Por Axel ChristiansenEstá mala la cosa: 3 de cada 4 personas en Chile aceptarían un empleo informal por necesidad
Un nuevo estudio muestra que la informalidad de empleos en Chile se mantiene en un 26% y afecta más a mujeres que a hombres.
No es el escenario deseado ni tampoco el que buscamos, pero a pesar de sus desventajas en materia de cobertura de salud, pensiones y sobre todo derechos laborales, el empleo informal sigue siendo un gran pilar para la economía chilena. Así lo revela el nuevo estudio de Eurofirms Group, que combina datos de percepción con cifras de la Encuesta Nacional de Empleo, evidenciando que este escenario continúa siendo una característica estructural del mercado del trabajo.
De acuerdo con el análisis, la tasa de ocupación informal se ha mantenido en torno al 26% durante el período 2023-2025, sin mostrar una baja significativa, incluso en contextos de recuperación del mercado laboral.
A nivel sectorial, el documento indica que la informalidad no se distribuye de manera homogénea. Actividades como servicios, comercio, agricultura y construcción concentran mayores niveles, mientras que sectores más regulados e intensivos en capital presentan incidencias considerablemente menores.
A esto se suma una marcada diferencia territorial. Según el estudio, regiones como La Araucanía (34,7%), Maule (33,5%) y Arica y Parinacota (32,4%) presentan niveles de informalidad significativamente superiores al promedio nacional. En contraste, zonas como Antofagasta (20,0%) y la Región Metropolitana (23,4%) registran tasas considerablemente más bajas, evidenciando que esta tendencia también responde a la estructura productiva y las oportunidades laborales de cada territorio.
Otro de los aspectos relevantes que identifica el estudio es la dimensión de género. La informalidad afecta de manera sistemáticamente mayor a las mujeres, con una brecha de entre 3 y 4 puntos porcentuales respecto de los hombres. Esta diferencia no solo responde a tasas de participación, sino también a las condiciones de inserción laboral, donde factores como la conciliación, las responsabilidades de cuidado y trayectorias laborales más interrumpidas inciden directamente en el tipo de ocupaciones a las que acceden.
Sin embargo, uno de los principales aportes del estudio está en entender por qué las personas aceptan dichas condiciones. Un 40,6% de las personas estaría dispuesto a aceptar un empleo informal si este ofreciera al menos un 20% más de ingresos. Esto refleja que la decisión no pasa solo por la formalidad del vínculo, sino por una evaluación concreta entre salario, estabilidad y oportunidades disponibles en el mercado laboral.
El análisis también identifica que un 39% de las personas optaría por este tipo de alternativas por falta de opciones, cifra que aumenta significativamente entre los jóvenes. A esto se suma la flexibilidad (30,4%), especialmente relevante en mujeres, lo que refuerza la idea de que la informalidad también responde a la necesidad de compatibilizar el trabajo con otras dimensiones de la vida.
En esa línea, más de la mitad de los encuestados afirma que aceptaría un trabajo informal si este fuera temporal mientras encuentra uno formal, reforzando la idea de que la informalidad opera, en muchos casos, como una estrategia de transición más que como una elección permanente.
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