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La Firme con Alberto Jesús López, el Trovador del Gol: “Un comentarista muy conocido me dijo que volviera a Paraguay… le demostré que estaba equivocado”

Dueño de una narrativa que marida poesías y algún otro adorno literario, un ritmo heredado de sus años en Paraguay, su devoción por Ricardo Arjona y hasta una pizca de religión, el “trova” se ha asentado como una voz determinante del fútbol chileno. A continuación, repasa la ruta que lo hizo posible y su auspicioso presente.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

A propósito del Mundial y la versión 3.9 de Lionel Messi —capaz de malograr un cuarto penal y acaso transitar la irrelevancia cerca de una hora para, luego, en los últimos quince o veinte minutos recostarse hacia el costado derecho, como en el sumun de su vida artística, y desde allí liderar el triunfo más taquicárdico de su selección—, el periodista argentino Sergio Vásquez Jodar imaginó la siguiente escena: que Messi, durante la repartija de dones en la Oficina del Talento, convenció a la funcionaria de turno de aceptar todos y cada uno de sus caprichos, es decir, ser el mejor lanzador de faltas y el mejor regateador y el mejor goleador y el mejor asistente, pero, descuidado, se olvidó de incluir los penales. Y que cuando regresó para enmendar su error, ya era tarde. En la misma partitura que diseñó Vásquez Jodar, uno sospecha que Alberto Jesús López presentó a los funcionarios argumentos suficientes para ganar una garganta más firme que la del resto, un oído aguzado y el don de la palabra. Buen porte y también cierta facilidad para adoptar otras lenguas. Pero, así y todo —podemos imaginar—, dejaría la oficina preocupado. Algo le olía mal.

Decidido a hacerse futbolista, López no demoró en abrirse caminos como un hábil cabeceador en la tierra de los cabeceadores, a mil y tantos kilómetros de su tierra natal. De ahí la importancia del porte. Pero precisamente de un cabezazo sobrevino su tragedia más personal: en un amistoso que no era un amistoso cualquiera, porque había público en las gradas y López estrenaba unos zapatos marca Puma, la imprudencia de un zaguero mientras él se sostenía en el aire lo obligó a aterrizar con todo el peso sobre su pierna derecha. Al intentar ponerse de pie se dio cuenta: el tobillo estaba suelto. Y por más que intentara levantarse, volvía a caer donde mismo. Cuando dejó de sentir la pierna y se largó a llorar, se debe haber acordado del día que recibió sus dones.

Aún debería recordarlo cada vez que su tobillo mal tratado, apenas con yeso, se inflama por algún movimiento más brusco de lo normal.

Pero las circunstancias conspiraron y con el tiempo hubo reconciliación entre López y el fútbol. Criado desde que tenía cinco años entre San Lorenzo y Capiatá, Paraguay, López ya había regresado a Chile y echaba mano a su mejor espada, su voz, en centros comerciales cuando un productor se acercó para elogiar lo que oía. Luego fue otro productor, que tampoco pudo resistirse y se apresuró en reclutarlo para un programa modesto, autogestionado, dedicado esencialmente a la selección chilena. Y de ahí, en algún momento de 2005, recibió la improbable invitación para relatar el campeonato local.

En su registro, que puede no ser el más preciso, López se estrenó detrás de la cabina un sábado a la tarde, en el estadio Santa Laura, durante un Unión Española contra Cobresal, y al menos recuerda haber gritado un gol de Néstor º. Varios partidos y medios de radio y televisión más tarde, ya rebautizado en el ambiente como Trovador del gol y reconocido su particular estilo, rico en poesía y adornos literarios, sus narraciones de la Universidad de Chile en la Copa Sudamericana 2011 lo hicieron viral. Ni hablar, tres años después, de su performance durante el Mundial de Brasil 2014 y el grito del gol de Eduardo Vargas contra España sobre la base del Padre Nuestro.

Consolidado hace por lo menos una década como un relator top del fútbol nacional, según un diario brasileño dentro de los 10 relatores latinos más populares, y primer ganador, en 2025, del Premio al Mérito del Relato, ahora Alberto Jesús López, el Trovador, está aquí, unas cuadras al sur de radio ADN a la espera de relatar el partido entre Egipto y Argentina —en el que Messi perderá un penal pero hará posible la mayor remontada de los Mundiales—, para contar bien su historia a La Cuarta y la barra pop.

¿Cómo superó el dolor de no poder dedicarse al fútbol como realmente quería, y por qué, pese a todo, se interesó por el relato? ¿Es cierto que estuvo a punto de ingresar a Carabineros y formar parte de la Guardia de Palacio? ¿Cómo fue que se hizo conocido en Bolivia con una canción e incluso llegó a superar en los rankings a Ricardo Arjona y Chayanne? ¿Cuándo dirá de qué cuadro chileno es hincha?

La Firme con el Trovador del Gol

Mi viejo se dedicaba a la serigrafía, a la imprenta, y en Paraguay era el boom en esa época, entonces nos fuimos porque, además, teníamos familia allá. Tanto mi tía como mi tío estaban allá radicados ya hace mucho tiempo, y nos fuimos como por dos años a probar suerte en lo que le gustaba a mi papá en estricto rigor. Yo tenía casi cinco años. Y, bueno, nos terminamos quedando prácticamente dieciocho. Tengo los mejores recuerdos de Paraguay: es un país que me brindó la formación de niño, después de adolescente. Mis grandes amigos están allá, y mantengo algunas costumbres como, por ejemplo, escuchar la música de Paraguay, comer alguna comidita también. En términos generales, de verdad que es mi segundo país, por adopción. Fíjate que yo me voy con mi familia a Paraguay, o me llevan, porque yo era chiquitito, y no vine nunca más a Chile. Entonces, cuando volví a Chile me sentí un extranjero en mi propia tierra: no conocía, no me acordaba de nada. Literalmente, como se dice, no sabía dónde estaba parado cuando llegué acá.

Tenía algunos recuerdos de mis abuelos, que jugábamos a la pelota, pero eran recuerdos así, puntuales... de haber desarrollado una vida acá en Chile era muy difícil digamos acordarse. Me acuerdo también de cuando fui la primera vez al estadio, al Santa Laura. No me acuerdo qué partido era, pero no era Unión (Española), me parece que jugaba incluso Palestino contra un equipo de los grandes. Y, bueno, lo recuerdo porque me pasó algo particular: me compran una bebida en un vasito de plástico, tenía tablones el Santa Laura en esa época. Entonces se me cae el vaso lleno de bebida y le cae en la cabeza a una persona, a un caballero que estaba de terno y corbata, no sé quién habrá sido, y mira para arriba como enojado, ofuscado. Por suerte, después ve que era un niño, en ese caso era yo, y me dice que no me preocupe, que me tranquilice, porque yo me asusté mucho y estaba muy en deuda con el caballero por lo ocurrido.

Nunca estudié acá en Chile, entré al colegio en Paraguay y fue algo muy bonito, porque hay un tema cultural distinto, particularmente el tema del idioma, del guaraní. Yo escuchaba a mis compañeros en el recreo, en la sala de clases que hablaban, y no entendía mucho, entonces me llamó mucho la atención. Me encantó desde el primer día que escuché el guaraní, y me puse como meta aprenderlo. Y fíjate que en el colegio después lo colocaron como un ramo, una materia, como si fuera inglés, y me iba muy bien. A tal punto, que a muchos les sorprendía que la mejor nota del curso, modestamente, con mucha modestia, era de este servidor. Sinceramente me involucré, me empapé mucho con la cultura paraguaya y me gustó.

