La Firme con Natalia Valdebenito: “He perdido plata, he perdido popularidad, he perdido seguidores; prefiero ser honesta”
Entre sus labores de comedia, y por estos días en una obra teatral, cuenta su historia y presente: “La disciplina es mi cárcel, brígido”, confiesa. También habla su planes, ¿volverá al Festival de Viña?, y repasa la “persecución política” que enfrentó tras la tragedia de mineros de El Teniente. “Me han funado por todo menos por fome”, saca pecho.
—No le tienes buena a La Cuarta, ¿es así? —pregunta el reportero del medio en cuestión
Natalia Valdebenito González (46), sentada en un sillón en el foyer del Teatro Nescafé, en Providencia, responde sin dejar dudas:
—Llevo 18 años sin hablar con La Cuarta.
—¿En serio?
—Sí
—¿Y por qué?
—Porque no me gustaba el punto de vista respecto a las mujeres, y me parece interesante si uno tiene la posibilidad de decir algo al incluso guardar silencio. No soy nadie para vetar, sino elegir dónde estás.
—¿Qué cambió?
—Nada, pasó rato y quiero ver, po’ —dice y se ríe—. No es que confíe completamente, pero quiero ver...
Aclarado ese asunto, la comediante, que cada tanto se abanica para apaciguar el calor tras su arribo al lugar, conversa a propósito de un par de funciones de las que será parte el 25 y 26 de marzo, El asilo contra la opresión, escrita por la periodista Alejandra Matus (entradas, AQUÍ). En esta propuesta estrenada en el 2023 Valdebenito interpreta nada menos que a una “detestable” Lucía Hiriart, según describe al papel que le fue encomendado, señora de Augusto Pinochet.
—La obra El asilo contra la opresión es volada, no es realismo —aclara de entrada para quien no la haya visto—. Es una propuesta de la Ale Matus, que juntó a Los Contadores Auditores (guionistas y directores teatrales) armaron esto.
Antes, frente la cámara para esta entrevista, Valdebenito posa de buena gana en distintos rincones del foyet: “Estamos trabajando”, comenta mientras mira hacia el lente. “Estoy puro confiando”, agrega al recibir instrucciones. Sentada en un piso junto a la puerta de entrada, tira la talla cada vez que se puede: “Estoy de recepcionista”. Siempre, en su vida cotidiana, está probando chistes que, en el mejor de los casos, se convertirán en parte de sus shows.
En entrevista con La Firme, la actriz repasa desde sus inicios formativos en Barrio Franklin, cuando disfrutaba haciendo reír a su madre y sólo anhelaba ser adulta de una vez por todas; su camino formándose en televisión para, algún día, al fin poder llamarse a sí misma “comediante”; el hito del 2016 de ser la primera mujer en más de una década en presentarse en el Festival de Viña y, además, declarándose “feminista” y con gran éxito; un colapso en su obsesión por el rubro de la risas; las “funas” que ha enfrentado por cosas que ha dicho y que no; los cruces mediáticos que ha protagonizado; la reciente y cruenta polémica por un comentario que hizo sobre los mineros que murieron con el derrumbe en El Teniente; sus condiciones para regresar a la Quinta Vergara; balances del gobierno de Boric y sensaciones ante el arribo de Kast; entre muchas otras cuestiones de mayor y menor importancia, de aquí en adelante.
—Seguro saldré de acá y diré “mierda, qué dije” —bromea entre medio.
LA FIRME CON NATALIA VALDEBENITO
Un recuerdo de niña en Barrio Franklin es mi abuela, la plaza e ir al matadero tipo feria a comprar todas las mañanas. Teníamos como patio principal dos plazas; hizo que tuviéramos, además de la casa, el barrio como propia casa. Pese a que si salías un poco más allá era más peligroso, nos manejábamos bastante bien. O sea, nací con calle, jajaja.
Nací, en parte, gracias a que mi mamá le hizo una manda a la Virgen de Lourdes. No soy católica. Tuve colegio católico y mi volada MÁS CATÓLICA fue cuando hice la Primera comunión y me entregué como si hubiese estado recibiendo una droga, y dejé que el espíritu de anda a saber quién, entrara en mí, ¡y lloré!, en catarsis. Fue mi único acercamiento al catolicismo. Pero ya después, cuando tuve la decisión de hacer la Confirmación, no lo hice. No me he casado y no he cumplido con ningún sacramento más.
“No se confundan por mis ojos claros, vengo de Barrio Franklin”, he dicho. Se notaba precario y todo, pero yo veía que mis padres se sacaban la mugre hasta hoy —mi papá trabaja como comerciante—, y se veía la dificultad. Nunca viví en pobreza, no lo puedo decir así, no sé mis padres tienen algo que contar; pero se notaba la precariedad y el esfuerzo. Aparte iba en un colegio de una mirada súper amplia, nos permitía ver la realidad y no cerrarnos ante eso.
No me gustaba ser cabra chica, encontraba que era fome y que había que esperar a crecer. Todo eso me parecía un trámite demasiado largo, en el cual había que estar lo más bien posible —lo pasé muy bien, porque fui a puro reírme al colegio—; no era especialmente maldadosa, sino que me gustaba el hueveo. No le encontraba ninguna gracia a ser niño, supeditada a la realidad de los grandes el tomar decisiones; podía ver que mis padres hacían un esfuerzo para comprarnos ropa que me cargaba, pero me la tenía que poner porque era su esfuerzo. Podía ver esa realidad, era una niña vieja de mente... Y lo sigo encontrando fome. No me arrepiento de nada, encuentro que lo mejor es crecer... (Pero) me gustan los niños.
Sentía que era muy difícil desarrollarme en el colegio con lo que yo creía, pero al mismo tiempo lo pasaba increíble y encontré a mis mejores amigos hasta hoy. No puedo desmerecer tampoco mi experiencia en el colegio; al contrario: creo que con el tiempo uno va creciendo y se va dando cuenta lo valiosas que fueran ciertas cosas, como “mierda, mi viejo sí tenía razón”. Mientras más vieja me hago, más comprendo esas cosas. Pero creo que todos tienen pesadillas con Química y Matemáticas, jaja, ¡mi perdición!
Cuando chica no era especialmente alegona. Alegona porque, francamente, en nuestro país con cualquier persona que diga que algo “no me parece” todos se asustan. Y yo siempre podía ver eso, que me podía atrever y el resto no. Creo que mi mente no estaba conforme con lo que veía, sino que yo era la que podía a veces levantar la mano y decir que algo me parecía injusto. Pero no era “la niña alegona”... Era indiferente, alejada un poco. No era la que hacía el show de fin de año ni la actriz del colegio.
Me gustaba hacer reír a mi mamá porque veía que no era tan feliz como mi papá. Fue la primera visión feminista que tuve, como de preguntarme: “¿Por qué mi mamá se ríe menos?”... Bueno, mi papá se reía bastante, es divertido... Si miras fotos de las mujeres de los 80 y de los 90, a lo mejor no se veían tan contentas. Me gustaba era escuchar su risa, hasta hoy.
