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“Hay que rescatar el carácter que tenían estos viejos…”: Yoyo Salfate presenta el cómic León, inspirado en Leonel Sánchez

Considerado uno de los ídolos más grandes —si no el más grande— de la historia de la “U”, Leonel Sánchez fue elegido por el artista para inspirar al protagonista de una historia que además reconstruye a un Chile que fantaseaba con la modernidad y, aun víctima de una catástrofe, apostó por hacer su propio Mundial. Aquí, Yoyo cuenta cómo el mismísimo Carlos Caszely le sugirió a Leonel, de qué modo abordó la figura de un rebelde sin causa y los avances de su próximo proyecto, el que cerrará la trilogía.

Desde su regreso al cómic allá por 2016, Mauricio Yoyo Salfate —inquieto diseñador teatral cuya obra va y viene del papel a lo multimedia y registra pasos por revista Trauko y Salo, el desarrollo de juegos educativos como Abrapalabra y la dirección de arte de Ogú y Mampato en Rapa Nui y Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe— procuró dar los pasos necesarios para cumplir un objetivo no menos postergado que ambicioso: rescatar, a través de sus dibujos, la historia reciente de Chile desde lo cotidiano, es decir, sin ceder ante la acumulación de datos, y, con una pizca de suerte, hacer de esto una serie. Con ese afán, lleno de historias para contar, el artista arrancó hasta seis proyectos en paralelo, diseñó las portadas y se las presentó a su editor a quien concretamente una atrajo su atención: en primer lugar porque Yoyo le proponía un libro de fútbol, de los años cuarenta, una década no demasiado explorada, pero en especial porque revisaba la historia de su abuelo, Santiago Salfate, quien llegó desde el norte en 1938 para firmar en Colo Colo y ajustarse la jineta del equipo que en 1941, bajo la conducción del astro húngaro Franz Platko, fue campeón invicto.

Más allá de la rica historia familiar que había detrás, Yoyo se convenció de que el fútbol cumplía con todo para catalizar su narrativa:

—Por la relevancia cultural que tiene en la historia de Chile —completa el artista—, es un muy buen registro. Hay mucha historia social que podríamos estar hablando ahora que se genera en torno al fútbol. A mí me tocó conversar largo y tendido con mi compa Baradit. Y no sé, por nombrar una hueá, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez se constituye en torno a un equipo de fútbol. Parten como clubes sociales. Entonces me parecían organizaciones populares, como reales. Hay un libro ahí que sacó mi compa que habla del postfútbol. Me pareció súper interesante el concepto porque yo veía como el postfútbol y, en general, yo diría la postmodernidad. Creo que sería súper bueno retomar ese tema, es como lo que estamos viviendo ahora. Hay postfútbol, postcine, postcomic, posttodo. Lo anterior desaparece. A mí me pasó que estudié diseño teatral y el teatro ya es una hueá totalmente distinta. La ópera ya se hace muy poco. En muchos países ya casi no se hace. Entonces hay un montón de manifestaciones culturales, incluyendo el fútbol, que están desapareciendo, al menos en esos términos. Y sobre todo la épica. Yo no había nacido para cuando jugó mi abuelo, entonces son relatos que te llegan a través del tiempo, a través de la mítica, del relato. Tienen eso que es súper interesante también, de los arquetipos. Es como nuestra propia odisea. Son nuestros héroes, los Ulises de nuestros relatos propios.

Invicto, como llamó en definitiva al cómic, se presentó los primeros días de 2025 en la 43º Feria del Libro de Viña del Mar. Allí, a Salfate lo acompañaron su amigo, Jorge Baradit, el comediante chileno Rodrigo Salinas, a quien bautizó cariñosamente como el presidente de su fanclub, y en representación de los albos, que en abril celebrarían su centenario, Carlos Caszely.

—Y para ir por el tema de la historia que conversamos, para que le diera como un marco histórico de su conocimiento, mucho mayor que el mío, él habló harto de los ferrocarriles, de la infraestructura que había en esa época. Y ahí, claro, al tiro surgió entre la conversa lo de hacer otro libro. La editorial ya estaba bajo la idea de hacer una colección. Y ahí apareció, obviamente el nombre del mismo Carlitos, apareció Elías Figueroa, apareció Chamaco, una serie de personajes. Y Carlitos propuso a Leonel Sánchez, ¿cachái?

Caszely le hizo saber a Salfate que, más allá de los colores y de que Leonel fuera percibido acaso el máximo ídolo de Universidad de Chile, el archirrival, era también el suyo. Le contó que alguna vez le rindió homenaje en un documental y que, en el crepúsculo de su carrera, lo conoció personalmente en Colo Colo.

