La iluminación de Kenita Larraín: “Tenía la tendencia a ser mamá de mis parejas, de mis padres y de mi hermano”

Entrevista a Maria Eugenia Larrain (Kenita), por el lanzamiento de su libro de Numerologia - Foto: Andres Perez (La Cuarta)

Tras su no-matrimonio con Iván Zamorano en 2004, “pasé una crisis”, declara sobre un episodio que marcó un punto de inflexión. Partió un camino que define como de “sanación”, en el que se encontró con la numerología, y que ahora la tiene con su primer libro: El camino de tus números. Esto la ha llevado a repasar sus mediáticas rupturas, hacer mea culpas, analizar carencias, excesos y renaceres.

María Eugenia “Kenita” Larraín (49) casi no deja de sonreír, desde que abre la puerta de su casa en un exclusivo condominio en un rincón de Lo Barnechea, donde el suelo se vuelve bastante vertical hacia la cordillera. Trae puesto unos aros de mostacillas rojas, azules y blancas dispuestas de tal forman que ilustran la bandera de Chile.

En su amplio comedor, en torno a ella orbitan dos grandes y afectuosos perros, mientras que cada tanto aparece uno que otro refinado gato. También, en una jaula, tres loros argentinos se echan a cacarear cuando estiman conveniente, opacando las palabras de la la modelo y numeróloga, quien acaba de lanzar El camino de tus números (Aguari), su primer libro que invita al lector a descubrir “los mensajes que te entrega tu fecha de nacimiento”, según indica la portada.

Son días agitados para la ingeniera comercial, que está en proceso de promoción; de hecho, el viernes 6 de octubre estará en la librería Antártica del Costanera Center a las 18:00 horas; y el sábado 14 se desplazará a la Municipalidad de Las Condes, para el Festival de Autores de Santiago.

—Y voy estar en otros lugares, firmando y sacándome fotos —asegura.

Para la ex-Reina del Festival de Viña, este ha sido un año “de sanación, transformación y atreverme a cosas que nunca había hecho”, cuenta a La Cuarta quien este año, además, lanzó “Tu magia en mí”, una canción que rescata lo que fueron sus relaciones con Iván Zamorano, con quien estuvo a punto de casarse en 2004; Marcelo “Chino” Ríos, del que se separó 2008; e incluso su romance con el mismísimo Luis Miguel. Estos examores también son abordados en el arranque del libro. Hoy, Kenita está casada con el empresario Sergio Ader, con quien tiene a su pequeña hija, Sophia.

Kenita decidió hace un taller sobre numerología que derivó en un libro. Foto: Andres Perez

La transformación

El camino de tus números surgió de una taller de numerología que Kenita decidió hacer en pandemia, cuando partieron los encierros. Ella se preguntó: “¿Cómo puedo trabajar y a la vez ser un aporte en un momento tan difícil?”. Así que “desde ahí sentí que la numerología, a través del del autoconocimiento que proporciona, podía ser un gran aporte para ayudar a todas las personas”, cuenta y sus perros, sin motivo aparente, se ponen a ladrar. “Todos necesitábamos y estábamos invitados a un gran cambio interior, y desde ahí la numerología es una herramienta maravillosa, que en mi caso, tal como lo cuento en el libro: un antes y un después”, asegura. “Fue para mí una salvación”.

—¿Por qué el 2023 fue de “sanación”?

—De transformación —aclara—. De hecho, estoy en un ciclo 13, y habla de ciertas muertes internas y procesos de transformación profunda; y así fue, tal cual. Comencé haciendo este taller. Antes de la pandemia, si tú me hubieras preguntado: “¿Alguna vez te ves enseñando clases?”, te habría contestado: “No, quién soy yo para enseñarle algo a alguien”. Cuando comenzó la pandemia, sentí un llamado interior a justamente poder contar mi historia, a través de la numerología, y enseñar lo que yo sabía. Y resultó tan bien mi primer taller y tuve que abrir otro, y otro, y otro. Siento que fue un gran aporte en un momento complejo.