Desde siempre tuve la inquietud de ser actriz. Creo que fue gracias a que nací frente al Teatro Huemul, que fue muy importante, sobre todo culturalmente, porque además se construyó para las familias pobres, y se les daba bastante dignidad con la casa, porque donde yo viví, por más que nuestro presente era precario, era absolutamente sólida. Y frente a este teatro, interactuar con los actores y actrices, al ver las obras de teatro —que imité varias— me caló hondo, y sin esa cuestión de: “Yo quiero ser actriz”. Yo estaba callada, en lo que se significaba ese trance culeado de pasar de chica grande. No iba a ser actriz tan rápido, entendía mi presente, no le iba a pedir a mis viejos que me llevaran a la escuela carísima o colegio que me diera ese roce. Estaba lejos absolutamente de todo lo que pudiera ser el éxito.
Cuando entré a “El clan infantil” de Sábado Gigante (Canal 13), con mi hermana empezamos a huevear: “Llévennos, llévennos”, jajaja, ¡y quedamos las dos por lo demás! Ese periodo es de aprendizaje, absolutamente (A propósito del abuso que habría presenciado de un camarógrafo a uno de los niños, según denunció en el 2017), en todos los aspectos. Entendí cómo iba el mundo para los hombres y de qué había que cuidarse. Yo tenía nueve y diez años. Odié ser conocida; como era chica, me incomodaba a lo mejor, no lo sé.
Mis papás al tiro me apoyaron con estudiar Teatro (Escuela Teatro Imagen, de Gustavo Meza), ¡a pesar de todo!, a pesar de las incertezas, ¿porque qué certeza iba a haber? ¿De dónde? A pesar de lo difícil que era económicamente y todo eso, de inmediato me apoyaron. Mi papá me dijo que si no me destacaba no iba a existir y “aquí el que destaca existe”. Lo engrupí, le dije que “sí” y fui MUY matea, me dediqué a puro estudiar. Después me lancé en la vida y me puse más desordenada, cuando salí de la universidad. Había que cumplir.
Cuando entré al Cabra chica gritona (Vía X), me di cuenta que todo el mundo se conocía: todas habían ido al mismo colegio, menos la Jenny (Cavallo) y yo; todos eran primos de alguien; todos se habían acostado con alguien... y yo todavía no cumplía ni con la última, ¡y las primeras no las tenía! Desde ese lado, me di cuenta que vivía en una burbuja bastante cómoda, y que el mundo era súper más injusto y que me iba a ser mucho más difícil. “¿Cómo lo voy a hacer?”, dije. “No soy nadie acá, ¡nadie!”. Y gracias a los castings quedé po’. Al Cabra chica y al Club de la comedia llegué por casting.
Cabra chica gritona me dio la comedia. En el primer examen de la escuela de teatro me había sacado el manso 7 con comedia. Ahí quedó el bichito, había algo que entendía. Me río cuando digo que ahora todos quieren ser comediantes, porque no todos son comediantes.
El stand up no es lo mismo que ser comediante; hago la diferencia. Creo que el comediante tiene otras herramientas: entiende los ritmos, los silencios, entiende al público, tiene información de historia del arte, desde dónde sale esto. Aquí no discrimino a nadie. Sólo me pongo a mí una vara alta para decirme “comediante”, porque me llamó la atención que en un momento todo el mundo era comediante y era como: “¿Por dos veces que hiciste stand-up?... No” o “¿Por un chiste que te haya salido bueno? No”. Se construye con más años.
Antes los actores y actrices veían la comedia como un género menor... ahora todos quieren ser comediantes, jaja... Yo tenía cero ese complejo. Lo único que no sabía era qué tipo de actriz quería ser, porque muchas cosas no las encontraba tan interesantes, como ser actriz de teleserie —con mucho respeto—, que encontraba que era como “¿Tengo que estar dispuesta a que me llamen? ¿Toda mi vida se tratará de que me llamen?... No puedo con eso”. Y en la época que aparecieron las Tamara Acosta y todas, que ese era al tipo, para mí era imposible: uno sabe su casting y dónde puede caber o no. Hice un diplomado de Pedagogía teatro y empecé a hacer clases. Me interesaba mucho la independencia —que mis viejos nos metieron mucho ese rollo— y me parecía súper agobiante esto de “pertenecer”.
Del Club de la Comedia (CHV) me fui por huevadas machistas y se hacía insoportable trabajar ahí. Me fui a viajar a Europa y la India cuatro meses. Leí varios libros —soy buena para leer—, entre ellos una biografía de Édith Piaf. Tal vez por eso tengo respeto de ponerme ciertas etiquetas, o me demoré un poco más de tiempo en decirme comediante, porque cuando empecé a leer personas como Piaf y me llené de inspiración, me di cuenta de que me faltaba mucho para parecerme a quienes admiro. No quiero parecerme a alguien que conozcas, quiero estar más cerca de la gente que admiro. Y sentí que me faltaba un montón de cosas, obsesión y más rigor. Si bien llevaba diez años haciendo stand up, igual no sentía todavía qué tipo de comediante era. Todavía me lo pregunto. Me lo pregunto siempre. Todo me lo pregunto.
Me di cuenta que la obsesión era un valor de los personajes que admiro, jajaja. La obsesión tiene la otra cara de la “auto esclavización”, absolutamente: la disciplina es mi cárcel, brígido. Siempre tengo que estar tratando eso. Mi doctor me dijo “hablemos de la obsesión” y yo la terminé defendiendo, como “¡si no fuera por la obsesión yo no habría logrado todo lo que he logrado”. Implica postergar otros aspectos de tu vida, tu tiempo, cuerpo y tu voz.
Encuentro enfermamente la lucidez, jajaja. Encuentro que soy muy lúcida, y lo siento desde niña, que tengo paila para escuchar todo y veo todo. No ando escuchando música piola. No soy esa persona. Estoy atenta a todas las cosas. A esa lucidez me refiero, y la uso mucho en el escenario para que la cabeza me estalle de la cantidad de información que tengo y pueda conectar al público. No me voy a atribuir —menos en La Cuarta— hartas capacidades, jaja. Lo que sí puedo decir es que tengo buena paila, desde muy chica soy muy sapa y muy atenta a mi entorno. Creo que por eso escribo, observo y puedo hacer la pega que hago, porque estoy muy conectada con la gente.
La otra vez, Rodrigo González, comediante, me hizo una entrevista por un libro que está haciendo, y me preguntaba por qué no me había unido a ciertos grupos y yo le decía: “Porque no los conozco”, jajaja. Salí de El club de la comedia, me fui a viajar, volví a TVN, ahí hice unos años, después me retiré de la tele, llegué al Campo minado (Vía X), me echaron y llegué al Festival de Viña. Siento que mi camino ha sido bastante particular y que todos los caminos son muy personales y particulares.
Hice el Café con Nata, en Súbela Radio, casi doce años, ¡y esos doce años estuve trabajando en la noche también!... Noche, mañana, noche, mañana... casi todos los días... y dormía tres o cuatros horas, por años... Era mucho, y nunca llegué con caña ni tarde. Me he perdido mucho de carretear, caleta de cosas que elijo no estar para cuidarme y estar bien con mi voz; si necesito hacer tres funciones el fin de semana, tengo que estar bien, comer y ojalá dormir bien. Priorizo siempre el trabajo por sobre la vida personal, o sea, de ir a algo familiar —no en las cosas que corresponde, por supuesto: si hay que llevar a mi madre a alguna parte, lo haré—; en lo cotidiano, SIEMPRE priorizo el trabajo. Creo que ahí está la obsesión.
