Espectáculos

La Firme con Valentín Trujillo: “Soy un viejo feliz de estar vivo, de seguir disfrutando de mi arte y de estar comunicándome”

Con 93 años recién cumplidos prepara un nuevo concierto en el Teatro Nescafé junto a su familia. Repasa su historia, presente e incluso futuro, hasta un proyecto con Don Francisco entre manos: “Tengo varias cosas que hacer”, adelanta quien además dice: “El tiempo cobra caro, pero el pianista logra mantener aptitudes”.

Entrevista en profundidad a Valentín Trujillo, pianista popular. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Valentín Trujillo Sánchez (93) ve por un sólo ojo, escucha por un oído y funciona con un riñón, y cuando, hábil, toca el piano le brota una sonrisa genuina, cándida, que apunta hacia algún rincón indeterminado, quizá de la memoria, hasta la primera vez que, en la casa de su niñez, en calle Gálvez, cerca del Teatro Caupolicán, sin haber cumplido los cuatro años, se encaramó —lleno de curiosidad— en un intrigrante “mueble que sonaba”, y tocó, curioso, sus blancas teclas por vez primera.

Es viernes por la mañana, el sol brilla fríamente y, desde afuera de una de las piezas traseras de la casa donde vive desde 1966 en Ñuñoa, se escucha una melodía que ensaya el pianista mientras conversa con una de sus hijas, Cecilia, que ya lleva varios años siendo algo así como su representante. La habitación está llena de libros de música, muchos VHS y cassettes, guantes de boxeo, fotos de boxeadores y de su gata “Niña” sobre el piano, variedad de discos compactos y una serie de plateados y dorados premios.

Él sonríe porque, como fanático del boxeo, ve la oportunidad perfecta para ponerse unos guantes y quedar inmortalizado ante la cámara de La Cuarta, apoyado en su corpulento instrumento:

—¿Me paro? —pregunta mientras se levanta—, todavía puedo — agrega y se ríe.

Recuerda que en su juventud, antes del fútbol, era el boxeo el deporte que reinaba. “Los países chicos vibran con ídolos”, comenta como para sembrar una reflexión, y menciona a uno de los suyos, el boxeador de los 1960 Ulices Durán Rubilar. “Cantaba harto mal”, recuerda eso sí, “pero nunca me atreví a decirle”.

Por estos días el artista se prepara para un nuevo concierto en el Teatro Nescafé, calendarizado para el 27 de mayo (entradas, ACÁ), instancia en que tocará varios éxitos junto a la cantante Consuelo Schuster —casada con uno de sus nietos—, y el grupo familiar Herencia, integrado José Antonio Amat Trujillo, Pablo Ignacio Amat Trujillo, Pedro Andrés Amat Trujillo y Andrea Paz Trujillo Godoy.

Ahora, otra vez sentado junto a su instrumento, Trujillo, al ser consultado, entrega el dato de inmediato:

—Este es más viejo que yo, debe ser de más de 100 años este piano. Es mi piano seis o siete. Un amigo mío, músico maravilloso, Omar Riboira, que no está en este mundo, me lo vendió a unos plazos maravillosos. Es como mi segunda señora. Está hace muchos años conmigo. Es alemán. Y lo quiero muchísimo.

"Es como mi segunda señora", dice Trujillo sobre su piano. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

En entrevista para La Firme, Trujillo repasa su historia hasta hoy, desde el hito fundacional en que debutó en el piano y sus primeros pasos en el Conservatorio Nacional de Música; el temprano empeño por su oficio y compromiso político, el que tuvo su momento más crítico cuando sacaron del aire de TVN a Pin Pon en 1974, tras lo cual vinieron casi dos décadas complicadas; su estrecho vínculo con Don Francisco, quien le dio trabajo en Sábado Gigante; luego, otro éxito: El mundo del Profesor Rossa, liderado por Iván Arenas, otro de sus grandes amigos conocidos; hasta distintas facetas —matrimonial, salud, política, entre otras— de su presente, sobre el cual dice que siente agradecido y asegura que, a su edad, no tiene derecho a quejarse.

Si no escucha bien una pregunta —quizá por amabilidad con el reportero— sólo se limita tomar lo que entendió y arma una respuesta cargada de ingenio. Recurre repetidamente al humor para distender y, cuando encuentra una buena razón, toca alguna melodía acorde a la conversación. Y hacia el final, ya en su calidad categoría de nonagenario, reflexiona sobre la fortuna para sí mismo, pero, sobre todo, para quien lo lea o escuche:

—Ser mejor en mi trabajo es una suerte que depende de ti —dice—. Esa suerte no la envidio porque la tengo. ¿La suerte de tener buena salud? Tengo médicos que me han ayudado mucho.

Así el final, con ayuda de su hija, lento y algo arqueado, el “Tío Valentín” se pone de pie y se retira de su refugio musical. En su reemplazo, aparece la felina “Niña”, que seguro esperaba a que se abriera la puerta para entrar. La calefacción está encendida. Él dejó la estufa prendida porque sintió que las teclas del piano estaban algo frías. Es una forma de regalonearlo.

Todo eso y mucho más, a partir de ahora…

LA FIRME CON VALENTÍN TRUJILLO

Nací un 2 de mayo y viví en la calle Gálvez, cerca del Caupolicán. Lo primero que recuerdo es la llegada al piano de mi casa. Mi madre, Clementina Sánchez, profesora normalista, decía: “Cuando llega un piano a una casa, entra la cultura también”. Es una frase que no se me olvidó nunca, y que le encuentro toda la razón hasta hoy. Y ese piano, que llegó cuando yo tenía tres años y diez meses, sirvió como un juguete en el que me encaramé, y no lo solté hasta hoy, que tengo 93 años.

Vivía muy cerca del Teatro Caupolicán, entonces mis hermanos también eran muy aficionados al boxeo, al igual que toda una generación. Así que conocí boxeadores desde pequeño, seguí sus historias y busqué sus biografías, a falta de videos y todas esas cosas; o sencillamente pedía que me llevaran a espectáculos de boxeo. Nunca practiqué boxeo. Y la vez que pude pelear en el colegio un jurado no me habría dado ganador, jeje.