Además, quiso que sus clases fueron algo “muy integrativo”, reunir distintas numerologías, como la egipcia, tántrica o pitagórica, tras años intruyendose, también sobre ancestrología, constelaciones familiares y thetahealing, “que apunta a la reprogramación de creencias, porque lo que uno cree, crea, y desde ahí copiamos la realidad”, detalla. “Mi taller fue meter toda la juguera, muchos conocimientos y experiencias personales, y desde ahí nace”.

La númerologa define el 2023 como un año, en lo personal, de "transformación". Foto: Andres Perez

Por lo tanto, adelanta que en el libro, además, hay “soluciones a los números que están en ese equilibrio; no sólo marca una misión a conseguir, sino también soluciones a los distintos números en desequilibrio, como, por ejemplo, los karmas, que son trabajos espirituales a realizar”. Desde su mirada, “esos cambios apuntan a lograr la sabiduría”, remarca. “Hablo, también, mucho de medicina china: según tu número desequilibrio, cuáles son los órganos o lugar de tu cuerpo que podrías tener más débil en relación a tu numerología”.

—¿Siempre has escrito?

—Yo creo que cuando era más chica, en mi infancia, pude haber escrito, así como unos poemas, unas cosas así, jaja, en algún momento de mi vida. Y antes no existían los mails ni WhatsApp, entonces escribía cartas. Pero escribir una canción o un libro, no es la primera vez.

—¿Cómo surgió la chance de publicar?

—Como existe la sincronía, tenía desde hace mucho tiempo la idea de hacer mi propio libro incluso. Hace ya varios años Sergio Marabolí escribió mi biografía no autorizada (Rubia de ojos celeses), le fue muy bien y yo pensaba: “Qué ganas de escribir mi propio libro”. Pero quería hacer uno de numerología y no se había concretado. Un día recibí la invitación para el lanzamiento del libro del doctor Ricardo Soto (Consciente creador), y dije “qué entretenido, quiero ir a escucharlo”. Y fui con mi marido y mi hijita a escuchar la presentación en la Municipalidad de Las Condes, al Festival de Autores de Santiago el año pasado. Ahí conocí a quien después fue mi editora. “Me interesaría escribir mi libro de numerología” le dije, y ella me contestó: “Ay, démosle, ¿cuándo nos juntamos?”. Se dio en el momento preciso.

—¿Cómo fue el proceso de escribir?

—Primero transcribir mis clases y después a eso darle forma de libro, e ir agregando, sacando, dándole vida. Si bien el libro está inspirado en los talleres, no es exactamente igual. Y tiene información adicional en sus 280 páginas. Tiene mucha simbología, ejercicios y soluciones para que puedas realmente a través de sus números sanarse.

Kenita cuenta que su libro también contiene algunos ejercicios para ayudar a sus lectores. Foto: Andres Perez

Nace una numeróloga

—Hace ya varios años, decidiste tomar una clase de reiki con un maestro de la India ¿En qué momento tocaste fondo?

—Cuando pasé una crisis y no me casé con Iván Zamorano, fueron momentos súper difíciles a nivel nacional. Desde ahí decidí, como paciente o consultante, tomar una sesión de reiki. Y sentí tanta paz de esa persona que me está hablando: “Esto es lo que yo necesito, algo espiritual”, dije. Yo no conocía este mundo y tuve que empezar a hacerme de cero; no tuve como un referente en la familia, aunque sí con respecto a otras cosas maravillosas que obviamente me ayudaron a crecer y salir adelante. Pero en lo espiritual, no. Es lo que me ayudó finalmente a ser la persona que soy hoy.

—¿Cómo recuerdas ese punto de quiebre?

—Sentía tanto dolor interno que fue como: “Esto no es lo que yo busco, me falta algo más”. Me falta esa paz que sólo encontré con los años a través del autoconocimiento.

—¿Y qué opciones buscaste?

—Primero, a través del reiki. Después, sanación egipcia. Glándula pineal. Los típicos talleres. Y fui buscando, buscando, hice varios viajes a Egipto. Hasta hoy sigo tratando de ser mejor persona, conociéndome y sanandome más. Creo que para eso estamos acá. Siento que no estamos acá para trabajar y tener cosas, sino que por una razón mucho más profunda. Cada uno tiene una misión.