¿Cuándo me empecé a sentir comediante?... ¡Uy! Creo que probablemente antes del Festival de Viña, cuando empecé con otras herramientas, como la improvisación. Hay que tener más herramientas para llamarse comediante. ¿Y cuando uno empieza a vivir de la comedia? (Pregunta reportero) No lo creo, porque el comediante tiene que ver con el arte del teatro y la interpretación, entendimiento del arte de la comedia: no hacer chistes. Tiene que haber una propuesta, una forma de hacer las cosa, tu vestuario y todo dice y significa algo. El cuenta chistes, no lo es, según yo.
Después de que me fue bien en el Festival de Viña rechacé todo... Ahora tendría un helicóptero para irme de vacaciones... Me ofrecieron de todo: tele, publicidad y todo. Pero yo ya era grande, tenía treinta y tantos años, y sabía lo que quería. Acepté poco de lo que se me ofrecía. Me inventé mi propio camino. Mucha gente, cuando me fue bien en el Festival, me dijo: “Ahora tienes que agarrarlas todas”, y yo dije: “No, ahora es cuando haré todo lo que yo quiera”. Hay tan pocas posibilidades en nuestro país que siempre se siente que hay que aprovechar las oportunidades, así te queden o no, sean parecidas a ti o no, o te gusten o no: es brígido, hay que aceptarlo todo por dinero y fama. Yo como soy desobediente y parto para el otro lado, siempre pienso un poquito y digo: “No me sentiría cómoda ahí”, “no soy buena para esto” o “creo que otra compañera lo haría mejor”. Siempre he estado súper conectada con lo que no quiero.
La “Chiqui” Aguayo me dijo una vez “estoy agarrando todas las pegas que tú no agarraste”, jaja, porque dejé de hacer eventos de empresas apenas pude. Eventos de empresas para funcionarios, sí; es muy entretenido. Pero para gerentes generales, nunca más.
Siempre me han puesto un tope y mi labor es pasarme ese tope. Es divertido. Tiene que ver con que es una cosa que está viva. Por eso vengo del teatro. Por eso hago la diferencia con el stand-up, o con la misma tele: el teatro es arte vivo, y ahí está la “impro”, el pensamiento de uno, el presente y todo, entonces juegas con ese presente. Si me presento en los Premios Caleuche, sé lo que piensan de mí, y juego con eso; y si creen que yo puedo llegar hasta ahí, probablemente me paso un poquito. Mi labor es esa porque también hay una expectativa. Y bien lo hago, jajaja.
El escenario se volvió mi lugar seguro y en otros aspectos de mi vida empecé a fallar, en el 2019. Tenía una depre que no había captado muy bien. Y como síntoma empezó a aparecer que yo para lo único que tenía memoria, energía, vida, ganas y todo, era para actuar. Para todo lo demás estaba muy cansada, muy desconectada, no queriendo salir. Lo que yo no sabía era lo que venía. Después tuve un colapso grande. Eso me salvó y abrió la puerta para que me pudiera recuperar, hacer terapia y todo. Pero era el acarreo de una depre grandota. Y el ÚNICO lugar (seguro) era hacer stand up en el teatro, para lo ÚNICO que tenía cabeza y energía —y para mi sobrino, que es el aire que yo misma me doy—. Es ahí donde no tengo miedo, y sigue siendo así. Por eso digo que mi cárcel es mi disciplina, porque todo lo solucionaba en el escenario, como “¿Estoy enferma?... me voy a recuperar”, después de funerales, recién pateada y en todas las situaciones. En un momento lo usé como un “refugio”. Estaba trabajando mucho y donde más me podía sentir mejor era trabajando, pero no estaba resolviendo todo lo que me dolía. Llegó la pandemia, paré todo —no hice show online ni nada— y me dediqué a hacer 1.500 otras cosas y a recuperarme. ¿Qué me dolía en esa época? (Pregunta del reportero) Eso es mucho más profundo. Acarreaba una junta de cosas.
Nunca he trabajado con guionistas para mis shows. Hasta ahora, no lo he necesitado. Siento que, por lo menos mi comedia, es muy de autor: huele, sabe y se escucha a mí. Me encanta que me den ideas, socializo mucho los monólogos y por lo general no pruebo las rutinas antes de los shows: me voy con todo el día del estreno. Conversando ahora, puede que pruebe unas tres cosas y no te des ni cuenta. Siempre estoy pensando. Pero si algún día necesitará ayuda, la pediría.
No me interesa caer bien o pertenecer a grupos que no soy; el clasismo, sé de dónde vengo, entonces no me interesa pertenecer a una clase alta, acomodada, o que me vean de una manera para que pienses ciertas cosas. Agradar, cambiar para acomodarme, nunca, ¡nunca! Es pesado, pero también me ha dado la consecuencia que creo que me caracteriza. Y ser “desobediente” tiene que ver con que todo el mundo va para un lado y yo voy para el otro: no soy influencer (todos los compañeros comediantes lo son); no entro en el mainstream porque no me interesa, aunque todos lo estén haciendo, no tengo “FOMO”, jaja, no tengo la necesidad de estar (donde todos están), ¡todo lo contrario! Nadar un poquito contra la corriente: todo el mundo hace tiktoks y siento que todo el mundo se copia entre ellos, y ahí es donde no me sumo; no estoy en contra, no tengo ninguna opinión (tengo amigas que hacen aquello), pero YO no me podría sumar. No lo sentiría natural.
¿Aunque me podría dar popularidad e ingresos? (Pregunta reportero) ¡Todo! He perdido plata, he perdido popularidad, he perdido seguidores; prefiero ser honesta. Creo que tiene que ver con mi brígida identidad y personalidad —que ya a estas alturas la conozco—. Cuando me sumo a la masa, me siento absolutamente fuera de mí y me siento más incómoda si hago algo porque los demás lo hacen: no me sale natural.
No tiré ni una piedra para el estallido social. Ha sido una utilización mediática de mi imagen. Y me acusaron de quemar el Metro. No hice un llamado a quemar nada y me dicen: “Hiciste un llamado a quemar Shile”... ¡¿Cuándo?! ¡¿Cuándo?!.... Todavía no sabemos quién quemó el Metro, me encantaría saberlo también. Es absolutamente mediático y manipulado por la derecha. No me hago cargo de lo que ellos digan. Estoy tranquila con mi actuar.
“Prefiero el caos el 2019 al programa desalentador que tenemos ahora”, dije en el 2023 en una entrevista a The Clinic. Absolutamente de acuerdo, jajaja. Es que el caos nos hace más reflexionar y pensar. Lo que estamos viviendo ahora es muy extraño, como una inercia muy fuerte. Obviamente del 2023 al 2026 es distinto, pero el caos es más reflexivo, pasan cosas; en la inercia te mienten y engañan. Pero obviamente me gustaría que todos estuviéramos tranquilos. No es que quiera el caos ni que nadie salga a quemar nada. Lo dejo claro. Pero lo decía en términos también de reflexión, de mirar nuestro país con ese afecto que en algún momento apareció.