"Nunca practiqué boxeo", cuenta Trujillo, a pesar de ser fan de aquel deporte. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Tuve la suerte, o la virtud, de encaramarme al piano y empezar a tocar melodías muy sencillas... Una suerte de —puede ser— talento. No quiero, digamos, hacer una entrevista presumida —soy un hombre modesto—, pero puede ser que tuve condiciones que me hicieron nunca pensar en hacer otra cosa que ser músico, a tal punto que a los siete años ya estaba como alumno del Conservatorio Nacional de Música. Pero mi vida no era la de pretender ser un concertista en piano, sino que mi talento —tal vez— más me indicaba que la música popular era mi camino, y que, con el tiempo, me transformé en un aporte para la música popular.

No jugué mucho cuando niño. No tenía ningún talento adicional a la música. Fui un niño con muy mala vista desde pequeño, usaba anteojos de poto de botella. No tenía ningún talento para el deporte que podría haber sido más cercano, como el fútbol: pie plano, gordito y muy mala vista. Realmente el fútbol lo admiro, pero no nunca lo practiqué en una forma en que pudiera destacar. Todo lo contrario. Estuve en algunos clubes de amigos y mi aporte era cuidar la ropa más que jugar al fútbol, jajaja. Tenía amigos, naturalmente, mis compañeros del colegio y los del Conservatorio.

Elisa Gayán, mi profesora de piano en el Conservatorio, me dijo: “Bueno, él es un pianista; no será (Claudio) Arrau, pero por Dios que va a dar quehacer”. Y a los nueve años andaba en radios acompañando aficionados... Uno puede decir: “Ay, pero tu vida es muy monótona, has hecho una pura cosa”. ¡Caramba!, pero me he divertido mucho y me siento totalmente —digamos— justificado: ¡qué bueno que me dediqué a esto! No me quedé en un talento que venía conmigo, sino que lo dupliqué con un estudio, esfuerzo, dedicación y una vida muy profesional. Le sugiero a todos los jóvenes y jovencitas: el talento hay que cuidarlo, acariciarlo, con una buena conducta, y con un esfuerzo también.

En el colegio no me iba tan bien, cumplía. Mi forma de ver la música no me hacía mucho comprometerme en otras cuestiones. Pero pasaba —o me pasaban, jeje— y creo que de esa forma logré ya ser un profesional, porque entré al Sindicato de Músicos en febrero de 1950, cuando aún no cumplía los 17 años, aunque ya antes había tocado en muchas radios locales. En el sindicato hice alguna buena trayectoria, y logré ser presidente en varias ocasiones.

Mi padre, Juan de Dios Trujillo Hurtado, era un obrero minero —posteriormente administrador de minas porque se hizo mayor—, de Vallenar, y naturalmente su trabajo lo hacía fuera de Santiago, y su llegada al hogar era cada dos o tres meses y medio. Pero a cambio tenía en mi casa a mi madre y a mi abuela Florencia, con quien compartí la pieza donde durmió hasta el último segundo de su vida, el último segundo de su cariño y amor.

"Mi forma de ver la música no me hacía mucho comprometerme en otras cuestiones", recuerda Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Fui un hombre muy afortunado: a falta de comodidad materiales, tuve madre, abuela y profesores, como en la escuela básica a Wilfredo Aylling, que me pagaba entradas para que fuera a ver películas musicales a los once o doce años. Después, en el Conservatorio, Elisa Gayán, que me prodigaba toda clase de atención. Y en el liceo, un querido profesor, José Molina, feliz culpable de que yo inclusive entrara a la docencia musical. Para ellos, mi recuerdo PERMANENTE, emocionado y agradecido. A cambio, he tratado de favorecer a gente joven, ayudarla y estimularla. La obligación moral de sentir que, si un joven pianista necesitaba de alguna opinión (no diré “consejo”, muy presumido), la encontraba, sigue encontrando, o la encontrará hasta el último destello de mi vida.

Era tímido, pero tuve que fabricarme una personalidad como director. Cuando me di cuenta de que estaba mejor preparado que otros compañeros del grupo, y que me mandaban o daban indicaciones que no se ajustaban a lo que podía ser un buena armonía, decidí mirarme al espejo y dije: “Oye, Valentín, con esa personalidad tímida, no vas a llegar”. Así que me fabriqué una... y esta fábrica resultó buena, porque me acostumbré, jaja. Y fui director de aquel tiempo, modestamente lo digo, porque mi instrumento lo hacía bien e hice cursos para hacer arreglos musicales, dirigir orquesta, acompañar artistas, tocar solo y componer también música popular; o sea, llené todos los requisitos de un músico: toco el piano, acompañar, tocar solo, hacer arreglos, ser director y compositor. Son varias las cosas que pude cubrir.

El día que mi madre murió, el funeral fue a las 2 de la tarde, y después fui a trabajar, a tocar al Hotel Carrera. Creo que me senté a pensar y dije: “Clementina (Sánchez), ¿tú quieres que yo siga llorando? ¿O quieres que siga mi vida?”... Creo que ella me habría respondido: “Sigue tu vida, las cosas son así”. Y efectivamente (así lo hice)... Lo extraño de la forma musical mía es que en la noche estaba tocando los ritmos de moda; la pena no me hacía no ser profesional, a mí no me pagaban para estar como un joven amargado tocando el piano, sino para hacer un rato feliz a personas que se iban a divertir. Y lo cumplí profesionalmente. Pero no tengo aquella cosa de los payasos tristes. Yo estaba muy triste también, pero seguí la vida, porque Pancho Flores del Campo, gran compositor y amigo mío, decía que “la vida hay que caminarla porque caminando vas, no te pares a esperarla, la vida sigue siempre igual”.

Valentín recuerda a su madre, Clementina, que murió cuando él sólo tenía 21 años. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Con mi señora, Aída Sibilla, nos casamos de la misma edad, y ahora yo soy mayor que ella, jaja... No sé, a todos los hombres les pasa lo mismo... Estamos casados hace 69 años. Dudo que haya otra mujer con la paciencia en el mundo, porque aguantar a un músico es cosa seria, ¡a un músico popular sobre todo!, que prácticamente es sin horario (no el caso del sinfónico que tiene horario establecido, una vida de menos contundencia de noche). Cuando encuentras una mujer que te hace el campo para que te desarrolles, no tienes más que decir: “Ay, vida, gracias”.

