La Firme con Mauricio Redolés: “La ola xenofóbica la está generando el propio Tren de Aragua”

Mauricio Redolés relanzará Bello Barrio, su hijo más querido. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Música, literatura, política, periodismo, Barrio Yungay, seguridad. Los apuntes y reflexiones de Redolés, a continuación.

—¿Cachái el limerick?

En los poco más de veinte minutos que llevo hablando con Mauricio Redolésmúsico, poeta prolífico, eterno promotor de la literatura, hacedor de talleres, premio a la música Presidente de la República, exiliado político, esposo, padre— he podido corroborar algunas cosas. Por ejemplo, es cierto que con setenta años, y de seguro más batallas de las que podemos imaginar, se conserva en plena vigencia, acaso con las ganas de un juvenil.

A propósito, me dirá después que con una nueva canción va a superar a su emblema ¿Quién mató a Gaete?. Es cierto, también, que conserva intacta su ironía, la sátira, el humor. La capacidad de sacarle lustre a las palabras y los recuerdos. Las ganas de conversar y las anécdotas. Pero, sobre todo, una vocación casi docente.

Mientras disertaba sobre la cueca, de sus métricas y estructura, Redolés resaltó al haiku y el limerick, y entonces, al advertir que yo desconocía de qué se trataba un limerick, apartó a un costado nuestra danza nacional. Era más importante explicarme los elementos que dan forma a este tipo de poema británico:

—Cuando llegué a Inglaterra a vivir, no sabía lo que era el limerick. Pero estaba en todos los baños, oye. La gente escribía limericks en las paredes. Son como payas, ¿no? Y que tiene dos elementos, diría yo, de buenas a primeras: el principal, el sinsentido.

Eso para comenzar. Los minutos siguientes, Redolés me contará que en La nueva novela chilena de Juan Luis Martínez hay un limerick como entrada, que el poeta lo rescató de un libro del pintor Edward Lear —de quien también me resumirá su historia— y que ese fragmento está dedicado a un viejo chileno. Cerrará con un ejemplo práctico:

—Son cinco versos, se habla de algún lugar de Inglaterra o del mundo. Por ejemplo, tú, ¿de dónde eres?

—De Lo Prado, don Mauricio.

Había un periodista de Lo Prado,

que le gustaba comer peras y manzanas,

y mientras las comía,

elaboraba teoremas,

este inusual periodista de Lo Prado.

—El remate tiene que ver con la presentación.

Luego volveremos a la cueca, a la propuesta musical redoleana, pasaremos por su exilio político, su resistencia a la televisión y a algunos periodistas, los tristes presentes del Barrio Yungay y de la izquierda. Y claro, nuestra principal excusa: el relanzamiento de Bello barrio, la obra que más atesora, con un concierto que él mismo considera un punto de inflexión en su dilatada carrera. Cada tema, a su modo, asegurándose de explicar al detalle lo que pretende decir, como tratando de enseñar algo. De dejar algo.

Lo notarán ustedes mismos.

Mauricio Redolés en su bello barrio. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

La firme con Mauricio Redolés

Mi disco Bello barrio es un constructo poético. Es bastante único, porque no volví a hacer un disco parecido, antes tampoco. Habían similitudes y las siguen habiendo de alguna forma, pero ese disco en sí, en primer lugar, yo lo considero una obra poética más que discográfica-musical, independiente de que tenga música.

El Bello barrio llegó al pueblo: no lo vio la ciudadanía, sino el pueblo. No la familia chilena: el pueblo. El pueblo lo hizo una obra fundamental de sus vidas, y así me lo han hecho saber. Durante años, el Bello barrio desarrolló una vida bastante dinámica. Hay múltiples hechos: en 1990 vino Víctor Casaus, gran intelectual cubano, y acá en la calle Moneda, donde había una casa cultural, me invitaron a leer poesía. Leí el poema Bello barrio, y Víctor Casaus me pidió el poema y lo publicaron en la revista Casa de las Américas. Para mí fue particularmente emocionante, porque el gobierno de Cuba estaba teniendo serios problemas con conseguir papel. Venía con un aviso que decía que era el último número que iban a publicar, y dedicaron seis o siete páginas al Bello barrio. Para mí era un honor inconmensurable que los compañeros y compañeras cubanas premiaran así esa obra, sin tener yo ningún pituto en Cuba. Todo lo contrario, me estaba retirando del PC...