Seguro saldré de acá y diré “mierda, qué dije”. Es mi propia pasión la que me ha llevado de pronto a equivocarme... Ni siquiera: cuando me he equivocado ni siquiera he estado tan apasionada, pa’ qué estoy con cosas. “En lo que más me puedo llamar la atención a mí misma es mi desbordada pasión”, dije hace unos meses en The Clinic. Hablaba en contextos de cómo me la jugué también políticamente. A eso me refería con la “pasión”, al haber prestado mi cara, compromiso, convocatoria y todo eso, al Apruebo y al Rechazo, por ejemplo, en vez de preguntarme: “¿En qué mundo estoy metida?” o “¿Cómo son estas personas?”. Quedé absolutamente asqueada del mundo político, o de lo que eso significa. Me ganó la pasión por la idea sin medir las consecuencias de todo lo demás: el descuido de mí, el tiempo que le estaba dando y la pasión que puse. me puede pasar en cualquier momento, en todos los aspectos soy muy apasionada.
El gobierno de Boric me dejó un gusto de... Mmm... desorientada respecto a esta imagen de tanto cariño que sienten algunas personas... Lo veo desde afuera a estas alturas. No me siento apropiada de ese sentimiento. Ya no me siento dentro de la discusión, estoy SÚPER desde afuera. No me interesa nada de ellos. Nunca fui amiga de NADIE, y creo que ese es el problema: si yo fuera amiga de alguien de la política realmente, supongo me habrían cuidado, o dado una manito respecto a mi seguridad, que es lo único que podría reclamar.
En muchas partes he tenido que pedir que pongan seguridad, porque me llegan amenazas anónimas o de movimientos raros. Hay que avisar, por cualquier cosita. Pero nunca ha pasado nada... Me han pasado cosas, pero nada que merezca la pena comentar.
Nunca participé ni animé en la campaña del Apruebo esperando algo. Yo no espero nada, y de la gente que no quiere nada —como un ministerio o un puestecito— incluso se desconfía. Uno está ahí por las ideas, por la gente, por lo que cree; contra el fascismo, en mi caso. Es brutal que se haya pavimentado el camino para la extrema derecha, y que todo lo que vaya a pasar, en términos negativos —porque ojalá todo salga lo mejor posible para todos—, también es responsabilidad de la izquierda.
No volvería a participar en alguna campaña política, por lo menos ahora. A lo mejor más vieja... pero MUY vieja... Nunca se sabe, pero no, en lo más directo.
Hay cosas que se han hecho en mi contra y tengo que tomar cartas en el asunto para defenderme. Cuando Cata Pulido habló de mí en El Purgatorio (Canal 13), tuve que hacer un llamado de atención al canal, porque usaron mi imagen para denostarme en la boca de alguien que claramente no me soporta: odio gratuito. Me tuvieron que pedir disculpas en privado, pero me expusieron en redes sociales y yo no tenía nada que ver, y ella cobró por ir a ese programa. Pero vi la cosa DE NUEVO, en redes sociales, en una página de Instagram, y dije: “Aquí no es ella (Pulido) la que importa, aquí la que importa soy yo, entonces me están puro tirando mierda, gratuitamente; no me están pagando por ir a ese programa, y sólo me están poniendo para odio”. Me llamaron y me pidieron disculpas, comprometiéndose a no usar más mi imagen para esas cosas. Le alegué al canal, no a la Catalina, que tiene derecho a decir lo que quiera y me da lo mismo. Pero alegué al canal porque ellos utilizaron mi imagen.
Café con Nata también tuvo que ver con darse un respiro. Lo pensé mucho, ¡y obvio que tenía que ver con eso!, con dormir un poco más; y con necesidades creativas, po’, dejar que el tiempo pase por el cuerpo para cachar, como siempre, qué es lo que quiero hacer, para qué y cómo.
Estoy escribiendo un libro, en eso estoy. Son varios escritos de hartas cosas durante años. Nunca he sacado un libro.
En el libro que estoy escribiendo hay un capítulo que se llama “La mejor comediante de Chile”. Yo quería que la gente se fuera del teatro pensando que yo era la mejor comediante. Fue una huevada que me dio por un rato, jaja. Me obsesioné un poco con eso. Creo que tiene que ver con la energía que yo daba; por eso también a lo mejor quedaba vacía después y no tenía ganas de nada. Era algo “energético”. A propósito de la obsesión, si uno está obsesa, no habría escrito Sin miedo y el show de Netflix al mismo tiempo, ¡y son dos shows distintos! Es una locura. Eran hartas cosas que se venían juntando.
No estoy en meses sabáticos, jajaja... no tengo plata para eso. (Pero) he estado más carretera este tiempo, estoy un poco más lanzada. Parece que lo necesitaba. Ya tengo 46 años, puedo hacer lo que quiera. Y siempre estoy con pilates, ¡siempre deporte!, siempre algo que me mantenga físicamente alerta.
De la polémica con (José Miguel) Villouta no hablo, NADA.
El episodio de los mineros y El Teniente (“Parece que soy la única persona contenta de que pasara lo de los mineros”, dijo en un show en Rancagua a propósito de la tragedia que quitó la atención de conflicto mediático con Villouta) me dejó mucho aprendizaje. Aprendí que, para mí, lo más importante es la empatía y no hacer daño. No me interesa llegar a ese punto: el humor negro no es eso. Hago humor negro. Eso fue otra cosa, una manipulación mediática y política de la cual fui víctima…
Me cuesta un poco referirme así al tema, como “víctima”, una lata, pero sí lo fui: fui víctima de una persecución política, de parte de diputados que no han hecho nada en su vida, pero sí presentaron 347 oficios en mi contra a todas las comunas de Chile en que yo había trabajado —incluido el ministerio— (para obtener información de ella). Fue rudo. De todas maneras, no me han dejado de llamar de las municipalidades, así que no les resultó, porque mi trabajo es bueno. Aprendí, respecto incluso al futuro que se nos viene: es más peligroso de lo que yo podría pensar.
Ahora hice un filtro súper grande de con quiénes estoy, a nivel personal. Nunca había tenido, por ejemplo, rencor. Así como “no quiero estar con estas personas”, “no se portó bien conmigo” o “me hizo daño” ¡Fuera! Nunca más. Nunca había cachado qué me pasaba con eso. Por lo general, mi primera emoción no es la rabia: es la pena. No me voy a la rabia ni a querer quemarlo todo. Lo mío, lo primero, es reflexivo, para dentro. Desde ese rollo, no me salgo a defender con la fuerza que se espera. Tengo que llorar antes.
Me di cuenta de que tengo fuerza para salir adelante, que tengo una familia atómica, que no estoy sola PARA NADA y que tengo una red de apoyo maravillosa. Y de mí aprendí que equivocarse, y asumir, es una grandeza emocional, no es que esté agachando el moño. Dos hombres me dijeron que encontraron que nada que ver que yo pidiera disculpas, obvio. Filo con la gente, filo con el dolor, filo que haya una mujer (viuda). Yo pensé en todo eso, prefiero pensar en eso. Prefiero ser honesta a armar una imagen de mí como “valiente, no importa nada”, así como los políticos que “la cago y no me importa”. No soy así. Y puedo actuar a pesar de todo, jajaja. Eso ya lo sabía. Pero esto me lo volvió a confirmar.