Soy músico completo, sin ningún impedimento en el hogar. Por mucho tiempo la función del hombre fue dotar para que la familia funcione; pero también el cariño logré darlo, aunque sea a distancia y con poco tiempo... pero el “poco tiempo” parece que fue bastante rico, poderoso, y lo entregué con mucha pasión. Y de manera tal que mi relación con mis cuatro hijos es maravillosa, dos hombres y dos mujeres: Valentín, mi hijo mayor, que es un médico; Roberto, que es un músico —padre de otro músico—, María Cecilia, que es prácticamente mi representante de hace unos 15 años; y Ximena, la menor, que musicalmente me ha apoyado y me ha dado nietos maravillosos.

La receta para durar en un matrimonio creo que es la tolerancia mutua. Tú no puedes poner 20% de tolerancia y tu compañera el 80%; trata que sea “miti mota” el asunto, mitad y mitad. Y se puede lograr. Creo que sí, o cerca. ¿Y ceder? (Pregunta reportero). No hay duda, pero ceder hasta cierto punto: la imposición de ideas porque sí. Te puedo conversar y discutir, ¿pero que te pisen la cabeza y tú sonreír? No es bueno ni lo aconsejo, y digo: “Revélate cuando es así”. Te revela que es un tipo sin principios de amor real, en que eres capaz de pisar a la persona que dices amar. No resulta, no puede ser. No es ni será nunca.

Afortunadamente existen videos de Pin Pon (TVN), con Jorge Guerra, y del Profesor Rossa (Canal 13) con mi querido amigo Iván Arenas, y de Sábado gigante con Mario Kreutzberger; y con artistas queridos que ya no están conmigo ni en esta tierra, pero sí que los recuerdo permanentemente; para ellos, mi especial saludo, que descansen en paz. Se lo merecen.

"Soy músico completo, sin ningún impedimento en el hogar", asegura Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Jorge Guerra me decía que yo tenía “corazón de pan amasado”. Decía que mi forma de ser amable con él lo impresionó muchísimo, a tal punto que Jorge no solamente era el niño que actuaba conmigo y grababa, sino que mientras almorzaba seguía siendo el mismo niño, o mientras preparábamos un programa. Su papel de gran actor lo reducía a él a una amistad realmente entrañable; la misma que tengo con Iván Arenas y con Mario Kreutzberger. Tres hombres absolutamente muy importantes en mi vida musical; y actualmente soy actor, además, porque la Sociedad de actores ha tenido la bondad de admitirme por haber actuado con el “Profesor Rossa”, haber hecho tanto programa con Mario y muchas obras de teatro —las más fundamentales, como La Pérgola de la Flores, La Negra Ester y obras de Tomás Vidiella... No se me ha escapado ninguna cosa.

Nos sacaron de TVN por educar supuestamente a los niños de manera “marxista”. Chile vivió momentos de una dictadura. Hay gente que la disfruta todavía; yo no estoy en condiciones de discutirlo, pero puedo decir que no estoy de acuerdo, naturalmente, y que un país no debería caer en una forma de impedir que el ciudadano se pronuncie libre y honestamente. No puedes ser perseguido por tus ideas, o creencias religiosas, de esa manera... Persigue cuando eres un delincuente, estoy de acuerdo; pero cuando piensas diferente a otra persona no tienes por qué perseguirlo. Puedes discutir, o intercambiar ideas (mejor todavía). Pero no es posible que yo, por ejemplo, estuve los 17 años de la dictadura sin tocar el piano, públicamente: me echaron en todas partes y de donde yo educaba.

No me quejo hoy, porque cuando volvió la democracia, pedí no hacer lo mismo: la revancha, ¡no! Eso no. Aquí no hay revancha, aquí sencillamente: “Lo que hiciste no lo sigas haciendo, nunca más, ¡jamás! Y ojalá te arrepientas de haberlo hecho”. Pero no estoy por la venganza. Sí por la verdad, por la justicia, para que las cosas no se vuelvan a repetir. El ser humano tiene el absoluto derecho a pensar, y que lo dejen pensar, en la medida que no sea un agresor a la convivencia y a la forma de vivir de las demás personas. Tú con tus creencias, perfecto; yo, con las mías también. ¿Podemos convivir? Se puede convivir.

"No estoy por la venganza", dice Trujillo sobre los años de dictadura. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

No guardo rencor y siempre he separado lo político de mi trabajo. Nunca lo confundí. Nadie puede decir que “este hombre de posición política tan conocida no me acompañó a mí”, ¡jamás! Nunca los confundí. Mi pensamiento político lo entablo dónde puedo. ¿Hay que votar? Voto. ¿Hay que expresar una opinión? Lo hago. Pero no vivo de la agresión política, ni de imponer mis ideas, ni aplastarle la cabeza a nadie porque no piensa como yo: sencillamente tú con lo tuyo, y yo con lo mío. Mi profesión es músico, no un músico-político. No me pagan por eso. Nunca cobré por por mi pensamiento social, ni debo hacerlo, ni lo haré, ni recomiendo que se haga.

Hay heridas que no cicatrizan como la tortura y desaparición de amigos, y el dolor del golpe de Estado... Esas son heridas que no cicatrizan. Vivo y lucho pensando para que eso no vuelva a suceder. Lucho para que eso no vuelva a suceder. Apoyaré TODO movimiento, civil, humano y de ideas, contra eso.

Sencillamente no me contrataban en la dictadura. Tuve ofrecimientos (para irme de Chile), pero surgió la mano de un amigo, Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld, que me dijo: “Yo contrato un pianista, no contrato un político, y Valentín Trujilllo es un profesional de la música; jamás en el programa ha intervenido, ni intervendrá”. No lo he hecho nunca. Yo acompañaba a toda clase de artistas sin preguntarle “¿cómo piensas tú?”. No... Ojalá cante bien para poder acompañar mejor... Tengo amigos de todos los pensamientos.