Cuando había un partido de un equipo chileno con uno paraguayo, o de la selección, me tiraban la talla en guaraní, yo no entendía nada, y se reían todos. Yo como que quedaba con un signo de interrogación tremendo en la cabeza, pero siempre en buena onda. Así que bueno, yo dije: ya listo, se están riendo, pero yo voy a aprender guaraní para después entender todo. ¿Y sabís qué? Como uno es chico, una esponjita y absorbe todo mucho más rápido, no me costó nada aprenderlo. Dicen que el guaraní es el segundo idioma más difícil del mundo en aprenderlo. El primero es el chino mandarín, y después inmediatamente viene el guaraní. Por eso dicen que si tú hablas guaraní, hay muchas probabilidades de que puedas aprender el chino mandarín de una manera más fácil.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Como soy hombre de radio y de medios de comunicación, algo que me llamó la atención en Paraguay es que, desde las cuatro o cinco de la mañana y hasta las ocho aproximadamente, se escucha polca y guarania, que es la música folclórica, prácticamente en un 90% en la radio. No sé cómo estará ahora, pero era así comúnmente: se escucha el folclor paraguayo en la mañana, o sea, todas las radios le dan cabida a su música, entonces desde chiquitito uno va escuchando el folclore de su país y se empapa también de eso. Acá, en Chile, eso es lo que extrañé. En términos de infraestructura, claro, también hay mucha diferencia: Chile es un país muy avanzado, un país que tiene cosas maravillosas, naturales también, como la Cordillera de los Andes; Paraguay es un país mediterráneo, por ende no tiene playa, y ahí hay un punto, porque yo como nunca volví a Chile y no volví a viajar estando en Paraguay, no conocía el mar. Yo no conocía el mar, lo puedo decir con todas sus letras. Después de que cumplí prácticamente veintiún años, cuando estuve de vuelta, veintiún o veintidós años, recién conocí el mar.

Viajé a Viña del Mar junto a mi familia y fue emocionante conocer el mar, ver las olas, porque yo conocía solamente los ríos, los lagos de Paraguay. Ver la inmensidad del mar era una cosa que hasta el día de hoy me pone los pelos de punta y me emociona, porque fue algo muy bonito. Sobre todo por el hecho de conocer algo tan bonito de mi país.

Yo soy hincha fanático de Cerro Porteño y mi hermana era de Olimpia, así que teníamos el clásico en casa. Allá el fútbol de verdad lo viven muy intensamente, sobre todo los clásicos. Conocer el Defensores del Chaco también me marcó mucho, y en un partido clásico que, si mal no recuerdo, ganó Cerro Porteño, así que me fui feliz a la casa. Eso me marcó mucho: cómo viven el fútbol, es como una forma de vida. El futbolista paraguayo quiere brillar para poder salir de su país a comerse el mundo. Eso también, digamos, me llamó mucho la atención: está ese apetito, ese hambre de gloria, de comerse el mundo, de ganarse la vida con el tema del fútbol. Es como salir un poquito de las necesidades que tienen algunos jugadores o algunas personas allá en la vida, es como un camino para luchar y conseguir objetivos en la vida.

Me gusta el tereré, pero acá no lo tomo mucho por el frío. El tereré es el mate frío, obviamente, y particularmente acá no lo consumo porque hace bastante frío en nuestro país. Allá con 42, 43 grados de temperatura, claramente tienes que andar con tu termo, termo con hielo, y con la yerba mate paraguaya, porque es muy distinta la del tereré a la del mate. Todos conocen la hierba uruguayo, brasileña o argentina, pero la yerba mate del tereré trae hierbas medicinales, por ende, es muy rica. Invito a toda la gente que compre yerba paraguaya para el tereré y puedan disfrutar de eso, porque es muy bueno.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

El guaraní en Paraguay es reconocido como idioma y acá en Chile no tenemos reconocido como idioma el mapudungun. Esa es la gran diferencia: Paraguay es un país bilingüe, entonces eso te da, no sé si la obligación, por llamarlo de alguna forma, pero tienes que aprender, tienes que empaparte del guaraní. Hoy en día sí me ha llamado mucho la atención que he ido a Asunción, y hay mucha gente que ya casi no quiere utilizar o no utiliza el guaraní.

Sería bonito que en Chile se reconociera el mapudungun como idioma, siempre es lindo enriquecerse con nuevos idiomas. Ahora bien, hoy en día uno ya está más grande y como que le da un poquito de lata aprender otro idioma, se le hace un poquito más difícil porque no le queda tanto tiempo. Pero cuando era niño a mí no me costó para nada, digamos, aprender el idioma guaraní, por ende, claro, sería interesante aprender el mapudungun. De hecho, yo me estoy interiorizando cada vez que puedo del mapudungun y es una lengua muy rica, de verdad.

En Paraguay fui premiado por ser el mejor alumno. Pasa que allá, en ese entonces, el colegio o la escuela básica era del primero al sexto grado y después venía el colegio, la enseñanza media, que era del primer curso al sexto curso. Entonces, si tú lograbas salir mejor alumno del primer grado hasta el quinto grado, los primeros cinco años de educación básica, te daban el Pabellón Patrio, vale decir, te entregaban la bandera paraguaya por un año y tú tenías que entregársela al otro año al que había conseguido el mismo objetivo tuyo, salir mejor alumno los primeros cinco años.

Cuando se supo todo esto, hubo un revuelo porque le entregaban la bandera paraguaya a un chileno. Se anunció en el colegio que el ganador del Pabellón Patrio por un año iba a ser Alberto Jesús López Lazo y que era, obviamente, chileno. Casi el 90% del colegio y los apoderados sabían que yo era, que soy chileno, y bueno, ahí empezaron a reclamar, empezaron a decir que no era justo. Que más allá que yo tuviera, digamos, grandes notas, no era justo que yo tuviera el Pabellón Patrio, la bandera paraguaya, por un año. Que qué había hecho yo o qué de paraguayo tenía yo como para poder convencer, digamos, a la gente que sí era merecedor de tal galardón o tal premio. Entonces, yo en ese entonces tenía, ¿cuánto? Habría tenido trece años, doce años, no recuerdo. Y les dije: hablo guaraní. Ahí va y se enlaza un poco con lo que te decía que aprendí el guaraní. “Yo hablo guaraní perfectamente, incluso mejor que muchos de ustedes”, les dije. Hice una demostración y ese fue como el convencimiento para todas las personas que reclamaban. Ahí cedieron y hasta me aplaudieron en su momento, hice una pequeña exposición. Fue como que dijeron: sí, está bien, se merece porque, por lo menos, habla guaraní.

Nos trataron con mucho cariño, con mucho afecto en Paraguay, nunca me sentí atacado por ser chileno. Cada vez que voy para allá siento que me lleno de mucha energía positiva, de mucho cariño. Cargo pilas también cada vez que voy a relatar un partido de fútbol o lo que sea, y de verdad que no tengo nada que decir de Paraguay. Incluso, te cuento que allá se vive fuertemente el tema del clásico, pero es tanto el cariño que me brindaron, que, sabiendo que yo soy fanático de Cerro Porteño, fui la voz de un programa de Olimpia, de la competencia, en un programa partidario. O sea, el respeto a nivel profesional y como persona fue mucho más grande y estuvo por sobre, digamos, mi tendencia futbolera.

La verdad es que cuando voy para allá, sí, hablo como paraguayo, arrastrando la erre, ja, ja, ja. O de repente me encuentro con un jugador paraguayo y enseguida conectamos. Ahora se fue Lucas Romero (exvolante de Universidad de Chile), se fue a México, pero de repente, cuando no quería hablar con la prensa, yo con una palabra que le dijera en guaraní, volteaba, venía y me abrazaba y me saludaba. Entre otros jugadores paraguayos que han pasado por acá con los cuales he tenido mucha cercanía, como el mismo Justo Villar, con el cual tengo contacto todavía, incluso durante el Mundial. Así que de verdad el idioma y el acento..., a veces es inconsciente, estoy con un paraguayo y aflora.