De mis hijos biológicos, mi hijo y mi hija, a los dos los quiero igual, pero de mis discos, el que más quiero es el Bello barrio. Alguien me criticaba la otra vez que un padre no puede decir éste es mi hijo favorito, porque va en desmedro de los demás. Pero la verdad es que hay padres, madres, y padres y madres, no todos son iguales. Y yo sí puedo decirlo.

Éste es el mejor grupo que he tenido en mi vida. Hace un tiempo atrás encontré a un músico, Sebastián Campusano, trombonista, quien a su vez trajo a un saxofonista y después una acordeonista, un bajista, un tecladista. Ahora, va a acompañarnos una violinista, un bandoneón. El grupo se fue formando así, y en términos musicales, es el mejor. Y en términos humanos: somos todos amigos. Duran de la etapa anterior el director, Taku Tricot, y mi hijo en la batería, Sebastián, que ha tocado conmigo desde que tenía cinco años. Entonces es un agrado.

Es un honor que Alejandra Matus cante un par de temas del discoCiertos espectáculos de Santiago de Chile y El maestro Sandoval—. ¿Cómo surgió esta sociedad? Conversando, carreteando, cantando en mi casa, en el living. Y de repente yo le dije oye, ¿te gustaría venir a cantar? Sí. Ya, po. Hagámoslo. Fue así de directo.

Alejandra Matus ha sido muy profesional en esta faceta, que no es la suya, no es periodismo. Hemos ensayado, hemos tenido un trabajo bien profesional con los músicos. Y lo otro que me parece destacable, es el inmenso cariño que le tiene la gente: cuando se le anuncia, los lugares se vienen abajo. Con aplausos, con vítores. De hombres y mujeres, pero sobre todo de mujeres. Porque yo creo que ella también es un símbolo de la lucha de las mujeres en este país. Es algo innegable, su valentía, su coraje, su inteligencia y su sencillez. Pudiera parecer una frase manida, ¿no? Pero la primera vez que la invité a mi casa es porque había un carrete, era un carrete con un grupo de amigas y amigos que nos conocimos en Inglaterra. Toda gente de la clase trabajadora. Y a medida que la iban reconociendo, la iban abrazando y se iban sorprendiendo, porque Alejandra no es para nada ampulosa, creída, soberbia, nada. Ella es una persona más. Además es buena para la talla.

Presentarme en Matucana 100 con Lavanda creo que va a ser un punto de inflexión en mi carrera. Con todo el cariño que le tengo a las bandas con las que he tocado antes —los que grabaron este disco, con los que grabé Química, Los viejos curiosos... por no decir Los viejos cu..., el grupo de Los exanimales domésticos, Arjonas brothers, Putos del país, Si me llaman Boys, La cochina Larry—, porque hay un camino de empuje, de búsqueda, de perseverancia, de coraje de un montón de gente, y estoy muy agradecido de todos ellos... pero llegamos a este punto en donde, después de muchos años, veinticuatro para ser más exacto, en que yo estuve de una forma u otra hinchando a todo el mundo de que quería un bloque de bronces, y ahora lo tengo. Para mí eso ya es una fiesta, un punto de inflexión.

Mauricio Redolés, desde hace años, lleva adelante talleres de poesía en su querido bello barrio. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Además de la presentación del disco, vamos a tener otras sorpresas ese día: estamos rescatando un tema que un día yo entregué a una productora, estuvo en televisión, en una serie, Diego y Glot. Ahí apareció la canción “Sapo” y la descubrieron estos nuevos músicos, y me dijeron no, esto hay que hacerlo. Nunca la he tocado en vivo y ese día la tocaremos. Después, está “Ya no tengo”, que es mi primera... o segunda canción que compuse en mi vida, en Birmingham, Inglaterra. La grabación original, que está en Canciones y poemas, la grabé con un acordeón, porque es una especie de milonga, de tango. Y ahora la empezamos a ensayar con el bandoneón y es superior a las anteriores. Es un sonido increíble.

Disfruto más cantar que escribir en el momento que estoy haciéndolo. Cantar y escribir son cosas distintas. Cantar impone un desafío, una inmediatez que al escribir, claro, la entrega está mediatizada por el tiempo. Tú escribes, corriges, entregas a un editor, de ahí va a una editorial, te dan el visto bueno. Al final se publica tiempo después lo que escribiste, a no ser que sea una crónica digital que envías a un medio y lo publican al día siguiente. Pero siempre hay un espacio. El interpretar una canción es en el momento, y eso implica cierto riesgos, cierta cuerda floja. Cierta apuesta que yo disfruto normalmente.

