La Firme con Rodrigo Díaz: “Hoy quiero disfrutar, voy a cumplir 45, y me he sacado la cresta desde los catorce”

Rodrigo Díaz repasó su historia, contó su presente y abordó sus próximos proyectos en La Firme. 
Foto: Juan Farias / La Cuarta.
Rodrigo Díaz repasó su historia, contó su presente y abordó sus próximos proyectos en La Firme. Foto: Juan Farias / La Cuarta.

El destacado bailarín e instructor de danza pasó largos años sacándole el jugo a su triunfo en el recordado Rojo, fama contra fama (TVN), hasta que se convirtió en una marca por sí mismo, cuenta a La Cuarta. Pero esa vorágine le pasó la cuenta, sobre todo en lo íntimo, por lo que reajustó su vida: esta es la historia del recorrido.

Una señora transita por la vereda sombreada, le dice “hola” y lo saluda ilusionada con la mano. Rodrigo Díaz (44), que está concentrado ante la cámara frente a su edificio en Las Condes (con linda vista a la Iglesia de Los Domínicos) le corresponde con simpatía y retoma su pose. El reconocido bailarín —el mismo que saltó a la esfera pública al ganar el recordado Rojo, fama contra fama (TVN)— luce reforzado su característico bronceado, tras haber regresado el domingo de sus vacaciones en Brasil.

El también instructor de la popular disciplina fitness Zumba anduvo contratado por una productora rumana, haciendo eventos en un crucero por las aguas brasileñas del Atlántico: “Una locura, estos hueones se vuelven locos, Sodoma y Gomorra, no paraban de carretear, mañana, tarde, tenía after hour, había una discoteque que abría a las 5 PM y cerraba a las 9 de la mañana, y la gente se iba a la piscina y seguían carreteando”, relata a La Cuarta sobre la rutina de los turistas a bordo. “Impresionante la cuestión”.

Luego, la embarcación se detuvo dos días en Salvador de Bahía, donde se efectuaba una de las fiestas homólogas al Carnaval de Río, así que se sumó a la festiva procesión: “Fue espectacular, pero mucha gente”, admite, lo encontró peligroso: “Te roban, no puedes llevar nada, tienes que salir con la tarjeta del crucero y con el celular metido en los cocos; te están mirando, te tocan, te revisan los bolsillos”, así que son “más ladrones que acá”, resume, de hecho, asegura que muchos “gringos llegaban sin sus cámaras fotográficas, sin celulares ni nada; les robaban todo”.

Como sea, ya con carnavalescos días atrás, el ganador de Fiebre de baile (CHV) conversó en extenso en “La Firme” desde la comodidad de su departamento, donde repasa su infancia, sus primeros años en la danza, el salto a la fama, los duros años de autoexigencia, de exprimir al máximo el éxito y resguardar su vida privada, y cómo le pasó la cuenta en el 2018, con su familia, amigos y en el amor. Ha aprendido a soltar, quedándose con una sola —la del Arauco Maipú— de las siete academia de baile que llegó a tener. Se chateó de andar de un avión a otro, y ahora sólo acepta proyectos que realmente le gustan y se acomoden a su vida personal, como un nuevo Zumba Fest en abril, su fundación Movimiento Activo y un eventual regreso a la tele. Además, analiza su futuro como bailarín, aborda distintos hitos críticos y analiza sus amistades con Daniela Castillo y Kathy Orellana. Todo eso y más.

LA FIRME CON RODRIGO DÍAZ

Me acuerdo de los bomberos que teníamos al frente de la casa en Quinta Normal; siempre quise ser bombero. Y cuando me desaparecía en la casa, aparecía desfilando con los bomberos, en algún carro bomba o un incendio. Lo que máscaracteriza mi infancia es que fue muy linda. Jugaba mucho y era muy pelusón, al que siempre andaban acusando de que tocaba timbres y que peleaba. La viví a concho y lo pasé increíble. Me acuerdo de jugar mucho, estar mucho tiempo en la calle y de muchos amigos.

Era súper hiperactivo. Me dieron Ritalin una vez, quedé como atontado y mi mamá, Marlene Rioseco, dijo: “No, esto hay que atacarlo con deporte”. Siempre fui muy deportista. En el colegio competía en la rama de atletismo. En algún minuto llegué a entrenar con la selección nacional de atletismo en el Estadio Nacional; dure muy poquito, porque en ese tiempo estaba en un colegio que era muy exigente y no podía compatibilizar. Era buen alumno, bien estudioso, me iba bien. Era uno o lo otro, y dejé el atletismo, pero por ahí canalizaba las energías.

No me invitaban a cumpleaños. Recuerdo que varias veces me sentí súper mal, porque mis compañeros me decían “pucha, no te puedo invitar porque mi mamá no me dejó porque eres muy desordenado”. A un niño que le digas que no y que un papá te discrimine por desordenado, me afectaba. Siempre he sido muy sensible desde chico, pero era muy desordenado... o sea, igual entiendo a la mamá que no me quiso invitar, jeje. Uno tendería a pensar que por ser desordenado todo me daba lo mismo, pero me afectaban ese tipo de cosas.

Rodrigo Diaz
Rodrigo se recuerda como muy hiperactivo en su infancia en Quinta Normal. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Mi mamá siempre me enseñó a ser muy solidario; trabajó doce años en el Hogar de Cristo. Siempre me lo inculcó: si un compañero no llevaba colación me hacía llevar dos colaciones; siempre tuve esa sensibilidad social. Yo abría mi casa y eran no 70 pendejos en un cumpleaños, y no todos eran amigos pero era porque eran vecinos, y mi mamá los hacía entrar a todos; aunque yo le decía “¡pero no quiero que entren!”, y ella me respondía que “no”. Igual teníamos buena situación y mi papá siempre me compraba muchas cosas que mis amigos no tenían, aunque vivíamos en Quinta Normal, que es una comuna sin muchos recursos, y mi mamá me incentivaba a regalarlos y compartirlos, a no ser egoísta.