Desde el 2004, tras su ruptura con Iván Zamorano, Kenita inició un camino de introspección. Foto: Andres Perez

—”Venía a romper patrones dolorosos en el sistema familiar”, dices en el libro. ¿Siempre tuviste esta certeza?

—No. Cuando entré a estudiar ancestrología y constelaciones familiares, y empecé a hacer trabajos con mi linaje, a tomar conciencia de sus historias, vivencias, si fueron felices, si cumplieron sueños o no, me di cuenta que que en algunos casos había postergación en las mujeres, que es muy común en algunos árboles familiares.

Mientras habla, uno de sus perros intenta quitarle un bizcocho que tiene en la mano. “No, no, a los perritos les hacen mal los dulces”, le ordena ella, aunque el can persiste y asoma su hocico sobre la mesa.

En tanto, Kenita retoma:

—Empecé a tomar conciencia de los patrones que se venían repitiendo de generación en generación. Y en algún momento hice más consciente lo inconsciente. Desde ahí sentí que si había recibido el conocimiento de que realidad no existen las casualidades, era por una razón: si podía hacer algo diferente con respecto al pasado, tenía que hacerlo, ser valiente y atreverme a intentar hacer esos cambios, y dar lo mejor de mí. Y en ese trabajo estoy actualmente.

—¿En proceso aún?

—Creo que uno nunca termina de sanarse. Siempre hay cosas que sanar a nivel personal y grupal.

Aunque escribió un libro que busca ser una autoayuda, Kenita sabe que tiene mucho por mejorar. Foto: Andres Perez

—¿Qué sientes que te falta?

—Hay muchas cosas que sanar en el árbol, pero algo que para mí era muy importante era mi sueño de ser madre. Cuando empecé a mirar los hijos en mi sistema familiar, me di cuenta que había algo que sanar en nuestro árbol. Y fue lo que hice. Gracias a esa sanación pude convertirme en madre —hace una pausa y luego reflexiona—.... Más que el perdonar las historias o lo que viviste en la infancia, si algo puede haber sido doloroso, que en este caso fue la separación de mis padres (Mario Larraín y Patricia Calderón), creo que hay que aceptar tal cual fue, y atesorar en el corazón, y darte cuenta que eso te sirvió, darle otra mirada. Y desde ahí te das cuenta que todo tiene un sentido. Cuando uno lo agradece conecta con el Universo desde otro lugar, y llegan muchas más bendiciones.

—¿En algún momento sentías que...?

Pero a Kenita se le quedó una idea en el tintero, así que vuelve a tomar la palabra:

—Yo amo esa frase que dice: “La queja es pobreza y la gratitud es riqueza.

—Bueno, eso aparece en el libro...

—Y trato de vivirlo en el día a día. Cuando se me empieza a olvidar, digo: “A ver, ¿qué estás haciendo?”. Y me alineo nuevamente. Me hace mucho sentido, porque las palabras, además, son energía, y la intención con que uno las dice. Hay muchas cosas por las que podríamos reclamar, quejarnos que no tenemos o que cumplieron nuestras expectativas. Pero cuando miramos todo el resto que sí tenemos, nos cambia la energía; mirar el vaso medio lleno. Es importante ese enfoque, porque uno vive más tranquilo y feliz.

El gran sueño que tenía Kenita era ser madre, un anhelo que, con Sophia, se renueva todo el tiempo. Foto: Andres Perez

—Ya con tu hija Sophia con siete años, ¿el sueño de la maternidad continúa cumpliéndose?

—Claro, vas pasando por distintas etapas. Estoy feliz. La miro y siempre le digo que ella es mi máximo orgullo, mi sueño hecho realidad.

Su perro continúa en busca de algún bocado de parte de Kenita, que finalmente cede. “Ya, le voy a dar un pedazo para que se deje”, acepta. “Es como un oso”. Se ríe tiernamente.