Ahora, escribir es insustituible para mí, es mi forma de existir. De ser, de deambular por el mundo. Soluciono mi vida escribiendo, no soy muy práctico en ese sentido. Todo lo llevo a la literatura. Ahora, no necesariamente escribir implica poner en un papel las ideas. A veces están en tu cabeza y ya estás escribiendo. Te debe pasar a ti también como periodista.

Los chilenos tenemos una mirada muy nacionalista sobre las cosas. Por ejemplo, si eres chileno, te tiene que gustar la cueca. Si no, ah, eres antichileno y todo eso. Es una cosa muy sectaria, muy básica. Independientemente de eso, yo amo la cueca. Y ha sido algo muy desvalorado, no se le ha dado el valor que tiene a la cueca en la literatura. Excepto algunos trabajos, la cueca pasa a ser la cueca de la fonda y punto. Pero si vamos a la estructura, a la métrica, a la filosofía, es un tremendo artefacto poético.

Para participar de sus talleres, hay que escribir a mauricioredolesproducciones@gmail.com. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Mis padres fueron fundamentales para mí, y en sentidos distintos. Mi madre era una gran amante de la literatura, igual que mi padre, pero no en un sentido académico, apabullante. Sino que ellos, de alguna forma u otra, vivían la literatura. A mi papá le encantaba declamar a Rubén Darío. En alguna fiesta, en algún momento con un par de copetes, y era una costumbre que había en Chile esto de recitar poemas. En los asados, ponle, y era respetado. Y mi mamá, ella era una persona que vivía la literatura, que citaba a Pedro Calderón de la Barca, que citaba a Shakespeare. Que te contestaba siempre con frases de la literatura universal. Te los recitaba de memoria. Es la cultura de la educación pública de los años cuarenta y treinta en Chile, que era superior a toda la educación chilena de hoy día. Una persona que no es muy santa de mi devoción, pero que tiene esa característica, es la doctora María Luisa Cordero. En entrevistas, ella siempre está citando literatura, y ella lo ha dicho alguna vez: esto nosotros lo aprendíamos en el liceo.

No hay un Mauricio Redolés antes de ser poeta. Yo creo que todo niño es artista, todo niño es poeta. Yo ya era poeta cuando niño. Y yo creo que tú también, y todos nosotros, los que escuchan y lean también. Todos fuimos poetas.

En Los Andes tuve un gran maestro, que fue un amigo imaginario. Probablemente correspondía al espíritu de un inca. Porque yo lo veía abajo de un sitio de adoración inca que estaba frente a mi departamento, en la calle Coquimbito. Vivía, además, a setenta pasos de donde había vivido treinta y ocho años antes Gabriela Mistral. Y las coincidencias que tenemos con la querida Gabriela, y que yo he empezado a descubrir con el tiempo..., es estremecedor pa’ mí. Descubrirla a ella también como una creadora que yo recibo, de alguna manera, tal vez por efectos de la proximidad, del paisaje. Y eso descubrirlo con el tiempo. Uno no descubre las cosas una sola vez y al mismo tiempo.

Uno es un amasijo de recuerdos, de olores. Como decía una amiga hace poco: la memoria está en el cuerpo. Mis primeros tres años lo viví en Lo Calvo, una comunidad rural cerca de Los Andes, y ahí, mi papá y mi mamá eran profesores de una escuela rural, y me cuidaba una niña joven. Ella escuchaba música ranchera, mucho corrido, año ‘53, ‘54, ‘55. Y el olor de las lentejas cociéndose... ese olor lo huelo y siento la música ranchera. Siento el corrido. Y si escucho un corrido, recuerdo el olor de las lentejas. Tu cuerpo es el recuerda, tu cerebro es parte de tu cuerpo. Ahí intelectualmente hay toda una operación. Pero es tu cuerpo el que está recordando: tu nariz, tus papilas gustativas. Todo eso está en el recuerdo permanente.