Mis amigos entraron a un grupo folclórico, Tierra Chilena, cuando tenía ochos años, y también me metí porque me quedé solo, y mi propósito era siempre tener amigos. Bailar era un juego; de los tres o cuatro años que estuve, diría que los dos primeros eran de puro peluseo. Ya cuando crecí, cuando cumplí diez u once, me entró la pretensión y a gustar las chicas en esa época; me puse más responsable y meticuloso, y los profesores vieron que tenía condiciones y me pasaron al grupo profesional. La cosa cambió, entrenaba con gente adulta y me entró el bichito de estar en el staff oficial, y tuve que estar cuatro años en una sala de ensayos mirando cómo bailaba el resto; y yo, nada. No encajaba, era muy niño. Me hizo querer esforzarme, estar todos los sábados y domingos entrenando y tomando clases. Me dio la base para lo que venía después.

Primero estudié en el Colegio Elvira Hurtado, de la Fundación Matte, que de exigencia era terrible, terrible; hasta nos pegaban, de verdad, nos sacaban la cresta, ¡pa!, cachetazo y cosas ahí. De ahí me fui al Liceo José Victorino Lastarria, que es emblemático; tuve que postular y me costó entrar. Me fue increíble, siempre estaba peleando los primeros lugares del curso. Cuando salí, di la Prueba de Aptitud y pensé que tendría puntaje nacional y saqué como 780, que es bueno, la raja. En el Lastarria empecé la época del Extra jóvenes, en Chilevisión, con quince o dieciséis años; mi productor ejecutivo era el “Fido”, Eduardo Cabezas, con la Vero Calabi como animadora, y después entró el “Huevo” Fuenzalida.

Mi papá, Cecilio, era karateca y quería que fuera como él, pero no me interesaba. Esperaba a que no hubiera nadie en mi casa, ponía música y bailaba. Igual no sabía que me gustaba tanto bailar. Después del grupo folclórico y me entró el interés, obviamente quería ser un buen bailarín. Pero el kárate no me gustaba mucho; me gustaba el entrenamiento y la disciplina, pero no la lucha o un poco la violencia. Esperaba a que todos se fueran, ponía la música alta y me ponía a bailar como loco, tipo Chayanne, música latina y esa onda. Con ese tipo de cosas me empecé a dar cuenta que quería bailar. Mi papá nunca me prohibió bailar, quería que fuera karateca, pero cuando entré al grupo folklórico fue distinto porque igual le gustaba que bailara cueca y verme en presentaciones; por ahí encanté a mi familia y vieron que tenía talento. Recuerdo varias veces en que mis papás, mis abuelos y todos iban a presentaciones, aunque nada moderno ni ligado a la televisión, todo folclórico. Tampoco pescaba mucho a mis papás; si me lo hubiesen impedido, me daba lo mismo.

En esa época cantaba y bailaba, pero el canto no prosperó, no pasó nada. Cantar es mi sueño frustrado claramente. Me hubiese encantado cantar.

Rodrigo Diaz
Rodrigo se metió en un grupo folclórico siguiendo a sus amigos; nunca imaginó que se convirtiera en su pasión. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Cuando entré a Rojo (TVN) estaba en la universidad y me llamaron de una agencia en que yo trabajaba, donde hacía promociones y cosas así. Me dijeron: “Oye, hay un casting para un programa”. Ya estaba en la U, no me interesaba ser famoso, lo que quería era tener pega para pagarme porque estaba viviendo solo con dos amigas; me había independizado. Lo vi como una oportunidad de trabajo más que de generar una carrera. Sabía que bailaba bien, súper seguro. Fui con toda la perso, y quedé al tiro, porque efectivamente bailaba mejor que los otros que estaban postulando, porque tenía la base del folclore, netamente por eso.

En las presentaciones de folclore siempre destacaba. Me acuerdo que cuando bailaba pascuense siempre me decían que mis movimientos de cadera eran mejores que todos. Y la interpretación siempre me caracterizaba: cuando bailaba era con tantas ganas que, más allá de la técnica, si lo hacía bien o mal, a la gente le gustaba porque se notaba que lo estaba pasando bien. Ahí dije: “Tengo dedos pal el piano”, y eso me hacía sentir un poco más seguro que el resto. Ahí se me ocurrió decirle a Pablo Vargas que me acompañará po’, que fuera al casting de Rojo: “Vas a quedar, la gente baila mal”, le decía yo. Y lo llevé. Menos mal que le gané (en la final), jaja, sino estaría arrepentido hasta hoy.

Nadie le tenía fe a Rojo al principio, ni mis papás. Me acuerdo que le conté a mi papá y me dijo: “¿Un programa? ¿A las 7 de la tarde? ¿Competir con Mekano (Mega)? ¡Pa’ qué te vas a meter! Les irá mal”. Mi mamá ni siquiera me vio en el primer capítulo, ni sabía, le contaron que yo estaba en un programa; a ella le interesaba que terminara la universidad. Como siempre hice comerciales, promociones y trabajar en teams de verano, ella lo veía como parte de mi trabajo, no le tomaba tanta importancia. Y ya cuando vio que toda la gente le hablaba, dijo: “Algo hay aquí”, y le empezaron más peso a lo que era el Rojo. Antes, nada.