Benjamín Mackenna fue mi amigo, ¡cómo no! Teníamos un programa después del golpe, Canturreando. La música no es, para mí, una forma de separación. Eran personas de todos los pensamientos. Estaba, por ejemplo, una jovencita en ese tiempo, Gloria Simonetti (...) pero ha dado mucha (muestra) de que ha sido una mujer muy democrática; estaba Paz Undurraga, una mujer absolutamente de la posición de derecha. Y Benjamín para qué hablar. Pancho Flores, que a pesar de ser hijo de un ingeniero, era absolutamente un apolítico, y un huaso maravilloso, extraordinario cantante. Y Arturo Gatica, absolutamente ajeno, en un momento dado, a toda la cuestión política.

"Tengo amigos de todos los pensamientos", asegura Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Viví muchos años en Miami, que no es el Miami de hoy. No tuve necesidad de hablar inglés —y todavía no lo hablo—, porque era una colonia grande de cubanos e hispanos la que lo poblada. Y Sábado Gigante solamente estaba autorizado para ser en español, por lo tanto, los artistas que iban eran de habla española, argentinos y pocos chilenos; y la música que se tocaba era de toda la clase de géneros, pero en español.

Me tuve que venir a Chile en el 2006 porque me detectaron un cáncer. Pensé que era el final de mi vida. Pero tuve la operación de un doctor extraordinario, Octavio Castillo. Cuando me dictaminaron cáncer, fue un mazazo muy fuerte, pero dije: “Si hay posibilidad de pelearla con una buena cirugía...”. Y me llegó un hombre, un sabio doctor, que me tiene vivo desde aquel tiempo. Pero la muerte no la tengo como una cosa TAN horrorosa para mí, ¡menos hoy con 93 años! Me acuerdo que un poeta español, Nicolás Guillén, dijo: “A la muerte le voy a decir ‘yo te vi primero’”.

¿Lo que más me gustó en mi carrera? Creo que tocar con músicos, acompañar. Pero aún disfruto tocando jazz o tocando popular. Acompañar artistas para mí es una cosa hermosa. Sin embargo, el artista que más he acompañado, no es exactamente cantante; canta, pero no es el de profesión cantante; hace humor, pero no es un humorista de profesión. Pero sí un talento mi amigo Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld.

Todavía me junto con Mario Kreutzberger, y todavía estamos proyectando hacer un ÚLTIMO programa en Estados Unidos para despedirnos (en Univisión). Y este programa me sale muy de la alma, porque el animador ya tiene 85 años, y el pianista ya con 93 años. Estamos con bastante vigencia todavía, porque no somos una ruina musical todavía; conservo bastantes cualidades —no todas—, y el animador conserva muchísimas cualidades —no todas—. No es honesto decir que tengo la misma vitalidad de hace 50 o 30 años —ni siquiera, a lo mejor, de anteayer, jeje—, pero puedo desempeñarme profesionalmente sin causar lástima en frente a un público.

Algún vez dije que “lo mejor que hecho fue ser pianista de un gran animador” (Pero con respeto, CHV, 2022) ¿Siento que fue así realmente? (Pregunta reportero). Yo creo que sí. Con lo que he hecho en la vida, tengo la oportunidad de revisar, y creo que el camino que seguí —o que el destino me hizo— fue lo mejor que me puedo pasar en la vida. El hecho de que estoy conversando hoy, con 93 años y varias semanas, me hace pensar qué afortunado soy, y tener una familia, hijos, nietos, bisnietos, nietos e hijos músicos. Aún me entretengo muchísimo con mi familia musicalmente. Creo que ha sido el cordón maravilloso de la música el que nos tiene unidos, y que nos permite amar a la sociedad.

"Todavía me junto con Mario Kreutzberger", cuenta Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Con Iván Arenas tenemos una relación maravillosa, porque Iván asegura que —además de de haber hecho un programa exitoso— me parecía mucho físicamente a su padre, y eso a lo motivó incluso para hablarme de él; y para mí también significó una cercanía: hablaba de su padre y yo le producía esa imagen de cercanía.

¿Cómo fue para mí cuando se filtró “El video prohibido del Profesor Rossa”? No soy un viejo apretado. Tampoco eso fue grabado para ser transmitido, entonces fue sacado (al público) —no sé con qué intención, si mala o no—, y además fue ilegal... Pero fue un boomerang, porque vieron que era una humorada, un palomilleo, una cosa muy propia del chileno. Fue tomado de esa forma, nadie puede decir: “Así se la pasaban siempre”. Afortunadamente la gente me lo recuerda mucho: “Oye, me he reído con eso”. Menos mal. Vieron que era una humorada de tipos que habían trabajado un montón de horas. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Y creo que fue una forma de decir que “somos gente con humor también, no viejos amargados”. ¿Un humor fuerte? Sí. Un palomilleo sano.

No soy grosero para hablar. De repente me insulto yo mismo, me digo cosas fuertes al espejo. Pero no soy un hombre de vocabulario (fuerte), ni siquiera para discutir con alguien. No.

Con Roberto Bravo tenemos mucha afinidad. Roberto me llama, me visita y me felicita. Y yo también lo admiro muchísimo. Le tengo un gran aprecio y gran cariño.

Fume indirectamente porque en los locales donde tocaba se fumaba mucho. No tomé nunca... No me gusta el licor... Creo que es una de las razones porque he vivido 93 años y me mantengo, aún, más o menos, bastante lúcido. Creo que es una de las razones de una conducta profesional de verdad... Tampoco estoy criticando al otro: fuma, te hará mal, allá tú, estás bastante informado sobre qué te hace el fumar. Nunca he escuchado “este ‘trompeta’ toca ta bien porque es un bueno para la marihuana”. Todo lo contrario: “Era tan bueno con la trompeta, pero desde que le hace a la marihuana bajó totalmente”.

Creo que las drogas, el vicio extremo, naturalmente no trae buenos resultados. En lo personal te destruye, todo lo que está al lado tuyo, lo que tienes alrededor: tu mujer, tus hijos, tu hogar, tus amigos, tu trabajo, tu vida. Escoge, piensa ¿Tienes oportunidad de reivindicarte? Puedes hacerlo. Conozco gente que lo ha hecho y ha triunfado. Ha costado, sí, ¡caramba! Pero han llegado, y siguen llegando.