Cuando una persona deja de hacer lo que ama, es que se acerca el final. Vale decir, si tú no sigues haciendo eso, ya nos vas a estar vivo. Tengo un primo que tiene 82 años, le dio un ataque cerebrovascular hace poco, él es escritor, Rolando Rojo Redolés, y lo fui a ver a la clínica y me habló de literatura todo el rato. Él no para de leer, de contar, de fantasear, él vive en la literatura. Es su forma de existencia. Y de una forma u otra, pasa con todos los seres humanos.

Exilliado político, Redolés vivió muchos años en Inglaterra. Allí desarrolló otra clase de relación con el arte y la música. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

En Chile, los medios de comunicación, más que informar, modelan la forma en que la gente tiene que pensar. Se instauró un modelo de comunicación en la dictadura, y eso no tiene que ver sólo con la televisión sino con las radios, los dos periódicos en papel que siguen existiendo. Y ese modelo está modelado por el poder político y financiero, para que esté a su servicio y no al servicio de la gente. No hay información, lo que hay es una explicación de por qué son las cosas y cómo son. Y la gente luego repite, porque cree que es la visión objetiva. Pero no hay una contraparte. Si tuviésemos una televisión realmente democrática, que respetara el talento, la dedicación, la holgura, evidentemente que Alejandra Matus debería ser la directora de prensa de alguno de esos canales. Y estamos muy lejos de eso.

Matías del Río y Constanza Santa María son verdaderos relacionadores públicos del poder político y económico. Se sienten incómodos si alguien cuestiona esa visión. La otra vez vi al diputado Gonzalo Winter, que estaba haciendo un análisis creo que del Caso Hermosilla, que después le cambiaron el nombre a Caso Audios. Y allí estaba muy nervioso Matías del Río, porque le molestaba lo que estaba diciendo Winter. Le llegó el invierno a Matías del Río, se le congeló el río. La televisión y los medios se transforman en lugares para, más que nada, perfilar una mentalidad.

Rodrigo Sepúlveda habla con un desparpajo, con una prepotencia... es horrible. Como que él es la última chupada del mate. Y siempre está defendiendo a los poderosos, no me cabe la menor duda. Qué triste que haya periodistas así.

Ha habido momentos altos de la prensa chilena... lo que hizo en algún momento Fortín Mapocho, el diario La Época, la revista Análisis, Apsi, en su primera época The Clinic, y si nos vamos más atrás la revista Ramona que dirigió Carlos Berger, que fue masacrado por la Caravana del Puma. Y todo mi respeto a personas como Alejandra Matus, que solamente por su musculatura está haciendo programas en YouTube, escribiendo en uno u otro lado y eso no es fácil. Porque, además, le cabe una gran responsabilidad a quienes toman ese rol también: de poder decir la verdad en un momento en que hay un intento por apagar esa verdad por todos lados. En lo de Hermosilla se habló mucho de la relación con la PDI, pero nadie ha hablado de su relación con Piñera. De Hermosilla con Torrealba, con Guevara. Se le echó tierra rapidito. Entonces tú empezái a decir: aquí hay algo que está raro, que huele mal, ¿qué es? Que están modelando las conciencias de los chilenos y las chilenas con gran ahínco gente que estudió periodismo, pero que se transforman en vulgares ganapanes.

Redolés confesó que a Gaete no sólo lo mató un titular del diario pop... Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Las canciones me permiten contar cosas, tal vez popularizar algún punto de vista, estigmatizar otro, ridiculizar algo. Nosotros, a diario, con los músicos con los que trabajo, estamos riéndonos y fantaseando con letras de canciones que se podrían hacer. No siempre las terminamos, pero muchas veces están. En nuestro próximo disco va a venir “Pingüina rebelde”, que es un homenaje a las mujeres chilenas y, más que nada, mujeres chilenas que en la pubertad se paran frente a un sistema político y económico muy grande, y dicen: nosotras no vamos a aceptar esto. Y su primera forma de protesta es evadir el metro, y generan la mayor explosión social que ha habido en Chile después del año 90. La iniciaron mujeres, mujeres jóvenes. Nosotros le hacemos un homenaje con una canción. Queremos hacer conciencia con eso.

La derecha enturbió un proceso, lo llamó octubrismo, y enfatizó la labor del lumpen que se dedicó a destruir tiendas, asaltar gente. Por otra parte, está el hecho que actuaron agentes del Estado, y que siguen actuando, ¿no? Incluso yendo hasta a las romerías de las víctimas. Ahí están los mismos personajes que andaban en las marchas deteniendo gente.