—Tuviste a Sophia a los 42... ¿Te imaginaste sin ser madre biológica?

—Pasé como por varias etapas, porque antes de entrar en este proceso de la numerología, no tenía ese temor porque era inconsciente. Estaba joven, con veintitantos años. Pero a los treinta y tantos empecé a estudiar el árbol y, cuando lo miré, me di cuenta más o menos cómo se venía la situación. En algún momento al principio tuve miedo de no lograr cumplir mi sueño de ser mamá. De ahí dije: “Yo sí puedo”. Empezamos a ver la energía, a sanar y lo logré.

Durante largo tiempo, Kenita tuvo en el inconsciente su temor a convertirse en madre. Foto: Andres Perez

Amores fallidos

—”Uno tienda a pasarle la cuenta a las parejas de las carencias y excesos que tuvo en relación a lo vivido con los padres en la infancia”, se lee en libro. ¿Cuánto de sicología pura y dura hay en eso?

—Si bien seguramente pertenece a lo que plantean algunos psicólogos, en especial los transpersonales. Uno tiende a repetir patrones. Y por eso también es importante mirar los linajes y la infancia. Hay personas que a veces piensan que porque tienen muchos años la infancia no les afecta, y no es así; toda esa información está en el inconsciente, y nosotros co-creamos la realidad desde ahí. Yo puedo decir: “Mi sueño es ser feliz”. Pero esa es mi parte consciente. Si me doy cuenta que no estoy siendo feliz, tengo que mirar qué puedo tener en mi inconsciente que finalmente me hace obtener este resultado de infelicidad. El inconsciente es un mundo fascinante y hoy estoy abocada.

A modo de ejemplo, platea:

—Si cuando pequeño sufriste la herida del abandonó, porque tus padres trabajaban viajaban mucho y te crió una abuela o una persona que trabajaba en la casa, lo más probable es que si no trabajas en ti en relación al abandono, cuando crezcas tendrás mucho miedo a que te abandonen tus parejas. Puede ser tanto el terror que a veces incluso abandonas tú primero. Entonces vas a vivir desde ahí. Incluso se habla, ancentrológicamente, de que uno está afectado por siete generaciones hacia atrás y que afectará siete generaciones hacia adelante. Imagínate la responsabilidad que tiene cada uno de nosotros.

La separación de sus padres, Mario y Patricia, fue un hito clave de su infancia. Foto: Andres Perez

—¿Qué carencias que te marcaron más cuando chica?

—Claramente todas las que pueden haber surgido a partir de la separación de mis padres, cuando yo tenía nueve años. Obviamente hay un quiebre en la familia y eso trae consecuencias.

—¿Tienes recuerdos de esa época?

—Sí, tengo recuerdos, que son conscientes, pero también está toda la parte inconsciente, que es donde hay que entrar a picar —comenta y se ríe por esa frase más propia, tal vez, de la albañilería—. Es donde primero empecé a mirar en mi camino de sanación: la infancia, porque es tu nido. Tenía mucho miedo de repetir la historia, de que hubiera un quiebre familiar donde la familia se separará ya con hijos. Creo que fue una de las grandes razones me motivó, cuando no estaba bien la relación con Iván Zamorano y dije: “No, no quiero repetir la historia que viví con mi con mis padres”. Puede pasar una separación, pero si desde antes ya veo que las probabilidades son muy altas de que ocurra, obviamente lo voy a tratar de evitar, porque como niña sufrí, sufrí esa separación de mis padres. Fue doloroso.

El temor a tener hijos y después separarse fue un factor clave para no casarse con Zamorano. Foto: Andres Perez

—Calificas a Marcelo Rios, Ivan Zamorano y Luis Miguel como “maestros”: ¿Cúál es el proceso para referirse así a tus exparejas, sin culpas ni rencores?