"De repente me insulto yo mismo", comenta el pianista. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

En el 2022 me fracturé las dos manos, y estoy con metales por todos lados... ¡Me he caído muchas veces!, con mi mala vista… Digamos que tuve un proceso de readaptación; pero para mi repertorio de siempre, y lo que voy adquiriendo, no ha sido ningún problema.

Actualmente soy un hombre que veo solamente por un ojo... ¡Pero para qué voy a contar las miserias a los 93 años! Digamos, he vivido y sigo viviendo, y afortunadamente sigo actualizado, me siguen contratando y sigo agradeciendo a todas las personas que aportan a que yo esté parado todavía.

¿Qué cualidades se van perdiendo? Se nota especialmente en los cantantes, que es la pérdida de su voz, la calidad de su sonido; y en los músicos que interpretan un instrumento de soplo (trompeta, digamos), que tienen mucho que ver con los labios y la dentadura. Los pianistas son más longevos. Viene un desgaste natural, el tiempo cobra, ¡y cobra caro!, pero el pianista logra mantener aptitudes. Creo que el día que me digan: “Don Valentín, ¿usted puede tocar el himno nacional chileno?”, y yo responda: “¿Ehhh?... ¿cómo me dijiste?”, y me tengan que repetir qué es “el himno nacional de Chile”... Ahí, retírate, Valentín, jejeje.

Mi memoria está bastante buena. Naturalmente tengo mucho cuidado de decir que “estoy igual que hace 20 años”, ¡no es cierto! No es igual. Conservo muchas cualidades y condiciones, pero si —de viejo presumido— digo “me siento como de 50”: no es así. Tengo 93 años y me siento como de 95, jaja. Lo afronto con mucho agradecimiento, porque, que en este momento un joven periodista me esté entrevistando, para mí es una cosa muy importante, muy valiosa, ¡y muy entretenida! Que esto vaya para un medio como La Cuarta es una cosa también importante para mí, que me ha acariciado con sus críticas, toda la vida.

"Mi memoria está bastante buena", asegura Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

He recibido toda clase de reconocimientos, desde el Premio Nacional de Artes Musicales hasta el Copihue de Oro. El que más me ha marcado, por la trascendencia, y la forma en que fue entregado tan públicamente, ha sido el Premio Nacional, claro. Pero también otras distinciones de Sociedad Chilena de Autores e Intérpretes Musicales (SCD), organismo del que soy socio-fundador también. Fui un hombre muy dedicado a las cosas sindicales; fui presidente del Sindicato de Músicos y estuve en todas las reuniones. Un hombre muy comprometido con la labor social y el poder de que los músicos logren algunas cosas importantes en su desarrollo musical.

La última vez que me presenté en el Festival de Viña fue en 2025. He hecho todo lo que se puede hacer: fui jurado de los comienzos, cuando solamente participaban canciones chilenas —no había artistas extranjeros ni cosas—; después fui participante, gané concursos y fui finalista en dos canciones con composiciones; y dirigí el festival en las ocasiones que habían dos funciones (vespertinas y noche) —junto con mi querido amigo Saúl San Martín, un músico argentino—. Naturalmente no era la multitud de hoy, pero el Festival de Viña me trae recuerdos muy amables.

El Festival de Viña, para los músicos, dejó de existir hace muchos años. La necesidad económica hizo que fueran prescindiendo de las orquestas. Creo que fue el comienzo de una decadencia, a tal punto que Festival de Viña es un gran show, en que vienen grandes artistas extranjeros; y la competencia de la nacional está muy baja, no es la misma que dio tantos frutos, como “La Torcacita” (Ginette Acevedo) y montón de canciones que fueron ganadoras... Hoy, no se sabe quién ganó el Festival de Viña, y es lamentable... Pero ya es difícil darle vuelta. Se transformó en un gran festival internacional para que vengan grandes artistas extranjeros, muy populares y famosos, que hacen felices a la gente que asiste. Pero como “Festival de Viña”, como el corazón mismo, dejó de existir ya...

¿Veo el Festival de Viña? ¡Cómo no! Tengo que estar al día. Vivo de la música, tengo que saber qué es lo que está pasando... Me reservo las opiniones... Hay artistas que me satisfacen y otros no, como siempre.

"El Festival de Viña, para los músicos, dejó de existir hace muchos años", opina Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Soy el menor de cinco hermanos. El mayor, Fernando Trujillo, cantó por mucho tiempo temas populares. Hace casi dos años que falleció con casi 100 años.

Soy el menor de una familia muy longeva. Actualmente soy el único de los cinco que está vivo, pero todos ellos pasaron de los 90... y yo pasé de los 93, y ojalá me dé una semanita más, porque tengo varias cosas que hacer, jeje. Con Alejandro, que era médico, nos llevábamos un año de diferencia; pero con Fernando también, porque era músico; y con mi hermana menor, que era profesora de música y piano. Pero naturalmente el hijo menor —que soy yo— voló muy alto y salió del entorno familiar muy temprano. Mi relación familiar fue buena, pero no fue permanente, continua, porque hice muchas otras cosas que no eran del círculo familiar.

La muerte de los seres queridos a lo largo del tiempo... Para mí, naturalmente la pérdida de mi madre y mis compañeros, es muy fuerte. Pero hay una cosa: tienes que seguir caminando. Si te dedicas a quejarte y a solamente lamentar, pierdes la oportunidad, aunque sea con tus medios limitados, de ayudar o estimular a alguien. La vida, diría Pancho Flores, “hay que caminarla, porque caminando vas”.