En la universidad me daba vergüenza contar que estaba en un programa juvenil, porque estudiaba en la UTEM, que es bien especial, no es cualquiera. Nadie sabía que yo bailaba, había algunos compañeros que sabían que había hecho unos videoclips con las Supernova; me habían visto en “Herida”, que salía pelado como un samurái. Cuando empezó Rojo, el 2 de diciembre, yo ya estaba con exámenes, ya no iba presencial a la U. Era ingeniero, de la Facultad de Administración y Economía, cero artístico; y eso era un poco de vergüenza tipo “¿cómo me van a recibir el próximo año?”. Gané el programa en febrero, me fui a Miami, volví y todo el mundo era como “felicitaciones” y el jefe de carrera quería hablar conmigo: era pura admiración. En ningún momento me sentí extraño, desde el día uno. Fue una tranca más mía, no por bailar, sino por concursar; había estado en el Venga conmigo (Canal 13) cuando chico y sentí que participar era infantil, una etapa superada. Sentía que era retroceder.

“No dejes que la televisión se aproveche de ti, aprovéchate tú de la televisión”, me aconsejó una vez Jaime Coloma, jurado de Rojo. Eso fue súper clave. Él era director de la Escuela de Talentos de TVN y cuando gané fui a hablar con él porque quería perfeccionarme: “Acá no importa si ganaste o no”, me dijo, era súper estricto y no tenía pelos en la lengua. “Aquí lo que importa es lo que vayas construyendo ahora y que le des rating al programa”. Y me dio aquel consejo. Inauguré mi academia, hacía musicales, promocionaba mi escuela y tenía una sección en que niños mandaban cartas para bailar conmigo; después saqué una sección donde viajaba por Brasil, Canadá y Argentina, donde mostraba bailes. Fui creciendo y aprovechando esa vitrina que me daba el programa. Yo mismo pagaba los viáticos, invertía en mi secciones, siempre pensando en aprovechar la oportunidad y la pantalla. Después vino Zumba, que lo lanzamos en el programa. Siempre traté de aprovechar la vitrina que Rojo me daba.

La fama me llegó grande. Como ya estaba en la universidad, para mí no era fama sino: “¿Cómo yo aprovecho esto?”. Estudié ingeniería comercial, la universidad me daba todas las herramientas para emprender un negocio o vender un talento, y Rojo era la vitrina para hacerlo. Mi cabeza era: “No vas a desaprovechar la oportunidad”. Siempre me autoexigí más de lo que el programa me pedía, de hecho, eso me pasó la cuenta. Hoy día si tengo una escuela (¡y ya no siete!) es porque de eso me di cuenta en la pandemia, que dije: “Toda mi vida me he presionado a internacionalizar mi carrera, tener más escuelas y ¡ta, ta, ta!...”, y en un momento dije: “Ya no tengo nada que demostrarle a nadie, ya hice mi carrera, aproveché lo que tenía que aprovechar del programa”. Hoy día quiero disfrutar, voy a cumplir 45 años, me he sacado la cresta desde los catorce años; tengo que aprovechar todo lo que he construido, e ir tomando lo que me vaya sumando y no me implique tanto tiempo, viajar más, estar con mi familia e invitar a mi mamá a viajar mucho.

En el 2008 —que ya no me acuerdo cuándo tuve mi última novia—, que es de la época de Rojo, la “Caro” (Carolina Mandiola, polola de ese entonces), estaba embarazada y perdió al bebé. Fue triste, pero me enfoqué en apoyarla, porque estaba mucho más mal que yo. Lo pasé mal, pero me aboqué netamente a apoyarla.

Este último tiempo me he abierto mucho más a contar de mi vida, pero durante muchos años mantener mi privacidad fue un gran tema. Hoy día mucha gente me dice: “Nunca has estado metido en atados faranduleros y cosas así”. Pero eso es un trabajo. En esa época, en que estaba SQP (CHV) y todos estos programas de farándula, era súper fácil hacer noticia desde la farándula y no del talento. Para mí era tan importante mostrar y destacarme por mi trabajo, que siempre mi vida privada era como “no la quiero contar, no la quiero mostrar”, y como “oye, ¿con quién anda? ¿Le gustan los hombres? ¿Le gustan las mujeres?”. Siempre era como la duda y nunca me gustó hablar de eso. Siempre lo evité, para que mi trabajo siempre fuera el foco, y lo que me preguntaran siempre fuera del trabajo. Siempre fue así, hasta que se me ocurrió hablar, y ahora entrevista a la que voy me preguntan: “¿Con quién estai? ¿Cuánto durai? ¿Te vai a casar? ¿Cómo lo vas a hacer...?”. También uno es responsable de abrir la ventanas o la puerta; obviamente tiene que ir ajustándola de acuerdo a lo que uno quiera, pero con el tiempo ya me he explayado, cuento y muestro un poco.

Rodrigo Diaz
Durante mucho tiempo Rodrigo quiso mantener en reserva su vida privada, hasta que se fue abriendo. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Esa apertura tiene que ver con que siento que tengo mi lugar ganado. Cuando era más chico, obviamente era la inseguridad de que “oye, pucha me puede costar el trabajo, me puede costar eventos”. Habían muchos miedos y tabúes en torno a eso. Pero hoy en día estoy más grande. Si me preguntas qué le diría en todas estas charlas de motivación a mi yo chico, sería “no me arrepiento de nada, pero lo único es que me hubiese importado mucho menos lo que la gente decía”. Me importaba mucho lo que el público o la gente podía decir de mí. Hoy me da lo mismo. También tiene que ver con madurez, sentirme mucho más seguro de lo que soy, de lo que valgo como persona, más que por lo que estoy haciendo en algún trabajo o alguna cosa. Tiene que ver con un tema de resolver tus trancas. Me he terapeado y tomado cursos formativos, y todas esas herramientas que he ido adquiriendo en el tiempo me han hecho sentir más seguro. No es de un día para otro.

Con los años, los sufrimientos, las penas, cosas que te van pasando en el camino, desilusiones de personas, esas cosas te van haciendo. Mi familia tuvo un accidente. Te hacen replantearte un poco la misión tuya en la vida y que te importe un bledo lo que piensan los demás. Las mismas situaciones que me han pasado en la vida me han hecho sentir más seguro.