Tenemos un pueblo muy despolitizado, sin capacidad reflexiva. Si vemos lo que pasó con el Estallido Social y los subsecuentes hechos que tuvieron que ver con el Rechazo y todo eso, hay varias cosas, pero las dos fundamentales son: primero, la acción de la derecha por desvirtuar la protesta social, y al mismo tiempo, la inmadurez del pueblo. Ahí se ve la importancia que tuvieron los partidos políticos como organizadores, como vanguardia de estos movimientos. Ya no hay esos partidos, ya no existen.

La derecha ha logrado meter en la gente dos conceptos que son, aparentemente, contradictorios: revolución y democracia. A tal punto que un grupo de pelotudos funda un partido que lo llama Revolución Democrática. Entonces hay una revolución que no es democrática... otros giles se hacen llamar el Socialismo Democrático. Entonces hay un socialismo que no es democrático. Hacen una caricatura de miles de situaciones, hablan de Cuba como una dictadura, sin embargo fue gracias a Cuba que ellos sobrevivieron durante años. Gran parte de esa izquierda, ¿no? Fue gracias a la solidaridad del pueblo cubano, del Partido Comunista cubano, que ellos pudieron vivir, comer, vestirse, bañarse y volver a Chile a denostarlos.

El Partido Comunista, de alguna manera, cae en el mismo juego. Porque no le queda otra. No tiene la fuerza para encabezar otro proceso, entonces se suman a ellos y, lamentablemente, eso va haciendo perder la credibilidad de la gente en el partido, porque lo ven como uno más del Frente Amplio.

Hincha fanático de la "U", de no ser artista, a Redolés le hubiera gustado ser arquero de los azules. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Se prostituyó el sistema político y el sistema de relaciones. Exceptuando al Partido Comunista, todos los demás partidos han caído en la corrupción. Han caído en el cabildeo. Y aquí sí ha caído el Partido Comunista, en el lobby. Y está también el pago de favores. Es lamentable. Hoy veía yo una toma en San Antonio..., y ves al pueblo abandonado, engañado, frustrado, no tienen un lugar donde vivir y no son delincuentes. Son trabajadores y están abandonados.

La Concertación existe como una contraparte de la derecha, pero que no es tan contraparte. Con esta teoría de en la medida de lo posible, con una realpolitik, con una forma de poder hacer las cosas de acuerdo no al voluntarismo ni a lo que ellos llaman el partisanismo, vamos a ir de a poco, evidentemente que con el poder de la derecha prefieren aliarse y seguir con ellos adelante. Es la única manera que les queda de gobernar. ¿Hay otras maneras? Por supuesto que las hay, pero para eso deben ganarse la confianza del pueblo. Y la confianza tiene que ver con que haya un partido que esté con los pobladores que necesitan viviendas, que luchen con ellos, que elijan representantes del parlamento con ellos.

Hay una cosa que me dijo un viejo comunista, no el de la canción de Manuel García sino uno de verdad. Es una pomada pop la de Manuel García. Me lo dijeron dos viejos comunistas: Hernán Trigo y el otro compañero no recuerdo el nombre... pero me dijeron: mira, el fascismo decapitó un movimiento revolucionario matando a su dirigente. Imagínate que eso no hubiera ocurrido, imagínate la cantidad de muertos y desaparecidos que estarían vivos. Habrían formado generaciones de revolucionarios y revolucionarias, de jóvenes hombres y mujeres y transgéneros que estarían hoy dirigiendo la construcción de una nueva izquierda. Eso no existe. Existen como personas, pero no como agentes de cambio. Y como personas, ¿qué hacen? Lo que hicieron en la Convención: se mandan condoro tras condoro. No entendieron de lo que se trataba.

En la Convención quisieron, con bastante ingenuidad y pelotudez, fundar un nuevo país sobre la base de sus deseos. Sin darse cuenta del país del que estábamos hablando. Entonces querían hacer una nueva bandera, un nuevo himno... Una nueva Constitución es una nueva Constitución, pero no refundar un país cambiando todo. Porque el país existía tras 200 años de formación, tú no lo puedes cambiar con un golpe de mano. Y la falta de respeto que se vio desde el primer día, cuando le gritaron a esta señora que era la secretaria que tenía que llamar a formar la primera mesa... demuestra eso: la ingenuidad y la pelotudez de estos sectores sin formación política seria. El Partido Comunista no daba abasto y los demás no estaban realmente interesados. Solamente les interesaba salir de este trámite y demostrarle a la izquierda que habían metido las patas.