Paraguay me dejó la formación, la amistad, la sencillez también. El paraguayo es muy sencillo, es muy cercano, es muy de piel. Entonces yo creo que eso también lo traje conmigo, traje eso de Paraguay. Son muy alegres también y creo que me empapé de su cultura. Acá, en Santiago particularmente, el ritmo de vida es muy rápido, la gente anda trabajando, andan full, ahí en Paraguay es distinto. También, cada vez que me junto con algunos compañeros acá, chilenos, o amigos, agradecen también lo que uno le impregna. Me dicen: me gusta esto de ti, o sea, el tema de la alegría, el tema de que eres de piel, el tema que eres cercano y, sobre todo sencillo, eso es lo que destacan más. No viene de mí la referencia, viene de lo que me han dicho en Chile, y lo agradezco de todo corazón.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

De mis papás saqué, como diría el Nico Massú, que nada es imposible, ni una… cuestión. Cambiamos la palabra, ja, ja, ja. Ellos obviamente me inculcaron eso: que si uno sueña en grande, puede cumplir aquellos sueños, que los sueños se pueden hacer realidad independiente de que haya mil y un barreras.

Cuando llegué acá a Chile, fui a recorrer radio por radio y no voy a dar nombres, pero dos personas muy importantes, tanto en radio y en televisión, me cerraron las puertas. Cuando fui a golpear la puerta de esas emisoras o de esos canales, me dijeron: ¿sabe qué?, ¿cuál es su nombre? Alberto. Mire, ¿sabe qué?, —me dice este comentarista muy conocido—, detrás mío hay mil personas y usted es el mil uno. Creo que cometió un error de haberse venido acá a Chile. Si puede volverse a Paraguay, yo creo que sería la mejor opción y un buen consejo que yo le pudiera brindar, porque acá el mercado de la radio y la televisión es muy chico, muy acotado, y estamos los que estamos. Y yo había ido con mi mamá me acuerdo, y mi mamá escuchando todo eso se puso muy triste, yo también. Creo que no me lo dijo en mala onda, creo que a lo mejor me quiso abrir los ojos y todo aquello, pero le demostré que estaba equivocado.

Después casi trabajé con esas dos personas, que me dijeron prácticamente lo mismo, calcado. Y, bueno, cuando casi trabajé con ellos, nos quedamos mirando, no sé si se acordaron de mí, yo tampoco les quise decir nada. Pero yo creo que igual se acordaron un poco, porque fue como una diferencia de tres, cuatro años, y uno de la fisionomía no se olvida tan rápido. Pero claro, a toda la gente que quiere cumplir sueños y a veces recibe un consejo mal dado, puede ser un gatillante para que tú no puedas cumplir tus metas. Entonces siempre hay que creer en las capacidades. Yo creí en mis capacidades, no tenía ningún pituto acá, ningún amigo que me pueda abrir una puerta de una radio, en un canal de televisión. Por eso me siento tan orgulloso de lo que he conseguido, porque nunca entré a un lugar por pituto, por un conocido, siempre fue por esfuerzo, por ser constante, perseverante. Siempre tuve, como se dice, paciencia de artesano. Llevaba mi currículum, golpeaba la puerta, se cerraban mil puertas, pero se abrió una rendija y por ahí entré.

Mi madre me dijo: hay que seguir, hijo, hay que seguir adelante, se cerró esta puerta, se va a abrir otra. Y, bueno, fue una fuente de inspiración eso que me dijeron estos dos comentaristas. Para demostrarles que estaban equivocados y para demostrarles, más allá de que estaban equivocados, que yo no me iba a rendir, que no me iba a quedar de brazos cruzados y que mis sueños se iban a cumplir, derechamente.

Empecé mi carrera como locutor en Paraguay. No era un canal muy visto, digamos, se llamaba Tevedos. Se llamaba porque ya no existe, ahora mutó y tiene otro nombre, es más grande ahora el canal. Yo estaba haciendo zapping y había un programa que se llama Movidito, Movidito, y lo conducía un argentino, que en paz descanse, que era maestro de locución y todo el tema, y su esposa argentina también. Y el ritmo de la televisión argentina lo tenían ellos, entonces querían algo distinto, diferente. ¿Qué sucedió? Que llaman a casting, yo me encuentro con el programa y en la despedida dicen: mañana gran casting de locutores, a tal hora, en la calle O’Leary, todavía me acuerdo. Y le digo a mi papá: ¿sabís qué? hay un casting. Yo te acompaño, me dice, y me acompañó, porque yo no sabía mucho movilizarme en Asunción, yo vivía en San Lorenzo, en Capiatá. Fuimos, yo pensé que no iba a llegar nadie, ¡pero había como ocho cuadras! Una fila enorme, interminable, brasileños, argentinos, uruguayos, y había espacio solamente para dos locutores.

Bueno, cuento corto, teníamos diez segundos para mostrar nuestro talento, y me acuerdo que nos dicen: ya, van a preparar un comercial, el que más les guste, y lo van a decir en diez segundos. O sea, tenía que cautivar a los dos argentinos en sólo diez segundos. Era el turno mío, y no iba con nada preparado, pero después me acordé de un comercial. Uno siempre como que soñaba con ser locutor, y empezaba: “Personal, viví tu estilo, cambiate a Personal, porque con Personal si querés hablar, hablás”. Era una compañía de teléfonos, argentina, que también estaba en Paraguay, muy potente, y me gustaba el locutor. No sé cómo se llamaba el locutor, pero me gustaba, entonces tiré esa frase, y el argentino me dijo: a ver, decíla de vuelta, repetíla, y tené esto. Y me pasó un texto después más largo, y dije: aquí está ocurriendo algo, porque no había pasado con los demás. Al final de cuentas me dice, ya, quedate acá, vamos a hablar en media hora más. De las 500 personas que habían, seguramente, quedamos dos, y uno de ellos, tenía la banderita chilena, que era yo.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Yo quería ser futbolista, pero no me resultó por una lesión muy grave que tuve en el tobillo. Y después, a consecuencia de eso, desarrollé el tema del relato deportivo. Relataba los partidos en el colegio, entonces yo escuchaba mucho una radio que se llama Cardinal, que ahora se llama ABC Cardinal, y justo estaban haciendo el baño del colegio. Mira lo que te voy a comentar: estaban construyendo un baño enorme, y había una ventanita, entonces yo me metía ahí, ponía una banca, y empezaba a relatarle en el patio, desde ahí, desde arriba de la ventanita, el partido a mis compañeros, porque yo estaba lesionado. Y me encantaba. ¿Por qué desde el baño? Porque se escuchaba con eco, y en Paraguay las transmisiones son con eco. Entonces yo relataba y se escuchaba como que era una radio, y ahí nace este bichito, del tema del relato. Después empecé a relatar los partidos en el barrio, les vendía la grabación en un cassette, porque mi papá me regaló una grabadora, y fue grito y plata. Ahí me picó el bichito del relato definitivamente.

Siempre fui fanático del fútbol, y muchos me preguntan, qué equipo te gusta acá en Chile…, yo algún día me voy a hacer de un equipo, y me tienen que respetar. Yo siempre fui de Cerro Porteño, pero cuando iba Católica, cuando iba a la “U”, iba a Colo Colo, yo estaba ahí con la camiseta de la “U”, de Colo Colo, de Católica. Tengo fotos de muy chico, con camiseta de Colo Colo, de la “U”, la Católica, porque para mí lo chileno era sagrado. Entonces siempre nos juntábamos la colectividad chilena residente en Paraguay, que no era muy numerosa en ese entonces, con una bandera gigante que tenía el mapa de Chile, y ahí estábamos, sea quien sea. Una vez fue la selección de Loncoche, fíjate, y ahí estábamos todos los chilenos.