Nunca esperé que colegas comediantes me salieran a respaldar, ¡menos ellos!, JAJAJA. Todo tipo de respaldo habría sido maravilloso cuando se habla de censura. Si yo salía perjudicada, todos iban a ser perjudicados. Eso habla también de una ignorancia, respecto al tema, de parte de mis compañeros. Pero no creo que salga ninguno a defenderme nunca. Era grave para todos, hasta para los medios de comunicación. Los machitos comediantes jamás me saldrán a defender, jamás pasará. Nunca lo esperé. DOS me hablaron. ¿Quienés? (Pregunta reportero) No, porque no les vamos a dar un diploma por hacer eso, jajaja. Eran tiempos raros. Creo que tiene que ver con “yo defiendo mi terreno y nada más”, y que también hay muchas personas comprometidas con marcas —incluso casas de apuestas—, y me imagino que no pueden ser tan libres; o si no querían, está todo bien. Pero lo que veo es que no son personas tan libres de actuar, porque tienen una marca, una cremita que les dice “se ve feo”. Me imagino que así tampoco se puede ser tan libre.
Fue heavy. Esto también tiene otro contexto: en junio perdí a mi abuela. Eso hizo que obviamente me pillara en un momento malo de mi vida. Yo había ido a hacer una paleteada, colaboré con alguien, y por eso estaba metida en ese lugar, y no era mi show. No fue un chiste de hecho, si hubiera sido un chiste lo habría defendido.
Mi abuela materna, Teresa, murió de cáncer el año pasado. La echo mucho de menos. Me crié con ella, toda la vida. Fue determinante en mi vida mi vieja, porque fue una mujer súper distinta al resto. No era emancipada ni nada, pero tenía una visión muy distinta de la maternidad. Siempre me conoció muy bien, nunca me inculcó ser madre, siempre me respetó ese tipo de cosas y teníamos una relación súper directa; tenía un sentido de humor muy grande y una personalidad, para ser una vieja chica coja, impactante. No contar con esa presencia es muy fuerte. Ella vivía con mis viejos y entrar en la casa y que no esté, me cuesta todas las veces.
¿Tengo amigos comediantes? Amigas. Amigos no tantos. Siento mucha afinidad y complicidad con (Stefan) Kramer, que nos conocemos hace mucho tiempo; con el Kakoamedia, que es más nuevo; a Pato Pimienta siempre le tendré un cariño especial; al “Jota” (Juan Pablo Flores) también, que fueron mis compañeros. Pero así de “vamos a la casa a carretear”, el Kako nomás, pero es jovencito. Pero amigas sí, por afinidades y gustos, y porque yo, de verdad, trabajé mucho fuera de todos.
En el 2023 decía que el teatro para mí era un “desliz”... Ya no, ya tengo amante, porque estoy con Tóxicas también. Y viene más, otra obra. Obras de teatro no he escrito. He escrito mis shows todos estos años, escribo, produzco y dirijo todo.
En teatro, estoy con El asilo contra la opresión, y Tóxicas también en ensayo, y haciendo shows. Estar en la piel de Lucía Hiriart es entretenido, lo he disfrutado desde el primer momento. Es muy interesante interpretar a alguien tan distinto a uno moralmente; interpretar el desprecio, el desprecio por la vida humana, es súper raro; pero al mismo tiempo es muy interesante porque es buscar en esas partes oscuras, y al mismo tiempo tratar de interpretarlo lo mejor posible lo que pidieron: un monstruo, jaja.
Con mi “Lucía Hiriart” nos llevamos mucho mejor de lo que lo demás podrían pensar, JAJAJA. La idea es que sea detestable. Una amiga me dijo: “¿Si la interpretas tú nos va a caer bien” y yo dije: “No, po’”. O sea, una cosa es que uno tenga herramientas de la comedia que le pueda entregar al personaje —y obviamente la obra gira en torno a la comedia—, pero otra es que yo haga adorable a un personaje que no lo es, y que la obra tampoco la plantea como tal; si la planteara como tal, tendría que hacerlo. Pero no es el caso... Así que, ufff, la gente la odia en la obra, jajaja.
Siento que en el contexto de que asumió José Antonio Kast como Presidente, se hace aún más interesante ver una obra como El asilo contra la opresión. Primero, le da un aire a quienes no están de acuerdo con lo que está pasando; y segundo, permite reflexionar a las personas que a lo mejor lo necesitan. Si no revisamos nuestro pasado, es imposible que entendamos nuestro futuro. Es lo que está pasando: mucha gente se olvidó de dónde viene y votó por personas que no se les parecen nada. Personalmente, siempre hablo de mi origen porque cuando uno sabe de dónde viene sabe pa’ dónde va. Esa es mi volada. Y el teatro, en este contexto, de “oposición”, es MUCHO más interesante. Y a una a que porfiada y desobediente, con mayor razón, es más placentero.
No nos sirve de nada entrar en la discusión entre nosotros, ni empezar a atacarnos. He recibido mucho odio a propósito de mis opiniones. Sería una loca si hiciera lo mismo con la gente que opina distinto. Yo —gracias, creo, a eso— tengo una tolerancia y una paciencia del porte de Chile, de verdad que tengo MUCHA paciencia y MUUUCHA tolerancia. La he educado, criado, trabajado y conversado, y todo para entender cómo son las cosas sin subestimar, porque creo que es, a lo mejor, lo que hizo la izquierda: subestimó a los votantes y creyó que iban a estar para siempre, no entendiendo que las personas tienen necesidades súper variadas y que somos todos súper distintos, y que todas las necesidades, por lo demás, son importantes.
Siento que la gente se desafectó de su país, de “afecto” con respecto a su país. Creo que las personas están pensando en sí mismas, no en una importante comunidad. Creo que hay un forado grande y algo que arreglar. ¿Y la izquierda no se habrá desvinculado de sus causas históricas? (Pregunta reportero) Sí, hay causas históricas y nuevas. Hay que actualizarse respecto a qué le está pasando a la gente. Hace diez años no teníamos el tema de los migrantes, hoy es un tema para las personas que habitan y conviven con los que están provocando problemas (no habló de los migrantes en general). La política también tiene que ir acompañando, o guiando, los procesos, no observándolos; como sí lo ha hecho la derecha —por ejemplo—, y con eso captar ciertas sensibilidades (lo mismo que hizo Parisi).
Creo que hay que hacer un montón de autocrítica y eso le corresponde a los que hacen y trabajan en política, a los que quieren votos, que descubran cómo se les fue la mano. Si la gente se dejó de sentir identificada con un concepto de comunidad, es muy grave, porque todo lo que haces recae en otro, y todo lo que el otro hace o decide también recae en ti. Ojalá las personas nos vayamos reencantando con este concepto de la comunidad que existe, que en las poblaciones y en todas las comunidades se vive.
Sé que estoy hablando con un medio de comunicación, pero los medios ahora desinforman y trabajan para ciertas fuerzas políticas: entonces la gente está mal informada, que es peor. Ahora vas a buscar información, y vas a TikTok —sin desmerecer la red social—, y te encuentras con cualquier persona hablando de cualquier cosa, y la tía en la casa lo cree. Me parece grave y creo que los medios también tendrán responsabilidad si es que la censura se hace más grande; no solamente serán víctimas, también responsables, porque crearon un imperio así. Para que todas las mentiras llegaran tan lejos, participaron los medios y mucha gente que conscientemente transmite una información falsa. Me parece muy peligroso.