Estuve entrevistando a candidatos a la Convención y a alcaldías, y hay un ejemplo que es una luz en la que debiéramos fijarnos: es el caso de gente como Ítalo Bravo, joven alcalde de Pudahuel, que ha hecho una transformación enorme en la comuna, y que sin embargo, en vez de contar con el apoyo, cuenta con la oposición de Camilo Escalona. El Partido Comunista le dice: ya, te apoyamos, pero firma acá primero este papelito. O sea, estamos en una degeneración, en una pornografía de la política. Ítalo Bravo es un ejemplo de lo que se necesita en este país: gente joven, independiente, preparada, honesta, que quiera cambiar las cosas. Pero ahí tiene el “apoyo” de Camilo Escalona y el “apoyo” de Lautaro Carmona.

El músico cree que uno de los grandes problemas de la izquierda ha sido "sacarle el poto a la jeringa" a los problemas de seguridad. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Cuando pasó lo de la discoteca clandestina aquí en Yungay, se hicieron cargo. La alcaldesa Irací Hassler tuvo una actitud bien proactiva, nos escuchó, porque no era yo solo sino un grupo de vecinos, y logró detener esa actividad ilegal.

Una vecina me contaba que fue a la feria, a mediodía y tuvo que cruzar de vereda cuatro veces. Por la cantidad de tipos orinando con sus presas al aire, bebiendo, fumando tussi, pastabase, molestando a la gente, pidiéndole plata, preguntándole dónde está la estación de metro. Acosando a la gente en la calle, un día domingo a mediodía. Así está el barrio Yungay. Justamente en esta cuadra, mostraba la televisión el otro día, alguien que iba en bicicleta, un auto lo encierra, le pegan al ciclista, le quitan la bicicleta y se la llevan. Y aquí estamos a dos cuadras de la casa de Boric.

La izquierda tiene que tomar en serio, y de una vez, los problemas de seguridad. Los problemas de seguridad no se solucionan a largo plazo, se solucionan ahora. Porque estamos todos de acuerdo en que un problema de seguridad tiene que ver con la falta de educación, la mala situación económica, la ausencia de Estado. Todos esos son fenómenos que van a tomar años en ser solucionados... pero se requieren soluciones ahora. Yo creo que se requiere de una Reforma judicial. Ahora, como la izquierda le quita el poto a la jeringa a esos problemas, porque no quiere parecer resabio de la dictadura, en fin, ese error lo está poco a poco adquiriendo la derecha. Y la gente va a terminar votando por la derecha.

La derecha, evidentemente, tiene una agenda de derecha, no le interesa el problema de la seguridad, pero juega con eso. Jugó con eso pa’l plebiscito del Rechazo. Si tú veías los carteles en las calles, la izquierda decía “Que el agua sea un derecho”; la derecha decía “Más seguridad en las calles”. La gente miraba y decía: bueno, yo tengo agua en mi casa, pero no tengo seguridad, voy a votar por el Rechazo. Y así ganaron. Y por eso la gente se va a acercar más.

Lamentablemente nos ha tomado una suerte de complejo, a la izquierda, el complejo de no ser xenófobos. Escuchaba la otra vez a José Antonio Gómez, exministro de Justicia, que decía de manera muy clara que hay un nuevo tipo de delincuencia, que copia modelos del narcotráfico y de la delincuencia de Colombia, de Venezuela. Eso está a la vista. Ahí hay otro problema de la izquierda: no ver eso. No hacer la diferencia entre el trabajador extranjero honesto y el delincuente, que viene a desmembrar para causar temor y enseñarle a los delincuentes chilenos que así se hace. Las cárceles son universidades del delito. Y eso se puede ver. Con bastante razón decía Gómez que es necesario tener cárceles segregadas, donde se puedan poner a los chilenos a un lado, con algún tipo de delito, y en otro a los que han asesinado, han desmembrado cuerpos, sean chilenos o extranjeros. Alguien, una teórica chilena decía: no, uno no puede decir delincuentes extranjeros, diga delincuentes, nomás. Como tapando una realidad. Llegó delincuencia extranjera, y esta mujer, que de seguro debe vivir en un lugar muy seguro, ve allí un problema ideológico.