Cuando llegué a Chile, tenía que venir a trabajar y a juntar lucas, obviamente, pero siempre estaba ahí el sueño de ser locutor o relator de fútbol. Un día estaba haciendo locución comercial, en un mall, y ahí pasa un productor. Fue el sueño del pibe, ¿cachái? Me dice: oye, tenís buena voz, dame tu número y todo el tema, y empezamos a hacer eventos. Un día hicimos el evento y había otro productor que también, entre comillas, como que empezó a echar el ojo ahí a la locución que hacíamos, le gustaba la dicción que tenía, la voz y todo, entonces empezó a tirarme flores y le agradecí. Ahí dije, bueno, acá hay una semillita de esperanza para poder desarrollarme en esto acá en Chile. Pero este productor que me ve en el centro comercial, me dice: quiero hacer un programa, vamos a hacer un programa en Radio Nuevo Mundo, en apoyo a la selección chilena. Cuando a La Roja no le iba bien y todos destruían a la selección, nosotros éramos la contraria, o sea, queríamos que le vaya bien a la selección y, por más que en el momento que se encontrara no fuera bueno, estábamos apoyando ahí. Se llamaba Con La Roja a Dos Manos. Roja, no..., ja, ja, ja, pero por ahí va la cosa. Duró tres meses este programa, porque él mismo de su bolsillo pagaba el espacio. Teníamos mucha audiencia, nos iba rebien, pero costaba conseguir auspiciadores.

Y un día me suena el teléfono y me dicen: hola, cómo estás, soy Cristian Carrión, que es un periodista deportivo, que sabe muchísimo y me dice: ¿sabís qué? Necesito un relator, me dieron tu número, te escuché en el programa y me gusta tu estilo, pero necesito un relator para Radio Nacional de Chile, “más deporte, un país en sintonía”. Y yo le digo, bueno, entre mis amistades, te voy a..., no, me dice, si es para ti. Ya, chuta, dame un mes por lo menos, porque estoy casi recién llegado, le dije yo, de Paraguay. No, si es para pasado mañana. Ya, le dije, listo, esta es mi oportunidad, no lo pensé dos veces. Y estaba ahí, el día sábado, en el Santa Laura, un partido de la Unión con Cobresal.

Habrá sido en 2005... pero tuve tanto problema para entrar, que fui requete contra nervioso. Yo no era conocido en el entorno de fútbol acá de Chile, los guardias no me cachaban y me pusieron problemas. Ahora los guardias, obviamente, ya saben que uno va a trabajar cada fin de semana, la gente de la ANFP. Pero a mí no me cachaba nadie. ¿Usted viene a relatar?, ¿dónde está la credencial? No, no tengo credencial. Bueno, cuento corto, relaté ese partido, con mucho nervio, pero creo que lo hice bien, y ahí los jefes me dijeron: lo hiciste excelente, bienvenido a Más deporte, y de ahí pasé a Radio Santiago, y después ya fui creciendo.

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Percibí en la campaña de la “U” campeona de la Sudamericana, en el 2011, que ahí había algo como chocante, potente. Para bien, obviamente, y me llamó la atención. Porque terminaba una transmisión, y cuando estaba el Facebook y todo, me llenaban de mensajes. En el muro de mis redes sociales, tirándome buena onda, que les gustaba el relato. De repente, amigos me escribían y me decían: oye, pasé por un kiosco y te estaban escuchando, pasé por otro kiosco y te estaban escuchando; oye, iba en la micro y te estaban escuchando. Y yo decía, ¿pero cómo?, si soy un relator, entre comillas, dentro de todo, nuevo. Había otros relatores consolidados, radios también consolidadas. Nosotros estábamos de a poco creciendo como ADN, y que te escuchen y te prioricen… yo creo que ahí, a lo mejor, sentí y percibí que había algo distinto. Que ya no era solamente disfrutar, sino que también dedicarse al 100% y empezar a marcar una diferencia en el relato. Y diferenciarse también de los otros relatores, porque me lo decían siempre: qué bueno que tú no le copias a ningún relator, que traes algo distinto, diferente. Y claro, traje mucho de la escuela paraguaya también.

Nunca pensé en abandonar, porque siempre complementé con mis otras pegas. Siempre estaba como de locutor, en centros comerciales, en venta, anfitrión y todo el tema, y lo complementaba. Entonces, he tenido la fortuna, la suerte, gracias a Dios, de poder desarrollarme en el tema del relato, pero no estoy como de lunes a viernes..., ahora sí, empezamos un programa y todo el tema, que se llama Los Tenores Mañaneros, de 9 a 10, paso el dato, por lo del mundial. Pero comúnmente siempre he estado, no sé, sólo los fines de semana. O voy a un mundial, voy para cosas puntuales. Y con eso he podido desarrollarme en otras cosas también, en otros trabajos. Nunca el relato deportivo ha sido una limitante para poder desarrollar otras cosas, otras actividades que tengo.

Yo tuve bisabuelos, por parte de mi papá, que fueron directores del Orfeón de Carabineros de Puerto Aysén. Había una ligazón ahí. Y a mi abuelo también, obviamente, le llamaba la atención el tema de Carabineros. Cuando yo llego a Chile, claro, ahora hay cabros de catorce, quince años que son más altos que yo, pero yo mido un metro ochenta, y en ese entonces ya medía casi un metro setenta y nueve, metro ochenta, con veintiún años, entonces me decían: oiga, usted tiene la estatura para ser guardia de palacio, para ser carabinero y todo el tema.

Un día, porque mi abuelo me lo dice, voy a postular a Carabineros, ¡y quedé! En Carabineros se hizo el proceso y todo aquello, pero yo había metido un currículum a un tema de locutores, al Círculo de Locutores Profesionales de Chile, y me salió una pega ahí. Yo tenía que presentarme a Carabineros para meterme en la institución, no sé, un día viernes, y de la pega me llaman un día miércoles. Y voy a la pega y eran muy buenas lucas, muy buenas lucas, entonces yo le digo a mis padres: ¿sabís qué? No me voy a presentar a Carabineros, porque me quiero quedar en esta pega, me encantó, es lo que yo quiero. Me gusta Carabineros, pero me hace feliz también el tema del relato, o sea, de la locución.

Vino Carabineros a la casa para convencerme de que yo tenía que ser de la institución, que me podían colocar por la estatura como guardia de palacio. Y, además, ahí me enteré que tenían una radio, la radio de Carabineros de Chile, y me querían hacer trabajar ahí. Me ofrecieron todo, pero bueno, opté por el tema de la locución, y creo que no me equivoqué. Tengo mucho respeto a la institución, le agradezco también por haber querido convencerme para estar ahí, pero no me equivoqué en la elección.

Nunca me arrepentí, gracias al fútbol he conocido veinticinco países... no gracias a mi bolsillo, gracias al fútbol, ja, ja, ja; gracias a mi bolsillo no hubiese sido posible. Y de verdad que estoy muy contento, he conocido países con culturas distintas, y sobre todo disfrutar de mundiales, Copa América, Libertadores, Sudamericanas, Champions. De verdad que yo estoy más que pagado ya en el relato deportivo, y lo que venga es yapa.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Antes de Trovador, me decían el Estilista, y no..., era como muy de coiffeur, de peluquería, y obviamente no soy peluquero. Mi papá es peluquero y me enseñó un día, pero hasta ahí, nomás. Hice un par de cortes a mi amigo, y se enojaron conmigo un tiempo, ja, ja, ja. Y después, el Cirujano del gol, por la precisión al relatar un gol, pero con todo respeto no soy cirujano, y le tengo mucho respeto a los cirujanos, a los doctores. Y un día vamos a Concepción, me acuerdo, un partido de la “U” contra un equipo de la zona. Fuimos a cenar y lo único que había era un bar-restaurante, era un karaoke, porque terminamos muy tarde. Fuimos a cenar como a la una de la mañana, estaba todo cerrado. ¿Quién quiere cantar? Y ahí Tigre Cruces, como sabe que yo canto, dice: Alberto. Canté un tema de Arjona, que es trovador; después me pidieron uno de Leonardo Favio, que también podríamos destacarlo en ese grupito de trovadores, y después uno de Joaquín Sabina, un trovador, trovador, ¿no es cierto? Entonces ahí nace. Ya, este es el Trovador del gol. Y canté tres temas porque lo pedía la gente. Yo pensé que estaba molestando, y empecé a cantar uno, después otro, y otro, y después no querían que pare, y ahí nace el tema del Trovador.