—Al principio sufrí harto por amor —admite entre risas—, igual que la mayoría de los seres del planeta. Pero me di cuenta que si seguía pegada en el dolor o culpando al otro estaba afuera. Entonces dije: “La otra persona tendrá su responsabilidad en la historia y yo tengo la mía”. Busqué mi responsabilidad y qué tenía que sanar en mí y me hice cargo de lo que me correspondía solamente. Lo demás lo liberé. Siento que busqué el perdón divino. La culpa siempre va a llevar a un auto castigo. En cambio hacerse responsable va a llevar a la reparación. La culpa es una responsabilidad mal entendida. Yo no puedo cambiar al otro, no tengo ese poder, que es algo aprendí con Marcelo Ríos. Uno puede ayudar y acompañar en el proceso de lo otro, pero el otro va a cambiar cuando quiera cambiar. Antes a las mujeres se nos criaba mucho a nivel de sociedad como “cuando esté enamorado de mí va a cambiar”, y teníamos esa esperanza. Desde esa linda energía, uno sentía que se podía lograr. Pero me di cuenta de que cada persona tiene su momento y debe tomar esa decisión desde lo propio. El cambio real es cuando la persona decide cambiar por sí misma.

—¿Esas reflexiones las hacías en su momento?

—Son aprendizajes que adquirí con el tiempo, cuando la historia ya pasó, y fui sintiendo que fui sanando esa historia. Me fui liberando. Y esa es la idea, que ambas personas se liberen. Decidí enfocarme en los momentos lindos, porque por más que los términos de las relaciones a veces hayan sido más trágicos o dolorosos, también esa relación tuvo buenos momentos, claramente, generalmente al comienzo, jajaja. Cuando el evento se va alejando, uno lo va mirando desde otro lugar. Desde ahí los llamó “maestros”, no porque en la relación hayan blancas palomas y se hayan portado increíble conmigo, jajaja. Pero entendí cuál era el propósito de esas personas en mi vida.

Kenita se refiere a sus exparejas como "maestros", pero no porque hayan sido unas "blancas palomas". Foto: Andres Perez

—¿Eras analítica contigo misma cuando más chica?

—Desde niña siempre tuve un mundo bien de introspección, en algunos casos más bien reservada, un mundo aparte. Pero también cuando me empezaba a sentir muy sola, o se activaba en todas estas carencias de la infancia, me acuerdo que siempre quería estar con amigas, las invitaba a viajar, “oye, acompáñame a tal lugar”, y me costaba más estar sola…

Mientras, María Eugenia habla, los loros se ponen a chillar, cada vez más fuerte, y el ruido se vuelve casi ensordecedor. Luego, como si ya se hubiese agotado, se silencian. “Perdón por la orquesta que tenemos acá”, se disculpa. Y retoma la idea:

—Desde ahí y creo que ahí se mostraban mis carencias. Antes me sentía súper amistosa, iba con mis amigas a todas partes y las invitaba a todas partes. Pero ahora me doy cuenta que era una forma de evadir para no estar sola y no conectar con ese dolor.

—”Los cambios son de adentro hacia afuera, a veces nos desvivimos por solucionar el afuera”... ¿Cómo eras en esos años?

—Cuando era veinteañera, vivía momentos de felicidad y gratitud, pero quizás eran más cortos. Sentía que algo faltaba, esa paz interior, tranquilidad, felicidad y amor propio. Sí lo logré encontrar después; al final, pase lo que pase, uno está bien con uno mismo, y eso te da una tranquilidad y paz tan valiosa. Antes dependía mucho de lo externo. Sentía que me amaba poco a los veinte años, que tenía temas que trabajar de autoestima. Y justamente creo que se dio por ese quiebre en la familia. Para una niña pequeña, cuando el padre se va de la casa, a veces incluso uno como niño se siente “oh, ¿yo habré hecho algo?, ¿habré tenido algo que ver?”. Eso pasa mucho. Todo eso después va quedando como herida de abandono y carencias. Cuando las personas están tratando de recuperarse de una enfermedad, están mirando no la raíz: qué estabas pensando, qué emoción sentías reiterarme en el tiempo que llegó al finalmente a pasarse a lo físico. Las enfermedades son mensajeros en otras culturas. Estamos muy acostumbrados a ir al doctor o la farmacia y que nos resuelvan la consecuencia, pero pocas veces miramos hacia el interior. Esto era lo mismo: si yo no estaba teniendo una relación de pareja como la que yo esperaba y siempre había soñado, tenía que buscar en mi interior, ir hacia atrás en mi historia.

