura que durante los meses fríos “la demanda baja cerca de un 90%”.

“Esto afecta a todos: floristas, músicos, transportistas, empresas de carpas y mobiliario. Es un efecto cascada para todo el rubro”, sostiene.

Los centros de eventos también ajustan su operación. Mariajosé Heredia, de Playa Castilla Lounge, afirma: “Ya tenemos contemplada esta pausa en nuestra actividad”.

La temporada baja comienza desde la segunda quincena de abril hasta después de las Fiestas Patrias, son casi seis meses de receso”, agrega.

Aun así, los gastos continúan. “Los gastos siguen, sean créditos de inversión, dividendos, mantención o mejoras de infraestructura”, añade Heredia.

Algunos recintos ofrecen descuentos de hasta 20% para atraer cumpleaños o aniversarios, aunque la banquetería y el personal mantienen costos difíciles de ajustar.

Malte Berg, de Hacienda Loreto, resume la estrategia: “Quedamos en modo de espera, literalmente. La planta de personal baja, permanece una parte administrativa y el equipo de mantenimiento, nada más”.

Las reservas de primavera y verano ayudan a sostener la caja. “En estos meses nos apoyamos en los eventos futuros”, explica Heredia.

La estacionalidad también golpea al empleo. Cerca del 70% de quienes trabajan en el rubro lo hacen part-time, según Rebolledo.

“En la temporada baja esos puestos prácticamente desaparecen. Volvemos a encontrarlos cuando regresa la actividad”, dice Berg.

Con los años, el sector aprendió a financiar el invierno con la temporada alta. “Aprendimos a convivir con estos meses de pausa obligada”, concluye Berg.

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