A mí siempre me gustó escribir, yo gané incluso un concurso de poesía en Paraguay cuyos jurados eran escritores españoles. Yo tenía como trece, catorce años, y gané este concurso de poesía en el colegio. Entonces siempre dije, pucha, si tengo un programa radial o televisivo, quiero incorporar estos recursos, y la gente lo tomó bien. Pero además, cuando yo llego a Radio W, y en ese entonces me hace la entrevista laboral Rodrigo Sepúlveda, a quien lo quiero mucho, mi dupla también en Mega, él me dice: yo quiero que cuando se encienda la radio, se distinga que está Fulano, Sultano y Alberto López. No sé qué me puedes brindar, digamos, como distinto, y yo le dije: tengo esto, tengo el tema literario, tengo el tema de las canciones, tengo la poesía, y le gustó. No hay que abusar mucho del recurso, pero le gustó. Un recurso bien colocadito, resulta.

El “Grítalo si eres…” nació en una pollería. Me acuerdo que vivía en un octavo piso, en Santiago Centro, y me quedé con la frase Rodrigo Sepúlveda, de buscar algo. Eran como las tres de la mañana, por ahí, y pensando, ¿qué puedo inventar? Y pasa que un día estaba viendo el partido de Chile-Paraguay en una pollería, pollería Lorena, en San Lorenzo, Paraguay, con mi papá. Y Chile hace un gol. Clasificatoria Francia 98, y Chile hace un gol. No lo podía celebrar, y el dueño de la pollería era vecino mío, sabía que yo soy chileno. Todos agarrándose la cabeza, y yo por debajo de la mesa con el puño cerrado, celebrando. Y me dice, en frente de todos: “chileno, ¡gritá nomás si sos chileno! ¡Gritá nomás, boludo, si sos chileno!”. Así, tal cual, textual. Y ahí me acordé de eso, cuando estaba en el octavo piso, después de haber escuchado a Rodrigo Sepúlveda, que me decía que tenía que brindar algo distinto, y ahí dije... grítalo si eres chileno, no puedo decir gritálo, porque es paraguayo, así que grítalo. Y después, grítalo si eres cruzado, grítalo si eres... Empecé con todos los equipos, y ahí nació eso.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Hubo una revista muy importante a nivel mundial, y también a nivel sudamericano, que me incluyó dentro de los 10 mejores relatores del Mundial 2014. Yo soy católico y soy muy creyente, respeto mucho el tema de la religión, y no sé qué se me dio por cambiarle en un momento la letra al Padre Nuestro. Algo diferente quise mostrar, y gustó mucho. Me llamaron de todas partes, de España..., me acuerdo que me llamaron en una radio de Francia, tuvimos que ahí hacernos señas para entendernos. Pero de verdad que llamó mucho la atención desde Argentina, Brasil. Cuando digo “Eduardo Vargas, santificado sea tu nombre/ los goles siempre van a estar en tu reino/ se hizo tu voluntad aquí en Río de Janeiro, como en tantas ocasiones/ le diste el gol a Chile, le alegraste el día/ perdona a Iker Casillas por querer contener tu tiro, como él también te perdona porque le conviertes/ y no pierdas nunca esa tentación del gol, y libra a Chile de todo mal”. Eso gustó mucho, nació, fluyó. Muchos me preguntan: usted lo estudió, usted lo tenía anotado. Uno de repente prepara sí algunos relatos y dice: este relato que estoy pensando, que estoy preparando, quiero decirlo en una gran instancia, y encontré el momento: un gol frente al campeón del mundo vigente. Y también “el campeón se hace cobarde ante Chile”, que gustó mucho también.

El relato al que le tengo más cariño es el de Chile campeón de la Copa América. La de Alexis, que creo que es la más importante. La segunda, claro, ya íbamos un poquito más con el pecho inflado diciendo: somos los campeones vigentes. Pero eso por primera vez, prácticamente 100 años sin poder gritar Chile campeón..., se me pasó toda mi vida por delante. De repente el sufrimiento con los resultados, con la selección, todo lo que te decía al inicio, que mis compañeros a veces me tiraban la talla porque no ganábamos nunca, porque nunca habíamos gritado campeón. Entonces ahí me desahogué. Y fue un speech bastante largo, incluso está en YouTube por ahí, y fue exageradamente largo porque mis compañeros estaban llorando. O sea, todos mis compañeros de la transmisión estaban llorando, y yo no podía soltar el micrófono. No podía darle el pase a ellos, entonces tenía que sostener, sostener, sostener, sostener. Y además decía: yo también quiero llorar, po. Entonces, en un momento determinado, cuando ya se me empezó a quebrar la voz, mal, pero mal así, ya tuve que soltar, y vi a Carlos Costas, que ya estaba como un poquito mejor, el director de la radio. Ahí me quiebro, se escucha incluso un gallito en ese relato, y toma él la posta. Fue uno de los momentos más felices de mi vida.

He escuchado en general mis relatos. A veces me da vergüenza, digo, ¿cómo dije esto?, hay tanta cosa que digo… Yo creo que a muchos nos da vergüenza escucharnos, pero me he escuchado porque, claro, de repente uno va a un evento y te colocan, este es el Trovador con su relato. Entonces ahí va uno repasando, pero yo sentarme a escuchar, digamos, no. Trato también de desenchufarme un poco, trato de tener vida después del fútbol. Que no tengo nada en contra de los que respiran fútbol, yo también respiro fútbol, me encanta el fútbol y todo, pero trato de tener vida y trato de no escucharme mucho en ese sentido.

Me he mandado varias cagaditas, pero todos los relatores nos hemos equivocado. Errar es humano, y cuando yo me equivoco, yo digo, bueno…, el Tigre mismo dice: bueno, se equivocó para demostrar que es humano, como lo dice el gran relator Marcelo Araujo, que en paz descanse. La gente tiene que entender que uno se va a equivocar. Que se equivocó, se va a equivocar y se va a seguir equivocando.

Yo agradezco mucho el cariño de la gente, pero no solamente en redes sociales, también de la gente en la calle. La gente en la calle te dice: oye, gracias por relatar este partido así; gracias por relatar este gol así; o te preguntan, derechamente, cuándo vamos a verlo en la pantalla, y todo el tema. Y yo le digo, no, si yo estoy en la pantalla, no estoy relatando, pero estoy haciendo un programa, estoy haciendo un programa en TV+, que se llama Tipster, con Esteban Paredes, con el Kike Acuña, con Arturo Longton, de fútbol, pero tirando un poquito la talla. La gente me expresa su cariño en redes sociales, pero también en terreno, y eso es bonito, porque a mí me gusta el contacto con la gente. Yo soy de piel, lo que te decía hace rato. El tema de Paraguay también me brindó eso, de ser de piel, de ir a los barrios, de estar en contacto con la gente, no vivir en una burbuja.