Una foto del recuerdo de Trujillo junto a Don Francisco. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

¿Lloro?... Me conmuevo con mucha facilidad. No solamente por los recuerdos, sino que por las cosas que veo, por lo que sufre la humanidad. Pero no soy de lágrimas con pañuelo. Pude haberlo hecho muchas veces. Pero el sentimiento es el mismo, que se expresa más en una quietud y en un pensamiento muy personal, y lo sobrellevo y sigo actuando, como en el funeral de mi madre y de queridísimos amigos que han estado conmigo, que ya no están y me acompañado musicalmente en mi trabajo... Naturalmente me emociono, pero no soy hombre de lágrimas; no porque no tengas sensibilidad —creo que me sobra—, sino que sencillamente la vida es así. Y si no la tomas así es porque no estás viendo que la vida no es lo irreal de la felicidad permanente y perpetua. La vida tiene todos estos escollos y estas cosas espantosas que hay que sobrellevarlas y, llegado el momento, decir “chao, creo que cumplí”.

Soy un hombre feliz, pero no para la prensa, no para que digan “que tiene suerte”. Créanlo, soy un hombre feliz. Y esta felicidad la hago y la extiendo a personas que no son mi familia. No estoy para complicarle la vida a nadie. Estoy seguro que estoy para hacer más grata la vida a todas las personas que se acerquen a mí, tanto compañeros del trabajo como cantantes, compositores y representantes incluidos, jeje.

Tengo un buen buen carácter. ¿Siempre he tenido buen carácter? (Pregunta reportero). No fui nunca un viejo gruñón, porque el pianista que esté tocando (Se pone a tocar una canción que transmite molestia y frunce el rostro)... ¡nadie lo va a ver! Viejo amargado, dedícate a otra cosa. No digo que el músico popular se esté riendo como torpe a toda costa, pero sí con un carácter afín a lo que estás haciendo... No puedo tocar yo este tema... (Se pone a tocar una canción más alegre); y si me duelen las muelas, mala suerte, ¡me aguanto!, jejeje.

"Soy un hombre feliz", declara el artista. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Diría que toco piano todos los días, pero sin horario. La verdad es que tengo horarios de trabajo, que son los ensayos, y siempre me puedo mandar 2:30 o tres horas. Afortunadamente todavía tengo una vitalidad más de la que me corresponde a los 93 años.

Si le pudiera hacer cariño al piano… Es el instrumento que realmente me hace sentir que la vida vale tanto la pena. Vale tanto la pena. Y qué bueno haberme acercado a este instrumento. Lo mismo era un gran violinista o un gran guitarrista... y lo mismo el que no tiene ni guitarra, pero tiene lo que yo llamo “su majestad de los instrumentos”: la voz. Alguna vez, después de tocar el piano, le expresé a algunos amigos: “Muchas gracias, pero lo que me habría gustado es cantar bien”, y recibí una respuesta que no es publicable: “¿Y no queriai otra cosita, conchetumadre?”, jejejeje. Está vivo el compositor que me dijo eso.

¿A qué hora me levanto? Flojo soy, digamos: a la hora que despierto debería levantarme (a las 5:30 de la mañana). Duermo poco naturalmente. Soy un hombre que apaga la radio a la 1 de la mañana todos los días. Estaré despierto a las 5:30 o 6. Y las 7 estoy ya levantado. Y en la tarde, si estoy sentado, seguramente me quedo dormido también; pero no soy un hombre de muchas horas de sueño.

Veo las noticias, estoy al día de todo lo que pasa, lo que está pasando y lo que pasará. Me interesa mucho la noticia social, la noticia económica también y la noticia cultural.

Tengo doce nietos y ocho bisnietos, ¡veinte en total! Los amo a todos... “Tata Tin”, me dicen. Soy un viejo muy chocho, muy querendón... No sé si dejaría que me pegaran un palo en la cabeza, creo que no; pero sí estoy dispuesto a que me miren, me quieran, me pidan canciones y quieran cantar. Eso, para mí, es maravilloso, y que estén sanos.

En las reuniones familiares nosotros mismos hacemos la música, no hay ninguna grabación: yo toco el piano todo el tiempo, y ellos cantan, y yo los acompaño, y hacemos unas reuniones larguísimas, de cuatro o cinco horas al día; hasta los nietos de dos años bailando y escuchando por ahí. Es lo más hermoso que hay. Como tenemos actuaciones con nietos —y con una nieta casada con un nieto, Consuelo Schuster—, tenemos reuniones maravillosamente musicales.

"Tengo doce nietos y ocho bisnietos", actualiza Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Es mi cuarta vez que estoy en el Teatro Nescafé y el concierto es repertorios de grandes músicos y compositores... Tengo músicos preferidos, como George Gershwin, un músico que murió en 1937, y me gusta mucho una canción que se llama “Tengo ritmo” (“I Got Rhythm”)... (Y se pone a tocar una parte de la canción en piano durante más de un minuto).

¿Cómo es para mí tocar en un concierto con mi familia? Si yo hubiese dicho: “Quisiera llegar a ser músico, y ya viejo cantar con mis hijos, con mis nietos y nietas, sería para mí fantástico”... Me lo cumplieron hace rato. Hace rato que lo hago y soy el hombre más feliz disfrutando con ella en el escenario. Que es lo mismo que hacemos en la casa: música, música, música y más música. Ellos me lo agradecen mucho... supieran lo que yo les agradezco a ellos. Me permiten estar queriéndolos, besándolos y acariciándolos.

La única ansiedad que me provoca el concierto es que llegue la fecha, ¡y me preparo! Nos preparamos mucho, ensayamos bastante. Lo que sale ahí no es una cuestión espontánea: es un proceso profesional. Nosotros estamos cobrando por un trabajo profesional y lo damos.

¿Todavía me pongo nervioso en el escenario?... Mentira si dijera que “sí, me pongo nervioso”. Lo que sí me preocupa es que el piano esté afinado, porque me preocuparé de dejarlo desafinado, jeje... Soy un viejo con muy buen humor.

De los jóvenes aprendo también, porque los jóvenes sienten la música de otra forma y para mí es una obligación tratar de entender “qué hace ese joven talento sintiendo otros sonidos”, porque hoy un joven que del 2026 no tiene por qué saber cómo eran la polainas.

Los aplausos y la palabra “gracias” me son recurrentes. Tengo que agradecer que hay gente que se pone de pie para aplaudirme, agradeciendo lo que he podido entregar por tantos años. Me emociona... No me pondré a llorar frente a la gente... pero me emociona, y lágrimas surgen. Pero es el alma la que tiene que primar.