Rodrigo Diaz
"Las mismas situaciones que me han pasado en la vida me han hecho sentir más seguro", declara Rodrigo. Foto: Juan Farias / La Cuarta

En el 2010 gané Fiebre de baile (CHV). Con la plata de ese programa me compré este departamento. Más allá de lo económico, ese programa fue muy importante porque era súper visto; la final tuvo como 42 puntos de rating, cuando Julián Elfelbein se equivocó, nombró al “Potro” (Cabrera) que ganaba y era yo... tuvimos nuestro episodio (desencuentro). Ganar me significó un cambio profesional heavy, porque después me pusieron de jurado de Talento Chileno, con la Fran García-Huidobro, que era la animadora estrella, y Antonio Vodanovic, que volvía a la televisión; yo frente a estos dos grandes de las comunicaciones. Fue un salto súper grande y además nos fue increíble, estuve tres temporadas jurado y fue exitosísimo. Me dio upgrade, me hizo mostrarme en otra faceta: no solamente puedo bailar, también ser jurado, y más adelante se me dio la oportunidad de animar Rojo, con la Maura Rivera, en verano. Es lo que me gusta: las comunicaciones, estar en contacto, conectado y trabajar con la gente.

Sufrí una insuficiencia renal en el 2012. No fue tan grave. Fue más que la prensa le puso color y mandaban a los matinales a la clínica y casi como que me iba a dializar y morir... no. Me habían sacado una muela del juicio, estaba con antiinflamatorios y prohibición de hacer ejercicio. Y como soy porfiado e hiperactivo, hice, y se me inflamó, tomé más antibiótico y me produjo una insuficiencia renal, un cuadro de deshidratación. Quería seguir entrenando y tenía un evento grande con Claro, y le decía al doctor: “Pero déjame ir al evento y después vuelvo para que me internen”, y me decía: “Hueón, no, es grave si no lo tratamos, te puedes desvanecer en el escenario”. Desde esa vez nunca más tomé ibuprofeno, por lo mal que le hacen a los riñones. Y la gente no sabe, y los bailarines y deportistas toman ibuprofeno como si fuese paracetamol. Esa hueá me hizo mierda los riñones. Después me hice exámenes, un escáner, y es como si nunca me hubiese pasado nada.

Mi familia tuvo un accidente automovilístico en el 2014 cuando me estaba yendo a Estados Unidos, a Las Vergas. Mi hermana estuvo un año en silla de ruedas en rehabilitación, y fue la que quedó más afectada; y a mi cuñado, que manejaba, se le rompieron tres o cuatro costillas. Fue de las cosas que te muestran que la vida es súper frágil: celebra el cumpleaños de tu hermano, de tu mamá, viaja con tu vieja, con tu papá; y eso empecé a hacer este último tiempo. El año pasado con mi mamá me fui al Caribe, después me la llevé a Huilo Huilo, fui con mi papá a un crucero por el Caribe; con mis siete hermanos nunca habíamos estado los siete juntos y me los llevé a Brasil. Desde esa situación en adelante he disfrutado a concho a mi familia, y también yo.

Rodrigo Diaz
En el 2014 la familia de Rodrigo sufrió un accidente que marcó uno de los principales golpes de realidad de su vida. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Somos siete hermanos y soy el más grande, con 44. Mi hermana tiene 39, mi hermano 38, la que sigue 25, los mellizos de 21 y la más chica tiene 17, y cuatro sobrinos. Juego rol de papá con todos mis hermanos, hasta hoy: el hermano-papá. Siempre que pasa algo, al que llaman es a mí, incluso mis papás, sobre todo mi papá, jaja. Desde chico asumí ese rol. Por eso cuando me preguntan si quiero ser papá, como que no es algo que me mate, porque siempre he cumplido como “papá”, costear colegios y la universidad de alguno de mis hermanos. Aparte, el papá de los mellizos falleció cuando tenía diez años, y me los traje a vivir conmigo un tiempo, para contener; me tocó buscar colegio e ir a las reuniones. A la más chica la ayudo con el deporte, que hace pool dance, la incentivo. Siempre estoy y cuando queda una cagada al que llaman es a mí. No me puedo desligar de ese rol.

En el 2018 terminé u pololeo después de nueve años. Fue súper complicado, más que por el término de la relación, por lo que estaba viviendo, que fue el punto de inflexión cuando trabajaba mucho. Zumba estaba creciendo en Latinoamérica, donde se veía Rojo, entonces era una súper buena estrategia de marketing que la empresa me mandara a abrir estos mercados: Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, Paraguay, todas las ciudades de Colombia, Ibagué, Medellín, Cali, Bogotá, Cartagena de Indias; me recorrí Argentina de norte a sur, desde Tucumán hasta Comodoro Rivadavia, Chubut... Si me preguntas si conozco algo: Sudamérica. Demasiado trabajo.

Estaba en un evento para el Día de la Madre, había ido a trabajar a las mineras para las mamás de la mina en el 2018. Y cuando bajé a Antofagasta y fui a almorzar, no había restoranes, estaban todas las familias almorzando... Me dio una pena y me puse a llorar. Además viajar a una minera es súper triste; e ir a celebrar a mamás que trabajan en las mineras también es triste, porque las señoras quieren estar con sus hijos, y tienen que estar arriba quince días, y no están (en sus casas), y absorbes un poco la pena de esas mamás. Bajé con toda esa angustia y pena. Ahí dije que “no, esto tiene que empezar a cambiar”.