Uno sabe que en esto va a estar expuesto, y al ser una persona pública, al realizar un trabajo que lo escuchan miles, millones de personas, sinceramente es muy difícil pretender que uno sea monedita de oro para caerle bien a todos. Es muy difícil. Creo yo que uno, si de repente de diez personas, seis te dicen me gusta tu trabajo, hay que quedarse con eso.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Para mí lo chileno es sagrado, y por eso, no se gritan los goles en contra de mi selección. Si algún que otro relator piensa que va a ser más profesional gritándolo, pucha, es válido también. Y lo aplaudo y obviamente le digo, sí, está bien, es un camino, un sendero a tomar, válido. Pero a mí no me nace relatar un gol en contra de Chile. No me nace. O sea, imagínate, no sé, un gol de Argentina frente a Chile, gritándolo ahí, como tirándome del cuarto piso del estadio para abajo, no. No me veo en eso. Que lo hagan otros, pero yo no me veo en eso, sinceramente. Porque tengo mucho amor, mucho afecto, mucho cariño a mi país, sobre todo que estuve tanto tiempo afuera. Y me hablaban tan lindo de Chile, y no se equivocaron, vine acá y estoy enamorado de mi país, la verdad.

¿Más frío que abrazo de relator? Podríamos agregar también, más frío que abrazo de comentarista, o de periodista, ja, ja, ja. Yo he visto por ahí cosas también que de repente... Mira, yo creo que a mí no me ha tocado nada malo al 100%, porque nosotros tenemos acá un grupo, un camarín súper lindo en ADN. Y amigo de otros relatores, es muy difícil serlo. O sea, nos saludamos y todo el tema, pero es difícil, porque relatamos prácticamente los mismos partidos. Entonces, de repente decirle a un relator, ¿sabís qué? Pucha, ven a la casa mañana, vamos a almorzar. Pero no, porque si él no relata ese partido, lo relato yo, o viceversa, o en definitiva relatamos el mismo partido. Es muy difícil, es muy difícil.

Yo no tengo ningún problema con nadie. Y si alguien quiere decir algo sobre mí, también es válido que pueda opinar acerca de mi trabajo. Es lo mismo de la gente: pueden opinar del trabajo. Lo cierto y lo concreto es que acá uno tiene que hacer su trabajo de la mejor manera, nomás; si se equivoca, se equivoca, si lo hace bien, lo hace bien. Y no hay que dejarse contagiar, o, mejor dicho, no dejarse empapar, y que te afecten esas cosas. Yo, sinceramente, las críticas no las tomo mucho en cuenta.

Uno no tiene que hablar mal del otro colega, y si tiene que decirle algo a alguien, es en persona, y no en público. Se felicita en público y se corrige en privado. Eso me lo enseñaron muy de chiquitito, y, sinceramente, hasta el día de hoy lo estoy cumpliendo a cabalidad. Y creo que siempre lo voy a cumplir, siempre, porque de verdad que no se tiene que hablar de otro colega.

Me siento muy cómodo en radio y televisión, incluso descanso bastante en el relato televisivo. ¿Por qué? Porque en el relato televisivo la imagen habla por mil palabras. En la radio tú tienes que ir rellenando y sin dejar silencio. Acá en Chile al menos, porque en otros países no es así. Pero acá tú tienes que dejar espacio, silencio en la televisión, porque, claro, tú no vas a decir “Mauricio Isla la lleva por el sector derecho” sabiendo que la gente lo está viendo, es como redundar. Ahora, yo veo relatos en Colombia y relatan en televisión como si estuvieran en radio. También me encanta ese estilo. De repente hacer un relato tan cansino, tan silenciado..., a lo mejor hay que ponerle un poquito de su cosecha también, y yo he tratado de colocarle eso y a la gente le ha gustado. Dejar silencio, pero no tanto tampoco. Yo creo que esa es la gran diferencia: el silencio de la televisión en torno a lo de la radio, pero en ambos me siento muy cómodo. Y creo que al relator que se inicia en radio le es mucho más fácil relatar en televisión. Aquí, al que se inicia en televisión, creo yo, agarrar el ritmo de radio le es mucho más complicado.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Mis maestros son particularmente Julio González Cabello y Arturo Máximo Rubin, los dos relatores emblemáticos de Paraguay y que son de la camada antigua. Me encantan a mí, son máquinas, como se dice. Y bueno, Marcelo Araujo, que en paz descanse, al cual tuve el privilegio de conocerlo, y a Víctor Hugo Morales. Me acuerdo que estaba en Buenos Aires, fui a cubrir un Católica-San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro, salgo del hotel porque ya me venía a Chile. Salgo muy temprano al aeropuerto, y veo que pasa un caballero muy parecido a Araujo. Y dije ¿será o no será? Iba cruzando la calle, entonces yo no sabía cómo decirle, preguntarle. Lo único que atino a decirle, así, en voz alta: “señoras y señores, aquí está el shileno, este es el fenómeno, el fenómeno”, y me queda mirando para atrás. Me dice: che, te sale bien, eh, te sale bien. Y cruzo, ahí obviamente supe que era él. ¿Cómo andas?, ¿de dónde sos?, me dice. Soy chileno. ¡Pa!, mirá vos, qué bien. Usted es mi maestro, le dije, pim, pum, pam... ¿Y qué va a hacer don Marcelo? No sé si iba a cobrar una jubilación, iba a cobrar una plata, algo, a un banco, y lo acompaño. Caminamos dos cuadras, conversando, lo acompaño a hacer la fila, todo el mundo saludándolo claramente, porque era muy querido en Argentina, y después me invita a un café. Nos tomamos un café antes de irme al aeropuerto, una media hora habrá sido, me pidió a ver si tenía algún registro de mi relato, le hago escuchar el relato, y me dice: che, lo hacés bien, eh, mirá vos, tenés buena voz; eso es lo que tenemos que priorizar los relatores —me dice— y los medios de comunicación, tener una voz de relator, porque relatar, puede relatar cualquiera, pero tener una voz potente, profunda, que marque una diferencia, con el cancha, reportero de cancha, o con el comentarista, eso es fundamental. Cumplí el sueño del pibe. Y después con Víctor Hugo también. Con Víctor Hugo estuve sentado en radio Continental con él, ahí, en un programa. Y sinceramente son dos grandes sueños que cumplí.

Le gané a Ricardo Arjona en el ranking de Bolivia, ja, ja, ja. El mismo productor que me lleva a hacer un programa ahí en Radio Nuevo Mundo, me dice ¿sabís qué? Tenís buena voz, tengo esta canción, ¿querís grabarla? Tengo un estudio. Bueno, fuimos al estudio, y me pasa la hoja, y empecé a grabarla por parte. Yo no sabía qué plan tenía este muchacho, y resulta que la manda a Ecuador, a Bolivia, y un día fui a relatar a Bolivia, Chile-Bolivia, en el Hernando Siles, ¡y empieza a sonar la canción ahí! Antes de eso, yo llego al aeropuerto y había una periodista, y me estaba esperando a mí, y yo no podía entenderlo. Pensé que quería hablar de fútbol, era de la Radio Estelar FM de La Paz, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba, una de las radios más importantes FM allá. Estaba con un micrófono: aquí está Alberto López, y, cuento corto, vamos a la radio. Ya, listo, a hablar de fútbol. No, me dice, como cantante. ¡Fui a la radio y me senté como cantante! Le dije que era relator también y todo el tema, pero ahí me dicen que en Bolivia estaba top 5 en Radio Estelar, por sobre mi maestro Ricardo Arjona, por ejemplo, que eso ya es algo potente. Por sobre Chayanne, que también me gusta. No he tenido la foto con Ricardo Arjona, pero le gané en el ranking a Ricardo Arjona, a mi maestro, número 5 en Radio Estelar. Y después, claro, me hacen la entrevista. Yo no podía creer esta cuestión. Voy al estadio al otro día y empezó a sonar la canción en la previa del partido. Estábamos al aire nosotros, y dicen: ¡Trova, tu canción!... pongo el micrófono ambiental y estaba sonando, y la gente la estaba cantando en el estadio. Más de alguno la tarareaba, la cantaba. Y después, con otro productor, ya sabiendo esta historia, me hace cantar con un gran amigo que se llama Samir, un gran cantante ahí, el tema es “El Momento”, una cumbia que también ha sonado en Paraguay y en otros países.