Kenita durante mucho tiempo se preocupó por su "afuera", mas no de su interior. Foto: Andres Perez

—¿Sino uno le echa la culpa a factores que ni siquiera están en tu dominio?

—Bueno, eso me llevó también a escribir esta canción de amor y agradecimiento: que aunque tú lo hayas pasado mal, pésimo, horrible con algunas parejas, y con otras increíble, siempre hay que agradecer a todas esas personas que estuvieran en tu vida, porque de alguna forma igual dejan una huella. Me di cuenta que en general había muchas canciones que hablaban de “tú tuviste la culpa, tú me engañaste, me traicionaste”, muy desde el despecho y el dolor. Y quise hacer una canción diferente, con una letra con otra energía. Además, lo llevé a la música cómo lo hacía Mozart, al 432 hertz, porque la mayoría están en 440 Hz. Con la afinación de los instrumentos en otras frecuencia también te ayuda a la sanación y elevar tu vibración. El libro es muy coherente con el proyecto musical.

—¿Siempre los pensaste así?

—Creo que se dio y también fue la idea de seguir la misma línea. Parece que hubiera sido a propósito, jajaja, pero no.

Los mantras de Kenita

—”Suelto y confío” es uno de tus mantras: ¿Te cuesta confiar a veces?

—Hoy lo tengo más integrado, pero no ha sido un proceso fácil, porque uno tiene ganas de que las cosas resulten o que nadie sufra, entonces a veces tengo que decir “suelto y confío”, porque también entiendo que hay un plan divino para mí y todas las personas. Siento que tengo un gran camino recorrido, porque cuando ya algo no me resulta, e hice todo para que resultara y no resulta, suelo y confío en que por algo será. Suelto antes mis expectativas. Nunca he sido una persona mal genio, pero antes no entendía: “¿Qué pasa? ¿Qué pasa?”, pensaba. Si no se cumplió lo que lo que planifiqué, debe haber alguna razón. Ahora siempre doy lo mejor de mi y me entrego. Tengo más entrenamiento.

— ¿Y el entrenamiento es repetir esa frase una y otra vez?

—La clave es observarse. Es hablar con uno mismo, aunque parezca loco, jajaja, pero es verdad. Esa conversación interior, desde mi punto de vista, es necesaria. Por ejemplo, los pensamientos negativos. Estás pensando algo que no existe, porque está en el futuro, es negativo y te causa miedo, y ahora me digo: “Ah, María Eugenia, te pillé, mira lo que estás pensando, sal de ahí”. Es observarte, evidenciar lo que estás haciendo y desarticularlo, porque en la medida que lo haces frecuentemente inconsciente nunca lo solucionarás. Es muy importante tener ese diálogo interior y observar nuestros comportamientos y resultados, y compararlos con lo que esperamos, para darnos cuenta qué ocurre ahí.

"Suelto y confío" es un mantra al que la numeróloga se aferra cuando las cosas no están en su dominio. Foto: Andres Perez

—Has dicho que cuando conociste a Sergio, tu marido, estabas con “todos los mecanismos de defensa activos”. ¿Cómo los desactivaste?

—Cuando uno siente que te han dañado en el amor, uno tiene sus miedos, pero ahí es donde volvemos a aplicar el “suelto y confío”. Me di cuenta que si yo me entregaba al 50%, porque estaba confiando y desconfiando, eso mismo 50% me iba a enviar el Universo. Si quería recibir un 100%, tenía que dar un 100%. Si no resulta, bueno, tendré que empezar de nuevo, jajaja. Con la maternidad fue lo mismo.

—¿No puede ser que, a veces, las cosas sólo ocurren y no tienen una mayor utilidad para el futuro?