Me acomoda el escenario de ser oposición porque es más interesante —a propósito de la obra—, considero que para el trabajo que hago es un contexto interesante. Pero también animé dos eventos para el Boric, y ya después la gente (estaba) pidiendo explicaciones a mí de las cosas que pasan, como “tu gobierno” ¿Por qué yo o una mujer tiene que responder por un abusador o violador, en el caso de Monsalve?... Puede ser el costo que uno deba asumir. Pero yo no me hago cargo de lo político. Me han preguntado mucho si he querido incluso estar... Nada más lejos de mí... Me lo ha ofrecido. Lo encuentro muy fome como trabajo. Yo estoy pues muy feliz con mi trabajo, ¿y salir en la mañana a meterme a una oficina llena de problemas? No, ya tengo los míos.
La impronta del nuevo gobierno me parece engañosa. Ayer tuve una conversación con un taxista. De la nada empezó a decir que “luego se vaya Boric”. Parece que no me conocía y me hice “la Miriam” (la desentendida) primero. Quería hablar de su volada y me decía “que se vaya esta gente luego”, y luego estaba el punto de que “se irán los migrantes”. Yo no quería profundizar, pero ya después se puso a decir cosas que me pareció que era una persona engañada, como “van a echar 400 mil personas de un viaje”. Y yo: “Señor, parece que no es posible hacerlo tan rápido”, muy tímida. Empezó a subir la voz y encontré que todo lo que tenía como información de lo que pasará es absolutamente engañoso, porque bien sabemos que no es llegar y sacar a tantos migrantes de un viaje, que hay que tener una relación con los países alrededor, porque lamentablemente se le abrió la puerta a los delincuentes hace un tiempo y dejó la embarrada. Nadie podría desconocer que tenemos un problema con la delincuencia, grave, la gente lo vive constantemente; pero me parece que cuando se ofrecen promesas con soluciones rápidas, frente a un Estado que funciona como funciona, y a un país que es como... es mentir. Se transmitió algo y la persona lo recibió como lo quiere escuchar. Lo digo sin afán politiquero, preocupada en serio: ¿Qué pasa si no le cumples a la gente?
A Kast lo he descrito como un “nazi” (The Clinic, 2023)... O sea, su padre lo era po’... No le voy a poner yo la chapa, pero si su padre lo era... puede ser... Entendiendo que hay tantos hijos que no tienen que hacerse cargo de sus padres... Espero equivocarme en todas las opiniones malas que he tenido sobre él.
Qué lata el feminómetro... Todas hemos pasado por ahí... Me dan dicho que no (soy feminista), me han dicho que soy “muy”, otras que “te pasaste”... Y el concepto del feminismo es uno solo; uno no es “súper” ni “menos”, es un proceso, un aprendizaje: es verbo no sustantivo —como diría Arjona—, y es algo que no dejarás de aprender; no es que te gradues de feminista. Me ha gustado mucho aprender de feministas que llevan años ya, y en la lucha, y tienen una sonrisa siempre presente y la generosidad de conversar con las más jóvenes. Me siento mucho más cercana a ese feminismo. Pero más allá de que algunos digan “esta es radical” o “la otra es moderada”, esto nos une a todas en algo que es pedir para todas —la que me cae bien y no— igualdad, igualdad en el trato y sobre todo respeto por el ser humano que eres. Bajo esa consigna yo sigo donde mismo, sólo que voy aprendiendo mucho mejor cómo comunicarlo.
Para el caso de Monsalve (denunciado por violación) me pronuncié en la radio, ¿pero qué más esperan? ¿Qué les mande un mail? Y después si hablo, también me dicen “cállate”. No hay cómo dejar contenta a la gente... ¡Es horrible! El caso de Monsalve me entra igual que el de otro gallo abusador. Para mí no hay diferencia; primero, no tengo idea quién es ese huevón, no lo conozco (Monsalve), así que cosas personales no hay... ¡Qué voy a conocer yo a esas personas! POR SUERTE NO. Y creo que para la mayoría de las mujeres el color político del abusador no importa, a la hoguera a todos. No hago distinción.
El feminismo ha tenido pésima prensa y se ha metido en estas cosas como del “wokeísmo”, o que “la culpa es de las mujeres”; pero siento que si el movimiento no fuera tan potente no tendría tan mala prensa. Si no le dieran tanto miedo a las mujeres, no estarían tan cagados. No hay nada que le incomode más a un machito, con la masculinidad frágil, que una mujer feminista. Y eso es muy interesante, JAJAJA.
Creo que la sociedad nuestra avanza y retrocede brígido: damos dos pasos y retrocedemos tres; avanzamos con algo y después parece una ministra que hace exorcismos por ciertas cosas (Al menos eso acusó una mujer contra Judith Marín, versión que desmintió el Partido Social Cristiano), que es lo que yo escuché, probablemente tenga más trayectoria que eso (no quiero desmerecer tampoco una mujer sólo por lo que hayan dicho, igual quiero ver el trabajo). Es una lucha constante. Es algo que no acabará. Mientras más desigualdad exista, más feminismo habrá y su respuesta será aún más fuerte. Mientras más represión haya, más feminismo habrá.
En la marcha del domingo 8 habían muchas mujeres jóvenes, muchas más que la otra vez. Voy todos los años, pero el pasado era como “uy, ¿somos las mismas viejas de siempre?”. Y este año era mucha cabra joven. No se acabarán las mujeres inconformes, que no están de acuerdo con su presente, no dejarán de decir a viva voz lo que no les parece, incluso las que son conservadoras o tienen otro color político al mío. Estoy segura de que quieren lo mismo que yo: un lugar de respeto, que nadie las toqueteé, que nadie pase a llevar su trayectoria y que su mérito se haga notar. Tal vez en términos valóricos nos separamos un poco, como el aborto; pero creo que si de feminismo hablamos, todas las mujeres quieren lo mismo.
Hago reír porque yo quería hacer reír a mi mamá. De ahí, con eso, vinieron las mujeres. Y si me voy a lo más íntimo e ínfimo, lo que me gusta es que la gente se ríea, lo pase bien y, además, se vaya pensando alguna cosita, porque a través de la risa doy información e implanto dudas en tu vida. Es lindo jugar con el contenido y la risa. Ese es mi arte, jeje.
Hace tiempo dije que no recomendaba ir a festivales a hacer comedia. Lo dije hace tiempo y recién se están dando la cuenta... Pero no es que no lo recomiende. Yo no he hecho más festivales (sólo el Festival de Viña). De volver a un festival, volvería al de Viña.
Más que si intriga saber cómo funciona —porque sé que funciona porque trabajo caleta— una rutina mía en un festival grande, televisado, me dan más ganas que la gente que perdió contacto conmigo vuelva a ver mi trabajo. Hay gente que sólo me vio en el Festival de Viña y que nunca más me vio en el teatro o cerca. Me gustaría el reencuentro con un público con el que no nos vimos más. Me gustan todos los escenarios. Soy animal de toda esta huevada. Seguiré siempre, jajaja.
Me han llamado casi todos los años para el Festival de Viña. Si todos los humoristas asumen un riesgo, imagínate el mío. Eso se paga, JAJA... Son hartas cosas. Primero, siento que los comediantes van al Festival de Viña como un insumo menor; sin embargo es lo más conversado, clickeado e importante que pasa en la noche, le vaya bien o mal, sea quien sea. Con esa mirada, no es posible que los sueldos sean tan paupérrimos —y tampoco me estoy comparando con a Karol G, tengo claras las diferencias—, que todo empiece desde una conversación hacia abajo.