Yo no soy cantante, lo que pasa es que me gusta mucho el karaoke, porque vocalizo de esa manera. Entonces trato de vocalizar de esa forma, y en una de esas, si alguien me dice, querís cantar un tema... prendo de nuevo. Incluso el mismo Leo Rey en su momento, me dice que hagamos algo juntos, pero como relator. Pero en una de esas, Leito, si quiere hacer algo en dupla, podemos cantar.

Soy de Cerro Porteño porque es el club del pueblo. Gente sacrificada, barrio obrero. Es lo que representa el paraguayo trabajador. Relaté una vez Colo Colo-Cerro Porteño, el 2011, y ganó Cerro Porteño. Fue bien extraño, porque los goles en contra de los equipos chilenos tampoco se gritan. Y fue extraño porque soy hincha, pero no lo grité. Me puse contento después del partido, pero yo quería que le vaya bien al equipo chileno. Más allá de que yo soy hincha de Cerro Porteño, quiero que le vaya bien al equipo chileno, y aunque muchos no lo puedan creer, yo quería que Colo Colo pase de llave. Si tuviera que elegir eso, el equipo chileno por sobre mi corazoncito.

Yo creo que este año me voy a hacer de un equipo chileno. Puede ser que ya me sienta cercano a alguno, pero no sé si adelantar algo. Es que es un todo, es un todo. Es cómo juega, quizá el color de la camiseta, el tema de la hinchada... Estoy analizando todavía. Y obviamente le voy a pedir a la gente que puedan aceptar eso y que entiendan, porque, al final de cuentas, independiente que yo diga soy hincha de tal o cual equipo, voy a relatar los goles siempre de manera muy potente, sea de quien sea. Por eso, como no tengo un equipo acá en Chile, se me hace muy fácil relatar a los equipos chilenos.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Mi corazoncito decía Brasil para ganar el Mundial, porque es un país limítrofe con Paraguay, se escucha mucha música brasileña y yo hablo un poquito de portugués. Pero era por un tema de corazoncito; futbolísticamente hablando, Francia. Yo creo que es la selección más completa que hay. O sea, la otra vez estaba frente a Paraguay en un partido súper cerrado, y entró Doué y te cambia el partido. Y si no está Doué, está Mbappé, Dembelé, o sea, tenís puras figuras, puras figuras y tremendos jugadores. Es lejos la selección más completa que hay.

Lo del Chila no me sorprende, porque él siempre ha sido así. Yo conozco al Chila desde que empezó a jugar y todo el tema, y siempre tenía esa forma de expresarse. Incluso, en una Copa Mercosur, juega Vélez Sarsfield contra Olimpia. Ganó Olimpia, si mal no recuerdo. Roque Santa Cruz le hace los goles, o el gol, no sé. ¿Y qué hace él? Vélez no lleva la camiseta de recambio, la azul, y lleva la blanca. Según dicen. era Chilavert el que había ideado eso, de ir solamente con la tenida oficial. Y no tenían recambio. Su sueño era jugar un Cerro Porteño-Olimpia, un clásico. ¿Qué hace Chilavert? Dice en el camarín: muchachos, pidámosle la camiseta a Cerro Porteño y juguemos con la camiseta de Cerro Porteño este partido por Copa Mercosur. Cumplió el sueño de hacer un superclásico porque quería, psicológicamente, matar a los dos Olimpia psicológicamente. Bajarlos psicológicamente. Bueno, no le funcionó. Pero le colocaron solamente la insignia de Vélez Sarsfield a la camiseta de Cerro Porteño, y por Chilavert. Tiene esas cosas. ¿Qué le va a decir uno? Si está bien o está mal, Chila es así.

He estado con Messi, he estado con Cristiano. He estado con Iniesta, que me dejó una enseñanza de vida... me acuerdo que en Chile-España, pasa y justo tiraron a la pausa en la radio. Yo decía: estoy con Iniesta, y no me dieron el pase. Y él me dice ¿y qué pasó? No, es que tiraron a la pausa. Me dice, pregúntale cuánto dura la pausa. ¿Cuánto dura la pausa, muchachos? Cuatro minutos cincuenta. ¿Listo? Cuatro minutos cincuenta, anda nomás. Yo te espero, me dijo. ¡Iniesta me espera cuatro minutos cincuenta y me da la nota! De otros países decían pero mientras esperas, ven con nosotros. No, yo voy a esperar primero y después voy con ustedes. ¡Qué enseñanza de vida! Campeón del mundo y me da esa enseñanza de vida. Ojalá los jugadores actuales puedan aprender eso de los grandes. Muchos hoy en día no quieren hablar.

Me encontré con Maradona en Brasil. Me acuerdo que Maradona venía de frente. Yo estaba por TVN, iba saliendo y veo a Maradona y le digo: Diego, ¿una fotito? Sí, ningún problema. ¿Sos de Chile?, me dice, porque tenía una banderita acá en la camisa. Cuando vamos a los mundiales, los medios te ponen una banderita de tu país. Sí, le dije. Yo adoro Chile, me dice. Diego, ¿te puedo hacer una nota? Mirá, me dice, yo cobro la nota, pero no te la voy a cobrar a vos porque sos de Chile..., pero te voy a pedir treinta entradas premium para que venga mi familia a ver el partido Chile-España mañana. Porque era el día anterior de Chile-España. Yo le digo, ya, listo, ningún problema. Me saqué la foto y todo. De hecho, la tengo en Instagram. Y voy, entro a TVN me acuerdo y les digo: muchachos, tengo a Diego Maradona, pero parece que cometí un error. Les digo que le ofrecí treinta entradas por la nota. Pero, ¿qué problema hay, Trova? Si aquí la FIFA nos da cincuenta entradas premium diariamente. Fuimos, pa, hicimos la nota. Nos dio la nota Diego y eso fue algo impresionante. Lo entrevistó Pedro Carpuro, sí, pero yo también estuve con Diego. Y lo otro que me pasó, que no le hice la entrevista, pero me saqué una foto, fue con el fenómeno Ronaldo. Estábamos en Londres, un partido de Chile-Brasil. Y le digo al productor de Mega, porque fui por Mega, que me encantaría sacarme una foto con Ronaldo. Me encuentro a la subida del ascensor con él. Y me pregunta si tengo la formación de Chile. Yo iba con mi cuaderno, de hecho en la foto estoy con mi cuaderno. Y se la paso, y la empieza a repasar, me saco la foto y todo el tema. Justo cuando me saco la foto, el productor le habla y en la foto sale mirando para otro lado, pero igual, es una foto con él. Bueno, voy a mi cabina, y mi cuaderno lo tenía Ronaldo. Voy a la cabina donde estaba, golpeo la puerta, pido permiso, y me dice: ¿te olvidaste de tu cuaderno? Puta que soy huevón, me dice, ja, ja, ja. Y fue el huevón más lindo que he escuchado en mi vida.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Sueño con relatar a Chile campeón del Mundo. Un Chile, no sé…, un Chile-Francia, un Chile-España, pero Chile coronándose campeón del mundo.

Retomé el tema de la conducción, que hace mucho tiempo no lo tenía, no lo hacía, y me tiene muy contento. De verdad me tiene muy, muy contento, es algo muy bonito. Estamos con un panel ahí espectacular, liderado también por Gonzalo Jara, bicampeón de América, el Tigre, El que más sabe. Bueno, están todos los de la radio, y estoy muy contento ahí, y ojalá siga creciendo en esto.

Mi mayor satisfacción es dedicarme a lo que me gusta, disfrutar de mi trabajo.