Viajaba un jueves a un país, volvía el martes y el jueves volvía a viajar, y así todas las semanas. Mi relación estaba desgastada (con su expareja Pedro Pablo González), y desconectado de mi familia y las escuelas, y mis amigos me decían que “el sábado haremos un asado” y “yo no estoy”. Nunca estaba. Se produjo un desgaste muy fuerte; le dediqué tanto a mi trabajo, me preocupé tanto de responderle a la empresa por la confianza que estaba depositando en mí, que se me pasaron las revoluciones: me subía al avión y me ponía a llorar; estaba con crisis de angustia; o cuando daba una capacitación, en la hora de almuerzo pedía que me llevaran al hotel y me ponía a llorar. “Esta hueá está mal”, dije. Toda la gente envidiando la vida que llevaba, y yo por dentro hecho mierda, no queriendo viajar, y sintiéndote mal porque pensaba: “La vida me está sonriendo, tengo el trabajo soñado, mi carrera se está internacionalizando, haciendo lo que más quiero y la gente que certifico me ve como un maestro”. Era una rueda que no paraba y me costaba decir “no”, porque me sentía mal agradecido de no aprovechar. Obviamente cuando uno está mal es cuando más reflexiona y dije: “No, no es la vida que quiero”. No quería seguir con ese ritmo. Empecé a lesionarme y a dolerme las rodillas y la espalda; estaba tan estresado que ya no rendía.

Rodrigo Diaz
En el afán de internacionalizar su carrera, Rodrigo se llenó de viajes qeu terminaron por pasarle la cuenta. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Creo que la ruptura (de pareja) fue el momento bisagra para el cambio: estar nueve años con una persona y después ya no. Aparte había vuelto de una gira en Bolivia de jurado en el Bailando por el sueño, estuve un día en Chile, me patearon el día que llegué, y después me tenía que ir a trabajar a Estados Unidos con toda la pena. Fue súper duro. Y también estaba súper mal con mi mamá. Estaba todo mal. Era el minuto en que tenía que hacer un antes y un después.

En un medio escrito me hicieron una entrevista para contar el boom de mi crecimiento internacional. Y al final de la conversación me dijeron: “Oye, Rodrigo, ¿cómo lo hace tu pareja con tanto movimiento?”, y contesté que “ya no estoy en pareja, estoy soltero”. Fue la última pregunta, y el título fue que había terminado con mi pareja de nueve años... Y quedé como: “¿Dónde está el 99,99% de la de la entrevista si era otro el foco?”. Y me tocó llamar al editor periodístico, putearme a la periodista. Dejaron la misma entrevista y cambiaron a: “El gran momento que vive Rodrigo internacionalizando su carrera”. Eso me pasó un montón de veces en que decía: “Pero si el foco de la entrevista era esto y el titular es otro”. Me entrevistaron cuando estaba en Estados Unidos por el Fitness Concert, que iba a estar bailando con Daddy Yankee, algo súper importante, y el título era: “Los precios en Miami son iguales que en Chile”. Siempre me pasa sobre todo con medios escritos, que el título no tiene nada qué ver, y ahí es cuándo me he arrepentido de contar algo y pienso: “¡Por qué!”... Así que ojo con el título, jaja.

“Si tengo más academias voy a ser más exitoso”, pensaba yo. Y no. Al abrir más escuelas tenía más problemas, menos tiempo para compartir con los alumnos, con mi familia y para mí. Como calidad de vida no era buena. Esas cosas uno obviamente las entiende cuando madura, más grande: no eres más feliz cuando más tienes, eres más feliz cuando tienes tiempo para disfrutar lo que tú has construido. Eso me costó entenderlo, lo entendí y hoy día es mi frase de vida. Hoy todo lo que hago, primero, me hace feliz; y segundo, tiene una repercusión en mi calidad de vida. Es muy difícil que hoy día tome un proyecto o algo con que no pueda dormir o no tenga tiempo para nada; lo pienso muy bien.

La pandemia me hizo bajarle un cambio al acelerador. Para mí la pandemia fue súper buena, aunque suene raro. Por el tema de mis escuelas, instalé un estudio acá, trabajé para marcas, grabé contenido, estaba full, y después no quería que terminara porque estaba online, súper cómodo aquí. Pero marcó un antes y un después en decir: “De ahora en adelante quiero disfrutar y pasarlo bien”.

Rodrigo Diaz
"La pandemia me hizo bajarle un cambio al acelerador", asegura el bailarín e instructor Foto: Juan Farias / La Cuarta

Me han hecho esta pregunta hartas veces: “¿Pretendes bailar toda tu vida?”, y mi respuesta es “sí”. Tengo el caso, por ejemplo, de Beto Pérez, el creador de Zumba, que tiene 52 años y está con el cuerpo mejor que cuando tenía 20, 30 y 40 años; está hecho un lomazo, sigue bailando y enseñando. Y dentro de Zumba, soy educador, preparo a los instructores. En paralelo a esta carrera de danza, también me he desarrollado como educador y mi futuro también va por ese lado: formar gente a través de mi experiencia, he sido jurado, he estado en programas de talento y ganado programas de baile como Fiebre de baile (CHV). Tengo muchas cosas que quizás en el futuro pueda enseñar a nuevas generaciones. Lo trato de hacer con mis alumnos; en la Academia, como somos más formativos, siempre trato de hablarles no solamente la danza, sino del espectáculo, la televisión, los pros, los contras y cómo hacer un casting. Creo que a eso derivaré mañana, como maestro de algo, de lo que estoy haciendo, que es Zumba.

Me llamaron diez veces para participar en Aquí se baila (Canal 13), en el 2022, y yo le decía no, no, no... Me daba miedo, porque ya en Fiebre baila había dejado la vara alta, había ganado, y pensé: “Voy a dar jugo aquí, ¿qué van a decir? Tengo escuela, soy director de la escuela”. El miedo más grande era ese; de todos los que competían, siento que era el que tenía más que perder, he construido una marca en el baile. Y dije: “Ya, bueno, me voy a meter”. Y estuve de lunes a domingo ensayando, con clases particulares. Y me fue la raja, súper bien; o sea, de todos los programas de baile en que he estado, ese ha sido el en que mejor he bailado; con 43 años, ha sido la mejor etapa como bailarín. Las limitaciones están en tu cabeza. Si uno quiere seguir bailando hasta grande, y el cuerpo te lo permite, porque también van fallando las rodillas, la espalda y otras cosas que antes no pasaban, hay que darle nomás.