Hice un Festival de Viña, y honestamente no he necesitado volver; hay gente que ha ido tres veces. Yo no he sentido que lo he necesitado. Y he tenido harta pega, y hay que parar toda la máquina para ir a Viña, y a veces es difícil si tienes obras de teatro y cosas. Si es tan importante, no somos tratados como algo importante. Ya tengo noción de cuánto vale mi trabajo. He actuado fuera de Chile, soy reconocida bastante por mi trabajo, desde varios puntos de vista. Siempre las conversaciones con el Festival son “difíciles”, que te revisarán la rutina y puros problemas, entonces digo: “Si este trabajo es tan difícil, ¿por qué no te la hacen cómodo?”. Con una producción, una plata que valga la pena el riesgo, y con un cuidado de ti y de tu imagen. Nos tiran a morir y no sé cómo sería conmigo. He aprendido a cuidarme y elegir dónde me paro. Estoy hablando de la producción, ni siquiera del el público, que es lo único que no tenemos para controlar —que me encanta, es la incertidumbre más linda—, porque dices: “A ese tengo que conquistar, pero tengo que hablar con esta cantidad de huevones primero y llegar a un montón de acuerdos, qué lata”.
El encuentro con la gente es otra cosa: mi trabajo lo sé hacer. Lo sé hacer. Mi trabajo es lo que menos me complica. Más me complica la chimuchina de los contratos, los medios y el trato que me den.
El Festival del Olmué, si bien siempre ha tenido harto interés en mí, siento que no es un contexto muy parecido a mí. Me encontraría rarísima estando, no sé por qué, es una percepción nomás. ¿Porque es el “Festival del Huaso”? (Pregunta reportero). Claro. Es una percepción nomás. Pero nunca se sabe. Me queda toda la carrera por delante. Siempre siento que estoy empezando.
A diferencia de otras personas, que les gusta sentir que llegaron a un lugar y que ya se pueden instalar, me encanta sentir que me queda TODO por hacer: películas, me queda por escribir, me queda por actuar, por volver a festivales (o no)... me queda todo. Me encanta sentir eso, me hace sentir más viva y joven. Me carga eso de “instalarme”, de “posicionarme”, de decir “llegué hasta cierto punto”. Porque si es por eso, ya llegué hasta lo más arriba que era el Festival de Viña, Netflix y todas esas cosas que son techos —actúo harto afuera, he hecho tres giras en Europa—. Creo que eso hace también que uno vaya eligiendo dónde quiere estar y sentirse más cómoda.
¿Me siguen llamando para le tele? Han habido algunas cosas ¿Y para Detrás del Muro (Mega)? (Pregunta reportero). Pero es que ese grupo está absolutamente armado. Me me encanta verlos. Estoy donde quiero estar, no siento que estoy afuera de algo. El teatro y el bar están siempre llenos. Sigo tranquila en ese aspecto.
Nunca he hecho un Movistar Arena. Me ofrecieron hacer un Movistar antes, mucho tiempo aaantes (que a Edo Caroe). Pero me parecía muy grande. En el momento que podía ser, que estaba todo hot, dije que no. Me pareció muy escandaloso, muy grandote. No descarto nada, pero no es algo que me que me atraiga, y menos la competencia en quién llena un lugar más. Esa es una lucha de pichulas que tienen entre ellos, jajaja. Como yo no tengo nada para sacar, prefiero seguir con mi camino.
Nunca me he presentado en la Teletón. No creo que me quieran ahí. Me han invitado, pero hace muchos años, y dije: “No creo que sea el lugar para mí”. Hay que respetar. Hay que saber dónde pararse.
Nunca he estado en La Divina Comida (CHV), porque sería una falsedad que cocine para tanta gente. Sería muy falso, no voy a contratar a un chef para que me haga una comida de mentira. Y por otro lado, no me siento cómoda en las cosas que no son de mi trabajo ¿Ocupar toda la semana en una actividad como sea? Estoy segura que al segundo día estaría arrepentida. Me conozco. ¿Me veo toda la semana comiendo con Evelyn Matthei en una casa? No porque todos vayan yo estaré, y no porque yo me quede afuera sentiré que estoy relegada.
Nunca he estado en el Sin editar de la Pamela Díaz, ¡todavía no! Es que la Pame me ha invitado 500 veces. Tenemos una relación súper directa; cuando me invitan ella me habla, yo le digo por qué no y ella entiende, jajaja, de “fiera” a “fiera”... ¿Es por plata? (Pregunta reportero). No, no soy yo esa persona, jaja. Es otra y yo sé quién es, me lo contó la Pame, jajaja. No cobro por entrevistas.
¿Cómo manejo lo que se dice de mí en redes sociales? Hay que ver de dónde viene… Ahora, con las fake news: aprovecharía esta situación, porque he sido víctima de muchas, y la última es que yo me iba a ir de Chile: aprovecho esta tribuna para decir que esa fue una fake news, inventada, absolutamente ARMADA por gente que anda a saber tú quién es; y jamás fue así. Nunca dije eso, jaja. Lo dijo la Belén Mora (“Me retiro de Chile hasta el 18. No me da el alma”, anunció vía Twitter tras plebiscito en el 2022), entonces la gente se le enreda. Pero esta fake la armaron así como que era de El Mostrador. Es bueno aclarar a través de los medios que eso nunca fue así.
Tengo una cuenta privada en Twitter (hoy X). No participo como antes. Me aburrí, como aburre ver un programa: me aburrí. Me encanta observarlo, mirarlo, lo tengo; pero pongo puro retweet y cosas.
Me quedé impresionada al ver a Gonzalo Ramírez por estar en el cumpleaños de Cristian Labbé, ¡cambiaron sus amigos!... No cahuinearé sobre eso. Se lo respondí a una persona en X (“Ahí está la razón del aweonamiento exponencial, de alguien que creíamos que tenía luz”, escribio en dicha red social).
La gente conmigo en la calle es maravillosa. Ahora venía caminando, un gallo me abrazó, me dio un beso y me dijo: “Voy pasando por aquí”. Esas cosas suceden mucho. Es bonito. Siempre que hay buena onda, hay que abrir los brazos para recibirla. Me gusta mucho hablar con la gente, porque trabajo para la gente, y tengo que escucharla; no saco nada con irme a mi isla a escribir como si fuera un ser superior que ve cómo reacciona los demás, o inventa. Me gusta observar y que me cuenten muchas cosas.
¿La gente me tiene miedo? Hay una visión como que yo fuera mal genio de pronto, ¿pero sabés qué? Cero mal genio. No es mi emoción. No amanezco enojada porque sí. Para nada. Así que cuando me conocen se les cae todo lo que pensaban.
Igual me iré de Chile, pero no les diré cuándo (Bromea). En Madrid, España, hay algo ahí que me está esperando. En un momento estaba más seriamente pensando en eso, pero mi abuela —que murió recientemente— se enfermó. Ahí abandoné el plan. Este año viajaré bastante también y nada, como mi hermana vive en España, de pronto cambien las cosas... Pero tendría que tener mucho dinero para tomar esa decisión, y aparte me voy con mi perro, no puedo agarrar mis maletas e ir: tengo obligaciones de madre canina.