Yo soy muy agradecido, vivo siempre en gratitud, entonces, ante la adversidad, veo de manera positiva las cosas igual. Y cada adversidad que pueda haber, hay una forma de salir adelante, de superarla. Pero no veo cosas difíciles.

En cinco años más me veo relatando este sueño que tengo, a Chile campeón del Mundo.

Si no hubiera sido locutor/relator, me hubiera gustado ser futbolista. Era delantero, hacía puros goles de cabeza. ¡Y hacía goles de cabeza en Paraguay! Eso llamaba la atención.

Mi referente es Iván Zamorano. Sí, Zamorano entre otros.

¿Apodo mío que no se sepa? Berchi. Ber de Alberto, Chi de Chile. De chiquitito mis padres me lo decían, y después en Paraguay me decían Chile. Chile. ¡Eh, Chile! ¿Cómo andás, Chile? Yo era Chile. Entonces representé a nuestro país siempre, ja, ja, ja.

¿Un sueño pendiente? Podría decirte volver a la TV en el plano profesional… y viajar. Me gustaría viajar a Europa, pero de vacaciones, por ejemplo. Me gustaría ir a Francia, a París particularmente. Acompañado, claro, ja, ja, ja. Pero eso me resuena un poco, porque me hace ruido. Lo hice gracias al fútbol, pero siempre en coberturas. La gente piensa que uno va y disfruta, y claro, uno disfruta, pero también uno está mentalizado en el trabajo.

No sé si es cábala, pero soy muy creyente, entonces me hago la señal de la cruz. Me persigno siempre antes de un partido.

¿Frase favorita? Yo soy mucho de música, de fe, hay muchas frases de fe, pero te voy a decir una de Arjona,que a muchos les puede gustar, a otros no, pero: “Es tanta mi fe que, aunque no tengo jardín, me compré una podadora”. Es una frase muy bonita que te da pa’ pensar.

A mí me gusta mucho Arjona. Aparte que en Paraguay les gusta mucho, entonces cantaba temas y era como que me resultaba bastante para amenizar una fiesta, alguna reunión familiar. Me llamó mucho la atención que acá lo escondan tanto, pero yo creo que son más los que lo quieren y lo siguen que los que no. Pero volvemos a lo mismo: si uno es público, te van a querer y te van a odiar. Esto es así. Y el que no tenga claro eso, que no se meta a un tema público, o que no sueñe en ser un personaje público. Si no lo va a resistir es complicado.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

Las comidas paraguayas que más me gustaban eran el chipa guasú y la milanesa, a mí me encanta la milanesa. El chipa guasú es una especie de queque, pero de choclo con queso derretido, con cebolla, es muy rico. Y acá la cazuela me encanta, obviamente. Pero de la empanada de pino soy fanático. Y de los italianos. Yo soy fanático de la palta, entonces una vez casi me intoxiqué comiéndome seis italianos en el día, caí a la clínica. Me gusta el tema de la palta acá, porque en Paraguay se come la palta, pero dulce: se hace jugo de palta con leche, entonces mis papás siempre mantuvieron la tradición de comer palta con aceite y sal en el pancito y todo. Llegué aquí y era todo con palta: ¡espectacular!

Trabajé de control de calidad en una empresa de computadores, también repartiendo incluso digamos los respectivos repuestos de los computadores. Trabajé en centros comerciales, haciendo locución, eventos varios. De verdad que he sido bien movido, estoy muy orgulloso de todo lo que he hecho en la vida. El trabajo te dignifica.

Con mi primer sueldo me compré unos zapatos de fútbol, unos Puma Okocha de color rojo. Me compré eso, le di también a mi familia un poquito de plata y me compré un celular, porque obviamente ya me quería dedicar al tema radial y tenía que tener un número de contacto por si me querían contratar por ahí. Los zapatos tienen una triste historia, porque al final de cuentas los inauguré, hice cuatro goles, ganamos 5 a 1 me acuerdo, un partido amistoso que hicimos, con público y con todo. Pero me lesioné. Hago un gol de cabeza, viene un centro, cabezazo, al ángulo, no sé cómo me elevo tanto y se me mete un defensor, me hace como un banquillo y caigo con todo el tobillo. Después me quise parar y el tobillo estaba suelto. Me seguía cayendo, dejé de sentir mi pierna derecha y me asusté bastante, terminé llorando.

Tuve una fractura de tobillo y, lamentablemente, no fue bien llevada la lesión porque solamente me pusieron yeso y era para operación. Hubo una rotura de ligamentos, no me acuerdo qué era, pero se trató con yeso solamente. Ahora no tengo la movilidad al 100% del tobillo derecho. Ahora de repente estoy jugando y como que se me tuerce el tobillo y se me inflama. Quedó algo crónico.

Me gusta pasear mucho con mi perro. Es un Yorkie chiquitito y me gusta salir a caminar con él y con mi novia a distintos parques. Hacemos ese plan; nos gusta mucho caminar ahí con nuestra mascota, con Rubí, que es mi novia, y sinceramente eso me es gratificante. Es un momento de calidad, pausas necesarias. Son como vitamina para uno.

Además de Arjona escucho a Montaner, Leonardo Favio. Me gusta mucho el tango también…, mucho el tango y eso. Creo que por ahí va la mano.

Lloré con Titanic. Imagínate de la época que te estoy hablando. El tema romántico ahí fue bien potente, además lo vimos en el colegio y todos llorando. Me contagié también.

Foto: Pablo Vásquez R. | La Cuarta Pablo Vásquez R.

No soy como de las típicas series, pero por ejemplo vi una que se llama El Dragón que era muy buena. Estoy esperando a ver si tiran la segunda temporada. Vis a vis también, que me la recomendaron. Café con Aroma de Mujer también, una antigua que la vi ahora. La Reina del Flow también. Diomedes Díaz también lo vi, también de Colombia. Me gustan esas series. De repente quedo colgado cuando dicen la serie tanto, tanto, está de moda. No soy de ver como la serie de moda.

Trabajé incluso con un parapsicólogo una vez, le atendía el teléfono y todo el tema, pero no creo mucho en el horóscopo. Lo leo y me gusta todo el tema. Es como que si te dice “hoy día te va a ir mal”, te contagia esa cuestión. En realidad no sé si decir que no creo… pero dejémoslo en que lo leo.

¿Si pudiera tener un superpoder? Que no que no hayan necesidades. Sobre todo veo mucha gente, no sé, en condición de calle y me gustaría ser poderoso para que todos tengan su techo. O sea, que se dignifique ese ser humano, que tenga comida diaria, que tenga su ropa suave, caliente su techo. Eso me gustaría.

¿Placer culpable? Yo como mucho, me dijeron que afloje y estoy aflojando un poco, ja, ja ja. Empecé con el gimnasio, pero como que soy medio intermitente, así que trato de cuidarme: como mucho pero como bien. Como huevo porque es proteína, un salmoncito porque te hace bien. Pero como harto.

Yo no tomo ni fumo. No tengo nada en contra de los que toman o fuman, pero nunca he tomado y nunca he probado ni siquiera el cigarro. Y bien porque mi profesión así te lo exige un poco.

Si pudiera invitar a tres personas de toda la historia a un asado sería a Marcelo Tinelli, Don Francisco y Ricardo Arjona. A mí me encantaría invitar a Marcelo Tinelli porque lo seguí desde muy chico, en Videomatch. Es uno de los mejores animadores. De hecho, he intercambiado algunos mensajes con Marcelo, y es un tipo súper cercano, gran persona. Don Francisco, que también para mí era el animador a seguir. Lo veía en Sábado Gigante Internacional y además es chileno. Y para que ponga la música Ricardo Arjona. Para sacarme la foto esa que tanto anhelo. Y, claro, para que amenice la cena o el almuerzo.

Alberto Jesús López es un obrero del dial, un servidor del relato deportivo. Un simple relator de fútbol que disfruta lo que hace.

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