—Y puta, me quedó dando vueltas, así que empecé a investigar. A mí me parecía que el tema más interesante era el Mundial de 1962 después del terremoto y todo eso, personajes del Mundial. Yo de chico fui compañero de curso y amigo, buen amigo, de un nieto de (Fernando) Riera. Entonces cachaba como harto también esa mítica. Y desde mis papás: mis papás estaban en plena juventud, prácticamente se conocieron para la época del Mundial, ¿no? Escuchaba todos estos relatos, y a mí me encanta esa época. Como desde la hueá New Wave, cachái, y toda la estética. Las vespas, la ropa, la música, la arquitectura. De una otra forma, toda mi obra rendía un poco culto a esa época, tenía como esa cosa retro. Entonces me pareció súper interesante y, cuando hice la investigación, todo encajó rápidamente. Vi temas súper interesantes: el control de impulso de Leonel y esta hueá del combo, el relato mítico de la batalla de Santiago. La historia encajaba con el modelo que me interesa, que es este modelo basado en la fantasía biográfica, la historia del niño que llega y que, para poder llegar, para transformarse en ese crack, o en esa figura trascendente, tiene de antagonista la vida misma. La sobrevivencia, el sistema, la precariedad, el tercer mundo.

—Con todos estos antecedentes, ¿qué es lo que más te llamó la atención de él?

—Esta personalidad tan sensible, ¿cachái? Él siempre lloraba en las entrevistas, cada vez que se acordaba de la “U”. Y empiezo a ver también la figura paternal, mega presente. Me encuentro con unas fotos donde está él arriba del rincón del papá cuando se retira. O, después, en su primer partido con la Chile está el papá amarrándole los zapatos, cuando él ya tenía diecisiete años... Entonces empiezo, a partir de eso, a desarrollar el tema y a ver entrevistas, a diferencia del caso de mi abuelo. Yo tenía el relato de él en primera persona, hice mucha investigación periodística, había revistas, estaba la (revista) Estadio, qué sé yo. En este caso también, y fue una fuente súper importante, pero también había vídeos y había entrevistas de Leonel de mayor. Había entrevistas de sus colegas, entonces encontré mucho más material y empecé a reconstruir la línea biográfica y en paralelo a trazar como la historia del guión. Al final, de Leonel yo construyo a León y hablo todo el rato de León, el personaje que creo basado un poco en este relato.

León es, por cierto, el título del sucesor de Invicto, el segundo capítulo de esta serie de fútbol que Yoyo Salfate publica junto a Planeta.

—¿Y cómo lo abordaste? Parece haber un juego ahí con su personalidad…

—Hay muchos datos biográficos que no tomo, pero sí los principales. Hay algunos bien dramáticos que no tomé, incluso llegamos como a una cierta censura por temas familiares, temas de respeto a la historia, y también, te diría, por tratar de conservar una publicación más familiar, más infantil. Había cosas bien duras que le habían pasado, pero otras que están ahí y que son durísimas: un accidente automovilístico que tiene…, un montón de relatos que vive él y que van explicando esta personalidad. Entonces, lo desarrollo a través de sueños. Hay una serie de sueños que él va teniendo y donde se va relacionando con Riera, ¿cachái? Y Riera es como el catalizador que le ayuda a entender más, a desarrollarse más. Es un proceso que ya viene del Ballet Azul, en donde los llevan al teatro, los llevan al cine, los hacen leer y les empiezan a mostrar más opciones con el proyecto mismo. Lo que tiene que ver como con la psicología deportiva y con el poder desarrollarse como equipo. Es un tema que también aparece en Invicto todo el rato y que es lo otro choro del fútbol, lo colectivo. Todas estas figuras funcionan en torno a un sistema, a un equipo y a una propuesta futbolística del momento.

—¿Y qué te parece a ti todo lo que conllevaba ese otro fútbol? Incluso, como decías, se pudo hacer un Mundial…