Tengo discopatía en la zona lumbar. Antes no me pasaba. Cuando estuve compitiendo me preocupé de ir a kinesiólogo, que me ayudaron a preparar el cuerpo para que no tuviera lesiones; me preparé, y no me lesioné, y en ese programa salían cada dos días eliminados por lesión. Mi carrera ha sido comunicar algo en torno a la danza y Zumba. Y mañana trabajar dentro de las comunicaciones, ya sea en radio, en televisión o animando, también está dentro de mis sueños y objetivos. Sí, quiero seguir bailando, no sé si pueda toda la vida, pero me encantaría conducir un programa o tener un espacio donde interactuar o socializar con la gente. Más que la televisión en sí, me interesan los contenidos que se pueden mostrar; hay mucho todavía por mostrar y, sobre todo, en lo que yo hago. Hay un nicho no está explotado; de hecho, hay algunos proyectos, en relación a trabajar en televisión, que este año se deberían concretar.

Rodrigo Díaz
Rodrigo fue el primero gran impulsor de Zumba en Chile, y luego se dedicó a darla conocer por el continente. FOTO: Archivo de La Cuarta

Siempre estoy preocupado del estado físico, es un tema recurrente en mí. Trabajo con mi cuerpo, tengo que estar bien. Me cuido harto, con las comidas; tengo nutricionistas, me hace un plan de comida, hasta hace poquito me hacía las comidas y me las mandaba a la casa para no salirme de mi plan y no cocinarme nada. Siempre me he cuidado mucho. Obviamente el cuerpo es así, sube y baja, hay veces que estoy más gordito y otras más delgado. También depende un poco de qué haré; si estoy en televisión, tengo que perder peso para verme más delgado y estar más liviano para bailar. Si no estoy bailando ni en televisión, me gusta estar más grandote; si me voy de vacaciones, a Europa, el verano... Voy jugando un poquito. Pero trato de no estresarme con el tema. Me encanta salir a comer; sé que tengo que hacer ejercicio. Entreno aquí en mi casa, me hice un gimnasio para pandemia y tengo un personal trainer que viene tres veces a la semana; no tengo opción, si estoy acostado me levanto; me ha pasaba en invierno que está en la puerta, entra y “¡arriba, arriba, que sea día ganado, 30 minutos!”. Estoy cagado. Me obligo a eso.

Cuando se mete algo en la cabeza, pienso todo el día, la noche, sueño, todo y no me puedo desconectar de eso. Es bien cabrón, cuando quiero hacer algo.

Siempre fui muy sociable. Ahora me he puesto un poquito más selectivo, pero cuando chico tenía muchos, muchos, muchos amigos. Me he puesto así porque cuando más grande aumentan los problemas y uno trata de juntarse con gente que te sume, que esté en la misma parada que tú, emprendiendo, estudiando, gente trabajadora. Sobre todo después de la pandemia, me he puesto mucho más selectivo con mis amistades; no sé si más exigente, pero filtrando.

Con Kathy Orellana nos une el amor y el respeto que nos tenemos. La conozco desde que llegó a Rojo y siempre he sido su amigo y estado en los momentos más difíciles. El amor y cariño que nos tenemos es porque hemos estado en situaciones complicadas, y en una de esas situaciones complicadas la tuve en mi casa, se fue a vivir conmigo un tiempo, hasta que saliera un poco a flote del hoyo en que estaba. Siempre he estado en contacto, independiente de lo mal o bien que ha estado; trataba de estar cerca, más allá de si hace las cosas bien o mal, o si tiene alguna recaída o no. Siempre tendrá mi apoyo. Le tengo mucho cariño, a su mamá, su hijo y familia. Siempre soy el amigo que la reta, el que está como “puta, Kathy, por qué hiciste esta cuestión”; y ella siempre cuenta que he sido el amigo que la ha llamado un poco a tierra. Y se lo agradezco, porque no siempre la gente agradece que la retes; te mandan a la punta del cerro o toman el consejo que les das. Siempre lo ha tomado. Me ve con mucho respeto y lo que le digo, para ella, es ley. Siempre me tendrá, en las buenas y malas.

Rodrigo Diaz
"Siempre tendrá mi apoyo", asegura sobre su amiga y ex-Rojo Kathy Orellana, quien ha enfrentado duros procesos de adicciones. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Hace unas semanas mi entrañable amiga Daniela Castillo tuvo a su guagua. Este fin de semana conoceré a Mateo; cuando estaba muy chiquitito evitaban que hubiese visitas, pero desde el minuto uno, cuando la Dani me contó que estaba embarazada, me trajo una cajita y cuando la abrí tenía un pilucho que decía: “Van a ser tíos”, que todavía lo tengo guardado. Fue como: “¡¿Qué?!”. Yo había soñado hace una semana que estaba embarazada, y obviamente no le quería decir porque pensé: “A lo mejor está tratando y no puede, no quiero ser impertinente”. Y cuando me contó me puse a llorar, nos abrazamos y le decía: “Yo lo soñé, lo soñé”. Estuve con ella todo el embarazo, muy presente; de hecho la última salida que tuvo antes de guardarse para tener a Mateo, fue acá, hicimos una junta, entramos a la piscina, estuvimos con ella, nos tomamos fotitos y le dábamos besitos en la guatita. Pasaron dos semanas y tuvo a Mateo.