Valentín con un retrato del grupo familiar "Herencia". Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Soy un hombre del Partido Comunista, y soy premiado por el Partido Comunista, del cual me honro muchísimo. Pero no vivo de la política para la gente. Tengo mi pensamiento, legítimo tener mis pensamientos, y los expreso cuando hay que hacerlo, cuando hay votaciones, una campaña y un candidato. Pero NO vendo política. No tengo derecho a que la gente pague para que me vea expresar mi pensamiento político. Mi pensamiento musical, ¡el que quieran! Para eso me pagan, no para que hagan una promoción política, o contra-política. Me pagan para tocar el piano y es lo que hago.

¿Sigo en contacto con el hoy exPresidente Boric? Desde que salió de la Presidencia no no he sabido de él. Pero a ese joven le tengo especial cariño y promoción. El tuvo una entrevista con Mario Kreutzberger unos dos meses antes de la elección, vaticiné que saldría, ¡y le achunté! (voté por él). Y cuando salió elegido declaré “ojalá no me defrauden”. ¿Con qué sensación quedé? (Pregunta reportero) Me colmó más en lo que es: joven, inteligente, honesto, con aciertos, con errores (es un ser humano)... Y creo que para el segundo round (una próxima candidatura), que lo hará: espero estar ahí para apoyarte, Boric; espero estar ahí cuando sea el momento. Le tengo gran simpatía. Es un niño, es menor que todos mis hijos, entonces le tengo un gran aprecio. Y siento de él también una gran afectividad. Es muy amable conmigo.

¿Mi opinión del gobierno José Antonio Kast?... Conozco al Señor Presidente... ¿Qué deseo? Que le vaya muy bien, ojalá, porque si le va muy bien le va muy bien a Chile. Y Chile es mi patria. Y necesita que le vaya bien a Chile. Solamente lo he visto en Las caras de La Moneda: muy deferente, porque políticamente yo me expreso solamente en los en las partes que (corresponde), no cuando estoy en la música.

Mi relación con la plata durante en mi vida es: que circule. No soy un avaro que junta plata y le veo todos los días... no, no, no: que circule. No la derrocho, si la gané y me costó; pero tampoco me voy a poner un avaro. Hay personas que necesitan que le hagas una atención.

¿Por qué nunca aprendí a manejar? Ninguna condición mecánica tengo, tal vez por mi falta de concentración. Varias cosas que necesitan concentración no las hice, como nadar o andar en bicicleta, que al segundo porrazo —que me lo di al segundo o tercer día— no anduve nunca más. Muy negado para las cuestiones mecánicas. Pero muy admirador de las personas que lo hacen, jeje.

"Es muy amable conmigo", dice Valentín sobre Boric. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Sigo siendo ateo. Nunca me ha aflorado una inquietud por la vida después de la muerte. Creo en un proceso natural. A las personas que creen en un mundo superior, ¡las felicito!, porque si lo logran, fantástico. Me gustaría decirle a la gente que soy un ateo, pero no estoy contra lo que estás creyendo: allá tú con lo tuyo; yo, con lo mío. Eso te hace bien a ti: si no eres ladrón ni sinvergüenza gracias que eres católico, ¡fantástico! Pero si eres católico, ladrón y sinvergüenza, ¡oye, no po’! ¿Qué gracia tiene si eres un carajo? Soy un ateo que creo en mí y en la gente. Pienso que esto comienza y se termina acá, y acá está el infierno, el purgatorio y el cielo, si tú te lo sabes construir, y puedes construírtelo.

La gente conmigo es lo más cariñosa. Me saludan a cada rato, con especiales deferencias de cariño, porque les traigo muchos recuerdos, no solamente por el hombre que estaba en la pantalla, sino que “en ese momento yo veía el programa en que usted estaba con mi mamá”, “con mi hijo”, “con mi padre” o cualquier persona querida. A cada rato me encuentro con personas que me hacen cariño.

¿Me interesa ser recordado? No soy un sapo que ando llenándome de ego. Estoy convencido de que desaparezco este mundo y a los dos años no sabrán de mí... “¡Ah!, esta es la plaza Valentín Trujillo, ¿te acuerdas?”, “¿y qué es lo que hacía?”. El cabro chico no tendrá idea: “¿De qué jugaba?”, JAJA. Los niños ya no me ven en televisión y ya fue... Pretender que me sigan recordando es de una presunción increíblemente torpe... A los dos años, ojalá me recuerden todavía. La música mía pasará de moda como las grandes músicas populares que ya no se tocan.

"No soy un sapo que ando llenándome de ego", asegura Trujillo. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Lucho Gatica fue muy famoso, FUE muy famoso, y merecidamente famoso. Pero las cosas son así: le puedes preguntar a un niño si conoce a Rosita Renard, y a más de alguno le habrá sonado la población (en Ñuñoa), ¿pero quién fue? Yo siempre he dicho: ¿por qué las calles no tienen todas, por ejemplo, “Compositor Flores del Campo” o “Vicente Bianchi, músico”? Pero los uniformados tienen la justicia de que les ponen quién son (no estoy diciendo que no deba ser), como “Almirante” no sé cuánto. Acá hay una plaza que se llama “General Flores”, que fue el padre de Francisco Flores del Campos, el compositor, que todavía no tiene una calle; el padre ya tiene una calle, que me parece bien, ¡pero el compositor debería tener una avenida!, jejeje, ¡o un teatro! ¡O una sala grande!... Hacen falta muchas cosas antes, como un hospital o una escuela; pero hagámosle empeño. Se puede hacer algo más.

Si pudiera elegir la última canción que tocaría en mi vida, la que me viene ahora es una que salió en la película Casablanca —la de Ingrid Bergmany y Humphrey Bogart—, y la musica es de... (Y el pianista se pone a tocar la icónica “As Time Goes By”, compuesta por Herman Hupfeld, durante unos minutos)... No es triste, es sentimental, que hay una diferencia enorme: no me puedo tirar de guata a llorar... Pasan, pasan los años, ¡y si tienes la maravilla de que pasen hartos años!, unos 93 por ejemplo —ojalá 94—, sería bueno.