—Yo no soy dueña de la verdad, pero desde mi opinión, todo, todo, todo lo que vivimos tiene un sentido, porque existe un plan divino. No creo en las casualidades. Eso está súper plasmado en el libro de numerología y en mi canción “Tu magia en mí” también.

—Si uno trata de definir la numerología en lo práctico, ¿cómo sería?

—La numerología no sólo marca el pasado, también el presente, y también podrías ver ciclos futuros. Pero el único poder lo tenemos en el presente.

María Eugenia prefiere usar la numerología para entender el pasado y trabajar en el presente. Foto: Andres Perez

—Igual en algunos programas de tele has hecho predicciones, ¿te acomoda ese terreno?

—Yo me enfoco mucho más en sanar la infancia, el presente, lo que estás creando. Ahora, de repente, cuando me piden hago eso como humorada de hacer predicciones hacia el futuro, pero en realidad son proyecciones numerológicas. Por eso son asertivas, porque no es algo que diga yo.

—Según tú la numerología “te salvo”. ¿Qué habría sido de ti sin la numerología?

—Nunca me hubiera imaginado ese escenario. Pero de ser así, estoy segura que hubiera llegado igual, aunque tal vez me hubiera demorado más en llegar. La numerología fue muy clara en mostrarme, a través de mi fecha de nacimiento, que es mi código numérico personal, qué es lo que tenía que sanar, cuáles eran mis dones, en qué ciclos estaba, cuál es mi trabajo espiritual y mi misión de vida. Fue tan revelador y valioso que me puse a estudiar numerología tantos años.

—Si dos personas nacen en la misma fecha, ¿comparten los mismos patrones?

—Hay cosas en común, pero con la numerología, en realidad, hay una perfecta combinación entre el nombre completo de la persona y la fecha de nacimiento; entonces le va a dar nuevos matices. Pero en la fecha de nacimiento hay una cantidad de información impresionante. Además, se agregan las herencias familiares, toda la información genealógica, ancestral. Y es muy interesante. Esperemos que sea materia de otro libro.

María Eugenia explica cómo a través de la fecha de nacimiento las personas pueden sacar info de sí mismas. Foto: Andres Perez

—¿Qué te cuentan los integrantes de tu taller?

—Hay muchas personas que saben que necesitan cambios en su vida, pero no saben qué hacer o por dónde partir. Entonces, está es una invitación para mostrarles uno de los caminos, porque hay personas que llegan por otros lados, no por la numerología. Pero a mí la numerología me mostró súper claro el camino.

—¿Te sigues especializando?

—Siempre. Ahora estoy estudiando el inconsciente de las personas, me encanta, todo lo que es hipnosis, todo lo que está ahí y las personas no saben de ellas. Ese mundo oculto, misterioso, que está en cada uno de nosotros. Alucino con eso.

—¿Eso también es numerología?

—También es numerología porque están todos los aspectos. Por eso siento que mi taller y el libro son un aporte, porque no estamos por separado. Al final nuestro consciente y nuestro inconsciente conviven al mismo tiempo. No podemos analizarlos por separado, ni nada de lo que nos ocurre. La integración creo que es la clave. Por eso estoy tan emocionada con este proyecto.

Kenita, hace poco, lanzó una canción que rescata lo mejor de sus antiguos amores. Foto: Andres Perez

—¿Has pillado algo en tu inconsciente que te haya sorprendido?

—No me había dado cuenta que me amaba poco —asegura y se ríe, acaso incómoda por esa declaración—. Yo en ese tiempo trabajaba de modelo y estudiaba en la universidad. Quizás nadie se habría imaginado: “Ella tiene baja autoestima”, porque estaba en los desfiles y todo. Pero sí internamente tenía esos vacíos, me faltaba amor por mí. Fue algo que cuando lo miré a través de los números, dije: “Sí, claro que tengo esto, por supuesto”, porque miraba las consecuencias y me daba cuenta que sí.

—¿Esa falta de autoestima era en lo físico?