Con la Dani Castillo siempre hemos tenido muy buena relación. Tuvimos un pequeño quiebre como en el 2017, pero rápidamente lo arreglamos, conversamos y volvimos a estar juntos. Lo mismo con la Maura (Rivera), otra de mis amigas; estuvimos peleados una época por unas declaraciones que hizo ella a Pancho Saavedra en Alfombra Roja (Canal 13) hace mil años... o yo conté que se iba a Rusia (cuando Mark González jugó en el CSKA Moscú), y no podía contar, y se enojó conmigo. Pero después pasó el tiempo, nos juntamos cuando estaba viviendo afuera, vino Chile, tomamos un café y limamos asperezas, y hasta hoy somos amigos.

Los planes de casarme (con su pareja, Enzo León, en octubre del 2024, según dijo en Buenas noches a todos) siguen en pie, aún no me he arrepentido.

Fui el primer instructor de Zumba: Chile explotó con Zumba y después empezaron a crecer los otros países. Hoy día ya cada país tiene su educador, pero en su minuto era yo certificando de Costa Rica para abajo, que fue súper bueno, porque la gente nos conocía por Rojo, llegaba a mis clases porque me querían ver como fans de Rojo. “Han pasado no sé cuántos años de Rojo y todavía me sigue dando dividendos y ayudando”, pensaba. Tremendo programa. Tengo en redes sociales gente que me sigue de todos lados. Por eso en la pandemia me fue muy bien, porque como ya me conocían en otros mercados, mis clases ya no eran para la gente de Chile, las podían tomar en Argentina, Estados Unidos, de Asia y después empecé con Europa.

En el 2017 aparecí en videos de Zumba que se distribuyen en el mundo entero, que son los DVDs, que les llegan a los instructores; sales en uno de esos y te haces famoso en el mundo, y te empiezan a salir eventos en India, Japón y en diferentes lugares. Ahora me toca hacer otro video para que salga más pega, y así funciona este mercado.

Todos los años hago una gira por Europa, para no perder ese mercado. Latinoamérica ya para mí está ganado, pero eran los otros mercados, Europa y Asia, los que me entusiasmaban, que me pegó el bichito, y eran países en los que me va muy bien, porque mi estilo es muy latino, y los latinos les gustan, sobre todo en Asia, donde ya he estado tres veces, en Yakarta, Indonesia; en Tailandia; y en Singapur.

Viene una gira, el 1 de junio estaré en Los Ángeles y San Diego, y después parto a Europa y el 25 me embarco en un crucero por un evento, y estaré en Grecia, Turquía, Hungría y Suiza durante un mes. Lo que van a los crucero, si es por el Caribe, son de Estados Unidos. Así la gente te conoce, te ve en sus clases y dice: “Lo quiero en mi ciudad” o “quiero hacer un evento contigo”, y se contacta directamente. La persona que me contactó por Hungría me conoció en el crucero del año pasado, y toca la casualidad de que Europa del Este, como Hungría, Eslovaquia, Eslovaquia y República Checa, aman la música latina. Escuchan bachata y música en español, y es súper raro porque no hablan castellano, pero se las saben. Y mi clase es súper latina, ese es mi sello dónde voy. En Asia y Europa, furor. Sé que son mis sandías caladas.

Rodrigo Diaz
El bailarín se alista para un par de giras por Estados Unidos y Europa, para regalonear a esos mercados que ha abierto. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Zumba ha sido una disciplina maravillosa, sobre todo porque le cambia la vida a la gente. De baile es muy sencillo; muchos bailarines se frustran con Zumba o lo miran en menos por la dificultad técnica; pero tiene otro propósito: es hacer bailar a personas que no bailan o que fueron sedentarias toda su vida. Cuando analicé el fin de la disciplina, me enamoró, porque personas que tenían obesidad o sobrepeso cambiaban su estilo de vida, mejoraban su salud. Por otro lado, es una marca súper inclusiva, hay instructores en silla de ruedas como “El Grillo” (Aránguiz) o la Claudia (Guzmán), que son de la Teletón, y que hacen clases, tienen giras y eventos. Y todos los beneficios psicológicos, porque cada día sicólogos y siquiatras me mandan más gente a Zumba, porque es una excelente terapia; es un ejercicio cardiovascular, entretenido y tiene una comunidad súper potente; tienes actividades, no sólo tus clases del fin de semana, sino que el sábado hay una fiesta de Zumba y el domingo una master class con un instructor de afuera. Hace que la gente esté más contenta.

La oficina de Zumba está en Miami, por eso viajo dos veces al año para certificarme y validar mis títulos, y así puedo seguir certificando. Todo lo que viene de allá repercute acá; cualquier cosa que hace Estados Unidos también no afecta a nosotros: las aplicaciones, todo lo que va sacando, hoy hay Zumba con realidad virtual, que se lanzó en Corea en Corea del Sur y EE.UU. Todo lo que ha ido desarrollando Zumba también es un beneficio para toda la gente que lo hace.

He pensado vivir fuera de Chile, pero me gusta demasiado acá, la gente, mis amigos, y me va muy bien acá; me gusta lo que he construido, el respeto y cariño que tienen hacia mi trabajo. Voy por la calle y es como: “¡Rodrigo, oye, una foto!”. Y como trabajo con gente, soy cercano, abrazo, toqueteo, le doy besos, me tomo miles de fotos y videos. Ese amor por el público es lo que me ha hecho quedarme aquí. Quizá si el día de mañana no me quieren tanto, me iría, jaja.

Siempre he sentido que desde Chile puedo hacer todo lo que quiero. Si tengo que hacer algo en Estados Unidos, como cuando me tocó ir al Fitness Concert, donde me tocó bailar con Daddy Yankee, estuve con Becky G y Gente de Zona, me tuve que ir dos meses a entrenar allá... y me fui dos meses. Si ahora tengo que ir a Europa un mes, me voy. Si son tres semanas a Asia, me voy. Nunca ha sido una dificultad estar acá, me encanta y ya construí carrera aquí. Todo lo que puedo hacer, o si me aparece algo afuera, tiene que ser tan mejor de lo que me va acá. Y al minuto no ha habido nada mejor, porque me va muy bien.