La ola xenofóbica la está generando el propio Tren de Aragua. El delincuente que recibe una ayuda de una viejita y mata a la viejita. Y lo más peligroso, va generando un espíritu antimigración en el pueblo, en los trabajadores.

El poeta considera que gente como Matías del Río o Cony Santa María son relacionadores públicos. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

Los que dicen que les hubiera gustado ser exiliados, son unos cobardes. Alguien decía que maricón no es el homosexual, maricón es el que le pega a una mujer... yo diría: maricón no es el homosexual, maricón es el que se ríe del que está golpeado en el suelo. Y el exiliado es un tipo o una mujer que fue golpeado en el suelo, porque lo expulsaron de su país. Lo ven con una liviandad, con una falta de empatía y una notoria mirada bañada de un falso glamour del exilio. No saben lo que es el exilio, y dicen: ah, tengo un amigo que aprendió no sé cuántos idiomas. ¡Leseras! También los puedes aprender sin ser exiliado... “Me habría gustado ser exiliado”: oye, ¿y toda la gente que se suicidó en el exilio? Es una falta de respeto, una mariconada.

En Inglaterra aprendí a tener una relación más desinhibida con el arte, con la canción, la música. Lo ha dicho también Carlos Cabezas, que pasó unas vacaciones en Inglaterra, me contó a mí que después de estar ahí, volvió a Chile y dijo: puta, yo también voy a cantar, hueón. En Inglaterra existe esa desinhibición. En Chile hay toda una carga que se ha ido perdiendo con el tiempo, hay que decirlo; la misma gente, los mismos jóvenes, está siempre mostrando un camino. Lo ves en los grupos punk, los grupos hip-hop, de rap, del trap. Jóvenes muralistas, poetas, que están diciendo lo hago porque quiero hacerlo y punto. Eso aprendí en Inglaterra. Allá estuve en el nacimiento de la ola punk, vivía en Londres el año 77, estaban los Sex Pistols y un montón de grupos. Después el brit pop.

No pensé nunca en quedarme en Inglaterra, porque era comunista. Y había un deber del Partido Comunista de volver a la lucha apenas se pudiera. Después renuncié al Partido Comunista para poder seguir siendo comunista.

El trap de música no tiene mucho y de poesía tampoco, pero lo están haciendo: eso es lo importante. Hay una actitud un tanto soberbia de ellos, pero son jóvenes, se les va a pasar. La juventud es una enfermedad que se pasa con el tiempo, jajajá. El otro día escuché a uno de los cabros de Cómo asesinar a Felipes, compartimos escenario, lo vi y me gustó.

Redolés presentará el Bello barrio, ahora con un bloque de bronces, en Matucana 100 el próximo 19 de abril. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

El gran ídolo de mi infancia es Manuel Astorga, el arquero del Ballet Azul. Lo sigue siendo y lo va a ser toda mi vida. Un ídolo por su sobriedad como arquero, su caballerosidad... Había arqueros bien locos, estaba Arturo Rodenak, de Rangers... en aquella época no se cobraba retención de pelota y Rodenak era un argentino de un metro 95, que agarraba la pelota y se sentaba en la pelota, y que se la fueran a quitar, jajajá. Hizo eso una vez que Rangers le ganó 5 a 0 a la Chile en el Estadio Nacional... fue un dolor pa’ mí, ¡me dolió todo el cuerpo! Astorga no, Astorga era un caballero. Un caballero del arco.

Toda mi vida miré a los arqueros, como Joan Manuel Serrat que tiene un texto sobre por qué los admiraba. Respetaba mucho al Superman Vargas, por su amor por lo que defendía. Cuando perdía el control, me dolía enormemente. Cuando lo veía descontrolado, pateando puertas de camarines.

Soy hincha fanático, me encanta la Chile, no hay forma que quiera a otro equipo. Cuando ganamos, llamé a tres colocolinos. Ninguno me atendió, jajajajá. Esperamos harto, pero vamos a seguir ganando.

El recuerdo que más atesoro es cuando la Chile le ganó 4 a 3 a Santos con Pelé a la cabeza. Yo estuve en el Estadio Nacional. Nosotros teníamos a Carlitos Campos, Leonel, Luis Hernán Álvarez, Fifo Eyzaguirre, Pluto Contreras, Sergio Navarro... Es el mejor equipo que vi. Me quedo con el Ballet Azul.