Cuestionario Pop

Si no hubiera sido pianista, me habría gustado ser afinador de pianos.

De mis tres apodos emblemáticos —“Maestro Valentín” (por Don Francisco), “Amigo Valentín” (Jorgue Guerra) o “Tío Valentín” (Iván Arenas)—, el que más me gusta es el “Amigo”.

Un sueño pendiente es más horas de Música en los colegios.

Una cábala mía... Dame los números de la lotería, jeje. Déjame jugar en una máquina buena en el casino. Me gusta ir a las máquinas, ¡no me gusta pensar! Voy a descansar ahí. El que va a un casino a ganar plata está equivocado. Para ganar plata tienes que trabajar, no ir al casino. Al casino se va a dejar plata... cuídate de no dejar mucha.

Una frase favorita es “yo no te molesto, no me molestes”.

¿Un trabajo mío que no se conoce?... Nunca he vendido nada que no sea música. Nunca he comprado nada que no sea música. Nunca he ido a un espectáculo que no sea música.

Mi primer sueldo me ayudó a comprar un reloj de pulsera, y lo fui pagando en cómodas letras, porque una persona me dio diez meses para pagarle. Fue el primer reloj que tuve.

"Nunca he vendido nada que no sea música", asegura el artista. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

¿Algo de lo que me arrepiento? Un montón de cosas... No haber entregado más tiempo a mi familia, que ya no lo puedo cambiar; y de no haberme entregado aún más apasionadamente a lo que hago.

Un artista al que me gustaría acompañar... Ayayayai... Hay una artista a la que me habría gustado, triunfadora en el extranjero, es Rosita Serrano.

Un músico chileno que admiro es Francisco Flores del Campo.

Un músico que es mi amigo es Fernando Otárola, fallecido, y que estuvo conmigo muchos años, en la orquesta, guitarrista, amigo. Aún lo recuerdo, prácticamente todos los días.

Un disco favorito mío es Un piano con alma.

Un talento o pasatiempo oculto es que soy un viejo que juega máquinas en el casino. No quiero hacerle propaganda a los casinos.

Una película que no me hace llorar pero que me emociona es Rhapsody in Blue, basada en la vida de mi músico favorito, George Gershwin. Es mucha la gente a la que le tengo gran admiración.

¿Un miedo? Me cargan los dolores físicos. He aguantado algunos terribles... ¿Y ahora? ¿Quejarme teniendo 93 años, siendo conocido, teniendo trabajo?... ¡Cállate!, cállate. Date vuelta y di: “Gracias”.

"He aguantado algunos terribles", recuerda Trujillo sobre sus dolores físicos. Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

No creo en el horóscopo. Juego, sí. Soy Tauro... veo lo que dice de Tauro y no es ni pariente de lo que yo soy, jejeje.

Si pudiera tener un superpoder me gustaría... Curador de almas soy... Continuar siéndolo.

¿Un placer culpable? No soy un sibarita, soy un hombre que come regularmente, estoy gordo pero no soy un obeso... estoy sobrepasado 10 kilos apenas, lo que habla bastante bien de una conducta de comer.

Si pudiera invitar a tres famosos de la Historia a un asado, uno sería George Gershwin; Tito Schipa, un italiano; y tal vez Charles Chaplin.

Valentín Trujillo es un viejo feliz de estar vivo, de seguir disfrutando de su arte, y seguir disfrutando de estar comunicándose. Cada vez que despierta: “Qué bueno”.

Más sobre:La FirmeValentín TrujilloTío ValentínTeatro NescaféJorge GuerraIván ArenasDon FranciscoAída Sibilla

Lo último

hace 4 min
Rosario Bravo se sinceró y confirmó que se sometió a desconocido procedimiento estético: expuso íntimo detalle
La enfermera reconoció que recientemente pasó por pabellón para realizarse un retoque.
Espectáculos

Rosario Bravo se sinceró y confirmó que se sometió a desconocido procedimiento estético: expuso íntimo detalle

hace 10 min
Mon Laferte en Movistar Arena: otra noche de melancolía
La cantante chilena dio anoche el primero de sus dos shows propios en Chile tras su exitoso paso por Viña.
Espectáculos

Mon Laferte en Movistar Arena: otra noche de melancolía

hace 12 min
“¡No podemos dejarlos...!“: el inesperado llamado de Max Luksic tras cuestionado anuncio del gobierno
Alcalde de Huechuraba no quedó ajeno a la controversia y envió un directo mensaje.
Chile

“¡No podemos dejarlos...!“: el inesperado llamado de Max Luksic tras cuestionado anuncio del gobierno

hace 24 min
Oliver Tree antes de su primer concierto en Chile: “Dr. Simi y yo somos la pareja ideal”
El artista multifacético viajará por todo el mundo este 2026 en una gira que lo traerá para presentarse por primera vez en Chile. Desde México, lugar que habita desde hace dos meses, conversó con La Cuarta sobre su show, lo que ha descubierto y su relación con nuestro país.
Espectáculos

Oliver Tree antes de su primer concierto en Chile: “Dr. Simi y yo somos la pareja ideal”

hace 24 min
Entre Radiohead, rupturas familiares y colaboraciones soñadas: cómo Kidd Voodoo maceró su propia Euforia
Apenas unas horas atrás, Kidd Voodoo presentó el que acaso sea el álbum más ambicioso de su catálogo, con las participaciones de Pablo Alborán, Rels B y Mon Laferte, a contracorriente del reggaetón y el vértigo de los algoritmos. Un disco que él define de rock y que pergeñó como refugio ante la separación de sus padres y la tristeza de sus hermanos. Aquí resume el proceso: inseguridades, influencias e intenciones.
Espectáculos

Entre Radiohead, rupturas familiares y colaboraciones soñadas: cómo Kidd Voodoo maceró su propia Euforia

hace 24 min
Celebra el día del pisco con una promo 2x1 en piscola y sour
Este viernes 15 de mayo, Malpaso elige como su casa a Kross Bar, para celebrar al pisco con coctelería, entretención y promociones especiales.
Tendencias

Celebra el día del pisco con una promo 2x1 en piscola y sour

Cotiza y compara todas las marcas y modelosPublica tu auto acá