En el extranjero he trabajado para “la comunidad chilena”, pero yo hago bares, TAL COMO CUALQUIERA PERSONA, así que llega a todo tipo de público. Y como voy hace rato, también tengo un público que se va acercando. Y hay muchos lugares, en la última gira, donde no había ido, y ahora fui y es harta gente, entre la comunidad chilena y de todos lados, por Netflix, que por ahí se abrió la cosa. Me gusta sentir que puedo estar en todos lados, el mundo es más chico de lo que parece. Internacionalizarse es una tarea titánica; habría que instalarse en otro lugar. Cuando lo haga creo que sí me tomaré en serio. Por ahora es un proyecto que veo más esporádico: ir y volver.
Llevo casi trece años emparejada. Trabajamos juntos (con Luciano Francino). Nunca quise tener hijos ni adoptar. Las mujeres seguimos recibiendo ese mandato, como si fuera una cosa que “es obvio que lo harás”. Y al romper con ese “obvio”, o darle más tiempo tipo “no quiero tener guagua hasta los treinta y tantos”, te van a huevear hasta que tengas los treinta y tantos si dijiste que tendrías. En mi caso siento que la maternidad será deseada, o no será; y por mi parte lo decidí muy chica, ¡a los seis! Vi a mi mamá con mi hermano en un brazo y con el otro pasando el chancho: desde ahí en adelante —por eso te digo que era una cabra chica medio rara— saqué esa conclusión y dije: “Yo no quiero eso”. Y algo muy sencillo: no me divertía jugar a mudar o a ser mamá. Jugaba a otra cosa: era la amiga con la cartera que iba de visita, y jugaba con mi hermana. Nunca me llamó la atención… Ya fue.
En lo estético, el bótox y esas cosas me dan terror: ¡imagínate me quedo sin poder enojarme!, JAJAJA. Ahora existen cosas maravillosas, con tu propia sangre, que me encantan. Voy a un maravilloso centro de estética integral donde me veo todo, desde la nutrición hasta la las vitaminas. Me interesa mucho la salud. Se me haría imposible arreglarme la cara si tengo un problema, por ejemplo, en el útero. No concibo que una cosa sea más importante que la otra. Creo que todo es integral. Por eso busco ese tipo de cosas. Pero nunca me he puesto botox. Y tengo buena genética.
La menopausia me tuvo con menos energía, ¡uy!, ¡sí! Hasta que no te revisas es un calvario. Se necesita ginecóloga, hormonas, estrógenos, vitaminas y todo lo que falta. Estoy súper bien, controladísima.
Me entusiasma la vejez, porque siento que hay una libertad grandísima respecto al deber ser; pese a que yo tengo poco de eso, hay menos presiones del deber ser. Siento también que ahora las referencias de las mujeres más grandes son distintas: uno no ve que la vida se acaba, ve que la vida cambia y empieza otra vez, otra vez y otra vez. Me entusiasma mucho. Esa libertad y ese desparpajo... ¡voy a ser peor! Porque seré más libre, jajaja.
Me han funado por todo menos por fome, jajajaja. Me gusta hacer reír. Sé que es un trabajo, que mucha gente llega a la comedia para tener unas luquitas extra, otros llegan para sanar y por diferentes razones. A mí me gusta hacer reír. Es un placer. Una ofrenda. Una entrega constante. Y el público me obsesiona; mi cabeza funciona doble: estoy hablando una cosa pero resolviendo la rutina por otro lado. Es agotador, pero mentalmente lo disfruto mucho. Hay un objetivo superior, que es hacer reír, y lo hago porque de verdad ME ENCANTA.
¿Me siento “la reina de la comedia en Chile”? No, jajaja. Aparte, para una mujer es súper difícil llamarse así, “reina”, a sí misma; o sea, los hombres lo hacen, “El rey”, “el king” y toda esa huevada; y ellos entre ellos probablemente “el zar” y el no sé cuánto. A nosotras no se nos enseñó a llamarnos así ni a sentirnos de ese modo. Sí siento que soy una de las que lleva más tiempo, que tengo una trayectoria interesante y que han pasado cosas. Pero nunca participé en ningún concurso de reina, así que no sería esta la ocasión.
Cuestionario Pop
Si no hubiera sido actriz me habría gustados ser periodista. Me encanta, porque jugaba a la periodista cuando chica. Me creía la Katherine Salosny, hacía mi propio Extra jóvenes y todas esas cosas. Y pianista. Y cantante. Y multiinstrumentista.
En mi época universitaria en la escuela de Gustavo Meza era matea. No carreteaba mucho. Tenía amigas, obvio. ¿Famosillas? Lamentablemente de mi generación soy yo la única que salió adelante, jaja.
Un apodo es “Nata” y “Nati”.
Un sueño pendiente es el libro que estoy escribiendo.
Una cábala es no usar amarillo en el escenario, ¡nunca! Y me cargan las escaleras; si estoy a cargo, mi gente sabe que para yo ensayar tienen que sacar las escaleras; me dan mucho nervio. No sé si es superstición. También un “¡mierda, mierda!”. Recordar por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo. Tomar harta agua y no comer antes de actuar. Tengo hartas mañas. Soy bien austera, no pido nada cuando voy a actuar.
Un trabajo mío que no se conoce, antes de ser conocida en la actuación, fue ser corpóreo.
Mi primer sueldo lo ahorré para irme a vivir sola, me imagino.
¿Algo de lo que me arrepienta? Por lo que me he arrepentido he pedido disculpas. Creo que ahí se salda la cuenta. Una vez, hace tanto tiempo, fui infiel y la vida me devolvió la mano, en otros aspectos, ¡peor! Ojalá hubiera sido de la misma manera. Me importa una raja que me ponga el gorro. Hay problemas mucho mayores, por lo menos así lo veo. A las mujeres nos pasan cosas más heavy con los hombres que la infidelidad, y eso sí fue rudo... Claro, me arrepentí de haber sido infiel en algún momento... ¡Ufff! Es que yo era muy desordenada. No soy castigadora conmigo misma. Prefiero aprender.
Una comediante chilena que admiro es Javiera Contador.
Una comediante chilena amiga mía es Javiera Contador.
Un lugar favorito de Chile es el mar... y el desierto, ¡me encanta!
¿Una película que me hace llorar? ¡Uh! Cagué con Close, de dos niños... Pienso en la película y me da angustia.
¿Un miedo? Todos, brígido, soy muy miedosa. ¿Fobias? A los ratones y temblores. Y miedo, a que mi salud o la de mi entorno tenga algún problema. Vivo pensando en eso.
¿Creo en el horóscopo? No soy muy esotérica. Soy Géminis.
Si pudiera tener un superpoder me gustaría leerme todos los libros del mundo, tocar todos los instrumentos y tener todos los talentos artísticos. Me encantaría. A lo mejor serviría para hacer feliz a la gente. Y hacer reír para siempre.
Ya no tengo placeres culpables, pero la familia Montaner.
Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, una sería Gladys Marín, Edith Piaf y Ana González, la actriz, una muy antigua. Puras mujeres. Sólo para conversar y sacarles toda la información que tengan.
Natalia Valdebenito es una mujer que siempre intenta ser feliz. Cree que para tratar de ser feliz, o hacer feliz, hay que ponerle onda, esfuerzo e intención. Siempre intenta aprender, ser feliz y estar tranquila.
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