Mi comida favorita es el Doner Kebab, me volvió loco. En Inglaterra comía siempre.

Mi picada es La Julita, que está en Chacabuco. Es extraordinario. Cuando invito gente, no pueden creerlo. Es un restorán chiquitito, tiene cuarenta puestos y es un local para trabajadores, oficinistas, gente del banco. Es mortal: las cazuelas, las pantrucas, el costillar de cerdo, el pescado frito. Comida chilena por excelencia.

Un apodo mío que no se sepa... Pelicano. En un momento me decían así, jajajá.

El músico considera que actualmente está tocando con la mejor banda de su carrera, y lo percibe como un punto de inflexión. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

No tengo muchos sueños pendientes, porque las cosas que sueño las voy a hacer. Y las quiero hacer luego. Además que no me gusta poner en categoría sueños cosas que son realizables. Por lo tanto, si decimos un sueño tendría que ser algo difícil de realizar... y de verdad no tengo. Todo lo que aspiro a hacer, estoy trabajando para hacerlo. En términos musicales, de escritura. Estoy muy contento con lo que estoy haciendo y lo que he hecho.

No soy cabalero, no mucho. Porque uno va creando un campo magnético de ideas, de cábalas, de mufas, de cuestiones, que al final se transforman en un problema. En inseguridades. Además que mi mamá era muy supersticiosa, como buena sureña, ella es de Concepción, y las supersticiones te van atando a miedos. No hay que hacer esto, esto otro, esto es malo. Y la verdad es que yo prefiero hacer surf sobre esas olas.

Trabajé en un comité de Derechos Humanos en Londres, también lavé platos en un restorán. Bueno, hice talleres en la cárcel de Valparaíso, en la cárcel de Santiago 1. Fueron ocho años de trabajo en las cárceles, y es el trabajo más duro y brillante que he tenido. Aprendí mucho, fue una etapa de aprendizaje sobre los límites humanos, sobre la esperanza humana también. Ver a tipos que estaban en situaciones absolutamente dolorosas, demenciales... estaban en un infierno, y tú los veíai escribir poesía y llegar al taller. Ahí decíai: la poesía existe. Llegabai a esa conclusión.

Para Redolés, escribir es "insustituible", soluciona su vida de esa manera. Foto: Mario Tellez, La Cuarta.

La primera vez que recibí dinero fue como refugiado político. Te daban un estipendio pa’ que te instalaras en el país, y me compré una parka. Hacía mucho frío en Inglaterra. Y me compré una grabadora para grabar mis canciones. Una grabadora de cassette. Después, cuando empecé a trabajar, debo haber comprado algún disco vinilo pa’ regalarlo, y ropa evidentemente. Estaba muy pobre de ropa. Un bolso de ropa para viajar, un equipo de música muy bonito.

No recuerdo haber llorado con ninguna película, pero la más impresionante es Brazil, de Terry Gilliam. Y Doce monos es otra. Son películas que me golpearon.

Si pudiera tener un superpoder sería saber qué está pensando la gente... para saber qué está pensando la gente, jajajá.

No creo en los placeres culpables. Alguna vez le escuché a Jorge González que cuando él había regresado de Alemania escuchó ese comentario, y que le parecía absurdo que hubiera placeres considerados culpables, son placeres nomás. Y sin ser santo de mi devoción González, concuerdo con él cien por ciento. Ahora, si hubiese algo parecido a ese concepto en mi vida, tendría que ver con cierto tipo de humor que no es correcto. Que no es deseable. Porque el humor cumple ese rol de ir más allá de los límites.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado, sería a Gabriela Mistral, Eugenia Echeverría y mi mujer. Gabriela Mistral, aunque no sé si era vegetariana, jajajá... Eugenia Echeverría, gran poeta, amiga mía. Y Carolina González Sáez, mi mujer.

A Gaete no lo mató solamente un titular de La Cuarta... también lo mató un titular de El Mercurio, un titular de La Tercera. Lo mató Matías del Frío, Cony Santa María. Y hay un nuevo asesino: la canción “Sapo”, que va a ser más popular que “¿Quién mató a Gaete?”, y va a matar a Gaete.

Mauricio Redolés es un viejo que se cree joven.

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