—Totalmente desde el amor, es algo muy interno, muy profundo. Por eso digo que para los demás podría no haber sido evidente, pero para mí era, era muy evidente, porque sentía ese vacío, esa falta de amor por mí. No me había dado cuenta, pero finalmente estaba más en el afuera, en ayudar a los otros, cómo poder ser mejor amiga, hija, hermana o pareja. Estaba en esos procesos, pero no me daba cuenta que faltaba mirarme a mí: ser mejor conmigo misma, amarme por sobre todas las cosas, respetarme, entregarme cariño y escucharme. Eso es súper importante: no me escuchaba.

—¿Fue duro ese proceso?

—Siempre hay un acto de valentía al momento de enfrentarse a traumas, pérdidas, quiebres y de lo que sea; obviamente son momentos dolorosos, pero enfrentarlos es la única forma de sanarlos y liberarlos. No hay otra. Hacerse la loca y evadir no es el camino, porque finalmente si tienes algo adentro en tu interior, que no has expresado o no has sanado, va a ir tomando más fuerza. Y a veces se traduce en desequilibrios y enfermedades. En ese sentido, me felicito porque creo que he tenido la valentía para hacerlo.

—Mucha gente nunca hace.

—Hay personas que les cuesta mucho. Otra lo hacen mucho más fácil. Hay otras que nos demoramos más, pero sí lo hacemos. Y hay otras que seguramente no lo hacen nunca, jaja.

—¿Qué te gustaría dejarle al lector cuando se termine el libro?

—Me gustaría que sintiera en su corazón que este libro es un aporte en su proceso de transformación. Sería lo más maravilloso.

—”Se tu primer gran amor”, es una de las frases para el bronce al final del libro ¿Cuándo lograste eso?

—Cuando me empecé a escuchar, a amar más y a darme cuenta que yo también era importante. En la cultura, a través de las religiones y nuestra sociedad, siempre enseñan a escuchar, respetar, amar y ser generosos con los demás. Pero en general está más planteado hacia el otro, como que eres buena persona si le das al otro; pero descubrí que le puedes dar mucho amor al otro, pero si es desde la carencia, nunca puedes dar lo que no tienes en el interior. Eso lo descubrí. Te puedes desvivir siendo generosa, escuchando el resto y todo, pero si no partes por ti mismo, lo vas a dar desde otra energía.

—”Toma el lugar que te corresponde en el sistema familiar y respeta el de los demás”, es otra de las declaraciones ¿Cuál es tu lugar en tu familia?

—Mi lugar es como hija de mis padres; hermana de mi hermano (Mario Larraín); y pareja, que es de igual a igual, con mi pareja. Tenía la tendencia a ser mamá de mis parejas, mamá de mis padres y mamá de mi hermano, jajaja. Quería ayudarlos a todos, era como la mamá pollo. Cuando me empecé a mirar, me di cuenta de que eso sólo desordenaba el árbol, porque mi hermano tenía a su mamá, mis padres tienen cada uno a sus respectivos padres y mis parejas tenían a su mamá. Cuando te vuelves la mamá de alguien, estás por encima, en otra jerarquía. Fue agachar el moño y decir: “Ok, puedo ayudar a mi mamá o a mi papá, pero siempre tiene que ser desde la hija”. Desde ahí, uno tiene que trabajar mucho la humildad, para volver al lugar que le corresponde. En ese proceso estoy hoy.

—¿Ese lugar se termina de encontrar alguna vez?

—Tomar el tu rol en el árbol creo que uno lo puede concretar. Ahora, con respecto a tu misión de vida, mientras tú estés acá (vivo) por tu plan divino, es porque todavía sigue teniendo sentido que estés acá para poder concretarlo y cumplirlo.

—¿Encontraste tu “plan divino”?

—Siento que estoy encaminada, pero todavía me falta mucho por aprender y evolucionar. Pero estoy bien encaminada, jaja. Si miro hacia atrás, digo: “¡Oh, qué he avanzado, crecido y madurado harto! Me felicito y siento orgulloso por eso, porque no fue fácil. Y si miro adelante digo: “Seguramente me queda mucho más por aprender y evolucionar”.

El libro libro de María Eugenia Larraín: El camino de tus números. Foto: Andres Perez

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