—Yo te diría que tiene que ver con el relato esencial de rescatar el carácter que tenían estos viejos, nuestros abuelos, de cómo se construyen a ellos, de cómo van contra la adversidad y de cómo tienen logros excepcionales. Ellos llegan a un tercer lugar y puede haber sido más. Parte también del carácter moderno es de repente desvalorizar estos logros: como decir no, era otro fútbol, no era tan profesional, que no sé qué, que las pelotas. Pero, por ejemplo, vinieron los alemanes a jugar y se lo tomaron súper en serio, por ahí hay unos vídeos, ¿cachái? Hay registros en cine de todo el proceso. O sea, era un mundial hecho y derecho, normal como cualquier otro, y el fútbol estaba en su primera etapa de profesionalismo. Estamos hablando de la época de Pelé, ni más ni menos, Garrincha que lo reemplaza. Te encontrái con jugadores míticos, con equipos súper bien armados, con técnicos que llevan un rato. De ahí la necesidad de Riera, ¿no? Está esa capacidad de transversalidad del viejo cuico que vive en Europa, pero que trae su conocimiento y la comparte con estos otros locos que tenían otro contexto social, otras experiencias, y todas esas experiencias son útiles en la construcción del proyecto. Hay un tema de fútbol sudamericano, de fútbol chileno, de sacar partido a ciertas cosas, que no sé si es la viveza, pero es como la garra. Estamos hablando de un fútbol que era mucho más parecido al rugby, al fútbol americano, que era mucho más violento, que era de contacto. Está la batalla de Santiago, y no sólo esa, hay un partido previo que juegan con los alemanes, en que el entrenador dice que es el partido más violento que ha jugado Alemania en su historia. Hay varios jugadores que salen lesionados, hay uno que fallece, hay otro que no juega nunca más. Y a raíz de la batalla de Santiago inventaron la tarjeta amarilla, que no existía. Uno ve los combos y dice ¿cómo no lo expulsaron? Y no, po, si agarrarse a combos era bastante normal, era el mismo relato que hacía mi abuelo de lo que era ser defensa, y ahí residía parte del atractivo también del fútbol. Yo pienso en la Fórmula 1, por ejemplo, donde uno veía las carreras esperando que hubiera un accidente, algo un poco parecido en su sentido. Todo ese relato me resulta interesante, y en lo colectivo, el esfuerzo en la organización del Mundial después de un terremoto, que además es el peor terremoto en la historia de la humanidad. Tampoco quise romantizar en ese sentido el relato, hay un libro de Matamala que es bien crítico con el proceso, y yo comparto un poco esa visión. Leí por ejemplo la nota que hacen los italianos, hay un tema bien metido de la guerra fría, de todas estas industrias comerciales que están detrás del tema. Todo eso está un poco en el libro y es interesante también. Que también aquí en Chile no está esa ambigüedad, que las cosas no son tan polarizadas. Me concentré en el carnaval, como en ciertas cosas que creo que habría que volver a mirar, que serían interesantes de rescatarlas, de vivirlas.

—Y ahora, en lo particular, después de toda tu investigación, ¿qué opinión te merece Leonel?

—A mí me parece un personaje notable. Mira, yo lo que más destacaría de él es su entrega y la capacidad de trabajar en equipo, de no comprarse el cuento y lograr armar un equipo. En el caso de Leonel, primero con el Tanque (Campos), después con (Jorge) Toro. Entonces, esa disposición a aprender, a desarrollarse. Yo diría que eso es lo que más me llama la atención. El poder ser boxeador pero escoger fútbol. Esta pasión que él expresa, esta emoción, me parece súper interesante en el personaje. Por ahí el Julio Martínez escribe un artículo, cuando él tiene hartos problemas de control de impulso, y lo titula “Rebelde sin causa”, como este personaje cinematográfico del James Dean. Y yo creo que también está presente en la sensibilidad de La Nueva Ola, de una emocionalidad masculina que empieza a aparecer por primera vez frente a estos personajes de los 40, como había sido el padre. Entonces yo creo que eso es bien interesante en Leonel, eso rescato. Y, claro, el talento: es un tipo súper talentoso y sabe administrarlo.

—Está Invicto, está León. ¿Qué sigue ahora?

—Mira, yo creo que este año me voy a tomar un descanso con el fútbol, pero ya tengo claro el tercer libro. De hecho, ya dibujé la portada, dibujé los personajes, y pretendo que se llame Loco y tenga que ver con la figura central de (Marcelo) Bielsa, que ya aparece en estas dos obras. Hay varias frases de él, cuando construyo al Oso Platko o cuando construyo a Riera me baso mucho en él. Más allá de lo estratégico y la típica discusión de las propuestas tácticas, me parece un personaje interesantísimo Bielsa, y la aproximación que hace en torno a lo mismo, a la formación de una generación, de un fútbol, y que, a la larga, claramente fue súper exitoso para la historia que después fuimos viendo y para la historia personal de los involucrados, de esta generación dorada. La figura me parece súper interesante también en el ámbito mítico, en el ámbito arquetípico: es el Loco, el Nikola Tesla, el pintor, el que crea algo nuevo. Al Oso Platko también le pasa lo mismo, a Leonel y a mi abuelo: esa cosa que te pasái de ser innovador en contextos tan tradicionales y eres tildado de loco hasta que demuestres lo contrario. Ese camino me parece súper interesante. Además, empecé a hacer la investigación y la familia de él es súper interesante. Tiene una hermana que es arquitecta, un hermano que va a terminar siendo abogado y los dos se dedican a la política. Al hermano le dicen El Poeta, y al chico le dicen El Loco. Entonces me imaginaba un relato como de estas películas del robo de un banco, cuando se van juntando los distintos personajes para formar el equipo que va a cumplir la misión, y construir esos relatos, la infancia de Bielsa, la infancia de Alexis, la infancia de los distintos protagonistas, del Pitbull, de todos. Y de ahí los relatos principales, del norte, de Chile, de los puertos. Es entretenido porque vuelvo a visitar la misma historia desde otra época, aparecen los videojuegos, aparece el internet. Es una bonita forma de cerrar el tema. Voy a empezar a trabajar el guión, voy a empezar a escribirlo, intentaré como siempre postular a los fondos concursales para poder desarrollar el proyecto, ja, ja.

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