Rodrigo Diaz
"Nunca ha sido una dificultad estar acá, me encanta y ya construí carrera aquí", asegura Rodrigo sobre su vida en Chile. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Beto Pérez, el creador de Zumba, vino hace nueve años, cuando batimos el récord Guinness de la clase más grande del mundo en el Parque O’Higgins, con 15 mil personas. Fue la última vez que vino. Y ahora estará el 27 de abril en el Estadio Bicentenario, con Zumba Fest. La meta es que asistan diez mil personas; ojalá que lleguemos, pero si son 7.000 u 8.000 igual es un éxito. Es harto trabajo.

Ciclo Danza se internacionalizó. Uno de los objetivos fue dictar un curso en Estados Unidos, hace dos años. Viajé con cuatro niños de la Teletón. El taller terminada con la construcción de un taller en la ciudades de las personas que estaban tomando ese taller: hay Ciclo Danza en Europa, en Estados Unidos, ya han salido en la tele y en las noticias. Y ese es el objetivo: que lo que nació en Teletón se pueda amplificar al mundo entero, porque hoy día la gente sabe qué es Ciclo Danza en Chile, pero quizá en otros países no. Y esa es la misión que tengo con mi fundación, Movimiento Activo, que es reclutar más personas en silla de ruedas, pero también darnos a conocer y dictar más cursos; el último que di fue en octubre el 2023 en Bolivia, en el 10° aniversario de Zumba allá.

Me gustaba mucho ir a la iglesia cuando chico, al Mes de María y todas esas cosas. Pasaba castigado porque era muy desordenado, pero siempre tuve esa parte espiritual y conexión sin tener idea porque era chico, pero me llamaba la atención. Hoy que soy más grande tengo más conciencia de que quizá sentía un llamado o algo, pero en esa época era donde había gente y amigos, y ahí quería estar. Hoy mi relación con Dios está bien, muy cercana, soy cristiano desde que tengo 19 años. Para mí Dios es muy importante. Todas las mañanas me levanto, entrego mi día y hago alguna lectura. Es mi motor, si no lo tuviera no podría hacer absolutamente nada de lo que hago. Si me preguntas cuál ha sido la clave para lograr mis metas y sueños, es netamente entregarle todo a Dios. No hay nada que haga sin primero consultarlo con el de arriba: “Mándame señales o muéstrame por dónde tengo que ir”, le pido. Siempre está presente.

Cuestionario pop

Si no hubiera sido bailarín me habría enfocado en ser ingeniero comercial, que me encanta, e igual la ejecuto un poco. O arquitecto, porque en dibujo técnico en el colegio me iba muy bien.

En mi época universitaria en ingeniera comercial era súper estudioso. Nunca he sido carretero.

Cuando chico me decían “Cheíto”, que era el personaje de una teleserie, Abigail, que decían que me parecía a ese personaje.

Un sueño pendiente es tener mi propio programa de TV animando, de talentos, relacionado con lo mío.

Una cábala que tengo es orar cuando tengo cosas importantes. Cuando todos dicen “mierda, mierda”, yo estoy orando.

Una frase favorita es “menos es más”. Me encanta.

Soy seco para las parrillas, me encantan los asados. Pero me encanta mucho el puré con carne o pollo... el puré que me preparaba mi abuelita.

Rodrigo Diaz
El ganador de Rojo asegura que su sueño pendiente es tener un programa de tele. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Un colega al que admiro, que me parece seco, es justamente Beto Pérez, siendo tan pobre, de Cali, a los cinco años tenía que ir solito al colegio... Tengo a mis sobrinas de esas edad y me moriría si estuvieran en una situación así... Se fue forjando, superando todos esos obstáculos y hoy día está moviendo el mundo, Zumba es de las disciplinas más practicadas. Y he trabajado con él, sé cómo funciona su cerebro, cómo hace una clase y coordina los instrumentos. Es un maestro.

Mi primer sueldo de Rojo lo guardé para comprar espejos para abrir mi academia.

Una pasión escondida es que me gusta pintar casas, las murallas. Soy seco para pintar, me encanta y me relaja. El departamento ahora no lo he pintado, porque me cambiaron el piso y me dejaron la caga’, jaja. Estuve comiendo polvo un mes.

La música que más me gusta bailar es la latina, Daddy Yankee, Gente de Zona, salsa, merengue, me gusta todo. También me gusta la electrónica, pero me gusta mucho más la latina.

Una película que me hace llorar es la del Alzheimer… no es la última de la Paulina Urrutia (La memoria infinita)... ¡Diario de una pasión!

No creo en el horóscopo. Tengo una amigo que lo escribía y nos preguntaba a nosotros como: “Oye, ¿qué se les ocurre que puedo poner?”... ¿Broma? Jamás gastaría plata ni tiempo en leer un horóscopo. Soy Cáncer.

Rodrigo Diaz
Rodrigo se declara un total escéptico de los horóscopo, tras conocer de primera fuente cómo se hacía uno de estos. Foto: Juan Farias / La Cuarta

Si pudiera tener un superpoder me gustaría paralizar momentos, desde chico que me imaginaba algo así.

Un placer culpable es la comida y, sobre todo, las dobladitas... qué hueá más rica, pero las como y me hacen pésimo, aparte de que me engordan... Uff, sí, ese es mi placer culpable.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia de un asado serían Daddy Yankee, Ricky Martin y Laura Pausini. Tres cantantes.

Rodrigo Díaz es una persona que desde que ganó Rojo asumió una responsabilidad en el mundo artístico, de siempre inculcar y motivar a los niños y jóvenes a que cumplan sus sueños y no abandonen la danza. Inspira y motiva a otros a que puedan cambiar su vida de manera entretenida.

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